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Resumen A partir de estudios anteriores que vincularon las geografías de los niños y las niñas con un análisis de los efectos de la reestructuración de la economía global en la reproducción social, este artículo examina las nuevas espacialidades de la niñez en Estados Unidos. Sostengo que los espacios contemporáneos de la infancia, en todas las escalas, desde las del cuerpo hasta las globales, han transigido frente a la seguridad y al avance de la privatización. Recurro al lenguaje del «terror» para indagar estos efectos y sus consecuencias en la vida cotidiana de los niños y las niñas en un entorno público crecientemente privatizado y en un medio privado siempre más expuesto. A partir de aquí, examinaré la inseguridad que emerge de la pérdida de protagonismo de la asistencia social, tanto por parte del estado como de los capitalistas. Sostengo que gran parte de la hipervigilancia mundana que ha pasado a caracterizar la vida cotidiana de los Estados Unidos se vincula a las inseguridades derivadas de la «globalización» y del deterioro de la asistencia social. El trabajo describe algunas de las nuevas tecnologías de vigilancia que se observan en el hogar, como las cámaras para monitorear las niñeras o para vigilar a los niños y niñas. Afirmo que éstos son medios para negociar el paisaje de la alteridad de la reproducción social, las desigualdades asociadas a la reestructuración de la economía global y para mantener las divisiones de género laborales. Sugiero que estas medidas privatizadoras omiten y, a la vez, mistifican las fuentes reales de la inseguridad; de esta manera no se logra corregirlas. Mi postura es que las geografías contemporáneas de la niñez están altamente afectadas por el retroceso generalizado experimentado por la asistencia social, facilitado por la globalización de la producción capitalista y por el ascenso del neoliberalismo. Éstos son los temas que requieren nuestra atención. Palabras clave: geografía de los niños y niñas, protección de los niños y niñas, seguridad doméstica, globalización, vida cotidiana. Resum. Els terrors de la hipervigilància: seguretat i noves espacialitats de la infantesa A partir d’estudis anteriors que vinculaven les geografies dels nens i les nenes amb una anàlisi dels efectes de la reestructuració de l’economia global en la reproducció social, aquest article examina les noves espacialitats de la infantesa als Estats Units. Defenso que els espais contemporanis de la infantesa, a totes les escales, des de les del cos fins a les globals, han clau1. Una versión preliminar de este trabajo fue publicado bajo el título «The State Goes Home: Local Hypervigilance of Children and the Global retreat from Social Reproduction», en Social Justice, 28 (3): 47-56. Esta nueva versión —revisada y actualizada— es publicada con el generoso permiso de dicha publicación. Traducción al castellano de Perla Zusman. Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 15-29 Los terrores de la hipervigilancia: seguridad y nuevas espacialidades de la niñez1 Cindi Katz City University of New York. Graduate Center Environmental Psychology Program [email protected].edu Data de recepció: abril del 2006 Data d’acceptació definitiva: juliol del 2006 DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 15
dicat davant la seguretat i l’avenç de la privacitat. Recorro al llenguatge del terror per aprofundir a l’entorn d’aquests efectes i les seves conseqüències a la vida quotidiana dels nens i nenes en un entorn públic cada vegada més privatitzat i en un entorn privat cada vegada més exposat. A partir d’aquí, examinaré la inseguretat que sorgeix de la pèrdua de protagonisme de l’assistència social, tant per part de l’estat com dels capitalistes. Mantinc que gran part de la hipervigilància mundana que ha passat a caracteritzar la vida quotidiana als Estats Units va vinculada a les inseguretats derivades de la «globalització» i el deteriorament de l’assistència social. El treball descriu algunes de les noves tecnologies de vigilància que s’observen a la llar de les persones, com ara les càmeres per vigilar les cuidadores d’infants o les mateixes criatures. Afirmo que aquests mitjans tenen per objectiu negociar el paisatge de l’alteralitat de la reproducció social, les desigualtats associades a la reestructuració de l’economia global i per mantenir les divisions de gènere laborals. Suggereixo que aquestes mesures privatitzadores ometen i, a la vegada, mistifiquen les fonts reals de la inseguretat, de manera que no s’aconsegueix corregir-les. El meu punt de vista és que les geografies contemporànies de la infantesa estan estretament afectades per la davallada generalitzada de l’assistència social, afavorida per la globalització de la producció capitalista i per l’ascens del neoliberalisme. Aquests són els afers que requereixen la nostra atenció. Paraules clau: geografia dels infants, protecció dels infants, seguretat domèstica, globalització, vida quotidiana. Résumé. Les terreurs de l’hipersurveillance: sécurité et nouvelles spatialités de l’enfance À partir des antérieures études qui mettent en relation la géographie des enfants avec l’analyse des impacts de la restructuration de l’économie globale de la reproduction sociale, cet article examine des nouvelles spatialités de l’enfance aux États Unis. Il défense que les espaces contemporaines de l’enfance, à toutes les échelles, depuis celle du corps jusqu’à des globales, toutes ont cloché devant la sécurité et l’avance de la privacité. Je recoure au langage du terreur à fin d’approfondir autour de ces impacts à la vie quotidienne des enfants dans un moyen publique chaque fois plus privatisé et un moyen privé chaque fois plus exposé. Tout suite j’analyse la insécurité qui apparaît après la perte de protagonisme de l’assistance social aussi tan en relation à l’état comme aux capitalistes. Je défense que une partie de la hipersurveillance qui caractérise la vie quotidienne aux États Unis est en relation aux insécurités dérivés de la «globalisation» et le détérioration de l’assistance social. Le travail analyse quelques nouvelles technologies de surveillance qu’on trouve aux maisons comme par exemple les caméras de surveillance des bonnes d’enfants ou pour surveiller les mêmes enfants. Je défense que ces moyens ont pour objectif négocier le paysage de l’alteralité de la reproduction social, des inégalités associés à la restructuration de l’économie global et pour maintenir des divisions de genre au travail. Je crois que ces mesures de privatisations oublient et, à la fois, mystifient des sources réelles de la insécurité; à la fin, on ne peut pas les corriger. Dans mon point de vue la géographie contemporaine de l’enfance se trouve étroitement influencé par la chute généralisée de l’assistance sociale, aidée par la globalisation de la production capitaliste et par la puissance du néolibéralisme. Ceux sont des questions qui précisent de notre attention. Mots clé: géographies des enfants, protections des enfants, sécurité domestique, globalisation, vie quotidienne. Abstract. The terrors of hypervigilance: security and the new spatialities of childhood Building upon earlier work that brought together an examination of children’s geographies with an analysis of the effects of global economic restructuring on social reproduction, this 16 Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 Cindi Katz DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 16
paper addresses the new spatialities of childhood in the United States. I argue that the spaces of contemporary childhood at all scales from the body to the globe are compromised under the corrosive effects of neoliberal capitalist globalism, the heightened concern with security, and escalating privatization. Reclaiming the language of «terror» to examine these effects and their entailments for children’s everyday lives in an increasingly privatized public environment and evermore exposed private environment, I will look at the insecurity that arises from broad retreats in the social wage on the part of the state and capitalists. I argue that much of the mundane hypervigilance that has come to characterize daily life in the U.S. can be traced to the insecurities provoked by «globalization» and the deterioration of the social wage. The paper describes some of the new surveillance technologies in the home such as «nanny cams» and child monitors, and argues that these are means of negotiating the altered landscape of social reproduction, the inequalities associated with global economic restructuring, and enduring gendered divisions of labor. I suggest that these privatized measures simultaneously elide and mystify the real sources of insecurity, failing to redress them at all. My broader argument is that the geographies of contemporary childhood are most compromised by widespread retreats in the social wage enabled by the globalization of capitalist production and the ascendance of neoliberalism, and it is these issues that demand our attention. Key words: children’s geographies, child protection, domestic security, globalization, everyday life. En una de las primeras escenas de Terminador, el ciborg Arnold Schwarzenegger —ahora conocido como el «Gobernador»— entra en un negocio de venta de armas de Los Angeles y quiere ver las existencias. El vendedor saca subfusiles uzis, metralletas2, lanzadores de cohetes y otros medios sofisticados exagerados destinados a herir, comprendiendo nerviosamente que «cualquiera de ellas le servirá para defenderse en su casa». Un papel semejante tiene la creciente industria destinada a la protección de los niños. De acuerdo con el comentario astuto del comerciante, estos banquetes de negocios desarrollados alrededor de la cultura dominante del miedo, a la vez que crean farsas, coartadas y distracciones respecto a su significado real, acaban recreando el hogar. Éste se transforma en una ciudadela a través del tráfico de las tecnologías de protección privadas, que los reafirma frente a otras formas de intrusión. Estas industrias ofrecen soluciones tecnológicas completamente inapropiadas para los amplios problemas sociales. Pero, y lo que es todavía más importante, el crecimiento de la industria de la protección del niño o la niña es otra respuesta al discurso venenoso y escurridizo del miedo al crimen. Éste se ha transformado en una de las claves de las existencias comerciales del estado neoliberal. Si bien el estado contemporáneo ha reducido su compromiso con la asistencia social, no ha renegado, por supuesto, de su compromiso con el orden social. El compromiso con el orden se legitima a través de los monótonos pronunciamientos ligados al crimen. Ello aviva un aura de miedo y desconfianLos terrores de la hipervigilancia Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 17 2. En inglés, submachine guns (nota de la traductora). DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 17
za, a la vez que naturaliza el establecimiento creciente de un virulento control policial, de construcción de prisiones, de estrictas sentencias policiales y de todo tipo de respuestas de esta índole. En la medida que el discurso circular del crimen, del miedo, de la ley y del orden ha comenzado a crecer —en todos los niveles de Estados Unidos y sin ningún tipo de cuestionamiento en los medios de comunicación convencionales— la disposición para constatar si, efectivamente, estas medidas tienen algún impacto en el crimen o en la creación de una seguridad pública genuina, es escasa. Pero, en realidad, se observa que el discurso del miedo ha provocado el aumento de serias respuestas domésticas frente a los temores percibidos a nuestro alrededor. En la medida que el estado infunde el miedo para legitimarse y sesgar sus gastos, el odio y la desconfianza generada ha estimulado la proliferación de estrategias privatizadas para sobrellevarlos. Desde la multiplicación de los armamentos en los hogares hasta el establecimiento de alarmas en todas las propiedades particulares, todas ellas demuestran que muchos norteamericanos y norteamericanas parecen haber intentado hacer justicia con sus propias manos a pesar de —o quizás, gracias a— la multiplicación de las prácticas policiales de tolerancia cero y del crecimiento del complejo industrial de la prisión. Esta tendencia se acompaña de una suerte de valiosa preocupación por el bienestar de los niños y las niñas. Dicha preocupación ha adquirido un carácter agobiadamente común en los Estados Unidos desde los últimos años de la década de 1970 (ver Katz, 2006; Furedi, 2002; Ivy, 1993; Cahill, 1990). Ello crea las condiciones ideales para la emergencia y el crecimiento de la industria protectora de la infancia. La industria de la protección de la criaturas forma parte de los más de 1.100 millones de dólares americanos que se vinculan al crecimiento de la industria de vigilancia en los hogares, ocasionada por la migración de las tecnologías espía y por lógicas que atraviesan la frontera doméstica. Una inesperada derivación de productos de final de la guerra fría —desde el gas pimienta hasta las alarmas infrarrojas— permiten a los padres «echar un vistazo» (o una oreja) a sus hijos e hijas, a los trabajadores y trabajadoras que los cuidan, y a otras personas que interactúan con sus niños, aún cuando se encuentren lejos. El negocio de tecnologías, como las cámaras que monitorean a las niñeras3, o los monitores que cuidan al hijo o a la hija y los sistemas de seguridad, alimentan la cultura del miedo, que, en muchas partes de Estados Unidos, está siendo asfixiante. Se vivencia la proliferación de las comunidades cerradas o la activación de la potencia del discurso anticrimen y la comunicación de un sentido un poco agobiante del «peligro extraño» que amenaza a las niñas y a los niños. La manera como estos productos son comercializados impulsa y expande la ansiedad creciente que los hijos y las hijas pueden y deben ser protegidos de todo. Pero esta ansiedad es recubierta por la afirmación, nada auténtica, acerca de la vida familiar. Aseveraciones tales como, «a través de Securityke inten18 Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 Cindi Katz 3. En inglés se los llama nanny cams (nota de la traductora). DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 18
tamos reducir los abusos al niño y a la niña en América, ya que ofrecemos a los padres el equipamiento apropiado necesario para vigilar su entorno» (www.securityke.com, 2001). Esta afirmación deja claramente de lado el hecho que, en casi todos los casos, los abusos a los niños y a las niñas son perpetrados por miembros de su familia. Otras compañías comerciales ofrecen un ideal familiar que intenta superar, si no ignorar completamente, todos los cambios que han afectado a la vida familiar en las últimas décadas. «Nosotros recreamos la familia nuclear desde la distancia», insiste Jack Martin, perteneciente a la empresa Simplex Knowledge, quien, con su mujer Patti, inventó I See You4, una cámara que saca fotografías intermitentes de los lugares donde se cuida a los críos y las envía a un sitio web al que sólo acceden los padres u otros interesados con una contraseña. Así, el hijo o la hija puede ser controlado desde el trabajo, el hogar o desde cualquier otro lugar, y, de esta manera, los padres y madres pueden asegurarse que el día está transcurriendo sin problemas (Lombardi, 1997). Aquéllos que van de casa en casa ofreciendo estas tecnologías, niegan que ellas incentiven el crecimiento de la ansiedad paternal entorno a la seguridad de los niños y las niñas —sin hacer mención a que ellas, en realidad, las están creando— o que la familiarización con su uso promueva la venta. Ellos sugieren que si los padres saben lo que sus hijos e hijas hacen diariamente con quienes los cuidan, será más fácil entablar una conversación con ellos i ellas al final del día. Claro que si fomentar conversaciones cotidianas con críos de cuatro años requiere de una alta tecnología de vigilancia, estamos frente a problemas más graves de lo que pensamos. Otros proveedores invocan a la soberanía del consumo como un aspecto de la venta. Los vendedores explicitan que, en la medida en que los padres pagan tanto dinero por el cuidado y la educación de sus hijos, ellos merecen saber si existe una adecuada relación entre calidad y precio. Más allá de lo que estos negociantes sostienen respecto a estos objetos, virtualmente, todos están deseando actuar sobre el miedo de los padres; por tal motivo, y con la finalidad de vender sus productos, hacen uso de los relatos sensacionalistas respecto al abuso a que los niños y niñas se ven sometidos en el cuidado diario. Ninguna de estas tecnologías —más allá de que sean extrañas o prácticas— ofrece algo más que una solución privada y a microescala a problemas de tipo social, político y económico. Y, justamente aquí, en el clima neoliberal contemporáneo, reside su fascinación. Más que hacer una campaña para obtener mayor seguridad en los ámbitos públicos o para la provisión social de cuidados para la infancia, los hogares particulares pueden comprar o alquilar una gama de tecnologías diseñadas para asegurarles que las estrategias privadas destinadas a atender a sus hijos e hijas, al menos, no les hacen ningún tipo de daño. Dichas estrategias privadas evaden los aspectos sociales de la reproducción en los Estados Unidos contemporáneos. Ello incluye la falta de apoyo público o corporativo Los terrores de la hipervigilancia Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 19 4. En castellano, ‘Te veo’ (nota de la traductora). DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 19
para el cuidado de los niños y niñas, así como otros aspectos de la asistencia social. Además, el mantenimiento de las diferencias de género en la división del trabajo lleva a que las mujeres se hagan responsables del cuidado de los hijos e hijas. Son ellas quienes deben encargarse de su atención o quienes tienen que organizar los horarios para que otras personas se hagan cargo de los mismos. También se naturaliza el enorme abismo entre los hogares ricos y pobres nacionales e internacionales, lo cual permite que las viviendas de una clase empleen miembros de otra, aún a través de grandes distancias. Todavía más, son estas desigualdades las que, en parte, fomentan la desconfianza y la animosidad y las que llevan a realizar inversiones en estas tecnologías de vigilancia. Dentro de las tecnologías más comunes, están las cámaras para monitorear a las niñeras. Se trata de aparatos en miniatura, con cable o inalámbricos, que pueden ser montados en la casa o escondidos en un oso de peluche, en purificadores de aire, lámparas, relojes, etc. Las cámaras permiten a los padres producir un vídeo encubierto o un vídeo en vivo de su hijo y/o hija y de quien lo asiste. Algunos sistemas son activados por el movimiento. Mientras algunos graban tanto el sonido como la imagen, la mayor parte proporciona un simple registro visual de la escena. A muchos de los que utilizan estas tecnologías, no les gusta lo que ven. Por supuesto que estos padres hacen uso de los mismos porque tienen algún tipo de sospecha, pero, de acuerdo con un proveedor norteamericano de estas cámaras, el 70% de quienes las emplean, despiden a las niñeras. Raramente se observan evidencias de abuso, pero los padres observan que ellas, benignamente negligentes, tienden a dejar a los niños y a las niñas viendo televisión en lugar de jugar con ellos y ellas, hablan por teléfono en vez de desempeñarse en sus responsabilidades; los niños y las niñas pueden estar llorando y no ser rápidamente atendidos; ellas duermen la siesta mientras que los críos son dejados con sus propios juegos. Si bien estos aspectos pueden ser serios, no lo son tanto como para llegar al extremo de despedir a las niñeras en lugar de clarificar las expectativas de los padres. La pregunta que surge es: ¿cómo se sentirían los padres bajo el examen de esta mirada disciplinaria? Quizás también, en una relación tan íntima entre empleador y empleado, después de la pérdida de confianza, uno podría esperar que no existiera ningún tipo de posibilidad de discutir las expectativas laborales. Otras tecnologías de vigilancia incluyen sofisticados monitores ambulantes, con un alto grado de sensibilidad frente al sonido, para cuidar al niño o niña. Ahora muchos padres los colocan normalmente en las habitaciones de los hijos e hijas, a fin de poder escuchar el más ligero gemido desde cualquier lugar de la casa. Los nuevos monitores pueden ser llevados por los propios críos, de modo que los padres pueden oírlos hasta una distancia de cincuenta metros. A través del monitor ambulante, los padres pueden escuchar todas las acciones de sus hijos mientras éstos se mueven autónomamente. El monitor emitirá un pitido si el niño se traslada más allá de los cincuenta metros o si se cae dentro del agua. En teoría, el niño y la niña poseen una movilidad independiente, de 20 Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 Cindi Katz DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 20
manera que mientras tanto, los padres pueden descansar o hacer otras cosas tranquilamente, sabiendo que se enterarán si su hijo o hija habla con alguien, se cae o se va demasiado lejos. Al igual que las cámaras que monitorean a las niñeras, esta estrategia sustituye la comunicación por la vigilancia. Se producen, así, espacios de la infancia más tecnológicos que sociales. Más aún, todo aquél que recuerde las actividades de un niño pequeño fuera de la casa, constatará que las promesas de un monitoreo ambulante son, como mínimo, irreales. A su vez, es casi imposible imaginar que los niños y las niñas mayores aceptarán usarlos. A medida que los niños y las niñas crecen y se independizan, muchas familias invierten en beepers o en teléfonos celulares. De esta manera, padres e hijos pueden estar siempre en contacto. Recientemente, las empresas telefónicas comenzaron a comercializar teléfonos móviles especiales para niños y niñas, que están diseñados para atraer a los jóvenes, pero los padres pueden programarlos para que los llamen fácilmente sólo a ellos (y a otros números seleccionados), para recibir llamadas de un conjunto restringido de números, para que funcionen en determinadas horas y para que no puedan bajar elementos tales como sonidos o imágenes caras. Se trata de una vida atada al afuera, donde toda persona es llamada, localizada y mirada por cualquier otra. Además de estos aparatos individualizados y del cuidado diario a través de sistemas de cámara web, como aquél llamado I see you, a través del cual los padres pueden vigilar a sus hijos e hijas mediante una contraseña que les permite acceder a un sitio en Internet, existe una nueva tendencia en las escuelas públicas, que consiste en instalar cámaras5en todas las clases y en las áreas de uso común; el objetivo es únicamente registrar las actividades rutinarias de los alumnos y las alumnas. Se supone que el acto de vigilancia provocará obediencia, pero cuando éste esté ausente, habrá un registro. Mientras tanto, la preocupación acerca del tipo de fronteras que sería apropiado establecer entre la protección y la privacidad, o entre la presunción de culpabilidad y las justificaciones de la inocencia, parece ser escasa. El sentido oculto del terror es visto de forma más clara en las últimas tecnologías de monitoreo del niño y la niña: los sistemas de localización electrónica. Estos sistemas, que incorporan el uso de un chip localizable con el uso de un sistema de posicionamiento global (SPG), son muy conocidos por los geógrafos y las geógrafas. Fueron inicialmente desarrollados para localizar las mercancías en almacenes o en rutas de distribución; hoy son utilizados para situar todo tipo de cuerpos móviles, incluido el de los niños y las niñas. Las tecnologías SPG fueron primeramente usadas para ubicar a los niños y las niñas en grandes parques privados, tales como los acuáticos. El propósito es tener vigilados a estos jóvenes visitantes que deambulan «libremente» por grandes Los terrores de la hipervigilancia Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 21 5. En inglés web cams (nota de la traductora). DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 21
extensiones; más recientemente, comenzaron a ser comercializados para uso individual. En los parques, los padres alquilan un brazalete para la muñeca o el tobillo que contiene un chip incorporado. Éste sólo puede ser extraído con un aparato especial. Quienes cuidan de los niños y las niñas pueden visitar los quioscos equipados con monitores de vídeos, los cuales revelarán su localización en cualquier lugar de la propiedad. Un número creciente de enfermeras de los hospitales usan brazaletes de identificación a través de frecuencias radiales. Conocidos como Hugs6, estos brazaletes sirven para monitorear la localización de los neonatos (la otra parte del brazalete, denominada Kisses7, los conecta con sus madres). A pesar de que el secuestro de los recién nacidos es infinitamente raro, éste aparece como una preocupación mayor que las confrontaciones entre hijos y padres, una cuestión más común, pero que provoca reacciones menos histéricas. La nueva variación de esta tecnología, apodada Digital Angel, es promovida a través de situar subcutáneamente un chip en el niño o la niña, a fin de asegurar su constante vigilancia. Sin embargo, su comercialización fue detenida por cuestiones de privacidad legal vinculadas a las implicaciones de la incrustación de un chip en otra persona, aún cuando se trate del propio hijo. Mientras tanto, los chips subcutáneos fueron comercializados para su uso en animales domésticos, y los «ángeles digitales» y sus vástagos han sido reciclados como colgantes, brazaletes y otros vívidos accesorios que se pueden sacar y poner. Algunos modelos alertarían a los padres si los niños y las niñas (o cualquier otra persona) tratasen de extraer el aparato; este rasgo los convierte en una pieza utilizable en los casos de libertad condicional o en aquellas personas que se encuentran bajo arresto domiciliario. Ahora bien, ¿qué tipo de personas se formarán a partir de esta educación? Aun más, todas estas tecnologías se adaptan a los propósitos «defensivos de los hogares». Pero, ¿defensa respecto de quién? Para algunos, la culpa y la ansiedad son, frecuentemente, las emociones primarias en las parejas de padres profesionales. Sin embargo, la evidencia demuestra que estos sentimientos afectan de manera más profunda a las mujeres que a sus maridos (ver Lombardi, 1997; Wrigley, 1999). Las tecnologías también actúan como «defensas» frente a la ausencia de un estado o del negocio subvencionado del cuidado diario de alta calidad en un barrio o en un lugar de trabajo. Éstas ofrecen una manera de asegurar los servicios de cuidado de los niños y las niñas a través de la compra y, para quienes pueden acceder a los mismos, presentan una alta calidad. Estas estrategias individualizadas evitan preguntarse por qué estos temas irritan tanto en los Estados Unidos. No por casualidad la lucha por un cuidado de los niños y las niñas más disponible y asequible no se incluye más en la agenda de la clase media y profesional. Para atender a las necesidades de cuidado de sus hijos e hijas, este sector social ha comenzado a hacer uso de medios privados y, por lo tanto, a invertir en tecnologías de vigilancia. Estas tecnologías 22 Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 Cindi Katz 6. En castellano, ‘abrazo’ (nota de la traductora) 7. En castellano, ‘besos’. En realidad, el ‘brazal’ (nota de la traductora) DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 22
son también una defensa frente la dispersión de la familia ampliada y frente al crecimiento de los horarios laborales de los padres fuera del hogar, característica de finales del siglo XX. Pero deseo mirar estas incursiones en la hipervigilancia y al tipo de espacios que éstas crean, como un portal que alberga aspectos y cuestiones más amplias que han precipitado los mismos problemas contra los cuales las tecnologías de vigilancia en el hogar y otras microprácticas de cuidado del niño y la niña supuestamente se defienden. En parte, quisiera mostrar que las microdefensas nunca serán las adecuadas para llevar a cabo esta tarea. Pero también deseo intentar comprender por qué estos tipos de estrategias de hipervigilancia han surgido en el reino de la reproducción social, y vincular este fenómeno a la emergencia de un «discurso del terror» que se preocupa por la seguridad de los niños y las niñas y, de forma más amplia, por la vulnerabilidad (Katz, 2006). Quisiera también destacar el privilegio que supone fetichizar ciertas formas de ser de los niños y las niñas, mientras que, al mismo tiempo —gracias a las retracciones en la asistencia social—, otros críos son vulnerables a un conjunto de riesgos de un orden totalmente diferente. Riesgos tales como la falta de vivienda, la carencia de asistencia médica, la pobreza de las escuelas, los ambientes públicos inseguros y poco estimulantes, no sólo son en gran parte inadvertidos, sino que son invisibilizados por el foco de estrecha resolución de la hipervigilancia, como si las cuestiones individuales de la seguridad de los niños y las niñas fuesen las únicas que importasen. Es el gran mandato judicial del neoliberalismo, pero que, en realidad, dice poco. Parte de la ansiedad que conduce a la hipervigilancia se deriva del alquiler de los trabajadores y las trabajadoras que se ocupan del cuidado de los niños y las niñas, a través del abismo producido por el desarrollo desigual del capitalismo y se nutre de su producción globalizada. Sostengo que lo que hace vulnerable a los niños y a las niñas, del norte, del sur, del este y del oeste, es el desmenuzamiento de la asistencia social y el retroceso neoliberal de la reproducción social, vehiculizada por la globalización de la producción capitalista (Katz, 2001). Estos cambios en el paisaje de la asistencia social son más peligrosos que una niñera negligente o poco estimulada. Mi postura es necesariamente esquemática y parte de considerar que la producción globalizada promueve la ilusión del no-lugar para el capitalismo. Ello ha permitido que las corporaciones renegaran a muchos de sus compromisos con lugares particulares, lo cual ha conducido a declarar una falta de inversión en la reproducción social, a una carencia de inversión selectiva corporativa en la reproducción social y a la privatización de muchos de sus elementos, sea a través de la compra o del trabajo domiciliario. Los trabajadores y las trabajadoras —sindicalizados o no— han sufrido las consecuencias de la gradual revelación de las promesas del fordismo y de los retrocesos corporativos de las ganancias previas en términos de asistencia social. Junto a esto, la alta movilidad de la inversión del capital ha llevado a varias de las autoridades públicas a reducir o abolir los impuestos corporativos, a fin de atraer la inversión. Ello ha significado, entre otras cosas, la reducción del dinero público destinado al bienestar social. Los terrores de la hipervigilancia Doc. Anàl. Geogr. 47, 2006 23 DAG 47 001-188 11/2/07 12:42 Página 23