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Teratología e imaginación maternal

Moscoso Sanabria, Javier

Abstract

Dudley WILSON, Signs and Porten : monstrous births from the middle ages to the enlightenment ; Marie-Hélène HUET, Monstrous Imagination ; Dennis TODD, Imagining Monsters. Miscreations of the Self in Eighteenth-Century England.

Full text

Reserva Ensayo TERATOLOGÍA E IMAGINACIÓN MATERNAL Dudley WILSON. Signs and Porten: Monstrous Births from the Middle Ages to the Enlightenment, London/New York, Routledge, 1993, 215 pp. [ISBN 0-415-03236-9]; Marie-Hélène HUET. Monstrous Imagination, Cambridge/ Massachusets/London, Harvard University Press, 1993, 316 pp. [ISBN 0-674-58649-2]; Dennis TODD. Imagining Monsters. Miscreations of the Self in Eighteenth-Century England, Chicago/London, The University of Chicago Press, 1995, 339 pp. [ISBN 0-226-80555-7; 0-226-80556]. La historia de la teratología ha pasado a ser en los últimos arios foco y lugar de atención de investigaciones muy diversas en las que se mezclan también muy variados intereses y perspectivas historiograficas. La historia de la medicina, de la ciencia, del pensamiento, de la literatura y del arte, la sociología constructivista y la antropología estructural parecen confluir en nuestros días en un interés creciente hacia las formas de ordenación, de representación y de normativización de los fenómenos tradicionalmente asociados con el mundo de los monstruos en general y su comprensión y efecto en las conciencias individuales o colectivas en particular. Esta nueva eclosión casi-renacentista de trabajos que una vez mas cabría denominar «de Monstris» se explica tanto por los desarrollos historiograficos de las últimas décadas como por la falta de rigor conceptual y documental que había quedado tradicionalmente asociada con este tipo de estudios. Toda vez que la historia social del cuerpo ha incluido también la historia de su sexo, de su sexualidad, de las técnicas de su constricción individual o de su representación colectiva, no era de extrariar que la deformidad física pasara a su vez a constituirse en uno mas de los capítulos o, según se los ha llamado tantas veces, en uno mas de los «fragmentos» de esta nueva narrativa (1). Desde la perspectiva abierta por los trabajos de Michael Foucault, de Mary Douglas o de Mikhail Bathkin incluso, era fàcil concluir ademas que tanto el uso de las fuentes como la validez de los enfoques de la literatura clasica sobre el tema habían (1)  Véase, por ejemplo, FEHER, Michel et al. (eds.). Fragments for a History of the Body, Cambridge, Massachusets, MIT Press Zone Books, 1989, 3 vols. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. 111us. 1996, 16, 465-472. 466  RESEN' A ENSAYO quedado inevitablemente desfasados. Después de todo, las obras de. Ernst Martin y CJ.S. Thompson se publicaron en 1880 y 1930 respectivamente, mientras que los ocho volúmenes de la monumental, aunque poco citada, Storia della Teratologia de Cesare Taruffi aparecieron entre 1881 y 1894 (2). Con independencia de los estudios sobre bestiarios y «fisiología» (i.e., zoología) medieval, —de los que en Esparsa hemos contado adens con un reconocido especialista como Ignacio Malaxecheverría— (3), el estudioso de la teratología apenas si disponía hasta hace relativamente pocos arios de algunos artículos y monografías que contuvieran un mínimo de rigor e interés historiogrffico. Los trabajos de Jean Céard, Jean Louis Fischer, John Block Friedman, Richard Altick, Claude Kappler, T.W. Glanister, Patrick Tort, Katherine Park y Lorreine Daston, constituían casi el único referente obligado (4). Al lado de estos, eso sí, se encontraba toda una pléyade de libros y artículos de calidad desigual, m a s próximos en ocasiones al ensayo que a la historia, y entre los que se hallaban nombres tan diversos como Robert Bogdam, Stephen Jay Gould, Jorge Luis Borges, Leslie Fiedler o Massimo Izzi, por mencionar aproximaciones tan diferentes entre sí como muy desiguales en su valor (5). (2) MARTIN, Ernst. Histoire des monstres depuis l'antiquité jusqu'à nos jours, Paris, Reinwald, 1980; THOMPSON, C. J. S. The Mystery and Lore of Monsters: with some Giants, Dwarfs and Prodigies, London, Williams and Nortgate, 1930; TARUFFI, Cesare. Storia della teratologia, Bolonia, Regnia Tipografia, 1881-1894, 8 vols. (3) Véase, por ejemplo: MALAXECHEVERRIA, Ignacio. Le bestiaire medieval et l'archetype de la feminité. Circé. 12-13, París, Lettres Modernes, 1982, y Bestiario medieval, Madrid, Siruela, 1989. (4) Los trabajos a los que hacemos referencia son CEARD, Jean. Le Nature et les prodiges. L'insolite au xvi siècle en France, Géneve, Libraire Droz, 1977; FISCHER, Jean-Louis. Monstres. Histoire du corps et de ses défauts, Paris, Syros, 1991; Comment est née la science des monstres. La Recherche, 1985, 162, 42-51; GLENISTER, T.W. Fantasies, Facts and Foetuses: The Interplay of Fancy and Reason in Teratology. Medical History, 1964, 8, 15-30; KAPPLER, Claude. Monstres, démons et meroeilles à la fin du Moyen Age, Paris, Payot, 1980; PARK, Katherine; DASTON, Lorraine. Unnatural conceptions: the study of monsters in 16th and 17th-century France and England. Past and Present, 1982, 91, 20-54; FRIEDMAN, John B. The Monstrous Races in Medical Art and Thought, Cambridge/Massachusets, Harvard Univ. Press, 1981; TORT, Patrick. L'ordre et les monstres. Le débat sur l'origine des déviations anatomiques au xvineme siècle, Paris, Le Sycomore, 1980; ALTICK, Richard. The shows of London, Cambridge, Massachusets, Belknap Press, 1978. La teratología de Oriente y del mundo Antiguo fue estudiada, al menos en parte, por FARKAS et al. (eds.). Monsters and Demons in the Ancient and Medieval Worlds, Mainz, Philipp von Zabern, 1987. (5) Las obras a las que hacemos referencia son BOGDAN, Robert. Freak Show: Presenting Human Oddities for Amusement and Profit, Chicago, University of Chicago Press, 1988; GOULD, Stephen Jay. The Mismeasure of Man, New York, W.W. Norton, 1981; FIEDLER, DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1996, 16, 465-472. RESERA ENSAYO  467 En el caso que aquí nos concierne màs íntimamente, el del desarrollo de la preocupación social por la deformidad física en Occidente desde el Renacimiento hasta el Romanticismo —o lo que es igual: entre el enorme compendio de teratología de Ulysses Aldrovandi publicado en 1642 y la ciencia teratológica de Geoffroy Saint-Hilaire, entre el Ricardo III de Shakespeare y el Frankestein de Mary Shelley, entre los enanos de Velázquez y los Caprichos de Goya, entre la fisiognomía animal de Cureau de la Chambre y la fisiognomía humana de Johan Caspar Lavater— cabe preguntarse legítimamente si la disparidad de las fuentes secundarias no habrú sido consecuencia directa del número excesivo y la diversidad de las primarias. Después de todo, a las crónicas, informes y memorias de Sociedades y Academias científicas, que se cuentan en ocasiones por los cientos, habría que ariadir los opúsculos y suplementos de fisiólogos y anatomistas, los capítulos correspondientes de las historias y filosofías naturales y otras muchas obras de eclesiticos, de juristas, de literatos relevantes o de escritores obscuros. Incluso sin tomar en consideración los destinos de los monstruos en la literatura popular, o en almanaques y calendarios, o en manuales de obstetricia o de comportamien- to marital, o las evoluciones del problema —de los hermafroditas, por ejemplo- en los códigos de derecho civil y penal, o los informes de viajeros o su representación iconogràfica, es fàcil comprender cómo la historia de la teratología, contagiada en cierto modo por su propio objeto de estudio, ha llegado a parecerse en ocasiones màs a un amasijo de disjecta membra que a una disciplina ordenada en torno a un problema, o a un conjunto de problemas, claramente delimitados. Tanto así que el historiador de la teratología no sólo ha tenido que defender la relevancia de su objeto de estudio, sino que también se ha visto forzado en ocasiones a clarificar incluso la posibilidad misma de escribir su historia (6). Es esta delimitación y parcelación del objeto la que en los últimos diez arios ha permitido un desarrollo exponencial y cualitativo de este tipo de anàlisis. Y aunque la pregunta bàsica de fondo continúa siendo cómo la tradición teratológica del Medioevo y del Renacimiento pudo transformarse en la moderna ciencia teratológica de Geoffroy Saint-Hilaire, muchas aproximaciones historiogrificas han preferido dar cuenta de los fragmentos de una historia siempre incompleta que escribir la historia general de un problema, al menos en apariencia, inabarcable. De las tres monografías que vamos a comentar, dos de ellas, las de Marie-Hélène L. Il dizionario illustrado dei mostri, Roma, Gremese, 1989; BORGES, Jorge L. Manual de zoología fantàstica, México, FCE, 1966; IZZI, Massimo. Il dizionario illustrato dei mostri, Roma, Gremese, 1989. (6) Véase, por ejemplo, HAGNER, Michael. Monstrositaten haben eine Geschichte. In: Der falsche K&per. Beitréige zu einer Geschichte der Monstrosit&en, G5ttingen, Wallstein Verlag, 1995, pp. 7-20. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1996, 16, 465-472. 468  RESEN' A ENSAYO Huet y Dennis Todd, caen dentro de la primera categoría, mientras que la de Dudley Wilson lo hace, desafortunadamente, en la segunda. El caso de Wilson sorprende tanto mas cuanto que este investigador escribió en 1987 un artículo notable sobre hermafroditas y gemelos siameses que en poco se asemejaba a este nuevo catalogo de aberraciones del que el historiador de la teratología, sin entender nunca a ciencia cierta cuffi es el hilo conductor del libro, difícilmente podrà obtener provecho alguno (7). Aunque el subtítulo del libro sugiere que el lector encontratth una discusión de nacimientos anormales desde el Medioevo hasta la Ilustración, Wilson ha asumido desde el principio que un nacimiento monstruoso no era nada mas que el nacimiento de un monstruo, olvidando así, en primer lugar, que no todo alumbramiento praeternatural o contra natura concluyó jauràs con el advenimiento de un monstruo y, después, que no todo ser al que se le confirió aquel nombre, ya fuera durante el Renacimiento o en la Ilustración, provenía de un nacimiento anormal. El «negro albino» que recorrió las calles de París a comienzos de la década de 1740 y cuya historia dio lugar a los estudios de Maupertuis en su Venus Physique de 1744 bien podría constituir un buen ejemplo de lo segundo, mientras que la memoria del doctor Littré sobre un «Foetus humain tiré du ventre de sa mère par le fondement» publicado en la Academia de Ciencias de París en 1702 lo sería de lo primero. Mas aun, Wilson vacila entre el estudio de diversos «signos y portentos», que es el verdadero título del libro, y el estudio de los «nacimientos monstruosos», sin que en ningún caso se nos ofrezca ningún procedimiento por el que pudiéramos discriminar entre ambas realidades o examinar sus influenciar recíprocas. Las consideraciones semkiticas que abren el libro tampoco han sido lo suficientemente articuladas en una esfera particular de desarrollo histórico. Y en cuanto tales, no aparecen sino como definiciones seleccionades aleatoriamente y a las que podían haberse afiadido otras muchas de autores igualmente diversos. Y si bien en el capítulo sobre el Renacimiento se desvelan algunas fuentes novedosas sobre la representación de monstruos en afiches o en canards, el de la Ilustración es poco mas que una discusión de la disputa que enfrentó a los anatomistas Lémery y Winslow alrededor de la producción divina o accidental de monstruos y malformaciones que ya fue estudiada por Patrick Tort en 1987 (8). Mas aun, a pesar de la cantidad considerable de fuentes primarias en ese período, el libro de Wilson no contiene en la bibliografia mas que tres tratados publicados durante la (7) WILSON, Dudley. Publications relating to Births of Conjoined Twins and Hermaphrodites in France, 1570-1707. In: VVAA. The Monstrous, Durham, Durham French Colloquies, 1987, ri g 1. (8) TORT, n. 4. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1996, 16, 465-472. RESEI n I ' A ENSAYO  469 Ilustración, incluyendo, curiosamente, una edición del De monstrorum causis de Fortunio Liceti, que se publicó por primera vez en 1616, y otra de Les écarts de la nature de Regnault, que es exclusivamente un libro de ilustraciones. Los casos de Marie-Hélène Huet y de Dennis Todd son de muy distinta naturaleza. Con títulos prkticamente invertidos, Imagining Monsters y Monstrous Imagination centran sus discusiones en un aspecto mucho 111.s delimitado de la historia de la deformidad física. La relación entre imaginación y monstruosidad cubre a decir verdad la historia entera de la reflexión teratológica, ya sea en el sentido de que la imaginación sea considerada como agente responsable de la producción de monstruos reales o como explicación de la existencia de los imaginarios. Es bien sabido adenús que la doctrina de la imaginación maternal, o la creencia según la cual la imaginación de la madre era capaz de modificar el feto, no fue una doctrina exclusivamente moderna y que tanto Aristóteles como Hipócrates habían hecho uso de ella para explicar las marcas de nacimiento —los antojos no satisfechos— así como las generaciones monstruosas. Fue también en esa vena de explicación patológica que la teoría se mantuvo y perduró durante toda la Edad Media hasta su abandono provisional por la élite científica en la llamada «Revolución embriológica» del siglo Desde esta perspectiva, la primera dificultad con la que debieron enfrentarse estos dos autores tenía que consistir en explicar la reaparición de la doctrina a finales del siglo xvit y su pervivencia mas o menos intermitente durante el conjunto del siglo xvm. Después de todo, hablamos de un período en el que resultaba cuando menos complicado comprender de qué modo los monstruos considerados «falsos» podían interpretarse como un subproducto de la imaginación popular al tiempo que «los verdaderos» parecían poder explicarse por una imaginación diferente. Y aunque poco se decía saber acerca de la naturaleza de esa imaginación capaz de dar cuenta de la realidad tanto como la ficción, parecía claro que aquella facultad que en su mal uso producía un ser imaginario difería considerablemente de aquella otra supuestamente capaz de producir el nacimiento de un monstruo real. También por lo que respecta a este problema existían algunos antecedentes notables. En 1971, por ejemplo, George S. Rousseau examinaba la conexión entre imaginación popular, saber médico y saber popular en el Peregrine Pickle de Tobias Smollet (9). En 1982, Paul-Gabriel Boucé estudiaba la diseminación de la doctrina en manuales populares de obstetricia (10). Mas recientemente, Philip K. Wilson (9) ROUSSEAU, G. S. Pineapples, pregnancy, pica, and Peregrine Pickle. In: Rousseau, G. S.; Boucé, P .G. (eds.), Tobias Smollet, New York, Oxford University Press, 1971, pp. 79-109. (10) BOUCÉ, P. G. Imagination, Pregnant Women and Monsters in Eighteenth-Century DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1996, 16, 465-472. 470  RESEN' A ENSAYO estudiaba en profundidad el debate relativo a los efectos de la imaginación maternal que tuvo lugar entre los cirujanos James Blondel y Daniel Turner en la década de 1720 (11). Y junto a estos habría que incluir todavía los nombres de Barbara Stafford, Lester S. King, Jacques Gélis, Pierre Darmon o Jean Louis Fischer (12). Ninguno de estos autores, sin embargo, había intentado ofrecer una respuesta global al problema de la naturaleza de la imaginación, ni tampoco la necesaria brevedad de estos artículos o capítulos había podido centrar la discusión en torno a desarrollos historiogrfficos rrs ambiciosos, como las «metfforas de la procreación» de Marie-Hélène Huet o las «deformaciones [miscreations] del yo» de Denis Todd. Monstrous Imagination, por comenzar con el texto de Marie-Hélène Huet, es un trabajo novedoso en su orientación, atractivo en el uso de las fuentes y, en muchas ocasiones, finísimo en el anàlisis de los problemas que examina. Compuesto de dos grandes secciones, en la primera de ellas, «The Mother's Fancy», Huet pasa revista a los diferentes usos y formulaciones de la doctrina de la imaginación maternal desde la Antigüedad cffiica hasta el Romanticismo. Desde su punto de vista, no es sólo que la monstruosidad se entendiera desde los tiempos de Aristóteles en términos de disimilaridad entre hijos y ancestros, sino también en función de la resemblanza o similitud formal de esos mismos monstruos con objetos o seres que no habían intervenido en absoluto en el proceso de su generación. La monstruosidad, por tanto, concluye Huet, «imita» la naturaleza. En segundo lugar, puesto que la mujer no sólo se concibe durante el Renacimien- to y la Ilustración como una flagrante desviación de la norma, sino como responsable del nacimiento de seres disímiles a aquellos que en principio contribuyen a su formación, arte y procreación confluyen necesariamente en su seno. Así, England and France. In: Rousseau; G. S.; Porter, R. (eds.)., Sexual Underworlds of the Enlightenment, Manchester, Manchester University Press, 1988, pp. 86-100. (11) WILSON, Philip K. Out of Sight?: The Daniel Turner-James Blondel Dispute Over the Power of the Maternal Imagination. Annals of Science, 1942, 49, 63-85. (12) STAFFORD, Barbara. Body Cristicism: Imagining the Unseen in Enlightenment Art and Medicine, Cambridge/Massachusets, MIT Press, 1991, fundamentalmente en su cap. III. Se encontrarà también información relevante en KING, Lester S. The Philosophy of Medicine: The Early Eighteenth Çentury, Cambridge, Massachusets, MIT Press, 1978, especialmente el cap. VII: «The power of the imagination»; GELIS, Jacques. L'arbre et le fruit: la naissance dans l'Occident moderne (xwe-xixe siècles), Paris, Fayard, 1984, pp. 352-370; DARMON, Pierre. Le mythe de la procréation à l'itge baroque, Paris, J.J. Pauvert, 1977, especialmente el cap. X: «Le foetus». FISCHER, Jean-Louis. Defense et critiques de la thèse 'imaginationiste' à l'époque de Spallanzani. In: Bernardi, Walter; La Vergat, Antonello, (eds.), Lazzaro Spallanzani e la biologia del Settecento. Teorie, esperimenti, istituzioni scientifiche, Florencia, Leo S. Olschki, 1982. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist.  1996, 16, 465-472. RESERA ENSAYO  471 comenta Huet, cuando la teoría de la imaginación maternal fue abandonada por la medicina hacia el comienzo del siglo siguió muy a pesar de todo formando parte de la estética romàntica. Al caso del Frankestein de Mary Shelly, que Huet examina en detalle en el capítulo sexto, se unen la pasión decimonónica por el retrato (cap. los modelos en cera de madame Tussaud (cap. VIII) y la Eve Future de Villiers de l'Isle-Adam (cap. IX) para mostrar la conexión entre monstruosidad, por un lado y parentesco, por el otro. Es la posibilidad de comprender la relación entre arte e imaginación, naturaleza y mimesis la que permite englobar el problema general de la imaginación maternal desde la antigüedad hasta el siglo xix en lo que Huet denomina: «Metaforas de la procreación». El punto de partida y el enfoque del problema de la imaginación en el libro de Dennis Todd son en muy buena medida diferentes. Se trataba en este caso de explicar en detalle la historia de Mary Toft, una mujer iletrada que supuestamente dio a luz, en Godalming, Surrey, en algún momento de 1726 a su primer conejo. Y que llegó a parir dieciséis mas. La historia de Mary Toft, «the rabbitbreeder» es tanto mas sorprendente cuanto que algunos miembros de la clase médica inglesa llegaron a creer en la realidad de los hechos. John Howard, cirujano de Guildford, Nathanael St. André, anatomista de la casa real y Samuel Molyneaux fueron los primeros en una larga lista de engariados que incluyó también a cronistas, filósofos y literatos. Es precisamente en los intersticios de la relación entre imaginación, credibilidad y reputación que Dennis Todd examina las circunstancias a partir de las cuales los «alumbramientos» de Mary Toft, supuestamente producidos a consecuencia de los desórdenes de su imaginación, pudieron causar un equivalente desorden social. E1 libro, maravillosamente documentado, esta compuesto de siete capítulos en los que Todd no sólo pasa revista a los hechos que dieron lugar al affaire Toft, a su destino individual, a los motivos que causaron el engario o a su repercusión social, sino también y sobre todo a las teorías médicas o paramédicas que lo hicieron «posible» y a los limites de permisibilidad en las fronteras de la credibilidad del hombre culto de comienzos del siglo El mérito de Dennis Todd consiste precisamente en haber explorado los mecanismos sociales e individuales que controlaron la formación de la reputación, de la posición social y la autoestima durante la Ilustración, y en cuyo centro esa historia obscura y en cierto modo grotesca de una mujer que dio a luz a 16 conejos podía adquirir tanto su lógica como su sentido. Pues si «Mary Toft poseía algún poder que produjera espanto [escribe Todd], ese poder consistía en su habilidad para hacer monstruos, esto es: en su poder para disolver la identidad del yo» (p. 84). Las «Miscreations of the Self» a las que hace referencia el subtítulo del libro son la expresión con la que Todd consigue historizar las complejísimas relaciones entre lo normal y lo patológico que marcaran los destinos de la reflexión teratológica ilustrada. Desde las ferias de Bartholomew, caricaturizadas en los viajes de Gulliver DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist.  1996, 16, 465-472. 472  RESE'NA ENSAYO (cap. V), la Dunciada de Pope (cap. VI) o las Memorias de Martinus Scriblerus, las múltiples relaciones entre imaginación, monstruosidad e identidad personal se analizan en torno a un hecho, los partos de Mary Toft, que en el adecuado contexto intelectual no podían constituir sino una fuente inagotable de curiosidad, por un lado, y ansiedad y temor por el otro. Aunque ambos libros cruzan con asiduidad, y sin que hubiera podido ser de otra manera, las fronteras de distintas disciplinas, los historiadores de la medicina, del pensamiento y de la ciencia se beneficiaran igualmente de la mas extensa discusión sobre la correlación entre imaginación y deformidad publicada hasta el momento. Habrà que mencionar, en todo caso, que aunque Huet y, en menor medida Todd, reconocen que la doctrina de la imaginación maternal nunca fue considerada como la única causa eficiente en la producción de malformidades, ninguno de estos dos libros intenta ofrecer una explicación generalizada de las distintas teorías propuestas y tampoco ninguno distingue entre los efectos de la imaginación en lo que concierne a la producción de monstruos y en lo que respecta a la formación de marcas de nacimiento o naevus maternus. Una distinción que tal vez hubiera sido tanto 1-s apropiada cuanto que muchos autores tradicionalmente considerados «imaginacionistas» nunca pretendieron formular una doctrina generalizada de la formación de monstruos, sino una explicación posible de las marcas de nacimiento como efecto de la imaginación maternal. El De naevus maternus de Daniel Turner de 1714 quizà sea el caso m a s paradigmâ.fico de entre todos ellos, pero de ninguna manera el único. De cualquier modo que sea, lo que la discusión de estas tres monograflas viene a confirmar es la posibilidad de incorporar la historia de la teratología a nuestro acervo cultural sin caer en burdas simplificaciones o anacronismos. La enorme variedad de las fuentes y las perspectivas desde las que es posible abordar el mismo problema no deberían ser óbice para interponer, tampoco en este caso, la curiosidad a la información o la fascinación al rigor historiogrifico. También aquí, como comentaba Geoffroy Saint-Hilaire del De Monstrorum Historia de Ulysses Aldrovandi, la dificultad ha consistido siempre no sólo en decir decir lo que se sabe, sino en saber bien lo que se dice. JAVIER MOSCOSO DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1996, 16, 465-472.