Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio
Abstract
Se estudia el aspecto de la separación como una clave del asunto de Medea y, respecto de él, los temas de discrepancia, infidelidad, despecho, problema de alimentos y actitud vengativa como rasgos del conflicto que lo hacen muy actual. Se analizan los diversos pasajes de la obra vinculados a estos aspectos, se discuten interpretaciones críticas y se compara el texto con otras aportaciones de la literatura clásica y de la historia. Se sostiene que esta visión revela a Medea como personaje humano pero que el extremo al que llega su conflicto la hace un héroe trágico al modo griego y no un personaje de comedia costumbrista.
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Resumen Se estudia el aspecto de la separación como una clave del asunto de Medea y, respecto de él, los temas de discrepancia, infidelidad, despecho, problema de alimentos y actitud vengativa como rasgos del conflicto que lo hacen muy actual. Se analizan los diversos pasajes de la obra vinculados a estos aspectos, se discuten interpretaciones críticas y se compara el texto con otras aportaciones de la literatura clásica y de la historia. Se sostiene que esta visión revela a Medea como personaje humano pero que el extremo al que llega su conflicto la hace un héroe trágico al modo griego y no un personaje de comedia costumbrista. Palabras clave: Eurípides, Medea, divorcio, humanismo, comedia, tragedia. Abstract. Human Actuality of Euripides’ Medea: the Subject of Divorce The aspect of the divorce is studied as a key of the topic of Medea and, in relation to this, the discrepancy, infidelity, wrath, starvation and vindictive attitude as features of the conflict that make it current. The different parts of the work connected with these aspects are analised, critical interpretations are discussed and the text compared with other contributions of clasical literature and history. It is held that this vision reveals Medea as a human character, but the point reached by his conflict turns her into a tragical hero in the Greek way and not into a usual comedy character. Key words: Euripides, Medea, divorce, humanism, comedy, tragedy. Prácticamente desde el comienzo mismo de esta tragedia de Eurípides, quizás la más leída y valorada de su producción supérstite1, vemos que la clave del asunto radica en la separación. La nodriza, que en su prólogo hace un planteo de la situación 1. Según algunos, como Page, con Medea habría comenzado la impopularidad de Eurípides en su tiempo. Contra esa idea de oposición general a Eurípides, cf. P. STEVENS, «Euripides and the Athenians», JHS, 76 (1956), p.87-94. Sobre Eurípides y las variantes del mito de Medea, cf. F. GRAF, «Medea, the enchantress from Afar. Remarks on a well-known myth», en J. CLAUSS y S. JOHNSTON (eds.), Medea, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1997, p. 21-43. V. CITTI, «Médée et le problème du tragique», Pallas, 45 (1996), p. 47-55, propone que con Medea comienza el sentido moderno de tragedia, visto por Goethe, en cuanto a fuerzas opuestas inconciliables. Sobre otras manifestaciones dramáticas del asunto de Medea, cf. A. MELERO, «Les autres Médées du théâtre grec», Pallas, 45 (1996), p. 57-68. Faventia 26/2, 2004 43-67 Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Pablo A. Cavallero Universidad de Buenos Aires. Departamento de Lenguas y Literaturas Clásicas [email protected] Data de recepció: 4/4/2003 Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 43
y expone sus presentimientos, dice que, hasta entonces, Medea se hallaba «coincidente en todo con Jasón» (v. 13 ατ πντα ξυµφρουσ Iσονι), y comenta, a modo de sentencia general, que «ésta es la más grande salvación, cada vez que la mujer no disiente respecto del marido» (vv. 14-15). Así quedan contrapuestos ξυµφρουσα y διχοστατ «coincidente» y «disiente», como las posibilidades de que una pareja sea concorde o esté en conflicto, pues ξυµ-φρω señala la ‘aportación compartida’ mientras que διχοστατω implica ‘colocarse separadamente’, δχα / στηµι. Tenemos en esto lo que podemos considerar el primer elemento de las cuestiones que suelen aparecer en una situación de divorcio aún en nuestros tiempos, por lo que el valor gnómico de la opinión de la nodriza es totalmente acertado. Esta discrepancia, que es natural y sana en cualquier relación, puede llegar a grados excesivos o a temas demasiado relevantes y, entonces, genera un conflicto muchas veces insalvable. En este gradual distanciamiento interviene siempre la falta de un diálogo profundo, de un intercambio de sentimientos y necesidades que el sujeto percibe como importantes y que debe compartir con su pareja. En la Medea de Eurípides se deja entrever la ausencia de diálogo cuando ella reprocha a su marido el no haberle contado sus planes y los fundamentos que él da a su proceder como para persuadirla antes de actuar: en los vv. 586-7 dice Medea «habría sido necesario que, si no eras malo, tú contrajeras estas bodas tras persuadirme, pero no a ocultas de los amigos». Por supuesto que en la sociedad griega del siglo Vno se podía esperar que un marido discutiera negocios con su mujer y quizás tampoco asuntos íntimos: sabemos por el Económico de Jenofonte 3:14 y 7:1 s. que un marido casi no habla con su mujer2, pero también hay ejemplos de matrimonios no sólo bien avenidos sino también en los que la mujer era una consejera de su esposo3, como el caso del estadista Cimón y su esposa Elpinice4. Quizás el carácter particular de Medea y, más aún, el papel que ella desempeñó en las hazañas de Jasón, hicieran que ella esperase que se mantuviera ese rango de colaboradora que ahora Jasón deja de lado. Poco después, la nodriza hará referencia nuevamente a este primer elemento, cuando el παιδαγωγς o instructor de los niños menciona el rumor de que Creonte los expulsará de Corinto y entonces ella, asombrada, pregunta (vv. 74-75) «¿Y Jasón soportará que sus hijos sufran esto, aunque tenga diferencias (διαφορν χει) con su madre?». La nodriza no concibe que las diferencias con la cónyuge lleguen al punto de que el padre se desentienda de sus hijos, aspecto que luego retomaremos. Y hacia el final de la pieza, en el v. 1375, cuando Jasón y Medea tienen su 44 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 2. Jenofonte, Económico 3:12 «—¿Hay alguien a quien encargues más cuestiones que a tu mujer? —No. —¿Hay alguien con quien hables menos que con tu mujer? —Si lo hay, no son muchos». Cf. edición Chantraine, París, Les belles lettres, 1949, p. 45. Las traducciones son nuestras en todos los casos; seguimos en general la edición de L. Méridier. 3. Ibídem, 7:5-9 y 14-15, donde la mujer de Iscómaco aparece en total acuerdo y colaboración con él, aunque parece que el diálogo se inició después de tratarse un tiempo, ya casados (cf. 7:10). En Nubes de Aristófanes, Strepsiades y su mujer discuten por los gastos y por el nombre de su hijo, pero no llegan a graves desacuerdos. En Lisístrata, según las expresiones de vv. 855-7, 870 y 970, Kinesías y Myrrhine parecen amarse realmente. 4. Sobre estas cuestiones cf. F. RODRÍGUEZ ADRADOS, Sociedad, amor y poesía en la Grecia antigua, Madrid, 1996. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 44
última esticomitia y ella dice «aborrezco tu amarga charla», a lo que él responde «Y yo la tuya. Más fáciles son las separaciones (παλλαγα)», y Medea asiente en ello, aparece clara la imposibilidad de un acuerdo salvo el de un ‘divorcio de común acuerdo’. Un segundo elemento propio de las situaciones de divorcio es la infidelidad; infidelidad entendida no sólo como traición al lecho, como una cuestión sexual o genital, sino también como infidelidad a pactos, acuerdos o alianzas previos y a la confianza construida a partir de ellos, valores todos contenidos en el término latino fides y en el griego πστις. Medea considera esta infidelidad de Jasón como una «enfermedad»: así lo dice en el v. 1364, πατρ"α νσω; no concibe que una persona sana, en su sano juicio, pueda incurrir en esta violación a los pactos. Y sabemos que hoy es común escuchar a los ex cónyuges decir que su «ex» «se volvió loco» o «está enfermo», a veces con expresiones poco académicas. Medea reprocha a su marido ambos aspectos de la infidelidad, pero los dos quedan estrechamente vinculados. Veamos los pasajes relevantes. Desde el comienzo se dan otras claves que fijan la posición de la nodriza: προδο#ς («traicionando a sus propios hijos y a mi patrona» v. 17) apunta ya a la violación de un pacto y a que esposa e hijos conforman un bando enfrentado a Jasón, y el pronombre reflexivo α$το% destaca la paradoja de que un padre se contraponga a sus hijos. Esta traición aparece luego en sus dos aspectos: A) Primero en tanto traición al lecho, entendido como metonimia de la relación sexual que sella el vínculo del matrimonio, imagen ésta, la del lecho, profundamente estudiada por nuestra colega Elsa Rodríguez Cidre5; pero no traición en tanto relación extramatrimonial sino en tanto abandono definitivo, desconocimiento del lugar de privilegio que la esposa-madre tenía en la casa y en la sociedad. La nodriza señala en el prólogo (vv. 17-18) que «Jasón en bodas regias se acuesta desposando a la hija de Creonte, quien gobierna este suelo», y el coro en el v. 206 cuenta que oyó a Medea gritarle «al mal novio, traidor en el lecho». La misma Medea, inmediatamente antes de la entrada de Creonte y como clara expresión de su disposición de ánimo, advierte que una mujer es habitualmente miedosa e incluso cobarde, «mas cuando es injuriada respecto de la cama, no hay otro sentir más manchado de asesinato» (vv. 265-6); en el agón con su marido, pasaje muy bien analizado recientemente, desde el punto de vista retórico, por la profesora Schamun6, le reprocha expresamente su ingraActualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 45 5. Cf. E. RODRÍGUEZ CIDRE, «Lechos y lechos: análisis de algunas diferencias significativas en la Medea de Eurípides», AFC, 15 (1997), 248-269, y «Mujeres deshonradas: injuria y traición en la Medea de Eurípides», AHAM, 33 (2000), 37-57. En el primer trabajo, p. 267, la autora concluye que el lecho es caracterizado como «problema estructurante de la obra»; pensamos que es metonimia de dicho problema. 6. Sobre este pasaje en particular cf. C. SCHAMUN, «Agòn lógon en Medea de Eurípides, vv. 446-626», Synthesis, 8 (2001), 137-153. M. MATTIACE, «La violenza verbale nel teatro di Euripide», Dioniso, 63-1 (1993), 47-57, señala cómo este agón es ejemplo de la asimilación verbal-expresiva que iguala a los antagonistas; destaca que tanto Medea como Jasón usan la misma lógica reductiva (Jasón enfatiza lo sexual en Medea y ésta la vileza de Jasón); cf. p. 50. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 45
titud a las ayudas y servicios que ella le brindó, diciéndole con una hendíadis «nos traicionaste y adquiriste nuevos lechos» (489) y recriminándole, con una pregunta irónica, si ella se había ganado el destierro «¿acaso desposando y traicionándote?», donde el participio de γαµω, que en voz activa se aplica a la acción masculina, destaca en su uso femenino que ella no produjo la traición7. El apoyo del coro a la posición de Medea y de la nodriza es inferible de su intervención en el v. 5788, cuando dice a Jasón «pareces no obrar justamente al traicionar a tu concubina / esposa», &λοχον, término bastante ambiguo que, con su alfa copulativa y la relación con λχος, apunta a ‘la compañera de lecho’ sin determinar el marco legal del vínculo; término que, junto con el «pareces» δοκε(ς sugiere una actitud si no indecisa por lo menos diplomática por parte del coro. A esta traición volverá a aludir Medea cuando en la discusión final con Jasón afirma que los niños murieron «por una enfermedad paterna» (1364) y luego aclara «tu ultraje y tus bodas recién domadas» (1366). El coro destaca la importancia de esta infidelidad en el canto de vv. 627 s. Allí opone un amor excesivo &γαν (627), que quita gloria y excelencia al varón, a un amor en justa medida )λις (630), que es favorable y permite conservar la sensatez; y pide «que ojalá me quiera la sensatez, el más bello don de los dioses; que nunca, golpeando mi ánimo con iras de discusión y peleas insaciables, sobre otros lechos me arroje la tremenda Cipris» (635-640), donde destaca que el disenso, primer elemento que analizamos aquí, suele llevar a la infidelidad, segundo elemento, y que la infidelidad es falta de σωφροσ#νη9. De una manera más general se había planteado el tema de la oposición entre µτρον y *βρις y sus consecuencias en el prólogo, cuando la nodriza, inmediatamente antes de la párodos (vv. 125-130), dice: «Pues el nombre del justo medio vence para decirlo primero, y usarlo grandemente es para los mortales lo más ventajoso: mayores castigos devuelve la divinidad cuando se irrita con una casa». La sabia anciana anticipa que las ofensas cometidas conllevarán un castigo mayor, que son los crímenes que se perpetrarán en la pieza; y es la divinidad quien los «devuelve» πδωκεν. Esto se vincula directamente con el aspecto siguiente. 46 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 7. Ch. SEGAL, «Euripides’Medea: vengeance, reversal and closure», Pallas, 45 (1996), 15-44, nota 73, señala que Medea se aplica usos habitualmente masculinos, como σπρµα en v. 816 y φ#ω transitivo en 1241. Pueden apuntar estos usos a una ‘masculinización’ del personaje, como asimismo su poder de persuasión racional, sus recursos ‘políticos’ o el empuñar la espada: Medea se aparta del canon femenino, aunque tiene muchas similitudes con Clitemnestra (recordemos que Eurípides usa para Medea voces que Ésquilo usa para Clitemnestra: cosa odiosa, leona, Escila; cf. F. JOUAN, «Qui a peur de Médée?», Pallas, 45 [1996], p. 95). Segal también señala una inversión que implica una feminización de Jasón (p. 39 s.). 8. G. ARNOTT, «Alcune osservazioni sulle convenzioni teatrali dei cori euripidei», Dioniso, 55 (1984-5), p. 153, opina que el coro asiente expresamente, en 259 s., al pedido de guardar el secreto de su deseo de venganza, porque la venganza será tan horrenda que sería inadecuado un acuerdo tácito. Pensamos que el coro, aunque fiel a Medea, no deja de condenar la impiedad del crimen contra los niños. En cuanto a este episodio, la indecisión del coro para actuar estaría inspirada en el Agamenón de Ésquilo, según Arnott, p. 149. 9. Sobre el papel de Afrodita en el matrimonio cf. URRUTIBEHEITY, «Las diosas griegas del matrimonio», Stylos, 8 (1999), p. 59-85, espec. p. 72 s. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 46
B) En segundo lugar, la infidelidad aparece como una traición a pactos, presentados como previos y justificantes del lecho, como marco legal de esa relación sexual de los esposos. Nuevamente en el prólogo es la nodriza quien hace referencia a esos pactos cuando dice que «la desdichada Medea, deshonrada, grita los juramentos, invoca las diestras, máximo pacto, y pone como testigos a los dioses de qué cambio recibe por parte de Jasón» (vv. 20-23) y, luego (168-170), vuelve a decir «¿Escucháis cómo habla e invoca a gritos a Themis votiva y a Zeus, quien es considerado por los mortales como garante de juramentos?»10. Los ,ρκους ‘juramentos’ y las δεξις ‘diestras (estrechadas)’ son la expresión de esa πστιν µεγστην, ‘máxima fe’ en el sentido de confianza establecida con un pacto: el superlativo µγιστος señala el grado de importancia que este aspecto tiene y sobre el cual se basan tanto la argumentación como el sentir y actuar de Medea. Es una manera de decir que Jasón no puede deshacer, con ninguna excusa, el acuerdo libre entre las partes refrendado por el testimonio de los dioses11. La diestra estrechada implica ausencia de armas, intención de acuerdo y disposición libre y voluntariosa para ello; el juramento implica llevar el trato humano a un plano sobrenatural que sella y garantiza la alianza. Por ello, para Medea, es inconcebible que Jasón la traicione en el sentido de no ser fiel a este pacto. Y no sólo por abandonarla sino, como dice el instructor de los niños, porque «el antiguo deja lugar a nuevos parentescos por alianza» (v. 76): estos κηδε#µατα son los que, para Medea, no tienen reemplazo posible. En el agón, Medea, con una explosión emocional (vv. 496-7), se lamenta de la diestra estrechada y de las rodillas abrazadas, en alusión tanto a ritos de convenio12 como a una intimidad marital, tras declarar «Mas se ha ido la fe de los juramentos y no puedo saber si consideras que los dioses de entonces no gobiernan más o si las de ahora son nuevas normas para los hombres, dado que eres consciente de no ser, respecto de mí, fiel a los juramentos» (vv. 492-5). Medea afirma así que se quebró la fe, el pacto, y sugiere con ironía que tal vez hayan cambiado las normas, en alusión a la .µις inamovible, a cuya intervención se dio lugar mediante los juramentos y el testimonio de los dioses. Medea insiste así en el marco legal de su casamiento, un marco legal de carácter religioso, al que pone implícitamente por encima de cualquier uso legal humano, como la ley endogámica de ciudadanía ateniense del 45113, que quitaba este privilegio a los hijos de un Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 47 10. Sobre la importancia que el juramento y la legalidad divina tienen en el mito manejado por Píndaro y por Eurípides, cf. P. GIANNINI, «Interpretazione della Pitica 4 di Pindaro», QUCC, 2 (1979), p. 63. 11. B. SNELL,Las fuentes del pensamiento europeo, Madrid, Razón y fe, 1965, p. 183, opina que Medea, además de haber traicionado a su familia, no tiene derecho legal ni puede invocar la ley divina. 12. L. BORDAUX, «Quelques remarques sur Euripide, homme de théâtre dans Médée», Pallas, 45 (1996), p. 174, señala que el verbo χρ"ζω usado en 497, se utiliza en Helena y Fenicias para ‘tocar’ en el rito de súplica: Medea alude a pasadas súplicas por parte de Jasón. Actitudes de súplica hay en 364-409, 764-810, 854, cf. 971. 13. Cf. R. SEAFORD, «The structural problems of marriage in Euripides», en A. POWELL (ed.), Euripides’women and sexuality, Londres, Routledge, 1990, p. 157. El autor interpreta (p. 169) que Eurípides estaba en contra del espíritu de esta ley, pues en Andrómaca, por ejemplo, ni ésta ni Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 47
ateniense casado con una extranjera pero admite la promiscuidad masculina que no trae hijos extraños al ο1κος14, uso en el que podía pensar un espectador ateniense de entonces, si bien ni Jasón, ni Medea ni la princesa corintia eran atenienses, o una norma legal en la que puede pensar un hombre de hoy, como la ley de matrimonio civil que admite el divorcio. Medea recurre, como argumento acerca de la injusticia que sufre, a esta autoridad divina superior invocada por los mismos pactantes en uso de su libre voluntad, de modo que resulta inadmisible la infidelidad en que cae Jasón. El valor de los juramentos queda destacado por la exigencia que Medea hace respecto de las promesas de ayuda de Egeo: «unido a juramentos, no me entregarías a éstos que me conducen fuera de esta tierra» (735-6). Medea, en su charla con Egeo, sostiene que la infidelidad de Jasón se funda en un nuevo enamoramiento: dice en los vv. 698 y 700 que «por un gran amor no es fiel a sus amigos… Se enamoró hasta tomar alianza de soberanos»; pero el texto es lo suficientemente ambiguo como para dar a entender que el µγας ρως es una pasión por el poder, dado que destaca el giro νδρ2ν τυρννων κδος15. En esta posibilidad, Medea estaría señalando que Jasón, príncipe, desdeña el pacto hecho con ella, también princesa, por un afán personal de desempeño político, por el cual optaría por una alianza más ventajosa. Medea insiste en la traición que representa esta nueva alianza cuando finge, en el discutido v. 778, «que eso está bien, lo de las bodas de reyes que mantiene traicionándonos», «y que son cosas convenientes y bien decididas» (779). La importancia del motivo de la mano ha sido profundamente estudiada por Flory, quien señaló que las diestras confirman un acuerdo santificado por el juramento16; debemos destacar que en la primera parte de la pieza, la mano apunta a todo aquello que vinculaba a la familia, sean los pactos del matrimonio o el afecto entre sus miembros, como en 496-7 ya citados o en 1070-1, cuando Medea estrecha las manos de sus hijos, «queridísima mano»; luego, en cambio, la mano pasa a ser imagen de la venganza de un pacto violado y de un crimen como hecho consuma48 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero Hermíona son de la misma πλις que Neoptólemo. «En Medea, por otra parte, la esposa reemplazada, Medea, tiene de hecho hijos de su marido. Pero ella es extranjera, abandonada por Jasón por una princesa local. El π.ος de estos debería ser visto en el contexto de la ley de ciudadanía del 451 aC que, veinte años antes de la primera presentación de la pieza, consideró marginales los casamientos con no atenienses» (p. 170). Véase también E. BUIS, «Matrimonios en crisis y respuestas legales: el divorcio unilateral o de común acuerdo en el derecho ateniense», Faventia, 25/1, (2003), p. 9-29. 14. Cf. Seaford, ibídem p. 160. 15. Sobre el tema del poder en Medea cf. M. FARTZOFF, «Le pouvoir dans Médée», Pallas, 45 (1996), 153-168, para quien el poder político es muy secundario respecto del interés familiar; a Jasón le interesa lo doméstico en tanto le dé seguridad material. 16. Cf. S. FLORY, «Medea’s right hand: promises and revenge», TAPA, 108 (1978), p. 69. G. MOST, «Two problems in the third stasimon of Euripides’ Medea», CPh, 94-1 (1999), p. 32, afirma, sobre la base de las ocurrencias del término «mano», que Medea enfatiza la corporalidad como ninguna otra tragedia. Aquí aparece treinta y una veces, pero en Alceste, por ejemplo, ocurre veintiocho veces. Quizás haya que indagar algo más para confirmar esa sensación afirmada por Most. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 48
do. Cuando en 1320-2 Medea dice a su ex-marido que ya no la tocará con esa mano enemiga, alude tanto al castigo como al sexo: las manos pasan de ser un nexo afectivo a ser un signo de rechazo y destrucción, culminando en la mano que entierra (en vv. 1378 y 1412). Vemos así cómo quienes tuvieron el más íntimo contacto, fundado en un acuerdo libre y voluntario, para el que se invocó la garantía divina, pueden llegar a odiarse y destruirse. Hoy también vemos que hay matrimonios que tras un romántico noviazgo, tras construirse su hogar, pasar una feliz luna de miel y fundar una familia, llegan a situaciones opuestas y quieren destruirse mediante un tremendo juicio de divorcio, a veces usando a los hijos, e incluso llegan hasta el crimen. El cine ha presentado varios ejemplos, de diverso tono, como pueden ser Kramer vs. Kramer o La guerra de los Roses. Generalmente en estos conflictos intervienen grandes infidelidades, sexuales o no, pero sí infidelidades al proyecto común que habían convenido los esposos y al pacto de amor y respeto mutuos. En muchos casos se cumplió algún rito religioso en el que se invocaba la bendición y garantía divinas de la alianza; en otros, el marco legal se limitó a los acuerdos civiles, pero también en ellos se invocó como testigo del libre compromiso contraído la homologación de una autoridad socialmente reconocida que funciona además como garante y guardián de cierta estabilidad y de ciertos derechos y deberes. Y a pesar de tales pactos, se produce el quiebre, siempre doloroso. Claro está que en este aspecto de la infidelidad en sentido amplio, también hay argumentaciones que intentan restar peso a la fides o πστις invocada. Así tenemos que Jasón, en el agón, que es equiparable a una audiencia de divorcio como las de hoy («combate de razones» le dice Jasón en el v. 546 )µιλλαν λγων), intenta presentar razones válidas y convincentes tanto de la legalidad como de la conveniencia de su accionar. Las causales que él invoca son básicamente tres: 1. El desconocimiento de la validez de los pactos preexistentes. Mientras que Medea invoca a Zeus y a Themis en tanto testigos y garantes de que ella está «atada con grandes juramentos al maldito esposo» (vv. 160-163), y mientras que el coro señala que Medea «invoca al dios padeciendo injusticias, a la juramentosa Themis de Zeus quien la llevó a Grecia» (vv. 207-209), es decir, mientras señala que el matrimonio se funda en un pacto refrendado por la divinidad, Jasón actúa desconociendo este vínculo. Medea le dice, en uno de esos versos discutidos (467-8)17, que «viniste como enemigo contra los dioses y contra mí y contra toda la raza de los hombres», donde advierte que Jasón se enfrenta a la divinidad al violar su juramento, a ella al dejarla de lado, y a la humanidad toda al actuar contra las normas social y religiosamente aceptadas. Jasón, en cambio, sólo invoca a los dioses cuando se rechazan sus servicios para el exilio y lo hace de un modo genérico, «pongo como testigos a las diviActualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 49 17. F. RODRÍGUEZ ADRADOS, «Notas críticas a Eurípides, Medea», EM, 61-2 (1993), p. 259, considera que se puede suprimir el v. 468 (= 1324) que resulta redundante. Creemos que es una muestra del gusto de Eurípides por variarse a sí mismo y por mostrar cómo una frase puede expresar distintos puntos de vista. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 49
nidades» (v. 619), pone a Afrodita como única responsable del éxito de su empresa (527-8), se cree apoyado por los dioses por ocuparse de sus hijos, según surge de sus expresiones en vv. 915 y 919, e invoca a la Erinia y a la Justicia como castigos contra la asesina (vv. 1389 s.). En realidad, Jasón no afronta explícitamente el tema de los pactos y de los juramentos, pues sabe que no los puede refutar. Medea se considera del lado de los dioses y afirma que ellos la apoyarán: «ahora la esperanza es que mis enemigos pagarán el castigo» (v. 767), Jasón «nos pagará su castigo, con el apoyo del dios» (v. 802), «pues los dioses y yo misma, pensando mal, lo maquiné» (1013-4), donde la inconcordancia entre sujeto compuesto y verbo en primera persona sugiere que la acción es personal, en todo caso avalada o utilizada por la divinidad. David Kovacs18 ha destacado el peso que tienen Zeus y los dioses en general en esta pieza, destacando que Eurípides señala que la divinidad castiga la violación del orden legal, tanto en Jasón por no cumplir sus pactos juramentados y en Creonte por no respetar completamente a un suplicante, como en Medea por los asesinatos que cometió y que comete (recordemos que el mensajero dice, al final de su relato, «pues tú misma conocerás la vuelta inversa del castigo», v. 1223, frase ambigua que puede entenderse como que Medea reconocerá que el crimen ya cometido, el de la princesa, es un castigo para Jasón y Creonte, pero que también habrá un castigo para sí misma en la muerte de sus hijos). Ponemos el acento en que esa presencia insistente de los dioses como intervinientes y garantes de los pactos da a éstos, válidos en sí mismos como cualquier acuerdo legal, un marco religioso que agrava su violación. Por ello Medea dirá a su marido al irse en el carro de Helio19 (1391-2): «¿Qué dios o divinidad te oye a ti, el de falsos juramentos y engañador de huéspedes?», pues como huésped había acogido Jasón a Medea; Jasón aparece así como un grave ofensor de los dioses. Una manera de desconocer el peso legal y religioso de su compromiso se funda en el argumento de las traiciones de Medea, a quien Jasón considera con los criterios tradicionales de la misoginia señalados por Claire Nancy, la inconfiabilidad, la locura sexual, la peligrosidad20. Ya la nodriza, en 31-33, advierte que Medea «lamenta a su querido padre y su tierra y casa, traicionando los cuales se fue con el hombre que ahora, deshonrándola, la retiene». Esta expresión final, τιµσας χει, que causó perplejidad en algunos estudiosos21, puede ser entendida como la hemos traducido y, en tal caso, interpretar que la nodriza destaca que Jasón sigue siendo un lazo para Medea, de acuerdo con los pactos que ella contrajo, o puede ser entendida como un ejemplo del así llamado «esquema sofocleo»; entonces 50 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 18. Cf. D. KOVACS, «Zeus in Euripides’ Medea», AJPh, 114 (1993), p. 45-70. 19. Sobre este episodio y su vínculo con el resto de la pieza, cf. N. COLLINGE, «Medea ex machina», CPh, 57-3 (1962), p. 170-172. 20. Cf. C. NANCY, «Euripide et le parti des femmes», QUCC, 17 (1984), p. 114 s. Por ser diferente y peligrosa, además de mujer, extranjera, maga y salvaje, Medea puede ser vista como φαρµακς, ‘chivo expiatorio’: cf. A. MOREAU, «Médée, bouc émissaire?», Pallas, 45 (1996), p. 99-110. 21. Cf., por ejemplo, E. Rodríguez Cidre, «Mujeres…», op. cit. p. 40. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 50
traduciríamos «el hombre que ahora la deshonra» a partir de la idea ‘se mantiene deshonrándola’. Esta traición a la propia familia y a la propia patria crece en la referencia que hace la misma Medea en el v. 167, cuando exclama «¡Oh padre, oh ciudad, de los cuales me aparté tras matar vergonzosamente a mi hermano!». Esta referencia al crimen contra Apsirto22, aludido también en v. 257 cuando dice «sin tener madre ni hermano ni pariente» que la ayude, muestra que Medea es plenamente consciente de su error pasado que la dejó desprotegida de su ο1κος (cf. &τιµος de 438) y de que merece la Erinia, todo lo cual hace para ella más grave el verse ahora desdeñada por el causante de tamaño crimen23. Nuevamente, durante el agón, cuando enumera sus favores a Jasón, vuelve a decir «yo misma, traicionando a mi padre y mi morada, llegué a Yolco del Pelión contigo, ardorosa más que sabia» (483-5), y lo dice con la intención de destacar a qué grado de sacrificio había llegado a causa de su amado24. Es posible que Medea tenga una cierta conciencia de estar recibiendo lo mismo que ella hizo, traición por traición; el coro también, en el quinto estásimo vv. 1268-1270, comenta: «Pues difíciles para los mortales, las manchas de idéntica raza despertaron para los asesinos de los suyos concordes dolores que caen, de parte de los dioses, sobre la casa». Pero Jasón, en las maldiciones finales, se ocupa de usar estas traiciones como modo de atenuar las propias. Se reconoce insensato por haberla traído, «traidora a tu padre y a la tierra que te crió» (v. 1332) y reconoce la acción divina al afirmar «los dioses lanzaron contra mí tu genio vengador, pues tras matar a tu hermano junto al hogar, subiste a la nave Argo de bella proa» (1333-5), pero con esto pretende ser víctima de un castigo divino contra Medea, que si bien es posible, como lo afirma Kovacs, no diluye el castigo contra Jasón en tanto perjuro. El adjetivo παρστιον, ‘junto al hogar’, que califica la situación de Apsirto al ser asesinado, sigue la versión de Sófocles (Colcos), no la que seguirá Apolonio25, y con ella se destaca aún más la gravedad del crimen, no sólo por el parentesco sino por la sacralidad del lugar elegido26. Jasón insiste, pues, en desconocer toda culpabilidad personal porque desconoce el compromiso legal y religioso respecto del cual Medea le reclama fidelidad, de modo que, contra la habitual misoginia, es él quien actúa con πιστοσ#νη. Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 51 22. Rodríguez Cidre, «Mujeres…», op. cit., n. 43 sostuvo, extrañamente, que «es de notar que en ninguna de las referencias de la obra euripidea a las traiciones de Medea en la Cólquide apareciese entre los traicionados su hermano Apsirto». Sobre las variantes relativas al asesinato del hermano, cf. J. BREMMER, «Why did Medea kill her brother Apsyrtus?», en J. CLAUSS y S. JOHNSTON (eds.), Medea, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1997, p. 85-86. 23. Bremmer, op. cit., p. 100 señala que, al matar a su hermano (o hermanastro según Sófocles y Apolonio), Medea rompe lazos con su familia natal y pierde toda protección, no sólo por lo sacrílego del crimen sino porque el hermano es, para los griegos, el responsable de su hermana, sobre todo al morir el padre de ambos. 24. Sobre el tema de la sabiduría en la pieza, cf. J. LÓPEZ-FÉREZ, «Sophía-sophós dans la Médée d’Euripide», Pallas, 45 (1996), p. 139-151, quien destaca la innovación, para la Grecia antigua, de aplicarla a una mujer; Medea sería sophós por naturaleza, no por educación adquirida (p. 147). 25. Escolio a Apolonio, 4:228. 26. Cf. Bremmer, op. cit., p. 85. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 51
sobre la situación desventajosa de la mujer (vv. 230 s.). La mujer debe pagar dote para conseguir marido, quien pasa a ser «patrón de su cuerpo» (233), tiene que ser adivina para saber cómo adecuarse a sus costumbres, corre peligro de exponerse a violencias, no tiene solaces externos y debe afrontar la peor tarea, el parir. Y además, el azar de tener un buen marido o uno malo es γAν µγιστος, «pues no son de buena fama los abandonos para las mujeres ni les es posible desdeñar a un esposo» (vv. 236-7). La situación de la mujer es, pues, desventajosa; ella se encuentra prácticamente inerme. Esto implica las dificultades para llevar a cabo la separación por parte de la mujer, que hace que Medea lamente que no haya un método que permita reconocer a un hombre bueno (516-7). Durante siglos fue casi imposible que una mujer tomara la decisión de un divorcio porque éste implicaba quedar sin recursos, expuesta a la mendicidad y al oprobio. Hoy, la promoción de la mujer como persona le permite poder afrontar más fácilmente el ser «jefe de familia», pero sigue siendo muy frecuente que el ex marido no aporte alimentos ni a ella ni a sus hijos. El desentenderse de los hijos por parte de Jasón aparece en el diálogo entre la nodriza y el ayo; dice ella: «¡Oh hijos! ¿Escucháis cómo es vuestro padre respecto de vosotros? Ojalá no muera, pues es patrón mío, pero es atrapado comportándose mal con sus amigos»; y sentencia el instructor: «¿Quién de los mortales no? ¿Sólo desde ahora sabes esto, que toda persona se quiere más a sí misma que al vecino, si a éstos no ama un padre a causa de una cama?» (82-88)47. Medea es más explícita en su diálogo con Creonte, cuando le pide un plazo para buscar cómo irse y cómo encontrar «un recurso para mis niños, dado que el padre para nada se preocupa de aportar a los hijos» (342-3). El coro se compadece de Medea y señala que «a causa de lechos nupciales» Jasón le dejó los hijos, sugiriendo que se desentiende de ellos (999-1000). En la discusión final, cuando Jasón quiere besar y abrazar a sus hijos, ella le reprocha: «ahora les hablas, ahora los saludas, tras rechazarlos entonces» (1401-2). Claro que Jasón afirma lo contrario: sostiene que él se casa con la princesa para asegurar a los niños el porvenir y darles un mejor ambiente (559-567, 595-7); sin embargo, acepta que su nuevo suegro los eche y se contenta con ofrecer cartas de recomendación y cierto dinero (461-2, 612-3), cuya consumisión y reposición no prevé, de modo que es lógico el temor de Medea, acerca de que «tus hijos y la que te salvó vaguen como mendigos» (515). Sostiene Jasón que él quiere «darte asistencia a ti y a los hijos» (620) y que es ella quien la rechaza por insensatez. Jasón dice a los niños, cuando cree en la artimaña de Medea, supuestamente arrepentida: «Para vosotros, hijos, no despreocupadamente vuestro padre puso importante salvación, con apoyo de los dioses: pues pienso que vosotros estaréis en lo principal de esta tierra corintia, un día, junto con vuestros hermanos. Pero creced; lo demás lo opera vuestro padre y quien de los dioses es favorable» (914-9). En realidad, Jasón vuelve a desentenderse del presente: tiene planes para un futuro pro58 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 47. Sobre los vv. 85-88 como clave de interpretación de la pieza, cf. A. GONZÁLEZ DE TOBIA, «Doble lógos en Medea», Argos, 7 (1983), p. 101-112. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 58
misorio, en el que los beneficios surgirán de la riqueza de la casa real, poniendo él tan sólo su supuesta reputación (cf. 960 s.). Promete a sus hijos buen rango futuro y los exhorta a crecer (917-8) pero sin ocuparse de cómo lo harán, pues solamente piensa en retenerlos consigo cuando Medea le pide que la princesa los salve del exilio (942-3). Medea denuncia la hipocresía de Jasón durante su diálogo con Egeo, pues cuando éste se entera de que Creonte la expulsa de Corinto y pregunta si Jasón lo admite, ella declara «de palabra no, mas quiere tolerarlo» (v. 708), ejemplo de la famosa oposición λγος / ργον tan frecuente en la literatura griega. Así, pues, Jasón aparece como un interesado: quiere hijos para prolongar su estirpe, pero los quiere de una princesa que le asegure buena posición. Por ello, al verse privado de los que ya tenía y de los que pensaba tener, exclama «me mataste a mí, sin hijos» (1325) y «marcho sin el lote de mis dos hijos» (1395). A este último lamento, Medea añade con saña: «No te lamentes todavía; aguarda también la vejez» (1396), con lo cual destaca que no tendrá quién lo sostenga ni lo sepulte (el coro había dicho que la muerte anticipada de los hijos es el peor dolor, cf. 11091115). Y cuando él exclama «¡Oh hijos queridísimos!», ella, con nueva saña, aclara: «Para su madre, no para ti» (1397). En fin, esta paradoja de un cierto interés egoísta por los hijos acompañado por un desentenderse de su presente es una realidad lamentablemente frecuente en la sociedad actual, en la que se denuncia al así llamado «padre abandónico», aquel que, estando o no en el núcleo familiar, no cumple su fundamental papel. Pero ese interés egoísta se vincula con el próximo elemento que queremos comentar. Este quinto elemento es la actitud vengativa que suele surgir entre los ex esposos. En esa venganza es frecuente que se use a los hijos y, llegado el caso, a la nueva pareja, como instrumento de la venganza. Generalmente se recurre a minusvaloraciones, enfrentamientos, elecciones y exclusiones exigidas a los hijos, censuras contra el otro, etc., todas agresiones que dañan severamente a los hijos en su psicología, en su vínculo con los demás y en su disposición hacia la vida matrimonial y familiar. Medea opta por una venganza más contundente y definitiva que tiene que ver con su grado superlativo de pasión y seguramente también con lo que la vida y su temperamento le hicieron hacer: una mujer que huye de su casa y resuelve por sí misma su boda, desconociendo todo κ#ριος o tutor, contra el uso normal griego que asignaba esa decisión a los parientes varones48, también buscará cómo sobrevivir a su problema y de qué modo hacerse valer. Como Medea misma dice y ya citamos, «cuando [una mujer] es injuriada respecto de la cama, no hay otro sentir más manchado de asesinato» (265-6), de modo que alguna forma de crimen es considerada desde el principio. Al evaluar diversas posibilidades de venganza, primero la orienta hacia las causas de su desgracia, es decir, Jasón, su nueva esposa y su nuevo suegro. Pero cuando en el diálogo con Egeo Medea descubre la importancia que los hijos tienen para el hombre, cosa que Jasón confirma durante la escena del engaActualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 59 48. Cf. S. POMEROY, Diosas, rameras, esposas y esclavas. Mujeres en la Antigüedad clásica, Madrid, Akal, 1990, p. 80. Véase por ejemplo Apolonio III 657. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 59
ño, ella comprende que la mejor venganza es dejarlo sin hijos: no matarlo a él sino matarlo a través de lo que le interesa49. La escena del engaño, en que ella finge arrepentirse y concluir la querella (νε(κος 904) mediante las paces (σπονδα 898), es una táctica tan hipócrita como las justificaciones de Jasón y, en ella, utiliza a los hijos como instrumentos de venganza, primer paso antes del clímax vengativo. Cuando la nodriza, en el prólogo mismo, dice que Medea «aborrece a sus hijos y al verlos no disfruta» (36), señala la sensación que los niños producen a su madre en tanto recordatorios vivos de su amor despreciado, de los sacrificios realizados en vano, de la injuria del padre. La anciana encarga al ayo que mantenga alejados a los niños «pues ya la vi en su mirada hecha un toro hacia ellos, como si tuviera ganas de hacer algo» (91-92), en una de esas animalizaciones que, junto con las reificaciones, fueron bien valoradas por Elsa Rodríguez Cidre en su estudio del discurso de la nodriza50. La observación de la anciana es un temor que anticipa un accionar que se hará realidad51: Medea es capaz de todo porque es «carácter salvaje y naturaleza odiosa de arrogante sentir» (vv. 103-4). Pero Medea tiene también «mirada de leona parturienta» (187), imagen de la madre ferozmente protectora, y «se transforma en un toro», agresiva hacia las sirvientas (188)52: esto refleja para nosotros el conflicto que tendrá al utilizar a sus hijos amados contra adversarios odiados. En la escena final, Jasón la llamará «leona, no mujer, que tiene naturaleza más salvaje que Escila» (1342-3), y luego «abominable e infanticida leona» (1407), imagen que apunta a la monstruosidad de ver que quien es normalmente protectora de los suyos se torne en su enemiga y matadora. La roca y oleaje mencionados por la nodriza en vv. 28-29 como metáforas de Medea, son reificaciones que el coro retoma en la frase «eras roca o hierro, tú, que matarás por cuenta de propia mano el fruto de tus hijos, el que pariste» (1279-1280), nuevo modo de destacar lo antinatural del crimen53. En los vv. 490-1, durante el agón, Medea señala la importancia que el haber engendrado hijos tiene en el asunto. Ella dice: «…adquiriste nuevos lechos, ¡habiendo hijos! Pues si todavía hubieses estado sin hijos, habría sido perdonable que te enamoraras de ese lecho». Medea destaca así que el matrimonio cumplió con el fin esperado en la cultura griega y expresamente mencionado en la fórmula nupcial; ella cumplió, le dio hijos a su marido, y esto sella y consolida el vínculo matrimonial. La afrenta, pues, es grave también desde este punto de vista y es ‘lógico’ para la ‘lógica pasional’ de Medea que si desaparece el vínculo matrimonial también desa60 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 49. G. Most, op. cit., señaló que el recurso a los hijos suele ser una estrategia retórica para generar compasión, pero que este recurso no le sirve al coro contra el plan de Medea, sino que ésta usa a sus hijos para crear circunstancias que la obligan a matarlos (p. 35). 50. Cf. E. RODRÍGUEZ CIDRE, «El ver en la nodriza de la Medea de Eurípides: acerca de algunas reificaciones y animalizaciones», Mora, 4 (1998), p. 65-71. 51. En cuanto al tema del temor, cf. Jouan, op. cit., quien sostiene que temen a Medea los que la conocen, salvo Jasón, que nunca la comprendió. 52. Cf. Ranas 804 de Aristófanes, donde Ésquilo βλεψε ταυρηδν a Eurípides, «lo miró ‘a modo de toro’». 53. Sobre la matanza de niños en manos de monstruos cf. ahora E. DIFABIO, «Existencia mítica de personajes infanticidas: los cucos [cucas] griegos», Circe, 5 (2000), p. 101-116. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 60
parezcan sus frutos. El coro dice a Medea en 996 s.: «Me lamento por tu dolor, oh mísera madre de niños, que matarás a tus hijos a causa de lechos nupciales»; estas palabras destacan en el vocativo la paradoja de la madre matadora, el conflicto de una madre ofendida como esposa, e indican expresamente la causa del asesinato: Medea venga la violación de los pactos, la ruptura unilateral del vínculo establecido. La atrocidad del método elegido ya había sido censurada por el coro en el v. 816, cuando le pregunta «Pero ¿osarás matar tu simiente, mujer?»; es inconcebible para las mujeres corintias que una mujer piense en matar el fruto de sus entrañas54. Pero entonces Medea es clara en el móvil de su accionar, al responder «Pues así mi esposo sería mordido sumamente» (v. 817). Medea prefiere sufrir este dolor con tal que pueda vengar del modo más cruel al traidor; la imagen del ‘mordido’ sugiere la aceptación de estar actuando como una fiera y, aunque el coro le advierta que se hará «la más miserable mujer» (818), su ferocidad le hace rechazarlo diciendo «superfluos son todos los argumentos» (819), es decir, no hay razonamiento que valga. La venganza es cuestión de pasión. Que la venganza logra su efecto se ve en la reacción de Jasón. En el v. 1310, cuando el coro le anunció el asesinato, él, incrédulo y desesperado dice «¡Ay de mí!, ¿qué dirás? ¡Cómo me matas, mujer!». El coro confirma el hecho y destaca la consecuencia (1311): «Al no existir ya tus hijos, preocúpate por cierto», con lo cual apunta al hecho de que el interés de Jasón, el perpetuar su casa y ensalzarla, queda frustrado en los hijos ya tenidos y en los planeados. Jasón se suma al coro para denunciar lo antinatural del hecho (vv. 1324-7): «Osaste arrojar contra tus hijos la espada, tras parirlos, y me mataste a mí, ahora sin hijos; ¡y tras hacer esto miras el sol y la tierra, tras osar la obra más impía!». Jasón señala que es una osadía contranatura que una madre mate a sus hijos y, además, es una obra sacrílega, por la que su autor no debería atraverse a mirar ni sol ni tierra, es decir, no debería vivir. Pero también señala que al matarlos, lo mató en vida a él. Jasón dice «Marcho sin el lote de mis dos hijos» (1395) y «ojalá nunca yo, tras engendrarlos, los hubiera visto muertos por ti» (1413-4). Medea logró su intención. En la discusión final, Jasón comenta que «no existe mujer griega que haya osado esto» (1339), destacando quizás el desborde pasional que en el ideal griego no tendría lugar. El coro se ocupó de traer a cuenta el caso de Ino (1282-9), quien mató a sus hijos; pero ella lo hizo perseguida por Hera y murió junto con ellos, de modo que es un paralelo aproximado, si bien comparable en el hecho esencial55. Apolonio se ocupará de traer a colación ejemplos de padres que mataron a sus hijas, tales como Nicteo y Équeto (IV 1089-1095), cuando la reina Árete teme que Eetes mate a Medea. Sabemos, por otra parte, que en el mito de Procne, Filomela y Tereo, la esposa mata a su hijo Itis para castigar el adulterio del marido; sabemos que algunos griegos mataban a los recién nacidos si los creían discapacitados. Quizás, pues, no pretende Eurípides mostrar la exclusividad de un personaje filicida sino destacar el horror al que éste llega vinculado con la causa que lo motiva. Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 61 54. Cf. Ch. SEGAL, «On the fifth stasimon of Euripides’ Medea», AJPh, 118 (1997), p. 171-2. 55. Segal, ibidem, p. 176 opina que en la acción de Medea, a diferencia del mito de Ino, no hay causalidad divina; contra esto, cf. D. Kovacs, op. cit. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 61
Es cierto que si hoy la mujer abandonada puede sentir anhelos de venganza, habitualmente recurre a métodos menos terminales aun cuando involucre en ellos a sus hijos. Pero lamentablemente la historia muestra casos que confirman el mito56. Para citar un solo ejemplo y de nuestro país, el caso que permitió aplicar por primera vez el uso de huellas dactilares para determinar el culpable de un crimen, fue un caso de este tipo. El 29 de junio de 1892, en Necochea, se produjo el asesinato de dos niños de seis y cuatro años, Ponciano y Felisa Caraballo, y su madre Francisca Rojas quedó herida. Cuando pocos días después, el creador del sistema, Juan Vucetich, descubrió que las huellas delataban a la madre de los niños, ésta confesó alegando que su marido, sabiendo que ella era adúltera, se disponía a quitarle los niños, porque ella creía que unos vecinos le habían contado sus infidelidades a su esposo; al no soportar la idea de quedarse sin los chicos, había preferido que tampoco los tuviera su marido. Si bien aquí la infiel fue ella, la reacción es tan pasional y vengativa respecto del marido despreciado como la de Medea. La famosa escena del agón entre Medea y Jasón, considerada habitualmente como inútil para el desarrollo de la trama, permite, como observó Cecilia Schamun recientemente, profundizar el distanciamiento, el odio y el egoísmo entre los ex esposos, es decir, tiene una funcionalidad dramática de índole psicológica57. Pensamos, sin embargo, que el fragmento fija, además, clara y explícitamente la posición de cada uno, con sus móviles, sus argumentos y sus reacciones, que hasta ese momento no habían sido presentados con esa claridad, y, asimismo, este sector, precisamente por las razones que expone Jasón y la indignación que provoca en Medea, hace que ésta decida llevar a cabo la venganza a la que se inclinaba. En este sentido, la velada amenaza con que concluye el agón es una clave, cuando Medea lo despide diciendo: «Continúa tu vida de novio; pues quizás —será dicho con acuerdo del dios— desposarás de tal modo que tú reniegues de la boda» (625-6). Pero este agón, recurso que, como destacó Reinhardt, usan tanto el teatro como el proceso judicial, de modo que la escena suele tornarse un tribunal58, este agón concreto —decíamos— también es comparable a una moderna audiencia de divorcio. El mismo Jasón, como ya citamos, lo llama )µιλλαν λγων ‘combate de razones’ (v. 546) y cada uno usa el mismo espacio en su declaración, como era costumbre en la práctica jurídica griega; a ella llegan con afrentas ya concretadas y el encuentro sólo sirve para que los contendientes se echen culpas mutuamente ante un juez que en este caso es tanto el coro como el público, coro y público que no pueden ni lograr una reconciliación de aquellos ni evitar mayores dolores59. La 62 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 56. D. Kovacs, op. cit., n. 25, opina que no hay que comparar con crímenes de la vida real, donde frecuentemente aparece lo patológico, sino ver la vida refractada a través de la lente del arte trágico. Creemos que la historia, haya o no intervenido «lo patológico» (que también podría alguien asignar a Medea), confirma el carácter mítico y por tanto humano-universal del asunto. 57. Cf. C. Schamun, op. cit., p. 152. 58. Cf. K. REINHARDT, «La crise du sens chez Euripide», en Eschyle. Euripide, París, Minuit, 1972, p. 299. 59. Como observó M. Mattiace, op. cit. p. 56, la transgresión verbal, el ultraje, dice lo indecible y pone en escena lo que la convivencia real quiere esconder; la palabra ultrajante introduce la absurda ambigüedad de todo valor (p. 55) y es símbolo de la impotencia humana (p. 57). Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 62
esterilidad de esta discusión se repite en el éxodo, cuando vuelven a insultarse y culparse y recriminarse y entonces Medea le dice: «Pues como era necesario, devolví el ataque a tu corazón» (1360), en una versión personal de la ley del Talión, a lo que Jasón responde, con igual odio60, «Al menos tú también te apenas y eres partícipe de los males» (1361), como si el sufrimiento de quien alguna vez hizo íntimos pactos con él (cf. 871 «muchas cosas amistosas han sido hechas por nosotros») le provocara cierto alivio. Que la pasión y los pactos violados parecen ser ideas fundamentales de este conflicto tan clásico, tan triste y lamentablemente perenne y universal, surge aún más claramente si tenemos en cuenta la lectura que más de un siglo después hizo Apolonio de Rodas en sus Argonáuticas. En esta epopeya el alejandrino recoge con fruición innúmeros detalles míticos y literarios. Muchos de ellos divergen de la presentación que hace Eurípides: por ejemplo, en III 997 s. Apolonio menciona a Teseo y Ariadna, mientras que, en la pieza que nos ocupa, Egeo aún no tiene hijos ni sabe que va a engendrar a Teseo en Etra, la hija de Piteo, hacia el cual se dirige (v. 683); en III 1105-8 se destaca que los griegos respetan los pactos pero el colco Eetes no, mientras que en Eurípides es el griego Jasón quien los viola y la cólquide quien los defiende. Si bien los episodios que narra Apolonio son mitológicamente anticipos de la tragedia, cronológicamente son en gran parte un eco de Eurípides. El llanto de la novia viuda ante el lecho vacío en III 656 s. recuerda la descripción que la nodriza hace de Medea ausente, que «yace ayuna, entregando su cuerpo a los sufrimientos, consumiendo todo su tiempo en lágrimas» (vv. 2425); la Medea helenística insiste en que Jasón se acuerde de ella y no tenga ella que reprocharle (III 1114-6); que ella abandonó su familia, deshonrada, y que él no debe dejarla (IV 89-91), que ella abandonó patria, casa y padres y que él obtuvo todo gracias a ella (IV 358-373, 388; cf. 1036-1046): son todos aspectos que la Medea euripidea explaya en la tragedia; el detalle de que sería un gran dolor dejar a Medea como botín de los colcos (IV 402-3) recuerda el rechazo de Medea a dejar a sus hijos en manos de los corintios; la exclamación «terrible Eros, gran padecimiento» (IV 445), se conecta con las reflexiones del coro trágico en 627 s., cuando las corintias comentan los peligros del amor desordenado, y con la ya citada exclamación «¡Oh lecho de mujeres muy penoso, cuántos males ya hiciste a los mortales!» (vv. 1291-2). Que Apolonio sugiera, mediante el símbolo del velo nupcial manchado por la sangre del hermano, que el asesinato de Apsirto maldice la boda de Medea (IV 472-4) remite a la sugerencia de que la traición de Medea contra su hermano y familia toda se hacía merecedora de la traición de Jasón y que, al castigar a éste, ella castiga sus propias faltas. Y ya hemos hecho referencia a la mención de filicidas (IV 1089-1095), la cual se vincula con la presentación del mito de Ino en Eurípides. El símbolo de las diestras estrechadas también aparece en Apolonio; de ese modo hace Jasón un pacto con Hipsípila en I 84261, como en Ranas Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 63 60. Sobre cómo Medea y Jasón asumen actitudes similares y Medea se asemeja también a Afrodita y a la princesa, cf. Boedeker, op. cit. 61. Para citar un ejemplo clásico, véase Píndaro Píticas 4:37=65, donde Eufemo estrecha la diestra de Tritón en signo de pacto. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 63
de Aristófanes hacen los esclavos y los tragediógrafos para manifestar su acuerdo (cf. 754 y 789); otras ocurrencias se utilizan para indicar el saludo, como hacen los hijos de Calcíope con su madre en el poema de Apolonio III 258, de modo similar a como saluda Strepsíades a su hijo Fidípides en Nubes 81 o como hace nuestra Medea al despedirse de los niños (v. 1070); también Medea toma de la diestra a Jasón en Argonáuticas III 1067-8, cuando acaba de concederle su ayuda y le pide que la recuerde. Pero la importancia que la Medea tardía da a los pactos surge de su insistencia en los favores que ella hizo, la promesa de él acerca de llevarla consigo y desposarla, por todo lo cual no puede abandonarla. Este temor de Medea podemos unirlo a su rechazo por ser burlada. En las Argonáuticas, Eros se ríe a carcajadas de Ganimedes, a quien engañó y quien se va encolerizado e impotente (III 124-6); Afrodita se lamenta de que sus problemas con Eros sean objeto de risa para otros (III 102) y Eros sale a carcajadas del palacio de Eetes tras lanzarle a Medea el dardo de la pasión (III 286); cuando se compara a Medea con una joven viuda, dice el poeta que se oculta en lo recóndito «para que las mujeres no se mofen de ella, ofendiéndola» (III 663); Medea misma, al pensar en suicidarse, teme que todos se burlen de ella, ya muerta, con injurias, y que las mujeres se mofen de ella por haberse ocupado de un extranjero para vergüenza de su casa (III 791-7); y cuando huye de los colcos con sus aliados y teme una traición de éstos, dice que ellos están «guiñándose por detrás de mí» (IV 389). Esta Medea, como la de Eurípides, quiere ser fiel a los pactos y quiere que Jasón los respete; esta Medea no quiere ser burlada, y así como el amor la llevó a terribles ayudas, el odio vengativo la llevará a tremendos castigos, como los vemos realizados en la pieza de Eurípides. Esta Medea se ve atormentada por la α>δ"ς que le desaconseja enfrentarse a su familia y a su pueblo por un extranjero (cf. III 785, 796, 797), α>δ"ς que es otro valor heroico como los que mueven a la Medea euripidea. Y si el actuar criminalmente llevado por la pasión es hoy jurídicamente un atenuante62, quizás debamos tener en cuenta que Medea actuó vencida por su pasión heroica de no ser deshonrada63, pues —dice el personaje en el verso ya citado— «mi animosidad puede más que mis deliberaciones» (1079), pero también actuó como instrumento de la divinidad que censura el orden violado, como opina Kovacs64, función que hoy los hombres pretendemos, tal vez, que sea cumplida por el sistema jurídico. Si enmarcamos el mito en la realidad del público de Eurípides, las posiciones de Medea y de Jasón revelan también dos criterios ante el divorcio. En Atenas65 el hombre podía solicitar la φαρεσις o separación, disolución del vínculo, sea por repudio —quizás a través de un juicio—, sea para casarse con una parienta 9πκληρος o heredera del mismo ο1κος a efectos de conservar en éste su fortuna, sea obligado por el adulterio de su mujer y para no caer él en τιµα por no denun64 Faventia 26/2, 2004 Pablo A. Cavallero 62. Sobre rasgos psicológicos de carácter patológico como atenuantes para Medea, cf. H. SZTULMAN, «Le mythique, le tragique, le psichique: Médée. De la déception à la dépression et au passage à l’acte infanticide chez un sujet état-limite», Pallas, 45 (1996), p. 127-136. 63. Cf. entre otros D. Kovacs, op. cit. p. 54. 64. Cf. D. Kovacs, ibídem, p. 54. 65. Para todos estos aspectos, cf. la síntesis que ofrece E. Buis, op. cit. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 64
ciarla66. La mujer, por su parte, podía proceder a la πλειψις o abandono, si se presentaba ante el arconte y daba razones no objetadas por el marido; en tal caso se decretaba el divorcio y el marido devolvía la dote, aunque parece que en este procedimiento la mujer debía actuar representada por su κ#ριος o tutor67. También hubo divorcios de común acuerdo, como el de Pericles por «infelicidad mutua»68 o el de Menecles por propia esterilidad69. En la escena final de nuestra Medea, los actores del divorcio parecen llegar a un acuerdo de que es lo mejor para ellos (13756); pero mientras que Jasón llevó adelante su segunda boda sin anunciarla y sin devolver dote porque no la había, considerando el divorcio como un remedio, Medea, ante lo inevitable, lo encara como una sanción: ella podía alegar bigamia y ausencia de cohabitación70, aunque prefirió alegar ingratitud, incumplimiento de pactos, ofensa a ella y a los dioses, ultraje a ella como mujer, esposa y madre; pero lleva adelante tanto el agón cuanto la venganza como la concreción de un divorcio-sanción, considerando culpable a Jasón y merecedor de castigo71. En la actualidad, el divorcio puede afrontarse como un trámite de común acuerdo pero es muy frecuente que sea controvertido y, en tal caso, cada parte ve cómo demostrar la culpabilidad ajena, pues ésta implicará una sanción. Medea, privada de todo κ#ριος y de todo derecho, resuelve castigar por propia mano. En fin, hemos querido recorrer este texto apasionante buscando algunos de los puntos de contacto con nuestro mundo actual. Ciertos eruditos sostienen que Medea va perdiendo sus rasgos humanos para adquirir gradualmente rasgos de fuerza divina o suprahumana72; para Reinhardt, en cambio, el tratamiento sentimental y humano que de ella hace Eurípides lleva a que Medea ya no sea una legendaria criminal sino una mujer digna de compasión73. Es necesario llegar al patético extremo del conflicto trágico de Medea para que el divorcio sea trágico al modo griego y Medea no sea, por la burla de la que es objeto, un simple personaje de comedia costumbrista. Sin embargo, hoy, cuando conocemos las patéticamente negativas consecuencias psicológicas y sociales del divorcio, sobre todo en los hijos, estamos seguros de que ningún divorciado, aun cuando no llegue a un filicidio, puede ser, ni tampoco querría ser, el hazmerreír de nadie. Actualidad humana de la Medea de Eurípides: el tema del divorcio Faventia 26/2, 2004 65 66. Cf. Lisias 14:28. 67. Cf. Iseo 3:77-78, Demóstenes 30:17 y Andócides 4:14. En el último texto referido el marido impide a la fuerza el divorcio. 68. Cf. Plutarco, Pericles 24:8. 69. Cf. Iseo 2:7-9. 70. Cf. I. BORGES BELCHIOR DA FONSECA, «O divórcio no direito ático», Cultura clássica em debate, Belo Horizonte, Universidade Federal de Minas Gerais, 1987, p. 107. 71. J. RANGER, «Violence, nature et divin chez Médée», Pallas, 45 (1996), p. 231, señala que lo castiga no como seductor sino como padre y utilizando una violencia más espiritual que física, como la que él aplicó a Medea. 72. Contra esto, por ej., Snell, op. cit. p. 185. 73. Cf. K. Reinhardt, op. cit. p. 305. Faventia 26-2 001-175 26/4/05 09:31 Página 65
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