El difícil proceso de configuración de las arenas políticas nacionales en El Salvador y Nicaragua. El impacto de la guerra y la crisis
Abstract
Este artículo se centra en la evolución política de El Salvador y Nicaragua. En la primera parte se realiza un breve resumen de la historia política de ambos países hasta el estallido de la crisis revolucionaria a finales de los los setenta. En la segunda parte se abordan las consecuencias políticas de la guerra y se discute cómo ésta (la guerra) consiguió moldear las arenas políticas que emergieron en estos países al finalizar el conflicto.
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Papers 49, 1996 63-75 El difícil proceso de configuración de las arenas políticas nacionales en El Salvador y Nicaragua. El irnpacto de la guerra y la crisis Ana Sofia Cardenal Salvador Martí Universitat Autbnoma de Barcelona. Departament de Cikncia Política i de Dret Públic. 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Resumen Este artículo se centra en la evolución política de El Salvador y Nicaragua. En la primera parte se realiza un breve resumen de la historia política de ambos paises hasta el estallido de la crisis revolucionaria a finaies de 10s &os setenta. En la segunda parte se abordan las consecuencias politicas de la guerra y se discute cómo ésta (la guerra) consiguió moldear las arenas políticas que emergieron en estos paises al finalizar el conflicto. Palabras clave: guerra, transiciones democráticas, El Salvador, Nicaragua. Abstract. The dtficultprocess of shaping nationalpolitical arenas in El Salvador &Nicarapa. The impact of war and the crisis The political evolution of Nicaragua and El Salvador is the main object of this article. The first section makes a brief summary of the political history of both countries up to the revolutionary crisis of the late seventies. The second section addresses the political consequences of the war and discusses how it has shaped the configuration of the political arenas that emerged in these countries once the war was finished. Key words: war, democratic transitions, El Salvador, Nicaragua. Sumario Las consecuencias politicas de la guerra El Salvador: empate militar, derrota política Nicaragua: la difícil cristaiización A mOdo de de una arena política Bibliografia A finales de 10s aiíos setenta 10s paises centroamericanos (a excepción de Costa Rica1) entraron en una profunda crisis de legitimidad (Booth, 1991; LaFeber, 1983; Torres-Rivas, 1983). Dicho fenómeno coincidió cronológicarnente con 1. El desarrollo política de Costa Rica, notablemente diferente del existente en el resto de 10s paises del istmo, tomará un camino completamente divergente a partir de la guerra civil acaecida en 1948.
64 Papers 49, 1996 Ana Sofia Cardenal; Salvador Martí el súbito colapso del modelo de Estado ((nacional-popular)) en la mayor parte de paises de Suramérica (la crisis de la deuda, la crisis fiscal del Estado, la inadecuación de sus mecanismos de articulación política) y con la creciente erosión de 10s regimenes autoritarios existentes en la mayor parte del subcontinente. Los acontecimientos en El Salvador y Nicaragua, sin embargo, responderán a la especificidad de sus arenas políticas. Si bien las transiciones hacia regimenes civiles en buena parte de paises suramericanos y la eclosión de la crisis política en el istmo coincidieron en el world time, la naturaleza de 10s actores, las coaliciones entre éstos, 10s métodos utilizados y sus objetivos fueron totalmente diferentes. El carácter hermético de 10s regimenes nicaragüense y salvadoreiio y su rechazo a cualquier pretensión reformista produjo la confluencia de buena parte de 10s movimientos opositores hacia la canalización de su actividad fuera de 10s canales institucionales que ofrecia el régimen. Éstos, que finalmente confluyeron con organizaciones de carácter politico-militar, protagonizaron un importante rol en la crisis, y posterior quiebra, del modelo de Estado oligárquico. A la vez, la diferente configuración entre 10s dos regimenes fue una variable clave para la comprensión del triunfo revolucionario en Nicaragua y la imposibilidad de la victoria de la convocatoria insurgente propugnada por FMLN en El Salvador (Wickham-Crowley, 1992). El desarrollo, la complejidad y el cariz de estos procesos no será ajeno a la siempre omnipresente intervención de las diferentes administraciones norteamericanas (America's Watch; LaFeber, 1983; Schoultz, 198 1; Pastor, 1987). Las consecuencias políticas de la guerra La ley marcial continuaba, en previsión de que fuera necesario aplicar medidas de emergencia para la calamidad pública del aguacero interminable, pero la tropa estaba acuartelada. Durante el dia 10s militares andaban por 10s torrentes de las calles, con 10s pantalones enrollados a media pierna, jugando a 10s naufragios con 10s niños. En la noche, después del toque de queda, derribaban puertas a culatazos, sacaban a 10s sospechosos de sus camas y se 10s llevaban a un viaje sin regreso. Era todavia la búsqueda del extermini0 de 10s malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Número Cuatro, pero 10s militares 10 negaban a 10s propios parientes de sus victimas, que desbordaban la oficina de 10s comandantes en busca de noticias. ((Segur0 que fue un sueño)), insistian 10s oficiales. ((En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz)). Gabriel Garcia Márquez, Cien años de soledad. Al intentar analizar 10s efectos políticos de diez Gos de guerra, agresión y conflictos en El Salvador y Nicaragua cabe citar, en primer lugar, la ya conocida frase de Karl von Clausewitz ((la guerra es la continuación de la política por otros medios)). Según el autor citado ((la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversarion.
El Saivador y Nicaragua. El irnpacto de la guerra y la crisis Papers 49, 1996 65 Es precisamente desde esta Óptica en la que cabe observar la contundente intervención de 10s EE UU en Centroamérica durante la década de 10s ochenta. Sin embargo, ningún anáiisis de las relaciones entre EE UU y Centroarnérica puede prescindir de que dicha potencia ha significado un factor decisivo en el desarrollo de la región y que su influencia ha sido permanente, a la vez que la actividad exterior del gran vecino del norte ha estado históricamente regida por dos directrices: la consciencia de desarrollar una misión histórica -nociÓn directamente imbricada con la doctrina del destino manifiesto-, y la creencia de que sus intereses vitales también se definen en el exterior, ampliando, de esta forma, la definición y 10s contenidos de su ccseguridad nacional)). Ambos principios apenas han experimentado variaciones en el tiempo (Aguilera y otros, 199 1). En el presente siglo 10s EE UU pasaron de la política del big stick, durante las primeras tres décadas, a la del good neighbor, bajo Franklin D. Roosevelt y Harry Truman. Luego siguieron políticas directamente intervencionistas en el marco de la guerra fría, bajo la administración de Dwight Eisenhower hasta la de Gerald Ford. Posteriormente, con la presidencia de Jimmy Carter, se intent6 lievar a cabo una tenue política de promoción de derechos humanos que fue revertida por 10s acontecimientos y por la siguiente administración republicana de Ronald Reagan, que revitalizó la doctrina Monroe. A través de casi noventa aiios, sin embargo, la prioridad de las diferentes administraciones estadounidenses ha sido mantener el control en su ccpatio traseroa. A 10 largo del tiempo, bajo diferentes retóricas y estilos, el eje central de la política norteamericana no ha cambiado: el mantenimiento del control y la estabilidad en una zona que siempre ha concebido como propia. Los EE UU percibieron el triunfo de la revolución sandinista no s610 como una amarga derrota a su política exterior -pues Somoza no era un simple aliado sino su valedor y más estable interlocutor en la regiónsino una amenaza real a sus intereses geoestratégicos en la zona (Di Palma & Whitehead, 1986). Desde esta óptica, la Administración republicana de Reagan enfatizó el conflicto centroamericano como el eje clave de su política exterior. Los discursos de Reagan, Kirkpatrick, Enders o Haig fueron grg~cas expresiones de la centralidad del proceso politico del istmo en el desarrollo de la política norteamericana (LaFeber, 1993: 275-28 1). Siguiendo a Carlos Sojo, son tres las dimensiones que permiten resumir la naturaleza de la intervención de 10s EE UU en Centroamérica durante 10s aííos ochenta. La primera es la dimensión cccontrarrevolucionaria)), donde se argumentaba que toda transformación social en su Brea de influencia seria interpretada como acercamiento a la potencia enemiga y, en consecuencia, tenia que ser no s610 combatida y contenida sino también recuperada. Se trataba del llamado roll back --de la recuperación de espacios perdidos en el tablero de una confrontación bipolar-, el escenari0 de dicha política iba a ser Nicaragua. La segunda dimensión es la cccontrainsurgente)), en la cua1 se buscaba evitar la pérdida de otros espacios combatiendo y aislando a 10s actores que propugnaban la transformación del orden existente, siendo sus espacios de aplicación
66 Paoers 49. 199G Ana Sofia Cardenal; Salvador Martí El Salvador y Guatemala. Finalmente, la tercera dimensión, llamada ((de acción preventiva)), trataba de preservar y consolidar sus actores aliados para evitar la creación de condiciones favorables a la emergencia de movimientos de naturaleza insurgente -el establecimiento de proyectos comerciales como la Iniciativa para la Cuenca del Caribe o el generoso flujo de créditos en aras de consolidar y unificar un sector privado y modern0 son un gráfico ejemplo de ello-. Las tres dimensiones expuestas se articularon doctrinariamente en el documento ((sobre la nueva política interarnericana para 10s afios ochentaw -conocido mayoritariamente como ((documento de Santa Fe I))-, y se ejecutaron bajo la estrategia de la llamada Guerra de Baja Intensidad (Barry y otros, 1987; Núííez y otros, 199 1). Sin duda alguna, el primer éxito de la política Reagan he extender la percepción de que el conflicto centroamericano respondia a la lógica bipolar EsteOeste en una realidad donde, tal como expuso un observador privilegiado (Ambler Moss, embajador de 10s EEUU en Panamá en 1980), ((10 que estamos observando en América Central no seria muy diferente si no existiera Cuba ni la URSS)). Casi quince aííos después del inicio del estallido de dicha crisis es difícil hacer un balance sobre 10s costes que supusieron la violencia política y la confrontación social, prueba de el10 es la dificultad de hallar cifras fiables sobre 10s efectos directos de la guerra y la complejidad de establecer unos criterios precisos a la hora de valorar el alcance de 10s efectos indirectos. Con todo, son muchos 10s estudios que han evaluado, medido y cuantificado en tirminos económicos y humanos 10s efectos de tai conflagración. En esta segunda parte del trabajo, sin embargo, pretenderemos esbozar alguna hipótesis sobre las consecuencias de la agresión norteamericana en la articulación de 10s sistemas políticos de El Salvador y Nicaragua. Nicaragua: la difícil cristalización de una arena política El proyecto contrarrevolucionario se gest6 en el mismo momento en que las autoridades revolucionarias reorganizaron 10s poderes del Estado, en el mismo momento en que 10s sectores desplazados del poder observaron que perdiendo el control de 10s resortes institucionales y del monopolio de la fuerza se disolvia la gravitación de sus intereses. Para poner en marcha el movimiento contrarrevolucionario 10s sectores más duros de la derecha nicaragiiense y de 10s EE UU diseñaron un proyecto dirigido a deslegitimar el nuevo proceso político. Como bien definió uno de sus máximos dirigentes, el fenómeno contrarrevolucionario se convirtió inicialmente en un proyecto donde ((10s argentinos pondrían 10s asesores militares; 10s hondureños, el territorio; 10s norteamericanos, el dinero, y 10s nicaragiienses la gente (Cruz en Núííez y otros, 1991: 143). La política contrarrevolucionaria nació en Managua y Washington, se organizó y se preparó en Centroamérica, se financi6 en 10s EE UU y se llevó a cabo en las áreas rurales nicaragiienses.
El Salvador y Nicaragua. El irnpacto de la guerra y la crisis Papers 49, 1996 67 La contra tuvo como objetivo, durante la mayor parte de su existencia -hasta 1986, fecha en que estalló el afaire Irán-Contra-, el derrocamiento militar del régimen de Managua a partir de dos premisas: 1) la creación de una estructura politico-militar alternativa capaz de vencer en el campo militar, de manera progresiva pero sistemática, al sistema politico fruto de la revolución, y 2) el desgaste de las fuerzas armadas sandinistas y la progresiva deslegitimación popular del gobierno. Al principio la organización contrarrevolucionaria se constituyó en base al bloque somocista desplazado del poder. Posteriormente, fruto de presiones exteriores, de desavenencias con la dirección sandinista y de errores en la ejecución de determinadas políticas por parte del gobierno, diferentes cuadros politicos y ciertos colectivos -son ejemplo de el10 las comunidades misquitas de la Costa Atlántica o 10s pequefios y medianos propietarios rurales del norte e interiorse fueron uniendo al grueso de las fuerzas contrainsurgentes (Bendafia, 1990; González, 199 1; Christian, 1986; Orlando y otros, 199 1; Robinson & Norsworthy, 1987). Durante el primer periodo la agresión de la contra se caracterizó por la progresiva organización de una guerra de baja intensidad articulada a partir de 10s medios económicos y las directrices emanadas de las agencias contrainsurgentes norteamericanas (Ibarra, 199 1; LaFeber, 1993). Entre 1985 y 1987 se dirimi6 buena parte del conflicto. En ese periodo el sandinismo mostró su preeminencia y solidez en la arena militar, obligando a la contra a replegarse y convertirse en un elemento de desgaste -y no una fuerza capaz de derrocar al régimen revolucionario por la via bélica-. Las claves de este giro en la evolución de la guerra fueron cinco: 1) la disminución de la legitimidad y el apoyo de las bases campesinas hacia la contra a partir de 10s reajustes de la política agraria sandinista llevados a cabo en 1985 (Bendafia, 199 1; Núfiez y otros, 1991; Vilas, 1991a); 2) la práctica disolución del frente contrainsurgente del sur en 1986; 3) el cambio de equilibri0 en la correlación de efectivos militares a favor del Ejército Popular Sandinista; 4) el estallido del escándalo IránContra que comprometia a las más altas jerarquia del ejecutivo estadounidense en una guerra sucia contra Nicaragua, y 5) el establecimiento, por primera vez, de un diáiogo entre 10s cinco presidentes de la región con el objetivo de solucionar 10s conflictos del istmo por la via del diáiogo y sin injerencias exteriores -se trata, evidentemente, del acuerdo de Esquipulas 11- (Aguilera y otros, 1991; Tinoco, 1989). Con el fracaso de la estrategia guerrerista, las opciones en la lucha contra el gobierno sandinista quedaron reducidas a dos: 1) finalizar la guerra con una rápida y contundente victoria en el plano militar, hecho que suponia la intervención directa de las fuerzas norteamericanas, y 2) establecer una agresión prolongada con el objetivo de presionar y desgastar al régimen sandinista, a la vez que se desplazaba la gravedad de la ofensiva al plano de la oposición civil con el objetivo de forzar acuerdos que desgastaran progresivamente a 10s Sandinistas; pues, aunque el gobierno de Managua tenia capacidad para continuar técnicamente la guerra, esta le exigia buscar otras vías para su finalización,
- 68 Papers 49, 1996 Ana Sofia Cardenal; Salvador Martí ya que 10s costos que suponia conllevaban una galopante erosión del capital politico conseguido en la revolución (Martí, 1994b). Asi pues, la contra, con diversos nombres y configuración orgánica (de las diferentes siglas y grupos existentes en su inicio se dio paso a la Unión Nacional Oppsitora en 1985, para refundarse posteriormente, en mayo de 1987, bajo el nombre de Resistencia Nicaragüense), mantuvo actividades de sabotaje y agresión al proyecto revolucionario hasta marzo de 1990. Cabe observar, sin embargo, que la contra no fue un movimiento guerrillera mis, sino que llegó a constituir un ejército especial enclavado en Nicaragua por 10s norteamericanos (de la misma forma en que 10 fueron en el ámbito económico las plantaciones bananeras). La contra a finales de la década de 10s ochenta era un ejército con vastos recursos materiales, una retaguardia, logística sofisticada, artilleria, medios aéreos de transporte, aparatos nacionales e internacionales yun buen número más de objetos y pertrechos bélicos afincados en Honduras I (Núfiez y otros, 1991: 170-180). La orquestación de una agresión bélica de semejante tamalio supuso que al ((complejo)) e ((inestable)) proyecto politico iniciado por 10s sandinistas se sumara el factor ((hostilidad)). De las tres variables la hostilidad pronto se apropió del contexto y, con ella, emergieron dinámicas que reforzaron la centralización, la verticalización y la cohesión orgánica del régimen y del FSLN. Con el inicio de la agresión se descompuso la llamada (duna de miel)) con 10s sectores moderados que, junto con 10s sandinistas, confeccionaban la coalición de Unidad Nacional. Con el ascenso de la escalada belicista se redefinieron 10s vértices y las prioridades de la revolución. La estrategia norteamericana era clara -y también clásica-; ésta puede ilustrarse gráficamente con la cita de Clausewitz: ((si la victoria rápida del enemigo no es posible, se tiene que concentrar todos 10s esfuerzos para desgastarlo: incrementarle su coste de la guerra, destruir su territorio, aumentar su sufrimiento, y desgastarlo poc0 a poco, debilitando su posición moral y física[. . .] Se tiene que eliminar su voluntad de resistencia a través de operaciones que tengan repercusiones politicas directas)). Y, evidentemente, la agresión comport6 consecuencias políticas (Drago, 1988). A partir de 1982 la revolución ya no podia seguir su marcha sin tener en cuenta 10s problemas generados por la guerra. Se articularon todos 10s instrumentos del poder en torno a un objetivo: la defensa. Tal como expuso el sociólogo nicaragiiense Luis Serra ((una limitante explicativa hndamental del avance del proceso de democratización política 10 constituyó el fenómeno de la guerra. Una situación bélica prolongada adquiere una lógica propia que implica la estructuración particular de las relaciones sociales y del mundo simbólico. Las fuerzas armadas se expanden rápidamente, esto significa el encuadramiento de gran parte de la población en una estructura militar caracterizada por su naturaleza jerárquica)) (Serra, 1988). La guerra gener6 exigencias y creó condiciones para el fortalecimiento del control, la centralización y el verticalismo. Eficacia, celeridad y disciplina fueron las consigna de la nueva etapa. Se adoptó la doctrina de que la contra no tenia otro origen ni otros intereses que 10s de
El Salvador y Nicaragua. El impacro de la guerra y la crisis Papers 49, 1996 69 la Administración norteamericana -que era un enemigo exterior y que obedecía a causas y factores externos-, 10 cuai hacía muy dificil aceptar la existencia de otras causas relacionadas con el desarrollo efectivo del proceso politico revolucionari~ -hecho que suponia una menor capacidad de acción y rectificación del régimen- (Vilas, 1991a). A finales de la década de 10s ochenta el proyecto sandinista estaba prácticamente exhausto: la economia estaba colapsada, el estrangulamiento económico de la Administración de 10s EE UU persistia y la ayuda del bloque del Este disminuia velozmente. Se negociaba el desenlace de una sociedad cansada y polarizada entre quienes lucharon en el proyecto revolucionario y quienes observaban la rápida esclerotización de éste (Torres-Rivas, 1990). De 10s acuerdos iniciados en Esquipulas I1 el régimen politico nicaragiiense salia claramente reforzado. Éstos supusieron la legitimación internacional de las instituciones, de la Constitución y del proyecto político gestado en el marco de la revolución. Desde esta perspectiva, la estrategia contrarrevolucionaria de la reversión (o roll back) disefiada por la Administración republicana de 10s EE UU fracasó. El sistema politico no s610 sobrevivió a la ofensiva militar, sino que también se perpetuaba y obtenia una legitimidad incuestionada. Con todo, la pertinaz y contundente política de agresión afectó de lleno en el desarrollo de la articulación política del modelo emergente. Además de 10s costes en términos contables (LaFeber, 1993: 362-366) la política de ccacoso y derriboa patrocinado por Reagan tuvo dos consecuencias vitales: I. Significó la rápida disolución de la amplia coalición política que emergió ai inicio de la década de 10s ochenta y el progresivo posicionamiento de 10s sectores moderados fuera de 10s cauces institucionales que ofrecia el nuevo marco politico. Sin duda, el rápido desplazamiento de 10s actores opositores hacia posturas antisistema supuso el sistemático cuestionamiento de 10s espacios políticos que ofreció la revolución, así como la imposibilidad de articular eficazmente las demandas politicas de 10s diferentes colectivos. 2. La dinámica bélica, con sus costes económicos, organizacionaies, y su efecto polarizador, supuso la imposibilidad de llevar a cabo en Nicaragua, por primera vez, la creación de un Estado nacional-popular y, por 10 tanto, la integración de las masas populares en la comunidad política. Como ya hemos expuesto al inicio del trabajo, el complejo proceso de construcción de un Estado integrador en una época en que en el resto del subcontinente dicho modelo estaba en plena crisis y en que el marco internacional dificultaba su consolidación, el peso de la agresión patrocinada por la Administración norteamericana supuso el tiro de gracia a su ya difícil cristalización. La situación política actual, caracterizada por una frágil estabilidad y por súbitos enfrentamientos que ponen en tensión 10s débiles resortes en que se sostiene el sistema, no es, en ningún caso, ajena a una década de constante acoso, violencia y destrucción.
70 Papers 49, 1996 Ana Sofia Cardenal; Salvador Martí El Salvador: empate militar, derrota política Tal como expone Cardenal en su trabajo, en 1979 se produce un punto de inflexión en la realidad ~olítica de El Salvador; el golpe militar de octubre pone fin a una etapa caracterizada por una sólida alianza entre la oligarquía y las fuerzas armadas y por la exclusión y subordinación de grandes colectivos por parte del régimen (Cardenal, 1993). Dicho golpe fue producto de las divisiones dentro del seno del bloque dominante, agravadas y acentuadas por el auge de un poderoso movimiento popular que se había ido gestando desde inicios de la década de 10s setenta (Dunkerley, 1982). Los objetivos de 10s sectores reformista, artifices del golpe de octubre, pronto se vieron frustrados. La autonomia de 10s cuerpos armados salvadoreiios, la presión y movilización ejercida por 10s movimientos populares y la vacilante actitud de la Administración Carter frente a 10s acontecimientos -temerosa ante la repetición de 10 sucedido en Nicaraguafueron las claves del fracaso reformista y 10s ingredientes para la posterior polarización y enfrentamiento. La reorganización de las diferentes organizaciones políticas -FMLN-FDR, por un lado, y PDC, FFAA y la oligarquía, por otroen dos bloques diferenciados y antagónicos dieron como resultado el comienzo de una guerra. En este marco, 10s EE UU pronto ejercieron un rol de gran importancia en el desarrollo de 10s acontecimientos. La lectura Este-Oeste en que se observó el conflicto por parte de la Administración Reagan hizo que 10s acontecimientos políticos de este pequeiio país tuvieran una gran relevancia para el vecino del norte -El Salvador, en 10s aiios ochenta, pas6 a ser el tercer país con mayor asistencia económica y militar de 10s EE UU, después de Israel y Egipto- (Gettleman y otros, 198 1). Entre 1980 y 1982 se desarrolló el periodo de implantación de la guerrilla, pero también el fracaso de sus planes iniciales. La ofensiva general desatada en 1981 no logró 10s objetivos militares, a la vez que en el campo civil el movimiento popular -tras un primer éxito en cuanto a su capacidad de movilizaciónentró en una fase de agotamiento, fruto de la contundente represión -durante ese bienio perdieron la vida 60.000 salvadoreiios- (Ibarra, 1991). Simultáneamente, en el otro lado del espectro politico, se consolidó el proyecto ccreforrnista)) contrainsurgente articulado por la Democracia Cristiana y apoyado y financiado por 10s EE UU. La estrategia contrainsurgente tuvo desde sus inicios dos vertientes básicas: una militar y una política. La estrategia militar se reformuló con el tiempo por la necesidad de adaptarse a la naturaleza cambiante de la guerra. En un primer momento ésta obedeció a concepciones militares clásicas -concentración de tropas, grandes campaiias, etc.- sin embargo, el resultado fue negativo para el ejército y, a partir de 1984, conscientes de que no se podia acabar con la guerrilla de forma rápida, se articularon nuevas medidas en el marco de la estrategia una ((guerra de baja intensidads con el objetivo de minar 10s apoyos de la guerrilla, cortarle las fuentes de provisión y reducir su capacidad de resistir una larga contienda.
El Salvador y Nicaragua. El irnpacto de la guerra y la crisis Papers 49, 1996 71 A nivel politico, las directrices de la estrategia contrainsurgente se mantuvieron a 10 largo de todo el conflicto. En su disefio figuraban tres actores centrales: 10s EE UU, el Partido de la Democracia Cristiana y las fuerzas armadas (Karl, 1986; Karl, 1989). Con el tiempo, sin embargo, un nuevo partido que aglutinó a la oligarquia salvadoreña -ARENAadquiria gran preeminencia -en detrimento del PDC-, replanteando las alianzas anteriores y 10s posibles desenlaces. A pesar de la recomposición de las coaliciones, la mutación interna de 10s diferentes actores y su progresivo cambio en la percepción de las posibles salidas al conflicto armado, la estrategia política contrainsurgente para hacer frente a la propuesta revolucionaria propugnada por el FMLNIFDR he, en gran medida, eficaz. Con el tiempo, la creación de una institucionalidad alternativa a la propuesta lanzada por la insurgencia fue ganando solidez. La transición hacia gobiernos civiles -aunque dirigida desde fuera y desde arribatuvo la virtud de articular una nueva institucionalidad sobre la cual 10s EE UU reconoció un gobierno democrático y electo con el cual cooperar abiertamente. Si bien buena parte de 10s estudiosos de la política latinoamericana calificaron al régimen salvadoreño como una ((democracia de fachada)) (Solórzano, 1983) o una ((democracia ficticis)) (Seligson, 1987; Berntzen, 1993), éste ejerció de forma efectiva su función de aislar cualquier otro modelo alternativo de articulación política. A pesar de las primeras propuestas de diálogo lanzadas por el FMLN en 1982 y 1984, éste creyó en el desenlace militar hasta 1989. El desarrollo de 10s acontecimientos a partir de 198 1 -debido a la peculiar articulación de las fuerzas politicas y socioeconómicas salvadoreiíasdieron como resultado una larga guerra caracterizada por su carácter de clase (Wicham-Crowley, 1993: 282-288). El empantanamiento del conflicto y la imposibilidad de vislumbrar ningún desenlace bélico a corto plazo iba en detrimento de la convocatoria insurgente. A finales de la década, después de diez aiíos de guerra y esfuerzos, el cansancio era el lugar común de 10s contendientes. La imposibilidad de una rápida victoria por ninguna de las partes, el giro radical de 10s acontecimientos politicos a nivel internacional (el desmoronamiento súbito del bloque del Este) y regional (la ocupación militar de Panamá, la derrota electoral de 10s sandinistas en febrero de 1990 y la presencia de gobiernos conservadores en todos 10s paises del istmo), y el cambio del paisaje politico en el seno de El Salvador (la amplia victoria electoral de ARENA en marzo de 1988 y la elección, un aiío después, de su candidato como presidente de la República, junto con la ofensiva del FMLN sobre San Salvador en noviembre de 1989 -donde la organización perrillera mostró su capacidad para continuar la contienda-) mostraron la via negociadora como el Único medio eficaz para resolver la larga contienda. El desenlace de un largo conflicto, en el caso salvadoreiío, no fue fruto de ninguna victoria militar ni de ningún acontecimiento heroico, sino del cansancio y del hastio de las partes. Es necesario observar, sin embargo, que el