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Teoría de las prácticas sociales. Homenaje a Manuel Fernández Miranda

Castro Martínez, Pedro V.; Chapman, Robert W.; Gili Suriñach, Sílvia; Lull, Vicente; Micó Pérez, Rafael; Rihuete Herrada, Cristina; Risch, Robert; Sanahuja Yll, Mª Encarnacion

Abstract

Castro Martínez, Pedro V.; Chapman, Robert W.; Gili Suriñach, Sílvia; Lull, Vicente; Micó Pérez, Rafael; Rihuete Herrada, Cristina; Risch, Robert; Sanahuja Yll, Mª Encarnacion

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Complutuní Extra, 6(11), 1996: 35-48 TEORÍA DE LAS PRACTICAS SOCIALES Pedro V Castro *, Robert fE C’hapman * t Sylvia Gui Suriñach *, Vicente Luil t Rafael Micó Pérez*, Cristina Rl/nt cteHerrada 1’, Roberto Risch“<, KL a Encarno Sana/neja YlI * RcsuAe¿.- Este artículo esboza una teoría da las sociedades humanas basada en el concepto de prácticas sociales. Estcts pueden entenderse canto socio-parentales, socio-económicas y socio—politicas. y se concibe,: canto acontecimie,mtos reales que involucran mujeres, hombres y condiciones materiales. Nuestra propuesta ¡rata de conformar una ,‘ío marxista y materialista para acceder a una definición objetiva de las formas histó - ricas de distancia social establecidas tanto en el ámbito ecónomica (disimetría social) como en el sexual <diferenciación sexual). La aplicación arqíteológica de dicha propuesta requiere la definición de una serie de conceptos <‘artefacto, arteuso, circundato, área de actividad, lugar y espacios sociales, tramas, ezmtre otros,) y su articulación en un esquema metodológico. Las últimas páginas de este trabajo se destinan a este objetivo, e incluyen, adensás, un ejenmplo ilustrativo. Aasm4cr.- Tuuis paper outlines a theoo’ of human societies based an tIme concepí of social practices. These are divided bito socio-parental, socio-economic and socio-politic, andl are conceived os real events that invol - ve woníen, mcl: and materials. Omw proposal ¡hes to put fors4’ard a níarxist ami n,aterialistic wav iii arder to grasp an objetive defi,tition of the historic fornís of social disrance in ihe economic danzain (social assvnzeuy.) as well os iii the sexual 01w (sexual differentiaíion,). The archaeological application of this proposal needs rhe dejhmition of severa1 concepts <‘artefact, arteuso, circundoto, activitv oreo, social places, social spaces, among others) rhat have to be articulated Puto a forníal methodology. The last pages follow ihis ami including, also, al: illustrati,’e exaníple. Piz..’taius CM¡r: Arqucologia, Prácticas socictíes, Disimetría social, D (Ierenciación sexual. Km Wonns.- Archaeology. Social practices. Social assvmetrv, Sexual di/j’6eí:¡iarion. 1. LAS PRACTICAS SOCIALES Las sociedades humanas son aglomerados de interés conformados por hombres ymujeres (agentes sociales) ylas condiciones materiales en las que viven (mundo de los objetos). Hombres, mujeres ycondiciones materiales integran las condiciones ob - jetivas de la vida socialí. Los acontecimientos que ponen en relación estas tres categorías objetivas constituyen las prácticas sociales, las cuales plasman en un sentido concreto toda la combinatoria poten - cialmenteilimitada entre las tres condiciones objeti - vas de la vida social. Las prácticas sociales, al gestar, formar o mantener mujeres, hombres y condiciones materiales, proponen también su articulación y esta - blecen de este modo las reglas del juego social, un * Departarneuit d’Histório de les Societats Pre-capitalistes Bellatena (Barcelona). A Manolo juego siempre mediatizado por las propias condicio - nes objetivas.va que sin ellas nunca seria posible. Dado que las sociedades humanas se asien - tan y definen a partir de determinadas prácticas so - ciales. sólo “son” en cuanto a dichas prácticas. Así pucs, las prácticas sociales, en tanto acontecimientos materiales, constituyen la realidad social, que adqui - rirá diferentes expresiones según el entramado de aquéllas. Las prácticas sociales pueden pertenecer a tres esferas: parental, económica y política. La pri - mera garantiza la generación, mantenimiento y for - mación de hombres y mujeres, la segunda la produc - ción de las condiciones materiales para la vida social y, la tercera, la creación de categorías sociales que trascienden la condición sexual. Así pues. constitu - ven el universo mareo de la definición social, orien - tándose a la reproducción del gmpo en el umbral de la vida, de las condiciones materiales yde la vida so - d’Antropoíogia Social. Universitat Atitónorna. Bdifici 13. 08193 •~ Departiaetit of Archaeologx. Uííivcrsity of Reading. Reoding RGÚ 2AA. Reiíío Unido. 36 PEDRO V. CASTRO ETALII cial. La definición pormenorizada de cada tina de ellas se realizará más adelante. Hemos señalado que en las prácticas socia - les se articulan las tres condiciones objetivas en di - versas disposiciones. Los agentes sociales, hombres y mujeres, protagonistas de toda práctica, participan desde posiciones qtíe sólo excepcionalmente cabria calificar de igualdad. Aunque sólo sea por la expe - riencia histórica que nos ha tocado vivir, preferimos enfocar la cuestión desde el concepto de distancia so - cial en lugar de partir del de ‘igualdad’~. más próxi - mo a la excepción que a la regla. En el campo se - niántico de distancia social se incluyen los factores que expresan (1) las dishnetrias sociales (2) la di - ferenci ación sextíal como socialización de la diferen - cta sexual. La disimetría social es sinónimo de ex - plotación económica y ocurre cuando el consumo. tíso, disfníte o control de las condiciones materiales es efectuado por agentes ajenos en todo o en parte a quienes se encargaron de su producción v/o manteni - miento sin ofrecer contrapartidas. La disimetría so - cial puede producirse entre clases, gmpos de edad y/o sexos y establecerse a nivel inter o intragrupal. Se consolida en el seno de las prácticas socio-políticas, aunque se fragñe en el seno de las actividades econó - micas o en los procesos de trabajo implicados etí ellas. La confusión entre emergencia y consolidación ha sido común entre quienes han considerado la apa - rición de la jerarquización social y del Estado como consecuencia de la adopción dc nuevas formas eco - nómicas, como la agricultura de regadío, el policulti - vo mediterráneo o el intercambio a corta o larga dis - tancia2. Desde esta perspectiva, la complejidad de las estrategias de subsistencia habría propiciado el surgi - miento de individuos ygrupos progresivamente des - vinculados de la producción directa. que pasarían a desempeñar funciones de gestión o control de carác - ter general. Ello les habría permitido asumir una po - sición cada vez más destacada, traducida en el acceso privilegiado a una serie de bienes y servicios. Esta argumentación. de amplio eco en las ciencias socia - les, asume unos lazos de necesidad que no son en ab - soluto evidentes. En particular, es preciso objetar que de la división del trabajo requerida en determinadas estrategias de subsistencia no se deduce en modo al - guno la desigualdad en el consumo/disfrute de lo producido. Debe quedar clara que esta desigualdad es siempre una decisión unilateral de carácter político enraizada en unas condiciones materiales dadas, que requiere. a menudo. de la coerción fisica para matíte - ner la coordinación de los procesos de trabajo y la distribucióndiferencial de lo producido. En lo referetíte a la diferencia sexual. restíl - ta evidente que la prerrogativa de las mujeres como productoras de nuevos individuos marca una diferen - cia crucial respecto a los hombres. Sin embargo, este hecho, que inaugura el mundo dc lo parental. no ten - dría por qué establecer disimetrías sociales de parti - da, si éstas no quedasen potenciadas por medio de prácticas socio-políticas destinadas a tal fin. Estas pueden convem’tir la diferencia sexual en diferencia - clon sex-ual, una condición social según la cual la mujer, fuerza productiva y medio de producción al mismo tiempo. es susceptible de ser explotada por los agentes improductivos. En este caso, la diferencia se - xual no es únicamente biológica, sino que también es social. La categoría de diferenciación sexual implica la noción de explotación y se sitúa al mismo nivel de las restantes disimetrías sociales. La diferenciación sexual ejercida sobre las mujeres en cuanto a su po - tencial reproductivo (gestación. amamantamiento) ha acostumbrado a extenderse a otros ámbitos de prácti - cas socio-parentales (formación de la descendencia x’ cuidado dc la unidad parental). No obstante, al tra - tarse ahora de actividades libres en principio de de - terminantes biológicos, se abre la posibilidad de que sean agentes masculinos quienes padezcan la dife - renciación sexual. Tan sólo en esta eventualidad. imaginable pero de la cual no teilemos noticia algu - na, serian hombres quienes ocupasen la posición más desfavorecida en este tipo de distancia social. Las formas de distancia social, a menudo soslayadas, deber quedar enunciadas explícitamente para evitar el olvido que acompaña a mentido a la omisión, sea ésta consciente o no. En este sentido, la presencia en el plano de los discursos o de las repre - sentaciones de sólo utia de las dos categorías de agentes sociales (mujeres y/o hombres) o. en ocasio - nes, de un sector restringido de ellos. conlíeva la dis - críminación total o parcial de los/as restantes. En contra de esta actitud tan habitual en la Academia y en muchos otros ámbitos de nuestra sociedad, la in - vestigación arqueológica sobre la distancia social de - be ser enfocada para denunciar/desocultar las estra - tegias de afianzamiento en términos de explotación, opresión o ejercicio de la violencia, tanto fisica como simbólica, así como las posibles iniciativas de resis - tencia. Como categorías dc análisis arqueológico, las condicioííes objetivas de la vida social poseen un claro contenido material que facilita su constatación empirica. Desde el pitnto de vista arqueológico pode - nios contar con hombres. mujeres y condiciones ma - teriales en un soporte ftsico, cuya disposición permi - tirá definir espacios sociales (inji-a). Por ello, la ar - queología se encuentra en una posición privilegiada. en tanto que su aproximación a las condiciones obje - tivas de la vida social es directa o de primera mano, y TEORíA DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES 37 no se produce mediatizada por los textos escritos ni por las declaraciones orales de los propios hombres y mujeres. En ambos casos constituyen referentes de significación y. como tales, intermediarios de la rea - lidad material que pretenden significar. Más adelante esbozaremos las directrices en las cuales podría arti - cularse una investigación arqueológica de la distan - cia social. 2. LAS PRACTICAS SOCIO-PARENTALES La esfera de prácticas socio-parentales aglu - tina las actividades destinadas a la gestación, al ama - mantamiento, a la realización de aquellas tareas rela - cionadas con el mantenimiento de la fuerza de traba - jo de una comunidad (en particular, de aquellos indi - viduos que. por impedimentos ftsicos, son incapaces de valerse por sí mismostemporal o permanentemen - te. como niños-as, enfermas-os. heridos-as) y a la formación de niños y niñas en tanto que hombres y mujeres en lo que constituye la primera socialización de la condición sexual. Además. hablaremos de prác - ticas socio-parentales cuando dichas actividades ten - gan como protagonistas a las mujeres y/o hombres vinculados por lazos de consanguineidad o afinidad. En cambio, si las actividades enumeradas se hallan realizadas por otros individuos, serán consideradas como resultantes de una práctica política. Asi. la ali - mentación y etmidado de una criatura por parte de su madre y/o padre constituye un claro ejemplo de prác - tica parental, mientras que si tales cuidados son su - ministrados en un hospital o en un orfanato consti - tuirán prácticas políticas. Por lo general, las prácticas socio-parentales se hallan en función de otras prácti - cas que trascienden este ámbito (mfra). Las prácticas socio-parentales pueden reque - rir medios naturales y/o implementos. La producción de estos últimos no atañe a esta esfera de prácticas, sino a las económicas. Los procesos mediante los cuales se obtiene el alimento son distintos de la ac - ción de suministrarlos a un hijo. Los primeros entran en lo económico (desde la obtención de ingredientes hasta su cocinado), la segunda, en lo parental. El he - cho de que muchas prácticas socio-parentales impli - quen sólo energía y órganos corporales ha favorecido el que sean consideradas “naturales” y, por tanto, ajenas a la vida social (gestar, parir, amamantar. líevar un niño en brazos, despiojar. dar la comida, se - gregar los individuos fallecidos del espacio que ocu - pan las personas vivas, aplicar remedios curativos, etc.). La “naturalización” de dichas prácticas suele ser un acto discursivo de orientación política que for - ma parte de estrategias de discriminación tendentes a distanciar socialmente a las mujeres u hombres que las realizan. Las prácticas socio-parentales no engendran condiciones materiales (véase i¡3fra prácticas socioeconómicas), sino agentes sociales, hombres y muje - res, susceptibles de asumir identidad social tras la mediación de prácticas socio-políticas. Por su papel crucial en la reproducción del grupo, las prácticas so - cio-parentales posibilitan la producción básica. Mu - jeres yhombres resultan imprescindibles para produ - cir vida. La disimetría entre ambos reside no sólo en el lugar que ocupan en dicha produccion básica de vida sino en otros factores3. Las posibilidades de generar vida por parte de un grupo aumentan proporcionalmente de acuerdo con el número de mujeres que lo integran. En cam - bio, basta la presencia de un único agente masculino para lograr la reproducción biológica del grupo. El papel de los hombres en dicha reproducción termina allí donde empieza, en la cópula. Sin embargo, el de la mujer se extiende como minimo hasta que la vida cobra forma autónoma. De este proceso reproductivo que tiene como protagonistas a las mujeres, los hombres están “bio - lógicamente alienados”. La preocupación de éstos no concierne al estadode la ~‘ida social engendrada. sino a su superviviencia individual. Puesto que a han realizado su función, resultan inútiles en la gestación y pueden alienarse del mantenimiento de la ~‘ida has - ta que ésta sea autónoma. Dado que el papel de los hombres en la reproducción puede ser asumido por un único individuo, parece evidente que la vida so - cial en sus origenes no debía requerir un agregado de hombres para reproducirse, sino que sólo bastaria la aportación seminal aleatoria de uno de ellos y en un momento dado. Los hombres podrían ser mantenidos por un colectivo social (formado mayoritariamente por mujeres) mientras cumpliesen exclusivamente esa función. Al no formar parte de la gestión de la vi - da, su papel social sólo existiría en cuanto individuo masculino en competición con otros que potencial - mente pudieran asumir ese mismo papel. Los hom - bres, para sobrevivir individualmente ydado que sólo eran necesarios socialmente en momentos puntuales, necesitaban competir con los demás miembros de su sexo con el objetivo de buscar su lugar social. En otras palabras, se ubicaban socialmente mediante su afirmación individual. Por tanto, el sexo masculino está socio-biológicamente condicionado para repro - ducirse compitiendo con sus semejantes. Estas ar - mas sociales determinadas biológicamente serán consustanciales a su sexo y, por su incapacidad de pro - ducir vida. se dirigirán a su vez sobre el colectivo 38 PEDRO V. CASTRO ETALII que la gestiona a la búsqueda de un lugar en ella, un lugar que, de no mediar pensamiento social, sólo ad - mite dominio de su gestión. Las mujeres. en cantio, reproducen vida mantienen el estado de la misma generando vida so - cial hasta que los individuos gestados, al margen de su sexo. son autosuficientes. Esa situación generada por las mujeres al mantener la vida de los agentes so - ciales constituye el primer ejemplo de grupo social. Al estar integrado por mujeres autónomas preocupa - das por la vida social, en tanto que ésta constituye su propia vida, mantendrán y cuidarán oportunamente el número de hombres necesario para la germinación de vida. Esta vida social que hemos imaginado como madre de todas las vidas está fuertemente condicio - nada por el papel biológico de ambos sexos. Dicho papel ha armado socialmente a los hombres ~‘ a las mujeres en direcciones opuestas. auspiciando que las mujeres se autoafirmen en cuanto a personas sociales y que los hombres lo hagan como individuos a la búsqueda de un incierto papel en una sociedad donde su intervención está restringida a un cometido pun - tual e intercambiable y que los ha armado para la competición como medio de reclamarlo o imponerlo. La agresividad no se debe exclusivamente a causas biológicas. sino que ha resultado ser una estrategia de reproducción individual necesaria para el sexo masculino. Por el contrario, la situación biológica y social de la mujer. al no partir de la afirmación como persona en competición con otras, ha presupuesto un desarme frente a las condiciones coercitivas que el otro sexo ha impleinentado para sobrevivir. Fuera del umbral de estas condiciones, que dejan de ser biológicas en cuanto se manifiestan so - ciales. algunas sociedades han articulado formas de relación entre los sexos que mantienen los papeles de dominadores/dominadas, pero que reclaman condi - ciones de “igualdad” para los ámbitos ajenos a la re - producción y al mantenimiento de la ~‘ida,dando lu - gar a un modelo social no sexuado pero creado a imagen y semejanza del modelo de dominio masculi - no. Modelo que permite a los hombres reproducirse individualmente y que acepta a las mujeres a su mis - mo nivel si, además de sus funciones biológicas. asti - men esquizofrénicamente la competitividad masculi - na. Este tipo de sociedad responde. por tanto, al de - seo y a los intereses de los hombres en su temor por dejar de ser personas sociales y con ello perder los beneficios de los que disfrutan, al volver a ser única - mente medios puntuales de producción de i’ida. La sociedad del futuro tendría que auspiciar una subversión de los papeles de autoafinnación asignados a hombres y mujeres. Los primeros deberían autoafirmarse social y no sólo imídividualmente y, las mujeres, individual y no sólo socialmente. En ambos casos. se asumirian y respetarían las aliena - ciones de raíz biológica y se evitarian las de raíz so - cial que, hasta el momento, han permitido el despro - pósito de organizar la vida exclusivamente a partir dc sus trabajadores no directos que, como tales ya pesar de la buena voluntad que puedan ocasional - mente manifestar, tienden a explotar yoprimir a las trabajadoras directas de la i’ida. Sólo así, la vida so - cial dejará de tener sexo social y recuperará el sexo para los individuos. Este equipo de investigación sospecha que ese mundo deseado de futuro rara vez fite vigente en las formaciones económico-sociales del pasado y. por tanto, en la mayoría de los casos, considera a las prácticas socio-parentales como actividades de explo - tación-sumisión y coerción que se establecen, no en el seno de la globalidad social, sino en sus células de reproducción. En el caso de que desde el ámbito polí - tico se pretenda la igualdad sin valorar y asumir el costo femenino de la reproducción. nos hallaremos siempre ante un simulacro que ocultará la diferencia sexual de partida. Nuestra decisión de no incluir las prácticas socio-parentales en las socio-políticas se de - be, pues. a que deben ser investigadas por separado para no confundir las situaciones de diferenciación sexual (marcadas por condiciones objetivas de explo - tación en la producción básica de la vida y que suelen producirse en el seno de las prácticas socio-parenta - les) con las situaciones de disimetría social promovi - das mediante prácticas socio-políticas, las cuales pre - suponen a lo sumo situaciones de igualdad entre in - dividuos ocultando la explotación propia de la disi - metria social. 3. LAS PRACTICAS SOCIO-ECONÓMICAS Las prácticas socio-económicas incluyen aquellas actividades destinadas a la obtención, proce - sado i/o conservación de alimentos y a la fabricación ymantenimiento de implementos. cuso destino origi - nario se orientó a la satisfacción de las exigencias mínimas de la vida social: alimento y cobijo para los agentes sociales4. Asi pues. en cuanto materia obteni - da, aprovechada, tramísformada y/o mantenida, las condiciones materiales u objetos cobran un sentido originario en las prácticas socio-económicas. Las prácticas socio-económicas se establecen entre homn - bres y/o mujeres e involucran y diíwensionan el Inun - do de los objetos. Éstos son reconocidos desde la ar - queología cmi calidad de objetos arqueológicos. que TEORÍA DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES 39 comportan tres planos de expresión en cuanto arte - factos, arteusos y circundatosA. El plano de los artefactos presupone la exis - tencia de materia transformadaartificialmente y con - vertida en medio instmmental de las sociedades. A partir de la investigación de su materialidad, obten - dremos información acerca de los procesos tácticotécnicos gracias a los cuales fueron fabricados. Todo producto artefactual es en cuanto desempeña una función, es decir, en cuanto cobra sentido en alguna de las tres esferas de prácticas sociales. Toda activi - dad destinada a mantener esa función constituye también una actividad productiva, por lo que queda englobada dentro del dominio de las prácticas socioeconómicas. Lavar la ropa. barrer la casa. limpiar la vajilla doméstica o afilar un hacha son prácticas so - cio-económicas, en cuanto contribuyen a mantener en funcionamientodeterminados productos (la ropa, la vivienda, la cerámica o el hacha). Un hacha sin filo o un automóvil sin carburante pierden su plano ar - tefactual, a menos que sean re-producidos (recicla - dos), es decir, utilizados en otra función diferente a la desempeñada originalmente, como, por ejemplo, la reconversión del hacha en martillo o del automóvil en refugio. Así pues, la esfera de las prácticas socioeconómicas incluye el mantenimiento de las condi - cionesmateriales producidas y, eventualmente, las operaciones necesarias para su desecho. Resulta con - veniente recalcar la importancia del mantenimiento como uno de los momentos de la producción que, desde esta perspectiva, pasa a dotarse de una dimen - sión que podríamos llamar de continuidad. Así, la producción no finaliza a la salida del taller (como ge - neralmente se tiende a asumir), sino que se prolonga hasta la amortización (desecho) del artefacto. Esta constatación abre también la posibilidad de analizar fenómenos de explotación económica frecuentemente pasados por alto, ya que el mantenimiento de los ar - tefactos exige una inversión de trabajo que. en oca - siones, puede exceder incluso la que los conformó como tales. Entre estos trabajos figuran en lugar desta - cado las llamadas “labores domésticas” (limpiar, la - var, barrer, etc.), cuyo peso en la actividad económi - ca es a menudo desestimado en favor de la ‘macroe - conomía” (o “economía política”), cuando, en reali - dad, aquéllas son en última instancia parte integrante de la infraestructura de ésta. El plano de los arteusos hace alusión a ma - teria beneficiada para el consumo alimentario o bien materia apropiada o desechada para la consecucióíí dc artefactos. En el primer caso figuran elementos botánicos. faunísticos o minerales (granos. frutos. partes de animales, agua o sal). Los segundos se contextualizada de su matriz geológica (mineral me - tálico, sílex. arcilla) o biológica (troncos, fibras vege - tales), o bien como residuos de la materia transfor - mada por la mediación de artefactos (escorias. lascas, carbones de hogares). Si bien los artefactos siempre se encuadran dentro de la categoria de producto, uní - camente los arteusos de tipo alimentario y las mate - rias primas destinadas a la fabricación de artefactos son susceptibles de ser incluidos en aquélla. En lo que respecta a la producción alimentaria, sólo se ha tenido en cuenta, en general. la obtención del pro - dueto primario, por ejemplo la cebada o la carne. Sin embargo, se han dejado de lado aquellas actividades relacionadas con la transformación del producto (mo - lienda, cocinado, extracción del veneno de la x’uca, despellejamiento, descuartizamiento, etc.) o la con - servación y/o el almacenamiento del mismo (salazón, ahumado, torrefacción), en el que incluimos el con - trol higiénico de los contenedores para evitar la pu - trefacción, la acción de roedores o insectos, etc. Finalmente, el plano de los circundatos conlleva la presencia de elementos naturales constituti - vos del objeto en cuanto indicadores de las condicio - nes medioambientales del espacio natural. Sin em - bargo, la noción de espacio natural resulta ambigua en lo que respecta a las prácticas sociales. Preferimos utilizar el término de espacio social, que constituye la esfera física relacional de la apropiación de la ma - tena por parte de hombres y mujeres. Este concepto integra de manera dinámica las dimensiones de espa - cío natural yterritorio, entendido éste como la arti - culación y/o gestión (ordenada/planificada o no) de la materialidad que las prácticas sociales exigen. El territorio supone una organización del espacio gene - rada por la reproducción económica y política de un grupo social, de forma que supone una antropización del espacio natural. El territorio presenta diversas di - mensiones, como mediador de información, espacío de subsistencia y espacio político de cohesión o coer - ción. Por otro lado, el universo simbólico con que la sociedad percibe el espacio social y el espacio natural configura el paisaje sociat. Los objetos pueden manifestar de uno a tres planos de expresión. En este sentido, los artefactos siempre presentan los tres, los arteusos sólo dos y los circundatos exclusivamente uno. Su estudio nos in - formará de todos los procesos de trabajo implicados en cada una de las ramas de la producción que invo - lucran artefactos y arteusos. Además, esta investiga - ción debe ser completada con la que concierne a la disposición o situación de dichos objetos. Un objeto en su plano artefactual nos está indicando que se tra - ta del producto de unas prácticas económicas especí - ficas para las cuales han intervenido estrategias. tác - muestran como materia orgánica o inorgánica des- 40 PEDRO V CASTRO ETALII ticas y/o técnicas. Sin embargo. dicho objeto como artefacto pttede indicarnos, en cuanto a su situación con respecto a otros objetos, que su presencia no res - ponde únicamente a prácticas socio-económicas. sino que cobra significado en las prácticas socio-políticas o socio-paretitales como gestoras o controladoras de lo producido. Al mismo tiempo, la producción propia de las prácticas socio-económicas exige saberes so - ciales específicamente implementadospara la gestión económica, cuyo aprendizaje tiene lugar en las prác - ticas socio-parentales o en las socio-políticas. Ade - más, la colonización de las prácticas socio-económi - cas por las socio-políticas puede llegar a enajenar la condición de quienes participan en ellas. ocultando el valor de su presencia en la vida social y su relación con las condiciones materiales de la existencia. Nos referimos al fenómeno conocido como alienación. 4. LAS PRACTICAS SOCIO-POLÍTICAS Las prácticas socio-politicas son aquellas que. mediante acuerdos o imposiciones. están desti - nadas a establecer formas de cooperación o de distan - cia social, tanto en el seno de la reproducción de los agentes sociales (prácticas socio-parentates) como en el de las condiciones materiales de la vida social (prácticas socio-económicas). Dichas actividades in - volucran igualmente objetos materiates y dan un sen - tido especifico a la producción económica, orientán - dola a la consecución de unos objetivos qtme trascien - den tos productos y productores/as concretos. Dc esta mamíera, colonizan las distintas producciones econó - micas y las reordenan y reconvierten según intereses políticos específicos que no existían por definición en las prácticas socio-económicas. El primer contrato socio-político fue el con - trato sexual entre hombres para regular la competi - ción masculina y garantizar el control sobre las mu - jeres y su descendencia. De este acuerdo surgió la or - ganización familiar en cualquiera de las formas en que la conocemos. siempre antagónica a la solidari - dad ycooperación grupales. Esta se orientó a mitigar la competición masculina promoviendo un reparto más “democrático” de las mujeres entre los compo - nentes del grupo de hombres, reduciendo la competi - ción periódica entre éstos y, al mismo tiempo, frag - mentando el originario grupo de mujeres germen de vida social (es decir, socavando su resistencia como grupo). La primera “paz social” fue, como la “Pax romana”, más bien una tregua impuesta desde una posición de fuerza. Los modelos hobbesiano y rou - sseauníano han postulado la idea de un contrato social entre iguales que deciden libremente o por nece - sidad común ceder parte de su libertad en favor del interés general. interés que desde entonces pasará a ser gestionado por una institución política. Desde una óptica distinta, oponemos que el primer germen de institución politica 4to el surgido entre grupos de hombres con un claro sentido de dominación sobre el sexo femneninot La primera organización política (masculi - na) reorganizó la parentalidad originaria imponiendo una nueva (familiar), en la que los hombres pasaron a desempeñar un papel continuo añadido al que hasta entonces sc limitaba a su participación en la cópula. Regular la competición masculina no significa hacer - la desaparecer, sino rearticularía mediante otros me - canismos. A partir de este momento. la diferencia se - xual fue diferenciación y disimetría sociales, que adoptaron nuevas formas y rumbos a lo largo de la historia. Las organizaciones políticas, institucionali - zadas en mayor o menor grado, aglutinarán indivi - duos procedentes de distintas unidades parentales pa - ra la consecución de fines variados. Las instituciones de gobierno reproducirán a menudo el mismo esque - ma de dominio parental en cl seno de la familia, sólo que a una escala más amplia. Sin embargo, ambos niveles. parental y político, no son necesariamente isomorfos. Sus intereses podrán llegar a ser contra - puestos en determinados aspectos. sobre todo con el desarrollo de la división del trabajo y la aparición del Estado. Pese a ello, no resulta acertado oponer fami - ha, parentesco o lo que ha dado en llamarse “socie - dad ci~-il” versus cl mundo de la politica. en tanto es - feras con orígenes independientes ynaturateza pro - pia con intersección en un punto medio, dado que la propia familia fue en origen una creación fruto de un acuerdo político ydesde entonces siempre ha mante - nido abierta una capilaridad respecto a este ámbito. Vale la pena comentar lo que ocurre con la aparición del Estado. Este institucionalizó las nuevas fonnas de explotación económica que se añadieron históricamente a la sexual y las mantuvo gracias al uso de la fuerza o a la amenaza de dicho uso. Al igual que ocurría con la faníilia, una decisión política zanjó el conflicto consolidando una desigualdad. Su - puso el armisticio, pero no el fin de la lucha. En lo económico tal y como lo definimos aquí. eí Estado sancionó tanto estrategias de subsistencia en funcio - namiento como desigualdades sociales previas. Por un lado. potenció o introdtíjo en el ámbito socio-pa - rental movimientos tendentes a regular (a la alza o a la baja) la reproducción en tanto generadora de nue - vos/as agentes productivos. La utopía imaginada por A. Huxley en Un 3’ft¡ndo Feliz expresa el grado má - rimo de inten’eiíción estatal en el control de los mdi - TEORÍA DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES 41 viduos, describiendo una situación en la que ya no es posible hablar de lo parental como esfera diferencia - da de prácticas. En el plano de las prácticas socioeconómicas, el Estado fomentó eventualmente la im - plantación de nuevas estrategias de subsistencia que incrementaban la dependencia de las base poblacio - nal y/o la división del trabajo como estrategia que Cuera en el mismo sentido de aumento de la depen - dencia individual. El Estado, entendido como instru - mento político de la clase económica dominante, bus - cará nuevas articulaciones de la base económica co - mo medio para fortalecer este dominio. La manifes - tación fisica del territorio de cada Estado se acota mediante fronteras y, quienes lo habitan pasan a ser súbditos o gobernados. Cada Estado adquiere sentido como garante de la explotación económica sobre los habitantes de un territorio concreto. Sobre estos últi - mos ejerce su control económico, político e incluso parental. En otras ocasiones, se sine de la guerra pa - ra extender parcelas de este control, económico y/o político, a otros espacios geográficos y poblaciones. La violencia de la guerra. en tanto priva de las condi - ciones materiales necesarias para las prácticas socio - parentales (muerte o rapto de agentes sociales; des - trucción o robo de alimentos e implemenlos) hace a los hombres ymujeres supervivientes dependientes de las formas de abastecimiento material situadas a una mayor escala, es decir, propias dcl ámbito que trasciende la parentalidad: el político. Una de estas organizaciones es precisamente la militar. Si la op - ción tomada es ésta, resulta factible convertirse de atacados/as en atacantes, como forma de obtener los medios materiales de que se fíe privado/a. La desi - gualdad basada en el liderazgo militar perpetúa la di - simetría económica, ya sea en la población de partida (subordinados/as) o, en caso de conquista. trasladán - dola a la población sometida (vencidos/as). Eventual - mente, saqueos ytributos alimentarán la desigualdad económico-política del estado agresor y favorecerán en ciertos casos la aparición de nuevos estados si la influencia en otras poblaciones se traduce en la im - posición de formas de división del trabajo que incre - menten la dependencia de los/as productores directos hacia sus gestores políticos previos. El Estado potencia e instituye formas de sa - ber (filosofía, religión. cosmovisión) que llevan apa - rejadas propuestas de conocimiento del mundo (gno - seología), instrucciones concretas para su transfor - mación (lechné) y guias dc percepción y sensibilidad (las “tecnologías del yo” descritas por Eoucault). Ello no resulta una novedad estricta. Las prácticas socia - les siempre han requerido de un sistema de significa - ción (lenguaje) a los tres niveles citados que permi - tiese la comunicación entre los agentes sociales. El juego de significación que constituye el lenguaje po - sibilita la formación social de los individuos y sienta las bases para sim entendimiento. La novedad que sobre este tema introducen los estados radica en la creación de aparatos de con - trol sobre este campo, necesarios dentro de una estra - tegia global de dominio sobre poblaciones amplias. Algunos estados se han dotado de aparatos institucio - nales de creación, tipificación y transmisión de los saberes. Dichos cuerpos de saberes reinterpretan (ac - tualizan) discursos y costumbres previas según la oportunidad o necesidades del momento. Ademas, tienden a simplificar y fijar su sentido, estrategia que tiene su máxima culminación en el Derecho. La ha - bilidad para aunar Conocimiento, Ética y Política, simplificando sus enunciados en las ideas de Verdad, Bien yJusticia, constituye uno de los “logros” más notorios de la producción discursiva de los estados desarrollados. Que estas formas de control ideológico y de comportamiento sean más o menos eficaces de - pende, tanto de los medios institucionales de trans - misión del saber como (y lo que es más importante) de su capacidad para que este saber sea inculcado en el contexto de las prácticas socio-parentales. El iso - monismo entre éstas y el discurso oficial supone el grado más alto de control politico. Por este motivo, la voluntad política de fortalecer, retornar o rescatar las tradiciones populares” o la “institución familiar” debe ser contemplada como un intento por “coloni - zar” (influir en) ámbitos socio-parentales. Sin embar - go, el citado isomorfismo, deseo supremo del Estadomáquina, cuenta con escasos ejemplos históricos. Y ello no tanto por una “imperfección” de los medios institucionales de aprendizaje ni porun supuesto “in - nato espíritu indomable del ser humano”, sino por - que las “palabras”, entendidas como discursos sobre las “cosas” (entendidas a su vez como las condicio - nes materiales en las que viven los agentes sociales) discurren por caminos esencial y materialmente dis - tintos. A una determinada manera de fijar el sentido de las prácticas sociales cabe esperar ámbitos de re - sistencia en uno/a u otro/a de los agentes sociales. En el momento en que la resistencia deja de ser un deseo individual para cristalizar colectivamente, se produ - eirá la subversión de los discursos que provocaron tal reacción. Se rescatarán entonces viejos significantes/ dos o se girará el significado de los significantes in - culcados. El hecho de que determinadas doctrinas, cosmovisiones y otros discursos hayan perdurado a través de circunstancias históricas muy diversas (el Cristianismo, por ejemplo) prueba la “flexibilidad” de sus enunciados y, por tanto, su carácter antidog - mático y esencialmente “falible”, al contrario de lo que postulan sus actuales cargos con evidente falta de 42 PEDRO V. CASTRO ETALII perspectiva histórica. 5. HACIA UNA ARQUEOLOGIA DE LAS PRACTICAS SOCIALES A través de la arqueología podemos acceder directamente a las tres condiciones objetivas de la ~‘ida social —mujeres, hombres y mundo de los obje - tos—, según el estado de conservación de sus restos. De ahí que, en principio, resulte posible llegar a las prácticas sociales que combinaron tales condiciones en el pasado. Para ello debe establecerse una relación transitiva entre las prácticas sociales ysu expresión material, una relación a la que sólo es posible acce - der a través de una combinación de y entre los tipos, clases, condiciones yrelaciones de la materialidad social, término en el cual incluimos las manifestacio - nes fisicas concernientes a las tres condiciones objeti - vas de la vida social. Los objetos arqueológicos proporcionan in - formación sobre el espacio geográfico y social (plano de los circundatos). la gestión del espacio social (pla - no de los arteusos) y la nuplementación que dicha gestión o la misma sociedad exige para determinados objetivos (plano artefactual). Así pues, retomamos aqul el mismo punto de partida que considera que los objetos arqueológicos informan de las condiciones sociales de un grupo humano y de las condiciones materiales en las que está inmerso, ya que en los ob - jetos arqueológicos sc concentra un reducto del senti - do de la gestión social de la materia. Si el estado de consen’ación de la materiali - dad social del pasado lo permite, podemos asimismo averiguar cuáles fiteron los agentes sociales que pro - curaron, implementaron o decidieron unas condicio - nes materiales determinadas. No obstante, si bien re - sulta posible acceder a los objetos. en la mavoria de los casos sólo podemos suponer la existencia de agentes sociales indeterminados, puesto que su sexo y edad se desconoce. En la actualidad, únicamente a través del estudio de los restos óseos resulta posible sexuar las prácticas sociales inferidas de los objetos. excepto, por supuesto, las de la reproducción biológi - ca, cuyo protagonismo femenino es evidente. En con - secuencia, los análisis antropológicos cobran un ca - rácter excepcional para la investigación de la distan - cia social, puesto que constituyen el único criterio ob - jetivo que permite la determinación de la variable se - xual —mujer y hombre— para huir de lo masculino, considerado supuestamente neutro. Más arriba hemos establecido que toda so - ciedad se manifiesta mediante tres tipos de prácticas (socio-económicas, socio-políticas y socio-parentales) que articulan específicamente las condiciones objeti - vas de la vida social. Desde la arqueología resulta más sencillo otorgar significado a las prácticas socioeconómicas, porque constituyen la infraestructura material del resto de las prácticas sociales y porque históricamente han requerido de una implementación evidente de materialidad social. El primer nivel dc agrupación que debemos establecer reside en los ob - jetos en cuanto a productos y en cuanto a la relación que entre ellos pueda establecerse. La categorización de los objetos artefactuales permite definir teenomor - fotipos. que constituyen síntesis de parámetros de ha - bilidad, gustos’ función, realizados a partir dc datos cuantificables y cualificables de forma y tamaño. asi como la consideración de la materia prima empleada. Al respecto. conviene no olvidar que los productos fi - nales nos informarán de un proceso económico espe - cífico. Cada teenomorfotipo resulta de una exigencia social que transformó ciertas propiedades de la mate - ria mediante una determinada implementación tecno - lógica y dispuso agentes productivos, recursos, tiem - pos yespacios para el aprendizaje y la producción efectiva. Podemos dictaminar que los teenonuorfotí - pos expresan las fornías de ser de los objetos. Sin embargo, las formas de ser de los obie - tos arqueológicos no permiten por sí solas entender el sentido de su presencia. Esta no puede ser vislum - brada analizando unidades aisladas, sino a partir de la relación entre las mismas, es decir, en categorías de sentido relacional ancladas en primera instancia en la naturaleza, propiedades, analogía, oposición o vecindad dc los propios objetos materiales. Las situa - ciones de relación de los objetos constituyen sus ma - neras de esta¿ lo que equivale al cómo se manifies - tan y podrian articularse todos los objetos en una rea - lidad dada. Estas maneras de estar incluyen una plu - ralidad de ámbitos para cada uno de los objetos: el estar cotuo producto, el estar como medio, el estar como expresión simbólica, el estar como bien de uso o decambio, etc. Las situaciones de relación entre objetos de - finen o se expresan en espacios estructurados por ar - tefactos, aneusos o por ambos, que sustentan las re - laciones de tratísitívidad entre objetos. Los espacios estructurados son el resultado de la existencia de áreas de actividad social, espacios especializados de materialidad social. La reunión fundamentada en criterios de transitividad entre áreas de actividad permitirá esta - blecer, a su vez, la ubicación de los lugares socia les, espacios de convergencia de áreas de actividad. Los lugares sociales se conciben como reunión de áreas de actividad, de manera que, según su recurrencia v/ o singularización. cobrarán significado ciertas prácti - TEORÍA DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES 43 cas socio-parentales y socio-politicas. respectivamen - te, Las áreas de actividad social y los lugares dc reu - nión de áreas constituyen el eslabón necesario para elucidar las prácticas sociales. Según tales áreas se articulen en lugares específicos o no (espacialización de las áreas de actividad) y de acuerdo con el sentido de la singularización y recurrencia de los espacios, contaremos con un criterio empírico-social para aproximarnos al conocimiento de las prácticas socia - les, ya que éstas han determinado, según su naturale - za, que las áreas de actividad social se solapen, dis - tancien o yuxtapongan en espacializaciones específí - cas& Asumimos también la necesidad de propo - ner ámbitos o ¡ramas social es que conecten los diver - sos tipos de prácticas sociales inferidas en función de las áreas de actividades y lugares reconocidos en el espacio social. Desde esta perspectiva, podremos in - terpretar la distancia social, que conterupla los facto - res cruciales que expresan las disimetrias socio-eco - nómicas inter e intragrupales. asi como la diferencia - ción social según el sexo. Los ámbitos o tramas de las prácticas sociales han de entenderse como las propuestas de lectura histórica globalizadora de aquellas actividades y concatenaciones de actividades sociales propuestas e inferidas a partir de la determi - nación de los lugares sociales. En los ámbitos de prácticas sociales se interconectan actividades socia - les que involucran tanto las prácticas socio-economí - cas, como las socio-políticas o socio-parentales. en la medida que se constituyen como respuestas a pregun - tas sobre la organización de las sociedades ysus fe - nomenologías concretas, es decir, sobre prácticas so - ciales finitas e históricametíte determinadas. El desarrollo de la investigación sobre las tramas o ámbitos sociales deberá permuñir la deteruimí - nación de las formaciones económico-sociales pre - sentes en una situación histórica. Concebimos la mis - ma como el horizonte de sincronía que contempló la coexistencia de diversas formaciones económico-so - ciales. las cuales pudieron o no haber mantenido re - laciones de contacto. El punto de encuentro potencial entre formaciones económico-sociales correspondien - te a una situación histórica puede marcar rupturas o convergencias, ignorancia mutua o conflicto, cir - cunstancias que influirán en los cauces del cambio histórico global, de la dinámica de las formaciones económico-sociales yde la transformación de las prácticas sociales de cada comunidad. Con el fin de que la propuesta teórico-meto - dológica esbozada pueda ser más fácilmente com - prendida, hemos estimado oportuno ejemplificaría mediante un caso de estudio ideal, siendo conscientes que la realidad arqueológica suele presentarse de una Fig. 1.- Planta esquen~ática del yacimiento que ejcntpliflca nuestra proptiesta. manera mucho más fragmemítaria. Además, no hemos pretendido agotar todas las lecturas posibles. Nuestro deseo es que cl incremento en calidad y cantidad de la publicaciones arqueológicas pueda facilitar en el futuro el recurso a ejemplos reales. 6. UN EJEMPLO DE ARQUEOLOGÍA DE LAS PRACTICAS SOCIALES Imaginemos que hemos excavado completa - mente un asentamiento cerrado en cuyo interior se documentan doce estructuras. Además, en cada uno de los ángulos del recinto se adosa una estructura cir - cular semejante a una torre. Por último, fuera del asentamiento se localiza una necrópolis de tumbas individuales (fig. 1). Pasemos a describir las caracte - rísticas fisicas y el contenido material de todas estas estructuras. Las estructuras A. E. C. O. G y 1-1 presentan una planta circular de tamaño similar con zócalo de piedra y paredes y techumbre de materiales perecede - ros. Todas ellas presentan un hogar, en cuyo interior y alrededores se registraron restos de fauna domésti - ca y cereales carbonizados; un ajuar cerámico com - puesto por vasijas de almacenamiento para cereales y agua y recipientes más pequeños destinados al proce - sado alimentario y al con sumo; flisavolas y pesas de telar; hojas y dientes de hoz de sílex con señales de uso y varias plataformas alargadas sin ningún tipo de objeto encima de ellas. crópolis itt