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Experimentos de regeneración animal: 16861765. ?Corno defender la preexistencia? (*) JAVIER MOSCOSO (**) Y cortada la cabeza Calor y vida el tronco conservando Un semblante animado guarda en tierra Y los ojos abiertos mientras fueron Las reliquias del alma disipadas. LUCRECIO, Rerum Natura (Madrid, Cátedra, trad. G. Calvo, 1983) SUMARIO Introducción: Historiografía de la regeneración. l.-Clarificaciones sobre la Cpreexistencia.. 2.-Los primeros experimentos: Claude Perrault y René-Antoine Ferchault de Réaumur, 16861 712.3.-Ei modo de regeneración a la manera del pólipo. 4.-Embnología versus fisiología. RESUMEN Este articulo explora el modo en el que la teona de la preexistencia embrionaria se defendió de las conclusiones experimentales relativas a la regeneración de partes perdidas desde finales del siglo XVII hasta la década de 1760. A partir de los experimentos de Claude (*) Este articulo ha sido financiado con una beca de Formación de Personal Investigador (AC89 07222242) y de Formación de Profesorado Universitario (FPU92 07222242), ambas del M.E.C. Una versión diferente de este texto fue leída en forma de conferencia en el WeUcome Institute for the History of Medicine de Londres en junio de 1992. Mis agradecimientos para Philip K. Wilson (University of Yale), Holger Maehle (University of Durharn) y Roy Porter (WIMM) por sus comentarios y críticas. (**) Doctor en Filosofia, es Research Fellow en el Department for the History of Science and Medicine, Harvard University. Centro de Estudios Históricos. C.S.I.C. C./ Duque de Medinaceli, E28014 Madrid. DERAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist Illus., 15, 1995,341-373.
342 JAVIER MOSCOSO Perrauit (1680), de Ferchault de Réaumur (17121, de Abraham Trembley (174@1744) y de Charles Bonnet (1740) se pondrá de manifiesto de qué modo la teoría de la preexistencia delimitó sus límites de aplicabilidad hasta el extremo de hacerse invulnerable a cualquier forma de refutación experimental. Se argumentará que semejante delimitación del objeto de estudio fue siempre emparejada con una definición de «comunidad de naturalistas. construida en términos de .exclusión científica,. BIBLID [0211-9536(1995) 15; 341-3731 Fecha de aceptación: 5 de septiembre de 1994 La historiograña contemporánea ha insistido con demasiada fiecuencia en la enorme dificultad a la que se enfrentaron los defensores del mecanicismo cuando llegó el momento de dar cuenta de las propiedades regenerativas de los cuerpos organizados en función de la exclusiva interacción de materia y movimiento (2). Es sin duda cierto que en el seno de una concepción mecánica de la naturaleza y sus procesos, comprendiendo la materia como elemento esencialmente pasivo y desprovisto, por tanto, de (1) Quizá merezca la pena señalar, antes de nada, que lo que aquí discutimos es la llamada regeneración epimórfica o el crecimiento de estructuras arnputadas a partir de complejos <<muñonesn; lo que puede hacer referencia tanto al reemplazamiento de apéndices como a la regeneración de fracciones de organismos en organismos completos después de ser divididos experimentalmente. Este tipo de regeneración, que se caracteriza por el desarrollo de un blastema a partir del que se genera la nueva estructura, no debe confundirse ni con la regeneración de tejidos ni con las metamorfosis. Sobre regeneración de la materia (orgánica) durante el siglo m11 pueden consultarse ABELOOS, Marcel(1932). Za Régéneration et les problsmes de la morpho@nsse, Patis, Gauthier-Villars et Cie, 253 pp.; MOESCHLIN-KRIEG, Beate (1953). Zur Geschichte der Regenerationsforschung irn 1 S.Jahrhundert, Basler Veroffentlichungen zur Geschichte der Medizin und der Biologie, n.". Basel, Benno Schwabe, 68 pp.; y DINSMORE, Charles E. (ed.) (1991). AHistoryofRegeneration Research: Miiestones in uie Evolution of a Science, New York, Cambridge University. Press, 228 pp. (2) Véase, por ejemplo, BODEMER, Charles W. (1964). Regeneration and the decline of preformation in 18thcentury embriology. Bulletin of the History of Medicine, 38,2@31; CAROZZI, Marguerite (1985). Bonnet, Spallanzani, and Voltaire on Regeneration of Head in Snails: A Continuation of the Spontaneous Generation Debate. Gesnerus, 42, 265288; y ROE, Shirley A. (1984). John Turberville Needham and the generation of living organisms. Isis, 74, 159-184. DERTAMTS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15, 1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686-1765 343 las naturalezas plásticas o las inteligencias rectrices del Renacimiento, el pensamiento clásico encontró serias dificultades para explicar las propiedades regenerativas de los cuerpos organizados. Pero la dificultad en la aceptación del fenómeno no debena confundirse con la imposibilidad de ofrecer una explicación, incluso una explicación plausible. Después de todo, el mecanicismo, aquel método del pensamiento que, según ironizaba Diderot, partía de lo evidente para desembocar en lo insólito, encontró mucho más problemático el reconocimiento de los hechos regenerativos que la formulación de hipótesis explicativas, por muy insólitas que éstas pudieran parecer. Sena minusvalorar enormemente el potencial teórico de la filosofia iatromecánica, el pretender que aquellos fenómenos que no se ajustaron de antemano a su modelo teórico contribuyeron tan sólo a su derrumbamiento. En primer lugar, porque si el mecanicismo fue un sistema al que, sobre todo a partir de 1'740, era cada vez más difícil «ajustar» los hechos, sus rivales teóricos no fueron, y no serán hasta principios del siglo xrx, sino una disparidad de hechos carentes de articulación sistemática y, por tanto, «sistemas de pensamiento* que podían ser discutidos más fácilmente en el conjunto de sus implicaciones (morales) que en la articulación de sus contenidos teóricos. En segundo lugar, porque las explicaciones que ofrecieron las formas más o menos difusas de vitalismo, o de animismo u organicismo, de los fenómenos de regeneración (o de hibridación, o del origen de los monstruos, o del parentesco y de la herencia, es decir, de todos aquellos fenómenos que, de antemano, dañaban seriamente la comprensión meramente mecánica de los cuerpos organizados) fueron, con demasiada frecuencia, explicaciones tan imprcl bables, si no más ingenuas y descabelladas que aquellas de la llamada 'ciencia oficial'. Finalmente, porque muchos partidarios del mecanicismo biológico encontraron en esos mismos hechos que parecían amenazar su sistema refutaciones parciales de sistemas rivales y, por tanto, apoyos indirectos de su propia teona. Si la revolución embriológica del siglo XVII supuso, según ha comentado L. W. Brookliss, el triunfo de un particular modelo ideológico (3) que (3) BROOKLISS, Lawrence H. (1982). The Embryological Revolution in the France of Louis XIV The Dominante of Ideology. In: G. R Dunstan (ed.), The Human Embryo. Aristotle and the Arabic and the European Traditions, Exeter, University of Exeter Press, pp. 158-186. DIRAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist iüus., 15, 1995, 341-373.
344 JAVIER MOSCOSO sobrevivió durante más de cien años -la preexistencia embrionaria-, lo que cabe preguntarse entonces es de qué modo los fenómenos de regeneración afectaron los fundamentos de aquella teona dominante. No hay que olvidar que los estudios más importantes sobre regeneración durante el 1 siglo XVIII fueron realizados por miembros de academias científicas consagradas y defensores convencidos de la preexistencia. Aquellos «ortodoxos» no sólo trabajaron en una de las partes supuestamente más problemáticas de su teoría, también se felicitaron con demasiada frecuencia por los resultados obtenidos, animando incluso a la comunidad de naturalistas en su conjunto a emprender investigaciones similares. Quizá lo más sorprendente de todo, aquellos naturalistas contribuyeron sobremanera a divulgar las conclusiones de unos experimentos que, aparentemente, ponían en tela de juicio la validez misma de su modelo teórico. Si los fenómenos de regeneración no fueron y, como veremos, tampoco pudieron ser un contraejemplo empírico de aquella teoría dominante, entonces es imprescindible entender cómo aquellos mismos fenómenos pudieron ser interpretados dentro de aquel modelo ideológico, para explicar, después, de qué manera participaron en el derrumbamiento de una concepción mecánica de los seres organizados, si no lo hicieron por medio de una pretendida «refutación experimental». 1. cL4RLFTCAQONES SOBRE LA «PRE-EXISrnCLA>> (4) En el primer volumen de su De la Recherche de la verité, publicado en 1674, Nicolas Malebranche (16381'715), enfrentándose a las conclusiones (4) La teoría de la pre-existencia no debe confundirse con el xpreformacionismo» de Giuseppe degli Aromatari, Fortunio Liceti o Emilio Parisano que cristalizó a pnncipios de siglo XVII. Sobre este particular véase BOWLER, Peter (1971). Prefonnation and Pre-existence in the 17th century: A Bnef Analysis.Joumai of the History of Biology, 4, 221-244. Sobre embnología en la Ilustración, probablemente el mejor texto sea la obra monumental de ROGER, Jacques (1963). Les sciences de la Me dans la pensée fran~aise du mreme siecle, Paris, A. Colin, 842 pp. También son de mucha utilidad y no menos clásicos: GASKING, E. (1967). Investigations into Generation: 1651-1828, London, Hutchinson of London, 192 pp.; GUYENOT, Ernile (1941). Les sciences de la Me aux m16me et m11eme siecles. L'idée d'evolution, Paris, Albin-Michel, 462 pp., y el de COLE, F. (1930). Early Theories of Sexual Diíferentation, Mor4 Ciarendon Pres, 230 pp. DMVAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15, 1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 345 más indeseadas del naturalismo cartesiano, enfatizaba que todos los seres habían sido creados y conservados por Dios en el momento de la Creación. Puesto que sólo Dios podía ser creador, la misión de los padres en el proceso de la generación debía reducirse a la de meros intermediarios de la divina Gracia. El nuevo ser, por su parte, no podía ser ni el producto de las simientes paternas, ni el resultado de la acción aislada de una de ellas, sino obra de un Dios que, entiéndase bien, no había creado «la vi&, sino «el conjunto de todos los vivientes». Puesto que apenas si se comprendía además que la providencia divina tuviera que involucrarse en cada creación particular, lo más plausible parecía asumir que todos los embriones hubieran salido de Su mano «encajonados>> los unos dentro de los otros en espera del momento de su desarrollo (5). Había en toda esa retórica un vivísirno deseo de comprender el mundo como el producto de una creación divina y no de ninguna capacidad o poder intrínseco de la materia. Es bien sabido que alrededor de 16'70 el mecanicismo cartesiano había comenzado a albergar tendencias materialistas y librepensadoras (6). En primer lugar, porque la imposibilidad teórica de postular la existencia del vacío ponía en tela de juicio la omnipotencia divina ('7). En segundo lugar, porque según se podía leer en el Traité de l'infini créé (8), por ejemplo, la física del pleno parecía implicar no sólo la infinitud, sino también la eternidad del mundo. Más importante si cabe, porque de la definición de una materia caracterizada esencialmente por su extensión y, por tanto, por su divisibilidad, parecía seguirse que el ~movimiento» debía ser también uno de sus atributos esenciales. Puesto que toda (5) MALEBRANCHE, Nicolas, De la recherche de la vérité, libros 1 y 11, reeditados por ROUSTAN, D. y SCHRECKER, P., Paris, Boivin, 1938, 491 pp. Sobre la formulación de la preexistencia de los gérmenes, véase el capítulo 11 del primer libro. (6) Cfr. VARTANIAN, Ararn (1953). Diderot and Descartes: A study of Scientific Nahrralism in the Enlightenment, Princeton, NJ, Princeton University Press, 336 pp. (7) Véase BOASHALL, Marie (1978). Matter in seventeenth Century Science. In: Eman McMullin (ed.), The Concept of Matter in Modern Philosophy, Notre Dame, Ind., University of Notre Dame Press, pp. 261 y SS. (8) [MALEBRANCHE] (1769). Traité de l'infini créé, Amsterdam. El autor es casi con toda probabilidad Jean Terrason (1670-1750), que hizo circular el libro en forma manuscrita mucho antes de su publicación. Sobre la maliciosa atribución a Malebranche cfr. WADE, Ira 0. (1938). The Clandestione Organization and Difíüsion of Philosophic Ideas in France from 1700 to 1750, Princeton, Princeton University Press, 329 pp. DERUS. Acci Hisp. Med. Su. Hist. Illus., 15, 1995, 341-373.
346 JAVIER MOSCOSO divisibilidad presuponía un movimiento o, al menos, una movilidad, no era dificil inferir que si el movimiento era la característica más elemental de lo viviente y, al mismo tiempo, una propiedad de una materia infinita y eterna, desaparecía la necesidad de postular la existencia de un Ser Creador (9). Hasta qué punto estas conclusiones se correspondían con el verdadero esprit du ~artesi~sme, tal y como se defendió durante el siglo m11 por eminentes miembros de la Iglesia Católica, como el cardenal de Polignac (1661-1741) por ejemplo, está más allá de los límites de esta investigación. Pero cualquiera que fuera el caso, la irreligión a la que para muchos conducía el cartesianismo fue al mismo tiempo motivo de preocupación y materia de disputa: «Los cartesianos -escribió Cotes en el prefacio a la segunda edición de los Principia de Newton en 1'713- [...] se han unido a ese rebaño infame que considera que el mundo no ha sido creado por la voluntad de Dios, sino por una necesidad natural; que todas las cosas se rigen por el destino y no por la providencia, y que la materia, siendo infinita y etema, existe y existirá siempre y en todas partes por la necesidad de su propia naturaleza* (10). La dificultad consistía entonces en reconciliar los fenómenos de regeneración con aproximaciones mecánicas, aunque no necesariamente cartesianas, a problemas embnológicos. Oponiéndose a las conclusiones más indeseadas del mecanicismo, Malebranche aseguraba que las leyes de la mecánica podían explicar el crecimiento y el movimiento de los seres, pero no podían dar cuenta de su generación. Para salvaguardar al mecanicismo de sus implicaciones materialistas, el origen de todo movimiento y, por tanto, de toda vitalidad, debía encontrarse más allá de la materia, perdido en el tiempo de una Creación primigenia. La distinción esbozada entre causas segundas y primeras causas permitía a la preexistencia delimitar la esfera de aplicabilidad del razonamiento embriológico excluyendo por (9) Véase, por ejemplo, RAY, John (1962). The wisdom of God manifested in the Works of The Creation, 2nd. ed., vol. 1, pp. 27-28. (10) NEWTON, Sir Isaac [1713]. Philosophiae Naturalis Principia Mathematica [trad. española], Madrid, Editora Nacional, 1982, 900 pp. (p. 219). Sobre este asunto, consultar BRUNET, Pierre (1931). L'lntroduction des théories de Newton en France au m11 siecle avant 1738, Paris, A. Blanchard, 355 pp. (pp. 71-72). DkRTAMlS. Acta-p. Med. SU. Hst. lllm., 15, 1995, 341-373. i
Experimentos de regeneración animal 1686- 1 765 347 tanto cualquier sistema de filosoña natural que pretendiera dar cuenta del origen de la economía animal por una mera disposición de la materia. Webranche se oponía así a las interpretaciones más o menos ortodoxas de teorías epigenéticas o evolutivas, tal y como habían sido propuestas por Wfiam Harvey (15'78165'7), por Nathaniel Highmore (1613-1685), por Giovanni-Alfonso Borelli (160816'79) o por el propio René Descartes (1596 1650) a comienzos de la década de los sesenta. En De la formation de l'anirnal, por ejemplo, publicado póstumamente en 1664, el restaurateur de nos connaissances, según lo llamó Fontenelle, pretendía que la generación del animal podía explicarse mecánicamente, por supuesto, pero a través de un proceso de fermentación por medio del cual las partículas de fluido serninal producidas por la sangre del macho y de la hembra se mezclaban en el útero. De esta unión, explicaba Descartes, el embrión se desarrollaba «epigenéticamente», o si se prefiere «evolucionaba* progresivamente a partir de una materia homogénea e indiferenciada que Harvey había denominado punctum saliens (1 1). La teoría de la preexistencia formulada por Malebranche sostenía, al contrario, no sólo que Dios había creado todos los seres al unísono y al comienzo de los tiempos, sino que, a partir de las pruebas alegadas a favor de la infinita divisibilidad de la materia por los lógicos jansenistas de Port- Royal (12), parecía plausible concluir que los había creado ya formados y «encajonados» los unos dentro de los otros en espera del momento de su crecimiento. Una teoría de encajonamiento al infinito de los embriones o «emboitement» que, a partir del descubrimiento de Antoni van Leewvenhoek (1632-1'723) en 16'73 de los «gusanos espermáticos» (13), pasaría también a aplicarse a la simiente paterna alrededor de 1'700 en una versión llamada (1 1) DESCARTES, René [1664]. De la formation de I'animal. In: Oeuvres, Adam et Tannery (eds.), Paris, Vnn, 1971-75, 11 vols. Véase vol. 9, pp. 253-255. (12) ARNAULD, Antoine; NICOLE, Pierre (1662). La Logique ou l'art de penser [edición crítica de P. Clair y F. Girbal], Paris, Vnn, 1981. (13) Los descubrimientos se hicieron públicos por primera vez en la Royai Society de Londres en 1677 en tomo a circunstancias escandalosas relativas al procedimiento utilizado por Leeuwenhoek para la obtención de esperma. Véase: DOBBEL, Cliiord (1932). Antony van Leeuwenhoek and his «little animalsu, Amsterdam, N.V. Swets et Zeitlinger, 435 pp. DkRAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist Illus., 15, 1995, 341-373.
348 JAVIER MOSCOSO «animalculista» defendida, entre otros, por Nicolas Andry (16581'742) O por Etienne-Fran~ois GeofFroy (1 6'72-1731) (1 4). El apoyo experimental a la teoría, basado en los experimentos del mencionado Leeuwenhoek o de Marcelo Malpighi (16281694), nunca fue, sin embargo, realmente vinculante. Si la incapacidad para encontrar, por disección anatómica, un ser pre-formado, ya fuera en el espermatozoide masculino o en el óvulo femenino, privaba a la teoría de una verificación de principio, esa misma distancia frente a unos «hechos>> construidos teóricamente también la hacía inmune frente a cualquier intento de falsación I empírica. El estatus epistemológico de los experimentos realizados por f Etienne GeofFroy y por otros botánicos que supuestamente observaron el aencajonamiento* de semillas en diferentes especies de flores o, como fue i el caso del microscopista holandés Nicolaas Hartsoeker (16561'725), que pretendió haber visto un pequeño hombre epre-existente» encerrado en el espermatozoide masculino, un homunculus (15), estuvieron tan obviamente marcados por una predeterminación teórica que no fueron nunca decisivos en lo que respecta a cómo los hechos señalados debían interpretarse. 4 Sería erróneo pensar, sin embargo, que la única razón por la que se impuso la preexistencia fue su compromiso teológico de salvaguardar el papel de Dios en la creación. No menos importante que aquel fundamento metafisico de la ciencia, el encajonamiento sucesivo de los embriones garantizaba, por primera vez en la historia de la embriología, que de una mujer no podía nacer un perro, que de una princesa holandesa no nacerían jamás etíopes, que las leyes de la naturaleza obedecían, en fin, patre nes regulares que al garantizar la providencia divina y la regularidad de los procesos naturales hacían también posible el ejercicio mismo de la Historia Natural. No es que la ciencia abrazara el mecanicismo, sino que, más bien al contrario, el mecanicismo aparecía como la posibilidad misma de la ciencia (16). Nadie, escribía Leibniz, podía oponerse a las «admirables (14) ANDRY, Nicholas A De Boisregard (1700). De la génération des vers dans le corps de I'Homrne, Aw misllem-es 6ai6 2 I'hteurszir le sujet da vm; les deuxpremiremi2res d'Amkdm par M. Nicholas Hartsoeker, & I'autre de Rome par M. Georges BagJivi, Nueva edición, Paris, L. d'Houry, 1718, 533 pp. (15) HARTSOEKER, Nicolaas (1694). Essay de dioptrique, Paris, J. Anisson, 233 pp. (16) ROGER (1963), op. cit. en nota 4, p. 207. ' DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist Illus., 15,1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 349 decisiones de los modernos que han establecido que todo sucede en los cuerpos por razones mecánicas, esto es, inteligibles. (17). La regularidad de la naturaleza debía ser así el resultado de una providencia divina que había construido un mundo definitivo, ordenado, el mejor de los mundos posibles o, en el peor de los casos, el único mundo en el que la ciencia es posible. Puesto que la ciencia natural debía ser, por primera vez, ciencia de lo repetible, todo aquello que fuera improbable, maravilloso o singular, es decir, todo aquello que estuviera más allá de la certeza de los hechos o la l evidencia de los razonamientos, tenía que ser negado si no podía repetirse i en condiciones controladas. Si la materia contuviera en ella misma los principios de su propio movimiento y, por tanto, de su propia vitalidad; si los seres pudieran reproducirse espontáneamente; si los procesos naturales respondieran a un azar lucreciano, la Historia Natural nunca podría ser más que una descripción de hechos singulares e indistinguibles. La regularidad de la Naturaleza, sin embargo, de la que se desprendía lógicamente tanto la fijicidad de las especies como la continuidad de las razas, proporcionaba la primera posibilidad de formular sistemas clasificatorios al tiempo que patrones regulares de experimentación. Es así que, en lo que respecta a las capacidades regeneradoras de los «cuerpos organizados», lo que durante el Renacimiento fue un conjunto deslabazado de experiencias acríticas se convirtió a finales del siglo m1 en observación controlada, mientras que la tendencia tan infantil de «mutilar y ver que pasa. pasó a ser por primera vez objeto detenido de la atención científica. Comprender era, al menos idealmente, ser capaz de construir la máquina; descripción de la manipulación operada sobre lo viviente: .Decir solamente que se ha visto algo no es decir nada si no se pone al lector en una situación en la que él mismo pueda juzgar el modo en el que los Hechos que se exponen han sido observados» (18). (17) LEIBNIZ, G. W., Animadversiones circa Assertiones aliquas Theoria medica veme Uar. Stahl. In: Opera, tomo 11, segunda parte, p. 136. (18) TlZEMEíLEY, Abraharn (1943). Cortespondance inédite entre Réaumur et AbW Trembley, Ginebra, Georg, 432 pp. (p. 2). DERTAMS. ActaHisp. Med. Sci. Hist Illus., 15,1995,341-373.
356 JAVIER MOSCOSO Inteligencias rectrices o subalternas, naturalezas plásticas o fuerzas vegetativas son conceptos recurrentes desde Curdworth y Nehemiah Grew hasta las explicaciones embriológicas de Maupertuis, de John Turverbille Needham, de Buffon o de Caspar F. WoE en la década de los cuarenta, en parte como apoyo a las nuevas teorías epigenéticas. Hacia 1720, sin embargo, aquellos conceptos de Hartsoeker y sobre todo su obscura espiritualización de la materia parecían implicar, no sin fundamento, la correspondiente materialización del espíritu. Una conclusión peligrosísima contra la que advirtió, entre otros, el propio Journal des Savants: «Los filósofos instruidos en los verdaderos principios de la Metafisica y de la Religión se abstendrán de sostener las ideas de Monsieur Hartsoeker sobre la naturaleza del alma* (37). Puesto que la refutación de su sistema no podía realizarse por medios exclusivamente observacionales, la falsedad de la doctrina debía seguirse de sus implicaciones teológico-morales. Un punto de vista que perduró incluso en el Elogio Fúnebre que la Academia de Ciencias de París dedicó al naturalista holandés en 1725 (38). Lo de menos, por tanto, era que el sistema de las naturalezas rectrices de Hartsoeker sirviera para explicar los hechos, lo que importaba era que las implicaciones inaceptables de ese sistema podían solventarse excluyendo a Hartsoeker de la comunidad proto-profesional. Desplazando el discurso del naturalista holandés al ámbito de la pseudo-ciencia, nadie que se considerara y quisiera a la vez ser considerado como persona instruida en «los verdaderos principios de la filosofia y de la religión» podía defender su doctrina. Es esta posibilidad de rechazar posicionamientos teóricos por sus implicaciones éticas en la que se sustenta el modelo ideológico de la preexistencia. Y es que como teoría dominante en las Universidades francesas, el ovismo debía responder tarnbién a la necesidad de redefinir desde dentro el nuevo método de ciencia, por lo que lejos de implimentar la rivalidad entre desacuerdos teóricos, los resolvió todos por medio de la exclusión sistemática de sus críticos y por el silencio con el que respondió a sus detractores. (37) Journai de Savants, julio de 1722, p. 469. (38) ROGER (1963), op. cit. en nota , pp. 431-36. DERTAMTS. Acta Hsp. Med. Su. Hist NZIS., 15,1995,341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686-1 765 Es un lugar común que la contribución más importante a la investigación sobre regeneración de partes perdidas durante el siglo m11 fue el descubrimiento de Abraham Trembley (1710-1784) en 1740 de la capacidad del denominado pólipeinsecto para regenerar animales completos a partir de sus partes seccionadas (39). Es necesario mencionar, sin embargo, que los experimentos de Trembley nunca se situaron en un principio en la tradición de las viejas investigaciones sobre regeneración. Las operaciones a las que el pólipo fue sometido obedecían más bien a la necesidad de determinar la naturaleza animal o vegetal de lo que Trembley consideró en 1740 como una recién descubierta especie (40). Puesto que los criterios morfológicos no parecieron lo suficientemente vinculantes, Trembley se decidió a resolver el enigma intentando determinar las funciones animales o vegetales de esa pequeña máquina: «lo he despedazado -escribe-; lo he desmembrado [...]; he hecho que la superficie interior de su piel pasara a ser la superficie exterior y viceversa. (41). Inspirado por una imagen cartesiana de lo viviente, Trembley reconoce que la primera vez que dividió un pólipo en pedazos su predicción más (39) El pólipo del que habla Trembley es un zoofito que ahora recibe los nombres de Hydra vulgans, Hydra viridissima y Perlceratohydra oligactis según su variedad. Se encontrará alguna fotograña en el articulo de LENHOF'F & LENHOFF (1988). Trembley's polyp. Scientific Arnerican, pp. 8691. Sobre la vida de Abraham Trembley, véase -LEY, Jean (1872). Mémoire hlstorique sur la vie et les éuits de M. Abraham Trembley, Neuchatel et Géneve, Colladon; BAKER, John R (1952). Abraham Trembley of Geneva, London, Edward Arnold; y GEISENDORF, Paul G. (1970). Les Trembley de Geneve de 1552 2 1846, Geneve, Jullien. El libro más reciente es el de DAWSON, Virginia (1987). Nature's Enigma: The Problem of the Polyp, PPhiladelphy, Amencan Philosophical Society, 266 pp. (40) Según reconoce Trembley en 1744, los pólipos habían sido descritos en 1702 por Leeuwenhoek (en Philosophical Transactions, 18,n.283,1304-1311). Según RÉAUMUR, Prefacio a la Histoire naturelle des Insectes, Paris, Impnmene Royale, 6 vols. (vol. 1, p. 54) también eran conocidos por Bemard de Jussieu. (41) TREMBLEY, Abraham (1744). Mémoires pour servir 2 l'histoire d'un genre de Polypes d'eau douce 2 bras en forme de comes, Leyde, Jean & Herman Verbeek, 322 pp. Las citas corresponden a las pp. 245, 248 y 253, respectivamente. (42) Ibidem, p. 35. DMVAM7S. Acta Hisp. Med. Sa'. Hist LUus., 15,1995, 341-373.
358 JAVIER MOSCOSO inmediata fue esperar que muriera (42). Como se quiera, sin embargo, que el pólipo no sólo seguía vivo, sino que era de alguna manera capaz de reproducirse por bipartición, pareció entonces probable que se tratara de una planta que poseía, junto con otras muchas propiedades, la capacidad de reproducirse por esquejes (43). Los resultados de las pruebas subsiguientes, basadas en criterios fisiológicos y, principalmente, en el movimiento intencional que los pólipos manifestaban al ser alimentados, hicieron que Réaumur se decidiera, en marzo de 1741, a clasificarlo en el límite de la animalidad si se quiere, pero como un animal después de todo (44). Puesto que las capacidades regeneradoras producían no sólo las partes perdidas, sino un animal completo, el vínculo entre generación y regeneración se estrechó también considerablemente. Réaumur que, según co mentamos, fue uno de los primeros en ser informados, concluyó que ese animal no compartía la pretendida ley aristotélica según la cual toda generación se producía como consecuencia de un apareamiento (45), con lo que podía añadirse un nuevo ejemplo al descubrimiento de Charles Bonnet (1720-1783) en 1'740 de la partenogénesis de los afidios (46). La regeneración del pólipo, que era también su modo de reproducción, apareció así como un caso más entre otros de generación no sexual. Y si no cabía deducir del descubrimiento ningún apoyo directo a la teona de la preexistencia, la prueba irrefutable de una forma de reproducción animal sin apareamiento fue de nuevo considerada como un «contraejemplo» de cualquier otra teona de la generación que pretendiera que la formación del embrión tenía su origen en la relación sexual y, por lo tanto, como un contraejemplo, de cualquier teona embriológica basada en una hipótesis de la doble simiente. Lo sorprendente del pólipo no fue, por lo tanto, su capacidad de reproducción no sexual, sino el hecho de que esa reproducción animal tuviera lugar por bipartición. El descubrimiento enteramente fortuito de una especie animal que disfrutaba en exclusividad de una propiedad natural convertía a ese ser organizado, antes que nada, en una singula~té de la (43) Ibidem, p. 26. (44) TREMBLEY (1943), op. cit. en nota 18: ~Lettre de Réaurnur & Trembley. del 25 de marzo de 1741. (45) Ibidem, p. 84. (46) Ibidem, p. 36. DkRAMlS. Acta Hsp. Med. Sci. Hst. Illus., 15,1995,341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 359 nature, en un animal merveiLIeux que, al poner en peligro la regularidad de los procesos naturales, parecía amenazar no sólo la alabanza de Dios en la regularidad de su obra, sino el ejercicio mismo de la Historia natural a través del razonamiento analógico. Si el pólipo no hacía peligrar la preexistencia, sí parecía dañar el uniformismo que a su vez había funcionado, desde finales del siglo XWI, como fundamento metafisico de aquella teoría dominante. Era así bastante previsible que del convencimiento de que la Naturaleza obedecía patrones regulares surgiera la necesidad de admitir que la propiedad de reproducirse por bipartición tenía que haber sido conferida a otros muchos animales. Incapaz de aceptar la idea de una Naturaleza que no estuviera gobernada por causas inmutables, Réaumur escribió a Bonnet el 7 de Agosto de 1741: «Por todas partes he encontrado hechos que prueban que el Autor de la Naturaleza ha multiplicado sus producciones más singulares [...] Tan pronto como ha sido establecido que un pólipo cortado se convierte en dos pólipos, es necesario concluir que esta extraíia prerrogativa ha sido concedida a otros animales, quizá a muchos otros» (47). Es a partir de este convencimiento en la regularidad de los procesos naturales que la comunidad de naturalistas en su conjunto acometió la empresa de realizar experimentos similares con todos los llamados insectos de forma vermicular. Incluso antes de la publicación en 1743 del sexto volumen de las Mémoirespour servir a l'histoire natureUe des insectes de Réaumur, donde se inauguraba la exposición «oficial» del descubrimiento, cualquier animal del que se sospechara alguna similaridad con el pólipo fue sometido a vivisección: «Durante el verano de 1'741 -escribe Réaumurlagartijas, ranas, gusanos, serpientes, cangrejos, mariposas, langostas y cangrejos de no, fueron amenazados por peligros a los que nunca antes habían estado expuestos» (48). (47) Citado por DAWSON (1983), op. cit. en nota 39, p. 143. (48) RÉA- Antoine (17341742). Mérnoires pour servir 2 1 'Histoire des insecti, 6 vols. Paris, Impnmerie Royale. Véase el vol. 5 (pp. LJ y SS.) y el 6 (pp. LXVJZ y SS.). " DkRAMTS. Acta Hsp. Med. Sci. Hist Illus., 15,1995, 341-373.
360 JAVIER MOSCOSO De esta imposibilidad de admitir la ~singulari&d» de cualquier fenómeno natural, que parecía conducir a una concepción lucreciana de la Naturaleza y sus procesos, se siguió también e irremediablamente el uso abusivo del razonamiento analógico. En lo que respecta a la capacidad regeneradora de ciertos cuerpos organizados, Réaurnur, por ejemplo, escribió en 1712 que «semejante fuerza de reproducción excita tanto nuestra curiosidad como nuestra admiración. Si fuera posible la regeneración de un brazo o de una pierna, se abrazaría más fácilmente la profesión militar» (49). También Voltaire mostró su confianza en que los hombres conseguirían algún día dominar los procesos de regeneración hasta el punto de ser capaces, con el tiempo, de reemplazar sus propias cabezas. Un cambió que «para muchos -escribió- dificilmente sería para peor» (50). Y John T. Needham (171317'81), en fin, tuvo el coraje de explicar la generación de Eva a partir de la costilla de Adán A la manisre du polipe: «El cuerpo de la primera mujer no se formó de la tierra como el de su marido, sino que se generó de aquél por una vegetación acelerada, nutriéndose de su substancia durante su sueño hasta que se separó en un estado de perfección, como hacen los jóvenes pólipos y los cuerpos organizados del mismo género» (51). La doble lectura del descubrimiento de Trembley, interpretándolo como un apoyo indirecto de la pre-existencia al tiempo que subrayando la necesidad de encontrar casos similares que salvaguardaran el uniformismo, propició que incluso antes de la publicación en 1744 de las Mémoires de Trembley la capacidad de regeneración de la hidra fuera ampliamente difundida entre medios académicos. En 17'41, por ejemplo, llegaron los primeros pólipos -enviados por el propio Trembleyal entonces presidente de la Royal Socieíy, Martin Folkes. Las Philosophicd Transactions publi- (49) RÉAUMUR (1714), op. cit. en nota 28, p. 228. (50) Citado en CAROZZI (1985), op. cit. en nota 2. (51) NEEDHAM, John Tubede (1769). Nouvelies recherchesphysiques et métaphysiques sur la nature et la réligion, avec une nouvelle théorie de la terre, publicado en el segundo tomo de SP-, Iamro (1769). Nouvelles redierchessurles découvems mi~opicpq et la génération des corps organisés [traducido del italiano por el abate Regley] ,2 vols. en 1, LondresParis, Lacombe. La cita corresponde a la p. 146. " (52) Philosophical Transactions, números 466 y 469 (1742); 470 (1743) ; 484 (1 745) ; 488 DWAMIS. Acta Hisp. Med. Su Hist. LUus., 15, 1995,341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 361 caron 6 diferentes comunicaciones entre los años 1742 y 1747 (52). En 1744, Henry Baker (16981774), el famoso popularizador del microscopio, publicó en francés un Essai sur l'histoire du Polipe-Insecte (53); en Alemania, Rosel von Rosenhof su «Historia poliporum* en 1743 (54); Jacob Chnstian Schaer (1'7181790), su Die Armenpolypen in den Siissenwassem um Regensburg (55) en 1754 y un año más tarde su Die Blumenpolypen des Süssen Wassers geschneben und mit denen des salzigen Wasssers verglihen (56). Incluso Jarnes Parsons (17051770), famoso por su tratado sobre hermafkoditas, se vio en la necesidad de esclarecer algunos de los aspectos más controvertidos del fenómeno (57). Como resultado, sin embargo, de esta extraordinaria difusión horizontal del descubrimiento entre miembros de la comunidad científica «oficial», proliferaron también diversas interpretaciones paralelas que, lejos de ver en el pólipo un apoyo indirecto de la preexistencia, hicieron de la hidra el núcleo de diferentes debates metafísico-teológicos. Más allá de las instituciones consagradas, «Los pólipos (escribió el biógrafo de Trembley) se pusieron tan de moda como la electricidad o el magnetismo. (58). En primer lugar, muchos «heterodoxos>> entendieron que del modo de regeneración del pólipo cabía inferir que la materia era una entidad (1747); y la más importante de todas que fue GRONOVIUS, J. F. (1744). Concerning a water insect, wich, being cut into several pieces, becomes so many perfect animals. Philosophicai Transactions, 42, 218 y SS., en donde se mencionan los nombres de Albinus, Mussenbroek, Allamand y Réaumur, pero, curiosamente, no el de Trembley. (53) BAKER, Henry (1744). Essai sur l'histoire du Polipe-Insecte, Paris, Durand, 218 pp. (54) ROSEL VON ROSENHOF, August Johan (1743). Insektenbelustingungen monatlich herausgegeben, 4 vols., Nuremberg (el primer volumen). Incluye una lámina de la Historiae Poliporum, tomo 111, pp. 181-182. (55) m Jacob C'histian (1754). Die Armenpofypen in den süsenmsm um Regensburg, Ratisbona, E. Weiss. (56) SHAFFER, Jacob Christian (1755). Die Blurnenpolypen des süssen Wassers geschneben und rnit denen des salzigen Wasssers verglihen, Ratisbona, E. Weiss, 54 pp. (57) PARSONS, James (1752). Philmphical Ohsem'ons on the AnaIogy between the Propagation ofAnimals and that of Vegetables; in which are answered some Objections against the Indivisibility of the Soul, which have been inadvertently drawn from the late curious and useiul Experiments upon the Polypus and otherAnimals, with an Fxplanation of the Manner in which each Piece of a divided PoJypus becomes another Animal of the same Species, London, G. Davies. (58) TREMBLEY (1872), op. cit. en nota 39, p. 34. DWAMiS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist Illus., 15, 1995,341-373.
362 JAVIER MOSCOSO dinámica en la que la vida no era uno más de sus atributos, sino parte integral; no sólo resultado de la organización, sino principio organizador. Puesto que este poder de la materia parecía además conocer el preciso momento en el que debía detenerse -la capacidad regeneradora no operaba indefinidamente-, se podía pensar, como en los tiempos de Jean Le Qerc o de Hartsoeker, que o bien la materia poseía algún tipo de conciencia, o bien que era de alguna manera capaz de operar inteligentemente sin tener conciencia de lo que hacía. Puesto que en los experimentos de Trembley se había puesto también de manifiesto la posibilidad de «jugar con la naturaleza* produciendo deliberadamente monstruosidades, de la existencia de estos cuerpos vivos «desorganizados» -Trembley había producido un pólipo con 7 cabezastenía que concluirse que la vida no sólo dependía de la organización ni consistía tan sólo en la disposición de las partes (59). El pólipo aparecía así como la corroboración de un luxus natura en el que, según escribió Buffon a Martin Folkes, todo lo que puede ser, es (60). Desde una perspectiva diferente, el reconocimiento de la naturaleza animal de la hidra parecía implicar que, si había algo así como un alma en los animales, esa del pólipo debía ser también divisible junto con su cuerpo (61). Una conclusión más que indeseada del descubrimiento que, al implicar la divisibilidad del supuesto principio indivisible responsable de todo movimiento y de toda vitalidad, obligó a intervenir a los poderes eclesiásticos. Mientras en Avignon aparecía anónimo un Examen de la société des fim~0n.s oii 1 'on hit voir son opposition aux maximes du chrisme (62), (59) Otros experimentos similares habían sido recogidos en ACADÉMIE DES SCIENCES (1718). Mémoires pour servir 2 l'histoire de I'Académie, p. 35. (60) La carta se encuentra en la Library of the Royal Society, Letters and papers, década 1, i a 82. (61) Sobre el problema del alma de las bestias en los siglos xvr~ y mir pueden consultarse, HASTINGS, Hester (1936). Mim and beast in French thought of the seventeenth cen-, Baltimore, Johns Hopkins Press, 297 pp.; COHEN, Leonora R (1941). From Beast- Michine to Mim-Michine: animal soul in French letters f?om Descartes to La Mettrie, New York, Oxford University Press, 353 pp.; y VARTANMN (1953), op. cit. en nota 6. (62) EXAMENde la société des fi-ancma~ons ou l'on fait voir son opposition aux maximes du christianisme, Avignon, 1745, in-12. DWAMIS. Acta Hisp. Med Sci. Hist IIIus., 15,1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 363 Giacinto Segismodo Gerdil hacía frente a las pruebas alegadas en favor de la materialización del alma (63) y Deneslé publicaba en París su Examen du materialisme (64). Para muchos partidarios del unifonnismo, sin embargo, lo más plausible parecía ser negar el problema en su raíz, cuestionando, como en el caso de Voltaire, la naturaleza animal de la hidra: «Esta producción den@ minada 'pólipo' -escribe- recuerda menos a un animal de lo que lo hacen una zanahoria o un espárrago» (65). Es verdad que durante la primera mitad del siglo XVIII algunos filósofos naturales se habían sentido obligados a postular un alma de las plantas que pudiera producir una semilla deforme «por la fuerza de su imaginación» (66), explicando así la producción de frutos monstruosos. Defender la naturaleza vegetal del pólipo hacia 1'740 tenía, sin embargo, la indudable ventaja de tener que dar cuenta a lo sumo de la pretendida divisibilidad de una alma vegetativa, tanto si ésta estaba capacitada con la facultad de imaginar como si no. Aun cuando muchos scavants, movidos por el deseo de defender la estricta impasibilidad de la materia en los fenómenos de vegetación se habían visto obligados a admitir desde comienzos de siglo entidades tan contradictorias como el «alma material», la comunidad de naturalistas en su conjunto, lejos de definirse por una toma de postura frente a cierto tipo de problemas metafísicos, no les opuso más que el silencio. Puesto que la Historia Natural sólo tenía competencia en el ámbito de las causas segundas, lo que diferenciaba al investigador «proto-profesional» del filósofo ilustrado no era ni podía ser un desacuerdo teórico, sino una diferente (63) GERDIL, Gicinto Segismundo (1747). L'lmmaterialité de 1'Ame dérnonstrée contre M. Me, prIesm&nesprinapesprlesqueis cephilmphe démnsh-eí'~ce &l'immakidté de Dieu, avec des nowelles prewes de 1 'irnmaten'aiité de Dieu et de l'he, tirées de I'Euiture, des PSres & de la Raison, Turín, Impnmerie Royale, in-4." (Véase sobre todo el libro 11). (64) DENESLE], nombre desconocido (1765). Lespréj@s des anaennes et noveauxphiiosophes sur la nature de l'ime humaine, ou examen du matérialisrne, Paris, 2 vols. in-12. (65) VOLTAIRE (1771), artículo «polype» de sus Questions surl'Encyclopédie, Paris, p. 202. (66) «On a poussé la chose si loin, qu'on fait agir l'imagination jusques dans les betes, & dans les Plantes meme. [en MALEBRANCHE, Recherche de la Verité, tom. 1, liv. w. fol. 186 de la edición de Marcot]. Citado en ACADÉMIE DES SCIENCES (1718), op. cit., en nota 59, Mérnoires 1716, p. 336. DERAMlS. Acta Hisp. Med. Su. Hist lUus., 15,1995,341-373.
364 JAVIER MOSCOSO aplicabilidad de sus distintos discursos. Una opinión también compartida por los jesuitas delJournal de Trévoux cuando abogaron por la suspensión del juicio en relación con los problemas metafísico-teológicos a los que el pólipo había dado lugar (67). Desde el punto de vista de la «Nueva Ciencia», allí donde el «philosophe» opina, el naturalista debía guardar silencio. Tanto así que lo que caracterizó la Historia Natural fkancesa de mediados del siglo m11 no fue tanto el contenido positivo de su ciencia, como el mutismo invulnerable con el que se opuso a cierto tipo de problemas. La ciencia es, sobre todo, delimitación de un objeto y establecimiento de una comunidad. Lo que no quiere decir que la Historia Natural, como disciplina en proceso de definición, no se asentara sobre fundamentos metafisicos o no supusiera implicaciones teológicas, sino que tanto esos fundamentos como esas implicaciones estaban más allá de un discurso («científico») cuya garantía de legitimidad provenía, precisamente, del hecho de no hablar de sus propios fundamentos. Si nos concentramos en los problemas «metafísicos» originados alrededor de la supuesta &visibilidad del alma del pólipo, la .respuesta» de la «ciencia oficial» consistió tan sólo en la formulación de un «supuesto» problema que era cuando menos vano y cuando más irresoluble. Réaumur, por ejemplo, lo expone sin tomar parte alguna (68). Pero ese fue también el caso también, por ejemplo, de Henry Baker (69); de Pierre Lyonnet ('70); de Louis Moreau de Mauperhris (71), por citar a un defensor de la epigénesis, así como desde luego del propio Trembley, en cuyas Mémoires de 1'744 no hay ni una sola referencia sobre lo que había llegado a ser el succ2s de scandale del descubrimiento. Es bien conocido el poco interés de Trembley por las discusiones teóricas; tan sólo en una ocasión se reconoce defensor (67) Journal de Trévoux, mayo 1747, pp. 883 y SS. (68) RÉAUMUR (173442), op. cit. en nota 48, vol. 6, p. 52. (69) BAKER (1744), op. cit. en nota 53, pp. 327 y SS. (70) Ll!SSF& FriedrichUxistian (1745). Théologie des hectes, ou Démons~'on des perfections de Dieu dans tout ce qui concerne les Insectes [traducido del alemán con notas por P. Lyonnet], 2 vols. Paris, H. D. Chaubert et L. Durand, véase segundo volumen, p. 73. (71) MAWERTUIS, Pierre-Louis Moreau de (1744). Disssertation Phisique P l'occasion du n6gre blanc, Leyde, 132 pp. (Véase especialmente pp. 4 y SS.). (72) TREMBLEU, Abraharn (1755). Instructions d'un pere 2 ses enfants, sur la nature et sur la relig'on, Geneva, Chapuis, vol. 1, p. 264. DklVAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15,1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686-1765 365 de la preexistencia (72) y sólo en su diario se permite algún comentario sobre la hipótesis lockeana de la materia pensante (73). No hay nada, sin embargo, que permita remitir este conjunto de actitudes a preferencias personales. Más bien al contrario, había en todo ese silencio un verdadero criterio «ideológico» de discriminación científica. Al distanciarse de la pseudociencia, Abraham Trembley, que no era un «profesional» en el sentido moderno, contribuye a delimitar el único campo (mecanicista) en el que la ciencia era posible. Puesto que comprender no es sino construir la máquina, todo aquello que no pudiera ser «reconstruido» por la comunidad de naturalistas a la que pertenece Trembley no formaba parte de «la ciencia». Las raíces de esta «ideología del mutismo», como podría llamarse, provienen a su vez tanto del modo en el que la propia teoría de la preexistencia había sido formulada, como de la caracterización que esa supuesta «ortodoxia» había producido de unas implicaciones metafisicas que no eran, como veremos, sino interpretaciones fisiológicas <<heterodoxas» de problemas embriológicos. De principio, la supuesta divisibilidad del alma del pólipo no constituía tan sólo un problema teológico, sino que implicaba la dificultad de tipo fisico (o fisiológico) de explicar el movimiento (regenerativo) de un miembro que ya no estaba ligado con su supuesto principio inmaterial de motricidad (teniendo siempre presente la impasibilidad de la materia). En segundo lugar -como quizá el lector atento haya observado previamente-, la teona de la preexistencia nunca ofreció una explicación del proceso de generación en cuanto tal, sino que más bien al contrario remitía el conjunto de toda generación y de todo movimiento al acto creador de una divinidad providente. Si la teoría era capaz de ofrecer una (73) TREMBLEY, Abraharn. Diaxio, Totonto, George Trembley Archives. Citado por DAWSON (1983), op. cit. en nota 39, p. 128. Sobre la hipótesis de Locke, que aparece en Essay upon Human understanding, liv. W, chap. 3 & 6, y su discusión en el mundo francés, véase el magnífico libro de YOLTON, John W. (1991). Locke and French materiaiism, Oxford, Oxford Clarendon Press, 239 pp. DERAMlS. Acta Hisp. Med. Su. Elist. Iüw., 15, 1995, 341-373.
JAVlER MOSCOSO «Estos 'vegetales animalizados' [los pólipos] , si acaso podemos expresarlo así, están dotados, entre otras cosas, de una cierta cantidad de pequeñas prolongaciones que les sirven para buscar sus alimentos un poco más lejos, como hacen las raíces de los árboles. f...]. Estas prolongaciones hacen por tanto lo que se podría decir que hacen también las raíces de los vasos senetores que flotan, por así decir, en las foléculas de las glándulas.» (90). Una imagen que aparece de nuevo en la obra del fisiólogo alemán Blumenbach para explicar la existencia y actividad de su nisus formativus (91) y que se vulgariza, por ejemplo, en los Elements de physiologie que Diderot escribió en 1774: «El sistema nervioso consiste en la substancia medular del cerebro, del cerebelo, de la médula espina1 y en las prolongaciones de esta misma substancia distribuida a las diferentes partes del cuerpo. Es un cangrejo de no en el que los nervios son las patas que, al estar organizadas entre sí de un modo diferente, afectan al cangrejo de distinto modo y dan lugar, por tanto, a la diversidad de sus funciones» (92). Puesto que hacia 1750 la vida ya no es reductible al movimiento, era posible atribuir cierta movilidad o fuerza de contractibilidad a la materia incluso sin eliminar a Dios del proceso de creación. Si los experimentos de regeneración no contribuyeron a desmantelar la preexistencia como contraejemplo empírico, de la ruptura entre generación y regeneración y de la consiguiente explicación fisiológica del hecho regenerador se siguieron conclusiones (fisiológicas) que amenazaron el fundamento metafisico de la preexistencia: la identificación entre vida y movimiento así como la uniformidad de las leyes naturales. En lo que respecta a la caída de la preleur action ... Qlilificationis historia. .. Disertati0 phisiologica de sem generice considerato, Paris, G. F. (2uillau pere, 3 partes en 1 vol. (90) BORDEU, Theóphile de (1818). Recherches anatomiques sur la position des glandes et sur leur action. In: Bordeu, Oewres completes, précédées d'une notice sur sa vie et ses ouvrages, par M. le chevalier Richemd, Paris, Me et Ravier, 2 vol. id." mmo 1, p. 165. (91) BLUMENBACH, Johan Friedrich (1781). Uber den Bildungsmeb und das Zeugungsgeschafe, Gottingen, J.C. Dietench, pp. 8@81. (92) DIDEROT, Denis (1964). Eléments de physiologie [ed. J. Mayer], Paris, Didier, parte VI: «les nerfsn, pp. 89 y SS. DIIVAMTS. Acta Hsp. Med. Sa. Hst lilus., 15,1995, 341-373.
Experimentos de regeneración animal 1686- 1765 373 existencia y a su pérdida de credibilidad a partir de los experimentos de regeneración de partes perdidas, el ovismo no fue negado en cuanto tal. La mayor parte de las críticas a la teona no se basaron en experiencias de regeneración. Si embargo, alrededor de 1760 y sobre todo después de los experimentos de Spallanzani, la preexistencia se vió forzada en intervenir en aquellos aspectos de la generación supuestamente atribuidos a primeras causas. Lo que equivalía ni más ni menos que a romper el silencio sobre el que se asentaba junto con su modelo ideológico, su propia invulnerabilidad. Aun cuando preexistencialistas de la categona de Haller, de Bonnet o de Spallanzani sólo discuten de estos problemas en privado, la creciente unificación entre consecuencias fisiológicas y embriológicas debía volver la preexistencia cada vez más visible -y a la par vulnerable- a las críticas provenientes de aquellos campos de investigación de los que siempre había estado necesaria y fundacionalmente excluida. DIRrAMlS. Acta Hsp. Med. Sci. Hist Illus., 15, 1995,341-373.