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Tiempo, espacio y acción colectiva : espacio político/geografía política

Kirby, Andrew

Abstract

Cet article n'a pas pour object d'exposer une histoire de la géographie politique ni même d'offrir des données sur la présente renaissance de la discipline. Il s'agit plutôt de discuter d'abord en quoi consiste la géographie politique, ce qui dépend de l'analyse de certaines problematiques clé. En second lieu, on discute sur ce qu'une définition impose a notre practique de recherche. Troisièmement, on examine un texte récent de l'historien Charles Tilly sur la formation de l'état, qui nous ressemble une reformulation de la géographie politique.

Full text

DOCUMENTS D'ANkISI GEOG~RCA 15, 1989 pp.67-88 Tiempo, espacio y acción colectiva: espacio político/geografía política* Andrew Kirby** Résumé / Abstract/ Resurnen / Resum Cet article n'a pas pour object d'exposer une histoire de la géographie politique ni mCme d'offrir des données sur la présente renaissance de la discipline. I1 s'agit plut6t de discuter d'abord en quoi consiste la géographie politique, ce qui dépend de l'analyse de certaines problematiques clé. En second lieu, on discute sur ce qu'une définition impose a notre practique de recherche. Troisibmement, on examine un texte récent de l'historien Charles Tilly sur la formation de l'état, qui nous ressemble une reformulation de la géographie politique. Political geography's renaissance has been rehearsed now a number of times, and neither the disciplinary history, nor evidence for revival, will be offered here. Instead, this paper confronts some differente issues, the first of which is an attempted resolution of what political geography is, a task that depends upon an analysis of some key problematics. The second task follows logically from the first, and involves discussion of what a definition dictates for our research practice. The third is a continuation of this theme, in the form of a review of a recent manuscript by historian Charles Tilly, on the question of state formation, which serves as a catalyst to a * Traducido del original inglés por M. Dolors Garcia Ramon. ** Department of Geography and Regional Development, University of Arizona, Tucson AZ.85721 (USA). - DOCUMENTS D'ANALISI GEOG~FICA 15, 1989 discussion of what a reformulation of political geography might look like. El renacimiento de la geografia política ya ha ocurrido en algunas ocasiones y en este trabajo no se ofrecera ni una historia de la disciplina ni ningún dato sobre su resurgimiento. En lugar de ello, el articulo trata de diversos temas diferentes, y la primera tarea consiste en determinar qué es la geografia política, objetivo que depende del anilisis de la problemática clave. La segunda tarea se deriva lógicamente de la primera e implica la discusión de cómo una definición determinada condiciona la practica de nuestra investigación. La tercera es una continuación de este tema y examina una obra reciente dels historiador Charles Tilly sobre la formación de 10s Estados, tema que nos sirve de catalizador para discutir a qué podria parecerse una reformulación de la geografia politica. El renaixement de la geografia política ja s'ha donat en diverses ocasions i aquí no oferiré ni una historia de la disciplina ni cap dada sobre el seu ressorgiment. En lloc d'aixo, aquest article tracta de diversos temes diferents, i la primera tasca consisteix a intentar determinar que és la geografia política, objectiu que deptn de l'analisi de problemktiques clau. La segona tasca es deriva logicament de la primera i implica la discussió de com una definició determinada condiciona la practica de la nostra recerca. La tercera és una continuació d'aquest tema i examina una obra recent de l'historiador Charles Tilly sobre la formació dels Estats, tema que ens serveix de catalitzador per discutir a que podria assemblar una reformulació de la geografia política. TIEMPO, ESPACIO Y ACCI~N COLECTIVA <<El espacio fisico y el tiempo son la estupidez absoluta del universa.>> Juan ORTEGA y GASSET, La Rebelibn de las Masas, 1932. ccSpace and time, the universes.>> Walt WHITMAN, Going Somewhere. El renacimiento de la geografía política ya ha ocurrido en unas cuantas ocasiones y aquí no se va a ofrecer ni una historia de la disciplina ni datos sobre un resurgimiento. En vez de ello, este articulo trata de varios temas diferentes, el primer0 de 10s cuales consiste en un intento de determinar qué es la geografia política, tarea que depende del análisis de varias problemáticas clave. La segunda tarea se deriva lógicamente de la primera e implica la discusión de qué es 10 que una definición impone en nuestra práctica investigadora. La tercera es una continuación de este tema, en forma de examen de un reciente texto del historiador Charles Tilly sobre la cuestión de la formación del Estado, que sirve de catalizador para discutir a qué podria parecerse una reformulación de la geografía política. El articulo se divide en tres partes principales y se organiza de la forma siguiente. La investigación que pretende ponerse bajo el paraguas de la geografia política debe prestar atención a tres componentes: obviamente, la política y la geografia, y además la(s) forma(s) en la que ambas se relacionan. Considerémoslos en este orden. Política Ya hace bastante tiempo que Johnston vió que el Emperador no llevaba ropa encima y advirtió que en la geografia política estaba ausente la política (JOHNSTON, 1980). A pesar del tiempo transcurrido, no est6 claro que muchas cosas hayan cambiado. La intención de Johnston al introducir de nuevo la politica en el análisis geográfico era, de hecho, justificar el estudio de DOCUMENTS D'ANALISI GEOG~FICA 15, 1989 1,as elecciones. Si bien éstas pueden considerarse como un componente del proceso politico, hay mucha gente en todo el mundo que Únicamente puede expresar sus opiniones politicas a través de otras formas de acción colectiva, como Thrift y Forbes han argumentado bien (THRIFT y FORBES, 1983). A titulo de ilustración, se ha aducido que en el África subsahariana hay mas gobiernos que cambian de mano como resultado de golpes de Estado que de procesos electorales. Por consiguiente, no ha de sorprender que la discusión de fundamentos conceptuales básicos como el de ciudadania no haya procedida de la geografia política sino del lado de la geografia histórica y de las relaciones raciales (MARSTON, 1988; SMITH, 1988). Esta confusión de política con elecciones nos lleva al corazón de la fornia problemática en la cua1 aquélla se suele caracterizar en geografia. Para Taylor, por poner un ejemplo, la política es 10 que va mis allá de la ((torres de marfib. Para otros, la política trata de conflictos, aunque existen varias formas excluyentes para identificarlos. No es necesario plantear una vez mis la cuestión de <<¿sobre 10s hombros de cua1 de 10s gigantes?)), esto es, itenemos que emplear el pensamiento Marxista o el Weberiano, o alguna variante de 10s mismos? De importancia rnás acuciante es la lista implícita de prioridades que ha quedado colocada en medio del paisaje de figuras en lucha. Los hombres son, en general, mis importantes que las mujeres, 10s adultos rnás importantes que 10s niños (KATZ, 1988). La esfera pública es mas vital que la privada; 10s conflictos en el lugar de trabajo son de mayor interés que 10s movimientos sociales (CASTELLS, 1983,1985; KATZNELSON, 1988); el estudio del aparato del Estado es rnás urgente que el estudio de las estructuras de la política local; 10s conflictos urbanos son mas acuciantes que 10s que se manifiestan en áreas rurales ylo que se centran en el medio ambiente; 10s conflictos contemporaneos son rnás significatives que 10s históricos; la gente normal es rnás importante que la gente homosexual y 10s homosexuales son rnás importantes que las homosexuales; 10s Estados Unidos, la Gran Bretaña y Francia son laboratorios mis interesantes que Italia, Alemania y Suecia; todos ellos 10 son mas que Japón, Corea y Australia. Este articulo argumenta que la existencia de esta lista de prioridades es malsana. Se mantiene, sin embargo, al menos en parte, como resultado de consideraciones pragmáticas tales como la casi ubicuidad del inglés y la escasez de material traducido sobre el Japón, Corea y China. Se sostiene, también, a pesar de una bibliografia informada que ofrece un conjunt0 diferente de normas. No obstante, la existencia de alternativas no da lugar a avances, sino a la coexistencia de un número cada vez mayor de discursos. Hay cuestiones apremiantes que solamente pueden resolverse por la con- TIEMPO. ESPACIO Y ACCI~N COLECTIVA frontación, entendida como algo distinto, de la demostracion de discursos opuestos. Toda afirmación sobre la primacia de la economia mundial o el favor de la resurrección del carácter Único de 10 local, por poner una pareja de ejemplos, será una victoria huera porque el desafio verdadero consiste en demostar cómo podemos tratar a la vez 10s sucesos mundiales y las manifestacione locales. Como Forbes y Thrift indican, sabemos muy poc0 sobre la naturaleza del desarrollo urbano en un momento en que el capital financiero es mundial, en la medida en que hemos creado dos producciones bibliográficas totalment separadas -una que se refiere a la economia mundial otra que trata del cambio urbano. Ninguna de las dos informa a la otra. Puede que no estén claras las implicaciones de esta linea de razonamiento, puesto que en geografia es corriente ir añadiendo componentes a un argumento hasta que todos 10s ángulos posibles quedan cubiertos de algun modo (10s paralelos con 10s análisis de regresión no son mera coincidencia). Este eclecticismo es permisible en una disciplina en la que la generación de un discurso parece tener menos importancia que <<hacer un buen trabajo,,, y como si reconociéramos a éste cuando 10 vemos'. Sin embargo, piénsese en un momento en las consecuencias que este enfoque tiene para la geografia política. Primero habia demasiada poca política y por el10 se le añadió el análisis electoral; luego se advirtió que se prestaba poca atención al estado y entonces se le dió atención preferente. El resultado ha sido el desarrollo de una forma de teoria del Estado que, en gran parte, es poc0 diferente de 10 que se hace en ciencia política o en sociologia, que presta poca atención a las premisas que en otras esferas se han acumulado en la geografia política y que virtualmente carece de sensibilidad para el anhlisis contextual. Quizás 10 que más llama la atención es la forma en la que la geografia política ha ignorado la categoria conceptual de vida cotidiana. En contraste con el behaviorismo de la ciencia política, la geografia deberia tener una comprensión clara de la forma en la que la acción política constituye parte de la reproducción de la vida humana, que básicamente tiene lugar en una localización determinada. Y, sin embargo, ha habido muy pocas obras que compitan con la investigación en sociologia -o incluso con la ciencia politica, para el casoque explica la función del hogar en la recreación de formas de comunidad a través de la acción colectiva (SMITH y TARDANICO, 1987). Incluso 10s debates explicitos en geografia sobre las relaciones entre 1. Esta triste frase es de una reciente conferencia inagural de la Association of American Geographers. - DOCUMENTS D'AN~ISI GEOGdFICA 15, 1989 contexto y política han sido replanteados como exploraciones tradicionales de 10s efectos del barrio sobre el análisis electoral (Political Geography Quarterly, 1987). Eso no supone rechazar la validez del análisis formal, sino simplemente cuestionar otra vez la preocupación por las elecciones como sustitutivo de la acción colectiva, que se desarrolla también en otros contextos, como el de 10s tribunales (CLARK, 1986). Geografia En la medida en que se pone en cuestión el espacio, como realidad y como concepto (WATTS, 1988), podiamos esperar que la disciplina ofreceria una rigurosa definición eponimica. Eso es incorrecto. Volvemos a 10s primeros principios en nuestra búsqueda de comprensión de una de las dos diimensiones materiales fundamentales. Como observa Taylor <<no podemos hacer resucitar a la geografia regional tradicional>>, pero existe gran interés por el proceso de de-construirla y exponer su ideologia y sus supuestos (TAYLOR, 1986, 285). Parece que hemos perdido prematuramente el contacto con el trabajo hecho anteriormente dentro de la geografia y en el esfuerzo para superar las rigideces del esquema normativo de Hartshorne; también hemos perdido contacto con trabajos interesantes por más que se:an primitivos. Como minimo, la geografia regional anterior a Hartshorne poseia una noción implícita tanto de tiempo como de espacio, de modo que nociones tales como ocupación secuencial presagiaban conceptos más complejos como el de <<relaciones sedimentadaw. Los geógrafos politicos como Mackinder, Whittlesey y Cohen trataron en sus respectivas época de dar sentido a las bases históricas y geográficas de las grandes estrategias. Un singular geógrafo politico de nuestros dias ha criticado el hecho de que estas obras continuen teniendo influencia: <<Todavia me sorprende cuán resistentes son las nociones de geopolitica del siglo XIX y principios del XX. Sorprende observar la importincia exagerada que todavia se da a obras académicas que hacen hincapié en variables geográficas poc0 elaboradas, tales como tamaño de las naciones, distancia y barreras fisicas. No hay duda de que tales barreras tenian importancia preeminente en una época de ejércitos terrestres, movilidad limitada, armament0 poc0 tecnificado y un nivel general bajo de desarrollo tecnológico. Heartlands defensivos, llanuras de acceso claves como Europa Oriental y Rimlands tenian ciertamente un carácter decisivo en el contexto de un mundo mas simple. En una era de transporte supersónico, de misiles balisticos intercontinentales, satélites en TIEMPO, ESPACIO Y ACCI~N COLECTIVA Órbita y tecnologia de la era espacial, las variables geograficas simples han visto disminuir enormemente su significación ... u (DEMKO, 1987, p. 578) Detras de la obsesión con la imagineria falica subyace una idea simple: que la tecnologia modificada ha acabado de hecho con el espacio geografico como variable independiente: <<Obviamente, el mundo demasiado complejo para la geopolitica de Mackinder, Mahan y 10s gigantes de antafio)) (DEMKO, 578). Al igual que ocurre con todas las nociones iiobviasu, esto es totalmente erróneo porque no toma en cuenta la dimensión histórica. La única forma de interpretar las tensiones que existen entre el Este y el Oeste es hacerlo a través del modelo geopolítica del siglo pasado. La Unión Soviética todavía esta dispuesta a hacer la Segunda Guerra Mundial, otra vez, y de ahi sus concentraciones de armament0 convencional basado en tierra. Las fuerzas de 10s Estados Unidos todavia estan dispuestas a hacer la Segunda Guerra Mundial; de ahi su constante adhesión a las fuerzas navales. Incluso la evolución de la Iniciativa de Defensa Estratégica (Strategic Defense Initiative) solo puede comprenderse dentro del despliegue a largo plazo de las relaciones entre las superpotencias y de la búsqueda constante de superioridad a la vez tecnológica y geopolitica, que puede rastrearse hasta de Seversky o antes (SLOAN, 1988). Sugerir que podemos empezar de novo a analizar esa tensión fundamental es absurdo -sin embargo es también revelador. En las observaciones de Demko encontramos una necesidad desesperada de romper con la investigación del pasado y, con ello, reconstituir la geografia política. Pero dificilmente puede decirse que esto sea una tendencia nueva. Los comentaristas de 10s años 30 hasta 10s años 50 eran profundamente ambivalentes en cuanto a centrarse sobre unidades politicas soberanas, por una parte, y sobre el territorio, por otra; un enfoque que de este modo se veia metido en el bagaje del nacionalismo y de la geopolitica. Al tratar de ir mas allá de las fronteras visibles del sistema de Estados, 10s geógrafos politicos se encontraron avanzando firmemente en el estudio de la política, la cua1 constituia un campo de actuación humana con el que estaban poc0 familiarizados y que valia mas dejar a 10s investigadores de la ciencia política (una distribución que formuló HARTSHORNE, 1935). Quienes llegaron después trataron de resituar la geografia política de modo que soslayara esa cuestión, desplazando el centro de interés de la subdisciplina desde la nación hacia 10s aspectos concretos de la toma de decisiones politicas y de la acción política; al hacer10, sin embargo, se acercaban también a la recreación del behaviorismo del politicólogo (KASPERSON y MINGHI 1969; BUSTEED, 1983). - DOCUMENTS D'ANALISI GEOGR,~FICA 15, 1989 Si se mezclan una cierta incomodidad ante la política y una definición cambiante de geografia, no ha de sorprender que la geografia política haya tenido escasa influencia incluso dentro de la misma geografia. La siguiente <<dlefiniciÓnu expone bien la cortedad de pensamiento y el razonamiento tautológico que se han aplicado a las relaciones entre 10s dos fenómenos. <<Las geógrafos politicos se preocupan, por 10 tanto, de las consecuencias geográficas de estas decisiones y acciones políticas, 10s factores geográficos que fueron tomados en consideración durante la elaboración de decisiones y e:l papel de cualesquiera factores geográficos que tuvieran influencia sobre el resultado de acciones politicas. Por el contrario, 10s geógrafos politicos puede que no tengan interés profesional en una decisión política que no implicó la toma en consideración de factores geográficos mientras se formulaba y cuya ejecución no estuvo influida por factores geográficos ni tuvo consecuencias geográficas.>> (PRESCOTT, 1972, p. 2) Esto no supone argumentar que no tenemos definiciones más ambiciosas (HALL, 1982). Buena parte de 10s trabajos publicados en la revista Politica/ Geography Quarterly podria clasificarse en las categorías definidas en el primer volumen, esto es, que la geografía política trata de la geografia de la política y de la política de la geografia (TAYLOR y otros, 1982). Con todo, sin~ quererlo, esta definición tan atractiva por su nitidez e inclusividad se anexiona mucha investigación que no se plantea explícitamente contribuir al proyecto de explorar 10s vínculos entre política y geografía. Por una parte, se reclama un estudio de contextos, la geografía de la política, por otra, una economia política del lugar (la política de la geografía) y si bien amtbas son tareas importantes, no esta claro cómo se combinan para formar una investigación que contribuya a una geografia política y no meramente a una agrupación general de trabajos sobre geografía y sobre política. Geografia política ~Qué es pues 10 que constituiria una geografia política que fuera mis que un matrimoni0 forzado entre geografia y política? Al trabajar en medio de esta problemática nos enfrentamos a numerosos problemas y desafios, el primer0 de 10s cuales es el de afrontar la complejidad de la política. ¿Deberíamos imponernos la tarea de tratar de comprender toda acción política en cualquier tiempo y espacio? Alguien puede sugerir que este discurso totalizador ya existe bajo la forma del análisis de sistemas-mundo, que persigue reunir una vasta matriz de informaciones sobre la evolución hegemónica de la economia mundial. Es bastante claro que esto ofrece una via de análisis TIEMPO. ESPACIO Y ACCI~N COLECTIVA muy seductora y hasta cierto punto el renacimiento de la geografia política ha estado asociado a las ideas de Wallerstein (TAYLOR, 1985). Con todo, esto pasa por alto el hecho crucial de que el análisis de sistemas-mundo es en esencia un proyecto materialista y est6 sujeto a las mismas limitaciones de priorización que ya se han discutido2. Si ignoramos, pues, las oportunidades particulares de la visión del mundo de Wallerstein, quedamos en libertad para definir, al menos de momento, el proceso de la politica.Teniendo presente las observaciones ya expresadas, sugiero que la política es toda manifestación de acción colectiva, 10 cua1 incluye asociaciones de vecinos y formación de partidos, terrorismo y golpes de Estado, alianzas estatales, secesiones y conflictos internacionales. Esto puede parecer un conjunto de hechos incoherente y desmedidamente grande, pero posee dos claras ventajas. En primer lugar, no se plantean preocupaciones normativas sobre la totalidad de 10s conflictos tales como que ciertas acciones son mis importantes que otras. En segundo lugar, se admite explicitarnente que muchas formas de conflicto estan interrelacionadas y que 10s problemas étnicos o confesionales, por poner dos ejemplos, pueden aflorar en 10s movimientos de las asociaciones de vecinos o en las guerras entre naciones como base explicita de la confrontación. Volvamonos ahora hacia nuestra matriz geográfica. La atracción del modelo de sistemas-mundo sobre 10s geógrafos procede de su reconocimiento de escalas espaciales explícitas (centro, periferia, semiperiferia), 10 cua1 contrasta fuertemente con el enfoque realista empleado en la ciencia política. En aquel modelo, el sistema de naciones estado pierde protagonismo y se hace hincapié en la construcción de la economia mundial, mientras que en el segundo caso el sistema de Estados constituye el marco explicito de referencia. Ambas alternativas son demasiado rígidas. La acción colectiva no puede deducirse del contexto económico: el conocimiento de que las naciones africanas se situan claramente dentro de la periferia no puede decirnos todo sobre la naturaleza y la orientación de la acción política dentro del continente (SIGELMAN y GROSS, 1985). Y, continuando con el mismo ejemplo, la referencia al sistema de Estados es una lente inadecuada para explorar 10s conflictos tribales y étnicos que en África son endémicos. 2. Se puede interpretar que mi crítica a Wallerstein se basa en un anti-marxismo elaborado. Este no es el caso; mis bien incito al lector a que estudie el razonamiento desarrollado a fondo por Richard Ashley, quien elabora una serie de similitudes entre el proyecto del sistema mundo y el neo-realismo, el discurso dominante en las relaciones internacionales. En particular, Ashley acusa a Wallerstein de positivismo, estatismo e individualisme. - DOCUMENTS PANALISI GEOGdFICA 15, 1989 ((1. la amplitud y la profundidad de la opresión franquista durante casi cuarenta años (1939-1975), que llevó a cabo la imposición de la lengua y la cultura española (y a través de ella favoreció la imposición de una cultura de masas cada vez más predominantemente norteamericana), y 2. las oleadas de inmigrantes llegados a Cataluña principalmente del sur de la Peninsula Ibérica, y que llevaban consigo la lengua y la cultura española.)) (GIFREU, 1986, p. 466) Las limitaciones del análisis de Gifreu (que no se critica en función de su contenido factual) puede observarse que residen en su énfasis sobre la cultura y la lengua o 10 que 61 llama principios de soberania y comunicación (pero véase también Df~z L~PEZ, 1982). Según sus propios planteamientos, una gran parte de la amenaza a la autonomia de Cataluña deberia haber desaparecido después de 1978 con la destrucción de la opresión fascista; la existencia de una región dotada de autonomia cultural solo representa una arnenaza reducida para el aparato del Estado, como indican otros casos en Europa. La singularidad linguistica (por tomar el ejemplo más destacado de esta independencia cultural) puede en si misma ser una reificación de la debilidad de una región si dicha lengua esta excluida especificamente de las interacciones cotidianas del Estado y de la economia. En cambio, la posicidn de Cataluña no debe entenderse exclusivamente como una entidad cultural, sino además, y tal vez en primer lugar, como un espacio politico. La existencia de una lengua y una cultura puede considerarse como determinante de la forma de un espacio politico, pero la trayectoria de este último ha de ser comprendida en relación con el conflicto del aparato del Estado y sus componentes soberanos. La persistencia de Cataluña es un ariacronismo politico, en el sentido de que es una reminiscencia de la soberania fragmentada de la Peninsula Ibérica y como tal constituye una representación de la debilidad del Estado español. En resumen, no entendemos el pasado y el futuro de Cataluña en función de fenómenos culturales (aunque está claro que estos no son insignificantes), sino en términos de 10s co~nflictos fundamentales que acompañan el proceso de formación de Estados. Para reiterarlo, una perspectiva que privilegia las formas culturales y su mantenimiento y reconstrucción se equivoca en relación con el conflicto mas básico en curso dentro de paises como España, Italia y el Reino Unido, donde espacios políticos subnacionales se presentan a si mismos como desafios explicitos al proceso en marcha de formación de Estados. La cultura y la comunicación de 10s mismos son medios a través de 10s cuales se mantiene un espacio politico, pero éste existe en términos de la mas tradicional TIEMPO. ESPACIO Y ACCI~N COLECTIVA expresión de la soberanía, es decir, en términos de acumulación de capital y de autoridad local. Es sobre esos términos que se desarrollan 10s conflictos entre colectividades dentro de espacios politicos y del Estado nacional. 111. ESPACIO POLÍTICO Recapitulemos algunos de 10s temas en torno a 10s que hemos tratado en este articulo. En primer lugar, el reconocimiento de que la geografia política carece de un real centro de interés, en la medida en que ha tratado un gran número de fenómenos politicos. En segundo lugar, 10s intentos de creación de dicho objeto de investigación -como el aparato del estadono nos hacen avanzar mucho porque no establecen reglas básicas particulares que vinculen el analisis con 10s otros aspectos del estudio de la geografia política. En tercer lugar, y como consecuencia de estos planteamientos, hemos explorado la obra de Charles Tilly con miras a restablecer el estudio combinado de la política y la geografia. La obra de Tilly es importante por varias razones que enumeramos por orden: cuarto, porque es explicitamente histórica, y enraiza la acción colectiva en el desarrollo a largo plazo de la gente y de 10s lugares; quinto, porque mantiene un centro de interés sobre el estado, pero amplia la investigación mas allá del bosquejo funcionalista de roles y normas; sexto, porque delimita netamente con las perspectivas de la perspectiva histórica, bosquejadas por investigadores como Pred y Gregory, 10 que está convirtiendose en un proyecto permanente que implica tanto a instituciones como a autores individuales; séptimo, porque deja margen para planteamintos materialistas pero no presupone que sean 10s únicos factores pertinentes en la determinación de la acción colectiva. Seamos claros en cuanto a la relación entre espacio politico y formación de Estados. Implícitamente en la obra de Tilly y explicitamente en este replanteamiento de la geografia política existe una tensión clara. Por una parte, tenemos espacios politicos -es decir una manifestación de acción colectiva en un territori0 particular, una relación que refleja la creación y la recreación de gentes con un proyecto común-, un sentido común, por asi decirlo. Este espacio politico es un impulso hacia arriba que se encuentra con el impulso hacia abajo de la formación y expansión del Estado. La resolución de este conflicto es básico, naturalmente, para la comprensión de la forma en la que 10s estados han crecido o declinado; o para invertir el razonamiento, para la comprensión de 10s éxitos o fracasos de la acción colectiva arraigada en localizaciones concretas. DOCUMENTS D'ANALISI GEOGdFICA 15. 1989 Cuando pongo el acento en un fenómeno llamado espacio política, estoy también respondiendo al debate en curso en ciencias sociales que relaciona 10s cambios contemporáneos en la esfera de la producción y 10s cambios en la condición social de la sociedad -una condición que ha sido rápidamente identificada como postmoderna (ALBERTSEN, 1988; HARVEY, 1987). Se ha dicho mucho sobre la condición postmoderna pero importa hacer algunas observaciones de carácter muy general. La primera de ellas es el renacirniento de la cultura como un objeto de la investigación social. Se ha hecho posible, incluso necesario, devolver la cultura al discurso de las ciencias sociales, una tendencia puesta de manifiesto por el descubrimiento de Bordieu y el redescubrimiento de Gertz como autoridades en cuestiones sociales. La anecesidad de la cultura>> reside en haberse percatado de que las relaciones a las que hemos dado precedencia en el pasado reciente -en particular las que giran en torno a las clasesse derrumban a nuestro alrededor, al menos bajo la forma en que las hemos elaborado en nuestros escritos y en nuestros seminarios. El nuevo surgimiento de la semiótica es en si mismo una pista acerca de este proceso, porque evidentemente hemos plerdido 10s viejos símbolos de lucha y hay una necesidad apremiante de nuevos indicadores para la condición postmoderna. En el centro de estos desplazamientos se encuentra un segundo factor, a saber, el cambio en la naturaleza de la acción política. No es una generalización excesiva afirmar que la naturaleza ideológica de la política se debilita a medida que nos fijamos en ella. Toda una generación de autores británicos, por tomar un ejemplo destacado, esta dándose herramientas nuevas para tratar una reestructuración fundamental de la política formal (JOHNSTON y otros, 1988). La noción de clase ha perdido contacto con su s~ignificado histórico, debido a 10s desplazamientos que han tenido lugar en 10s roles de 10s géneros, debido a 10s cambios concomitantes registrados en la naturaleza del trabajo, a 10s cambios en la naturaleza del consumo, en particular en 10 que respecta a bienes como la vivienda y como resultado del resurgimiento consciente de conflictos que giran en torno a la religión y a la étnia. El tercer factor se refiere a 10s cambios en la naturaleza del aparato del Estado. Los augures todavía no se han pronunciado sobre el Estado postrnoderno. Se ha escrito mucho sobre el control cada vez mayor de 10s instrumentos de violencia y sobre la capacidad de penetrar en 10s hogares con armas de vigilancia, 10 que reduce efectivamente el estado nación a un territori0 instantáneo bajo el control de la cámara de vídeo (véase, entre otros, GIDDENS, 1985). Se ha prestado poca atención sobre 10 que de libera- TIEMPO, ESPACIO Y ACCIdN COLECTIVA dor tiene el hecho de que las mismas tecnologias pueden generar un número infinit0 de discursos en oposición al Estado. Son estos tres factores -hay otros, sin dudaque apuntan hacia una importancia cada vez mayor del artefactos que se denomina espacio político. Las separaciones tradicionales -las separaciones politicas de la modernidad, por asi decirlohan desaparecido a la vez que las puertas de la fábrica. Nos quedamos con ciudadanos cuyos compromisos y estrategias politicas se definen en función de sus recursos domésticos, su cambiante capacidad para encontrar trabajo y sus interpretaciones de la vida cotidiana. En conjunto, apuntan a una acción colectiva que se basa en la órbita reproductiva que rodea al hogar: el barrio, la ciudad, la región. Esto es una refutación absoluta de la muerte de la política local proclamada por algunos observadores (GOTTDIENER, 1987). Aunque es posible que disminuyan 10s actos formales de adopción de decisiones por medio de una elección, ahí están para ser vistos 10s más caóticos elementos de la acción colectiva. Esta apunta entonces a la existencia de espacios politicos como episodios de organización política, y empleo esta frase en el sentido en el que Jameson habla de la sustitución del tiempo por el espacio, la sustitución de la historia por la geografia (STEPHANSON, 1987). Aparecen nuevas formas de acción colectiva a medida que surgen nuevos espacios. Esta fluidez indicaria una alarmante debilidad si no fuera por la posición particular del Estado contemporáneo. Este, según antes se ha sugerido, se encuentra en un momento crucial de su desarrollo, en la medida en que crecen las posibilidades de oponer resistencia a su expansión. Y el desvio de energia desde la política basada en las clases hacia 10s espacios politicos de la ciudad y la región proporciona otra dimensión de oportunidad, a través de la cua1 puede incrementarse la espacialidad del Estado nación con implicaciones obvias sobre la capacidad del aparato del Estado para mantener sus poderes de vigilancia y control. En la raiz de esta caracterización esta el reconocimiento de que las viejas normas de organización espacial han periclitado. Ya nos es posible sostener, como 10 hace Harvey, que la ciudad puede ser entendida como la pista de carreras de 10s ricos y famosos, por un lado, y, por el otro, de 10s que han perdido en la competición humana (1987, pp. 270-71). Los procesos de cambio dictan un periodo de cambio: la ciudad ha perdido la nítida segmentación social que tenia en 10s años 50 y ha sido testigo de una reclasificación que recuerda el periodo de competición ecológica de las primeras décadas de este siglo. Por consiguiente, las viejas reglas de organización política están en declive y las apuestas son mayores. Como subraya Cren85 I - DOCUMENTS D'ANALISI GEOGR.&FICA 15, 1989 son, 10s barrios con mas éxito politico son aquellos donde el conflicto intern~o ha conducido a una mayor conciencia política -y el conflicto se agudiza en un período de cambio urbano, de inmigración y movimiento de barrio (CRENSON, 1983; HARVEY, 1987, p. 270). En este punto hay que subrayar 10 siguiente: el reconocimiento de un espacio politico no implica tan solo que la acción colectiva tiene como objetivos la defensa de este espacio, una posición que puede sacarse de algunos trabajos sobre la economia política del lugar (LOGAN y MOLOCHT, 1987). Es aquí, por supuesto, donde la obra de Tilly es tan importante para este razonamiento, ya que nos recuerda de nuevo el proyecto a largo plazo de formación de Estados. Por consiguiente, la acción política llevada a cabo en el barrio es todavia acción colectiva que puede poner a sus participantes en oposición frente al Estado como grupo, con un orden del dia colectivo que no le ha sido dictado por éste; y numerosos ejemplos hacen hincapié para quienes estan dispuestos a observar que pocos ejemplos de acción c~olectiva son demasiado insignificantes para atraer la atención de las instituciones que constituyen el aparato del Estado. A modo de conclusión este articulo, termina con el reconocimiento de una contradicción. En un plano, he argumentado en favor del reconociniiento del largo plazo, del rechazo de la ingenuidad y de la inmediatez de la geografia política ahistórica. Pero en otro plano también he reclamado el rt:conocimiento de 10s cambios de que va a ser testigo la sociedad contemporánea. Como observa Foucault, siempre hay una tendencia a ver el presente como si estuviera desarticulado; como sugiere é1 mismo, siempre existe: la posibilidad de que seamos testigos de semejante reestructuración de las cuestiones sociales (FOUCAULT, 1984). Dejo a quien 10 lea que decida sobre esta contradicción. AGRADECIMIENTOS Este articulo es el segundo intento que he realizado de evaluar la geografia política (el primer0 se publicó en Political Geography Quarterly en 1985). Quiero agradecer a la profesora M. Dolors Garcia Ramon su estimulo y su trabajo en la traducción del ensayo. Actualmente estoy trabajando en una argumentación mis larga que bajo el titulo The State of Chaos ampliará este razonamiento de forma más satisfactoria. TIEMPO. ESPACIO Y ACCI6N COLECTIVA BIBLIOGRAFIA ARCHER, J. C. y SHELLEY, F. 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