scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La geografia del género : sobre visibilidad, identidad y relaciones de poder

Karsten, Lia; Meertens, Donny

Abstract

Cet article essaie d'offrir un panorama du développement conceptuel le plus recent de la géographie du genre tout en soulignant les différentes approches théoriques, conceptuelles et méthodologiques. Dans la diversité croissante on peut tout de même y apercevoir certains signes de convergence. On peut ainsi trouver des éléments communs dans le développement des études sur les femmes lesquels, en devenant des études du genre, ont été amenés i définir le genre comme une construction spécifique temporelle-spatiale. Dans le processus continu de cette construction du genre les «femmes-acteur» et les structures sociales définissent dans leur mutuelle influence les lignes de changement.

Full text

DOCUMENTS PANALISI GEOGRAFICA 19-20, 1991-1992, pp. 181-193 La geografia del genero: sobre visibilidad, identidad y relaciones de poder* Lia Karsten y Donny Meertens** Résumé / Abstract / Resumen 1 Resum Cet article essaie d'offrir un panorama du développement conceptuel le plus recent de la géographie du genre tout en soulignant les différentes approches théoriques, conceptuelles et méthodologiques. Dans la diversité croissante on peut tout de mCme y apercevoir certains signes de convergence. On peut ainsi trouver des éléments communs dans le développement des études sur les femmes lesquels, en devenant des études du genre, ont &té amenés i définir le genre comme une construction spécifique temporelle-spatiale. Dans le processus continu de cette construction du genre les ccfemmes-acteur* et les structures sociales définissent dans leur mutuelle influence les lignes de changement. This article deals with the state of the art in geographical women's studies. In a short ovewiew we try to highlight the different theoretical approaches, concepts and methods. In the growing diversity we can discover some signs of convergence. Common elements can be found in the development of women's studies into gender studies while defining gender as a time and space specific construction. In the continuing process of gender construction women actors and society structures define in mutual influence the direction of change. * Este articulo se escribi6 con motivo del Erasmus Zntensive Course on Gender and Geography; una primera versi6n reducida ha sido publicada en holandés en la revista Geografisch Tijdschrift, XXV, I, 1991; traducci6n al castellano: Donny Meertens. ** Departamento de Geografia, Universidad de Amsterdam. DOCUMENTS D'ANALISI GEOGRAFICA 19-20,1991-1992 En este articulo nos proponemos ofrecer un panorama del mas reciente desarrollo conceptual de la geografia del género, un &rea teórica que reviste gran dinamismo y rapida evolución de enfoques y conceptos. Al superarse la primera fase de consolidación, donde reinaba el ambiente pionero, el compromiso con ccla causa* y el anhelo de la unidad, se vislumbra ahora una tendencia creciente de diversidad de posiciones. Sin embargo, en medio de ella, encontramos también sefiales de convergencia en torno al concepto de género. La construcción de género es un proceso social, con especificidad temporal y espacial, cuyos resultados se definen y redefinen con la permanente interacción de mujeres y hornbres entre sí y con las estructuras de la sociedad. En aquest article ens proposem d'oferir un panorama del més recent desenvolupament conceptual de la geografia del genere, una &rea tearica que revesteix un gran dinamisme i una rhpida evolució d'enfocaments i conceptes. En superar-se la primera fase de consolidació, on regnava I'ambient pioner, el compromís amb <<la causa, i l'anhel d'unitat, es trasllueix ara una tendencia creixent de diversitat de posicions. Tanmateix, hi trobem també senyals de convergencia al voltant del concepte de gbnere. La construcci6 de genere és un procés social, amb especificitat temporal i espacial, els resultats del qual es defineixen i redefineixen amb la permanent interacció de dones i homes entre si i amb les estructures de la societat. La pluriformidad es la primera impresión que nos deja la exploración del área de 10s estudios de la mujer en la geografia. Lo confirman las bibliografias y compilaciones que se refieren a las investigaciones realizadas sobre el tema (Karsten, 1990; Momsen & Townsend, 1987). Los estudios geográficos de la mujer reflejan en ese sentido el estado de cosas de la geografia humana en general, donde la diversidad de temas y enfoques salta a la vista. Pero esta diversidad, cuando se trata de estudios de la mujer, a menudo es considerada señal de debilidad, con el argumento de que el uso de una variedad de teorias, conceptos y metodologias podria afectar la existencia misma de esta nueva rama de las ciencias humanas. En nuestra opinión no existe tal peligro, y para apoyar tal afirmación aportamos 10s siguientes argumentos. En primer lugar, pluriformidad no siempre remite al débil desarrollo de una disciplina, sino al contrario: al alcance de un nivel de madurez. La etapa pionera de 10s estudios de la mujer en geografia se caracterizó por la búsqueda de LA GEOGRAFIA DEL GÉNERO : SOBRE VISIBILIDAD, IDENTIDAD Y RELACIONES DE PODER una identidad propia y, por consiguiente, se establecieron requerimientos conceptuales y metodológicos precisos para la práctica investigadora . Éstos han sido útiles y necesarios para el arranque de una nueva disciplina, pero una vez superada esa etapa, lo que antaño había sido fuente de inspiración, ahora se ha convertido en camisa de fuerza . Y la nueva inspiración -¡que sí la hay!- se encuentra más bien en el diálogo sobre los diferentes enfoques con los cuales el tema del género pueda ser abordado en la investigación geográfica . En segundo lugar detectamos en medio de la diversidad una serie de elementos comunes, una búsqueda compartida de nuevos instrumentos de análisis que se desarrollan en torno a ciertos ejes de conceptualización . Se trata, entonces, de señales de convergencia . La cuestión estriba en cómo denominarla . Veamos rápidamente los hitos de la geografía del género durante los últimos años . El primer elemento que nos unía era el anhelo de «hacer visible» a la mujer, sus roles, sus trabajos, sus experiencias ; es decir, documentarla en toda su diversidad . Es cierto que durante los últimos diez años se ha conocido mucho más sobre la vida y las experiencias de mujeres en todas partes del mundo (Saeger & Olson,1986), sin embargo, este primer paso de la geografía feminista sigue siendo un elemento esencial de investigación : siempre se requiere la colección y descripción de muchos datos elementales (MaasDrooglever Fortuyn, 1984) . ¿Cómo vamos a analizar las percepciones, experiencias y estrategias de las mujeres si no hemos identificado previamente sus espacios, sus «mundos» . Si bien es un paso necesario, no se puede quedar a ese nivel de mera documentación . Durante los últimos años, afortunadamente, se presentan cada vez más investigaciones cuyos datos son discriminados sistemáticamente en función del sexo o cuyos análisis prestan atención a las diferencias entre hombres y mujeres . Pero este hecho, que indudablemente merece ser calificado como una primera conquista del feminismo, por otro lado se convierte fácilmente en arma contra la existencia misma de una disciplina propia . Si hoy en día el investigador que se respete incluye diferencias de sexo, ¿para qué necesitamos todavía unos Estudios de la Mujer específicos, independientes? La respuesta, obviamente, radica en la búsqueda de un enfoque nuevo, más allá de la documentación, que se preste para analizar en términos de género lo que primero se había hecho visible . La capacidad de ir «más allá» será la prueba de una identidad propia de la geografía feminista . El primer elemento de convergencia de hoy es precisamente la convicción de que es necesario superar el nivel de documentación en la geografía de la mujer, sin desechar sus aportes iniciales . Cada investigadora, sin embargo, aborda el tema a su manera . A continuación intentaremos agrupar la diversi183 DOCUMENTS D'ANALISI GEOGRAFICA 19-20,1991-1992 dad en torno a unos ejes centrales, e identificar el elemento común de todos ellos con el nombre de estudios de género. El trabajo es simultáneamente tema de múltiples investigaciones en la geografia feminista y concepto fundamental con que se ha buscado esclarecer 10s origenes de la subordinación femenina. La contextualización del trabajo femenino en sus distintos entornos sociales y culturales, asi como el acceso de la mujer al mercado de trabajo, pertenecen ya al viejo temario de nuestra joven disciplina. Igualmente, drabajou, ccdivisión de trabajo,, y sus implicaciones espaciales representan conceptos ineludibles a todos 10s niveles de análisis, desde 10s oficios domésticos hasta la internacionalización de las relaciones de producción. En estos estudios se parte generalmente de una relación más o menos directa entre el trabajo femenino y la subordinación como fenómeno social. El famoso debate sobre el cctrabajo domésticon (Oakley, 1974, entre otros) que sac6 a la luz pública la subvaloración de la cotidiana, no remunerada, labor femenina, también hizo eco en la geografia. El trabajo femenino es uno de 10s elementos más concretos para ilustrar las nociones abstractas de rol de género y relaciones de género (Women and Geography Study Group, 1984; Momsen and Townsend, 1987; Garcia Ramón y Canoves, 1988). Rol de género remite al conjunt0 de actividades, actitudes, normas y valores socialmente asignados a uno de 10s dos sexos (géneros). Relaciones de género remiten a las relaciones de poder entre hombres y mujeres. La relación entre trabajo productivo y trabajo reproductivo se ha convertido en tema central de Estudios de la Mujer, tanto en las corrientes liberales como entre las radicales o socialistas. Las corrientes liberales reivindican el derecho de ccalcanzarm al hombre en su conquista del mercado laboral, postulando casi automáticamente que una mejor posición socio-laboral de la mujer se reflejaria en una más justa repartición de las tareas domésticas. Las feministas radicales buscan el origen de la subordinación femenina en el control masculino sobre su trabajo; liberarse de esa dominación comportaria una nueva valoración de su propia, femenina, potencialidad laboral. Y para las feminista~ socialistas el problema de la subordinación femenina radica en última instancia en las relaciones de producción capitalistas cuya reproducción es asegurada por el trabajo femenino; para alcanzar la completa liberación femenina se requiere articular la lucha de género con la lucha de clase (Foord & Gregson, 1986; McDowell, 1986; Benería & Sen, 1981). LA GEOGRAFIA DEL G~NERO: SOBRE VISIBILIDAD, IDENTIDAD Y RELACIONES DE PODER Al señalar trabajo como eje conceptual y temático común, la geografia feminista corre el riesgo de ser tildada de ccsesgada)) hacia la esfera económica. Creemos que esa critica no es justa si el argumento se basa únicamente en la importancia con que revestimos el concepto de trabajo. El problema no radica en el concepto como tal, sino en el enfoque unidimensional con el cua1 a veces se desarrolla el análisis: eso es, en el peligro del reduccionismo económico. Participación de la mujer en trabajo productivo, o más limitada aún, en trabajo remunerado, no es el Único factor determinante de la condición femenina. Inicialmente, muchos teóricos, incluso de tendencias científicas tan distintas como 10s defensores de la modernización y 10s neomarxistas, vieron en la incorporación de la mujer al trabajo asalariado un primer paso hacia otros cambios en las relaciones sociales. Los neoliberales esperaban efectos positivos sobre la fertilidad y 10s neomarxistas consideraban que la mercantilización de las relaciones sociales llevaria a la corrosión de las jerarquías tradicionales, de las dependencias personales y de la subordinación de género. La realidad, sin embargo, resultó ser mucho más compleja. La participación en el trabajo remunerado arroja resultados muy controvertidos para la liberación femenina. Basta mirar las experiencias de las mujeres en la Europa del Este o 10s efectos contradictorios de la comercialización de la agricultura para las mujeres del Tercer Mundo. No hay una relación causal automática entre división de trabajo en función del género y subordinación femenina: 10s roles que mujeres y hombres desempeñan en la sociedad no corresponden s610 al principio de género, sino también a otros principios estructurados de la sociedad, como clase y etnicidad, y éstos a su vez son matizados por las construcciones ideológicas de la feminidad y la masculinidad. Las nuevas investigaciones en la geografia feminista se centran por el10 en la relación entre el trabajo productivo y reproductivo y en las relaciones de poder en el interior de la unidad doméstica. La atención se desliza entonces hacia el análisis de 10s procesos de toma de decisiones; se introducen elementos dinámicos con el concepto de crciclo de vida,) de la familia; se resalta la interacción entre percepción y realidad de 10s roles de género, tanto en el ámbito familiar como en el ámbito productivo (Garcia Ramón, 1988; Stolcke, 1986, Wilson, 1985). Otro problema asociado con el reduccionismo económico es la tendencia de resaltar 10s procesos macroeconómicos como variables exógenas a la vida de la mujer, convirtiéndola en víctima de fuerzas lejanas e incontrolables. Los nuevos enfoques intentan superar 10s niveles absolutos e invariables de victimización, introduciendo otro tipo de preguntas. No s610 nos preguntamos c6mo cambiar las estructuras de la sociedad (el enfoque neomarxista), DOCUMENTS D'ANALISI GEOGRAFICA 19-20, 1991-1992 ni cómo cambiar a las mujeres dándoles más oportunidades de educaci6n (el enfoque neoliberal), sino cómo las mujeres mismas cambian su situación cotidiana, en interacción con las estructuras de la sociedad en su conjunt0 (Beneria & Roldán, 1987). He aquí otro punto de convergencia. A nosotros, 10s geógrafos y las geógrafas, nos queda el desafio de analizar las distintas formas del actuar femenino, de cómo responden o resisten con su trabajo las secuelas del desarrollo económico mundial, en medio de una diversidad de contextos regionales. Por un ladovemos que el desarrollo econ6mico nacional es un contexto importante para la participación de la mujer en el mercado de trabajo regional. Por otro lado, estos mismos análisis nos muestran a la mujer como negociadora de condiciones individuales y colectivas, en la casa y en la fábrica (Beneria, 1987; Garcia Ramón, 1988; Wilson, 1985). Las mujeres reivindican con acciones colectivas la justa valoración de su capacidad profesional o tratan de influenciar las políticas del capital internacional. Son heroinas de la invasión y desempeñan un papel clave en la consolidación de 10s barrios populares de las grandes urbes o en la construcción de una nueva vida en la selva tropical (Meertens, 1987 y 1988; Plantenga, 1989; Townsend, 1987). No s610 organizan trabajo, sino también tiempo libre para si mismas (Karsten, 1990). Sea en el Tercer Mundo o en Europa, la investigación se dirige cada vez mas hacia la mujer como actor social. Y cuando resaltamos el papel activo de la mujer, cabe también preguntarnos cómo est6 cambiando la identidad de género. Ya no estamos tan seguros de la dicotomia clásica, en que 10 masculino represente participación activa en la vida pública y 10 femenino se asocie con la conservación pasiva del ámbito privado. DIVISIONES ESPACIALES Y REDES SOCIALES Hay dos conceptos rnás que merecen una mención especial en el contexto de la geografia feminista: espacio y red social. En uno de sus articulos, Droogleever Fortuyn (1990) plantea que no hay división de trabajo tan rígida como la de género. Lo mismo podemos decir respecto a sus implicaciones espaciales. En la vida cotidiana, la movilidad de la mujer es menor que la del hombre, y por el10 su orientación es más local. La poca movilidad femenina se mani-, fiesta en el mundo occidental por ejemplo en un menor número de kilómetros en automóvil por año y en un restringido acceso al coche propio. En el llamado Tercer Mundo encontramos ejemplos de la movilidad diferenciada por género cuando estudiamos 10s movimientos de migración. Y en general podemos constatar que la mujer se encuentra más recluida en la esfera privada que el hombre, y a la inversa cuando se trata de la esfera pública. La dimensión espacial es importante para definir 10s conceptos de <<privado>> y <<públicow, y a la vez es un elemento clave para demostrar que detras de estos conceptos se esconden relaciones de dominación patriarcal: a la mujer, mucho más que al hombre, se le imponen restricciones para moverse fuera del ámbito doméstico (Karsten, 1990). El espacio debe entenderse en forma dialéctica: el hábitat urbano, por ejemplo, es una construcción social que refleja la estructura de poder de la sociedad articulando clase y género. Pero a la vez ejerce influencia sobre ese orden social, literalmente petrificándolo, obstaculizando la generación de nuevas divisiones de trabajo que perrnitieran modificar la correlación de fuerzas existente. La planificación urbana o regional gira en torno al concepto sectorial; raras veces parte de la practica humana en la vida cotidiana. La contradicción entre la cotidianeidad femenina y el hábitat urbano est6 agudizándose; mientras que la participación de la mujer en el trabajo asalariado y en la recreación va creciendo, la separación de funciones sigue reflejando la ideologia de la domesticidad. Con la creciente segregación aumentan las distancia~, el déficit en transporte público y la inseguridad social, conocidos obstáculos todos ellos para la participación de la mujer en el espacio público (Vaiou & Hadjimichalis, 1987; Hajonides et al., 1987). Por otro lado, no podemos quedarnos solamente en las dimensiones opresivas y restrictivas del espacio con respecto a las relaciones de género. El espacio también puede ser base de poder e identidad femenina. En algunas sociedades encontramos una segregación espacial muy estricta con territorios especificos asignados a mujeres y hombres. En otros contextos la mujer ha tenido que conquistar su espacio propio, una <<habitación propia>>, una comuna o un centro de la mujer. En el mundo occidental se crearon múltiples espacios propios de la mujer en el curso de 10s años setenta, inicialmente como'sitios de encuentro y de coordinación de lucha; luego, bajo influencia de nuevas corrientes, también como centros de capacitación profesional. Hoy en dia, aprender a bailar tango o convertirte en alta ejecutiva empresarial son propósitos que caben sin problema en la amplia gama de posibilidades para desarrollar un espacio propio (Hierlihy, 1990). En 10s paises del llamado Tercer Mundo, la red social reviste otros matices. La solidaridad y la ayuda reciproca entre mujeres vecinas constituyen la espina dorsal de las estrategias de supervivencia basadas en la territorialidad de las comunidades urbanas (Meertens, 1987; Plantenga, 1987). Ejemplo de el10 son 10s comedores populares en Perú y otros paises andinos, muchas veces creados por las mujeres mismas para mejorar el nivel de vida de ellas y de sus familias (Wesemael-Smit, 1989). Y aun- DOCUMENTS D'ANALISI GEOGRAFICA 19-20,1991-1992 que aparentemente esa actividad no sale del estrecho marco de la domesticidad, termina afectando las relaciones de género: el espacio de la cocina va evolucionando, de base de servilidad individual a base de organización femenina (Lenten, 1990). Asi podemos continuar con una interminable lista de iniciativas de mujeres que delimitan su espacio como base constituyente y afirmativa de su identidad. El espacio desborda entonces su marco geográfico y se convierte en un concepto que remite a las nociones de autonomia e identidad, y también a las prácticas sociales concomitantes en que problemas individuales son llevados al plano colectivo y público y, por 10 tanto, al de la responsabilidad civil. En 10s estudios de género en la Geografia Humana, tratamos de integrar tanto 10s procesos histórico-estructurales en que se enmarca la vida de la mujer como las prácticas cotidianas con que la mujer, creadora de nuevos espacios, desempeña su papel de agente de cambio social. La creciente importancia dada al papel activo de la mujer se refleja también en la actual popularidad del concepto -en si ya viejode red social en la geografia feminista. La red social nos brinda un instrumento de análisis para captar las relaciones sociales informales en que participa la mujer, y nos permite desenmascarar la rígida separación entre 10 público y 10 privado, como construcción ideológica más que como practica cotidiana (Bott, 1957; Genovese, 1981). La mujer que participa en una red social se enfrenta con más firmeza a 10s problemas de la vida diaria, porque encuentra apoyo y solidaridad reciproca en la lucha de supervivencia económica o en la rebeldia contra la restricción de su movilidad laboral o recreativa. Vemos que también aquí nos inspira la cuestión de la capacidad generadora de cambio, presente en la mujer misma. Las redes sociales funcionan como protección contra 10s riesgos de la pequeña empresa económica y como contención de la ilimitada incertidumbre que acompaña la vida en zonas urbanas marginadas; pero ante todo funcionan como vehiculo de apertura hacia el ccmundo mayor,,. Al traspasar 10s confines domésticos, la red social promueve la ruptura del aislamiento y fortalece la búsqueda consciente de una nueva identidad de mujer y ciudadana. El re-descubrimiento del concepto de red social tiene también importancia en tanto que intenta superar la tendencia al reduccionismo económico en 10s análisis de estrategias de supervivencia y en tanto que introduce un nivel intermedio entre el micro-anhlisis y el macro-análisis. En otro sentido representa una reacción a la escuela estructuralista ortodoxa que interpreta las relaciones humanas a la luz de procesos históricos determinantes y, simultáneamente, pretende superar las limitaciones del enfoque voluntarista cuyo objeto est5 limitado al individuo o a la unidad doméstica. LA GEOGRAFIA DEL GgNERO: SOBRE VISIBILIDAD, IDENTIDAD Y RELACIONES DE PODER Los prirneros aiios de 10s estudios de la mujer se caracterizaron por un intens0 debate sobre la metodología <<correcta>> en la investigación feminista. En el momento actual, las opiniones encontradas cedieron, no ante un consenso o la imposición de un solo modelo, sino ante cierta aceptación de la diversidad existente. Pero, si bien no parece haber una exclusiva metodología feminista, podríamos sefialar, no obstante, tendencias convergentes en torno al escrutinio critico de la utilidad de 10s métodos y enfoques tradicionales de investigación. Nos referimos en primer lugar a la cuestión de la objetividad de 10s Estudios de la Mujer. El compromiso con la liberación femenina, jinterfiere con la objetividad de la investigación? Y aún antes que esta pregunta podemos formular esta otra: jcuándo podemos hablar de objetividad en general? Se ha cuestionado la llamada objetividad de la investigación orientada por el positivismo, y en lugar de ella se prefiere la noción de intersubjectividad (Mies, 1983; Schrijvers, 1989). El investigador no es visto como el observador objetivo, ajeno a 10 investigado, sino como un actor incorporado al escenario. Investigadas e investigadoras se relacionan en una interacción dialéctica en que la comunicación nunca es unilateral, y cuya esencia radica en la mutua exploración tanto de 10s intereses comunes de mujer como de las posibles desigualdades de poder. En este enfoque metodológico, la investigación genera un proceso de concienciación durante el cua1 ambas partes influyen mutuamente en la concepción de la realidad. Este aspecto de ejercer influencia nos lleva a una segunda cuestión metodológica. Se trata de la dirección que toma la influencia ejercida. jSe estructura la investigación todavia segun las prioridades del movimiento feminista, como ocurrió cuando éste estuvo en el inicio de 10s estudios de la mujer? ¿Se invirtieron 10s papeles? jO las investigadoras de hoy en dia mantienen su independencia? La respuesta parece ser que las posiciones varian desde el compromiso activo que <<rinde cuentasn al movimiento, hasta una relación más indirecta en que las ideas políticas del movimiento sirven de fuente de inspiración para las investigadoras. Una tercera cuestión conceptual se refiere al interés de promover la experiencia femenina como una categoria analítica válida. jC6mo incorporarla en 10s esquemas conceptuales existentes? No resultó fácil, e incluso ha obligado a que en las ciencias humanas <<tradicionales>> se reelaboraran ciertos conceptos. En primer lugar, como ya vimos, el de trabajo. No basta especificar las formas de trabajo remunerado (formal, informal,