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La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI

Kuhne Brabant, Rosa

Abstract

El artículo somete a una revisón crítica la historiografía y el modo en que, hasta ahora, se ha querido dar a conocer a Occidente la medicina árabe. Señala errores, prejuicios y limitaciones tradicionales y propone enfoques más propios de nuestro tiempo. Postula librarse del juicio basado exclusivamente en determinados tratados teóricos y en la literatura secundaria anticuada. Recomienda investigar los textos que revelan algo sobre la actividad real de los médicos medievales, analizar aspectos como la medicina social, el mestizaje entre medicina culta y marginal, las circunstancias personales específicas de cada médico historiado. Propugna la colaboración interdisciplinaria e internacional de los especialistas de distinta procedencia, y el mejor aprovechamiento de la bibliografía nacional e internacional reciente.

Full text

DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI ROSA KUHNE BRABANT (*) RESUMEN El artículo somete a una revisón crítica la historiografía y el modo en que, hasta ahora, se ha querido dar a conocer a Occidente la medicina árabe. Señala errores, prejuicios y limitaciones tradicionales y propone enfoques más propios de nuestro tiempo. Postula librarse del juicio basado exclusivamente en determinados tratados teóricos y en la literatura secundaria anticuada. Recomienda investigar los textos que revelan algo sobre la actividad real de los médicos medievales, analizar aspectos como la medicina social, el mestizaje entre medicina culta y marginal, las circunstancias personales específicas de cada médico historiado. Propugna la colaboración interdisciplinaria e internacional de los especialistas de distinta procedencia, y el mejor aprovechamiento de la bibliografía nacional e internacional reciente. BIBLID [0211-9536(2001) 21; 189-203] Fecha de aceptación: 2 de febrero de 2000 Los eruditos de muchas nacionalidades, especialistas en varios campos del saber, como médicos y farmacéuticos, filólogos e historiadores de la cultura, de la ciencia y del pensamiento humano en general, llevan siglos queriendo escribir la Historia de la medicina árabe(1). A pesar de ello estamos todavía a mitad de camino para poder juzgar las (*) Profesora Emérita. Departamento de Estudios Árabes e Islámicos. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid. (1) Es decir, la historia de la medicina y sus disciplinas afines (como, por ejemplo, farmacognosia y farmacia) que se estudiaba y practicaba en el mundo árabe medieval, independientemente del origen étnico o credo religioso de sus autores. 190 ROSA KUHNE BRABANT DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. aportaciones del mundo árabe-islámico al desarrollo de la medicina universal. Es cierto, tenemos sobre el tema manuales elaborados con rigor científico(2) y multitud de obras de divulgación, hechas algunas con la intención de proporcionar al lector una visión global, otras eligiendo una especialidad concreta o un área geográfica del mundo islámico histórico(3). Al ritmo que van apareciendo los catálogos de colecciones hasta hace poco mal conocidas, nos llegan noticias de nuevos manuscritos, incluso de textos que parecían perdidos. Aún así quedan todavía obras fundamentales, de las que ni siquiera poseemos una edición crítica(4), mientras otras circulan en ediciones que no merecen tal calificativo(5). (2) A nivel internacional: a) como obras de consulta bio-bibliográfica: SEZGIN, Fuat. Geschichte des arabischen Schrifttums, III, Leiden, E. J. Brill, 1970 (llega sólo hasta el año 1039, aproximadamente); ULLMANN, Manfred. Die Medizin im Islam, Leiden/Köln, Brill, 1970; b) como exposición temática: ULLMANN, Manfred. Islamic Medicine, Edinburgh, University Press, 1978; más breve pero con un enfoque más moderno: SAVAGE-SMITH, Emilie. «Medicine», Encyclopedia of the History of Arabic Science (Rushdi Rashid, ed.), London, Routledge, 1996, vol. 3, pp. 903-962; en castellano: SCHIPPERGES, Heinrich. La medicina en el medioevo árabe. In: Pedro Laín (dir.), Historia Universal de la Medicina. 7 vols., Barcelona, Salvat, 1972/75, vol. 3, pp. 59-117. (3) Sobre medicina andalusí, p.e. ARJONA CASTRO, Antonio. Introducción a la medicina arábigo-andaluza (siglos VIII-XV), Córdoba, Imprenta Serrano, 1989; CASTELLS, Margarita. La medicina en al-Andalus, In: El legado científico Andalusí, Madrid, Ministerio de Cultura, 1992, pp. 127-144. (4) Entre ellas la que —según la opinión de muchos historiadores— mejor resume la medicina de la época, el Kitab al-malakÌ (Liber regius) de ‘AlÌ b. ‘Abbas al-MajyusÌ (2.ª mitad s. X). (5) A finales del siglo XIX se publicaron en Bulaq (Egipto) versiones impresas totalmente acríticas de muchas de las obras más representativas del legado médico medieval. Con la intención de remediar la mala calidad tipográfica de tales ediciones, las imprentas mejor equipadas del mundo árabe actual sacaron a lo largo del siglo XX nuevas ediciones de esas mismas obras, mejorando su forma de presentación, sin corregir el contenido. Sirva de ejemplo la edición de Beirut (1992) del LYamic del malagueño Ibn al-Baytar (m. 1248), que, con excepción de algún detalle de la introducción y del índice de nombres de fármacos, es copia servil de la edición de Bulaq de 1874. 191 La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. El problema se agrava si tenemos en cuenta lo que se ha llamado la «barrera lingüística». Al estar escritas en árabe(6) las obras que contienen las enseñanzas teóricas y practicas de nuestros médicos, muchos historiadores dependen —y tienen todo el derecho de depender— de unas traducciones, que no siempre resisten el examen de la crítica lingüística. No digo esto en relación con las muy meritorias versiones latinas(7), que gozaban de fama ya en la baja Edad Media y sirvieron de libros de texto en las nacientes escuelas de medicina europeas, como Salerno o Montpellier. Éstas fueron, a pesar de las indiscutibles deficiencias lingüísticas señaladas desde hace siglos por la bibliografía sobre el tema(8), decisivas para el desarrollo de la medicina en Occidente. Resulta imposible escribir la historia de la medicina sin tener en cuenta su influencia hasta bien entrada la Edad Moderna(9). Fueron objeto de comentarios importantes, algunos hechos por médicos occidentales de primera fila(10). En este contexto quiero referirme concretamente a las versiones vernáculas, que —si bien tienen antecedentes históricos(11)— van (6) Un número escaso también en persa o turco, lenguas que, hasta hace muy poco, no se enseñaban siquiera en nuestras Universidades. (7) Traducidas directamente o con ayuda de traducciones intermedias al hebreo o algún dialecto romance. (8) Seleccionamos sólo dos clásicos del género: LECLERC, Lucien. Histoire de la Médecine Arabe, Paris, Ernest Leroux, 1876, vol. 2, 346 y ss., o BROWNE, Edward G. Arabian Medicine, Cambridge, Cambridge University Press, 1921, que afirma que «es imposible formarse un concepto exacto de la medicina árabe a través de las imperfectas versiones latinas». (9) Entre la abundante bibliografía citemos un estudio reciente sobre el tema: JACQUART, Danielle; MICHEAU, Françoise. La médecine arabe et l’Occident médieval, Paris, Maisonneuve et Larose, 1996; en castellano con detalles curiosos aunque algo anticuado: KUHNE BRABANT, Rosa. La medicina árabe y Occidente. Awraq, 1979, 2, 7-21. (10) Por ejemplo, Andrés Vesalio, que veía en Abu Bakr Muhammad b. Zakariyya’ al-RazÌ (865-925 o 32) al «último representante vigoroso de la tradición griega en la Edad Media», escribió una Paraphrasis in nonum librum Rhazae, Basilea 1537, que más que un comentario es una reelaboración del libro noveno del K. al-ManuesurÌ del gran clínico persa. (11) Pienso, por ejemplo, en la versión castellana del siglo XV del K. al-ehummayat (Tratado de las fiebres) de Isehaq al-Isra’ili, estudiado por el P. José LLAMAS, 192 ROSA KUHNE BRABANT DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. apareciendo desde mediados del siglo XIX y están proliferando en estas últimas décadas. En términos generales, tales publicaciones representan un paso adelante en la difusión del legado médico del medioevo islámico. No obstante, una gran parte de ellas no carece de errores de interpretación, ni en su aspecto puramente lingüístico ni en el médico, de modo que no reflejan el sentido exacto del original y contribuyen a que sigamos ignorando muchos detalles decisivos, conservando prejuicios surgidos de la lectura errónea de una fuente histórica. Quizá convenga preguntarnos, antes que nada, qué perfil ha de tener quien quiera ser historiador de la medicina árabe en los umbrales del siglo XXI. Por su formación primaria puede ser filólogo, médico o farmacéutico, en cualquier caso con sólidos conocimientos históricos, no en el sentido en que antes se entendía la historia: fechas de batallas, conquistas y cambios dinásticos, sino en el de relacionar los acontecimientos de la historia externa con los cambios en el escenario cultural, la evolución en el modo de pensar de los humanos, en su interpretación de los fenómenos naturales, su aceptación de la autoridad o su independencia intelectual. Hay que tener en cuenta éstos y otros muchos detalles para comprender y enjuiciar las obras de los autores antiguos y no caer en anacronismos. El ideal de tener una formación igualmente sólida en las disciplinas humanísticas y científico naturales, se da sólo en casos excepcionales, p.e. en investigadores como Schipperges o Hamarneh, para citar nombres consagrados algo alejados de nuestro propio ambiente. Aún así, en todos los especialistas, incluso los más renombrados, se observan fallos en una u otra de las dos vertientes. Ni siquiera podemos encontrar la idoneidad perfecta en los médicos arabófonos actuales. Muy pocos reúnen todas las condiciones para interpretar adecuadamente los textos históricos y las sutilezas lingüísticas de sus antecesores remotos y, ante todo, para juzgarlos con imparcialiMadrid-Barcelona, CSIC, 1945, o las versiones medievales catalanas, parcialmente conservadas del K. al-Adwiya al-mufrada (Libro de los medicamentos simples) de Ibn Wafid (véase FARAUDO DE SAINT-GERMAIN, L. El Libre de les Medicines Particulars..., Barcelona, 1943) y del K. al-ag¢diya (Tratado de los alimentos) de Avenzoar (véase GARCÍA SÁNCHEZ, Expiración (ed.), Abu Marwan cAbd al-Malik b. Zuhr K. al-ag¢diya..., Madrid, CSIC, 1992, pp. 21-22. 193 La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. dad(12). Hay que dar la razón a Emilie Savage Smith(13), cuando afirma que el abismo que separa al investigador moderno de la cultura y las prácticas científicas objetos de su estudio, no es mayor para el orientalista moderno no arabófono que para el nativo. Al filólogo se le supone, en teoría, el dominio del árabe literario, tanto clásico como medieval, además de los conocimientos lingüísticos instrumentales en otras lenguas antiguas y modernas, lo que no pasa de ser una condición deseable, difícil de encontrar en una persona concreta(14). El médico, occidental o arabófono, debería estar familiarizado no sólo con los textos antiguos, sino también con la bibliografía sobre medicina antigua y medieval, entre la cual figuran trabajos esenciales publicados en la segunda mitad del siglo XX. Yo diría que aquí reside gran parte del problema que hasta ahora nos impide formarnos un juicio justo sobre lo que fue y no fue la medicina árabe medieval. Observamos que muchos historiadores todavía no se han librado de los prejuicios y opiniones erróneas que encontramos en los «clásicos» de la historiografía sobre la temática. En Occidente, pesa todavía la autoridad de las fuentes tradicionales del género, como pueden ser León Africano(15) o Casiri(16), am- (12) Prescindiendo de cuestiones más serias, cito un caso anecdótico: en un artículo, escrito en inglés con citas en árabe, sobre los aspectos quirúrgicos en Abu Marwan b. Zuhr (Avenzoar) (m. 1162) (Véase Journal of the History of Arabic Science, 1994, 10, 77) el autor, cuyo nombre no viene al caso, trae a colación un pasaje del K. al-TaysÌr (ed. JurÌ, p. 320). En él confiesa Abu Marwan que «sentía verdadera pasión por los trabajos de los farmacéuticos (a’mal al-esaydalaniyyÌn) y la experimentación de los medicamentos». En el citado artículo, la traducción inglesa del pasaje suena así: «I liked hunting (al-esayd) and the experimentation with medications», a pesar de que ambos términos, esaydalanÌ (farmacéutico) y esayd (caza), están en el léxico árabe actual. (13) SAVAGE SMITH, Emilie. Gleanings from an Arabist’s workshop. Isis, 1988, 79, 246-266 (247). (14) Por experiencia personal de aprendizaje y docencia en un Departamento de Árabe, tengo que admitir que la preparación lingüística y cultural, con la que nos licenciamos es mínima para una tarea tan ingente. Hacen falta años de formación posgraduada y una voluntad férrea para seguir profundizando en la materia y, aún así, siempre se nos escapa algo. (15) De viris quibusdam illustribus apud Arabes, escrito en 1527 (utilizo la reedición en Jo. Alberti FABRICII. Bibliothecae Graecae, Hamburgo, 1746, vol. XIII, pp. 259-298). (16) Bibliotheca Arabico-Hispana Escurialensis. Madrid, Pérez Soto, 1760-1770. 194 ROSA KUHNE BRABANT DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. pliamente aprovechados por historiadores y colaboradores de enciclopedias. Entre los investigadores nativos los hay que siguen aceptando, sin juicio crítico, las noticias recogidas por sus propios «clásicos» en los diccionarios bio-bibliográficos medievales. Si repasamos la bibliografía citada por algunos autores de obras de síntesis o aspectos monográficos de la medicina árabe, si nos fijamos en la labor de las editoriales, sacando reediciones de, en su tiempo, meritorios pero hoy anticuados estudios monográficos o publicando ediciones de algún texto clásico de la medicina árabe, reproduciendo el ya publicado a mediados del s. XX, con un breve prólogo en castellano y sustituyendo la traducción francesa por otra española, nos damos cuenta de que nuestra especialidad se resiente de un atraso bibliográfico. Con otras palabras, le falta la vitalidad de nuestros colegas que trabajan con textos griegos o latinos. Por otra parte, muchos arabistas u orientalistas del siglo XX hemos ido publicando los resultados de nuestras investigaciones, generalmente monográficas, rectificando errores históricos, biográficos y bibliográficos. Sin embargo resulta difícil dar la debida difusión a nuestros trabajos. No es frecuente que un historiador de formación médica lea revistas de filología y pocos son los especialistas extranjeros que prestan atención a los artículos escritos en castellano y los entienden correctamente(17). Junto a ese «desconocimiento involuntario», simplemente debido a la humana incapacidad de abarcarlo todo, se da frecuentemente un factor de parcialidad discriminadora por motivos religiosos o patriotismo estrecho. Peor aún: escuelas rivales ignoran o silencian los logros de sus «competidores», los de «Ciencias» desdeñan el trabajo hecho por los de «Letras». Todo ello dificulta la historiografía de la medicina árabe, pero se podría superar fácilmente con buena voluntad ¿Qué nos impide adaptarnos a las exigencias de la investigación científica con perspectiva de futuro: formar equipos interdisciplinarios, aprovechar (17) Los resúmenes en inglés, que se nos exigen últimamente, son útiles pero insuficientes, ya que sólo proporcionan una idea general y no reflejan los detalles significativos, que, en muchos casos, representan la aportación más valiosa del trabajo filológico. 195 La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. mejor los medios que ofrecen las nuevas tecnologías para comunicarnos, reconocer el mérito ajeno y aceptar con crítica constructiva pero honradamente los descubrimientos de los demás? Aún así, la problemática a que se enfrenta el historiador de la medicina árabe es más compleja. Tanto el médico que quiera conocer mejor las patologías descritas y los tratamientos empleados por sus colegas árabes de la Edad Media, como los que nos acercamos a la temática desde el campo de las Humanidades, dependemos, en gran medida, de textos escritos. Nuestras fuentes tradicionales son «literarias»: por un lado los tratados de medicina que nos han dejado los autores médicos con los datos autobiográficos y recuerdos profesionales que contienen, por otro las noticias transmitidas por historiadores, cronistas y literatos en el sentido mas amplio del término, principalmente los autores de elencos bio-bibliográficos y de obras de adab(18). En relación con la medicina árabe medieval, las investigaciones de tipo paleopatológico, basadas en descubrimientos arqueológicos, están todavía en sus inicios. De momento, nuestra fuente principal es la tradición escrita. No sólo porque nos separan siglos de nuestro objetivo. También hay que tener en cuenta el protagonismo de lo «escrito» en el mundo musulmán. No en vano el fundamento y principio de toda la cultura islámica es el Libro, es decir: el Libro por excelencia para los musulmanes: el Corán. El respeto por lo transmitido en forma de libro implica el predominio de la teoría sobre la práctica. Frente a la tradición escrita, que, en medicina, recogía —sin apenas modificarlas— las teorías hipocráticas y galénicas sobre anatomía, fisiología o patología, la vertiente práctica, el arte de tratar las enfermedades se consideraba como algo de categoría inferior. Incluso en el campo de la práctica pesaban más las normas terapéuticas de los antiguos, expuestas en los textos, que los indudables avances en el campo de la experiencia médi- (18) Adab: En principio, buena educación, urbanidad, luego cultura humanística (filología, poesía, historia antigua, etc.). Dió origen a un género literario que pretende proporcionar a sus lectores una cultura superior, a veces específica, para desempeñar determinados cargos. Hoy, el término se usa para referirse a la literatura y su plural adab equivale a lo que nosotros entendemos por «Letras» o «Humanidades». 196 ROSA KUHNE BRABANT DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. ca que podemos deducir de algunos textos árabes. Éstos se manifestaban, en primer pero no único lugar, en un mejor conocimiento de las virtudes de los fármacos, fruto de la asimilación y el posterior desarrollo de una nueva farmacopea, en contacto con antiguas culturas orientales, marginales para el ámbito cultural greco-romano. El caso es que, hasta hace muy poco, se daba más importancia a unas «fuentes», que —aún en el hipotético caso de que dispusiéramos de ediciones y traducciones de alto nivel— dejaban abiertas una serie de interrogantes. Todavía son muy pocos los investigadores que se han planteado la cuestión bajo el punto de vista de la elección de fuentes. Precisamente los textos más consagrados, como p.e. el Qanun de Avicena, suelen exponer una teoría médica, basada casi íntegramente en el legado de la antigüedad clásica, helenística y bizantina. Es cierto: algunas de las novedades de detalle encontradas en los libros de nuestros autores, como las nuevas patologías descritas por Rhazes o Avenzoar o los descubrimientos anatómicos y fisiológicos de autores como ‘Abd al LatÌf (1162-1231)(19), Ibn al-Quff (1233-86)(20) o Ibn al-NafÌs (m. 1288), han hallado eco en la bibliografía occidental y árabe, particularmente el hecho de que este último postula ya en el s. XIII la existencia de la circulación pulmonar(21). Pero ¿sabemos cómo sus autores ejercieron en realidad y en la práctica su arte de curar las enfermedades de sus pacientes? ¿Hasta qué punto conocemos las enfermedades que afec- (19) Este autor, tuvo la oportunidad y curiosidad de examinar un buen número de esqueletos insepultos a consecuencia de una epidemia de hambre, descubriendo que Galeno estaba equivocado al enseñar que la mandíbula inferior constaba de dos y el sacro de seis huesos, cuando en realidad se trataba, en ambos casos, de un solo hueso. (20) Postula la existencia de los capilares; véase HAMARNEH, Sami. K. «Thirteenth Century Physician interprets connection between arteries and veins». Sudhoffs Archiv, 1962, 46, 17-26. (21) IBN AL-NAFIIS, K. KSareh tašrÌeh al-Qanun (QATAYA, Salman y GALYUNYII, Pau1, eds.), Cairo, Al-Haya al-Misriyya, 1988, pp. 293-294; literatura en ULLMANN, nota 2, pp. 174-176; y SAVAGE SMITH, Emilie, EI2, 10, 354-356 sub voce Ta¢s¢hrÌeh. (22) En esta línea tenemos en España varios trabajos del Dr. Arjona Castro, en los que intenta identificar en las crónicas de la época las patologías que padecieron personajes históricos como ‘Abd al-Raehman II o Almanzor. 197 La historiografía de la medicina árabe ante los retos del siglo XXI DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 189-203. taron a las personas principales(22) y humildes de la alta y baja Edad Media? ¿Es que podemos fiarnos de las equivalencias de los términos técnicos que encontramos en los glosarios especializados o en los grandes lexicógrafos? ¿Hasta qué punto el historiador contemporáneo de la medicina árabe medieval comprende bien las razones extra médicas que llevaron a los autores historiados a enfocar sus escritos de un modo determinado? ¿Qué influencia se debe a las circunstancias históricas, sociales, religiosas y, en términos generales, a la forma en que se interpretaba el mundo y la naturaleza en la época de nuestros autores? Cuando aludo a la actividad práctica desarrollada por los médicos árabes medievales, no quiero referirme, en este contexto, a las medicinas marginales que siempre han coexistido con la medicina científica «oficial» de cada época. En el caso de los árabes, la manifestación más importante de las medicinas marginales era la «medicina profética», que basaba su terapéutica en elementos mágico creenciales, como amuletos con versículos coránicos, prácticas piadosas, recitación de versículos u otras fórmulas, aunque, teóricamente, tampoco carecía de ciertos conocimientos fisiológicos y farmacológicos, en gran medida extraídos de la tradición antigua, helenística y bizantina. El tema del mestizaje entre prácticas mágicas, empíricas con base farmacológica razonable y teorías heredadas de los antiguos también merece la atención de los investigadores. Pero ahora no me refiero a esto. Más bien me preocupa el modo en que los médicos de formación científica pusieron en práctica los conocimientos adquiridos en el estudio de los textos médicos: su forma de establecer el diagnóstico a través de la observación de alteraciones sintomáticas en las funciones vitales, interpretando los latidos del pulso, las muestras de orina y otros productos de excreción. Luego la esina‘at al-etibb, el «arte», la tecné, la forma en que el médico de verdad(23) adaptaba y aplicaba a cada caso concreto los métodos y consejos terapéuticos del galenismo, aprendidos en los libros, modificándolos según el resultado de sus experiencias personales con otros enfermos. Todo ello se puede deducir también de los propios textos, aunque, en este sentido, haya autores más elocuentes y útiles que otros. (23) Por oposición a los médicos-filósofos, grandes teóricos y autores de tratados, que no se dedicaron al ejercicio de la profesión.