Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la Higiene actual: el caso español
Abstract
Partiendo del análisis de obras médicas sobre higiene y fomento de la salud desde comienzos del Mundo Moderno hasta el momento presente y utilizando el caso español como ejemplo principal, se intenta en este trabajo delimitar el proceso formativo y la codiguración actual del contorno conceptual de la higiene y la salud pública. A través de los distintos momentos en que se divide el trabajo, se expone la forma en la que el fomento de la salud -primero desde la moral y posteriomente desde la medicina y la higiene- ha estado imbncado con la procura de formas de conducta adecuadas a las necesidades socio-económicas propias de cada período histórico, fenómeno que se hace especialmente manifiesto a partir del surgimiento de la industrialización.
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Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene actual: el caso español (*) SUMARIO 1.-La higiene subordinada a la moral dogmática. 2.-La supeditación de la higiene a la moral razonada. 2.1.-Los fundamentos teóricos. 2.2.-Su aplicación práctica. 3.-La higiene como proveedora del orden moral individual y social. 3.1.-Los fundamentos teóricos. 3.2.-Su aplicación práctica. 4.-La higiene como medio de pautación de conductas socialmente adecuadas. 5.-Epílogo. RESUMEN Partiendo del análisis de obras médicas sobre higiene y fomento de la salud desde comienzos del Mundo Moderno hasta el momento presente y utilizando el caso español como ejemplo principal, se intenta en este trabajo delimitar el proceso formativo y la codiguración actual del contorno conceptual de la higiene y la salud pública. A través de los distintos momentos en que se divide el trabajo, se expone la forma en la que el fomento de la salud -primero desde la moral y posteriomente desde la medicina y la higieneha estado imbncado con la procura de formas de conducta adecuadas a las necesidades socio-económicas propias de cada período histórico, fenómeno que se hace especialmente manifiesto a partir del surgimiento de la industrialización. BIBLID [O21 1-9536 (1995) 15; 267-2991 Fecha de aceptación: 31 de enero de 1994 (*) Este trabajo forma parte del Proyecto 93/0167 del F.I.S.S.S. (**) Doctor en Medicina, es Profesor Titular de Historia de la Ciencia en la Universidad Complutense de Madrid. Unidad de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid. 28040 Madrid. DklVAMS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. ílius., 15, 1995, 267-299.
Este trabajo tiene como objetivo primordial perfilar, tomando como principal hilo conductor e1 caso español, el proceso de conformación del marco conceptual en el que se mueve en la actualidad el pensamiento médico sobre higiene. Con este ñn, partiendo del comienzo del Mundo Moderno y utilizando como herramienta hermenéutica el análisis de la progresiva liberación por parte de la higiene de instancias normativas superiores (religiosas, morales, filosóficas) y la conversión de ella misma en instancia normativa, cuatro momentos pueden distinguirse en ese proceso formativo: a) la higiene subordinada a la moral dogmática; b) la higiene supeditada a la moral razonada, c) la higiene como proveedora del orden moral individual y social; y d) la higiene como medio de pautación de conductas socialmente adecuadas. Las fuentes utilizadas pertenecen fundamentalmente al campo de las obras médicas sobre higiene y fomento de la salud, lo que ha de ser tenido en cuenta para valorar adecuadamente las conclusiones de este estudio. Particular deuda intelectual debe esta aportación al estudio de la higiene en España a las contribuciones de tres autores, cuyos puntos de vista en este campo resultan sumamente fructiferos. Me refiero a Labisch (l), particularmente en lo tocante a su aplicación de los «tipos ideales» (Idealtypen) de Max Weber a la consideración de la evolución de la salud; a Schipperges (2), sobre todo en lo vinculado con los ideales futuros de la higiene; y a Fleck (3), específicamente en lo relacionado con su noción de «estilo de 1 l (1) LABISCH, Alfons (1985). Doctors, Workers and the Scientific Cosmology of the Industrial World: The Social Construction of «Healui» and the .Horno Higienicusn. Journal of Contemporq History, 20,599-615; LABISCH, Alfons (1986). ~Hygiene ist Moral - Moral ist Hygienen. Soziale Disziplinierung durch kzte und Medizin. Zn: C. Sachsse; F. Temstedt (eds.), Soziale Sicherheit und soziale Disziplinierung. Beitrige zur einer historischen Tñeorie der Sozialpolitik, Frankfurt a.M., Suhrkarnp, pp. 265-285; y LABISCH, Alfons (1992). Homo Hygienicus. Gesundheit und Medizin in der Neuzeit, Frankfurt, Campus, 340 pp. (2) SCHIPPERGES, Heinrich (1987). Entwicklung und Situation der Praventivmedizin. Zn: Hans Schaefer; Heinnch Schipperges; Gustav Wagner (Hrsgs.), Praventive Medizin. Aspekte und Perspektiven einer vorbeugenden Medizin, London, Springer, pp. 25-38. 1 (3) FLECK, Ludwig (1980). Entstehung und EntwicMung einer wissenschaflichen Tatsache. . .. Eu>fuhnngin die Lehre von Denkstil und Denkkoiiektiv [1935], Frankfurt aM., Suhrkarnp, 190 pp. I DkRTMS. Acta Hisp. Med. Su. Hist., ZUus., 15, 1995, 267-299. l l
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 269 pensamiento. (Denkstil), la cual puede ser útil en la aplicación de los «tipos ideales>> de Weber. Para la medicina y la higiene medieval (4) la consideración del cuerpo oscilaba entre la de receptáculo o tabernáculo del alma y la de su prisión. Por tanto, el cuerpo era algo necesitado de cuidados (cuerpetabernáculo), pero también al mismo tiempo lo que debía ser sometido a disciplina y ascesis (el cuerpepnsión o el cuerpevía de perdición del alma). En todo caso, algo anónimo e impersonal, ya que lo auténticamente definitorio de la persona era el alma. A partir de estos presupuestos, la enfermedad adquiría casi permanentemente el carácter de castigo o de prueba de superación. La salud, consecuentemente, pasaba a ser una muestra en el mundo de la gracia divina y, en tanto tal, no era vivenciada como una meta con valor en sí, sino como algo a justificar fuera de este mundo. Con estos condicionantes, resultaba inevitable que la higiene medieval, la contenida al menos en los regirnina sanitatis, estuviera bajo la égida de la teología y la religión. A lo largo del siglo m se empezaron ya a hacer perceptibles los primeros signos de renovación de los postulados higiénicos, a través sobre todo de la tendencia a la individuación del cuerpo y a su visión como instrumento de consecución de fines mundanos, con la consiguiente personalización de los medios encaminados a su cuidado (5). (4) Para los siguientes aspectos de la higiene medieval, puede consultarse: GONZÁLEZ DE PABLO, Ángel (1992). La dietética en el Occidente cristiano medieval. Jano, 42, 853858 (la bibliografia de este artículo se encuentra, por error de imprenta, en la p. 848); SCHPPERGES, Heinrich (1985). Der Carten der Gesunúheit Medizin irn Mittelalter, München, Artemis, 295 pp.; SCHIF'PERGES, Heinrich (1990). Die Kranken im Mittelaiter, München, C.H. Beck, 250 pp.; y SCHMIIIT, Wolfram (1981). Das Konzept der Gesundheitsbildung in der dteren Heilkunde. In: Wolfgang Jakob; Heinrich Schipperges (Hrsgs.), rnan Genuiciheit lemen? Kolioquium m Grundtiagen der Genindheitsbildung, Stuttgart, Gentner, pp. 17-32 (véase también la bibliografía de las pp. 31-32 de este último trabajo). (5) Sobre la visión del cuerpo en las obras de higiene de este período, en especial la que DWAMlS. Acta Hisp. Med Sci. Hist. Uius., 15,1995,267-299.
270 GEL GONZÁLEZ DE PABLO Tal individuación se encuentra todavía escasamente presente en las obras anteriores a 1570, como es el caso del Régimen de la salud de Lobera de Ávila (6) o el Aviso de sanidad de Núñez de Oria (7). En ellos se mantienen incluso metáforas corporales medievales, como la del cuerpe fortaleza en el caso de Lobera, la cual había sido ampliamente utilizada en el s. m (8). A pesar de todo, una incipiente individuación se pone de relieve en Lobera cuando añade a continuación de sus recomendaciones en tomo al régimen de salud un apartado formado por respuestas a numerosas consultas particulares sobre distintos aspectos en tomo a la preservación de la salud. A partir de 1570, se comienza a ver en las obras con contenidos higiénicos cómo del cuerpo colectivo medieval, anónimo, surge el hombre individual que se cree capaz de gobernar su propio cuerpo y, por tanto, se hace responsable de él. Así, en los Coloquia de el conocimiento de sí mismo de Miguel Sabuco de Nantes, con los cuales el lector .podrá evitar la muerte temprana, o violenta, y podrá vivir feliz hasta llegar a la muerte natural de 1 l vejez, que se pasa sin dolor» (9), se dan tantas posibles variantes de la se pone de relieve a través de las prescripciones en relación con la alimentación, véase ALLARD, Jeanne (1990). Le corps vu par les traiteés de diétetique dans 1'Espagne du Siecle d'Or. In: Agustin Redondo (coord.), Le corps dans la societé espagnole des me et me siecles, Paris, Publications de la Sorbonne, pp. 91-101. (6) LOBERA DE ÁVILA, Luis (1923). Libro del régimen de la salud, y de la esterilidad de los hombres y mujeres, y de las enfermedades de los niños y otras cosas utiüb [1551], Madri4 Real Academia de Medicina, Imprenta de Julio Cosano, 355 pp. (7) La edición consultada ha sido: NÚÑEZ DE ORIA, Francisco (1572). Aviso de sanidad que trata de todos los géneros de alimentos, y del regimiento de sanidad ..., Madrid, Pierres Cusin, 322 pp. Hay otra edición anterior, fechada en 1569 y bastante más breve, la cual lleva por titulo Tratado de medicina, intitulado Aviso de sanidad, dividido en tres libros, Madrid, Alonso Gómez, 151 pp. Según Morejón, el año de impresión de ésta última sería el de 1562. Cf: LÓPEZ PINERO, José M." et al. (1987) Bibliographia medica hispanica, 14751950, Vol. 1, Libros y Folletos, 14751600, Valencia, Instituto de I Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia, Universidad de Valencia - C.S.I.C., 224 pp. (p. 163). (8) GELIS, Jaques (1990). L'évolution de la conscience de la vie et du corps en Espagne aux me et mie siecles. La protection de la fernme et du nouveau-né. In: REDONDO (1990), op. cit. en nota 5, pp. 15-25 (p. 19). (9) SABUCO DE NANTES Y BARRERA, Oliva (1981). Nueva filosofia de la naturaleza del hombre y otros escritos [1587], Madrid, Editora Nacional, 297 pp. (p. 74). DWAMlS. Acta tasp. Med. Sci. tast, Illus., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 271 relación del hombre con sus afectos sensitivos y sus facuitades racionales, con las condiciones atmosféricas, con el trabajo y el ocio, con los astros y con los alimentos que se posibilita al hombre no sólo el conocimiento de su naturaieza sino también su conformación responsable. El compromiso con respecto a sí mismo está también presente en el Examen de Ingenios de Huarte de San Juan, en donde el autor se dedica a buscar los medios para elevar el nivel intelectual de España a través de la higiene corporal y alimenticia. La elaboración de uno mismo alcanzaba también a la descendencia, pues mediante la ingestión por los padres de distintos alimentos se podía potenciar la humedad, la sequedad o el calor de la simiente, lo cual daba lugar a hijos con más memoria, más entendimiento o más imaginación (10). Con el establecimiento de la responsabilidad sobre la propia corporaiidad, el cuerpo dejó de ser algo dado para pasar a convertirse en el instrumento modulable que permitía llevar a cabo la consecución de metas en este mundo. Lo corporal quedó definitivamente incorporado a lo racional y lo 1 mundano, pero englobado todavía en una visión teocéntrica y religiosa del l hombre. Así, como se afirma en el De animi et corporis sanitate tuenda libellus ¡ I de Juan Valverde de Arnusco, el cuerpo siguió estando referido a Dios a pesar de su conformación personal, puesto que cada cual debía configurarlo para mejor cumplir el destino asignado al hombre por el Creador (11). Bajo estas nuevas condiciones, salud y virtud, así lo afirma Álvarez de Miraval en su Conservación de la salud del cuerpo y del alma, siguieron empero i inseparablemente unidas (12) y la higiene continuó siendo, a pesar de los intentos de superación de este modelo medieval, correa de transmisión de valores morales y religiosos tenidos por inmutables. (10) HUARTE DE SAN JUAN, Juan (19'76). Examen de ingenios para las ciencias [1575], Madrid, Editora Nacional, 456 pp. (pp. 346348). Véase también a este respecto SABUCO DE NANTES (1981) op. cit. en nota 9, pp. 236237. (1 1) VALVERDE DE AMUSCO, Juan (1552). De animi et corporis sanitate tuenda libellus, Lutetiae, Carolum Stephanum, 164 pp. (pp. 152-164). (1 2) ÁLVAREZ DE MIRAVAL, Blas (1597). Libro intitulado la conservación de la salud del cuerpo y del alma, Medina del Campo, Santiago del Canto, 480 pp. (pp. 1-5). DkRTAMlS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15, 1995, 267-299.
272 GEL GONZÁLEZ DE PABLO 2.1. Los fundarnentm teóricos La concepción teleológica sedarizada del cuerpo y la salud, que había empezado a mostrarse en el m, se instauró ya plenamente en los siglos xw y m. Dos sistemas de pensamiento constituyeron el fundamen- to de este nuevo rumbo, el cual siguió conservando en gran medida la referencia religiosa última: el empirismo baconiano y el racionalismo cartesiano. Francis Bacon propugnó la inducción libre de prejuicios como medio de conocimiento del mundo. Este método debía señalar a los hombres el camino para el dominio de la naturaleza y, con ello -como ha mostrado Webster en su estudio sobre la Instauratio Magne, también sentar las bases para el dominio de la enfermedad (13), pues con la «filosofía segunda» o <<ciencia activa» -la aplicación práctica de los principios filosóficos obtenidos por el novurn organumse buscaba la tecnificación y perfeccie namiento de la vida del hombre en los siglos venideros (14). Esta meta no suponía, por otro lado, ningún tipo de rechazo a la referencia de la religión, pues la obra del hombre culto debía ser la imagen visible de la impronta divina, so pena de convertir su actuación en un sueño de la imaginación (15). Concebida, pues, como parte de la filosofia segunda o ciencia activa (esto es, como técnica que exhibe el saber en acción al servicio de la sociedad), la higiene en el sistema baconiano puede considerarse como la vía para conseguir el retorno a la salud y a la larga vida originaria mediante la investigación de los secretos de la naturaleza de forma empírica, sin presupuestos -sin idolapero en tanto prueba de la gracia divina. El racionalismo dualista cartesiano supuso la separación entre conocimiento del mundo y la certeza de la existencia de Dios; lo cual, en relación (13) WE1BSTER, Charles (1975). The Great Instauration. Science, Medicine and Reforrn 1626 1660, London, Duckworth, 630 pp. (p. 44). (14) BACON, Francis (1985). Instauratio Magna. Novum Organum. Nueva Atlántida [1620- 16271, México, Porrúa, 214 pp. (pp. 22-23). (15) BACON (1985), op. cit. en nota 14, p. 23. DERAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist, lüus., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 273 con la medicina, dio lugar a la constatación de que el hombre podía llegar a conocer su propio cuerpo independientemente de los dictámenes de la religión, aunque fundamentándose en ella. Para la escolástica existía una unión sustancial del alma y el cuerpo, pues tanto el cuerpo como el alma eran sustancias incompletas cuya unión daba lugar al hombre, que era la sustancia completa, Para Descartes, en cambio, tanto el cuerpo como el alma fueron ya sustancias completas emancipadas una de otra (16). De igual forma, para el pensamiento escolástico todo movimiento y función corporal se debía a la acción mímica, bien a través de las facultades racionales (los voluntarios), bien a través de las facultades sensitivas o vegetativas (los involuntarios). Por el contrario, Descartes cuestionó, en relación con esta independencia corporal, el gobierno por parte del alma -de origen divinosobre las funciones y movimientos involuntarios. Así, como se lee en Du foetus (17), las dispositions corporales -la propia ordenación conjunta de las partes del cuerpotomaron en el mecanicismo el lugar de las facultades vegetativas y sensitivas de la tradición escolástica (18). Por tanto, el cuerpo, tan sólo mediante la armónica organización de sus órganos y partes, no sólo mantenía la vida sino también posibilitaba la actuación del alma. La constatación de esta independencia capacitaba al hombre para llegar por sí mismo de una nueva manera al conocimiento de su propio cuerpo y hacía de la higiene el medio fundamental para mejorar a los hombres, según se deja ver en la sexta parte del Discurso del méte do (19). Con todo, Dios, en tanto Creador, permaneció para Descartes detrás del orden interno de la naturaleza (20). En resumen, pude afirmarse que tanto el empirismo como el racionaiismo permitieron incardinar el cuerpo y la salud en el mundo, pero sin perder - (16) DESCARTES, René (1981). Discurso del método [1637], Madrid, Alianza, 173 pp. (p. 105). (17) DESCARTES, René (1987). Du foetus (Traité de l'hornme, et de la formation du foetus) [1664], Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 203 pp. (p. IV). (18) Sobre los distintos significados del tennino disposition en Descartes, consúltese CARTER, Richard B. (1983). Descartes' Medical Phiiosophy. 7he Organic Solution of the Mnd-Body Problem, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 301 pp. (p. 100). (19) DESCARTES (1981), op. cit. en nota 16, p. 118. (20) Ibidem, en nota 16, p. 115. Sobre las tres pruebas cartesianas de la existencia de Dios, véase FRODIZI, Risieri (1981). Estudio preliminar. In: DESCARTES (1981), op. cit. en nota 16, pp. 11-66, (pp. 27-32). DYNAMTS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus., 15,1995,267-299.
274 ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO por eilo el referente religioso, pues siguieron situando el cuerpo del hombre -y también el de la sociedadbajo leyes morales. Aunque, a diferencia del periodo anterior, estas leyes, no obstante existir previamente, debían ser desveladas mediante el uso adecuado de la razón. Con lo cual, manteniendo la supeditación de la medicina y la higiene a las leyes morales, se dejó abierta al mismo tiempo la puerta a su renovación. 2.2. Su aplicación práctica La reforma empírica y racional de la higiene no se empezó a notar hasta finales del siglo mr y principios del m11 (21), y ello merced a la influencia de Newton y Boerhaave. Aspectos de esta renovación se ponen de relieve, al menos en sus declaraciones de principios, en las obras de Cheyne (22), Burton (23), Lynch (24) y, desde perspectivas más eclécticas, en la de Mackenzie (25). En España, esta renovación fue más tardía. Una parte no escasa de las publicaciones en relación con la higiene aparecidas en la segunda mitad del xv~~ y a lo largo del m11 fueron reediciones de escritos medievales o renacentistas, tales como los de Pedro Hispano o Cornaro (26). Junto a ellas, las obras de autores pertenecientes a este periodo aparecidas a finales (21) Sobre la higiene en el tránsito de un periodo a otro, véase MANN, Gunther (1967). Gesundheitswesen und Hygiene in der Zeit des Übergangs von der Renaissance zum Barock. MedizinhistorischesJo~l~lal, 2, 107-123. (22) CHEYNE, Georg (1725). An Essay of Health and Long Life [1724], London, Georg Strahan, 168 pp. (p. 11). (23) BURTON, John (1738). A Treatise on the Non-Naturals ..., York, A. Staples, 366 pp. (pp. VI-VII). (24) LYNCH, Bemard (1744). A Guide to Health through the Various Stages of me, hndon, printed for the author, 480 pp. (pp. VII-IX). (25) M.4-, James (1759). The History of Hedth, and the Art of Presening it, Edinbwgh, William Gordon, 436 pp. (pp. 1314). (26) Una relación de ellas se encuentra en PERDIGUERO GIL, Enrique (1989). Los tratados de medicina doméstica en la España de la Ilustración, Tesis doctoral, Universidad de Alicante, 609 pp. (pp. 551 11) ; Cf: GRANJEL, Luis S. (1979), La medicina española del siglo XVZII, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 285 pp. (pp. 109-115 y 117-121). DMVAMIS. Acta Hisp. Med. Su. Hist., Illus., 15, 1995,267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 275 del m o principios del m, como las de Puertas (27) o Adeva Pacheco (28), tampoco aportaron ninguna novedad digna de mención. La nueva visión de la higiene, elaborada -siguiendo la estela de Boerhaave y de Rousseaucon fundamentos más atenidos al empirismo y al racionalismo, se introdujo en España a través de obras de medicina doméstica traducidas del francés y del inglés. Tres fueron de entre ellas las más significativas: el Aviso al pueblo acerca de su salud de Tissot (publicado en ediciones posteriores con el título de Tratado de las enfermedades más fi-ecuentes de las gentes del campo), aparecido por primera vez en francés en 1763 y en castellano en 1773, El conservador de la salud de Begue de Presle, publicado originariamente en francés en 1763 y en castellano en 1776, y la Medicina doméstica de Buchan, editada por primera vez en inglés en 1769 y en castellano en 1785 (29). Esta nueva visión se concretó en la utilización de un método de conocimiento pautado. Dicho proceder se puso especialmente de relieve en la obra de Tissot, autor en el que los postulados de Zimmermann expuestos en su Von der Erfbg in der Arzneikunst de 1763 se observan de forma más nítida (30). Para Zimmermann y Tissot el conocimiento en medicina era una actividad racional formada por dos componentes: la (27) PUERTAS, Antonio (1694). Gobierno moral, y médico, para conservar la salud, y las buenas costumbres, Parnplona, Martín Gregorio de Zabala, 167 pp. (28) ADEVA PACHECO, Juan de (1745). Verdadera medicina, y desengaños de la adulación médica, para la conservación de la salud y del cuerpo humano, Madrid, Joachín barra, 172 pp. (29) Las ediciones consultadas de cada una de ellas han sido: TISSOT, Samuel k A D. (1781). Tratado de las enfermedades mácitkcuentes de las gentes del campo, Madrid, Pedro Marín, 634 pp.; BEGUE DE PRESLE, Achille G. de (1776). El conservador de la salud o Aviso a todas las gentes acerca de los peligros que les impom evitar para mantenerse en buena salud, y prolongar la vida, Madrid, Pedro Marín, 475 pp.; y BUCHAN, Williarn (1785). Medicina doméstia o tmtado completo del método de precaver y curarlas enfermedades con el régimen, y medicinas simples, Madrid, Antonio de Sancha, 708 + 46 pp. Sobre las distintas ediciones en castellano de estas obras, v. PERDIGERO GIL (1989), op. cit. en nota 26, pp. 112-225. (30) La obra tuvo rápidamente una versión en francés con sucesivas reediciones: ZIMMERMANN, Johann G. (1774). Traité de l'expénence en génemi et en partinilier dans I'art de guénr, 3 vols., Paris, Vincent, 384 + 443 + 449 pp. Sobre las condiciones para considerar verdadera una experiencia, véase vol. 1, pp. 43-61. DERAMlS. Acta Hsp. Med: Sci. Hst l2iw., 15, 1995, 267-299.
282 ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO método nuevo: el empleo de la estadística sanitaria La evolución de la teoría de las probabilidades originó que la «certidumbre moral» dejara su lugar a la estadística. Si con aquella se obtenía una certeza suficiente, con la estadística la certeza se convertía ya en prácticamente demostrativa. En palabras de Wfiam Farr, una de las figuras clave en la consolidación de este proceder, con la estadística sanitaria conoceríamos «... cuerpos organizados que se gobiernan por leyes tan estrictas como las que rigen el curso de las estrellas. (53). Con el desarrollo de la estadística, el movimiento sanitario se capacitó con recursos efectivos para emprender lo que Cabanis había dejado tan sólo esbozado: la mejora de las condiciones sanitarias de la población y, paralela y simultáneamente, la mejora de sus condiciones morales. La unión de ambos procederes se explica a causa de la extendida opinión en las primeras etapas de la industrialización de que las condiciones sanitarias lamentables de la población trabajadora, así como la enfermedad y la pobreza, procedían de las condiciones de vida y de los comportamientos morales reprobables en los que se hallaban, bien debido a su propia desidia -en opinión de las voces más conservadorasbien debido a la inexorabilidad de las leyes de mercado -como pensaban los reforrnistas sociales del movimiento sanitario- (54). Consecuentemente, partiendo de una concepción miasmática modernizada y localizada que veía la causa de las enfermedades infecciosas en la suciedad, se emprendió una lucha contra la inmundicia, comenzando con la extensión del alcantarillado y la retirada de basuras. Y a este proceder se unió la lucha contra la abyección moral en sus diversas variedades (alcoholismo, prostitución, pereza, incontinencia, conductas asociales, etc.). De esta manera, la mejora de la salud pública y la prevención de la enfermedad quedaron entrelazadas con la formación de determinados ideales (trabajo, limpieza, disciplina social) que delimitaban un comportamiento adecuado a la primera etapa industrial a través del fomento de la salud. (53) Cit. según RODRÍGUEZ oCAÑA (1992), op. cit. en nota 52, p. 15. (54) EYLER John M. (1979). Wctorian Social Medicine. The Ideas and Methods of Wd1ia.m Farr, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 262 pp. (pp. 2327). DERTAMlS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist, Uw., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 283 3.2. Su aplicación práctica Más acabadamente que en las de Ruiz de Luzuriaga, Seoane o en la de su contemporáneo Méndez Álvaro, posiblemente sea en la obra de Pedro Felipe Monlau en donde más claramente aparecieron en el caso español estos tres rasgos que delimitaron conceptualmente el período de la higiene como dadora del ordenamiento moral individual y social. En Monlau se trasluce la impronta de la perspectiva kantiana, en dos circunstancias: en las frecuentes citas a la obra de Hufeland (55), que ponen de relieve su querencia por el empirismo clinico ilustrado y por la conformación moral del cuerpo que el autor de la Macrobiótica ejempiifica, de la cual además se contaba con una traducción española (56); y en la traducción realizada por el mismo en 1855 de Zur Diatetik der Seele (1838) de Feuchtersleben (57), la cual fue pensada por su autor como continuación al opúsculo kantiano Von der Macht des Gemüths (58). En Monlau también se pone de manifiesto el influjo de Cabanis y su búsqueda del nuevo orden moral desde la higiene, en tanto que fue el autor de una segunda versión española (59) de Du degré de certitude de la Médecine en 1832 (60). Por último, en Monlau también se deja sentir, al menos en parte, los postulados básicos de la «idea sanitaria.. Durante su exilio en París, Monlau trabó contacto con el Sanitary Movement, pero su influjo directo fue en él bastante escaso, y sería especialmente a través de los autores franceses (55) GRANJEL, Mercedes (1983). Pedro Felipe Monlau y la higiene española del siglo xx, Salamanca, Cátedra de Historia de la Medicina de la Universidad de Salamanca, 172 PP. (p. 105). (56) Véase nota 47. (57) FEUCHTERSLEBEN, Ernst von (1855). Higiene del alma o arte de emplear las fuerzas del espíritu en beneficio de la salud, M. de Rivadeneira, 147 pp. (58) Ibidemo, p. 12. (59) La primera versión española corresponde a: CABANIS, Pierre-Jean-Georges (1816). Ei grado de la certidumbre de la medicina, Madrid, Ripullés, 184 pp. (60) Cf GRANJEL (1983), op. cit. en nota 55, p. 160; y LÓPEZ PINERO, JOS~ M."t al. (1991). Bibliographia medica hispanica, 14751950, Vol. IV, Libros y Folletos, 1801- 1850, Valencia, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia, Universidad de Valencia, C.S.I.C., 487 pp. (p. 94). DIRTAMTS. Acta Hisp. Med. Su. Hist. Illus., 15, 1995, 267-299.
284 ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO como bnde, Tourtelle, Lévy o Tardieu como habría accedido a sus postulados. A pesar de esa carencia de contacto directo, se pueden rastrear en Monlau, posiblemente porque se habían convertido en parte del acervo común de los higienistas de la época, los rasgos conceptuales básicos del movimiento sanitario que quedaron delimitados más arriba: la preocupación por la estadística y la unión de la mejora de las condiciones sanitarias con la mejora de la moralidad como medio de neutralizar la potencial peligrosidad de la clase obrera -como foco de infección, desorden e insurrecciónpara el orden del Estado. Monlau se movió en el contexto de la casi absoluta carencia de datos cuantitativos de los fenómenos demográfico-sanitarios en España, pues durante todo el siglo xrx los trabajos higiénicos españoles se limitaron a extrapolar los datos estadísticos de otras naciones sobre las distintas cuestiones sanitarias (61). Pero no por ello dejó nunca de considerar los datos estadísticos como datos de primer orden -consideraba a la estadística la anatomía de la sociedad- (62) y de valorar su importancia tanto para conocer el ámbito fisico como el moral de los ciudadanos (63). Por otro lado, la inquietud moralista como parte de su preocupación sanitaria -esto es, la conformación de la moral mediante la higienese encuentra presente a lo largo y lo ancho de sus publicaciones. A pesar de , esta ubicuidad, el desvelo moral se hace muy evidente en los apartados dedicados a las pasiones en su tratado sobre la higiene pública (donde siguió, con ciertas modificaciones en sus contenidos, la clasificación de (61) RODRÍGUEZ oCAÑA, Esteban (1987). La constitución de la Medicina Social como disciplina en España (1882-1923), Madrid, Ministerio de Sanidad y Consumo, 280 pp. (pp. 17-20); y (1988). Presencia de la estadística en los manuales españoles de 1 higiene pública In: Actas del VIU Congreso Nacional de Historia de la Medicina, Murcia, vol. 1, pp. 431-440. ~ (62) .La higiene pública es realmente la higiene de la sociedad, así como la estadística es la anatomía y la economía social es la fisiología de la misma sociedad.. MONLAU, Pedro Felipe (1847). Elementos de Higiene Pública, Barcelona, Pablo Riera, 894 pp. (p. 16). En realidad, sólo la edición de 1871 (la 3.Qd.) del manual de Monlau contiene un capítulo específico dedicado al tema de la estadística. (63) -La estadística es (...) la anatomía de los pueblos: es el conocimiento sistemático de 1 l la naturaleza y suma de las fuerzas vivas de un Estado, con el objeto de descubrir sus recursos y sus medios de prosperidad así en el orden fisico como en el moral». MONLAU (1847), op. cit. en nota 62, p. 112. 1 l DWAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist., Illus., 15, 1995, 267-299. l
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 285 Descuret en pasiones animales, sociales e intelectuales) (M), en especial en los dedicados a las animales (gula, embriaguez, pereza, lujuria -en donde se encuadran el onanismo y la prostitución-, suicidio, el desafio, la cólera, la avaricia, el juego, etc.) y a las sociales (amor, imprudencia, vanidad, inconstancia, injusticia, crueldad, maldad, etc.) (65). También se deja ver muy claramente en su Higiene industrial, en donde Monlau propuso que las medidas higiénicas dictadas por el gobierno para el beneficio de la clase trabajadora fueran de tres órdenes: de ayuda, de educación y de moralización, para intentar apartar al obrero de los instintos aviesos que se observan en su clase social (66). La preocupación moral pertenecía por lo demás al ambiente sanitario de la época, pues, de forma similar a como se muestra en la obra de Monlau, el intento de dominio de la moral mediante la higiene también se encuentra en las obras traducidas sobre higiene más importantes del periodo, como las de Londe (67) y Lévy (68). Por consiguiente, la consideración de la salud fisica y moral del hombre a partir del Mundo Moderno se conformó, en función de las distintas necesidades sociales, tomando primero la religión -de forma dogmática o razonadacomo guía de la higiene, pasando posteriormente a hacerlo a través de la higiene como fundamento de la moral. La salud se modeló utilizando la terminología de Foucault, juzgando primero y administrando después (69), pero siempre hasta entonces con una característica común en la puesta en práctica de la higiene: la colonización desde arriba. Fueron siempre, tanto en uno como en otro caso, las clases superiores las que (64) Monlau realizó la versión española de La médecine des passions ou lespasions considérées dans leurs rapports avec les maladies, les lois et la religion: DESCURET, Jean-Baptiste- Felix (1842). La medicina de las pasiones o las pasiones consideradas con respecto a las enfermedades, las leyes y la religión, Barcelona, Antonio Bergnes, 424 pp. (65) MONLAU (1847), op. cit. en nota 62, pp. 724810. (66) MONLAU, Pedro Felipe (1856). Higiene Industrial, Madrid, M. Rivadeneyra, 90 pp. (pp. 6667). (67) LONDE, Charles (1843). Tratado completo de higiene, trad. de la 2.%d. francesa [l." ed. francesa 1827, 2."d. 1837, 3."847], 2 vols., Madrid, Viuda de Calleja e Hijos, 407 t 558 pp. (vol. 1, pp. 1-2). (68) LÉvY, Michel (1877). Tratado de higiene pú blica y privada, trad. de la 5.%d. francesa [l.+d. en francés 1843, 5.Qd. 1869), 2 vols., Madrid, R Labajos, 870 + 940 pp. (vol. 2, p. 746). (69) FOUCAULT, M. (1976). La volonté de savoir, Patis, Gallimard, 21 1 pp. (p. 35). DWM. Acta Hsp. Med. Su. Hist Illus., 15, 1995, 267-299.
286 ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO incorporaron a las inferiores al modelo de salud que previamente en ellas se había instaurado, generalmente a través del uso de la caridad como mitigador de las desgracias y de las diferencias sociales. Pero las progresivas demandas de la sociedad industrial desarrollada forzaron un nuevo acercamiento a la consideración de la salud con el h de llevar a grandes capas de población a aceptar el moderno sistema de vida. Por ello, la colonización desde arriba debió acompañarse de un progresivo proceso de asimilación desde abajo en la aceptación de la nueva forma de consideración de la salud. Para que esta asimilación se produjera con la suficiente extensión e intensidad se precisaba, primero, una noción de salud y un proceder para su conservación que fueran tenidos por la población como absolutamente científicos y, por tanto, que cualquier tipo de aditamento moral presente en ellos pasara del plano real al ideal; y, segundo, que su aplicación a la esfera pública se hiciera no mediante procederes caritativos sino a través de una política científicamente concebida. Mediante la adquisición de estos ropajes científicos aparentemente neutros (el científicenatural primero y el científic~social después), la higiene se impondría por la fuerza de la objetividad de forma irresistible al ser no sólo exigida desde arriba sino también demandada desde abajo, con el consiguiente efecto de autocontrol de las conductas. Un primer intento en la adquisición del ropaje científicenatural (es decir, en su visión como científica por parte de la población) fue la aparición de la higiene experimental con la incorporación a la higiene de la medicina de laboratorio y el establecimiento de la experimentación como herramienta básica en la delimitación y solventación de las cuestie nes sanitarias. A partir de la segunda mitad del xx, y sobre todo desde la década de los sesenta, la higiene estableció sus fundamentos en razones fisicas, químicas o biológicas que podían ser experimentalmente probadas. Dos obras -el Handbuch der Hygiene und der Gewerbkrankheiten (1882), dirigido por Pettenkofer y Ziemssen, y el Lehrbuch der Hygiene (1888) de Rubnerfueron las referencias angulares de esta orientación (70). (70) .Con el empuje de las Ciencias naturales en el siglo último ha llegado también para la ciencia de la salud el momento critico de traspasar el estrecho círculo de la observación empírica y, en vez de conjeturas, ha de asentarse sobre la certeza del método experimental. Aunque son muchísimas las cuestiones que hay que resolver, y DERAMIS. Acta Hisp. Med. Sci %t., iliw., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 287 Pero, como ha puesto de relieve Labisch, la higiene experimental pettenkoferiana no supo desprenderse del todo de los aditamentos morales, pues, tal y como muestran sus artículos dimigativos en esta materia, la decencia y la moralidad no fueron para él un ideal de referencia sino un auténtico bien real a proporcionar por el seguimiento de las prácticas higiénicas (71). De igual forma, en los tratados españoles aparecidos con posterioridad a la renovación experimental acaecida en los años sesenta, se deja ver que, al lado de la fundarnentación en las ciencias exactas, fisico-químicas y naturales, la consecución de la moralización de la población se mantiene como un bien real obtenible mediante la higiene. Y ello se muestra tanto en los de transición -el Curso elemental de hi@ene privada ypública (1871- 1872) de Giné y Partagás- (72) como en los plenamente experimentales -el Tratado de higiene privada ypública (1882) de Benito Alcina (73) o los EZemen tos de higiene privada ypública (1885) de Francisco Javier Santero- (74). Esta moralización real les llevó a considerar una serie de enfermedades el campo de acción de la Higiene abarca todas las relaciones de la vida, la Higiene experimental ha surgido gradualmente de las disciplinas biológicas». RUBNER, Max (s.f.). Tratado de higiene (posiblemente es una traducción realizada a comienzos de siglo a partir de la 6." o de la 7.%d. alemana) [l.%d. alemana 1888, 7."903], 2 vols., Barcelona, José Espasa, 808 + 535 pp. (p. 2). «La Higiene de Rubner -recalca Rodríguez Méndez, el traductor de la obra al castellano, en la p. IV de - su prólogo-, por más que aspire a la enseñanza vulgarizada, es esencialmente científica, más científica que otras aparecidas con más pretensiones». (71) LABISCH (1992), op. cit. en nota 1, pp. 121-122. Sobre este aspecto, puede verse también en la obra de Rubner el capítulo dedicado a la vida sexual. RUBNER (s.f.), op. cit. en nota 70, vol. 2, pp. 1-17. (72) .La Higiene y la virtud, en efecto, se inspiran en un mismo sentimiento: el bien moral; todo lo que es moralmente bueno, es higiénico; así como todo lo que la higiene aplaude está conforme con la moral. La Higiene, como ciencia social,-debe dar la inspiración de las leyes. Ningún pueblo puede ser feliz si las leyes que le rigen no están en conformidad con su especial modo de vivir; si no tienden, por consiguiente, a consem la robustez fisica y moral de los ciudadanos.. GINÉ Y PARTAGÁS, Juan (1874). Curso elemental de higiene privada ypública [1."d. 1871-1872],4 vols., Barcelona, Juan Bastinos e hijo, vol. 1, 591 pp. (p. 12). (73) ALUNA, Benito (1882). Tratado de higiene privada ypública, 2 vols., Cádiz, José Vides, 533 + 579 pp., (vol. 2, p. 1). (74) SANTERO, Francisco Javier (1885). Elementos de higiene privada y pública, 2 vols., Madrid, El Cosmos, 607 + 844 pp. (vol. 1, pp. 10-1 1). DkRiAIvíiS. Acta Hisp. Med. Su. Hst Illus., 15, 1995, 267-299.
sociales como enfermedades morales peligrosas para el orden establecido. Las cuales, para Alcina, serían la embriaguez, el suicidio y la prostitución (75); y, para Santero, la prostitución, la embriaguez, la vagancia y la mendicidad, la criminalidad y el suicidio (76). Por tanto, en los seguidores de esta primera higiene experimental se encontraban en realidad entremezclados los postulados científicos con los valores filosóficos, religiosos, morales, políticos y filantrópicos. Debido a esta razón, dichos postulados, a pesar de los considerables cambios a que dieron lugar en relación con la mejora de la salud, no alcanzaron ante la población el suficiente grado de «neutralidad cientifica» como para poder sustentar por sí solos ese proceso psicogénico de adaptación de la población a las condiciones de la vida industrial avanzada mediante el fomento de la salud (77). La conformación definitiva de la bacteriología, merced a la obra de Pasteur, von Henle, Cohn y Koch, se logró a finales de los 70. Los sucesivos descubrimientos, mediante procederes cientificcmaturales, de gérmenes específicos, el desarrollo de procedimientos específicos de inmunización activa y pasiva y el hallazgo de los primeros sueros curativos específicos a que dio (75) ALCINA (1882), op. cit. en nota 73, vol. 2, pp. 561-570. (76) SANTERO (1885), op. cit. en nota 74, vol. 2, pp. 487-492. (77) La consideración de la primera higiene experimental como algo no completamente científico se pone de manifiesto en las siguientes palabras de Martín Salazar: «La sanidad pública alemana ha tenido un primer p&-íodo que pudiéramos llamar precientífico, o mejor premicrobiano, inspirado por el gran Pettenkofer y la escuela de Munich, y una segunda fase científica, sugerida por el insigne Koch y sus discípulos de la escuela de Berlín, que son los que han hecho la verdadera revolución sanitaria de Alemania. Ciertamente, es admirable el mérito intituitivo de la obra de Pettenkofer; pero hay que convenir que fue una obra vaga, indecisa, inconsistente...». MARTÍN SALAZAR, Manuel (1913). La Sanidad en España. Discursos leídos ante la Real Academia de Medicina, Madrid, Imprenta del Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, 180 pp. (pp. 7475). Cf: LABISCH (1992), op. cit. en nota 1, p. 254. DI1VAMlS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist., Illus., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 289 lugar dicha consolidación permitió a la higiene, al aplicar sus principios, aparecer ante la población de forma indiscutible con un estatus absolutamente científicenatural y supuestamente neutro, llevando de paso cualquier relación o referencia con la ñlosoña, la moral o la religión al plano ideal. Simultáneamente, la salud empezó también a verse como un bien de producción obtenible de forma científicenatural y también supuestamente neutro, esto es, sin ningún fundamento de valor en él. Desde tales perspectivas, puede decirse que el paradigma bacteriológico posibilitó la aparición del «horno hygienicusw como constmcto científico ideal para la higiene ('78). En España, siguiendo a Áivarez-sierra, este riguroso carácter científico, supuestamente neutro, de la higiene habna hecho su aparición a partir de la obra de Ferrán, el descubridor de la vacuna contra el cólera en 1885 (79). Distinguió Ferrán entre lo que llamaba «gran higiene» y ~pequeña higiene». La primera «consiste (...) en la inmunización individual específica por medio de vacunas inofensivas. A esta manera de protegernos contra las enfermedades microbianas, tan sumamente sencilla y eficaz, la llamo yo la gran higiene» (80). La segunda, a su vez, era la que partiendo de los postulados pettenkoferianos, empleaba fundamentalmente aislamientos y desinfectantes inespecíficos (81). Pues bien, esta «gran higiene. de Ferrán, que por otra parte nunca fue tan extremista como la propugnada por von Behnng (82), representó en España la primera concepción higiénica en la que se distinguen los trazos (78) El homo hygienicus se ha definido como *el hombre, el cual por encima de cualquier otra considera la salud como su meta vital, y por ello se somete a los principios de una forma de vida basada en postulados científicemédicos». LABISCH (1992), op. cit. en nota 1, p. 134. (79) .Ha sido el doctor Ferrán el creador en España de la higiene como especialidad médica de riguroso carácter científico. Antes de Ferrán, el concepto de esta rama de los estudios sanitarios se reducía a una serie de reglas empíricas, anticuadas, consistentes en prácticas algunas veces derivadas del sentido común y con un ligero barniz doctrinal.. . » ÁLVAREZSIERRA, osé (1 944). Doctor Ferrán, Madrid, Editora Nacional, 264 pp. (p. 198). (80) Cit. según ÁLVAREZSIERRA (1944), op. cit. en nota 79, p. 202. (81) Ibidem, pp. 205-206. (82) Ferrán recomienda los recursos y prácticas de la ~pequeña higiene. bien como medidas coadyuvantes, bien como medidas sustitutonas en el caso de que no exista DWAMIS. Acta Hisp. Med. Su. Hist lUus., 15, 1995, 267-299.
290 GEL GONZÁLEZ DE PABLO básicos del constructo del «horno hygienicus». Desde esta perspectiva quizás se entienda más plenamente la definición de higiene dada por Ferrán en 1908 en una comunicación al Congreso de Tuberculosis celebrado en Zaragoza como la «ciencia de la adaptación., la ciencia que busca el equilibrio -la adaptaciónentre el organismo y los distintos elementos del medio que pueden alterarlo (83). La impronta de la elaboración de la higiene científica y supuestamente neutral en tomo al constructo del .horno hygienicusm se intuye en unos Apuntes de higiene privada de Arnalio Girneno, tomados en forma manuscrita por un alumno a partir de un curso posiblemente celebrado antes del cambio de centuria (84). Pero se deja ver de forma más clara en el Tratado de higiene de Antonio Salvat Navarro (85), editado por primera vez aunque todavía incompleto, en 19151917, y ello especialmente en cuatro circunstancias: a) en la importancia que adquieren los aspectos epidemiológicos, inmunitarios y microbiológicos para la fundamentación científica de la higiene, a los cuales dedica la totalidad del volumen segundo de la obra (aparecido por primera vez en 1926); b) en el distanciamiento, aunque con vacuna contra la enfermedad. a. ÁLVAREZSIER (1944), op. cit. en nota 79, pp. 206 y SS. (83) «El papel de la higiene ha de tender (...) a crear estados de equilibrio entre seres antagónicos, por lo que podemos definirla diciendo que Higiene es la ciencia de la Adaptación, pues adaptarse no es, en definitiva, otra cosa que ponerse en equilibrio con algo. Cuando uno se inmuniza contra una enfermedad, no hace más que equilibrar sus energías con las del germen específico de la misma. La salud es consecuencia de la perfecta adaptación del organismo a los elementos mesológicos que pueden alterarlo, y la enfermedad, un fenómeno de adaptación seguido de consecuencias más o menos favorables o adversas para el individuo y hasta para la especie». GARCÍA DEL REAL, Eduardo (s.f.) .Jaime Ferrán, Madrid, M. Aguilar, 286 PP. (P. 164). (84) GIMENO, Amaiio (s.f.). Apuntes de higiene primda Apuntes exiractados taquigr%amente de las explicaciones del Doctor D. A Jimeno por M.F.M., 259 pp. (p. 7). (85) Salvat perteneció ya de lleno al paradigma bacteriologista de la higiene -realizó estancias en el Instituto Pasteur de París y en el Instituto Koch de Berlínpero supo integrar sin excesivos esfuerzos el paradigma microbiológico con el ecológiccl social. Cf: CARRILLO, Juan L.; BEFWAL, Encarnación; BONILLA, Inés (1990). Introducción. In: Felipe Hauser, Memorias autobiográficas, Sevilla, Universidad de Sevilla, pp. 7-19 (pp. 1416). DMVAMTS. Acta Hisp. Med. Sci. Eiist, Illus., 15, 1995, 267-299.
Sobre la configu~a~ión del modelo de pensamiento de la higiene 291 palabras halagüeñas (861, con respecto a otras obras recientes sobre higiene apoyadas en esquemas especulativos, como fue el caso del Curso de Higiene General basa& en el principio individualista o unitario (1911) de Forns y Romans, inspirado directamente en las doctrinas de Letamendi (87); c) en la concepción de la higiene, al modo de Ferrán, como «ciencia de la adecuación» entre individuos aislados y el perirnundo (especialmente el vivo) (88); y d) en el posicionamiento de toda referencia a la moral no en el plano de lo real sino en el de lo ideal (89), referencias que en todo caso desaparecieron con la segunda edición de 19251926 (90). Con todo, no hay que olvidar que la obra de Salvat, como la de la mayona de los higienistas coetáneos, no se limitó a ofrecer una visión bacteriológica de la higiene, sino que, como se observa a lo largo de todo el primer volumen, también tuvo en consideración las concepciones de la higiene experimental. Con la incorporación de la bateriología, la higiene adquirió definitiva- (86) SALVAT Y NAVARRO, Antonio (1915.1917). Tratado de higiene, Sevilla, Gómez hnos., vol. 1, 693 pp. (p. 4). (87) El carácter peculiar de esta obra se indica de entrada en las páginas iniciales del apartado de *Higiene fundamental», en donde al modo letamendiano, se maternatiza mediante una serie de fórmulas la vida y la salud. FORNS Y ROMANS, Rafael (191 1). Curso de Higiene General basada en el principio individualista o unitaxio, Madrid, V. Tordesiiías, 420 pp. (pp. 17-39). En consonancia con estas perspectivas conjeturales, su noción de higiene hace explícita referencia a la moralidad como bien real, pues para Foms la higiene buscaría la perfección del hombre y ésta -según nos dice en la p. 6 del Curso de Higiene Generalno sena otra cosa que .la síntesis armónica de la máxima intensidad fisiológica en lo orgánico, lo psíquico y lo moral. Es la acertada conjunción del alma de un santo, la inteligencia de un sabio y el cuerpo de un atleta». Similares concepciones se encontraban también en una pequeña obra previa: FORNS Y ROMANS, Rafael (1910). La nueva higiene. Introducción al estudio de la educación integral, Madrid, Valentín Tordesillas, 230 pp. (pp. 7-15). (88) SALVATYNAVARRO (19151917), op. cit. en nota 86, p. 10. (89) Zbidem, p. 36. (90) De todas formas, hay que tener presente que, aunque referidas mayoritariamente al plano ideal, las alusiones a la moral se encuentran presentes con cierta frecuencia en estos autores merced al ambiente regenacionista de la época [véase ABELLÁN, José Luis (1989). Historia critica del pensamiento español, Madrid, Espasa-Calpe, tomo V (1), p. 5701. Ejemplo de esta circunstancia es la imagen de apostolado que tiene la difusión de la doctrina bacteriológica por parte de Ángel Pulido [véase PULIDO FERNÁNDEZ, Ángel (1892). Grandes problemas, Madrid, E. Teodoro, 291 pp. (pp. 192, 202, 214 y 222-223)l. DERTAM7S. Acta t-lip. Med. Su. Hist llius., 15, 1995, 267-299.
Como se ha mostrado en las anteriores páginas, la salud, en función de las distintas necesidades sociales de cada período histórico, fue modulada primero por la moral -de forma dogmática en un principio y de manera razonada después y luego pasó a serlo por la higiene -de forma moralizadora primero y de manera científica despuée. El que la salud sea una manifestación de la sociedad y de la cultura (113), ha originado que su fomento siempre haya estado entrelazado con la procura de conductas adecuadas -primero mediante la moral, después por la higienepara llevar a cabo las necesidades sociales de cada período histórico. En las etapas avanzadas de la industrialización, el proceso de configuración de comportamientos adecuados por medio del fomento de la salud para ser efectivo en intensidad y en extensión necesitó no sólo de la imposición desde arriba -desde las capas dirigentessino sobre todo la demanda desde abajo -desde las capas trabajadoras-. Esta demanda se consiguió mediante el ofrecimiento de una salud científicamente neutral, penetrante en todos los aspectos de la vida y garantizada por el Estado. Este continuo proceso de fomento de la salud y adaptación social puede contemplarse como parte del proceso de civilización, en el sentido en que Norbert Elias da a estos términos. El proceso de civilización ha tenido elementos muy positivos, por ejemplo el establecimiento de códigos de comportamiento que posibilitan relaciones humanas fructíferas. Pero también ha generado inevitablemente efectos negativos, por ejemplo la instauración de coacciones innecesarias y socialmente inútiles. De la misma manera, en tanto parte de ese proceso genérico de civilización, el proceso de formación de salud y conductas adecuadas ha tenido efectos positivos -mayor calidad de vida, mayor protección frente a los riesgos y consecuencias de las enfermedades-, pero también ha ido generando efectos negativos -coacciones innecesarias y sanitariamente inútiles, que sólo tuvieron utilidad para el fomento de conductas adecuadas a estructuras socioeconómicas devenidas periclitadas-. (113) CANGUILHEM, Georges (1986). Lo normal y lo patológico [1966], México, Siglo XXI, 242 pp. (p. 175). DIRAMS. Acta Hisp. Med. Su. Hist., Illus., 15,1995,267-299.
Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene 299 Consecuentemente, ambos procesos están todavía -y posiblemente por mucho tiempoinacabados. Y también consecuentemente, la continuidad de estos procesos debe buscar la liberación de esos efectos indeseables. En el caso del proceso de civilización, debe orientarse, en opinión de Elias, hacia la limitación de la regulación de las relaciones interhumanas y las autocoacciones tan sólo a las estrictamente imprescindibles, en busca de ese equilibrio, al que llamamos felicidad o libertad, entre las exigencias de la existencia social y las inclinaciones y necesidades personales (114). En el caso del proceso de fomento de salud y conducta, la continuidad en la búsqueda de la liberación de coacciones (externas e internas) innecesarias y sanitariamente inútiles quizás deba orientarse en la dirección de estimular la preocupación y el cuidado de sí mismo. Pero no, al modo que ha denunciado Bensaid, de esconder en la llamada a la responsabilidad del sujeto una delegación de deberes en vez de poderes (115), sino más bien en el que, tomando a Heidegger como referencia, considera Schipperges en tanto creación de unas estructuras de atención que posibiliten el poderser del hombre: «La prevención del futuro no debería despojar al sujeto de su cuidado (Sorge) sino, antes al contrario, en tanto verdadera estructura de atención (Sorgestruktur) en el sentido heideggeriano del término, enfrentarle con él, para hacer surgir premeditadamente (vorausspnngen) su poder-ser existencial~ (116). (1 14) ELIAS, Noriwt (1989). El proceso de civilizaaón úivestpaonessuciogenétias ypiwgenétias [1977-19791, México, F.C.E., 581 pp. (p. 532). (115) «Se pretende responsabilizar a los ciudadanos para no infantilizarlos. Pero se confunde responsabilidad y culpabilidad y se les hace culpables de todo sin concederles ningún tipo de poder. Se rechaza fabricar una sociedad de asistidos que no tendrían nada en qué ocuparse. Pero se instituye una sociedad de sospechosos. Quien se quiera liberar de incertidumbres y protegerse de riesgos se encuentra prisionero en una red tejida con todo tipo de obligaciones morales o legales.. BENSA~D, Norbert (1981). La lumiere médicale. Les illusions de la prévention, Paris, Éditions du Seuil, 319 pp. (p. 37). Sobre el lado oscuro de la utopía médica de la prevención y la cuestión de la culpabilización de la víctima, véase MONTIEL, Luis (1993). La utopía médica y la crisis del Estado del Bienestar. Quirón, 24, 20-26. (1 16) SCHIPPERGES (1987), op. cit. en nota 2, p. 37. DMVAMIS. Acta Hsp. Med. Su Hist Illus., 15, 1995, 267-299.