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Historia, filosofía y enseñanza de las ciencias : la aproximación actual

Matthews, M. R.

Abstract

This paper traces the use of, and arguments for, the history and philosophy of science in school science courses. Specific attention is paid to the British National Curriculum proposals and to the recommendations of the US Project 2061 curriculum guidelines. Some objections to the inclusion of historical material in science courses are outlined and answered. Mention is made of the Piagetian thesis that individual psychological development mirrors the development of concepts in the history of science. This introduces the topic of idealisation in science. Some significant instances are itemised where science education has, at its considerable cost, ignored work in philosophy of science. Arguments for the inclusion of the history and philosophy of science in science teacher etlucation programmes are given. The paper finishes with a list of topical issues in present science education where collaboration between science teachers, historians, philosophers, and sociologists would be of considerable benefit.

Full text

HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENClIAS HISTORIA, FILOSOFÍA Y ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS: LA APROXIMACI~N ACTUAL* MATTHEWS, M.R. Education Department, Auckland University, Auckland, New Zealancl. SUMMARY This paper traces the use of, and arguments for, the history and philoso~lhy of science in school science courses. Specific attention is paid to the British National Curriculum proposals and :o the recommendations of the US Project 2061 curriculum guidelines. Some objections to the inclusion of historical material in science courses are outlined and answered. Mention is made of the Piagetian thesis that individual psycholog. cal development mirrors the development of concepts in the history of science. This introduces the topic of idealisation in science. Some significant instances are itemised where science education has, at its considerable cost, ignored work in philosophy of science. Arguments for the inclusion of the history and philosophy of science in science teacher etlucation programmes are given. The paper finishes with a list of topical issues in present science education where collaboration between science teachers, historians, philosophers, and sociologists would be of considerable benefit. En 1986 se publicó un trabajo titulado «Science las ciencias e5tá enormemente separada de las discipli- Education and Philosophy of Science:Twenty-five Years nas de historiii y filosofía de la ciencia. En los últimos ofMutually ExclusiveDevelopment~~ (Duschl1986).En cinco años ha habido un acercamiento significativo él se daba cuenta de que la evolución de la enseñanza de entre estos c,impos. Cada vez más, la historia y la ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2), 255-277 255 filosofía de la ciencia se van incorporando a la teoría y especialmente a la práctica de la enseñanza de las ciencias. Dada la bien conocida crisis contemporánea de la enseñanza de las ciencias -reflejada en la huida del aula de ciencias, tanto de profesores como de estudiantes, y en la alarmante cifra de analfabetismo científico (Matthews 1988)- estas iniciativas son oportunas. La American National Science Foundation denunció que «los programas nacionales de ciencias, matemáticas y tecnología en la educación secundaria habían decaído en calidad y extensión, hasta tal punto que ya no respondían a las necesidades nac;ionales. Un recurso singular americano ha sido agotado)) (Heilbron 1987, p. 556). La historia, filosofía y sociología de la ciencia no tienen todas las soluciones para esta crisis pero sí tienen algunas respuestas: pueden humanizar las ciencias y acercarlas más a los intereses personales, éticos, culturales y políticos; pueden hacer las claseh más estimulantes y reflexivas, incrementando así las capacidades del pensamiento crítico; pueden contribuir a una comprensión mayor de los contenidos científicos; pueden contribuir un poco a superar el «mar de sinseritidos» en que un comentarista dijo se habían engolfado las clases de ciencias, donde se recitaban fórmulas y ecuaciones, pero donde pocos conocían su significado; pueden mejorar la formación del profesorado contribuyendo al desarrollo de una epistemología de la ciencia más rica y más auténtica, esto es, a un mejor conocimiento de la estructura de la ciencia y su lugar en el marco intelectual de las cosas. Este último punto es el de partida de la clase de disciplina cognitiva que Schulman (1987), y antes que él, pero olvidado durante mucho tiempo, Scheffler (1970), había pedido que promovierati los programas de formación del profesorado. Hay algunos aspectos destacables en este acercamiento. El más significativo, con mucho, es la inclusión de contenidos de historia y filosofía de la ciencia en varios currículos educativos nacionales. Así sucede en el currículo nacional de ciencias de Inglaterra y Gales, en las recomendaciones para las ciencias en la enseñanza secundaria en el proyecto americano 2061, en el currículo educativo nacional danés y en los materiales curriculares del PLON holandés. No se trata de la inclusión de HFC (historia y filosofía de la ciencia) como un ítem más de los contenidos, sino más bien la incorporación general de temas de HFC a las expectativas de los contenidos y enseñanzas de los currículos. Los currículos de ciencias han incluido normalmente una sección titulada «The Nature of Science)). Ahora se presta más atención a estas secciones y cada vez más se reconoce que la historia, filosofía y sociología de la ciencia contribuyen a una comprensión mejor, más completa y más rica de los asuntos planteados en esas secciones. Una mayor apertura para la contribución histórica y filosófica a la enseñanza de las ciencias se da en la amplia difusión de programas de ciencia, técnica y sociedad (CTS) tanto en la secundaria como en universidades. Estos avances tienen significativas implicaciones en la formación del profesorado2. Hay otras muestras o indicios de este acercamiento. Uno de ellos ha sido la celebración del primer congreso internacional sobre «HFS and Science Teaching)) en la Universidad del estado de Florida, en noviembre de 19893. Otro, la serie de congresos patrocinados por la European Physical Society sobre «History of Physics and Physics Teaching)) en Pavía (1983), Munich (1986), París (19881, Cambridge (1990) y Madrid (1992)" Un tercero ha sido el congreso organizado por la British Society for the History of Science sobre «History of Science and Science Teaching~ celebrado en la Universidad de Oxford en 1987 (Shortland y Warick 1989). Estas actividades han producido cerca de 350 trabajos educativos sobre la materia, así como una cantidad considerable de material de enseñanza tratado histórica y filosóficamente. Además, la American National Science Foundation ha comenzado ahora dos programas para introducir la HFC en la enseñanza de las ciencias en escuelas e institutos. Algunos programas de formación de profesores de ciencias en EEUU han hecho materia obligatoria la HFC. El estado de Florida ha hecho que sea necesario completar un curso de HFC para poder acreditarse como profesor de ciencias. Los defensores de la HFC en la enseñanza de las ciencias están defendiendo, de algún modo, una versión acontextualizada)) de la enseñanza de las ciencias. Es decir, una enseñanza de las ciencias que enseñe ciencias en su contexto social, histórico, filosófico, ético y tecnológico. En parte, esto es una reelaboración del viejo argumento: la enseñanza de las ciencias debería ser una enseñanza sobre la ciencia, así como en la ciencia. Usando la terminología del currículo nacional británico, loa estudiantes de ciencias en la secundaria deberían aprender algo sobre «la naturaleza de la ciencia)), así como el contenido de la ciencia propiamente dicha. Las discusiones o acercamientos están repitiendo de maneras diferentes las recomendaciones que comenzaron con Machs al final del siglo XIX y fueron repetidas por Duhem a principios del xx. Tales recomendaciones han sido hechas nuevamente por autores como Nunn, Conant, Holton, Robinson, Schwab, Martin y Wagenstein. Pueden consultarse en numerosos informes británicos y americanos. Cuando se publica cualquier artículo sobre HFC y enseñanza de las ciencias, vale la pena comentar el nuevo currículo nacional británico de ciencias y el proyecto americano AAAS 2061, porque muestran claramente las implicaciones del citado acercamiento en el aula y en los programas. El primero es un curso ya implantado; el segundo es un conjunto de propuestas comprensivas, planificado hace tiempo para un nuevo currículo de ciencias americano. La introducción del British National Curriculum Council en el núcleo de HFC del curso (que constituye casi el 5% del programa total), dice que los alumnos deberían mejorar su conocimiento y comprensión de las formas con que cambian las ideas científicas a través del tiempo y cómo la naturaleza de estas ideas y los usos a que se aplican son afectados por los contextos social, moral, ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) espiritual y cultural donde se desarrollan (NCC 1988, p. 113). Como un ejemplo del tipo de habilidades y de comprensión que el NCC intenta promover en el nuevo currículo, podrían ser instructivas sus manifestaciones sobre las aptitudes de los estudiantes de 4-16 años. Deberían ser capaces de: - distinguir entre exigencias y argumentos basados en evidencias y datos científicos y los que no lo están; - considerar cómo el desarrollo de una idea o teoría científica concreta se relaciona con su contexto histórico y cultural, incluyendo el espiritual y el moral; - estudiar ejemplos de controversias científicas y las formas en que las ideas científicas han cambiado. La American Association for the Advancement of Science (AAAS) propuso en 1985 un amplio estudio nacional, proyecto 2061, encaminado a elevar el interés por la ciencia en escuelas e institutos. En 1989, después de cuatro años de deliberaciones y consultas, fueron publicadas sus recomendaciones en un informe titulado ((Science for Al1 Americans» (AAAS 1989). El proyecto 2061 estaba al margen de las deliberaciones del británico NCC, pero hay una coincidencia considerable respecto a la necesidad de que las ciencias en la primaria y en la secundaria estén más contextualizadas, sean más históricas y más filosóficas o reflexivas. ((Science for Al1 Americans» consta de doce capítulos con las recomendaciones para las ciencias en escuelas e institutos del National Council On Science and Technology Education. El capítulo uno es sobre «The Nature of Science». Trata de las discusiones sobre objetividad; mutabilidad de la ciencia; posibles formas de distinguir la ciencia de la seudociencia; la evidencia y su relación con la teoría de la justificación; el método científico; explicación y predicción; ética, influencia social y la organización social de la ciencia. El propósito es que esos temas sean desarrollados y discutidos dentro de los cursos de ciencias y que los alumnos que acaban los estudios de ciencias primarios y secundarios sepan algo de ellos; no se trata de que dichos temas sean añadidos a los cursos de ciencias y que HFC sustituya conocimientos de contenido científico. La introducción al capítulo diez sobre «Historical Perspective» dice: «Entre las recomendaciones hay dos razones principales para incluir algún conocimiento de historia. Una razón es que las generalizaciones sobre cómo procede la empresa científica quedarían vacías sin ejemplos concretos». Continúa diciendo: «Una segunda razón es que algunos episodios en la historia del esfuerzo científico son de importancia capital para nuestra herencia cultural. Tales episodios incluyen, sin duda, el papel de Galileo en el cambio de nuestra percepción del lugar que ocupamos en el universo.» El artículo dedica página y media al episodio de Galileo, «Displacing the Earth from the Center of the Universe». Tiene un tratamiento documentado y sugestivo sobre evidencias ai,tronómicas, el papel de la percepción sensorial, modelos matemáticos, realismo e instrumentalismo, metafísica, ti:cnología, retórica y teología. Trata otros episodios históricos de una forma similar. Tanto en la:; propuestas de los currículos británicos como en las del americano, no se pretende que una retahila de conclusiones sobre ciencia sea reemplazada por una retahila de conclusiones sobre HFC. Nadie espera que lo P niños resuelvan el debate realismo-instru- mentalismo, ni que aprendan, como si fuera el catecismo, que había quince razones por las que Galileo tenía razón y los cardenales estaban equivocados. Lo que se espera realmente es que capten algo de los aspectos intelectuales que están en juego en estos asuntos, que capten que t ay preguntas a hacer y que comiencen a pensar no sól~ en las respuestas, sino sobre lo que podría considerarse como respuesta y qué tipos de evidencias pueden respaldar nuestras respuestas. La conversión de los proyectos curriculares, en realidad, en el aula requerirá nuevas guías de evaluación y práctica, nuevos materiales de enseñanza y, sobre todo, la inclusión de cursos de HFS apropiados a los cursos de formación de: profesores. También requerirá, como explícitamente se afirma en las propuestas del proyecto 2061, que se rebajen los contenidos de los currículos ((hinchados y desnutridos» (AAAS 1989, p. 14). Un estudio del programa escolar de biología del estado de Nueva York muestra la dimensión de este problema: a los profesore:, se les exige introducir 1440 nuevos términos y conceptos científicos en un año (Swift 1988). Ahora se aprecia mejo:- lo que Mach defendía hace un siglo: «Creo que la cantidiid de materia necesaria para una enseñanza útil [...] es inuy pequeña [...] No conozco nada más terrible que las pobres criaturas que han aprendido demasiado [...] Lo que han adquirido es una maraña de pensamiento:, demasiado débil para proporcionar soportes seguros, pero lo bastante complicada como para producir confusión» (Mach 1943, p. 366). LA HISTORIA EN EL CURRÍCULO DE CIENCIAS En Gran Bretaña ha habido una larga, aunque limitada e irregular, tradición de incorporar la historia de la ciencia a la enseñanza de las ciencias. Esto ha sido bien documentado por Edgar Jenkins (1989,1990) y W. J. Sherratt (1982,1983). Según Jenkins, la primera referencia clara data nada me nos que de 1855, en el discurso presidencial del duque de Argyll en la British Association for the Advancemen t of Science, donde dijo:»Lo que buscamos en la formación de los jóvenes no es tanto los meros resultados como los métodos y, sobre todo, la historia de la ciencia» (Jenkins 1989, p. 19). La BAAS repitió estos llamamiento!; en su conferencia de 19 17 donde remarcó que la historia de la ciencia proporcionaba una solución a esa barrera artificial entre los estudios literarios y científicos, que establecen los horarios escolares (Jenkins 1989, p. 19). Mach y otros influidos por él también argumentaron que para comprender un concep- to teórico era necesario comprender su desarrollo histórico; el conocimiento era necesariamente histórico. Mach en su obra ya clásica de 1883 decía que: ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) 257 «La investigación histórica del desarrollo de la ciencia Gerald Holton fue consiguientemente cooperador a1 dees de lo mas necesario, salvo que los principios atesorados sarrollar a comienzos de los años 60, con Stephen Brush, en ella se conviertan en un sistema de preceptos a medio Fletcher Watson, James Rutherford y otros, el Harvard entender, o lo que es peor, en un sistema de prejuicios. Project Physics Course para la enseñanza secundaria. La Lainvestigaciónhistóricano sólopromuevelacomprensión conexión Conant-Harvard continuó a lo largo de los años de lo actual, sino que también nos proporciona nuevas 80 con el nombramiento de James Rutherford como posibilidades» (Mach 1883-1960, p. 3 16)6. director del programa Proyecto 2061 de la AAAS. Nunn y orros educadores con mentalidad histórica argumentaron lo mismo en el período entre guerras. Varios tribunales de exámenes prepararon diferentes cursos de historia de la ciencia, pero hacia 1980 el número de candidatos que se presentaba era exiguo. Con anterioridad al Currículo Nacional, la historia de la ciencia encontró un lugar en los programas Nuffield y en los cursos SISCON y SATIS, recientemente introducidos. Entre 1970 y 1980, la British Association for Science Education, en algunos de sus informes (Alternatives for Science Education 1979, Education through Science 198 l), recomendaba con insistencia la incorporación de más material histórico y filosófico en el currículo de ciencias. Un problema que reconocían era que los profesores no estaban adecuadamente preparados para enseñar esta ciencia contextual. En su informe de 1963 (The Training of Graduate Teachers), se dice, de los profesores graduados, que «muchos actúan y piensan científicamente, como resultado de su preparación, pero carecen del conocimiento de la naturaleza y objetivos básicos de la ciencia» (p. 13). Este punto fue tratado nuevamente en un artículo de 1981 sobre el lugar de la filosofía de la ciencia en la formación del profesor de ciencias británico (Manuel 1981). En Estados Unidos, después de la segunda guerra mundial, la historia de la ciencia figuró de forma destacada en cursos universitarios de ciencias para no científicos. La influencia del presidente de la Universidad de Harvard, Janies B. Conant, fue dominante puesto que sus aproximaciones históricas -los casos-estudio- fueron ampliamente adoptados. Los desarrolló mientras estaba al cargo de la educación general de estudiantes de bachillerato en Harvard y los popularizó en una serie de informes oficiales y en bestsellers de bolsillo, siendo el más conocido Understanding Science: An Historical Approach (1947). Sus dos volúmenes Haward case Histories in Experimental Science (1957) se convirtieron en el libro de texto de muchos cursos de ciencias. La influencia de Conant no puede ser sobreestimada. Kuhn dice que Conant fue «quien primero me introdujo en la historia de la ciencia y así inicié la transformación de mi cor,cepción de la naturaleza del progreso científico» (Kuhn 1970 p. XI); la relación de Kuhn con Conant está relatada en Merton (1977, pp. 81-89). Las subsiguientes transformaciones postkuhnianas en historia y filosofía de la ciencia son bien conocidas. Gerald Holton admite algo similar y, como Kuhn, dice que la experiencia de ser un científico que, de repente, tuvo que impartir un curso en Harvard de educación general, montado en torno a la historia de la ciencia, fue una experiencia paulina. Leo Klopfer adoptó los casos-estudio de Harvard para su uso en escuelas e institutos y fueron probados con un éxito considerable (Klopfer y Cooley 1963). Bernard Cohen, el destacado historiador de la ciencia de Harvard, también defendió la introducción de material histórico en los programas universitarios de ciencias. Organizó un simposio sobre este asunto en la conferencia anual de 1950 de la American Association of Physics Teachers. Contribuyó con la conferencia principal «A Sense of History in Science» (1950), donde abordó algunos tratamientos convencionales de episodios históricos e indicó las numerosas inexactitudes cometidas en ellos. Extendió la distorsión de datos históricos hasta la física del siglo xx. Citó las referencias comunes, pero equivocadas, de los experimentos de J. J. Thompson para determinar la relación elm. Cohen recomienda un mejor conocimiento de la historia de la ciencia, aconseja a los profesores que intenten escribir historia y sostiene que un sentido histórico hará las lecciones «más ricas y más profundas y de un mayor interés para C...] los estudiantes». Sin embargo, y esto está bien documentado (Duschl 1985), las grandes reformas curriculares de ciencias de los años 60 se realizaron, en gran parte, sin la participación de historiadores ni filósofos de la ciencia (podría decirse que en muchas de ellas se procedió sin contar siquiera con los maestros de escuela y profesores). Hubo dos excepciones notables. Una fue el ya mencionado Harvard Project Physics Course; la otra, las versiones del American Biological Science Curriculum Study (BSCS). El Harvard Project Physics Course que en su mejor momento fue seguido por casi el 15% de los estudiantes de física de secundaria de los Estados Unidos, ha sido el currículo educativo de ciencias basado en principios históricos y relacionado con la dimensión cultural y filosófica de la ciencia que más ampliamente se ha implantado en Estados Unidos. Su éxito en mantener estudiantes, involucrar mujeres en los cursos de ciencias, desarrollar habilidades de pensamiento crítico y alcanzar récords en la superación de exámenes, ha servido de apoyo para los actuales defensores de HFC. Este testimonio está reseñado en Aikenhead (1974), Holton (1978), Russe11 (1981), Brush (1989) y en el simposio sobre proyectos de física en The Physics Teacher, 5 (2), 1967. Las enseñanzas sacadas de los fallos de los proyectos de física son también instructivas, en particular el fallo esperado para familiarizar adecuadamente a los profesores con HFC, de manera que pudieran enfrentarse con el currículo de forma abierta y crítica. Esto ha sido identificado ya como un problema serio para la implementación del componente sobre la «naturaleza de la ciencia» en el British National Curriculum (NCC 1988, p. 21). El BSCS se fundamentó en las ideas del educadorbiólogo-filósofo J. J. Schawb7, quien promovió la doctrina pedagógica de la «ciencia como indagación». Schawb escribió el Teachers 'Handbook para el currículo del BSCS ENSENANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) y en él defendía la aproximación histórica diciendo que «la esencia de la enseñanza de la ciencia como indagación podría mostrar algunas conclusiones científicas en la forma en que surgen y son comprobadas [...] incluyendo también un tratamiento adecuado de las dudas y limitaciones de la ciencia» (1963, p. 41). La historia también es defendida porque ((concierne al hombre y a los sucesos más que a las concepciones mismas. Existe un lado humano en la indagación» (1963, p. 42). A principios de los años 60 la International Comission on Physics Education defendió la utilidad de la historia de la física en la enseñanza de la física. En 1970 tuvo lugar un simposio sobre este asunto en el MIT, bajo la dirección de Stephen Brush y Allen King. Las actas fueron publicadas (Brush y King 1972), y constituyen un auténtico reto, según Klein, para cualquier proyecto sobre utilización de la historia de la física en la enseñanza de la física. Esto será comentado en la sección siguiente. En los años 70 la American Physical Society estableció una sección de Historia de la Física, y al mismo tiempo la History of Science Society estableció un Comité de Educación. Ambos han continuado su actividad en materia educativa. Stephen Brush ha influido en ellos, produciendo numerosos estudios históricos para su uso en el aula8. La historia de la química en US ha sido siempre más marginal para la pedagogía que la historia de la física o de la biología. Ha habido numerosas propuestas para que la historia de la química se incluya en la enseñanza de la química; esto estábien documentado en Kaufmann (1989). En otros países, la historia de la ciencia ha tenido la misma variedad de incidentes en la pedagogía de la ciencia. Breves informes de las experiencias europeas se pueden encontrar en las publicaciones de Thomsen (1986). Teichmann en el Deutsches Museum de Munich ha reproducido experimentos históricos y propuesto notas e instrucciones para profesores; un esfuerzo similar ha realizado Bevilacqua y colaboradores en la Universidad de Pavía. Krasilchik (1990) comenta una interesante aproximación al tema en Brasil; Tamir (1989) comenta la situación en Israel. LA HISTORIA BAJO CRÍTICA La tradición contextualista afirma que la historia de la ciencia mejora la enseñanza de las ciencias porque: 1) motiva e interesa a los alumnos; 2) humaniza los contenidos; 3) proporciona una mejor comprensión de los conceptos científicos mostrando su desarrollo y perfeccionamiento; 4) tiene un valor intrínseco la comprensión de ciertos episodios cruciales en la historia de la ciencia: revolución científica, darwinismo, etc; 5) demuestra que la ciencia es mutable y cambiante y que, en consecuencia, el conocimiento científico actual es susceptible de ser transformado; lo que 6) de esta manera, combate la ideología cientifista; y finalmente 7), la historia permite un conocimiento más rico del método científico y muestra las pautas del cambio de la metodología aceptada. En 1970, en la antes mencionada conferencia MIT, estas justificacion~:s sobre la historia fueron atacadas desde dos frentes: e:n primer lugar, se dijo que la única historia posible en ciirso de ciencias era pseudohistoria; en segundo lugar, se dijo que exponer la historia de la ciencia debilitaba las convicciones científicas necesarias para conseguir can éxito el aprendizaje de las ciencias. El primer caso f ue argumentado por Martin Klein (1972); el segundo fue, en parte, favorecido por el análisis hecho en el clásico de Thomas Kuhn The Structure of Scientific Revolutions (1" ed. 1962, 2" ed. 1970). El argumento de Klein era que los profesores de ciencias (particu1armc:nte los de física) seleccionan y usan materiales históric:os más allá de los propósitos científicos o pedagógicos: «Estamos, en otras palabras, planificando seleccionar, organizar y presentar estos materiales históricos no históricamente, quizás incluso antihistóricamente. Esta es una empresa muy azarosa, si estamos preocupados tanto por la integridad y calidad de la historia que enseñamos crsmo por la física» (Klein 1972, p. 12). Continúa diciendo: «Una razón que dificulta conseguir que la historia de la física sirva a las necesidades de la enseñanza de la física es la diferencia esencial entre las perspectivas del físico y del historiiidor [...] Así, es difícil imaginar la combinación entre la rica complejidad de hechos, a los que el historiador aspira, con la visión simple y precisa que el físico busca)) (Klein 1972, p. 16). Su conclusiC~n es que, si una buena enseñanza de la ciencia está históricamente informada, entonces sólo tendrá la posibilidad de usar mala historia. Prefiere prescindir de la historia ante una mala historia. Whitaker (1979) fue aún más lejos en un artículo titulado «History and Quasi-history in Physics Education~. Su preocupación era identificar las constmcciones preferentes de historia para adecuar no sólo los fines pedagógicos sino los fines de ideología científica también, o la visión de la ciencia :sostenida por el escritor. Estos casos abundan en los 1ib::os de texto. Uno que ha sido muy discutido es la exp1icac:ión muy difundida de cómo la teoría de la relatividad especial de Einstein fue suscitada por el ~sultado nulo del experimento de Michelson-Morley. Este es un mito de inspiración popperiana. Otro mito es la visión generalizada de que el postulado del fotón de Einstein sigu..ó a los experimentos del efecto fotoeléctrico, mejor quc: precedió a los experimentos. Entre otros innumerable$, ejemplos, hay uno en las primeras páginas del libro de i:exto del PSSC que describe el descubrimiento de Galileo de la ley de isocronía del péndulo cronometrando el balanceo del candelabro de la iglesia de Pisa. Esta tludosa explicación es utilizada por el PSSC como el verdadero modelo de metodología científica. Los problem,as que plantea se comentan en Matthews (1987). Whitaker hatla de la «casi historia)) como el «resultado de numeroso!; libros de autores que han sentido la nece- ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS sidad de dar vida a sus explicaciones de [estos episodios] con un poco de contenido histórico, pero que de hecho han reescrito la historia acomodándola paso a paso con la física» (Whitaker 1979, p. 109). «Casi historia» no es exactamente la pseudohistoria de Klein, o historia simplificada, donde es probable que se produzcan fallos por omisión, o donde el relato podría quedar por debajo del sublime dicho: «la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad». Esto es parecido a las «reconstrucciones racionales» de la historia de Lakatos (1978), donde la historia está escrita para apoyar una versión particular de la metodología científica y donde las figuras históricas están pintadas con los colores de la metodología ortodoxa común. «Casi historia» es un asunto complejo. Sabemos que la objetividad en la historia es, en principio, imposible: la historia no se presenta tal cual es a los ojos del espectador; tiene que ser construida. Los materiales y fuentes han de ser seleccionados; las cuestiones han de ser formuladas; han de tomarse decisiones sobre las contribuciones relevantes de factores internos y externos en el cambio científica. Todos estos aspectos están influidos por las opiniones; sociales, nacionales, psicológicas y religiosas del historiador. Y lo que es más importante, están influidas por la teoría de la ciencia, o la filosofía de la ciencia, sostenida por el historiador. Así como la teoría de un científica afecta a cómo ve, selecciona y trabaja su material, también la teoría de un historiador afecta a cómo ve, selecciona y trabaja el suyo. Como mucha gente ha dicho, si la filosofía de la ciencia está vacía sin historia de la ciencia, la historia de la ciencia sin filosofía de la ciencia está ciegag. La historva de la interpretación de los logros y la metodología de Galileo y las traducciones de sus trabajos ilustran el problema de cómo la teoría afecta la forma en que los hechos y documentos históricos son considerados. Para los filósofos y científicos del siglo XIX, Galileo era un inductivista y empirista. William Whewell dice de él que «quizá tenía una inclinación predominante hacia los hechos, y no sentía tanto como otros personajes de su tiempo la necesidad de reducirlos a ideas» (1840, 1947, p. 220). David Brewster en 1830 lo veía como una figura baconiana y afirmaba que se podían encontrar en sus trabajos «los pricipios de lafilosofíainductiva» (Finocchiaro 1980, p. 152). Cuando el positivismo estaba en auge, se presentaba a Galileo en los textos como un positivista. Mach dice que «Galileo no nos suministró una teoría de la caída de los cuerpos, sino que investigó, sin ninguna opinión preconcebida, el hecho real de la caída» (Mach 1883, 1960, p. 167). En los años 30 cayó una bomba sobre la interpretación empirista de Galileo cuando Alexandre Koyré anunció que Galileo era realmente platónico (1939, 1943). La historia de la interpretación platónica ha sido comentada en McTighe (1967). La visión racionalista de Galileo de William Shea (1972) tiene mucho en común con la de Koyré. Pero empirismo y racionalismo no agotan todo el campo interpretativo. William Wallace ha escrito una serie de estudios situando a Galileo en la tradición escoliistico-aristotélica (1981, 1984); uri punto de vista sugerido en el estudio de la Escuela (le Padua por Randa11 (1940). La imagen que surge de los muchos artículos y libros de Stillman Drake (1978, 1980) es la de un Galileo como paciente experimentalista. Es bien conocida la reciente interpretación anarquista, o dadaísta, de Galileo por Paul Feyerabend: para él, Galileo es la pieza clave en contra de la primacía de un único método científico (1975). Un comentarista de los trabajos comparados de Koyré y Drake escribió: «El Galileo de Koyré parecía habitar un mundo enormemente filosófico de platonismo, copernicanismo, racionalismo y experimentos mentales. Por otra parte, el Galileo de Drake es más activo y menos contemplativo [...] un agudo observador, experimentador e inventor [...] Estas considerables diferencias en las conclusiones de Drake y Koyré proceden, en gran medida, de las diferencias de sus propios estilos de estudio e investigación (Mac Lachlan 1990, p. 124). Que una interpretación de un texto o de un hecho refleja las opiniones de la época o del intérprete ya fue señalado al final del siglo XIX por estudiosos bíblicos, la escuela crítica de Renan y otros. La monumental obra de Albert Schweitzer The Quest for the Historical Jesus (1910), después de comentar la historia de las imágenes y teologías sobre Jesús, concluyó que «cada época y cada individuo construyen vidas de Jesús a su propia imagen». Una conclusión reproducida sesenta años más tarde es cuando el evangelista americano Billy Graham afirmó que «Jesús fue el más grande manager general que el mundo ha conocido». La traducción de la obra de Galileo estuvo también comprensiblemente afectada por los presupuestos de su traductor. Bernard Cohen ha llamado la atención sobre la totalmente gratuita inclusión, como experimento, en Discourse on Two New Sciences traducido por Crew y Salvio (1977), donde Galileo dice que ha descubierto algunas propiedades del movimiento desconocidas hasta entonces. Peter Machamer (1978) cita que la traducción de Drake del mismo trabajo interpreta la «razón» de Galileo como «norma», cuando el texto original da a entender «causa formal». Como Drake creyó que Galileo había abandonado la noción de causa final, no es sorprendente que el término no haya sido traducido así. El problema es, por supuesto, más profundo que simplemente la interpretación que sigue a la percepción. Bacon, hace mucho tiempo, en su discusión sobre los «ídolos de la mente» reconocía cómo supuestos personales y culturales, incluyendo el lenguaje, afectan la imaginación y el conocimiento. Bacon dio un consejo empirista, diciendo que deberíamos reducir al mínimo el conjunto de esas influencias y ver el mundo cómo es realmente. Ahora este consejo se reconoce como algo muy simplista: no sólo la literatura, la historia y la política, sino también la ciencia natural tienen su problema hermenéutico, una consideración defendida por Toulmin (1983) y Markus (1987). El sin duda ortodoxo historiador de la ciencia, A. C. Crombie, en su trabajo aPhilosophica1 Presuppositions and Shifting Interpretations of Galileo~ (1981), reconoce la necesidad de una interpretación hermenéutica de la historiografía de la ciencia. ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) El segundo cargo aducido contra la historia de la ciencia genuina, en los cursos de ciencias, era que puede minar el espíritu del científico neófito. Este cargo fue interpuesto por Thomas Kuhn, entre otros. En un ensayo de 1959 sobre educación científica y sus efectos psicológicos e intelectuales decía: «La característica más destacada de esta educación es que, con una extensión inusual en otros campos creativos, está totalmente dirigida a través de los libros de texto [...] no se anima a los estudiantes de ciencias a leer los clásicos de historia de sus respectivos campos, trabajos en los que podrían descubrir otras formas de ver los problemas discutidos en los libros de texto [...] queda como una iniciación dogmática en una tradición preestablecida» (Kuhn 1959, 1977, pp. 228-229). Khun dice que esta iniciación es necesaria porque «ninguna parte de la ciencia ha progresado tanto o tan rápidamente antes de que esta educación convergente [...] fuera posible» (p. 237). Kuhn adelantó estas ideas sobre la virtud de una enseñanza conformista de la ciencia, en su enormemente influyente The Structure of Scientific Revolutions, donde dice que, en la clase de ciencias, la historia de la ciencia debería ser distorsionada y los científicos anteriores deberían ser presentados trabajando los mismos problemas que los científicos modernos (1970, p. 138). Esta distorsión pretende conseguir que el aprendiz de científico se sienta parte de una tradición de búsqueda exitosa de la verdad: «...los libros de texto comienzan así por truncar el sentido del científico sobre la historia de su disciplina, proporcionando un sutitutivo de lo que en ellos se ha eliminado» (p. 137). Stephen Brush amplió el cargo de Kuhn en su «Should the History of Science be Rated X?» (1974). En él sugiere que la historia de la ciencia podría tener una mala influencia en los estudiantes, porque socava tanto las certezas del dogma científico como la utiiidad para mantener el entusiasmo de los aprendices. El sugiere, quizá hablando burlonamente, que la historia de la ciencia debería restringirse a audiencias científicas maduras. Las objeciones de Kuhn pueden remontarse a las reacciones ante la concepción instrumentalista de la ciencia de Poincaré, a principios de este siglo. Heilbron cuenta que el presidente de la British Association for the Advancement of Science, en 1901, dijo, sobre la teoría de la ciencia de Poincaré, que, «si la confianza en que sus métodos son armas con las que él puede abrirse paso haciala verdad fue tomada de los instrumentos científicos, la paralización de éstos empeñados en una tarea sin esperanza recaería sobre él» (Heilbron 1983, p. 178). Las objeciones de Klein-Kuhn son serias, pero sus puntos principales pueden adaptarse sin desechar la historia en los cursos de ciencias. En pedagogía, como en la mayor parte de las cosas, la materia necesita ser frecuentemente simplificada. Esto es verdad tanto para la historia de la ciencia como para la economía o para la ciencia misma. El hecho de que se simplifique la historia de la ciencia no es un golpe concluyente contra ella. La tarea pedagógica es producir una historia simplificada que ilustre la materia, pero sin que sea una caricatura del proceso histtirico. La simplificación estará adecuada a la edad del grupo al que se enseña y al currículo que se presenta. La historia y la ciencia pueden complicarse a medida que la situación educativa lo exija. El problema de una gran distorsión se aborda mejor con una buena presentación de HFC en la formación del profesorado antes y durante el ejercicio activo: la mayor parte de las distorsiones se hacen de buena fe. El problema hermenéutico de la. interpretación de la historia de la ciencia, lejos de ser una barrera o un impedimento para el uso de la historia, puede ser la ocasión para introducir a los estudiantes t:n los aspectos significativos sobre cómo leer textos e iriterpretar hechos, en los complejos problemas de la significación: los estudiantes saben, desde su vida cotidiana, cómo la gente ve las cosas de forma diferente, la historia de la ciencia es un vehículo natural para ilustrar cómo este hecho sucede en la ciencia misma. Un pastel se prueba comiéndolo. Los estudios históricos han mostrad^^ su valor para los profesores de ciencias: Arons (1988 ), Pumfrey (1989), Bevilacqua (1990) y los Proceedings de 1983, 1986, 1988 y 1992 de las conferencias de 121 European Physical Society contienen la clase de historia de la ciencia aplicada y pedagógicamemte útil que H~ilbron recomienda que sea hechacolaborando historiadores y educadores. No hay evidencia de que tales aproxiniaciones hayan disminuido el conocimiento científico; puede haber disminuido la convicción de ciertos científicos, pero eso puede no ser malo. El éxito del Harvard Project Physics es un contraejemplo de las peocupaciones de Kuhn-Brush: en él se demuestra que una buena educación científica es, de hecho, posible sin adoctrinamie:nto (Siegel 1979). HISTORIAL DE LA CIENCIA Y PSICOLOGÍA DEL APRISNDIZA JE Una parte significativa de las publicaciones recientes sobre HFC y enseñanza de las ciencias se ha ocupado de la asociación de la historia de la ciencia y la psicología del aprendizaje. Más específicamente, {en qué forma se influyen mut uamente el desarrollo cognitvo individual y el proceso clel desarrollo histórico conceptual? Este tema ha tenido una larga historia; ha recibido un nuevo impulso de l;is rápidamente extendidas teorías cognitivas de la ciencia, en las que los conceptos y métodos de la ciencia cognitiva (del conocimiento) han sido usados para estudiar los procesos y la historia de la ciencia (Giere 1987, Jung 1986, Nessersian 1989). Estos temas fueron explorados por primera vez en The Phenomenology of Mind de Hegel (1 806), donde, en las primeras páginas, la idea de una dialéctica de las teorías del conocimiento se conecta con una dialéctica de las formas históricas de consciencia. Es decir, así como la epistemología (una característica objetiva) se desarrolla, la experiencia (una característica subjetiva) sobre la que se bas 3 el conocimiento cambia. Mach y Duhem repiten esta idea a finales del siglo XIX. En nuestro siglo, este punto de vista ha tenido la exposición más influyente en los escritos de Jean Piaget; ciertamente esto refuerza su idea total del desarrollo cognitivo. ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS En un pasaje muchas veces citado de Genetic lamarckiano de la herencia en los niños (Brumby 1979). Epistemobogy (1970), dice Piaget: Furió, Pérez y Harris (1987) efectuaron un estudio sobre las creencias de los adolescentes en química, entre estu- «La hipótesis fundamental de la epistemología genética diantes que habían realizado cinco años de química en el es que exPste un paralelismo entre el progreso realizado instituto. Una proporción significativa continuaba ape- en la organización lógica y racional del pensamiento gada a la creencia de tipo aristotélico de que los gases no (historia de la ciencia) y los correspondientes procesos tienen masa, a pesar de las repetidas enseñanzas de la psicológicos formativos» (p. 13). teoría atómica de los gases. El último y más extenso argumento de Piaget para su tesis se encuentra en Psychogenesis and the History of Science (1989). Sin embargo, la naturaleza del «paralelismo» está, en cierto modo, poco clara en Piaget, y menos aún en quienes se inspiraron en él: las posiciones varían desde la analogía hasta el isomorfismo débil (Mischel 1971, p. 326) o el isomorfismo fuerte (Murray 1979. p. ix)". Thomas Kuhn popularizó, entre historiadores y filósofos de la ciencia (Kuhn 1972, p. 21), la tesis de que «la ontogenia cognitiva recapitula la filogenia científica». A la inversa, el historiador de la ciencia, Alexandre Koyré, dice que fue la física de Aristóteles la que le enseñó a comprender a los niños de Piaget. El filósofo Philip Kitcher afirmó recientemente (1988) que los psicólogos ovolutivos pueden profundizar en los avances lingüísticos de los niños estudiando los cambios ocurridos en la historia de la ciencia; y que los historiadores y filósofos de la ciencia pueden aprender de los resultados experimentales y los análisis de los psicólogos infantiles. Kitchner (1985) proporciona una amplia bibliografía de las publicaciones filosóficas sobre Piaget. Nussbaum (1983) hizo un primer artículo en relación con las publicaciones sobre cognición individual y cultural, o teoría del desarrollo, en la enseñanza de las ciencias, titulado ~Classroom Conceptual Change: the Lesson to be Learned from the History of Science)). Carey ha advertido acertadamente que el éxito en captar la complejidad del cambio conceptual en los estudiantes de ciencias requerirála la colaboración de científicos cognitivos y profesores de ciencias, quienes conjuntamente deben conocer lla ciencia proporcinada por los historiadores y los filósofos de la ciencia» (1986, p. 1125). Duschl, Hamilton y Grandy (1990) han publicado un amplio y extenso iirtículo al respecto. El trabajo de Piaget conduce a una evidente área de investigación: ¿las concepciones intuitivas, inmediatas, «concretas» de los niños, reflejan los estadios primeros en el desarrollo del conocimiento científico en los diferentes dominios? A un cierto nivel de simplificación, la respuesta es sí. Los niños parecen tener un conocimiento preinstructivo, o ideas previas, que son paralelas a las primeras nociones científicas o precientíficas. Esto ha sido ampliamente demostrado en el campo de la mecánica. McCloskey (1983), DiSessa (1982), Clement (1983), Champage (1980), Whitaker (1983), McDermott (1984) y Robin y Ohlsson (1989) son sólo algunos de los que sugieren que las ideas previas sobre fuerza y movimiento reflejan los fundamentos de la dinámica aristotélica. Bartov ha mostrado que las concepciones intuitivas de los procesos biológicos son altamente teleológicas (Bartov 1978). Otros apuntan a una explicación de tipo Este último asunto, la permanencia de creencias intuitivas, o ideas previas, a pesar de la instrucción científica -la demostración de McCloskey de que el 80% de los estudiantes universitarios de física continúan creyendo en el impetus es representativa de otros muchos estudios-, ha generado, por el contrario, intercambios beneficiosos, del tipo propuesto por Carey, entre profesores, psicólogos, filósofos e historiadores. Existe, claramente, algo de importancia fundamental para entender el proceso cognitivo en esta resistencia de las creencias a la instrucción. Un aspecto filosófico es la naturaleza de la física clásica (newtoniana) y su relacibn con el sentido común y la observación. Con demasiada frecuencia, la ruptura epistemológica con el sentido común y nuestro mundo cotidiano, implicada en la ciencia, no ha sido reconocida, o ha sido descartada, en la instrucción científica y, de aquí, la aparente incapacidad de la instrucción para instruir se ha convertido en un enigma. Esta subestimación de la ruptura epistemológica con el mundo cotidiano, exigida por la mecánica clásica, es particularmente dominante entre aquellos profesores (la mayoría) que sostienen teorías empiristas de la ciencia. En cierta manera, esto es semejante al fracaso de los «paladines» del empirismo anteriores a Newton para entender correctamente la verdadera naturaleza de la revolución científica que ocurría en torno a ellos: una revolución que dependía más de la idealización, del análisis matemático y del experimento teóricamente apoyado que de la paciente observación, tan recomendada por los filósofos empiristas y los autores de capítulos introductorios alos textos de ciencias (Mittelstrass 1972). Duhem, a finales del siglo pasado, previno contra la fundamentación de la instrucción científica en el sentido común. Advirtió: «Ahora bien, ¿está perfectamente claro, a la luz del sentido común, que un cuerpo en ausencia de cualquier fuerza actuando sobre él, se mueve perfectamente en línea recta con velocidad constante o que un cuerpo sujeto a un peso constante acelera constantemente la velocidad de su caída? Por el contrario, tales opiniones están enormemente lejos del conocimiento de sentido común; para que aquéllos surgieran han sido necesarios los esfuerzos acumulados de todos los genios que a lo largo de dos mil años han tratado de dinámica» (Duhem 1954, p. 263). Sesenta años más tarde, los principios pedagógicos suscitados por esta diyuntiva entre ciencia y sentido común, ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) todavía ocupan la atención de los pedagogos con algún conocimiento de la historia y la filosofía de la ciencia. Champagne y otros expresaron el asunto en los siguientes términos: «lo más arduo del aprendizaje de la mecánica está en el esfuerzo requerido cuando los estudiantes cambian su pensameinto de un paradigma a otro. Los cambios de paradigma no se consiguen fácilmente, ni en la empresa científica ni en la mente de los estudiantes» (Champagne y otros 1980, p. 1077). Pero, incluso donde se reconoce el cambio de paradigma, el efecto sobre los estudiantes para aprender y aceptar un nuevo paradigma, tan discordante con el sentido común y la observación, puede incluso subestimarse. El «cambio de paradigma» desde la mecánica medieval a la clásica, desde el conocimiento cotidiano al científico, no es tan sólo una cuestión de conseguir que,los estudiantes vean las cosas de una manera diferente. Este es todavía el modo aristotélico-empirista de tratar la cuestión: ver no es tan importante como esta tradición mantiene. El entusiasmo de muchos filósofos y pedagogos por el problema de Kuhn del pato y el conejo, el problema de Hanson de la señora mayor y la joven, las figuras ambiguas y escondidas, los cambios en la «gestalb> (figura) y otras formas asociadas para representar la importancia de la teoría sobre la observación, o de la mente sobre la percepción, es comprensible, pero tiene una aplicación limitada para comprender la revolución científica. Simplemente la observación no jugó el papel que la mayor parte de estas representaciones sugiere. Decir que la teoría depende de la observación es interesante y puede servir para propósitos pedagógicos, pero no arroja luz sobre la revolución científica o la ciencia moderna. No es el ver las cosas de forma diferente, sino el construir los objetos ideados, representarlos y manipularlos matemáticamente lo que diferencia la «nueva ciencia de una materia más antigua», usando las palabras de Galileo en la introducción a su Two New Sciences. Galileo no «vio» las bolas sobre los planos inclinados como círculos incoloros sobre una tangente, él las vio simplemente como cualquier otro, pero las describió de una forma diferente y utilizó sus descripciones matemáticas en un nuevo aparato teórico; de forma similar Newton no «vio» péndulos como masas puntuales al final de una cuerda sin peso; él también los vio como cualquier otro, pero los describió de forma diferente y, una vez más, usó estas nuevas descripciopes como ingredientes de un nuevo aparato teórico. Estas son habilidades observacionales a desarrollar en la educación científica, pero no tienen la significación que frecuentemente se les atribuye (Norris 1985). Un ejemplo muy simple ilustra la magnitud de la tarea. Todos los estudiantes de física aprenden de memoria la ley del isocronismo del péndulo: que el período de cada oscilación es el mismo de una oscilación a otra y que el período es independiente de la amplitud y de la masa del péndulo. En el texto de física del PSSC, el estudiante no pasa de la página cuatro cuando ya aprende esta ley y el supuesto descubrimiento por Galileo, mirando a un candelabro que se balanceaba y cronometrando su periodicidad. Sin embargo, está claro, que cualquier péndulo, de cualquier longitud y de cualquier masa, si se le hace oscilar, pronto se parará. Esto es una demostración ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) conclusiva de que los péndulos no son isócronos; el período de la última oscilación no es el mismo que el de la primera. Un péndulo autéticamente isócrono oscilaría incesantemente. ¿Cómo reconciliamos la ley con la observación? La forma corriente de hacerlo es decir: «olvida lo que ves, aprende la ley». Una manera más sofisticada es decir: «la ciencia no trata realmente de esa clase de péndulos que estás usando, trata de péndulos ideales en los que no hay fricción ni presión del aire, en los que la cui:rda no tiene peso, etc.». Esto satisface al profesor conocedor de la historia y filosofía de la ciencia, pero ¿satisface al estudiante? Scheker (1988) se ha enfrentado a estas cuestiones de una forma in*.eresante. Reconoce que el «principal progreso en la Hsica de Galileo y Newton es liberar el pensamiento (de las limitaciones de la experiencia directa, sensorial [...] Los fenómenos directamente perceptibles y medibles so11 representaciones imperfectas del verdadero orden [que e:;] sólo accesible por medio de la idealización» (p. 217). Scheker pidió a 254 estudiantes de secundaria que comentasen la siguiente afirmación: «En las lecciones de física hay con frecuencia presunciones o experinientos mentales que obviamente no pueden realizarse con experimentos reales, tales como excluir completamerite la resistencia del aire y otros efectos de fricción, o asumir un movimiento lineal que dure indefinidamente». A los estudiantes se les preguntó si el método era útil o no. Un 11% dijo que no era útil:»¿Por qué debo yo considerar algo que no existe?». Un extenso grupo, de hasta el 50% dijo que era útil, pero sólo para la física, porque la física no trata de la realidad: «No necesito referir todo ¿i la realidad. Simplemente me interesa la física». Sólo aproximadamente el 25% tuvo alguna idea relativa al mtStodo de idealización en ciencias. La historia tlel estudio del movimiento del péndulo (Matthews 1087, 1990) puede arrojar mucha luz filosófica sobre tenias pedagógicos, particularmente el descubrimiento pai.ádojico de que los estudiantes no creen que la física trate de la realidad. Galileo consideró su descubrimiento de la isocronía como esencial para el conjunto de su nueva física. Sin embargo, sus «descubrimientos» fueron vigorosamente refutados por Guilobaldo del Monte, que era el p~otector del propio Galileo y una persona descrita por S tillman Drake como «el más grande experto en mecánica del siglo XVI». La discusión entre ellos encubre la división epistemológica entre la antigua ciencia empírica aristotélica y la nueva ciencia idealista, matemática y experimentalista de la revolución científica. Del Monte le insistió a Galileo que los péndulos que usaba no eran isócronos: los de corcho y latón no tenían el mismo pe:*íodo, los largos y los cortos no tenían el mismo período, todos los péndulos se paraban después de dos o tres docenas de oscilaciones. Galileo replicó que estos res ~ltados se referían sólo a péndulos reales y que, si se estL diasen péndulos ideales (donde la fricción, la resistencia del aire y el peso de la cuerda se eliminan), entonces ciertamente se encontraría que eran isócronos. Galileo llegó a esta ley de isocronía por cálculo matemático (específicamente geométrico). Del Monte afirmó 6) L,a racionalización es el tópico que une HFC con la contraste de la enseñanza de las ciencias contra el enseñanza de las ciencias. En HFC la racionalidad del dogmatismo, por una parte, y el irracionalismo de cambio científico teórico, es decir, de la historia de la Feyerabend, por la otra. Eger (1990) retoma la cuestión ciencia, ha sido un asunto fuertemente controvertido. de cómo tales concepciones tienen en cuenta el papel de Los racionalistas despertaron de su sueño con la bomba compromiso, o fe, que ha sido tan importante para el de la Structure de Kuhn de 1962, en la que se decía que desarrollo de la ciencia. las transfc)rmaciones científicas dependen no tanto de la persuasión racional como de la psicología de la muchedumbre y la mortalidad de la gente mayor. Justo cuando los filósolos se reconciliaban con ello y con la extensión de la tesis de Feyerabend (ver las defensas del raciona- CONCLUSIÓN lismo en ~hapeie 1984 y Siegel 1987), la escuela de sociólogos de la ciencia de Edinburgo -David Bloor, Barry Barnes, Steven Shapin y Michael Mulkaycriti- caba aún más el racionalismo, en su duro programa, donde tratan de dar cuenta de todo cambio científico en términos externalistas (ver Brown 1984 para algunas de las exposiciones y críticas claves). Estos son alegatos importantes que afectan a la misma razón de la enseñanza de las ciencias y que merecen la atención de los profesores. Entre los educadores, el tópico sobre el pensamiento crítico -¿qué es?, jcómo puede ser promovido?, jes transferible entre disciplinas?- ha sido asimismo un asunto muy controvertido. Está claro que una discusión sobre pensamiento crítico independiente del pensamien- to científico está enormemente mutilada. Siegel(1989) defiende la racionalidad, situándola como el punto de NOTAS "Traducción a cargo de Antonio Moreno González. Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales. Facultad de Educación. Universidad Complutense de Madrid. 1. Este trabajo es una versión aumentada del que apareció originalmente en Studies in Science Education, 18, 1990. Se publicó íntegramente en las actas del congreso internacional de la European Physical Society -«History of The Physical Mathematical Sciences and theTeaching of Sciences»-celebrado en Madrid (Moreno 1992). Se ofrece como una visión del estado actuill de los estudios sobre la relación entre la historia, la filosofía y la enseñanza de las ciencias. Esta visión es, por supuesto, parcial; otras, enfatizaránaspectos diferentes. Cubriendo, como lo hace, aspectos de la historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia, la historia de la enseñanza de las ciencias y las corrientes actuales sobre enseñanza de las ciencias, es presumible que no se haya hecho justicia a ningún aspecto concreto. Espero publicar pronto un trabajo similar en relación con la enseñanza (le las matemáticas. Lainvestigzción fue posible gracias a la ayuda de la universidad de New South Wales. Se ha enriquecido gracias a la cooperación de numerosos estudiosos de todo el mundo, de los que he leído sus manuscrj tos para números especiales de revistas especializadas que he editado en los últimos años y de los que me he beneficiado con sus consejos y conversaciones. 2. El British National Curriculum está detallado en NCC (1988). Se comenta en Akeroyd (1989), Solomon (1990) y Ray (1990). El Danish Curriculum en «The History and Technology of Science~, se comenta en Nielsen y Nielsen (1988) y Nielsen He hablado de lo que considero temas emergentes en ciencia, filosofía, historia y enseñanza de las ciencias que presentan una imagen más rica y más variopinta de la ciencia de la que generalmente es presentada en los textos escolares y en las aulas. Los nuevos currículos intentan aportar algo de esta imagen más rica al aula. El éxito dependerá, ante todo, de la introducción apropiada de cursos sobre historia y filosofía de la ciencia dirigidos tanto al profesor de ciencias en formación como al que está en ejercicio profesional. La ciencia es uno de los grandes logros de la cultura humana. La enseñanza de las ciencias, usando las palabras de un informe de 1918 de la British Association for the Advancement of Science, debería transmitir «más el espíritu y menos el resto» de este logro. Si esto se hace así, se podrán conseguir unos principios para vencer la presente crisis social e intelectual de la enseñanza de las ciencias. y Thomsen (1990). En Holanda hay un curso sobre ~Physics in Society» desde 1981 (Eijkelhof y Swager 1983); y desde 1972 varios materiales generados por el proyecto PLON (Project Curriculum Development in Physics. PO Box 80. 008. 3508 TA Utrecht) han incorporado aspectos de historia y filosofía de la ciencia. Las propuestas del proyecto 2061 están contenidas en AAAS 1989), y se comentan en Stein (1989). En McFadden (1989) se puede encontrar un comentario de los programas CTS y una guía de las publicaciones. 3. La conferencia se basó en seis revistas especializadas que contenían 55 trabajos: Educational Philosophy and Theory, 20 (2), 1988; Interchange, 20 (2), 1989; Synthese, 80 (l), 1989; Studies in Philosophy and Education, 10 (l), 1990; International Journal of Science Education, 12 (3), 1990; y Science Education, 75 (l), 1991. Se publicaron las actas en dos volúmenes (Herget 1989, 1990). Una selección de trabajos, junto con alguna otra cosa, ha sido publicadaen formade libro (Matthews 1991). 4. Para las actas de las conferencias, ver Bevilacqua y Kennedy (1983), Thomsen(1986), Blondel y Brouzeng (1988) y Moreno (1992). 5. Los escritos de Ernst Mach en el siglo xrx, sobre enseñanza de las ciencias, son tan amplios en el campo que cubren y tan estimulantes como ignorados. Se puede encontrar una introducción a sus opiniones en Matthwes (1989a). 6. Albert Einstein proporciona una buena confirmación de los punto de vista de Mach sobre la utilidad de la investigación histórica. En su ensayo autobiográfico comenta cómo, al final ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1994, 12 (2) del siglo xrx, los físicos nunca se cansaban de intentar basar la Park, MD 20717, Estados Unidos. Ver sus libros de 1988 para teoríadelelectromagnetismodeMaxwellenpnncipiosmecánicos. materiales de clase, y el de 1989 para un comentario sobre este Dice que «fue Ernst Mach quien, en su History of Mechanics, campo. hizo Gmblar esta fe dogmática: "este libro ejerció en mí un profunda influencia a este respecto cuando yo era estudiante" 9. Se puede un trabajo 'Obre los problemas y (schlipp 1951, p. 21). fue el catalizador que permitió a publicaciones de la historiografía de la ciencia en Kragh ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~f~~~~~~~~~ (1987). Sobre las conexiones entre la filosofía de la ciencia y de la físicam». la historia de !a ciencia, véanse, para empezar, Giere (1973), McMullin (1975) y Wartofsky (1976). 7. Schawb estuvo mucho tiempo relacionado con la Universidad de Chicago y estaba imbuido de su tradición de «grandes libros*. Independientemente de Kuhn, y al mismo tiempo que él, había enunciado una distinción entre períodos «fluidos» y «estables» de la investigación científica, que es paralelo a la mejor conocidadistinciónde Kuhn entre ciencia «revolucionaria» y «normal». Se mantuvo profundamente involucrado con la teoría y la práctica de la educación, de forma comparable a la de otro filósofo-educador de Chicago, John Dewey. Una selección de sus artículos está contenida en Ford y Pugno (1964). Una lista de sus publicaciones está en Dublín (1989). 10. Se ha discuiido sobre si la ley de recapitulación es significativa para ser aplicada a materias biológicas o conceptuales. En algunos lugares, Piaget niega una recapitulación biológica, diciendo: «[. . .I guardémonos de volver a la idea simplista de un paralelismo nxesario entre el desarrollo de la raza y el del individuo, un paralelismo que los biólogos han mostrado que es equivocado y tendencioso)) (Kitchener 1986,6). El está más a favor de una forma conceptual de paralelismo y mantiene que en las transfomiaciones de las teorías científicas están involucrados mecanismos similares a los que hay en el cambio individual conceptual: tlescentralización, asimilación-acomodación, 8. Se puede contactar con Brush en el Institute for Physical equilibrio, constructivismo,etc. Algunasdeestaspublicaciones Science and Technology, Universidad de Maryland, College se comentan en Siegel (1982). AIKENHEAD, G.S., 1980. Science in Social Issues: lmplications for Teaching. (Science Council of Canada: Ottawa). AKEROYD, F.M., 1989. Philosophy of Science in a National Cumculum, en Herget, D.E. (ed.), The History andPhilosophy of Science in Science Teaching, pp. 15-22. (Florida State University). AMERICAN ASSOCIATION FOR THE ADVANCEMENT OF SCIENCE, 1989. Science for Al1 Americans. (AAAS: Washington). ARONS, A.B., 1988. 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