Periódicos y construcción nacional
Abstract
El análisis del modo en que los periódicos participan en los procesos de construcción nacional y de la identidad colectiva es una tarea multidisciplinar. En este trabajo el autor sintetiza la fundamentación teórica y una parte las conclusiones de su tesis, merecedora del XII Premi a la Investigació sobre Comunicació de Masses del Consell de l'Audiovisual de la Generalitat de Catalunya, y titulada: "Anàlisi del Discurs sobre nacionalisme i identitat en els editorials de la premsa diària publicats a Catalunya des de la Transició fins el govern del PP ( 1977-1996)".
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Periódicos y construcción nacional Por Xabier Giró Profesor de la Facultat de Ciències de la Comunicació de la Universitat Autònoma de Barcelona. Artículo Resumen Resumen: El análisis del modo en que los periódicos participan en los procesos de construcción nacional y de la identidad colectiva es una tarea multidisciplinar. En este trabajo el autor sintetiza la fundamentación teórica y una parte las conclusiones de su tesis, merecedora del XII Premi a la Investigació sobre Comunicació de Masses del Consell de l’Audiovisual de la Generalitat de Catalunya, y titulada: “Anàlisi del Discurs sobre nacionalisme i identitat en els editorials de la premsa diària publicats a Catalunya des de la Transició fins el govern del PP ( 19771996)”. Abstract: The study of the ways in which newpapers take part in the construction of the national identities is a multidisciplinary task. This work resumes the theorical basis and some of the conclusions of his Thesis titled: “Anàlisi del Discurs sobre nacionalisme i identitat en els editorials de la premsa diària publicats a Catalunya des de la Transició fins el govern del PP ( 1977-1996)”, which was awarded the XII Premi a la Investigació sobre COmunicació de Masses del Consell de l’Audiovisual de la Generalitat de Catalunya. Abordar el análisis de la participación de los periódicos en la construcción de naciones es una tarea multidisciplinar que requiere al menos partir de tres perspectivas diferentes: el periodismo político, el nacionalismo y el análisis crítico del discurso. Es necesario establecer de entrada, para cada una, un conjunto de proposiciones básicas, algunas de las cuales deshacen diversos malentendidos, cuando no engaños, ampliamente extendidos entre los ciudadanos. Ahora bien, para simplificar la exposición, la explicación de las bases teóricas estará a menudo acompañada de resultados de la investigación que o bien confirman las proposiciones o son derivados de su aplicación. 1. Del periodismo político Proposición 1.1. Los diarios son actores en el marco conflictivo del sistema político y tienen como objetivos el lucro y la influencia.
Los textos que publican los diarios pasan, en términos generales, por al menos cinco filtros1. 1) No son contrarios a los intereses económicos de la empresa editora –incluidos los diversos accionistas–; 2) no son contrarios a los intereses de las empresas o instituciones que contratan publicidad en las páginas del diario, ni los diarios son publicaciones elaboradas de tal forma que en su seno no encajen los anuncios; 3) la mayor parte de las fuentes de información utilizadas por los diarios son gubernamentales o de las grandes empresas; 4) los gobiernos y las grandes empresas, además, son las instituciones que están mejor situadas para presionar a los periódicos en un sentido u otro, y 5) los diarios se ven constreñidos por la ideología dominante. Para acabarlo de redondear, como tendencia general, si algún redactor discrepa de la línea editorial de la publicación, le queda el recurso a la autocensura, si no desea verse relegado al archivo. Si, como se puede comprobar diariamente, la política ocupa el lugar central para los cuatro diarios que se estudian y lo que ellos publican tiene una repercusión inmediata en la vida política –conflictiva por definición en tanto que lucha por el poder o alrededor del poder– , resulta inevitable darse cuenta de que los diarios no son ya meros intérpretes de la realidad sino propiamente actores de este ámbito2. Su naturaleza económica los hace dependientes –no ya de sus accionistas– sino también de los aliados políticos de los accionistas, y, además, para que los diarios sean tomados en cuenta por otros actores políticos han de mostrar su capacidad de influencia sobre los dirigentes y sobre la opinión pública. De aquí lo que se afirma en esta proposición. Proposición 1.2. Los diarios intervienen polifónicamente mediante textos de géneros diversos, imágenes y su articulación conjunta. Los editoriales son uno de los instrumentos de intervención. Los filtros mencionados en el apartado anterior no implican que todos los textos compartan la misma línea editorial, sino que se trata de una tendencia global del conjunto de la actuación de los diarios. Un diario puede actuar de formas diversas sobre un mismo asunto. Puede publicar, o no, textos relacionado con el problema. Puede haber, o no, periodistas que se ocupen del tema. Puede haber uno o varios periodistas encargados. Puede dedicarle sólo noticias o también reportajes y entrevistas. Puede invitar a sus articulistas a escribir al respecto o no hacerlo, y puede admitir, o no, opiniones contrapuestas. Y puede asimismo editorializar, o no, sobre el affaire. Con todas y cada una de las piezas el diario articula una intervención política propia de un actor. Proposición 1.3.
La credibilidad es un elemento imprescindible de la estrategia discursiva del diario. Y se basa en un compromiso con los lectores. Todo lo que hacen los diarios no tendría ningún sentido si no tuviesen lectores. El ligamen entre la publicación y los lectores sería imposible si el diario no respondiese a las expectativas de los lectores y, en particular, si los lectores pensasen que no pueden confiar en lo que el diario que compran les dice sobre la realidad. De aquí que lo que publican permanentemente esté impregnado de elementos que dotan a su discurso de credibilidad –como por ejemplo fotografías, datos y testimonios– y también que los diarios se autopresenten como avaladores de su credibilidad en los discursos de sus altos cargos o propietarios. Proposición 1.4. Los diarios establecen un contrato implícito y a veces explícito (en los libros de estilo y en los códigos deontológicos) con los lectores para acreditar la credibilidad de la publicación. El contrato incluye el compromiso de: (a) dar un trato justo y equilibrado a los actores de los conflictos, (b) separar la información de la opinión, (c) no mentir y (d) dar información verosímil. Como parte de la presentación positiva que dedica a sí mismo –siempre con el objetivo de presentar su discurso como creíble–, el diario de autodefine como independiente –a pesar de la evidencia de los filtros antes mencionados– y, para avalarlo, se compromete a dar un trato justo y equilibrado de los conflictos que trata en sus páginas. El compromiso forma parte de una especie de contrato con los lectores –la base de la credibilidad del diario– por el cual también se compromete a separar la información de la opinión; por supuesto, a no mentir, y a dar información de la cual tiene pruebas fiables y que por tanto es como mínimo verosímil. El contrato está plasmado en declaraciones de principios como las que contienen algunos libros de estilo de los periódicos o bien en declaraciones de sus equipos directivos, o bien forma parte del código deontológico de la profesión periodística. Proposición 1.5.
La distinción entre información y opinión es una falacia y, en consecuencia, el compromiso de los medios con los lectores está en falso. El trabajo periodístico alrededor de un tema consiste en: 1) darse cuenta de que el tema existe; 2) seleccionar los elementos que utilizará como más significativos para hablar de él; 3) disponer los elementos en un cierto orden jerárquico; 4) escoger el tono con que se evocaran, y 5) añadir explicaciones para hacerlos comprensibles. ¿Cómo se puede pretender que sea posible aportar información desprovista de la subjetividad del/de los periodistas y por tanto de su opinión?3 La historia de la aparición4 de esta distinción muestra que la presunta poda de la opinión de los textos informativos responde al objetivo de los editores de conseguir más lectores, o sea, más ventas, y no a ninguna cuestión de ética profesional. Paradójicamente, pero, la aceptación generalizada de este compromiso responde también a una maniobra defensiva de los periodistas ante los intentos de manipulación ideológica que puedan proceder de los editores y esto explica que esté recogido en los códigos deontológicos. Tampoco bajo la perspectiva de la Teoría del Conocimiento es sostenible el mito de la objetividad –que es lo que subyace en la distinción entre información y opinión– porque los comunicadores no pueden prescindir de su ideología o de sus sentimientos en la transmisión de lo que captan sobre la realidad. De hecho, lo que consideramos que es la realidad es una construcción social5. Así pues, el contrato de los diarios con los lectores está falso. Es pertinente notar que bajo la distinción entre información y opinión se encuentra el difundido lema “los hechos son sagrados y los comentarios libres”. Ahora bien, para expresar opiniones en los artículos denominados de opinión, normalmente, es necesario referirse a hechos y sobre ellos no es legítimo mentir por mucho que estén narrados en el seno de una pieza de opinión. En esta medida, los editoriales, por mucho que estén catalogados como piezas de opinión, no se eximen del compromiso contraído con los lectores. Proposición 1.6. Los editoriales son cristalizaciones del lenguaje político y concentrados ideológicos de los diarios.
El periódico actúa sobre la vida política con distintas voces y desde diversas posiciones –polifonía–, pero hay una que destaca sobre el resto, la que expresa la postura del diario, la que resulta hegemónica en el conjunto de los textos publicados, la línea del editorial. Si en algún espacio redaccional se concentra la ideología del diario, tiene que ser necesariamente en el editorial. Los editoriales sobre asuntos políticos diseminan información, colaboran en el establecimiento de la agenda política, interpretan y ligan aspectos diversos de la realidad, los proyectan sobre el futuro y el pasado y estimulan algún tipo de acción, es decir, cumplen sobradamente las funciones del lenguaje político. Proposición 1.7. El discurso de los media es co-constructor de las identidades colectivas. Los medios de comunicación de masas –los media– son constructores –no los únicos– de la realidad social6, particularmente allí donde es conflictiva. Si entendemos por identidad colectiva la forma en que un grupo se ve a sí mismo como colectivo humano diferenciado de otros colectivos7, entonces entenderemos que la identificación y diferenciación en grupos tiene lugar primordialmente a través de los conflictos. Y si la representación mental de que disponemos acerca de los conflictos ha sido co-construida por los media, no es difícil inferir que los media –y en particular los diarios– co-construyen las identidades colectivas. 2. Sobre el Nacionalismo Proposición 2.1. El nacionalismo es un tipo de identidad colectiva, basado en una identidad étnica, que reclama soberanía política para el grupo que identifica como nación. Desde una perspectiva sociológica, todas las identidades colectivas son construidas8. También lo es la identidad étnica. Podríamos elaborar una larga lista de elementos que configuran o pueden configurar una identidad étnica, como por ejemplo, una lengua, unos valores y unas creencias, un territorio, etc. Pero, en definitiva, para que haya una identidad étnica sólo una condición es sine qua non: la existencia de la creencia –necesariamente subjetiva– que sus miembros forman un grupo con algún tipo de elementos culturales emanados de su historia que los distingue de otros, es decir, una conciencia de identidad enraizada –realmente o
míticamente– en la historia9. Cuando sobre esta base hay una voluntad política que lleva al grupo a reivindicar la soberanía política tiene sentido hablar de identidad nacional. Proposición 2.2. La nación como realidad política no existe si no hay una conciencia nacional de masas. Así entendida, la nación es radicalmente una construcción política. Una nación es “el producto, siempre dinámico e inacabado, de un proceso complejo de construcción política y social que tiene lugar, bajo el impulso del nacionalismo, en determinados contextos culturales, económicos y políticos” (Máiz, 1997, 169). Para que el proceso de construcción tenga éxito se requieren unas precondiciones: étnicas (fruto de un trabajo de selección, filtrado y, quizás, invención); sociales (por ejemplo, la existencia de intereses comunes y potencialmente conflictivos con los intereses de otros grupos); una situación política caracterizada por una estructura que anima la politización de la diferencia, y una movilización política eficaz que generalice la conciencia de nación como evidencia política para un amplio bloque social10. De esta forma el nacionalismo produce a la nación –y no al revés– o, aun mejor, la co-produce y a la vez es uno de sus ingredientes imprescindibles. La nación no es eterna11, pero tampoco es el producto gratuito del nacionalismo, porque éste necesita un contexto en el que cuajar. Proposición 2.3. El término 'nacionalismo' no sirve, por inadecuado, para denotar una ideología política sino un conjunto de ideologías que de ponerse en práctica, a pesar de tener algunos rasgos comunes, los proyectos que abrigan mostrarían diferencias políticas sustanciales. Existe un hecho nacional cuando un grupo suficientemente importante de gente decide que quiere construir una nación, los integrantes piensan que tienen cosas en común que los diferencian de otros y quieren actuar conjuntamente y proyectar su futuro12. Ahora bien, entre los que reclaman la soberanía política para el grupo que identifican como nación puede haber proyectos de futuro muy diferentes y también concepciones del pasado y del presente muy distantes. En lugar de ofrecer una extensa lista de tipologías (cívico, étnico, excluyente, integrador, xenófobo, etc.), basten como ejemplos de diversidad el nacionalsocialismo hitleriano, o los diferentes proyectos nacionalistas que hay en Euskal Herria o en Catalunya.
Por tanto, contra los argumentos simplistas que demonizan o elogian por igual a todas las corrientes, grupos o personas nacionalistas introduciéndolos en un mismo saco bajo la etiqueta “el nacionalismo”, es necesaria una consideración diferenciada y detallada de cada ideario sobre el pasado, el presente y, sobre todo, el futuro que proponen para poder llevar a cabo su evaluación crítica. Proposición 2.4. El proceso de construcción nacional de la sociedad catalana está abierto y todos los actores políticos intervienen, incluidos los medios de comunicación. De lo que se ha dicho hasta aquí y de la historia de Catalunya –de la cual no haremos aquí una síntesis– es inevitable deducir que a) se la puede considerar una nación y b) en tanto que construcción política (y histórica, claro está) se trata de un proceso abierto13 en el cual intervienen todos los actores en presencia, incluidos, los medios de comunicación, que son especialmente relevantes con relación a la configuración de la identidad colectiva y a la posible hegemonía de una u otra corriente nacionalista. 3. Del análisis crítico del discurso Proposición 3.1. El contrato de los diarios con los lectores incluye el respeto del principio de cooperación de Grice y de sus máximas. La intervención de los diarios en la vida política se realiza sobre todo mediante el despliegue de su discurso en las páginas de la publicación. El discurso no es sólo lingüístico, es también gráfico, pero en la medida que nos ocupamos de los editoriales y sus aspectos gráficos son poco relevantes, nos centraremos en la dimensión lingüística. Ahora bien, el discurso del diario, como todo fenómeno comunicativo, se asemeja a un diálogo14, a una conversación, y en esa medida presupone una serie de acuerdos entre las partes dialogantes con el objetivo de que la conversación –su interacción– llegue allí donde se proponen. El filósofo H.P. Grice (1975, 45) lo condensó en un Principio (de Cooperación): “Haz que tu contribución a la
conversación sea la requerida, en la etapa que tiene lugar, por la finalidad o la dirección aceptadas del intercambio verbal en que participas”. Grice desplegó el principio en cuatro máximas: a) de Cantidad: 1. Haz que tu contribución sea tan informativa como sea necesario (para el objetivo actual del intercambio). 2. No la hagas más informativa de lo que sea necesario. b) de Calidad: intenta que tu contribución sea verdadera. 1. No digas lo que crees que es mentira 2. No digas cosas de las cuales no tienes pruebas adecuadas. c) de Pertinencia: sé relevante. d) de Manera: sé perspicuo: 1. Evita expresiones oscuras. 2. Evita la ambigüedad. 3. Sé breve. 4. Sé ordenado. Todas estas máximas, u otras formulaciones similares, figuran prácticamente entre las normas y recomendaciones de los libros de estilo y forman parte del contracto fiduciario a que se comprometen los diarios con los lectores. Son parte de su estrategia de credibilidad. No resulta difícil percatarse, en un primer momento, de que el compromiso adquirido por los diarios es muy similar a las máximas y, en un segundo momento, de que prácticamente las incluye (véase P.1.4). Por lo tanto, si se registrase una vulneración de las máximas, habría una vulneración del contrato (de cooperación o de confianza) contraído con los lectores. Proposición 3.2. El Análisis Crítico del Discurso puede revelar las estrategias ideológica y política de los media en el ámbito del nacionalismo.
El uso del lenguaje –el discurso– no ocurre en un marco aséptico, sino marcado por las relaciones de poder, de tal forma que el lenguaje está condicionado por esas relaciones y también sirve para ejercerlas15. Los actores políticos –y en particular los diarios– emplean el discurso siguiendo las líneas de lo que Van Dijk llama el cuadrado ideológico: 1) maximizan las buenas propiedades y acciones del propio grupo, 2) maximizan las malas propiedades y acciones de los contrincantes, 3) minimizan las malas propiedades y acciones del propio grupo y 4) minimizan las buenas propiedades y acciones de los contrincantes. Para comprobarlo se puede comenzar por condensar el contenido de una muestra16 amplia de editoriales. Cada editorial se puede resumir en al menos dos proposiciones: una es la tesis central –la que defiende– y otra es la proposición que sintetiza el razonamiento o la lógica subyacente de la postura que mantiene. Por ejemplo, el resumen de uno de los editoriales (La Vanguardia, 21.3.80) escrito a raíz de la victoria de Jordi Pujol en las autonómicas de 1980, es: – Título: Victoria de la Cataluña reflexiva – Proposición central: “Es bueno que haya ganado Pujol porque es pragmático, negociador y pactista“. – Proposición de coherencia global: “Pujol no es de izquierdas y la tranquilidad social y política conviene para los tiempos duros que se acercan”. O el de otro editorial del mismo periódico (La Vanguardia, 14.3.82), escrito con motivo de una manifestación contra la LOAPA: – Título: La manifestación de hoy – Proposición central: “La manifestación no tiene valor porque la convocan grupos diferentes con objetivos diferentes”. – Proposición de coherencia global: “Los independentistas y los comunistas que convocan son oportunistas”. A partir de las síntesis se puede obtener un perfil ideológico-político de cada diario para el período estudiado y sus líneas estratégicas generales. Ahora bien, por otra parte, en el discurso, además de lo que se afirma explícitamente hay también un contenido implícito, compuesto de los que se presupone y de lo que se implica con aquello que se dice. Por ejemplo, en un