Las tecnologías de información y comunicación en el contexto de los desequilibrios regionales de la República Argentina
Abstract
Desde las últimas décadas del siglo XX una serie de cambios políticos, económicos, sociales y tecnológicos auguran la llegada de un nuevo modelo de sociedad, donde, las tecnologías de información y comunicación, protagonistas de la revolución informacional, ocupan un lugar central. Frente a este fenómeno nos preguntamos: ¿Qué características asumen los procesos de incorporación de estas tecnologías en la Argentina, un país con una marcada heterogeneidad (diferencias en características y tamaños relativos) y desigualdad (nivel de desarrollo) territorial? Buscando responder estos interrogantes nos acercamos al tema observando que el despliegue de estas tecnologías reproducía el patrón de desarrollo desigual existente en el país.
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Anàlisi 33, 2006 181-199 Las tecnologías de información y comunicación en el contexto de los desequilibrios regionales de la República Argentina Josefina Vaca y Horacio Cao Facultad de Ciencias Económicas Universidad de Buenos Aires [email protected] [email protected] Resumen Desde las últimas décadas del siglo XX una serie de cambios políticos, económicos, sociales y tecnológicos auguran la llegada de un nuevo modelo de sociedad, donde, las tecnologías de información y comunicación, protagonistas de la revolución informacional, ocupan un lugar central. Frente a este fenómeno nos preguntamos: ¿Qué características asumen los procesos de incorporación de estas tecnologías en la Argentina, un país con una marcada heterogeneidad (diferencias en características y tamaños relativos) y desigualdad (nivel de desarrollo) territorial? Buscando responder estos interrogantes nos acercamos al tema observando que el despliegue de estas tecnologías reproducía el patrón de desarrollo desigual existente en el país. Palabras clave: desarrollo regional, desarrollo desigual, provincias, Argentina, sociedad de la información, revolución informacional, tecnologías de información y comunicación. Abstract. Information and communication technologies within the context of regional inequality in Argentina From the last years of the XX century, several changes — politics, economics, social and technologic — conjectured the start a new model of society, where the technologies of information and communication — protagonists of the informational revolution — had a central place. In front of this phenomenon, we wonder: what characteristics have the process of incorporation of these technologies in Argentina, a country whit a high heterogeneity (different in structure and size) and territorial inequality (level of development)? To answer this question we approach at this issue watching that the advancement of these technologies reproduces the patron of unequal development previously existent in this country. Key Words: regional development, unequal development, province, Argentina, information society, informational revolution, technologies of information and communication. Sumario 1. Introducción 2. La configuración histórico-territorial 3. Nuevos elementos y desequilibrios tradicionales 4. Conclusiones 5. Referencias bibliográficas
1. Introducción En las últimas décadas del siglo XX, las industrias que constituyen las tecnologías de información y comunicación —informática, audiovisual y telecomunicaciones (TIC), que hasta entonces se habían desarrollado paralelamente— pasan a tener una estrecha vinculación entre sí, iniciando un proceso de desarrollo tecnológico convergente y provocando una revolución tecnológica de impacto mundial. En este sentido, es importante señalar que cada época histórica y cada sociedad se expresan con una particular «configuración comunicativa», donde la forma en que las infraestructuras influyen sobre las relaciones de interdependencia entre las personas juega un papel central1. En la historia de las infraestructuras urbanas por ejemplo, las nuevas construcciones utilizan, al menos en parte, una anterior, por lo que la configuración comunicativa aparece de alguna manera restringida y condicionada por la naturaleza de los ordenamientos previos. En este aspecto, la continuidad parece ser la norma y la discontinuidad, la excepción. Con relación a la articulación entre las «nuevas» tecnologías de información y comunicación y los nuevos escenarios urbanos Maldonado ha planteado una interesante pregunta: ¿El principio de continuidad también es válido en el ámbito de la revolución informacional2? En este trabajo no sólo nos interrogamos sobre las redes telefónicas o eléctricas sino, también, sobre las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales, etc., que, construidas a lo largo de la historia, al igual que las infraestructuras materiales, condicionan los procesos vinculados a la revolución informacional. Además, la marcada heterogeneidad y desigualdad del territorio en la Argentina nos interpela y nos conduce a observar lo que, utilizando la idea de configuración comunicativa, podríamos llamar configuración territorial3de las diferentes regiones donde vienen a insertarse estos procesos. A propósito de esta situación, es importante destacar que si bien surgieron pronósticos alentadores (e incluso fantasías) acerca de la capacidad del nuevo paradigma para superar las tendencias hacia los desequilibrios interregionales que se habían dado en procesos de desarrollo anteriores, todo parece indicar que en el caso de las tecnologías de información y comunicación (en adelan182 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao 1. Ver: Mattelart (1996), Maldonado (1998), Sicsú y Bolaño (2004). 2. El autor alude básicamente a la adopción de la tecnología ASDN (Integrated Services Digital Network) (Maldonado, 1998: 108/109). 3. Se considera que sólo a través de la visión del sistema social en su conjunto se puede entender cualquiera de las secciones, temporales o espaciales, en que se lo quiera, analíticamente, fraccionar. Sin embargo, existen unidades —en este caso de nivel subnacional— en donde los procesos económicos, sociales y políticos gozan de un desarrollo relativamente específico y autónomo. Es a partir de dicha especificidad que es válido rescatar la noción del subespacio regional. Este concepto, que no niega la pertenencia del subespacio al sistema social general, permite diferenciar ciertos procesos que se dan en la región bajo estudio de los que ocurren en otros subespacios en una coyuntura histórica determinada (Rofman, 1975: 1, 2).
te TIC) se estaría reproduciendo lo que se conoce como el «principio de equiparación»4. Este principio sostiene que, aunque pueden encontrarse excepciones, una región que se caracteriza por un cierto desarrollo relativo en un factor o dimensión, muy probablemente tendrá ese mismo nivel de desarrollo relativo en otros factores. Así, es de esperar que las regiones categorizadas como «periféricas» por su desarrollo económico, tengan una situación equivalente en lo que respecta, por ejemplo, a calidad y extensión de la educación, penetración de tecnologías de última generación, calidad de funcionamiento de las instituciones políticas, etc. En definitiva, las TIC replicarían el patrón de desarrollo regional. En cuanto a la organización del escrito en primer lugar se hace una descripción estilizada sobre la conformación y articulación territorial del país desde el periodo de conformación del Estado Nación (siglo XIX) hasta la etapa del Estado Interventor (siglo XX). Posteriormente, se describen los cambios que se producen desde mediados de los setenta (destacando el advenimiento de la revolución informacional) y se analiza su impacto en las diferentes regiones. Luego se examinan algunos datos referidos a la distribución y difusión de las TIC en el territorio y por último se ofrecen algunas conclusiones. 2. La configuración histórico-territorial 2.1. Etapa de consolidación del Estado Nación La consolidación del Estado Nación en la Argentina, proceso al que simbólicamente se fecha en el año 1880, se caracteriza por marcar el fin de una larga beligerancia entre una provincia —Buenos Aires— y el resto del país al que se conoce como «interior». La supremacía militar de Buenos Aires y la dinámica de su economía —basada en el emprendimiento agrícola ganadero— fueron la fuerza disciplinadora del conjunto. Bajo esta preeminencia comenzó a construirse una comunidad de intereses entre actores de las distintas regiones que, entrañando una articulación territorial jerarquizada, se tradujo en un pacto interregional implícito caracterizado fundamentalmente por: — En lo político: • El interior reconoce la hegemonía de Buenos Aires y se compromete a no poner en juego la estabilidad del sistema. • Buenos Aires reconoce al resto de las clases dominantes provinciales como legítimas representantes territoriales y deja de lado proyectos unitarios o de reemplazo de estas clases dirigentes. Las tecnologías de información y comunicación en Argentina Anàlisi 33, 2006 183 4. Dahl (1983: 84).
— En lo económico: • Se organiza un mercado único nacional alrededor del Puerto de Buenos Aires y del emprendimiento agrícola ganadero, lo que implica cortar históricas relaciones mercantiles entre las regiones derrotadas en la guerra civil y diferentes territorios que habían quedado en países limítrofes (Bolivia, Brasil, Paraguay, Chile). • El gobierno central, como contrapartida, desarrolla una serie de políticas que posibilitan el surgimiento de lo que se conocería como «economías regionales»: azúcar y tabaco (en Tucumán, Salta y Jujuy), vitivinicultura (en Mendoza y San Juan), algodón (en Chaco, Formosa, norte de Santa Fe), etc. Se cristalizó así una típica estructura centro-periferia, en donde los actores posicionados sobre el área central en función de su vinculación directa con el mercado mundial, de un mayor desarrollo económico y de su preeminencia militar imponen condiciones a los actores sociales del resto del territorio; haciendo que estos últimos queden subordinados en una función de apoyo de los procesos de acumulación hegemónicos. Este acuerdo, asumida la derrota en la guerra civil, era ventajoso para las clases tradicionales del interior, en tanto les abría la posibilidad de ser socias —si bien menores— del dinámico emprendimiento agrícola y ganadero. Por otro lado, la organización federal del país les daba las herramientas políticas para garantizar el sostén del sistema de regulaciones que —financiado con una porción de la renta agraria pampeana— permitía la supervivencia de las economías regionales. También era favorable para los actores sociales de las áreas centrales, pues les resultaba conveniente asignar una porción de la renta pampeana a la pacificación del país y a la incorporación de un importante espacio de apoyo a su crecimiento capitalista. Según el Censo de 1895 más del 40% de la población era parte de lo que hoy se identifica con el área periférica (ver mapa) y aunque la zona sufría una larga crisis era relevante su peso desde el punto de vista de la oferta de mano de obra, de insumos para la producción, de alimentos para la reproducción de la fuerza de trabajo y de su condición de mercado consumidor de productos nacionales. Es importante agregar que en esta etapa también ocurre la ocupación e institucionalización de las últimas regiones que, dentro de los límites de la República, se mantenían en manos de población aborigen. A estas zonas se les asignó el estatus jurídico de «Territorios Nacionales» y su organización quedó bajo la potestad directa de la jurisdicción nacional. En ellos, comenzó el despliegue de tareas básicas de ocupación militar y el despliegue de los primeros emprendimientos económicos5. 184 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao 5. Para dar una imagen de la situación, durante la primera década del siglo XX, en lo que luego sería la Provincia de Santa Cruz (casi 250.000 km2), menos de diez mil personas se dedicaban, entre otras cosas, a criar 11 millones de ovejas (Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, 1990).
2.2. Etapa del Estado Interventor La crisis mundial iniciada en 1929 hace tambalear los cimientos de la estructura productiva del país, induciendo el surgimiento de un proceso de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Es importante mencionar que dicho proceso se localizó fundamentalmente sobre las mismas provincias en que se había desarrollado el emprendimiento agrícola ganadero, acentuando tendencias anteriores en cuanto a la ubicación de los centros de decisión y a la concentración demográfica y económica en un área reducida del país. En esta etapa, se verifican importantes tasas de crecimiento económico a favor del notable desarrollo del sector industrial que, en términos del PBI, se incrementó del 23,8% en 1929 al 35,7% en 1970. También se produce una transformación relevante en el perfil de la sociedad Argentina; la proporción de población que vive en centros urbanos pasa del 12% en 1914 al 74% en 1970, en el mismo periodo el analfabetismo baja del 36% al 8,4% y la matrícula de las universidades pasa de 20.000 alumnos en 1930 a más de 230.000 en 19706. Pero, a pesar de estos cambios, no se observaron modificaciones en el posicionamiento relativo de las diferentes áreas del territorio. En las economías regionales, las políticas de subsidio del Estado Nacional hizo surgir una peculiar estructura de tenencia de la tierra que combinaba latifundios y minifundios en continua regeneración. Los pequeños productores que quizá hubieran podido ser absorbidos por la industria en auge conservaron sus parcelas manteniendo la ineficiencia global del sistema productivo, y los propietarios más grandes —que recibieron sobretasas de ganancias a través de precios de monopolio que garantizaba el Estado— eludieron aplicar la renta obtenida en la incorporación de mejoras tecnológicas. En cuanto a la región sur del país, se acentuó el carácter mixto del patrón de desarrollo a partir de políticas de ocupación, defensa, poblamiento, etc., y del despliegue bajo la égida estatal del emprendimiento hidrocarburífero. Como resultado de los acontecimientos citados surgió un cierto equilibrio entre las diferentes provincias y regiones que, recurrentemente estudiado7, dio pie a una serie de clasificaciones que alcanzaron amplio consenso en dividir el territorio nacional en tres áreas: Central, Periférica y Despoblada. A grandes rasgos, las principales características de estas áreas son: —Área Central: Posicionada en el centro-este del país, básicamente sobre lo que se conoce como Pampa Húmeda. Se trata de aproximadamente 60 millones de hectáreas cuyas características físicas se consideran singulares al concentrar suelos fértiles con muy poca pendiente, un clima de tipo templado sin estación seca y la presencia de aguas dulces y abundantes a poca profundidad. Sobre estas ventajas naturales, desde fines del siglo XIX se desarrolla Las tecnologías de información y comunicación en Argentina Anàlisi 33, 2006 185 6. OECEI (1974: 112, 122, 124, 140, 145). 7. Ver Romero y Rofman (1997, edición original 1973), Ferrer (1980, edición original 1963) y Núñez Miñana (1974).
la producción de granos (trigo, maíz, cebada, alfalfa, más tardíamente soja) y de ganado, emprendimientos clave para financiar las políticas sustitutivas de importaciones, siendo, además, el principal eslabón de la relación de la Argentina con el mercado mundial. Adicionalmente, en esta porción del territorio se concentran las principales industrias y empresas de servicios. A partir de estas características y de las migraciones internas e internacionales, presenta una concentración de población y un aparato productivo de dimensiones muy superiores al que se observa en las otras áreas del país, constituyendo, a escala nacional, el sector más dinámico en la evolución de la estructura económica y social. El área central tiene su núcleo en la ciudad de Buenos Aires, en donde se encuentra la dirección y la administración del Estado Nacional y de la mayoría de las principales firmas que operan en el país. Alrededor de la ciudad se articula una franja metropolitana de 19 partidos que jurisdiccionalmente son parte de la provincia de Buenos Aires, pero que tienen una fuerte simbiosis con la ciudad capital. —Área Periférica: Comprendida por las provincias de la franja noreste, norte y centro-oeste del país, durante buena parte del último siglo y medio fue el punto de partida de migraciones hacia el área central. En lo productivo se caracterizó por el despliegue de las llamadas «economías regionales», producciones agroindustriales dirigidas al mercado interno que surgieron al amparo de una red de subsidios y protección arancelaria. Si bien, estos emprendimientos permitieron dotar de cierto dinamismo a las economías de estas provincias, generaron una estructura productiva caracterizada por una penetración irregular y tardía de relaciones de producción capitalistas y por una aguda dependencia del Sector Público. En términos relativos, es el área donde se observa el menor nivel de ingreso per cápita y los índices de mayor deterioro social del país. —Área Despoblada: Ubicada en el sur del territorio, se caracteriza por la baja densidad poblacional relativa fruto del tardío proceso de ocupación y desplazamiento de la población aborigen. Durante buena parte del siglo XX fueron cruciales las políticas de poblamiento que apelaron a la generación de regímenes preferenciales de producción, a la fijación de contingentes de personal de las Fuerzas Armadas y a una inversión pública en infraestructura económica y social per cápita superior a la que se observa en el resto del país. Dentro de su aparato productivo se observan explotaciones ganaderas extensivas y se destaca el papel de los emprendimientos ligados al petróleo, al gas y al carbón que, operados hasta la década de 1990 por empresas estatales, tuvieron como una de sus lógicas principales la de apoyar el asentamiento poblacional. Esta clasificación —sin desconocer las diferencias que existen hacia el interior de cada área— muestra un equilibrio interregional que comienza a gestarse durante el proceso de consolidación del Estado Nación y se perfecciona en la etapa del Estado Interventor. La delimitación provincial y regional se detalla en el siguiente mapa. 186 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao
Mapa de Argentina con identificación de províncias y áreas Total país Población (hab.) Superfície (km2)* PBG (mill. de $) 35.671.892 2.780.092 326.766 Área central Población Superficie PBG 68,12% 27,15% 79,09% 1-CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES 2-BUENOS AIRES 3-CÓRDOBA 4-SANTA FE Área despoblada Población Superficie PBG 5,85% 33,47% 6,96% 5-SANTA CRUZ 6-LA PAMPA 7-NEUQUÉN º 8-RÍO NEGRO 9-CHUBUT 10-TIERRA DEL FUEGO Área periférica Población Superficie PBG 26,03% 39,38% 13,95% 11-MENDOZA 12-SAN LUIS 13-SAN JUAN 14-LA RIOJA 15-CATAMARCA 16-TUCUMÁN 17-SANTIAGO DEL ESTERO 18-ENTRE RÍOS 19-CORRIENTES 20-MISIONES 21-CHACO 22-FORMOSA 23-SALTA 24-JUJUY * No incluye la Antártida. De incluirse, el total del país sería de 3.761.274 km2 Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de ProVinfo (2003) Las tecnologías de información y comunicación en Argentina Anàlisi 33, 2006 187
3. Nuevos elementos y desequilibrios tradicionales Los cambios que se producen en el país y en el mundo desde mediados de los setenta, abren un nuevo período para las diferentes regiones que componen la República Argentina. A los fines de este trabajo es importante destacar dos elementos: 1. En el marco de estos cambios la revolución informacional asume, progresivamente, un papel central. 2. La redefinición de la estructura económica, política y social en marcha desestructura el equilibrio interregional descrito. 3.1. La revolución informacional Desde las últimas décadas del siglo XX se produce un importante despliegue de las TIC. Estas industrias que hasta entonces se habían desarrollado paralelamente pasan a tener una estrecha vinculación entre sí, iniciando un proceso de desarrollo tecnológico convergente y provocando una revolución tecnológica de alcance mundial que vino a sumarse (y a detonar) una serie de cambios que en el ámbito de la economía, la política y la organización de la sociedad se estaban gestando. Así, la revolución informacional se fue constituyendo en una especie de base de sustentación de los procesos de cambio experimentados, y designados por algunos de los principales bloques políticos (Comisión Europea) y económicos (OCDE) con el nombre de «sociedad de la información». Desde esta perspectiva de análisis, la sociedad de la información (en adelante SI) trata de un proceso social inconcluso, en pleno desarrollo y que reconoce protagonismo en las TIC. Su construcción refiere a una sumatoria de procesos que asumen en cada país y en cada provincia características particulares en virtud de las diferencias sociales, económicas, culturales, etc. Así como existen diferentes modelos de sociedades industriales, es casi seguro que coexistirán diferentes modelos de sociedad de la información8. En la génesis de la revolución informacional se evidencian innovaciones de tipo radical que, a diferencia de las innovaciones corrientes que modifican sólo parcialmente procesos y/o productos, se caracterizan por incidir en la transformación de todo el proceso productivo. Katz destaca que lo novedoso no es la gravitación de la información en la economía sino el desarrollo de una tecnología para sistematizar, integrar y organizar el uso económico de la información. «Con la difusión de la informática comenzó una nueva revolución tecnológica cuyo eje es la creación de aparatos que generan y retroalimentan la información con finalidades productivas»9. De esta manera, las actividades infocomunicacionales fueron incorporándose 188 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao 8. Becerra (2003a: 11, 12). 9. Katz (1998: 36).
en los procesos productivos y transformaron el modo en que se elaboran bienes y servicios para el conjunto de los sectores de la economía; no sólo los relacionados con las industrias de información y comunicación. A esto hay que agregar que, con el uso de computadoras personales, la difusión de Internet, la continua aparición de nuevos productos (fax, telefonía celular, videojuegos, etc.) y la disponibilidad de bienes y servicios infocomunicacionales en ámbitos públicos y semipúblicos, la revolución informacional penetró en el tejido social y se volvió perceptible en la vida cotidiana. Uno de los aspectos más sorprendentes de la revolución informacional es el incremento en la capacidad de producción, procesamiento y transmisión de información: la memoria de los chips saltó de 1.024 bits a principios de la década de 1970 a 16.384.000 bits a principios de la de 1990, y su velocidad se incrementó 560 veces; el desarrollo de la fibra óptica otorgó a cada segundo la capacidad equivalente a 21 horas de uso de la línea telefónica convencional. También cabe mencionar la disminución en el costo de la producción y procesamiento infocomunicacional; si la declinación de precios observada en los chips desde principios de los setenta se hubiera experimentado en las industrias aeronáutica y automotriz, en los noventa un Boeing 767 habría costado 500 dólares y un Rolls-Royce, 2,57 dólares10. En este contexto se despertaron pronósticos esperanzadores acerca del papel de las TIC en la resolución de problemas estructurales de la sociedad11. En una entrevista concedida al diario El País de España, Al Gore afirmaba: «Hay quienes dicen que la falta de desarrollo económico causa telecomunicaciones pobres. Yo creo que lo entienden exactamente al revés. Un sistema primitivo de telecomunicaciones causa un pobre desarrollo económico»12. Evidentemente, el reduccionismo tecnológico de Al Gore se fundamenta en que el desarrollo y expansión de las TIC favorecería por igual a todos sus usuarios. Por otra parte, Nicholas Negroponte en su libro Ser digital auguraba: «Hoy en día una cuarta parte de la población mundial tiene un nivel de vida aceptable, mientras que tres cuartas partes viven en la miseria. ¿Cómo podremos unificar estas divisiones, que parecen insalvables? Una nueva generación va emergiendo del paisaje digital liberados de las limitaciones geográficas como única base para la amistad, la colaboración y la política del buen vecino. La tecnología digital podrá ser la fuerza natural que impulse a los hombres hacia una mayor armonía mundial»13. Las tecnologías de información y comunicación en Argentina Anàlisi 33, 2006 189 10. Katz (1998: 37, 38, 39). 11. Muchos de estos pronósticos se basaban en que para el despliegue de las TIC no se precisaba de la concentración de grandes inversiones de capital, como sí se consideraban necesarias para el «despegue» desde una posición periférica hacia una posición central, en la etapa del llamado Estado Benefactor. Al respecto ver Myrdal (1961), Friedman y Weaber (1981), Prebisch (1962), etc. 12. El País (5/10/1994). 13. Negroponte (1998: 232).
Tabla 2. Distribución de tecnologías de información y comunicación en la Argentina. (Año 2001) % de hogares % de hogares % de hogares Áreas Jurisdicción Hogares con teléfono* con computadora con Internet Cdad de Bs. As. 1.024.231 91,4 41,4 27,2 Buenos Aires 3.920.985 72,4 20,7 8,9 Central Córdoba 877.065 69,1 21,1 7,5 Santa Fe 872.132 68,5 18,5 7,4 Total 6.694.413 74,4 23,6 11,3 Catamarca 77.755 47,3 12,6 3,1 Chaco 238.100 35,7 9,4 2,7 Corrientes 225.878 43,2 10,5 3,0 Entre Ríos 316.651 55,5 14,8 4,6 Formosa 114.349 32,5 7,4 2,2 Jujuy 141.559 40,6 11,8 2,9 Periférica La Rioja 68.379 50,5 14,5 3,8 Mendoza 410.332 64,1 16,5 5,3 Misiones 234.899 37,2 10,2 2,8 Salta 241.279 40,3 12,2 3,5 San Juan 148.869 57,0 14,4 4,4 San Luis 101.623 60,0 15,2 4,5 Tucumán 310.674 46,7 13,0 4,6 Sgo. del Estero 178.160 33,4 5,7 2,1 Total 2.808.507 47,1 12,3 3,8 Chubut 114.694 69,8 23,9 9,2 La Pampa 91.656 71,7 18,1 5,7 Neuquén 128.313 68,0 23,1 8,3 Despoblada Río Negro 154.405 64,0 19,2 7,1 Santa Cruz 53.825 76,8 31,5 10,7 Tierra del Fuego 178.160 33,4 7,8 2,1 Total 721.053 60,0 18,6 6,5 Total País 10.223.973 65,9 20,2 8,9 * Incluye teléfono fijo y celular Fuente: INDEC 2003 (Datos correspondientes al Censo nacional de población y vivienda 2001). 196 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao
4. Conclusiones Resulta evidente que la Argentina se caracteriza por ser un país con una marcada heterogeneidad y desigualdad territorial. Distintos indicadores (IDHA, PBG, distribución de la población, etc.) revelan las diferencias que existen en el nivel de desarrollo relativo de las regiones que lo conforman. En este trabajo, al análisis de los aspectos histórico-estructurales se sumó el de algunos procesos contemporáneos, especialmente los vinculados a la revolución informacional y al desempeño de las tecnologías de información y comunicación (TIC), observando que su difusión en el territorio reproduce las asimetrías ya existentes. En este sentido, se ha verificado la existencia de una significativa brecha digital entre las provincias y áreas del país que guarda un notable grado de paralelismo al de la brecha económico-social. De hecho, en lo que respecta a tecnologías de información y comunicación, las provincias del área central son las jurisdicciones donde se advierte el mayor desarrollo relativo seguidas por las del área despoblada y por último las jurisdicciones del área periférica. Otro aspecto importante que se ha podido apreciar es la permanencia de estas brechas a lo largo del tiempo. Al observar la distribución territorial de algunas TIC en el año 1978 (cuando la revolución informacional en el país daba sus primeros pasos) y comparar su situación en el año 2001 (a partir de los datos proporcionados por el último censo nacional de población y vivienda) se pone de manifiesto que, desde sus inicios, la difusión y la distribución de estas tecnologías en la Argentina no ha sido homogénea. Por el contrario, los procesos vinculados a la revolución informacional en el territorio parecen estar condicionados por la heterogeneidad y desigualdad estructural del país. En parte, esta «configuración territorial» parece ser producto de las marcas que todavía se observan de un orden construido a lo largo de más de un siglo. Así, la preeminencia del área central podría adjudicarse a las ventajas edificadas alrededor de su posición como núcleo político, económico y social del país. De la misma forma, el retraso relativo del área periférica y, aunque en menor medida, también del área despoblada, no ha sido generado en los últimos años; por el contrario, obedece a un conjunto de factores estructurales de larga data. No hay que olvidar que tanto el emprendimiento agroexportador en la etapa de consolidación del Estado-Nación como el proyecto industrializador (ISI) en la etapa del Estado Interventor tuvieron su foco en el área central. Este esquema de división regional del trabajo, de articulación territorial jerarquizada, en definitiva de centro y periferia, evidentemente tiende a repetirse en esta nueva etapa signada por la revolución informacional y por un nuevo paradigma productivo. En las últimas décadas, aunque se evidencia un importante incremento en la cantidad de bienes y servicios infocomunicacionales con que cuenta la Argentina, no se produjeron cambios en la dotación relativa de estas tecnologías en las distintas jurisdicciones y áreas ni en su posicionamiento en el escenario nacional. Esto nos lleva a confirmar la validez de los principios de Las tecnologías de información y comunicación en Argentina Anàlisi 33, 2006 197
continuidad y de equiparación sobre los que nos interrogamos al inicio del artículo. Y a postular la falacia de aquellos pronósticos que enfatizan la capacidad del nuevo paradigma tecnológico para superar las tendencias hacia los desequilibrios interregionales y/o el papel prodigioso de las TIC en la resolución de problemas estructurales de la sociedad. Por último, es importante agregar que la heterogeneidad y desigualdad territorial en la Argentina contemporánea trasciende los elementos de partida, por lo que resulta fundamental profundizar el conocimiento de los diferentes mecanismos económicos, políticos, sociales y tecnológicos que surgen en esta nueva etapa. En particular, aquellos vinculados a la revolución informacional y a las tecnologías de información y comunicación, en tanto que constituyen un aspecto medular de la problemática del desarrollo social en el siglo XXI. 5. Referencias bibliográficas BASUALDO, Eduardo (2000). «Concentración y centralización del capital en la Argentina durante la década del noventa». Buenos Aires: Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes. BECERRA, Martín (2003). Sociedad de la información: proyecto, convergencia, divergencia. Buenos Aires: Editorial Norma. BECERRA, Martín (1999). «El proyecto de la Sociedad de la información en su contexto». Anàlisi nº23, Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona. CAO, Horacio; VACA, Josefina (2003). «Tecnologías de comunicación e información en las provincias». Revista Tram(p)as de la Comunicación y la Cultura nº 14, Buenos Aires : Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de la Plata. CAO, Horacio; VACA, Josefina (2004). «Sociedad de la información y Estado. El e-gov en las provincias argentinas». Telos nº 60, Segunda época. España: Fundación Telefónica. CAO, Horacio; RUBINS, Roxana; VACA, Josefina (2003). «Clasificaciones y agrupamientos de provincias y territorios de la República Argentina». Cuadernos Cepas de Investigación nº 14, Buenos Aires: Centro de Estudios de Políticas, Administración y Sociedad (CEPAS). CASTELLS, Manuel (1995). La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración económica y el proceso urbano-regional. Madrid: Alianza Editorial. DAHL, Robert (1983). «Análisis político actual». Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA). El País (5/101994). «Un plan global para la democracia y el desarrollo» (reportaje a Al Gore). En: <http://www.elpais.es/archivo/buscador.html>. FERRER, Aldo (1980). «La economía argentina, las etapas de su desarrollo y problemas actuales». Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. FRIEDMANN, John; WEABER, Clyde (1981). «Territorio y función. La evolución de la planificación regional». Colección Nuevo Urbanismo. Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local. INDEC (1984). «Anuario estadístico de la República Argentina 1981-1982». Buenos Aires: Ministerio de Economía. 198 Anàlisi 33, 2006 Josefina Vaca; Horacio Cao
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