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Un contrapunto del modelo pedrelliano : el nacionalismo de Julio Gómez

Martínez del Fresno, Beatriz

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Martínez del Fresno, Beatriz

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Recerca Musicolbgica XI-XII, 1991-1992, 363-388 Un contrapunto al modelo pedrelliano: el nacionalismo de Julio Gómez Es sabido que en España el nacionalismo fue un movimiento musical de amplio espectro, tanto en el sentido diacrónico como en el sincrónico, y que tradicionalmente se adscriben a 61 autores y obras muy heterogéneas. Se ha escrit0 mucho sobre la importancia de Pedrell como padre de las mejores obras nacionalistas, y sobre el más universal de nuestros compositores del siglo xx: Manuel de Falla; en segundo plano Albéniz, Granados, Turina, Esplá, etc. No hace mucho que se viene reivindicando a Barbieri como precursor o iniciador del nacionalismo junto a Pedrell, pero hay otros estratos del mismo movimiento que aún permanecen casi inexploradosl. Dentro del largo proceso de afirmación nacional que abarca casi cien aiios, nos situaremos en la denominada Edad de Plata de la cultura espafiola, y particularmente en el ámbito madrileño, para dar una rapida visión de determinadas actitudes nacionalistas a través del compositor y critico madrileño Julio Gómez Garcia (1886-1973). Las tres generaciones musicales que coexisten en este período: la del 98, la del 14 y la del 27 (o en la propuesta de Enrique ~ranco~, que prefiere designarlas por el año central de nacimiento, la de 1871, la de 1886 y la de 1901), tienen como referencia común 10 que podríamos denominar <rel problema musical de España~ y el afán de europeización heredado de Joaquín Costa, que no s610 ' Nos referimos a las diversas modulaciones del nacionalismo, cuya tipificación debería poder explicar las diferencias entre Albéniz, Falla, Turina, Bretón, Chapi, Arbós, Emilio Serrano, Pérez Casas, Conrado del Campo, Chávarri, Felipe Espino, Julio Gómez, Esplá, Guridi, P. Donostia, Guervós, Isasi, Larregla, Jacinto Manzanares, Malats, N. Otaño, R. Villar, Usandizaga, Vicente Zurrón, Antonio José y un larguísimo etcétera. FRANCO, E., ((Generaciones musicales españolasu en La Mdsica en la Generación del 27. Homenaje a Lorca. 1915-1939, Ministeri0 de Cultura, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, 1986, p. 35-37. 364 BEATRIZ MARTÍNEZ DEL FRESNO impregnó las intenciones de filósofos, politicos y literatos, sino también de 10s músicos. En palabras de Jover, una <<profunda meditación acerca de la esencia y el significado de 10 español en relación a 10 e~ro~eo,>~ conseguiria dar un nuevo sentido de universalidad a la cultura y a la música española. Julio Gómez se encuentra en la generación intermedia entre el 98 musical de Manuel de Falla, Enrique Granados, Bartolomé Pérez Casas, Rafael Mitjana, etc., y la Generación del 27. Le acompañan en la Generación de 1914 (también denominada Generación de 10s Maestros, la de 10s nacidos en torno a 1886) Conrado del Campo, Joaquín Turina, José Subirá, Oscar Esplá, Jesús Guridi, P. Donostia, José Ma Usandizaga, Higini Anglks, Adolfo Salazar o Federico Mompou. Según el juego de ritmo quincenal, Pedrell pertence en este momento a la categoria de ccsupervivienten y, sin embargo, es punto de referencia ineludible para las tres generaciones que le siguen. Tomás Marco ha escrito que la aportación de Julio Gómez es cana consecuencia final del romanticismo esp&ol transfigurado por el nacionalismow4. Le define como <<hombre arquetípic0 del 98 por su talante culto, liberal y regeneracionista>> y señala que hay mucho de barojiano en su personalidad, <<que, sin embargo, es de pura cepa castellana>>. Carlos Gómez Amat ha dibujado la figura de su padre acudiendo a la idea tradicional de liberalismo español decimonónico, y recordando que en política y en la vida era Julio Gómez independiente, idealista e insobornable. Menciona su afinidad con el espiritu de la Institución Libre de Enseñanza, y admite su relación con la generación del 98, pero precisa que la suya es la del 86, la de Ortega y Gasset y otros ccque salieron del pesimismo para mirar con esperanza el futuron5. Trataremos ahora de ahondar en las inflexiones ideológicas y estéticas que el nacionalisrno adquiere en las actitudes de don Julio, y de situarlas en su contexto temporal ygeográfico. Hay en su estética un componente romántico que valora la espontaneidad en la creación musical, y que le adscribe como función primordial la de despertar entusiasmo y emoción. É1 mismo reconoció (no sin cierta ironia) en su discurso de ingreso en la Academia ccsoy, por mi nacimiento, por irresistible inclinación de mi gusto pesonal -y en el10 pongo la más alta razón de mi ufaniaun compositor del siglo XIX>>~. JOVER, REGLA, SECO, Espaia moderna y contemporánea, Barcelona, 1970, p. 377. MARCO, T., Historia de la Misica española. 6 El siglo XX. Madrid, 1983, p. 55, 58. GÓMEZ AMAT, C., Perfiles españoles lr programa dedicado a Julio Gómez, RNE, 1986. GÓMEZ, .T., LOS problemas de la ópera española. Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Academia, Madrid, 1956, p. 10. El discurso se reproduce en IGLESIAS, A. (recopilación y comentarios de), Escritos de Julio Gómez, Madrid, Alpuerto, 1986. José Subirá, intimo amigo, le definió como melodista al que no preocupan las formas y fórmulas abstractas: ccen la música ve un fin; de ninguna manera un pretexto para ofrecer juegos sonoros, Y ve un fin ligado a la espiritualidad humana, 10 que le alejó de aquellos que predicaban la necesidad imperiosa de deshumanizar el Arte. Sabe que sin un contenido emocional, la música suele carecer de valor positivo[. . .]n7. Junto a ello, un cierto elemento lúdico -la música es para disfrutarlaque podría emparentarse con el que José Luis Abellán incorpora a la caracterización de la Generación de 1914~, y que de alguna forma implica, en el caso de Julio Gómez, una búsqueda de naturalidad o, al menos, una huida del alarde técnico o retórico. Por otra parte, la música es concebida como arte eminentemente social y, por ello, en la contraposición dialéctica entre Noventa y Ocho y Modernismo defendida por Diaz-Plaja, es indudable la identificación con la mentalidad intervencionista y pedagógica de 10s noventaiochistas, frente al asilamiento exquisit0 del Modernismo que cclevanta su egocéntrica torre de mar-1, su palacio encantado, donde se rinde culto a la belleza~~. El fundarnento social de la música se imbrica en Julio Gómez con un profundo respeto por el público popular, 10 que le hizo escribir al comenzar su carrera: ccvayamos en busca del pueblo para hacer arte grande y duradero>>1° e insistir en su jubilación diciendo: ccmás estimo yo en mi carrera profesional el aplauso del público del Último pueblo de España a una de mis obras interpretada por una banda modestisima, que todos 10s éxitos como profesor del Conservatori~ que haya podido tener en mi vida>>ll. A partir de esta aproximación primaria puede advertirse ya una clara contraposición entre Julio Gómez y Adolfo Salazar, figura~ paralelas por el marco SUBIRA PUIG, J., Contestación al *Discurso del Académico Electo D. Julio Gómez Garcia leído en el acto de su recepción pública el dia 17 de junio de 1956~. Academia, Real Academia de Bellas Artes de San Femando, 1956, p. 62. ABELLAN, J.L., Historia crítica del pensamiento espaiiol, Tomo 5/111. De la gran guerra a la guerra civil española (1914-1939). Madrid, Espasa-Calpe, 1991, p. 64. D~Az-PLAJA, G., Modernismo frente a Noventa y Ocho (1951), 2" ed., Madrid, Espasa-Calpe, 1966. Reimp. 1979, p. 129. No obstante, la oposición tajante de Díaz-Plaja ha sido matizada por otros muchos autores que tienden a considerar el modernismo como amplio movirniento literari0 y cultural dentro del cual, como característica de uno de sus momentos y fenómeno particular, aparece la llamada Generación del 98, junto al novecentismo, la disidencia religiosa, el simbolismo, el ultraísmo, etc. La distinción 98-modemismo queda mal parada en el libro de José Carlos Mainer La Edad de Plata (19021939). Ensayo de interpretación de un proceso cultural, 3" ed. Madrid, Cátedra, 1986. 'O G~MEZ, J., <<Sobre la Sociedad Nacional de Música,>, Revista Musical, a80 III, núm. 12, Bilbao, 191 1, p. 290. " G~MEZ, J., aJubilaci6n~. Harmonia, Madrid, enero-junio 1957, p. 4. generacional y por su actividad critica en dos importantes diarios de la capital española, El Liberal y El Sol, durante el mismo periodo (1918-36). El antirromanticismo, la defensa de una vanguardia elitista y el rechazo del popularisme, definen al critico de El Sol como antagonista del de El Liberal, o a la inversa. Si Julio Gómez comparte actitudes con la generación del 98, Salazar es equivalente espiritual de la generación del 14, que se ha calificado de europeista, racionalista, científica y republicana. Representan dos estrategias distintas en la lucha contra el <<problema musical de Espafia>>, una de las cuales se centraba en la búsqueda de recetas salvadoras fuera del país, con Francia como principal punto de referencia, mientras la otra queria encontrar la solución hundiendo las raices en la propia tradición. La oposición entre modernismo y casticismo es un problema de la máxima importancia en el proceso cultural del momento, que se puede ejemplificar en el terreno musical en la antinomia Salazar-Julio Gómez y, mucho mis allá, en el debate entre Unamuno y Ortega, en el que el hombre del 98 defendia la españolización de Europa y el del 14 invertia 10s términos en la europeización de España. La paradójica oposición es formulada por Abe1lát-1'~ como tensión dialéctica entre el énfasis modernista en la estética, que trae consigo un impulso hacia la renovación, y el que pone en la historia el casticismo, que se arraiga en la tradición. Veamos algunos aspectos más concretos del nacionalismo de Julio Gómez. 1. La Sociedad Nacional de Musica y la Ópera nacional Su talante culto y regeneracionista le impuls6 a participar en la polémica desencadenada en la Revista Musical de Bilbao a propósito de la creación de la Sociedad Nacional de Música propugnada por Rogelio Villar en 191113. Julio Gómez envió un largo articulo desde Toledo (donde era por entonces director del Museo Arqueológico), en el que mostraba su apoyo decidido a la futura sociedad y, para perfilar sus fines, analizaba la escasa fuerza de la música española en Madrid y explicaba sociológicamente la función de las entidades musicales del momento14. A continuación, exponia su programa ABELLAN, J.L., Historia crítica del pensamiento español. Tomo 5/I La crisis contemporánea (18751936). Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1989, p. 66. l3 VILLAR, R., ~Sociedad Nacional de Músicas, Revista Musical, año 111, núm. 8, Bilbao, 1911, p. 194-196. l4 G~MEZ, J. <<Sobre la Sociedad Nacional de Música,, Revista Musical, año 111, núm. 12, Bilbao, 191 1, p. 285-290. Concretarnente trata de la Sociedad Filambnica, Cuarteto Francés, Cuarteto Español, Sociedad de Instrumentos de Viento, Banda Municipal y Teatro Real. Es extraña la ornisi6n de la Orquesta Sinfónica de Madrid. EL NACIONALISMO DE JULI0 G~MEZ estético imbuido de regeneracionismo y popularismo y, por último, reconducia su discurso al viejo tema de la Ópera nacional, <<el género que habría de hacer grande a la música espafiola>>. Este fue el objeto del largo escrito15 con el que don Julio, que había sido maestro concertador del Teatro Real, reabrió la polémica en torno a la eterna cuestión que, como él mismo diria en su discurso de ingreso en la Academia muchos años más tarde, estaba tomando ya <cel legendario carácter de la cuadratura del circulo o la piedra filosofal>>. Concluia proponiendo un programa de medidas que deberia poner en práctica la naciente Sociedad Nacional de Música: 1") Solicitar de 10s poderes públicos la traducción al castellano de todas las Óperas representadas en el Teatro Real. 2") La fundación de un Teatro Lirico Popular, subvencionado por el Estado. 3") La investigación sistemática de nuestra historia musical. 4") El establecimiento de una biblioteca musical. 5") La reforma de 10s concursos del Estado. 6") La reorganización de la enseñanaza musical, haciendo del Conservatori~ una escuela de estudios superiores. La preocupación de Julio Gómez por la Ópera española, que se manifiesta por primera vez en 1912, no seria abandonada por el compositor, que habría querido desarrollar su innata vocación lírico-dramática en circunstancias más l5 G~MEZ, J. <Sobre el Drama Lirico Nacional)), Revista Musical, año IV, núm. 1 y núm. 2, Bilbao, 1912, p. 1-5 y 25-29. La abundancia de Óperas que esperaban ser estrenadas o representadas, las deficientes condiciones en que se producian las escasas interpretaciones teatrales, las condiciones del nuevo pliego de arriendo del Teatro Real y, por contra, el éxito de la campaña teatral de Ópera española en el Teatro Colón de Buenos Aires y el resurgirniento de la Ópera vasca, desenterraron 10s viejos puntos de discusión. Abundando en la idea que Bretón habia expuesto poc0 antes en el Ateneo madrileño, Julio Gómez intentaba de nuevo encontrar soluciones prácticas. Su argumentación se fundamentaba en una prospección histórica competente, que deja traslucir sus conocimientos y su rigor, y que pasa revista tanto a la historia de nuestro teatro desde el siglo XVII como al papel que la música tuvo en 61. Aborda el tema s610 de forma estratégica. Continúa como sus predecesores, proponiendo tácticas de organización, reformas oficiales, etc., sin entrar en el fondo del problema: ~Qut es Ópera española? ¿la cantada en castellano? ¿la interpretada por artistas del país? ¿la de tema de carácter nacional? ¿la compuesta por españoles? jaquélla que consiga crear un lenguaje peculiar, nacional, que se diferencie del italiano o del wagneriano? Algunas de estas preguntas habían sido formuladas ya por Jimeno de Lema en 1901 y su contestación fue rozada por quienes continuaron el debate en la Revista Musical de Bilbao en 1912 y 1913 (I. Zubialde, R. Arenal, J. Fesser, T. Bretón, C. del Campo, L. Villalba, F. Pedrell y R. Villar). En honor a la verdad hay que decir que s610 Pedrell intent6 definir el drama lírico desde dentro, aunque su programa tampoc0 tuviera consecuencias prácticas en la creación operística española. También es cierto que de poc0 servia hacer programas estéticos sin solucionar antes la práctica imposibilidad de llevar las obras a la escena. Baste recordar la historia de La vida breve. favorables y que hasta su madurez sigui6 reflexionando persistentemente sobre el ternal6. 2. La investigación de la historia Si el capitulo de la Ópera nacional era una rama pendiente del nacionalismo heredado del siglo XIX, y si en el fondo de las discusiones en torno a la Sociedad Nacional latia un movimiento regenerador, la reconstrucción de nuestro pasado musical y la elevación cultural del músico español, eran bases necesarias para sustentar un nacionalismo vitalizador de la música del país, y como tales habian sido defendidas ya por Barbieri y Pedrell. Destacan en su juventud, y en 10s años de residencia en Toledo, dos trabajos de investigación realizados por Julio Gómez. crLos cuartetos de Manuel Canales y la música de cámara española de su tiempo>>, Premio Nacional de Música de 191 1, que permaneceria inédito hasta 198617 y <<Don Blas de Laserna. Un capitulo de la historia del teatro lirico español visto en la vida del último tonadillero>>, que mereció el Premio Nacional de Música de 1912 y le sirvió para tomar el grado de Doctor en Ciencias Históricas en la Universidad Central de ~adridl~. En el prólogo del estudio sobre Manuel Canales, don Julio reflexiona sobre el estado de las investigaciones históricas y sobre la perentoria necesidad de trabajar en dos campos de investigación: la recolección y el estudio de la música popular, y la publicación en ediciones criticas de nuestra música culta del pasado. El convencimiento de que debia crearse una escuela nacional fundada en nuestra historia queda patente en un texto escrito en otro lugar muchos años después: El espíritu de la música española vive y alienta en obras de 10s mis distintos géneros y hay algo de comdn a todos, que esta por encima de esas diferencias exteriores. Y ese algo es 10 que 10s compositores espal6 Sirvan como ejemplo dos trabajos 10s años cincuenta: <<La ópera espafiola>>, lección dada en la Cátedra Manuel de Falla de la Universidad Central de Madrid, publicada en Harmonia. Madrid, enero-junio 1953, y su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, ~Los problemas de la ópera españolan, ya citado. '' Recogido por A. Iglesias en op. cit. l8 El estudio sobre Blas de Laserna fue publicado parcialmente en la Revista de la Biblioteca, Archivos y Museos, del Ayuntamiento de Madrid, 1925, y en el Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos, de Pamplona. En toda su extensión en la Biblioteca de Corellanos Zlustres, dirigida por José Luis de Arrese, vol. v, Corella 1952, p. 119-208. Reproducido por A. Iglesias en op. cit.. EL NACIONALISMO DE JULI0 G~MEZ ñoles deben seguir ... Deben sentir siguiendo a Menéndez Pelayo, que: ((Donde no se conserva piadosamente la herencia de 10 pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original, ni una idea dominadora. Un pueblo nuevo, puede improvisar10 todo, menos la cultura intelectual. Un pueblo viejo no puede renunciar a la suya sin extinguir la parte mis noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senildg. É1 mismo se anticipó a José Subirá en las investigaciones sobre la tonadilla, quiso reconstruir la historia de la ópera española, escribió repetidas veces sobre 10s grandes autores de zarzuela y salpicó durante más de cuarenta años sus colaboraciones en la revista Harmonia de referencias a nuestra tradición musical en una sección fija que llevaba por titulo <<Comentarios del presente y del pa~ado))~~. El doctorado en Ciencias Históricas, una cultura humanística profunda y su prolongado trabajo como bibliotecario21, junto a la sólida formación musical recibida en el Conservatorio de Madrid, habrian permitido a Julio Gómez desarrollar una buena labor musicológica. Sin embargo, y a pesar del valor concedido a la historia como medio de regenerar la música nacional, su interés por la musicologia se fue debilitando al ver con cierto desengaño la desconexión entre la musicologia y la música, la falta de rigor en ciertos casos y, sobre todo, el olvido de la música reciente y contemporánea. <<En la música --decia-, por la afición de 10s historiadores y musicólogos a engolfarse en las profundidades de 10s siglos pasados, hemos perdido de vista, para nuestro perjuicio, 10 que hicieron 10s músicos de ayer y 10s de ante~dea~er))~~. Justal9 Borrador de las notas al programa redactadas para el estreno de Concierto lirico, 2-11-1945, 20 Algunos artículos de Julio Gómez sobre música española: aLos vihuelista españoles del siglo xvw, Arte Español, Revista de la Sociedad Española de Arnigos del Arte, Madrid, 1926, 2' trimestre, p. 59-67; *Un autógrafo de Bizet en la Biblioteca del Conservatorion, Ritmo, núm. 138, Madrid, 1940, p. 4-6; <<Arrieta, Barbieri y el conservatorio~, Ritmo núm. 140, 1940, p. 3-7; <<Un concierío sinfónico español en 1875~, Ritmo, núm. 155, 1942, p. 4-5; <<El maestro Bretón, Comisario Regio de aquel Conservatorio ... n. Harmonia, enero-marzo, 1949, p. 10-15; <<La Pasión del Señor en la Músican, Harmonia, julio-diciembre 1950, p. 16-24; <Recuerdos de Bretón y Chapí en el centenari0 de su nacimiento)), Harmonia, julio-diciembre, 1945, p. 13-20; <<Castro y Serrano y 10s cuartetos del Consematorio>>, Harmonia, enero-junio, 1952, p. 1-5; <<La música de Beethoven en la España del siglo xx*, Harmonia, julio-diciembre 1953, p. 16-23; En el Centenari0 de Mozart, Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Madrid, 1956; xLa música en 10s libros de Españau, Harmonia, enero-junio 1957, p. 12-20; <<Sinfonía, repertori0 y aficiónn, Harmonia, julio-diciembre, 1958, p. 1-7. Primero fue director del Museu Arqueológico de Toledo (191 1-13), luego jefe de la sección de música de la Biblioteca Nacional (1913-15) y, por fin, desde 1915 hasta su jubilación en 1956, bibliotecari0 del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. 22 <<Teatre de la Zarzuelan, Harmonia. Madrid, enero-marzo 1957, p. 1. 370 BEATRIZ MART~NEZ DEL FRESNO mente porque creia que el conocimiento del pasado debia redundar en una mejora del presente, evitando la repetición de errores y sustentando en la tradición una escuela nacional, miraba con escepticismo las aparatosas celebraciones de centenarios, <<farsa y barnbolla,,, falsas solemnidades que no traían como consecuencia la verdadera recuperación de las obras. En el centenario de Victoria escribió: Los musicólogos nos cuentan la vida de Victoria, nos enumeran las obras. Estas fueron publicadas por Pedrell hace ya bastantes años. En muchas antologías del extranjero se introducen con la misma estimación que las de compositores contemporáneos de todo el mundo. Algunos de nuestros críticos jóvenes, con un entusiasmo plausible, aunque no muy razonado, declaran dogmáticamente que Victoria fue el mejor compositor de su tiempo, superior por tanto a Palestrina y a Orlando di Lasso. Pero si algdn aficionado ingenuo desea oir obras de Victoria, le va a ser muy difícil. Porque, fuera de dos o tres motetes, de 10s difundidos por publicaciones extranjeras, que cantan nuestras masas corales, todo el resto de la obra colosal de nuestro compatriota yace en 10s libros, sin que por casualidad suba a las gargantas23. Y algo parecido comentaba al tratar del centenari0 del nacimiento de Pedrell: <<celebramos fiestas en su honor, que consisten en exponer 10 que trabajó en el conocimiento de la historia de su arte. Pero sus obras, las que produjo como artista poderoso y original, siguen durrniendo en 10s archivos sin que lleguen a 10s públicos~,24. 3. La zarzuela. Otro concepto de música popular Julio Gómez, que fue clasificado por Henri ~ollet~~ en el nacionalismo popular a causa de su Suite en la y por otra parte encasillado por la crítica en el madrileñismo casticista cuando se estrenó su tonadilla El Pelele, preferia considerarse nacionalista independiente. Componentes básicos de su nacionalismo son: la reivindicación de la zarzuela en tanto que música de peso en la tradición española, la defensa de las posibilidades del lenguaje tradicional consonante, el privilegio de la melodia como parámetro musical y el apoyo a un nacionalismo profundo que no se 23 GÓMEZ, J., <Cornentarios del presente y del pasado,, Harmonia, abril-junio 1941, p. 4. 24 GÓMEZ, J., gCornentarios del presente y del pasado,), Harmonia, julio-septiernbre 1941, p. 4. COLLET, H., L'essor de la musique espagnole au XXtme sitcle. Pan's, 1929, p. 144 y SS. limite a utilizar el documento popular autentico; por fin, la convicción implícita de que el nacionalismo no se hace con programas teóricos sino con obras, de forma natural y espontánea. Julio Gómez advertia 10s peligros que entrañaba el divorcio entre la música sinfónica y la teatral en las primeras décadas del ~i~lo~~. No s610 no renegaba de la zarzuela, no la repudiaba, sino que adrniraba las grandes obras producidas en el XIX. <<El que la música sinfónica italiana o espaiiola decía en 1922suene a Ópera y zarzuela no debe estimarse como defecto, sino como mérito relevante, ya que el10 significa que tiene raíces en la tradición nacional^^^. En 1923 Salazar diseccionó en dos líneas el legado de 10s precursores a la música contemporánea. De un lado, el nacionalismo sabio y hondo de Pedrell, fundado en la base erudita de nuestros polifonistas instrumentales, tendente a la sequedad de la antologia y pendiente de consideraciones técnicas (rítmica, modalidad, etc.), que identificaba 10 popular con 10 carnpesino. De otro, el casticismo saleroso y viva2 de Barbieri, derivado de las tradiciones de escenario y cuyo pueblo era ur ban^^^. Desde luego, si tuviéramos que hacer descender a Julio Gómez de uno de 10s dos precursores, así definidos, afirmm'amos sin duda la ascendencia de Barbieri en su vertiente zarzuelística y en su concepto de 10 Para muchos de 10s contemporáneos de don Julio, popular era sinónimo de folklórico. El descubrimiento de la región, con sus implicaciones de reivindicación política nacionalista o, simplemente, como inspiración artística, fue una de las inflexiones mis importantes del naturalismo, que en la música se materializó en un renovado interés hacia la canción popular. En ella buscó la 26 La escisión era nueva seghn su punto de vista, puesto que aunque la principal via de creación del xrx hubiera sido la música dramática, 10s mismos autores que crearon la zarzuela (Barbieri, Gaztambide o Bretón) habian sido también directores e introductores en España de 10s conciertos sinfónicos en 10s que se hicieron las primeras interpretaciones de Beethoven y Wagner. 27 El Liberal, 21-1-1923. 28 SALAZAR, A., <El primer centenari0 de Barbieri (Nacionalisme y casticismo en nuestra música actual),, Folletones de El Sol. Madrid, 4-VIII-1923. 29 También en lo que se refiere a la defensa de la belleza melódica por encima de cualquier otro parátnetro musical, como la que hacia valer Barbieri cuando escribia: a[. . .]admito cuantos adelantamientos se han hecho en la armonia y la instrumentación, pero sobre éstos quiero que domine siempre la melodia franca y pegajosa (digámoslo asi), pues aún que no soy de 10s que Gluck decia que tiene toda su alma en sus orejas, considero que, asi como la pintura se hizo para 10s ojos, y las matemáticas para el raciocinio, la música se hizo para 10s oidos, que son 10s inmediatos conductores por donde el arte lírico ha de llegarnos al alma; es decir, que para mi, como para la mayoría de las gentes, la composición musical mis filosófica y perfecta resulta indiferente, y a veces desagradable, si no sobresale en ella una melodia clara y expresiva que empiece por halagar al oidon. (Carta de Barbieri a Pedrell, 22-11-1891, en BONASTRE, E, <Documents epistolars de Barbiens, Recerca Musicol6gica, V, Bellaterra, 1985, p. 163). BEATRIZ MART~NEZ DEL FRESNO de la música extranjera, en unos tiempos en 10s que nadie pensaba en el carácter nacional de la Sobre todo, señalaba la absurda situación de que 10s compositores españoles del momento cayesen en el olvido por la competencia de 10s del pasado: Criterio muy frecuente entre personas ilustradas, y que produce consecuencias catastróficas en nuestra vida musical, es el espejismo de creer siempre muy superior 10 que se nos presenta embellecido por las nieblas de la distancia. ivictoria! icabezón! ¡Nuestros estupendos vihuelistas! ¡Las cantigas de D. Alfonso el Sabio! iVengan discursos, celebremos centenarios! iGástese el Estado dinero en editar aquellas obras milagrosas! Y entre tanto nos nace un compositor que es uno de 10s dos o tres primeros de su época: Manuel de Falla. Y no encuentra en su patria un editor que le publique sus obras, ni un teatro que las represente. Y tiene que editarlas en París y en Londres, haciéndose a la fuerza extranjero en su patria41. Por otra parte, no aceptaba el mito Eximeno <<que nunca pensó ni dijo 10 que se le atrib~~e>>~~ y, que con la máxima <<sobre el canto popular debe cons40 G~MEZ, J., <<Nacionalisme,,, Harmonia, octubre-diciembre, 1947, p. 3-4. El texto continúa ast aFrente a la invasión de 10s compositores flamencos en el Renacimiento, se levanta potente la escuela clásica nacional de 10s Guerrera, Morales, Victoria, Salinas y tantos otros. Frente a la arrolladora marcha de la música italiana, conquistando el mundo entero durante el siglo XVIII, se levanta la escuela nacional española, representada por 10s clásicos tonadilleros, siempre castizos guardadores de las más puras tradiciones musicales de 10 popular español. Todo esto podrá ser simpático para 10s espíritus sencillos. Pero la verdad es que en el siglo XVI todos 10s compositores del mundo civilizado hacian la música de la misma manera y no podemos distinguir su nacionalidad, del mismo modo que no podemos distinguir nacionalidad en las operaciones aritméticas. Y en cuanto a nuestros castizos tonadilleros, todo su afán era, no el de distinguirse 10 mis posible de 10s compositores italianos de ópera, sino el de parecerse a ellos cada vez mis. El nacionalismo en música y el sabor popular de la música erudita son ideas modernas que nunca tuvieron 10s antiguos, pero de las interpretaciones caprichosas de 10s críticos y del interés en unos casos y la docilidad en otros, de 10s compositores, nacen 10s mitos, que andando el tiempo, pasan a ser verdades históncas de las que nadie discuteu. 41 G~MEZ, J., ecomentarios del presente y del pasado,, Harmonia, julio-septiembre, 1942, p. 4. Y añade: <<Nosotros creemos que hemos cumplido todos nuestros deberes con el gran compositor, dándole una gran cruz o nombrándole presidente de cualquier aparatosa institución oficial. Y además adelantándole la seguridad de que allá, dentro de siete a ocho siglos, cuando nuestro sistema musical haya muerto, no faltará algún sabio musicólogo que descubra sus obras y las publique con gran aparato de erudición, en una gran edición costeada por el Estado, que pasará a enriquecer todas las bibliotecas públicas del mundo, para hacer compañía a 10s gloriosos cadáveres que las pueblann. 42 G~MEZ, J., aNacionalismon, Harmonia, octubre-diciembre, 1947, p. 4. EL NACIONALISMO DE JULI0 G~MEZ truir cada pueblo su sistema>> hacia arrancar impropiamente, según su punto de vista, el sentimiento nacionalista del siglo XVIII y, a pesar del respeto por la labor musicológica y artística de Felip ~edrell~~, tampoc0 admitia el mito Pedrell en tanto que Único artifice del renacimiento musical español, mito que tenia uno de sus orígenes en 10s escritos de Mitjana que <<creia ver en 61 un redentor de la música espafiola [. . .lo que] no le pennitía ver con entera claridad 10s méritos de 10s contemporáneos [...I, que muchas veces, sin serlo, hubieron de figurar como sus antagonistas44. Otros tópicos manejados por 10s historiadores españoles salen a colación en sus reflexiones, como el que llama jocosamente mito de la pastelería45, explicación del encuentro en Paris de Albéniz, Falla y Turina. En cuanto a Falla, quiso desmitificar la paternidad artística de Pedrell, refiriéndose sobre todo a La vida breve, que efectivamente después se valorm'a mis como consecuencia de la zarzuela tradicional que con arreglo a la influencia del maestro ~atalán~~: 43 Pedrell fue su profesor de historia de la música en el Conservatorio de Madrid. Después, entre 1916 y 1919, exdiscípulo y maestro mantuvieron una relación epistolar. GÓMEZ, J., ((Comentarios del presente y del pasado. Creadores y críticos, pasión y serenidadn, Harmonia, julio-diciembre, 1951, p. 4. 45 ((La personalidad de Pedrell es interesantisima para la historia de la música española contemporánea. Esto no 10 puede negar nadie. Pero 10 que negamos muchos es que esa importancia consista en 10 que él y 10s que hoy se llaman sus discípulos y seguidores creían. Creia Pedrell que de sus doctrinas y composiciones brotaría una verdadera escuela de música nacional. Atribuyen muchos el indudable progreso de la música española actual a que Albéniz, Granados, Falla, por no citar m6s que a 10s muertos, siguieron las enseñanzas de Pedrell. Olvidan, 10s que eso creen, una verdad fundamental. Y es que las escuelas artísticas fecundas no se forman con teonas, ni con pedagogías, ni con consejos. Y como la comparación entre la música de Pedrell y la de sus discípulos la puede hacer cualquiera, no es difícil convencerse de que no tienen casi nada de común. Otro mito, mh modern0 aún, es el rnito que pudiéramos llamar a estilo clásico el mito de la pastelería. Este nos 10 han contado hasta alguno de 10s propios interesados. Al salir de un concierto en París se reúnen en una pastelería Albéniz, Falla y Turina y de esa reunión nace todo 10 que ha venido después en la música española. Haciendo la historia de esta manera, todo puede explicarse perfectamente. Nunca faltar6 una pastelería que nos dé la clave de todos 10s acontecimientos artisticos. iLástima que la verdad verdadera no siga 10s caminos que nosotros le trazamos! La escuela española que Pedrell quena fundar con todas sus teorías y con todas sus obras, ya estaba fundada y vivia a su lado, sin que 61 se diera cuenta. Y tanto es verdad que no se daba cuenta, que no sólamente no ayudaba a 10s que la formaban, sino que 10s combatia con todas sus fuerzas. Y Falla, mientras teóricamente confesaba que todo se 10 debía en su formación artística a Pedrell, prácticamente escribia páginas que hubieran podido firmar Chapi o Jerónimo Jiménezn (GOMEZ, J., sNacionalismo>>, Harmonia, octubre-diciembre, 1947, p. 4). 46 Véase GARC~A MATOS, M., *El folklore en La vida breve, de Manuel de Falla,, Anuario Musical, XXVI. Barcelona. 1972. La vida breve debe muy poc0 a Los Pirineos o a La Celestina, no es sino un paso en la misma dirección de La Revoltosa o La Chavala, La Tempranica o La boda de Luis Alonso. Algunos creerán que en eso, de ser cierto, estaria su debilidad. Nosotros creemos, por ser indudablemente cierto, que en el10 están las rnás firmes raices de su fortale~a~~. Don Julio admiraba y elogiaba de continuo las obras del periodo intermedio de compositor gaditano, particularmente el Amor brujo y Noches en 10s Jardines de España, <<dos obras de la más alta y pura belleza, que no tienen rival en toda la música contemporánea del mundo [. . .]D~~, y señalaba, consciente de que su opinión no era compartida por la parte más selecta y exquisita de la critica, tanto española como extranjera, que 61 creia que Falla no habia superado las Noches en su producción posterior49. No comprendia las ultimas obras del compositor, las mis europeas o en las que el espiritu español aparecia transustanciado, refinado y estilizado. La discordancia entre las declaraciones y las realizaciones prácticas de Falla fue señalada por don Julio en otras ocasiones, aunque dejando entrever que en ciertos casos las palabras del maestro podian perfectamente estar pasadas por el filtro de 10s criticos que exageraban su vanguardismo y su falta de respeto por la tradición: La importancia que ha adquirido, en el movimiento musical contemporáneo, la figura extraordinaria de Manuel de Falla, ha hecho que muchas veces se citen sus palabras como otros tantos dogmas indiscutibles, de 10s que no podemos separarnos 10s músicos sin ser denunciados como herejes. Empiezo por decir que soy unos de 10s mas fervientes admiradores del compositor y que varias veces he dicho, de palabra y por escrito, que tal vez no haya en toda la historia de la música, otro que en relación con el número total de sus obras haya escrito tantas que a boca llena pueden calificarse de obras maestras, y que conserven y hayan de conservar tan potente vitalidad mientras exista la música como arte según hoy la entendemos.. . Pero he de decir que, si estoy siempre conforme con sus obras, casi nunca estoy conforme con sus palabras. En primer lugar, hay que desconfiar de la autenticidad de muchas de las que se le atribuyen, porque no están firmadas por Cl y sólamente son una referencia de las que nos cuentan que dijo a 10s periodistas que le visitaron50. 47 G~MEZ, J., <<Falla*, Harmonia, enero-marzo, 1947, p. 4. 48 G~MEZ, J., El Liberal, 6-6-1930. 49 G~MEZ, J., El Liberal, 24-4-1932. 50 G~MEZ, J., <<Falla y la enseñanza de la Composicibnu, Harmonia, julio-diciembre, 1955. EL NACIONALISMO DE JULI0 G~MEZ 6. Actividad regeneracionista Se ha dicho que el 98 hereda del regeneracionismo la preocupación ideológica por la regeneración nacional y del modernismo el tratarniento estetizante de dicha preocupación. Frente a 10s modernistas puros que se proponen hacer una revolución formal de la técnica artística, la tónica del noventaiochismo es filosófica, política, histórica y social, como en 10s regeneracionistas, si bien el tratarniento de esa temática se da a niveles fundamentalmente estéticos51. He aquí de nuevo una coincidencia de Julio Gómez con el espíritu del 98, en su preocupación profunda por la cultura musical del país, la infraestructura de la música española y la inoperatividad práctica que sufrían nuestros compositores. Durante toda su vida desarroll6 aquel programa propuesto en la Revista Musical de Bilbao: defendió la nacionalización de la organización musical y la culturización musical de España. Es este una especie de nacionalismo empirico que impregna sus articules en 10s diarios La Jornada, La Tribuna, El Liberal, y la revista Harmonia, en 10s que se ve un prolongado esfuerzo por apoyar, vigilar y corregir el proceso de reedificación de la organización musical de nuestro país. Es constante su inquietud por la culturización popular, la enseñanza del Conservatorio, 10s problemas de 10s compositores en España (no s610 estéticos sino también de status social y económico), la presencia de obras españolas en 10s conciertos, la edición, la orientación de sociedades, orquestas, instituciones, teatros, bandas, etc. En todo el10 fue Julio Gómez un pertinaz regenerador nacionalista o españolista. En 10s años cuarenta denunciaba asi la actitud hostil a 10s compositores españoles que había oficialmente, en la enseñanza y en el ambiente: Hoy por hoy, la verdad es que la educación musical que reciben 10s jóvenes en escuelas y conservatorios no es en modo alguno la más apropiada para favorecer el carácter nacional de 10s compositores incipientes. En cuanto salen del Limbo de las lecciones de solfeo, música sin sabor, olor ni color, se sumergen en Bertini, Cramer, Clementi, etc., para ser pianistas; en Durand y sus trasplantadores españoles para ser armonistas; en Dubois para dominar el contrapunto y la fuga; en las indigestas y pedregosas traducciones de Riemann para enterarse de otros secretos de la técnica musical. Cuando van a 10s conciertos, oyen hasta la saciedad la música que haya puesto de moda la critica o el capricho de quien manda. Ahora es Brahms, que se toca en Madrid mucho mis que en Hamburgo ... De modo que hay muchos jóvenes compositores que al 51 Véase ABELLAN, J.C., sGeneraciÓn y espíritu del 98n en Sociologia del 98. Barcelona, Península, 1973, p. 17. hacer sus primeras armas en el género sinfónico, se saben de memoria a Strauss y Strawinsky y no han oido en su vida la Fantasia morisca o las Escenas andaluzas.. . Pues a pesar de todo y aún en contra de la voluntad de 10s propios interesados, en cuanto la música de 10s compositores que empiezan tiene alguna vitalidad, suele ser inconfundiblemente de carácter nacional. No nos preocupemos, pues, de ser españoles, que si de verdad somos compositores, seremos españoles aunque no queramos52. Don Julio estaba convencido de que la capitalidad artística, la dignidad musical de España, s610 se conseguiria por medio de las obras españolas y no a base de importar obras e intérpretes extranjeros, o educándonos con productos wagnerianos, debussystas o strawinskistas. Trataba de revalorizar la música espafiola frente a la extranjera, insistiendo en que había que fomentar la producción y la interpretación de obras nacionales. En función de ello, enjuiciaba la labor de las orquestas madrileñas, criticando a la Orquesta Sinfónica, y a su director Enrique Fernández Arbós, por la importancia secundaria que concedia a la música de producción nacional, y felicitando a Bartolomé Pérez Casas y su Orquesta Filarmónica, que, desde 10s memorables conciertos del Circo Price, habia establecido la costumbre de estrenar o repetir una obra sinfónica espafiola en cada concierto, y que en sus primeros quince años había hecho escuchar ya la música de cincuenta y ocho autores nacionale~~~. En este sentido, el director más generoso era José ~assalle~~, que, al margen de sus propias actuaciones mis o menos afortunadas al frente de su Orquesta del Palacio de la Música, organizó festivales de música española y dedicó conciertos monográficos a compositores de las mis diversas tendencias (Bretón, Chapi, Emilio Serrano, Falla, Esplá, E. Halffter, Pahissa, etc.), consagrados o noveles, a 10s que cedia la batuta. En la misma linea deben entenderse las acusaciones de extranjerismo a la Sociedad Filarmónica y a la Asociación de Cultura Musical, a las que denominaba <<cooperativas de consumo>>, y 10s elogios a la Sociedad Nacional de Música, que habia nacido en 1915, precisamente como reacción contra el ccabsorbente extranjerismo>> de la ~ociedad Filarmónica, y que, sobre todo en sus primeros tiempos, ejercía ccuna alta misión de arte y patriotismo>>55. 52 G~MEZ, J., <<Nacionalismon. , octubre-diciembre, 1947, p. 4-5. 53 ~éase G~MEZ, .I., aBartolomé Pérez Casas,,, Harmonia, enero-marzo, 1930, p. 1-2; Zbidem: <<Pérez Casas,, Zbidem, enero-junio, 1956, p. 3-9; Zbidem: asinfonfa, repertori0 y afición,,, Zbidem: julio-diciembre, 1958, p. 1-7. 54 ~eánse las críticas de Julio Gómez en El Liberal, 21-2-1931; 7-3-1931; 6-4-1932; 11-101932; y el articulo [~Bruckner, Mahler y Pepe Lassalle~,Harmonía, abril-junio, 1948, p. 4-5. 55 G~MEZ, J., <<Comentarios del presente y del pasado,,, Harmonia, núm. 12, diciembre, 1916, p. 3. EL NACIONALISMO DE JULI0 G~MEZ Si en el campo orquestal podia verse un paulatino progreso en la capital española a 10 largo del primer tercio de sig10~~ y la floración de orquestas habia permitido el desarrollo del sinfonismo nacional, en la música de cámara el problema se agudizaba porque las agrupaciones no tenian vida floreciente por falta de apoyo. Después de 10s tiempos del Cuarteto Francés, Cuarteto Español, Cuarteto Vela, Trio y Quinteto Hispania, etc., la presentación del Cuarteto Rafael parecia un hito en la música de cámara nacional: De la actividad del Cuarteto Francés nacieron obras tan respetables como 10s cuartetos de Chapi, Bretón, Ernilio Serrano y Conrado del Campo. Mucho nos alegraria que el nuevo Cuarteto Rafael despertase la actividad de nuestros compositores en el genero de cámara; para el10 es necesario que la nueva agrupación demuestre su interés por la producción nacional, incorporando desde luego a su repertori0 las obras que hemos citado, más otras de contemporáneos, sin asustarse de la novedad de ciertas tendencias ni del tradicionalismo de otraS7. Sin embargo, no acababa de cuajar el proceso de estimulación reciproca entre intérpretes y creadores españoles, que habria tenido como resultado la activación de la composición cameristica en nuestro A la imposibilidad de desarrollo de la música de cámara, que parecia estar destinada a ser producto de importación, habian contribuido ccestas sociedades con su criteri0 cómodo de simples cooperativas de consumo, [que] han dejado morir a las pocas agrupaciones instrumentales, todas respetables y algunas excepcionales, que se han fundado en Madrid durante el siglo que cor remo^>>^^. También eran culpables el Conservatorio acon su criminal indiferencia ante todo 10 que es arte y vida musical>> y, en su momento, la Junta Nacional de Música, ccorganismo admirable de intenciones en la mente de su creador, pero ayuno en absolut0 de realidades en manos de quienes le han puesto en marcha>> que para hacer algo a favor de la música de cámara ccno necesitaba ni la mitad del dinero que ha[bia] empleado en ficheros americanos, sillones giratorios, máquinas de escribir y abono de teléf~no>>~~. 56 Baste pensar en la multiplicación de 10s organisrnos orquestales: Orquesta Sinfónica, Filarmónica, Benedito, Lassalle, ClBsica, etc. 57 G~MEZ, J., El Liberal, 18-12-1929. 58 NO deja de ser paradójico que la Agrupación Nacional de Música de Cámara se fundase en 10s <<grises* años cuarenta, y llevase a cabo entonces la labor que Julio Gómez venia reclarnando durante décadas. 59 G~MEZ, J., El Liberal, 3-2-1934. 60 Ibidem. 386 BEATRIZ MART~NEZ DEL FRESNO el compositor que se dedicase a la <<música de cámara, sinfónica, religiosa o teatral, con pureza de intención y elevación de ideales, [tenia] mucho de mártir y no poc0 de enfermo Esto explica la afición a 10s concursos de 10s compositores españoles, el dnico medio de sacar unas pocas pesetas y alguna satisfacción que compensase el esfuerzo. Conclusiones De esta rápida visión panorámica puede sacarse en conclusión: 1. El nacionalismo de Julio Gómez no tiene tintes políticos, sino que es consecuencia del impulso regenerador de la música española. 2. En la doble opción espiritual del 98 y el 14, se decanta hacia el casticismo frente al modernisme. Y, por 10 tanto, defiende el españolismo frente a la europeización. 3. Su pensamiento se sustenta en 10 social y concede una importancia secundaria a la renovación estética. El10 le lleva a buscar un nacionalismo popular, y a desarrollar actitudes pedagógicas. 4. De 10s dos precursores de la música española del primer tercio del siglo xx, la ascendencia es de la linea barbierista y no pedrelliana. 5. Rechaza 10s programas nacionalistas y matiza 10s mitos Eximeno, Pedrell, su ascendencia sobre Falla, etc. 6. Reivindica la zarzuela del XIX como raiz inmediata, y se preocupa por la continuidad de nuestra tradición teatral. En segundo plano admite la utilización de materiales folklóricos y referencias históricas. En una aproximación simplista podria parecer que esta toma de posición es consecuencia de una postura cómoda que apuesta poc0 por el progreso. Sin embargo, nos atrevemos a afirmar todo 10 contrario apoyándonos en el humanismo, la erudición profunda y el sentido critico de Julio Gómez. No podemos dejar de preguntarnos hasta qué punto nuestra visión de la historia musical del período est6 conducida por el cerebro, siempre brillante pero parcial, de adolfo Salazar, sobre todo a través de su libro de 1930 La música contemporánea en España. Para matizar las diferenciaciones establecidas entre tradición y progreso, casticismo y europeización, unas sugerencias finales: 67 G~MEZ, J., <(LaAsamblea de Conservatoriosn. Harmonia, abril-junio, 1944, p. 2. 1. Obsérvese la participación conjunta de las dos tendencias musicales en 10s mismos actos: en 1926 la Orquesta Lassalle lleva a Portugal la Suite en la junto a obras de Falla y Ernesto Halffter; en el Festival de Música Española celebrado en 1929 se interpretaron 10s Cromos españoles de Julio Gómez junto a obras de Gasca, Esplá, E. Halffter, Turina, Albéniz, Tomás Barrera, Falla y Jiménez; en el Festival del pasodoble español de 1930, <<breve historia del dos por cuatro, desde Barbieri hasta Alonso>>, la Marcha española de Julio Gómez se presenta junto a Barbieri, Chapi, Chueca, Conrado del Campo y Mantecón; en 1930 Laber dirige un concierto de música española en Munich, cuyo programa se forma con obras de Albéniz, Arbós, Falla, Turina, Halffter y Julio Gómez; el concierto dedicado a la música española por la Orquesta Filarmónica en el aniversari0 de la República (23-4-1932) une la versión para orquesta de El Pelele con obras de Falla, Esplá, Bacarisse, etc.; en el Homenaje que 10s compositores españoles rinden al Maestro Arbós con motivo de su septuagésimo aniversario en 1934, escribieron composiciones sobre las letras Arbós, M. de Falla, P. Sanjuán, F. de lavifia, J. Bautista, J. Gómez, R. Halffter, O. Esplá, J. Turina, G. Pittaluga, A. Salazar, F. Remacha, E. Halffter, S. Bacarisse, C. del Campo. 2. Compárense 10s escritos de Julio Gómez (y particularmente el programa propuesto en la Revista Musical de Bilbao en 1911) y el decreto de la creación de la Junta Nacional de Música y Teatros Liricos (21-7-1931), y se vera una chocante y absoluta coincidencia de principios. 3. Recuérdese la sensibilidad hacia 10 social, aportada por la generación del 27, que llevar6 a una mística del <<pueblo>> (el caso paradigmático de el10 es Antonio Machado) y estúdiese la programación del Teatro Lirico Nacional durante la República (género chico, zarz~ela)~~, de la Banda Republicana, etc. 4. Julio Gómez recibió dos premios en 10s concursos nacionales organizados por la Junta Nacional en 1934 y 1935, por su ciclo de Catorce poemas liricos puestos en música, y el ciclo de canciones sobre textos de Lope de Vega. 5. En cuanto a la vinculación política de las dos estéticas, llamadas en la propia época, <<de derecham y <<de izquierdass, notemos que Julio Gómez Compiamos un fragmento de Julio Gómez en El Liberal (14-2-1933): <<L0 artistico, patriótico y reproductivo en nuestro intercadente Teatro Lírico Nacional es dar chapuceras representaciones de El tambor de granaderos y otros portentos del mismo estilo. Salazar, cuyo talento hemos admirado siempre, abusa un poc0 de su virtuosismo critico, y supone en 10s demas una absoluta falta de mernoria. No a todos se nos ha olvidado que no hace mucho tiempo esa música que ahora le parece insustituible era caiificada por 61 mismo de basuras de la plaza de la Cebadau. 388 BEATRIZ MART~NEZ DEL FRESNO fue siempre un auténtico liberal, y que en todo caso se vinculó a la Izquierda Republicana (por 10 que hubo de sufrir, después de la guerra, las consecuencias de una <<depuraciÓn>> que le acusaba de haber cometido el horrible crimen de haber sido critico del diario El Liberal, y que le llevó a la cárcel). Amigo de Manuel Machado, pero también de Azaíía y su cuñado Cipriano Rivas Cherif, cuyos tres libretos dieron lugar a sus mejores obras teatrales (El Pelele, Los Dengues, Triste Puerto). En conclusión, el nacionalismo de Julio Gómez representa en el primer tercio del siglo mucho más que una crestética muerta>> y refleja una importante fracción de la realidad musical del momento, habitualmente olvidada.