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Democracia y sistemas radiotelevisivos en el futuro de Europa

Richeri, Giuseppe

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Richeri, Giuseppe

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DEMOCRACIA Y SISTEMAS RADIOTELEVISIVOS EN EL FUTURO DE EUROPA' Giuseppe Richeri Quiero de entrada especificar mejor el contenido de mi relación. En base al título que figura en el programa, de hecho, la atención debería centrarse en el amplio abanico de tecnologías que intervienen en la actividad radiotelevisiva: desde la producción hasta la transmisión, pasando por la difusión, la recepción y la audiencia. No puede ciertamente pasar desapercibido el alto grado de relación que existe entre las tecnologías aplicadas a los diferentes sectores a la hora de analizar las perspectivas de los sistemas radiotelevisivos. Pero se escapa al tiempo y al lugar de esta relación, así como a mi propia competencia, la posibilidad de abarcar el conjiinto de tales tecnologías en una visión proyectada hacia los años ochenta. Texto presentado al Festival Nacional de L'Unit2, de Génova, el 9 de septiembre de 1978. Me interesa en cambio llamar la atención sobre el futuro tecnológico partiendo de un sector especsco, que es seguramente cmcial para el futuro de la radiotelevisión en Europa, y que nos llevará necesariamente a consideraciones más generales: el sector de los satélites de radiodyusión di7ecta. Para entendernos mejor, de aquellos satélites a través de los cuales los usuarios podrán recibir directamente los programas radiofónicos y televisivos. La tecnología para este tipo de satélites artificiales está ya disponible; los tiempos y los modos para que Europa llegue a poner en órbita unidades operativas son ya previsibles con suficiente precisión, pero los problemas de orden político, económico, jurídico y cultural son tales que, ya desde ahora, se hace necesario un debate en profundidad sobre las opciones tomadas y las que se van tomando por parte de los gobiernos y de los organismos supranacionales competentes en materia aeroespacial y radiotelevisiva. A pesar de la gran atención dedicada en los últimos años en Italia a los problemas radiotelevisivos y, más en general, a los de la información, sorprende el hecho de que la variable satélites sea aún patrimonio de un restringido círculo de tecnólogos y sea casi completamente extraña al debate entre los que se ocupan de otros sectores del campo radiotelevisivo o de la compleja política de la información. Sorprende aún más, por su aproximación y pretenciosidad, las raras salidas con las que ciertas personalidades relevantes han evocado, quizás para exhibirse, el argumento asatélites~ hablando de la manera de hacer radiotelevisiva italiana: me refiero, por ejemplo, entre los casos más conocidos, a algunas entrevistas concedidas en su día por el ex-Ministro de Correos y Telecomunicaciones (en el diario Il Gionzo del día 16 de diciembre del año 1976) o a las propuestas presentadas por el honorable Vito Scalía en sus funciones de presidente de una asociación de emisoras privadas. '1 Éstas y otras razones explican la necesidad de retomar los principales datos informativos, antes de proponer algunas consideraciones generales y de adelantar algunos temas de discusión, y aconsejan asimismo precisar qué es lo que realmente hoy puede preverse en base a los tiempos y a los modos de actuación de los programas y de los planes confeccionados por los entes y organismos supranacionales interesados por estos sectores. Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 119 Por satélite de difusión radiotelevisiva directa se entiende, como se sabe, un particular tipo de satélite de comunicación cuyas principales características son las siguientes: - es geoestacionario, es decir puesto a treinta y seis mil kilómetros sobre la línea del Ecuador, manteniéndose aparentamente inmóvil en relación a la superficie terrestre (su velocidad de revolución alrededor de la Tierra es igual a la velocidad con la que la Tierra gira alrededor de su propio eje); - emite señales radiofónicas y televisivas con una potencia suficiente para ser captadas por antenas de dimensiones reducidas, que pueden producirse en serie y a precios comerciales. Sabemos de antemano que a los usuarios de la televisión, la radio o los eventuales servicios complementarios (teletext, pay-TV, etc.), les es indiferente el medio a través del cual reciban las señales, sea éste el cable coaxial, el emisor vía éter a tierra o el satélite, y que los elementos tomados en consideración por ellos se basan, en cambio, en el servicio, la calidady el coste. Las ventajas más evidentes de un satélite de difusión directa que aquí interesan son: a) permite abastecer a una población distribuida en una amplia superficie -eventualmente supranacionalsin que sea necesario al cien por cien instalar una red de transmisiones a tierra (que absorbe muchas frecuencias, comporta costes superiores y difícilmente consigue el cien por cien de cobertura), sino tan sólo por medio de antenas individuales o «colectivas» de precio muy asequible; b) permite aumentar el actual número de canales televisivos (y10 radiofónicos) atribuidos a cada país. La limitación, a diferencia de otros tipos de satélites, consiste en que difícilmente puede utilizarse para la comunicación punto por punto, es decir para las conexiones radiotelevisivas bidireccionales. En general, podemos por lo tanto afirmar que los satélites de difusión directa, en el plano de los servicios para el gran público, no traerán considerables novedades, pues los servicios que pueden proporcionar son los mismos que pueden llegar hasta el usuario a través del cable o de las otras vías convencionales. Sin embargo, en un plano práctico, el dato de interés está en el mayor número de canales utilizable y en su limitado coste (más adelante trataremos esta última cuestión). Exceptuando algunas consideraciones socio-económicas y culturales a las que me referiré seguidamente, se puede ya avanzar una hipótesis en torno al modo en que podrá utilizarse esta mayor disponibilidad de canales. Además del incremento de las transmisiones tradicionales, estos canales podrán tener validez para los nuevos servicios como son el tejetext, el facs'mil, etc.; y también para programas no tradicionales o dirigidos a categorías específicas de usuarios. Es éste el caso de programas de pago de películas, espectáculos teatrales, acontecimientos deportivos, etc., difundidos a través de una red de salas dotadas de video-proyector de gran pantalla; de programas educativos, de formación profesional, de información para categorías específicas de profesionales, etc. Este tipo de utilización está ya funcionando en algunos paises con los sitemas tradicionales de transmisión aa tierra*. En términos simplificados, ésta puede ser la novedad más relevante que la tecnología nos prepara para la televisión de los años ochenta. Para poder intuir en qué modo y en qué tiempos dicha novedad podrá incidir en el futuro de la televisión en Europa es necesario recordar antes cuáles son los datos que poseemos hasta el momento y qué decisiones se han tomado ya. En relación con este tipo de satélites referidos a Europa es útil centrar brevemente la atención sobre los acuerdos ya establecidos entre diferentes países y sobre los proyectos de experimentación ya estudiados por la Agencia Espacial Europea (organización integrada por once paises europeos), cuya realización se hace indispensable de cara a tener satélites operativos europeos. Es necesario destacar que, aunque la industria espacial europea esté capacitada para construir diferentes tipos de satélites artificiales be calidad competitiva a nivel mundial, no dispone de los elementos necesarios para ponerlos en órbita teniendo que recurrir a los Estados Unidos que, a cambio, imponen la condición de que dichos satélites no sean operativos. Para liberarse de esta condición, los paises europeos no tienen más remedio que producir sus propios mecanismos de puesta en órbita. Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 121 LA CONFERENCIA ADMINISTRATIVA MUNDIAL DE RADIODIFUSION VÍA SATÉLITE El primer punto, ya definido, que hay que considerar es el resultado de la Conferencia Administrativa Mundial de Radiodifusión vía Satélite, mantenida en Ginebra en enero-febrero del año 1977 bajo los auspicios de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T.). La Conferencia acordó la reglamentación de Europa, África, URSS y Mongolia, Asia y Oceanía, válida hasta el año 1994, relativa a: - la utilización de las frecuencias destinadas a la radiodifusión directa desde satélite (no se trataron las conexiones desde la Tierra a los satélites); - la posición de futuros satélites en la órbita geoestacionaria. CONSECUENCIAS PARA EUROPA DEL PLAN DE GINEBRA Dejando a un lado las decisiones de carácter estrictamente técnico, los resultados que aquí, por ahora, nos interesa destacar son tres: 1. la adopción de un principio general en base al cual las frecuencias destinadas a cada país son válidas para el servicio de radiodifusión de cobertura nacional; 2. la decisión de que la antena (parabólica) de recepción directa desde el satélite podrá tener un diámetro de hasta noventa centímetros.; 3. siendo las posiciones orbitales destinadas a los futuros satélites limitadas (incluso por razones de posibles interferencias), las mismas posiciones fueron atribuidas a países diferentes (veintiocho países sobre cinco posiciones orbitales). LA COBERTURA NACIONAL Dado el actual nivel de la tecnología, los satelites de difusión directa pueden, útilmente, cubrir como máximo una zona variable entre uno y dos millones de kilómetros cuadrados y como mínimo una zona de seiscientos kilómetros nortesur y cuatrocientos kilómetros este-oeste. La decisión de individuar áreas nacionales ha sido, por lo tanto, una decisión de orden político-cultural, no técnico. En base a esta opción y a las frecuencias destinadas a la difusión directa, a cada país europeo le han sido atribuidas las frecuencias suficientes para difundir programas, en su propio territorio y directamente por vía satélite, en cinco canales televisivos (cada canal televisivo puede ser utilizado en sustitución de, aproximadamente, dieciséis canales radiofónicos mono y ocho estéreo). Tan sólo constituyen una excepción los Palies Escandinavos que han obtenido, bajo propia propuesta, tres canales de cobertura nacional cada uno de ellos y dos canales que cubren a la vez toda Escandinavia; también lo es el Estado Vaticano que dispondrá de dos canales, de los cuales uno tendrá cobertura para toda la península italiana. Vaticano aparte, hay que destacar que los otros estados europeos de dimensiones limitadas, como San Marino, Andorra, Mónaco, etc., han obtenido, ellos también, cinco canales televisivos. Esta opción, que es irreprensible desde el punto de vista del derecho internacional, pondrá sobre el tapete, como se verá, algunos interesantes problemas. A pesar de la opción de la cobertura nacional, la abanda~ de emisión del satélite no podrá corresponder a las fronteras de los estados particulares (las zonas cubiertas pueden ser circulares o elípticas), por una serie de razones y oportunidades técnicas. De aquí nace otro problema que abordaremos detenidamente: el del desbordamiento de las áreas de difusión en los territorios limítrofes de los países. Para recibir las señales difundidas por vía satélite no será necesario cambiar los televisores y las radios que se utilizan en la actualidad. Bastará con acoplar una antena especial y una serie de amplificadores, conmutadores, filtros, etc. El tipo de antena necesario está determinado por las altas frecuencias utilizadas y por la débil potencia con la que la señal llega a la superficie terrestre. Por todo ello, la forma más idónea es la de parábola y su diámetro podrá tener los noventa cent'metros (siendo posibles también diámetros inferiores) para las antenas individuales; alrededor de los dos metros, para aquellas antenas que sean colectivas; desde estas últimas, las señales se distribuyen a cada uno de los usuarios vía cable o vía eter y por esta razón se llaman semi-directas. Siendo el satélite de emisión geoestacionario, es decir fijo respecto a la zona abastecida, en el momento de la instalación deberá orientarse en la dirección orbital desde donde se emiten las señales que se quieren (o se pueden) recibir. Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 123 Algunos estudios de mercado han establecido que el precio de los aparatos de recepción individual, para ser «comerciales» tendrán que estar por debajo de la mitad del precio de los televisores de color y tal condición se podrá realizar en una producción del orden de un millón de unidades. Estos precios se rebajarán cuando se construyan televisores ya adaptados a la recepción por vía satélite. Los países europeos han sido divididos, siguiendo determinados criterios, en base a cincoposiciones orbitales (que van desde el 37" oeste al So este). En una zona dada se podrán recibir, con una única antena parabólica, las señales emitidas desde una misma posición orbital y dirigidas (o desbordantes) hacia esa misma zona. Esto quiere decir que para recibir en territorio italiano los programas difundidos por un eventual y apropiado satélite de San Marino, del Vaticano, de Mónaco, países que tienen su propia posición orbital diferente de la de Italia (Malta tiene también una posición diferente), el usuario deberá disponer de una segunda antena. No será éste, en cambio, el caso de los programas alemanes, austríacos, suizos o franceses, en aquellos lugares en los que ellos desbordarán sobre el territorio italiano. A éstos y a otros países (Luxemburgo, Bélgica, Holanda) les ha sido otorgada, de hecho, la misma posición orbital que a Italia; podrá utilizarse en consecuencia una única antena, acoplada, en algunos casos, a aparatos secundarios. PROGRAMA EXPERIMENTAL DE LA AGENCIA ESPACIAL EUROPEA Otro conjunto de datos que nos permite indagar en torno al «futuro tecnológico^ de la radiotelevisión en Europa deriva de los programas ya librados por la Agencia Espacial Europea. De estos programas los que aquí nos interesan se refieren al propulsor Anane y al satélite experimental H-SAT (Heavy Satellite) cuya carga útil permitirá la difusión radiotelevisiva directa. A&ne es un propulsor puesto en estudio en el año 1973 y destinado a dotar a Europa de una capacidad de lanzamiento autónoma para sus propios satélites científicos y de aplicación. Sus caracterkticas permitirán poner en órbita satélites de hasta una tonelada de peso. Si bien el objetivo comercial (y las aspiraciones) es el de que Ariane sea vendido para poner en órbita buena parte de los doscientos satélites geoestacionarios que se prevé serán lanzados en los años ochenta (con este fin los estados miembros de la Asociación Espacial autorizaron a finales del año 1977 la construcción de una aserie de promociónw de seis Ariane), a nosotros nos interesa la serie de cuatro alanzamientos calificadosw y, en particular, el cuarto, previsto para el año 1981, que desde el Centro Espacial de Kouru (Guyana francesa) pondrá en órbita el satélite H-SAT. Con H-SAT empezará de hecho la experimentación trienal de las transmisiones radiofónicas y televisivas directas difundidas sobre el territorio europeo. Para evitar enfrentarnos con aspectos demasiado técnicos nos es suficiente considerar este satélite como una gran caja puesta a treinta y seis mil kilómetros de distancia sobre la línea del Ecuador y resumir aquí sus posibilidades experimentales, teniendo en cuenta que éstas vienen condicionadas por la necesaria compatibilidad entre satélite y lanzador a disposición. Con H-SAT será posible realizar experimentos y demostraciones de radiodifusión directa sonora o visiva sobre dos canales. El primer canal tendrá una potencia de emisión suficiente para permitir la recepción individual de señales televisivas en una zona, a través de aparatos individuales baratos. El segundo canal utilizará una potencia de emisión media que permitirá igualmente la recepción individual directa, pero en una zona más restringida que la precedente, o bien una recepción comunitaria (semi-directa) en una zona más amplia. Las emisiones radiofónicas podrán realizarse en tiempos alternados con las televisivas. De esta forma será posible efectuar sucesivos experimentos en cada país o por grupos de países. Las dos bandas de emisiones podrán después ser orientadas conjuntamente para asegurar una cobertura casi totai de Europa. Llegados aquí, es posible efectuar una primera previsión realista. Si, como nos es lícito pensar, cada estado europeo esperará tener las indicaciones concretas puestas a disposición por los experimentos y las demostraciones de los tres años previstos para la experimentación del H-SAT, en Europa no habrán satélites operativos de difusión directa antes del año 1985. Para valorar las posibilidades futuras en base a datos concretos es necesario dar un repaso a los aspectos económicos de la tecnología que nos viene ocupando. Hemos dicho que, en general, la emisión vía satélite se distingue de la vía tierra, no porque proporcione servicios diferentes, sino por el hecho de que el emisor se Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 125 sitúa en el Espacio y no en la Tierra. En estas condiciones, por lo tanto, el dato que de forma más relevante juega a favor o en contra de uno o del otro sistema de emisión es el económico. Es necesario decir de antemano que en el caso de los satélites los costes actuales son meramente indicativos si van referidos a un futuro sistema operativo; sistema, como se ha visto, del que difícilmente se dispondrá en los países europeos antes del año 1985. Y ello por diferentes variables como son: - el precio de los componentes del satélite que dependen de la dimensión de la producción y de las condiciones del mercado; - la tasa de innovación en los procesos de producción; - el grado de probabilidad que la operación de puesta en órbita del satélite y su funcionamiento posterior tienen en correspondencia a las demandas. Aumentando la duración de vida de un satélite, su seguridad y el número de repetidores que lleva, el coste de un sistema *vía satélites disminuye. En la actualidad, la vida media de un satélite del tipo que nos interesa se sitúa alrededor de los siete-diez años. Pero un sistema de emisión radiotelevisiva precisa que las eventuales interrupciones del servicio sean brevísimas. Esto quiere decir que para un sistema operativo de este tipo es necesario contar como mínimo, con un satélite de reserva ya en órbita, preparado para substituir al que se encuentra *averiado~ y, si la avería se debe a causas no solucionables desde tierra, se precisa otro satélite preparado para ser puesto en órbita. Estableciendo una media, se calcula que para tener las suficientes garantías de que un sistema funcionará durante diez años se necesita contar con cuatro o cinco satélites. Aparte los costes de estudios y puesta a punto, un satélite con dos repetidores (dos canales TV difusión), que pesa unos cuatrocientos cincuenta kilogramos cuesta alrededor de los qilince md milIones de liras; un satélite con cuatro repetidores (setecientos cincuenta kilogramos) sale por veintidós mil midones. El lanzador para el satélite aligero* cuesta alrededor de los quince mil milíones y para el apesados, veintidós milnziIlones. (El lanzador europeo Atiane puede poner en órbita o un satélite del tipo apesados o, con un sólo lanzamiento, dos satélites aligeross). A todo ello hay que añadir la estación de tierra, que asegura la transmisión de las señales desde el estudio televisivo al satélite; su coste puede variar entre los mil trescientos y los mil setecientos millones. ciones y análisis cautos para que desarrolle una función de cara a la unidadeuropea y no se convierta en un mero signo de la abundancia televisiva. El riesgo de que este supercanal europeo, para captar usuarios, retransmita sobre todo acontecimientos deportivos, espectáculos y variedades, existe, y creo que una opción de este tipo haría poco interesante la empresa. Es verdad también que eii aquellos lugares donde los espectadores ya tienen hoy la posibilidad de captar muchos canales televisivos, en diferentes lenguas, el resultado no es ciertamente reconfortante para los defensores de una televisión europea. Aparte del caso italiano, podemos recordar otros dos casos emblemáticos: el belga y el suizo. En Bélgica, gracias a especiales conexiones vía éter y a la televisión por cable que consigue un elevado porcentaje de usuarios, es fácil recibir, a través de un mismo receptor, los programas televisivos ingleses, franceses, alemanes, holandeses y luxemburgueses. Pero varios estudios han demostrado que la mayor parte de estos afortunados usuarios prefiere, entre tantas televisiones extranjeras, la de Luxemburgo. La razón no se debe, claro está, a la calidad o al nivel cultural de los programas, sino al hecho de que cada noche se retransmite una película. Aprovechando la ocasión, la televisión luxemburguesa acompaña sus películas con anuncios publicitarios dirigidos al público belga, en cuya televisión nacional la publicidad está prohibida. El segundo testimonio nos llega desde Suiza (ver la intervención de S. Molo, director general de la radiotelevisión de Berna, en el doc. ESA SP 125), donde conviven tres comunidades linguisticas con un propio canal difundido sobre todo el territorio de la Confederación. Aún existiendo un nivel de escolaridad superior al de los demás paises europeos y a pesar del difundido bilinguismo o trilingüismo, la gran mayoría de los suizos franceses mira programa franceses, y la misma situación se da para los suizos italianos y para los alemanes en relación con los programas en sus lenguas. En el año 1976 los resultados de una encuesta en la Suiza italiana daban los siguientes datos de audiencia: los programas en lengua italiana tenían el 87,6O/0 de audiencia, los alemanes el 5 O/O y los franceses el 1,4 %. Es evidente que en el caso de un canal televisivo europeo el problema de la lengua no será fácil de solucionar. Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 133 CONCLUSIONES Aunque los satélites de difusión directa, como se ha visto, no entrarán en servicio antes del año 1985, al menos en Europa, esta perspectiva plantea una serie de problemas en el plano nacional y en el de la Comunidad Europea, cuya complejidad exige, ya desde ahora, una especial atención. No soy yo quién para formular juicios sobre los sistemas radiotelevisivos de los países europeos y sobre su grado de democraticidad. Sin embargo, es cierto que tales sistemas operan basándose en un modelo elaborado y definido hace ya tiempo. Precisamente en la época en que los aparatos televisivos nacían para ser auténticos aparatos ideológicos de la clase dominante como instrumentos de organización del consenso y de la propaganda en manos de las fuerzas políticas en el poder. Las formas de exclusión, de manipulación, de ocultamiento de importantes realidades son demasiado conocidas para citarlas aquí. Pero está claro que este es el terreno sobre el que hay que trabajar para superar los obstáculos que impiden tan a menudo a la televisión ser un limpio y potente instrumento de la democracia. Si no, los obstáculos y las distorsiones se fortalecerán o se multiplicarán con la introducción de satélites de difusión. Si estos satélites llegan a asumir la función de unzficar los diferentes sistemas radiotelevisivos europeos, es indispensable que las instituciones europeas encuentren las fórmulas idóneas para transformar estos sistemas con un sentido más homogéneo a nivel de control y organización democráticas, y a nivel de participación y libre acceso público. La perspectiva de unificar o integrar, en un cierto grado, los diferentes sistemas radiotelevisivos, prescindiendo de esta homogeneidad democrática, es vana y transformaría la tecnología de los satélites en un reto peligroso para el futuro de Europa Las consideraciones aquí expuestas tienen incluso mayor validez para los sistemas nacionales en los que las consideraciones de orden económico, jurídico y cultural imponen atentos análisis y controles antes de decidirse por la oportunidad de dotarse, al menos en los próximos diez o quince años, de estas nuevas teconologías. En los proyectos espaciales italianos ya está desde ahora previsto un sa~élite de este tipo, pero no tenemos constancia de que hayzn sido realizados los oportunos estudios para comprobar la oportunidad de una opción de este tipo. Mientras otros países se han pronunciado ya, Inglaterra, compañera de desven- turas económicas, después de haber valorado una serie de problemas ligados a la cuestión, ha anunciado que no considera útil conseguir un satélite para su propio sistema radiotelevisivo, al menos antes del año 2000. Democracia y sistemas RTV en el futuro de Europa 135 Publicaciones de la Agence Spatiale Européenne Newsletter, núms. 8-12. Bulletrn, núms. 912. L 'Europe c 'est aussi l'espace, 1977 Anane, le lanceur de l'Europe, 1977 Satellite Broadcasting, E S A S P 12 2 Direct Satellire Broadcasting , ESA SP 125 Publicaciones de la Union Européenne de Radiodiffusion UER Revue, Vol. xxviii, 1977 UER Revue, Vol. xxix, enero-mayo 1978 Publicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones Telecommunication Journd, Vol. 44, 1977 Telecomunication Journd, Vol. 45, enero-mayo 1978 Publicaciones RAI Radiotelevisión Italiana Relación y Balance Ejercicio 1976 Air et Cosmos núm. 654, 1977 núm. 658, 1977 núm. 673, 1977 núm. 714, 1978 núm. 717, 1978 núm. 720, 1978 DON R. LE DUC, Direct Broadcasting Satellite Service, in Satellite Communications. febrero 1978. WALTER MCGRAW. Toward the Public Dividend: a Report on Satellite Telecommunications and the Publzc Interest Satellite Association, New York, The Public Interest Satellite Association. 1977. BENNO SIGNITZER, Regulation of Direct, Broadcasting fiom Satellites, New York, Praeger, 1976. DEMOCRACY AND RADIOTELEVISION SYSTEMS IN THE FUTURE OF EUROPE In this article, Giuseppe Richeri forecasts what, in bis opinion, based on data, the technological future of radiotefevision could be in Europe. It is ovious that overland radiotelevision systems are tending to give way to satellite-relayed systems and this will modify the structures of the present forms of communications. Logicalij, this change implies a senes o f aa'vtzntages and dsadvantages, which Richen' carefully analyses in their economic and functionaf aspects. One of the points the author considers in more detail is the role to be played by nationaf radiotelevision systems relayed by sateffite zn a future united Europe in the event of a supranational channel being developed. The probfems posed by such a prospect do not go unnoticed. In particular, as long as the present radiotelevision systems in Europe do not improve in quality, the alternative satellite-relayed systems are more of a n>R than a deszrabLe expenence. According to Richeri, a real democratizatz'on of radiotelevision wouldlay the foundations for the new technological honzon expected for the eighties, othenuise, satelfites will be used as an instrument of power, with a negative role.