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Reseñas

Miqueo Miqueo, Consuelo

Abstract

Eulalia PÉREZ SEDEÑO, Mujer y ciencia.

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de la inevitable incorporación de los valores es, sin duda, un objetivo compatible con las necesidades formativas expuestas en el nuevo Plan de Estudios de la licenciatura y coincidente en su totalidad con la vocación tradicional de la Historia de la Medicina como disciplina. Por ello este es un texto recomendable para cuantos y cuantas nos dedicamos a la docencia médica. Eulalia PÉREZ SEDEÑO (comp.) (1993). Mujer y ciencia. Arbor, 144, número 565, 196 pp. ISSN: 0210-1963. La variable sexo forma parte nuclear de la construcción de ciencias como la biología, medicina, geograña, antropología o sociología. Recientemente, desde los años setenta, se ha incorporado el género como categoria de análisis en alguna de ellas, las comúnmente denominadas ciencias humanas y sociales, incluidas la historia o la filosofía. Y últimamente esta nueva categona de análisis, que muchos prefieren denominar simplemente perspectiva de género, enfoque de género, etc., está comenzando a formularse también para las ciencias de la naturaleza y exactas. Y si en las anteriores ha encontrado poderosos impedimentos y detractores muy bien equipados intelectualmente, su aceptación resulta poco menos que imposible en el ámbito de las ciencias de la naturaleza o «Ciencias. a secas, como gustan denominarse. Es en esta dirección en la que apunta la monograña, con la particularidad de haber sido diseñada por y desde una determinada tradición de investigación, la de la filosofía, salvo ciertas excepciones. &&é aportan en este contexto los denominados estudios de mujeres? ¿Qué necesidad tiene la ciencia actual de la critica epistémica que proporciona la perspectiva de género? ¿Cuál es el papel de la historia o de la filosofía en la construcción de esa cntica a la ciencia? En definitiva, ?cómo contribuir a ello? Estos son algunos de los interrogantes que una espera ver contestados en una publicación de ese titulo -mujer y cienciapero no hay duda de que es prematura tal pretensión. Falta masa cntica, y la prueba son estos 8 trabajos, los escasos 15 sobre ciencia entre los 2280 sobre mujeres publicados en España en estos 25 últimos años, o la ausencia de una perspectiva de género en los 30 artículos que sobre mujeres se han llegado a publicar en revistas científicas. Mejor será, pues, ponderar el contexto de realización de este esfuerzo y presentar a continuación las publicaciones aisladas de Mujer y Ciencia. Que el CSIC se decidiera a publicar en 1993 un número monográfico dedicado a la mujer en su órgano de expresión más genuino y de máxima difusión, DWAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist IUus., 15, 1995, 487-539. Arbor, es un reconocimiento de la trascendencia de esta línea de trabajo internacional. Sobre todo si tenemos en cuenta que, pese a ser la revista española más idónea para los enfoques interdiscipiinares de la ciencia o la cultura, sólo había llegado a publicar en su dilatada vida cuatro artículos de interés para los estudios sobre mujeres (entre los años 19'75 y 1978), y obsemamos el sesgo viril de su Consejo de Redacción, integrado en la actualidad por 32 varones y una mujer. Para la ocasión, y de acuerdo con su línea editorial, Arbor ofreció la palabra al mundo de la Filosoña de la ciencia, y contó con la dirección de Eulalia Pérez Sedeño, persona de reconocida trayectoria editorial en el ámbito de las consideraciones ideológicas y repercusiones sociales de la ciencia (desde su primer libro sobre la energía nuclear publicado en Alianza en 1983) e introductora de uno de los autores de critica epistémica más leídos en el campo científico, Alan Chalmers. La monografia, precedida por un escueto e interesante trabajo que resume las principales líneas de investigación en estudios de mujeres subrayando el déficit español, es un conjunto de ocho trabajos carentes de una perspectiva común que los estructure (es evidente que no fueron previamente discutidos en syrnposio o similar) realizados desde lecturas y formación diversas, básicamente especialistas en historia de la filosoña. En su conjunto, la obra ofrece si no los modelos, sí las claves bibliográficas internacionales para el viaje iniciático en los estudios de género en la ciencia, sea en la perspectiva que sea, histórica, epistemológica o sociológica. Como es sabido, las tres líneas de investigación en este nuevo campo interdisciplinar son la definición científica de la naturaleza femenina, las barreras, institucionales o simbólicas, a la incorporación profesional de mujeres a esta actividad social o sus aportaciones científicas y el supuesto sesgo sexista, androcéntrico, de la ciencia. Pues bien, de acuerdo con ello y el orden cronológico que preside Mujer y Ciencia podemos presentar los trabajos del siguiente modo: el primero rescata del olvido a mujeres extraordinarias de la ciencia/filosofía clásica (E. Pérez Sedeño), el segundo muestra la construcción de la naturaleza femenina en la medicina árabe medieval (A. Cano). Los tres siguientes reivindican, con mayor o menor rigor metodológico, aportaciones de mujeres a la ciencia ilustrada o su divulgación (A. Elena, O. Blanco y C. Mataix) y los tres últimos, más interesantes desde nuestro punto de vista, tratan problemas de la ciencia o tecnología contemporáneas. El trabajo de Alberto Elena, La ciencia en los salones ..., es una invitación a reconsiderar esquemas clásicos de la historia de la ciencia para incluir además de la producción, la difusión científica y los salones junto a las Academias, entre sus principales instituciones. El autor reivindica para el siglo XVII el origen de la divulgación científica y la llamada .cuestión femenina» (situada habitualmente a I DMVAMlS. Acta Hsp. Med. Sci. Hst. Illus., 15, 1995, 487-539. 1 fines del s. m) aiirmando que precisamente se inició cuestionando a «femes savantesn . Mujeres, máquinas y maquinaciones, de la ñsica Paloma Aicalá Cortijo, interesa por el adecuado encuadre teórico. Presenta las dos líneas de investigación de este terreno paralelo: el más clásico del feminismo, el impacto de las llamadas nuevas tecnologías en la vida de las mujeres (tanto en la vida doméstica, como en la oficina o en su aplicación en el terreno de la reproducción), y el más reciente del ecofeminismo, el dominio masculino del mundo de la tecnología (lo que equivale a preguntarse si las mujeres, la aplicarían con fines más pacíficos, de controlar esta actividad). El modelo elegido para su estudio es también histórico, y aunque falto de investigación original queda bien suplido por la bibliograña sobre el proceso de incorporación de mujeres (y sustitución de los hombres) en el tránsito del arte de la impresión a la importante industria gráfica del siglo xx en Estados Unidos de América. Los dos últimos artículos tienen como objetivo cuestionar con ejemplos y enfoques distintos el mismo supuesto básico de la ciencia actual: el determinismo biológico. La mejor guía bibliográfica para un planteamiento actualizado de la crítica epistemológica a la ciencia desde la óptica feminista puede encontrarse en el trabajo de Amparo Gómez e Inmaculada Perdomo titulado El eterno femenino: hormonas, cerebro y diferencias sexuales. Yen el de Ana Sánchez Torres, El debate sobre la selección sexud: complejidad versus determinismo, puede encontrarse un intento serio de utilizar la experiencia personal en metodología científica para una deconstrucción de sus teonas, apoyándose en las teorías de E. Morin, E. Fox Keller (a quienes conoce bien por haber sido su introductora en lengua española) y R. Bleier. No podemos asegurar, sin embargo, que las científicas del ramo, sean biólogas o médicas, etc., puedan aceptar sus conclusiones. Se cuestionará el sesgo de sus fuentes de información, la ideología que preside su análisis, claramente feminista, y la visibilidad del sujeto de investigación fi-ente al estilo neutral, objetivo y absolutamente pautado de los típicos artículos científicos. Las científicas, acostumbradas a la sutileza del fino encaje de variables imperceptibles, ultramicroscópicas, si las comparamos con el tamaño de los fenómenos variables o determinantes que manejan las historiadoras o las sociólogas, responderán con la satisfacción de la desautorización, tan fácil de realizar en estos casos. Pero si los trabajos resisten la embestida inicial,' es probable que la critica científica no pueda pasar de eso: de poner en evidencia la incoherencia, los saltos lógicos -sin evidencias empíricas, se dirála intención del análisis o la insuficiente muestra analizada, no debidamente aleatonzada. Una cuestión que resurge ante este libro es la dificultad del trabajo interdisciplinar. Las relaciones entre las áreas involucradas aquí suelen ir en la dirección de que DkRTAMTS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illw., 15,1995,487-539. la historia de la ciencia proporciona perspectiva de enfoque y datos relacionales de contexto para las explicaciones que gustan en filosofía o sociología de la ciencia, para todo ello ser aprovechado en la formación crítica (discusión ) del científico. Pues bien, las que protagonizan esta monograña, ciencia, histona y filosofía, eson tradiciones que se ignoran? No del todo, pero tampoco se frecuentan lo suñciente, como evidencia Mujer y Ciencia Desde nuestra tradición históricomédica no parecen aceptables trabajos carentes de rigor metodológico (C. Mataix) o faltos de contexto histórico (Mataix o Blanco y, en algún matiz, el de Cano) o de contexto científico actual (Perdomo, Sánchez). Y por otro lado está la ausencia, explicable por las seculares barreras académicas, de la otra gran tradición de estudios sobre la ciencia en España, la de la histona, que cuenta con algunos productos exportables en perspectiva de género. Merece este contexto de difusión y significación algún trabajo de Teresa Ortiz como el presentado a las 11 Jornadas andaluzas .El discurso médico sobre las mujeres en la España del primer tercio del siglo xx» (publicado en: Las mujeres de Andalucía. Actas del 2." Encuentro interdisciplinar de estudios de la mujer en Andalucía Diputación de Málaga, 1993, pp. 10'7-138). El trabajo de esta historiadora supone una auténtica aportación metodológica por tres cosas elementales, pero que no están establecidas en este nuevo campo de investigación interdisciplinar. La primera es el alcance (y verificabilidad) de las hipótesis de una investigación previamente planificada, frente a la limitada validez de las elaboradas con retales de investigaciones sobre otros temas (¿ineludible en una primera fase de construcción de una nueva área de investigación?). La segunda, una propuesta de las cuestiones que deben explorarse históricamente para garantizar el necesario juego de relaciones explicativas entre ideas científicas y socio-culturales (T. Ortiz propone: a)las referencias que hacen los autores al feminismo, b) las opiniones sobre las reivindicaciones políticas y sociales de las mujeres y c) la definición biológica de la mujer/ mujeres). El tercer supuesto metodológico es la distinción del valor heurística de las diversas fuentes de información: no es lo mismo una conferencia pública que un manual de aula o un artículo de Nature; de quien preside la Academia de Ciencias, es médico rural o paciente desconocida o personaje literario. En fin, algo elemental pero no habitual todavía, como demuestran sucesivamente los trabajos del libro reseñado. Por último, una advertencia. Si las posibilidades de éxito de una publicación están en parte determinadas por la circulación en los circuitos de difusión de la información bibliográfica, debemos advertir que las de esta se han visto algo reducidas. Esta monografia no ha sido incluida en las bases de datos -ahora ya en CD.ROM- de ISOC, ICYT o IME, cuando lo están las anteriores y posteriores de la misma revista. ¿Tendrá algo que ver con el tema objeto del ejemplar reseñado? DMVAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist Illus., 15, 1995, 487-539. Sospechas aparte, Mujer y Ciencia merece ser reseñada, conocida y superada en varios ámbitos del mundo académico: el de la historia de la ciencia, el de la construcción de la ciencia actual y el del denominado estudios de la mujer. Precisamente en este nuevo campo de investigación, puede ser considerada obra de ineludible referencia al principio (aunque en ocasiones lo sea como contramodelo) hasta ser sustituida por otra síntesis -que no mera aposición de trabajos aislados- de igual título, pero ya en distinto siglo. Thom LAQUEUR (1994). La construcción del sexo. Cuerpo ygénero desde los griegos hasta Freud. Madrid, Gn'tica [Colección Femhismos], 413 pp. ISBN: 84376129@X. Cuatro años después de su publicación por Harvard University Press, aparece la versión española de este libro en Feminismos, una colección de obras de interés en el campo de los Estudios de las Mujeres, que editan conjuntamente desde 1990 la editorial Cátedra, la Universidad de Valencia y el Instituto de la Mujer. Se trata de una obra que ha tenido excelente acogida entre intelectuales feministas -la propia colección en la que aparece es buena prueba de elloasí como un amplio eco en revistas anglosajonas de historia de la medicina y de la ciencia, que le han dedicado numerosas reseñas. Laqueur, a quien leemos en castellano gracias a una encomiable traducción del historiador de la ciencia Eugenio Portela, hace una historia de las representaciones científicas del cuerpo sexuado, basándose en textos médicos y de filosofía natural y en una metodología que debe mucho a las aportaciones teóricas del pensamiento feminista. El conjunto de la obra puede entenderse como una excelente ejemplificación, desde la historia de la ciencia, de cómo los conceptos de género -diferencias sociales y culturales atribuidas a las personas en función de su sexo, dicho muy esquemáticamente- y de sexo -diferencias naturales, biológicasse construyen históricamente, se articulan y se influyen entre sí. Laqueur nos descubre a través de una gran variedad de fuentes médicas, la mayoría sobre reproducción y sexualidad, la mutabilidad de las explicaciones científicas que construyen el sexo como categoría natural o biológica, demostrando que a lo largo de la historia «casi todo lo que se desea decir sobre el sexo ya ha sido reivindicado para el género» (p. 33). O lo que es igual, que el conocimiento científico que se genera sobre la diferencia sexual, se encuentra profundamente sesgado por las relaciones asimétricas de poder entre varones y mujeres propias de un sistema social de dominación masculina. DL1VAMlS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15,1995,487-539.