Vientos de polémica en Cataluña : los debates entre "los de adentro" y "los de afuera" de la Argentina de la última dictadura militar
Abstract
El artículo teoritza acerca de las especificaciones y multiinterpretaciones que merece el estudio de "los de adentro" y "los de afuera" de la dictadura argentina de los años setenta y la idiosincracia de la cultura generada por ambas opciones.
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MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen Resumen / Resum / Abstract http://seneca.uab.es/hmic 189 Vientos de polémica en Cataluña: los debates entre “los de adentro” y “los de afuera” de la Argentina de la última dictadura militar Silvina Jensen (Univ. Nacional del Sur Bahía Blanca, Argentina) [email protected] Resumen / Resum / Abstract El articulo teoritza acerca de las especificaciones y multiinterpretaciones que merece el estudio de “los de adentro” y “los de afuera” de la dictadura argentina de los años setenta y la idiosincracia de la cultura generada por ambas opciones / L’article teoritza entorn les especificitats i multiinterpretacions que mereix l’estudi de “los de adentro” i “los de afuera” de la dictadura argentina dels anys setanta i la idiosincrasia de la cultura generada per ambdues opcions / The article focus on caracteristics, prismas and models of culture of “los de adentro” and “los de afuera” during the last argentine dictatorial regim. Palabras clave / Paraules clau / Key Words Argentina, cultura, dictadura, exili, feixisme, militar. / Argentina, cultura, dictadura, exili, feixisme, militar. / Argentina, culture, dictatorial, fascism, militar. 1. El siglo XX ha sido un siglo de exilios. Las dictaduras fascistas del período de entreguerras y el régimen franquista produjeron importantes diásporas políticas. Los regímenes autoritarios del Cono Sur de América Latina en la década de 1970 repitieron la experiencia, lanzando porciones considerables de sus poblaciones al destierro europeo. 2. Tanto en Alemania o España como en Argentina, los debates dentro del campo de los derrotados entre “los que se fueron” y “los que se quedaron” alcanzaron diversa intensidad, ocuparon escenarios disímiles y en no pocas ocasiones los intelectuales - sus voceros privilegiados - lograron convertirlos en instancias que sirvieron para arrojar luz sobre cuestiones centrales a la hora de entender la naturaleza y razones del exilio, las actitudes y comportamientos heterogéneos de los diferentes actores sociales ante una situación de terror político, las formas de la resistencia, la militancia y la lucha antidictatorial, la posibilidad de hablar de una literatura nacional más allá de la dispersión de sus creadores, etc. 3. Este artículo intenta reconstruir las llamadas polémicas del exilio argentino de la última dictadura militar, poniendo especial énfasis en el impacto que las mismas tuvieron entre los exiliados que se habían instalado en Cataluña tras el golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976. 4. El interés del tema trasciende el del mero conocimiento de un capítulo clave de la historia del exilio y en particular el de los intelectuales argentinos. Por el contrario, los diferentes momentos de estas polémicas forman parte de una lógica no ajena a la que atravesó al mundo cultural catalán, español, alemán tras sus respectivas experiencias autoritarias.
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 190 Argentina, un “genocidio cultural”: ¿denunciar a la dictadura o decretar la muerte de la cultura interior? 5. En pleno clímax de la lucha del exilio contra la dictadura, Julio Cortázar denunció el “genocidio cultural” que vivía su país (Eco, Noviembre 1978). Si bien el escritor apuntó a desnudar el potencial destructivo de un régimen que calificaba a los argentinos que estaban en el exterior como “grupos subversivos marxistas leninistas” y “agentes de la campaña antiargentina”, el impacto de la expresión desbordó su propósito de denuncia del gobierno y generó una cascada de réplicas y contrarréplicas. 6. Numerosos intelectuales de primera línea en el exterior o en el país se sumaron a la polémica, no siempre procurando aclarar el contexto y el sentido de hablar de un “genocidio cultural”. Por el contrario, las sucesivas intervenciones fueron profundizando la fractura entre un “adentro” y un “afuera”, que tuvo el carácter de “dos literaturas” de calidades disímiles, pero también de “dos Argentinas”, una “cómplice” y otra “traidora”. Paradójicamente, muchos de los detractores de Cortázar coincidieron en su argumentación con los militares. En 1980, Sábato declaró que aunque la pretensión de los militares fue perpetrar un genocidio cultural, la cultura argentina con sus limitaciones continuaba existiendo (Goligorsky, 1983: 38). Manuel Mújica Láinez replicó las afirmaciones de García Márquez sobre los escritores argentinos “desaparecidos” y manifestó que los grandes nombres de la Literatura argentina (Borges, Sábato, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Mallea, etc.) no se habían ido del país (Goligorsky, 1983: 38). 7. En Barcelona, los editores de Testimonio Latinoamericano dieron cuenta del sinnúmero de respuestas del mundo intelectual argentino frente al “genocidio cultural”. 8. Primero, las inapropiadas, construidas desde el exabrupto y la descalificación como la de Jorge Asís (La Nación, 29/9/1981) o Carlos Brocato, quien denunció el tono crispado, trágico y no pertinente de la metáfora del “genocidio cultural”. A su juicio, los exiliados utilizaban esa expresión para potenciar una imagen mítica de sí mismos, igualar en la estigmatización a todos los que se quedaron, tanto represores como reprimidos y desconocer a los que en el interior existió una resistencia molecular y subterránea frente a la dictadura (Brocato, 1986: 149-154). 9. Y luego, las respuestas que intentaron comprender el alcance de la expresión y la necesidad de servirse de ella para cercar a la dictadura. En este último sentido, la publicación del exilio en Cataluña rescató la opinión de un colaborador de Nueva Presencia (Octubre 1981) que concordaba en que la resistencia cultural en Argentina era aún incipiente y que poco podía hacerse para ocultar el analfabetismo creciente, la desnutrición, el ahogo económico, el silencio político impuesto, el paternalismo elitista o el congelamiento de la democracia. Todos estos no eran sino síntomas de la existencia de una política genocida. Irónicamente, el periodista de Nueva Presencia invitaba a Asís a aprovechar su viaje a Madrid para ver el cine y leer todas las novelas que estaban censuradas en Argentina y también para “saludar a los escritores y artistas que por decenas prolongan en Europa un destierro no elegido ni deseado” (Testimonio Latinoamericano, Diciembre 1981: 31). 10. Como afirmaba el poeta desterrado en Cataluña, Alberto Szpumberg el exilio hizo del “genocidio cultural” un arma de lucha que señalaba más que el hecho efectivo de la muerte de la Cultura argentina dentro de las fronteras, la voluntad del régimen de acabar con toda disidencia cultural y de transformar a los intelectuales y artistas críticos en “subversivos culturales”.
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen Argentina, un “genocidio cultural”: ¿denunciar a la dictadura o decretar la muerte de la cultura interior? http:// 191 11. En los días de la asunción de Alfonsín, Cortázar explicaba a su compañero de exilio, el escritor Osvaldo Soriano, el valor simbólico de la expresión y aunque comprendía que pudo sonar a “exageración”, reiteró su utilidad crítica. En 1983, Cortázar puntualizaba que los militares propiciaron “un genocidio cultural a dos puntas, es decir, nosotros que estando afuera no podíamos devolver nuestra cultura a la Argentina y quedábamos frustrados, aislados y separados y luego los impedimentos bien conocidos a que se han enfrentado los escritores argentinos que han querido decir lisa y llanamente la verdad en estos últimos años y que no han podido decirla o han podido decirla muy entre líneas o se han llamado a silencio, o han diversificado sus actividades” (Resumen de Actualidad Argentina, 7/11/1983). 12. Pero, al mismo tiempo ratificó que nunca pretendió afirmar que porque él y otros escritores no estaban en el país, la Cultura argentina había muerto. 13. Mientras para los valedores de Cortázar, el “genocidio” tuvo el valor de un símbolo, de una metáfora y no el peso de una sentencia, ni de un juicio de valor sobre la pervivencia de resistencias culturales o de una Literatura de calidad en el interior, la respuesta de Liliana Heker (El Ornitorrinco, Buenos Aires, Enero-Febrero 1980, nº 7 y reproducida en Testimonio Latinoamericano durante el primer semestre de 1980) abrió una polémica que tuvo conatos públicos significativos hasta finales de los ´80. 14. Heker rechazó la imputación de “genocidio cultural” y reivindicó “todos los avances - pequeños o grandesfrente a los límites impuestos por el régimen”. Frente a la “moda de nuestra muerte” impuesta desde París, Heker exaltó la capacidad de los intelectuales argentinos de pensar “a pesar de todo” (Heker, 1993: 591). 15. A juicio de esta escritora, Cortázar instaló una división en la Literatura argentina. Al declarar el “genocidio cultural” y señalar una oposición entre intelectuales que se fueron e intelectuales que se quedaron coadyuvó a postular la existencia de “dos literaturas temática y valorativamente diferentes escritas fuera y dentro del país en los últimos años” ( Somos , 20/4/1984). 16. La escritora rechazó esta lectura que encerraba la pluralidad del mundo literario argentino bajo las categorías “condenados a vivir fatalmente lejos de la Patria” o “radicados en la Argentina”, o sea entre “mártires o muertos en vida” (Heker, 1993: 591). 17. Con el propósito declarado de depurar de contenidos éticos a las “opciones” de permanecer o exiliarse y de no asimilar geografía y comportamiento político, Heker cuestionó que Cortázar se apropiara de la identidad de exiliado. 18. Para Heker, cuando Cortázar inventó su exilio, lo hizo para asumir una identidad que ponderaba como prestigiosa per se. Heker señaló que el valor de Cortázar era literario y no un supuesto exilio surgido después de más de 20 años de estar fuera del país. 19. ¿Por qué Cortázar se presentaba como exiliado si residía en París desde 1951? El autor de Rayuela explicaba que efectivamente su salida fue voluntaria, sin embargo la Triple A, primero, y Videla después, lo convirtieron en un desterrado porque le impidieron el regreso (Resumen de Actualidad Argentina, 7/11/1983).
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 192 20. En segundo lugar, Cortázar señalaba que su exilio estuvo determinado por su militancia antidictatorial. Ser uno de los voceros de la lucha de miles de argentinos que habían tenido que marcharse como consecuencia de la instauración del régimen militar lo convirtió en uno de ellos (Humor, Junio 1983). 21. Finalmente, Cortázar explicó que si su exilio era “reciente”, también fue doble, en lo “personal” y en lo “cultural” (Resumen de Actualidad Argentina, 7/11/1983). 22. La refutación de Heker no tardó en hacerse oír. En primer lugar, cuestionó la adopción de la identidad de “mártir” o de víctima potencial. Ella consideraba que cuando Cortázar postulaba un retorno imposible estaba presuponiendo la infalibilidad de la derrota. 23. A su juicio, esa misma actitud de exageración y ese espíritu dramático era el que estaba en la base de la expresión “genocidio cultural” que eliminaba cualquier atisbo de pensamiento crítico en la Argentina. En Octubre de 1981, Liliana Heker insistió en desmontar el prejuicio y el lugar común que existían en torno a las posibilidades del trabajo intelectual en una dictadura: “la censura no era infalible”, “la cultura de un pueblo no la decretaban sus gobiernos”, “era posible revertir la muerte cultural” (El Ornitorrinco, Octubre-Noviembre 1981). 24. Heker avanzó en el intento por “desdramatizar el exilio” y pluralizar las razones de la salida del país de los intelectuales. A su juicio, no podía afirmarse que todos eran perseguidos, también había que valorar las dificultades económicas, los problemas editoriales, la excesiva sensibilidad ante las condiciones políticas internas, la búsqueda de mayores libertades, etc. 25. Pero en el camino de cuestionar la transformación de la situación de exilio en una condición moral y políticamente virtuosa, las argumentaciones de Heker coadyuvaron en primer lugar, a ratificar el mito del “exilio dorado” y a actualizar el debate sobre la responsabilidad pública del intelectual.1 De este modo, al postular una escritura de carácter político, ligada a la realidad nacional y a su público, Heker se erigía en juez de los intelectuales que estaban fuera del país y reeditaba las imágenes del exilio huida y traición (El Ornitorrinco, Octubre- Noviembre 1981). ¿Cuáles fueron los frutos de esta polémica para la memoria del exilio? 26. En primer lugar, el enfrentamiento entre Cortázar y Heker mostró la dificultad de valorar el exilio como una práctica represiva y la tendencia a colocarlo en el terreno de las “opciones” individuales. Matizar las razones de la salida fue, en la coyuntura de máximo enfrentamiento dictatorial, servir a los propósitos de los militares que negaban el exilio, hablaban de “subversivos huidos” y de “exilios dorados”. 1. “Y me explica, desde París, lo que ocurría entonces en la Argentina. Lamento que usted haya pasado por alto, Cortázar, que a fines del ´78 yo estaba en la Argentina. Me privo de conmoverlo contándole por qué mi situación era menos confortable de lo que podría haber sido la suya acá. No importa demasiado. Esa inconfortabilidad es la que la mayoría de nosotros eligió. Muchos estamos para la resistencia. Otros ya vendrán para los festejos” (El Ornitorrinco, Octubre-Noviembre 1981).
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen ¿Cuáles fueron los frutos de esta polémica para la memoria del exilio? http://seneca.uab.es/hmic 193 27. En segundo lugar, reeditó una lógica de larga tradición en Argentina que calificó(califican) moralmente la salida del país y tendió a hablar de traiciones, huidas, defecciones, etc. Si en las polémicas se tornó a discutir la función social del intelectual, este tema había sido -y será - materia de discusión en partidos políticos y en el mundo de la militancia en general en la Transición y aún después. 28. En tercer lugar, fortaleció la mirada dicotómica y maniquea promovida por los militares que hicieron del adentro y del afuera, universos moral y políticamente homogéneos. Si bien Cortázar y Heker declararon querer evitar la generalización fácil, no siempre pudieron superar la tendencia a extender mantos de culpabilidad colectiva sobre el interior y al exterior. 29. Instalado el debate entre irse o no del país en el plano de la posibilidad y de la legitimidad, se obliteró el hecho de que entre los exiliados hubo tantas corruptelas, acomodos, comportamientos indignos y conductas abyectas como las hubo entre los que se quedaron (Boccanera, 1999: 122). 30. Si en la etapa de más dura represión, Heker fue incapaz de ponderar que lo urgente era “exiliar” a la dictadura con una denuncia contundente y sin matices desde adentro y desde afuera (Cortázar, Octubre-Noviembre 1981), la continuidad de las imputaciones ventiladas en la polémica durante la democracia, puso en evidencia que lo que se jugó entonces fueron posiciones de saber en un campo intelectual que no era ajeno a la tendencia social de hacer del irse o del quedarse “opciones ideológico-morales” excluyentes. 31. Las imágenes del exilio condensadas en esta polémica se reeditaron en diversas coyunturas a lo largo de estos 20 años, a saber: en el retorno de Cortázar - y de otros cientos de exiliados - en Diciembre de 1983, con la muerte del escritor el 12 de Febrero de 1984 y en los diversos momentos en los que el tema de los que se van del país ocupa la agenda pública. 32. A su vuelta al país, Cortázar puso de manifiesto que las imputaciones de “antiargentino” y de “renegado” que le endilgó la derecha eran falsas (Humor, Diciembre 1983). El autor de Rayuela no sólo regresó mostrando su intento por reencontrarse con sus connacionales, sino que renovó su pasaporte argentino poniendo en jaque la extendida idea de que vivía plácidamente en París ajeno a lo que ocurría en Argentina. 33. No era su indiferencia y despreocupación lo que cabía criticarse. Según Osvaldo Soriano, era la del gobierno y de los intelectuales de adentro, que lo excluyeron de la “multipartidaria cultural” que se estaba conformado durante el gobierno de Alfonsín. 34. Paradójicamente, mientras el gobierno lo ignoró, Cortázar que supuestamente había negado la existencia de resistencias culturales durante la dictadura, asistía al teatro Margarita Xirgú, uno de los lugares emblemáticos del Teatro Abierto durante la dictadura.2 El encuentro de Cortázar con su público y sus colegas del “exilio interior” sólo ratificaba que su denuncia de “genocidio cultural” no implicó negar los esfuerzos de crear y pensar a pesar “de la censura y contra la censura” (El Ornitorrinco, Octubre-Noviembre 1981). 2. Desde su exilio en París, Carlos Gabetta explicaba que junto a los intelectuales que optaron por la pasividad y la complicidad, hubo figuras como Rodolfo Walsh o Enrique Raab quien en los primeros meses de la dictadura y junto a Alberto Szpumberg - luego exiliado en Barcelona - estaban proyectando una nueva publicación El Ciudadano para luchar contra el sistema (Humor, 30/5/1984).
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 194 35. A principios de los ´90, cuando las colas de argentinos frente a los consulados de países europeos eran noticia, el “exilio” de Cortázar fue devuelto al debate. 36. Marcelo Pichón Rivière intentaba despenalizar la salida del país recurriendo a la figura del polémico exiliado Cortázar. El periodista de Clarín explicaba que así como Cortázar vivió en París y no olvidó la Argentina, de la misma forma estos argentinos que se estaban yendo sufrían el desgarro de irse porque percibían la falta de horizontes y sentían que la Patria no hizo nada por retenerlos, no eran traidores. 37. De esta forma, Rivière transformaba la emigración económica de los ´90 - de una clase media obsesionada por las tasas, los dólares y las máquinas remarcadoras de los supermercados - en un destierro, en tanto valoraba que los que se iban lo hacían con la convicción de que no había más chances en Argentina. Esta metamorfosis era la misma que resignificó el París “dorado” del Cortázar de los ´50 en una tierra de destierro3, de lucha antidictatorial, de divorcio con el público argentino por la prohibición militar y de nostalgia por no poder regresar so pena de poner en riesgo la vida en los ´70 (Clarín, 23/2/1990). Los sentidos del exilio: ¿privilegio, castigo, frente antidictatorial? 38. En 1979, los desterrados celebraron la “Iª Conferencia Internacional sobre Exilio y Solidaridad” en Caracas para debatir sobre la situación de extrañamiento que estaban sufriendo. La ponencia de Rodolfo Terragno titulada “El privilegio del exilio” estaba llamada a reavivar el debate. Entre Febrero de 1980 y Febrero de 1981 en las páginas de Controversia, la revista del exilio argentino en México, Terragno y Bayer protagonizaron la segunda de las polémicas del exilio. 39. Terragno volvía a reconocer la existencia de dos exilios: los exiliados “externos” y los “desterrados de la razón”, “confinados en el miedo”, “exiliados dentro de las fronteras de la intolerancia” (Bayer, 1993: 195). En la misma línea que Heker, que ponderó al exilio como “opción” y descalificó a aquellos que desde un placentero refugio anunciaban los peligros que otros sufrían cotidianamente, Terragno afirmó que el exilio era un “privilegio”, reservado a las clases medias y que los verdaderos mártires eran las mujeres y hombres del “exilio interior”. 40. El artículo de Terragno sirvió tanto para dar forma al pase de facturas y a las acusaciones cruzadas, como para hacer audible la culpa que muchos sentían por haber sobrevivido. Sin embargo, en el contexto dictatorial, al calificar al exilio como “privilegio” ayudó a reforzar la noción de “exilio dorado” que agitaban los militares. 41. Si denunciar el poder asesino de la dictadura pasaba por mostrarse como víctima, los de adentro y los de afuera no lo tuvieron fácil. Por un lado, se perdió de vista que lo importante era no atomizar el campo de las víctimas, mostrando quién había sufrido más. Lo central no era explicitar que los exiliados no convivieron con la muerte o que los de adentro disfrutaron de los afectos, de la cotidianeidad y no sufrieron la fractura del destierro (Brocato, 1986: 77). Lo importante era mostrar que persecución, tortura, muerte y exilio formaban parte de una misma lógica represiva. 3. Según Julio Huasi, el autoexilio de Cortázar se transformó dictadura mediante en un exilio, especialmente a partir de que la Junta prohibió y censuró sus obras (El Periodista de Buenos Aires, 13- 19/2/1987).
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen Los sentidos del exilio: ¿privilegio, castigo, frente antidictatorial? http://seneca.uab.es/hmic 195 42. Por otro lado, en el intento por evitar la jerarquización se procedió a la asimilación de las situaciones de cárcel4, la muerte o la “desaparición”. Si bien, en la mayoría de los casos, los exiliados se asimilaban a presos o “desaparecidos” en términos metafóricos, muchas veces ofendieron la sensibilidad de los que se habían quedado y habían vivido de cerca ese drama. La igualación del exilio a la muerte, la cárcel o la “desaparición” aunque tuviera propósitos didácticos, de denuncia - sobre todo de cara al mundo - o incluso ribetes literarios fue entendida como una estrategia de mitificar al exilio. Para los de adentro, los exiliados expresaban su soberbia o bien haciendo superlativo su sufrimiento - y asumiéndose como mártires - o bien mostrando que su partida se produjo en el límite de las posibilidades de sobrevida. En este caso, todos los exiliados se presentaban como verdaderos héroes. 43. Terragno al ubicar al exilio en la jerarquía de sufrimientos parecía olvidar que entre los exiliados había una multiplicidad de historias, de las que no eran ajenas la de aquellos para quienes el destierro fue sólo el epílogo de exclusiones laborales, persecuciones, detenciones clandestinas, torturas, “desapariciones” y “reapariciones”, “opciones”, etc. La segmentación de las prácticas represivas y la consideración del exilio como una situación no incluible en la “Doctrina de la Seguridad Nacional” fueron la expresión de una mirada no política del exilio. Desplazado de una lógica represión-víctima, el exilio político fue asimilado a los exilios metafóricos, el destino del intelectual incomprendido o los viajes románticos, dando lugar a que el privilegio de haber sobrevivido se transformara en “exilio dorado”. 44. Para Terragno las “auténticas víctimas” fueron las que sufrían la tortura y no quienes la denunciaban, los que padecían la prisión y no quienes protestaban en un café de Barcelona; los condenados a pensar en secreto y no quienes cambiaban sus verdades por dólares (Bayer, 1993: 194, 195). El exilio fue salvación, salida, privilegio, pero además fue una opción disponible sólo para las clases medias. La argentina fue una “una diáspora con diplomas, porque este beneficio prolonga a otros - el de la cultura, por ejemplo - que tuvimos adentro” (Bayer, 1993: 203, 204). 45. Con su noción de “privilegio”, Terragno no pretendía negar el sufrimiento que comportó el exilio, sino reconocer que fue “preferible” a la muerte o el silencio interior. 46. Si bien Terragno daba cuenta de una realidad objetiva - la composición social del exilio - y de una paradoja intrínseca al exilio -que es a la vez castigo y salvación -, la noción de privilegio no sólo le “hacía el juego a la dictadura”, sino que al matizar el carácter doloroso y de pérdida del exilio permitía confundirlo con otras formas del viaje, el turismo y la emigración económica. 47. Por otra parte, en su noción de “privilegio”, Terragno daba cuenta de una vivencia común a muchos de sus compañeros de destierro, que vivían con la culpa de haber sobrevivido, aunque eso no los hiciera culpables de “subversión” como pretendían los militares. 48. A su retorno a la Argentina, Terragno ratificó que el exiliado era un “privilegiado” y, por lo tanto, alguien que estaba en deuda con su país, no sólo por haber salvado la vida sino porque había logrado evitar el “páramo” cultural (El Periodista de Buenos Aires, 29/12/1984-1/1/ 1985). 4. Julio Raffo afirmaba que “el exilio, como la cárcel, jamás podría ser feliz ni dorado” (Nueva Presencia, 22/10/1982).
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 196 49. Las afirmaciones de Terragno suscitaron la inmediata réplica. Para Bayer, la esencia del exilio fue el castigo, la tragedia y el drama. Arrancados de su entorno, de sus luchas cotidianas y de sus proyectos; arrojados a la conquista de un lugar en la sociedad de destino; compelidos a desempeñarse en trabajos no acordes con su cualificación profesional; los exiliados argentinos no gozaron de ninguna prerrogativa (Nueva Presencia. Semanario Judeo Argentino, 17/2/ 1984). Como decía Julio Raffo, aunque el exiliado haya recibido la solidaridad, haya crecido profesionalmente y se haya enriquecido culturalmente, el exilio “siempre mutila y destruye. No existe el exilio dorado” (Nueva Presencia, 4/1/1985). 50. Para Bayer, además de víctimas, los exiliados eran actores de la denuncia antidictatorial, cuya tarea venía a sumarse a la resistencia diaria de los que habían permanecido en el país. 51. En este sentido, Bayer rechazó la identificación de exilio y privilegio y ratificó que los que se fueron habían sufrido como los que se quedaron. Sin embargo, en aras de cimentar una identidad políticamente virtuosa para los que se fueron, introdujo otro escalafón, en este caso de compromiso antidictatorial. 52. Luego de reconocer que la juventud argentina fue masacrada, torturada y sufrió prisión, rechazó las imputaciones que se le hacía Terragno de haber pretendido ver en todo habitante de la Argentina interior a un colaboracionista. Aunque admitió la diversidad de actitudes en el interior, se preguntó cómo fue posible este genocidio (Nueva Presencia. Semanario Judeo Argentino, 17/2/1984). 53. Aunque no cabía medir los grados de heroísmo o victimismo del exilio interior y exterior, sino sumar la resistencia y la denuncia para derrotar a la dictadura, la contraparte de la descalificación del exilio del “por algo pudieron irse” fue el igualmente nefasto “por algo pudieron quedarse”. Más allá de las intenciones, las palabras de Bayer pudieron servir a instalar un mundo dividido entre colaboracionistas y héroes. Esta nueva división del campo de las víctimas de la dictadura sólo era funcional a los propósitos militares que alimentaron la estigmatización del sobreviviente. Así, toda persona perseguida o reprimida no sólo era culpable, sino que era sospechosa por no haber sido víctima de una persecución o una represión mayor“ (Nueva Presencia, 4/1/1985).5 Exilio: ¿opción o compulsión? 54. A finales de 1977, La Opinión publicó una encuesta sobre la Literatura argentina, en la que dejaba ver que: 1. “Los escritores argentinos que han debido optar por el exilio son relativamente pocos” y 2. Los grandes nombres de la Literatura permanecían en la Argentina (Jitrik, 1984: 123, 124). 5. Desde Barcelona, Vicente Zito Lema afirmaba que no era cuestión de autoflagelarse “para expiar la culpa de estar vivos” o de reclamar el “privilegio de ser asesinados”, “se trata tan sólo de ver con claridad cosas muy simples que a veces se confunden” (Zito Lema, 1978: 53).
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen Exilio: ¿opción o compulsión? http://seneca.uab.es/hmic 197 55. Las respuestas de los intelectuales exiliados no tardaron en hacerse oír. En 1978, Noé Jitrik respondió al promotor de la encuesta, Luis Gregorich 6 y luego de analizar las relaciones entre Literatura y dictadura, señaló en forma categórica que permanencia o exilio eran hechos políticos, aunque el haberse quedado en el país era una situación con matices ya que incluía colaboradores, indiferentes y exiliados interiores del mundo de las letras (Nueva Sociedad, 1978). 56. En 1981, Gregorich volvió a analizar la “salud” de la Literatura argentina. Con la publicación de “La literatura dividida” (Clarín, 29/1/1981), Gregorich consiguió instalar verdaderamente la polémica en el espacio público argentino. El conato Heker-Cortázar había tenido inscripción en una revista cultural marginal como El Ornitorrinco, la de Bayer y Terragno se había desarrollado especialmente en publicaciones de exiliados. Pero, el suplemento cultural de Clarín tenía fuerza como para influir en la agenda intelectual. De esta forma, una polémica larvada del campo literario argentino adquirió centralidad: ¿podía hablarse de una Literatura fracturada por el exilio?, ¿había dos Literaturas argentinas temática y cualitativamente diferenciadas? ¿Era posible hablar de una Literatura del exilio o, por el contrario, el exilio era sólo un tema dentro de una única Literatura argentina? 57. El calentamiento de la polémica tuvo que ver con la creciente debilidad de la dictadura y la posibilidad cada día más cercana de su final y con éste del retorno de los exiliados. Estas nuevas circunstancias sumaron a un debate circunscripto, nuevos interlocutores7 y más virulencia, porque los de adentro y los de afuera vieron necesario mostrar sus credenciales y conquistar o defender posiciones en el mundo universitario, periodístico o editorial y para ello todos los argumentos parecieron válidos, incluso la descalificación, la estigmatización y la acusación que, por momentos, recordaban el maniqueísmo militar. Lejos de coadyuvar al cuestionamiento de los mitos del “exilio dorado”, del exilio-martirio, del exilio heroico o del “exilio privilegio”, los intelectuales los agitaron mientras se embarcaban en una discusión sobre el impacto de la dictadura sobre la Literatura argentina. 58. Retomando el cuestionamiento de Liliana Heker al “genocidio cultural”, Gregorich sentenció que los escritores en el exilio no eran ni cuantitativa ni cualitativamente relevantes.8 59. Si el propósito de Gregorich fue ponderar la capacidad creadora de los argentinos que vivían bajo la dictadura (Testimonio Latinoamericano, Octubre 1981), la estrategia utilizada para hacerlo privilegió la descalificación del peso numérico y del valor estético de la producción literaria del destierro y con ello contribuyó a la descalificación del exilio en general. 60. Luego de minusvalorar la marca de la violencia en el campo cultural y de confundir exilios “políticos y no políticos” y de situar al exilio en el campo de la “voluntad”, Gregorich se permitió dudar sobre el valor de una Literatura divorciada de sus lectores naturales. 6. Gregorich dirigió el suplemento cultural de La Opinión - intervenida por los militares desde la detención de Timerman en Junio de 1977 - entre Agosto de 1975 y Julio de 1979. En 1981, pasó a dirigir la sección de “Internacionales” de Clarín. 7. Además, de Bayer (Alemania), polemizaron con Gregorich, Julio Cortázar (París), Vicente Zito Lema (Cataluña, Holanda), Gregorio Selser (México), entre otros. 8. “...los exiliados - políticos y no políticos - no son muchos ni tampoco muy representativos... Después de todo, ¿Cuáles son los escritores importantes exiliados? Julio Cortázar, pero su exilio no data de 1976, sino de un cuarto de siglo atrás” (Clarín, 29/1/1981).
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 204 95. En este sentido, Sarlo asumía que fue la dictadura la que promovió la fractura entre un adentro y un afuera. Sin embargo, consideraba que aquello que era un “producto político del régimen” (Sosnowsky, 1988: 102 ), había calado hondo entre los derrotados que, desde el exterior veían a toda la Argentina ocupada por los militares y, desde adentro, consideraban que sólo valía lo que se decía en el país. 96. Asimismo proponía superar la lectura legitimadora de las opciones de irse o quedarse, para pasar a “describir las situaciones objetivas que las condicionaron” (Sosnowsky, 1988: 103). Exilio y no-exilio no eran categorías éticas y compromisos ideológicos per se . Residentes y exiliados representaron posibilidades de seguir viviendo en el país y posibilidades de marchar al exilio. 97. Por su parte, Luis Gregorich sentenció que la única fractura era la provocada por los resentimientos y las enemistades individuales entre escritores concretos, pero que no había una Literatura fracturada por un destierro, que además duró muy poco (Sosnowsky, 1988: 110). 98. Al mismo tiempo, procuró aclarar los malentendidos originados por su artículo de Clarín de 1981. Lejos de aceptar que sus argumentaciones minusvaloraron al exilio, explicó que tuvo el mérito de nombrar por primera vez después de 1976 a escritores exiliados y “desaparecidos”. Si bien lamentó que muchos no hubieran sabido entender su “estrategia para superar la censura”, atribuyó aquellas incomprensiones a los “gestos teatrales” de actores que “reclaman para sí la inocencia o el heroísmo” (Sosnowsky, 1988: 109). 99. La defensa de Gregorich reactualizó la polémica suscitada por su artículo de 1981. Juan Carlos Martini volvió a recordar que no hubo malentendidos o incapacidad de leer entre líneas, sino una acusación concreta de falta de calidad y peso numérico de la producción de los escritores en el destierro, que parecía olvidar que “la tradición literaria argentina tiene uno de sus fundadores en Facundo de Sarmiento” (Sosnowsky, 1988: 130). Si uno de los “padres” de la Literatura argentina fue un desterrado, esto significaba que escribir en el exilio era “escribir lo propio pero mirando desde otro posición” (Sosnowsky, 1988: 131). 100. Noé Jitrik reclamó a sus compatriotas del interior no haber llamado a los escritores exiliados y con ello haber forzado a la continuidad de un silencio que comenzó cuando debieron emigrar y dejaron de ser publicados y que ahora suponía que los que regresaban no debían hablar de su destierro y, al no hacerlo, callaban también las razones que lo provocaron” (Sosnowsky, 1988: 134). 101. El silencio impuesto y asumido por los exiliados como una prueba de su adaptación dejaba a la sociedad argentina en la ignorancia de la tarea realizada por el destierro y así se consolidaba la creencia de que “el exilio es una manía quejosa de los exiliados y para nada una enfermedad del país o un designio de los arquitectos del proyecto político de la dictadura militar” (Sosnowsky, 1988: 138). 102. Como Bayer, Jitrik denunció el manto del “exilio interno”, que servía para cubrir complicidades, claudicaciones y ayudaba a las oportunistas conversiones democráticas.17 103. En términos similares, Osvaldo Bayer señaló la artificialidad de la división entre argentinos de adentro y argentinos de afuera, división creada por la dictadura cuando denunció la “campaña antiargentina en el exterior” (Sosnowsky, 1988: 212).
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen ¿Qué representaciones del exilio circularon en los debates de Maryland? http://seneca.uab.es/hmic 205 104. Luego reiteró la defensa del concepto “genocidio cultural” de Cortázar y señaló que no fue este artículo de combate el que dividió a los argentinos, sino la descalificación de escritores como Sábato que minimizaron la importancia de los escritores exiliados. (Sosnowsky, 1988: 220) 105. Para Bayer, Sábato18 fue el prototipo del comportamiento de la sociedad argentina durante la dictadura. El intelectual era parte de una sociedad que, según Bayer, había asumido la intervención militar con entusiasmo o indiferencia y que, salvo escasas excepciones, se mantuvo en un silencio cómodo y cómplice (Bayer, 1993: 224). 106. Bayer indicó que el comportamiento de Sábato fue como el de la media de los argentinos de adentro que estaban más preocupados por mostrar que nada tenían que ver con la “subversión”, que por hacer una exploración analítica e histórica de la violencia en Argentina de los setenta. Ellos fueron los que, recuperada la democracia, apostaron por posturas “neutralistas” que demonizaban por igual la violencia “de uno y otro signo” (Bayer, 1993: 229). 107. Luego de calificar la polémica como “insensata”, “grotesca” e “inútil”, Liliana Heker proponía superar la discusión sobre colaboradores, cómplices, “patota del exilio” o “mafia de los que se fueron”, para discutir “la opción de irse o de quedarse en función de una posible eficacia militante” (Sosnowsky, 1988: 195). 108. Si bien Heker dejó al exilio en el terreno de las opciones, excluyó caer en el debate sobre la “necesidad de la partida”. Luego de valorar que al exilio se fueron los que tuvieron miedo a la muerte, los incluidos en las listas negras y los que perdieron el trabajo en las universidades, concluía que era necesario no intentar cuantificar el nivel y realidad de la amenaza sufrida porque el miedo era algo personal (Sosnowsky, 1988: 198). 109. Tras rechazar la mirada evaluativa del exilio, llamaba a superar también la concepción heroizante que lo constituyó a priori en un “mérito”, invirtiendo la lógica militar que hizo de la salida un desmérito o una identidad culpable (“subversivo”) per se (Sosnowsky, 1988: 198). 110. Heker amalgamaba la calificación del exilio como “fatalidad” o “desdicha” y como una “decisión personal” y la negativa a considerarlo una “militancia política”. Pero, luego de rechazar que el quedarse o el marchar al exilio hubieran sido trayectorias políticas incuestionables y de señalar que hubo revolucionarios, acomodaticios, tibios y traidores en el interior y en el exilio, recuperaba algunos de los argumentos de su polémica con Cortázar de finales de los ´70 sobre el rol público del intelectual. 111. Partiendo de una noción de intelectual comprometido de los ´60 y reavivando una sangrante polémica que se dio entre los intelectuales militantes que se vieron enfrentados a la necesidad de salir del país, Heker recordaba que la Patria no era un “hotel” donde se llegaba cuando de quería y se iba cuando se lo deseaba. En este contexto, Heker reclamó sacar la discusión del terreno de la exposición del nivel de penalidades que sufrió cada uno y asumir que 17.“En el plano de lo político puede haber existido una mayor - y quizás aparente - capacidad de los que estábamos afuera para hablar de ciertas cosas y una imposibilidad de hablar de los que se quedaron. Eso es siempre un elemento de irritación, de impaciencia. Es posible que se trate de equívocos disipables. En otros casos se puede complicar el asunto por los oportunismos. Los silencios pueden haber sido en algunos casos silencios adecuados, decorosos, de dignidad y en otros silencios de otra clase...Eso se notó en un encuentro que tuvimos en Washington a fines de 1984” (El Periodista de Buenos Aires, 9-15/10/1987).
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 206 los que se habían ido habían tomado una “decisión”, que - desde su perspectiva - no era la más adecuada en un intelectual que se decía comprometido, ni la que más ayudó a la caída del régimen (Sosnowsky, 1988: 199, 200). A manera de conclusión 112. Las polémicas teorizaron y moralizaron sobre esquemas genéricos del exilio, que poco tuvieron que ver con la complejidad de situaciones personales que conformaron la diáspora. Aludieron a aspectos de las experiencias exílicas, pero también eludieron su comprensión en el fragor de la denuncia, de la autoexculpación o de la obtención de privilegios. A pesar de su esquematismo, las argumentaciones tuvieron efectos concretos no sólo a nivel de las relaciones humanas o de la reintegración de la Argentina exterior, sino en las formas en que el exilio fue (es) recordado por la sociedad argentina. 113. La lógica dicotómica implicó que si los exiliados fueron los perseguidos y amenazados, los que se quedaron debieron estar en una situación diferente. Nada más lejos de la realidad del perfil represivo dictatorial, sistemático y a la vez arbitrario, subterráneo y a la vez público. De la misma forma que los exiliados no eran “antiargentinos”, “apátridas” y “detractores de la Nación”; los que se quedaron no fueron un bloque de resistencia monolítica, ni tampoco todos fueron “exiliados internos”. Lo cierto es que si no hay un héroe colectivo llamado exilio, sino múltiples historias con toda su profunda - y a veces tortuosa - humanidad, tampoco todos los que vivieron en la Argentina durante la dictadura pueden ser calificados como “exiliados interiores”. Este concepto permitió cubrir con un manto de autocomplacencia, piedad y autoexculpación a muchos los que habían permanecido en el país. En este sentido, los de adentro se apropiaron de una identidad “prestigiosa” de la misma manera que criticaban a los que se fueron por presentarte como exiliados-mártires y héroes de la lucha antidictatorial (Brocato, 1986: 149). 114. Partiendo de esta afirmación no hay que olvidar que las estrategias de mistificación, estigmatización y heroización de sí mismos/o del “otro” fueron igualmente consistentes entre los que se fueron y los que se quedaron. 18.La reticencia del exilio hacia Sábato se remontaba a una entrevista del autor de “Sobre héroes y tumbas” y otros intelectuales (Borges, por ejemplo) con Videla en Mayo de 1976. Según Bayer, Sábato no utilizó ese encuentro para denunciar las violaciones a los DD.HH. (desaparición del escritor Haroldo Conti) y para exigir la liberación de intelectuales detenidos. Bayer también acusó a Sábato de guardar silencio sobre lo que pasaba en Argentina en sus repetidos viajes a España y Francia durante los “años de plomo” (El Periódico de las Madres de Plaza de Mayo, 1985; Bayer, 1993: 254-269). La polémica entre Bayer y Sábato se potenció a raíz de la formación de la CO.NA.DEP. presidida por Sábato y denostada por Bayer y por las Madres de Plaza de Mayo que se inclinaban por una comisión bicameral para investigar lo ocurrido. Finalmente, Bayer le enrostró su responsabilidad en la formulación de la Teoría de los Dos Demonios, que atraviesa el prólogo del Nunca Más redactado por Sábato. En defensa de su compromiso antidictatorial, Sábato replicó a Bayer afirmando que ya en 1978 había publicado en La Nación un artículo sobre la situación de los DD.HH. en el gobierno militar. Bayer contraatacó diciéndole que si lo había podido hacer, era porque los militares no lo consideraron una verdadera amenaza. Además, le recordó que usar el lenguaje de los DD.HH. no lo convertía en su auténtico defensor porque hasta los militares asesinos se decían “derechos y humanos”.
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen A manera de conclusión http://seneca.uab.es/hmic 207 115. Reconocer la paradoja constitutiva al exilio o comprender la densidad de actitudes y respuestas humanas al miedo y la persecución demandaban un distanciamiento crítico que no era compatible con el tono de las polémicas. 116. En las polémicas se midieron escalas de sufrimiento y se exigieron credenciales de perseguido. Se compararon niveles de compromiso militante y se pidieron actitudes antidictatoriales rayanas al suicidio. En su mayor parte, los actores de las polémicas instalaron la discusión en el horizonte del “deber ser”. Pocos valoraron lo ocurrido en el marco del universo de posibilidades humanas bajo un Estado Terrorista. 117. Por todo esto, si bien las polémicas fueron claves para dar impulso a la discusión de un tema poco relevante en la agenda social, en las ocasiones en que el maniqueísmo se sobrepuso al análisis se ratificó una lógica dicotómica promovida por el régimen militar, pero ya instalada en la forma de lectura de la cuestión de irse o quedarse desde mucho antes, lógica que históricamente y hasta hoy supone certificados de ética ciudadana o de compromiso político per se para los que se marchan o permanecen en el país. 118. En definitiva, en este escenario de lucha por la memoria del destierro tornó a anularse, por una parte, la humanidad del exilio y, por la otra, se insistió en resituarlo como una ocurrencia de las historias individuales, que poco explicaba de la historia política nacional de la última década. Frente a la estridencia culpabilizante de la “campaña antiargentina” o el dramatismo de algunos relatos de la diáspora - que atrapaban al desterrado en la condición de víctima -, no siempre desde el ámbito del saber pudo articularse una memoria del exilio más allá de la vergüenza, el temor o la estigmatización. 119. Así, la cuestión del exilio quedó encuadrada en unas coordenadas que responden a la “posibilidad de irse” o a la “voluntad de quedarse”. Las razones del exilio continuaban buscándose en lo individual, en los deseos, motivaciones, preocupaciones y decisiones particulares de los actores involucrados y cuando se colocaba al exilio entre las huellas de la dictadura, se lo hacía desde un gesto vergonzante, que menguaba el agravio por lo inconmensurable de la “desaparición” o la muerte frente a la “mera” pérdida del suelo natal. 120. Conforme los intelectuales exiliados y no exiliados se reencontraron en proyectos culturales o políticos comunes, los debates fueron perdiendo dramatismo y el tono inicial de acusación y reproche. Pero, más allá del deseo, los intelectuales no avanzaron en la producción de nuevas representaciones del exilio. Para que esto ocurriera, debían darse algunas condiciones que muchos descubrieron como necesidades, pero a las que no siempre respondieron desde su quehacer. 121. En principio, los intelectuales reclamaron como imprescindible ponderar al exilio como un dato singular de la cultura política dictatorial y asumirlo como consecuencia efectiva de las prácticas represivas implementadas por el gobierno militar del ´76. En segundo lugar, denunciaron la inutilidad y el peligro de hacer del exilio una bandera de discusión ideológica o incluso de recriminaciones morales, ya que estas matrices de lectura eran solidarias con las representaciones del “exiliado cobarde y traidor” o del “exiliado privilegiado”. Finalmente, postularon que la validación social del exilio era posible descubriendo lo común a las violaciones de los DD.HH.: esto es, que cada una de ellas instauraba en el cuerpo de la víctima una pérdida. El diálogo entre las víctimas debería evitar tanto la mutilación de la especificidad de cada una de las marcas de la violencia, como su jerarquización (Bayer, 1993) o incluso equiparación con la carcel o la desaparición.
Vientos de polémica en Cataluña http://seneca.uab.es/hmic 208 122. En resumen, aunque Carlos Beceyro estuviese en lo cierto y pudiera decirse que el debate quedó reducido a una “curiosidad intelectual” ya para la segunda mitad de los ´80 (Punto de Vista, Diciembre 1991), los efectos de las polémicas se multiplicaron porque aquellas se alimentaban y alimentaron matrices de lectura del exilio que tenían arraigo en la sociedad. En especial, salió fortalecida una lectura que atrapó al destierro en la trama víctima-culpable.19 Referencias bibliográficas Bayer, Osvaldo. Rebeldía y Esperanza. Buenos Aires, Editorial B, 1993. Boccanera, Jorge. Tierra que anda. Los escritores en el exilio. Buenos Aires, Ameghino,1999. Brocato, Carlos. El exilio es nuestro. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta,1986. Diego, José Luis de. Relatos atravesados por los exilios, en: Drucaroff, Elsa (Dir.) Historia crítica de la Literatura Argentina. Buenos Aires, Emecé Editores, 2000. Gabetta, Carlos. Todos somos subversivos. Buenos Aires, Bruguera,1983. Goligorsky, Eduardo. Carta abierta de un expatriado a sus compatriotas. Buenos Aires, Sudamericana, 1983. Jitrik, Noé. Las armas y las razones. Ensayos sobre el peronismo, el exilio, la literatura, 1975-80. Buenos Aires, Sudamericana, 1984. Sosnowsky, Saúl. (Comp.) Represión y reconstrucción de una cultura: el caso argentino. Buenos Aires, Eudeba, 1988. Zito Lema, Vicente. Homenaje a Rodolfo Ortega Peña. In memoriam. A los caídos. Barcelona, Agermanament, 1978. Publicaciones consultadas Clarín, Buenos Aires. Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid. Eco, Bogotá El Ornitorrinco, Buenos Aires. 19.Ejemplo de la cíclica activación de los núcleos de las polémicas fue la publicación en 1993 de “Rebeldía y esperanza” de Osvaldo Bayer que reunía testimonios y escritos de su exilio. En 1999, la aparición de “Tierra que anda” de Jorge Boccanera con testimonios, entrevistas y fragmentos de la literatura de escritores exiliados y en el contexto de la discusión parlamentaria del proyecto de reparación al exilio volvió a encender la polémica. En este libro, el escritor Humberto Constantini bregaba porque el exilio se lo entendiera en la lógica “posibilidad de quedarse y necesidad de irse” (Boccanera, 1999: 199), que invertía la mirada más extendida que hablaba de “voluntad de quedarse y posibilidad de irse” (Brocato, 1986: 131).
MISCEL·LÀNIA-2005 ISSN 1696-4403 Silvina Jensen Publicaciones consultadas http://seneca.uab.es/hmic 209 El Periódico de las Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires. El Periodista de Buenos Aires. Humor, Buenos Aires. Nueva Sociedad, Caracas. Nueva Presencia, Buenos Aires. Punto de Vista, Buenos Aires. Resumen de Actualidad Argentina, Madrid. Somos, Buenos Aires. Testimonio Latinoamericano, Barcelona
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