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Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino en el ámbito grecolatino

Quintillà Zanuy, M. Teresa

Abstract

Son muchos y variados los testimonios antiguos que sugieren que hombres y mujeres tenían características discursivas propias. El estudio del discurso de los personajes de la literatura dramática grecolatina demuestra que no se trata únicamente de un estereotipo y que efectivamente existían mecanismos caracterizadores del discurso femenino en griego y en latín, como son el uso discriminado de juramentos, interjecciones, formas de cortesía, interpelaciones afectivas y términos enfáticos.

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Resumen Son muchos y variados los testimonios antiguos que sugieren que hombres y mujeres tenían características discursivas propias. El estudio del discurso de los personajes de la literatura dramática grecolatina demuestra que no se trata únicamente de un estereotipo y que efectivamente existían mecanismos caracterizadores del discurso femenino en griego y en latín, como son el uso discriminado de juramentos, interjecciones, formas de cortesía, interpelaciones afectivas y términos enfáticos. Palabras clave: etnolingüística, teatro, griego, latín. Abstract. Sexolects or the Characterization of Female Speech in the Greco-Latin World There are many and various old proofs that suggest that men and women had discursive characteristics of their own. The study of the speech of the characters of the Greco-Latin dramatic literature shows that this is not just the case of a stereotype and that in fact mechanisms which are characteristic of the female speech existed in Greek and Latin. These are the cases of the discriminated use of oaths, interjections, forms of courtesy, emotional questions and emphatic terms. Key words: Ethnolinguistics, theater, Greek, Latin. I. Introducción Son dos los aspectos que suelen ser analizados cuando se aborda la cuestión de las diferencias sexuales en relación con el lenguaje: por un lado, el problema de las diferencias sexuales en el uso de la lengua y las variedades lingüísticas que resultan de dicha diferencia («los sexolectos», donde se distinguen dos variantes: el Faventia 27/1, 2005 45-62 Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino en el ámbito grecolatino M. Teresa Quintillà Zanuy IES-SEP Guindàvols c/ Eugeni d’Ors, s/n. 25196 Lleida [email protected] Data de recepció: 13/1/2004 Sumario I. Introducción II. Testimonios antiguos III. Textos de autoría femenina IV. El discurso femenino en el género dramático V. Conclusiones Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 45 masculinolecto y el feminolecto); y, por otro, el problema de la desigualdad de trato lingüístico de las personas en función de su sexo («el sexismo en la lengua»). Las reglas sexo-sociolingüísticas que configuran el feminolecto tienen dos finalidades sociales principales. Por una parte, identificar la mujer con su rol sexo-social; por otra, marcar el rol-status femenino respecto de sus interlocutores. Podría pensarse que el reconocimiento de variantes lingüísticas según la condición sexual del hablante es un objeto de estudio fruto de la sensibilidad de la lingüística moderna1. Sin embargo, la teoría del uso diferente que de la lengua hacen hombres y mujeres no es nueva y, como veremos, ya se barajaba en Grecia y Roma. La cuestión que se plantea en el presente artículo es, en primer lugar, si es oportuno hablar de la existencia de un feminolecto en griego y en latín y, si es así, determinar qué rasgos lo caracterizaban. Como ya apuntó en su día M. Guilleland2, son evidentes las dificultades para alcanzar un conocimiento preciso sobre la naturaleza de la manera de hablar de las mujeres en griego y en latín, y quizá sea éste el motivo del poco interés en general despertado por la cuestión entre los investigadores de estas lenguas antiguas, aunque existen algunos estudios específicos sobre el tema de gran interés y que el presente artículo tratará de repasar para obtener una visión conjunta del estado de la cuestión. Aunque algunos investigadores abordan el asunto en general, a modo de apunte anecdótico o como punto de partida para un estudio de más profundidad3, el análisis del feminolecto en Grecia y Roma se ha basado esencialmente en el estudio del género dramático4. 46 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy 1. Cf. la bibliografía citada en KEY, M.R. (1975). Male/Female Language, with a Comprehensive Bibliographie. Metuchen N.J.; y en VILLENA, J.A.; ÁVILA, A.M. (1999). «La disolución cultural del sexo», en FERNÁNDEZ, M.ª D.; MEDINA, M.ª A.; TAILLEFER, L. (eds.). El sexismo en el lenguaje. I. Málaga, p. 107-142. 2. GUILLELAND, M. (1980). «Female Speech in Greek and Latin». AJPh 101, p.180-183. 3. LIDA, M.ª R. (1937). «La mujer ante el lenguaje. Algunas opiniones de la antigüedad y del renacimiento», Boletín de la Academia Argentina de letras 5, p. 237-248; TAGLIAVINI, C. (1937). «Modificazioni del linguaggio nella parlata delle donne», Scritti in onore di Alfredo Trombetti. Heopli, p. 87-142 (especialmente, p. 90). Ya en el ámbito de la lengua griega y latina, se ha ocupado del tema de forma panorámica el ya mencionado M. Gilleland (1980) en un breve pero interesantísimo artículo. 4. En lengua griega sobre la comedia ática, tenemos los trabajos de BAIN, D. (1984). «Female Speech in Menander», Antichthon. 18, p. 24-42.; y SOMMERSTEIN, A.H. (1995). «The language of Athenian women», en DEMARTINO, F.; SOMMERSTEIN, A.H. (eds.). Lo spettacolo delle voci. Bari, p. 6185. De la tragedia griega, en concreto de las obras de Eurípides, se han ocupado RABINOWITZ, N.S. (1987). «Female Speech and Female Sexuality: Euripides’ Hippolytos as Model». Helios 14, p. 127-140; y MACCLURE, L.K. (1995). «Female Speech and Characteritzation in Euripides», en DEMARTINO, F.; SOMMERSTEIN, A.H. (eds.). Lo spettacolo delle voci. Bari, p. 35-60. En lengua latina, los estudios se han limitado a la comedia; así contamos con el breve pero intenso artículo de REICH, V. (1933). «Sprachliche Charakteristik bei Terenz». Wiener Studien 51, p. 7294, en el que el autor analiza los comentarios de Donato al texto de Terencio en relación al feminolecto, y el excelente y exhaustivo estudio de ADAMS, J.N. (1984). «Female Speech in Latin Comedy». Antichthon 18, p. 43-77, sobre la caracterización del discurso femenino en las comedias de Plauto y Terencio. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 46 Como ya hemos dicho, para abordar el tema de la caracterización del discurso femenino en latín y griego, hay que plantearse ante todo una cuestión inicial; a saber, si entre los antiguos existía la conciencia de la existencia de un feminolecto, hipótesis que —como veremos— parece confirmada por los testimonios conservados. Constatada esta premisa, se plantea la segunda cuestión, a saber, determinar las características del feminolecto, y dicha labor puede orientarse en dos direcciones: por una parte, el análisis de la producción textual de autoría femenina; y, por otra, el análisis del discurso asignado a los personajes femeninos de la literatura en general y de la dramática en especial. Ahora bien, como advierte muy sagazmente Adams (1984: 43), hay que distinguir no sólo entre lo que se creía que las mujeres decían y lo que decían en realidad, sino también entre lo que se suponía que debían decir y lo que decían de hecho, es decir, entre los estereotipos (falsos en muchos casos, o en cualquier caso imprecisos), las prescripciones (siempre androcéntricas) y la realidad objetiva. Sin embargo, no podemos obviar ni el estereotipo ni la prescripción para acercarnos a la realidad del discurso femenino en el caso de las lenguas antiguas, debido precisamente a la dificultad de conocer con exactitud cómo hablaban en realidad las mujeres de aquella época. Como en la mayoría de cuestiones, nuestro conocimiento es indirecto, a través de cómo los autores (hombres en la casi totalidad de casos) consideraban que hablaban las mujeres y, más sutilmente, cómo creían que debían hablar. II. Testimonios antiguos Los testimonios antiguos de los que disponemos (todos de autoría masculina) nos dan a conocer reglas prescriptivas y estereotipos populares relacionados con el feminolecto. Según se desprende de éstos, las mujeres hablaban un latín (o un griego) más arcaizante y conservador, tenían predisposición por pronunciaciones afectadas, eran (o debían ser) más recatadas en su forma de expresarse, adoptaban expresiones del lenguaje infantil, usaban profusamente juramentos, hablaban demasiado, abusaban del circunloquio y tendían a un discurso eminentemente emotivo (unas veces lisonjeras y cariñosas, otras autocompasivas y quejosas). Veamos algunos ejemplos. La arraigada creencia de que las mujeres hacían un uso más arcaizante y conservador de la lengua aparece ya en el Crátilo (418c) de Platón: [Habla Sócrates.] Ya sabes que nuestros antepasados empleaban mucho la iota y la delta, y sobre todo las mujeres, que son precisamente las que conservan la lengua primitiva (α χυνακες, απερ µλιστα τν ρχααν φωνν σζουσι). D. Bain (1984: 28) toma éste como el primero de los pasajes de la literatura griega que ilustra la creencia de que las mujeres hacían un uso más conservador y puro del lenguaje. Sin embargo, A. Sommerstein (1995: 82) cree que se debe matizar y corregir esta apreciación inicial. Según él, es muy probable que Sócrates tuviera razón al asociar pronunciaciones como las mencionadas en el pasaje del Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino Faventia 27/1, 2005 47 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 47 Crátilo a las mujeres, pero se equivocaría al pretender, sobre la base de un prejuicio tradicional según el cual las mujeres eran vistas como especialmente conservadoras y reticentes a los cambios, que fuera una prueba de que estas pronunciaciones eran arcaicas; según Sommerstein, se trataría de todo lo contrario, es decir, serían innovaciones características del dialecto beocio hablado en el norte del Ática. Parece que las mujeres eran más propensas que los hombres a adoptar innovaciones por su posición de bajo prestigio, pudiéndose atribuir esta predisposición al hecho de que, aunque tanto varones como mujeres estaban igualmente expuestos a las presiones de innovación del habla coloquial, en el caso de los hombres dichas presiones innovadoras eran contrarrestadas por la influencia de la pronunciación estándar de prestigio en la escuela, la asamblea, los tribunales o el teatro, contrapartida que no existía en el caso de las mujeres. A pesar de todo, la creencia de que las mujeres tienden a favorecer formas conservadoras y de prestigio reaparece en Aristófanes (Ec. 215-228): [Habla Praxágora.] Digo que ellas valen más que nosotros y voy a probarlo: en primer lugar ni una sola de ellas deja de lavar la lana en agua caliente, siguiendo la costumbre antigua. No las veréis inclinadas a las novedades. También en lo relativo al ámbito latino, en dos pasajes ciceronianos (De Orat. 3. 12. 45; Brut. 211), se afirma que las mujeres eran las que conservaban el latín con más pureza y propiedad. Marco Licinio Craso, uno de los interlocutores del De oratore de Cicerón, subraya el carácter arcaico del hablar de las mujeres: Equidem cum audio socrum meam Laeliam —facilius enim mulieres incorruptam antiquitatem conseruant, quod multorum sermonis expertes ea tenent semper, quae prima didicerunt— sed eam sic audio, ut Plautum mihi aut Naeuium uidear audire, sono ipso uocis ita recto et simplici est, ut nihil ostentationis aut imitationis adferre uideatur. Craso afirma que la manera de hablar de su suegra Lelia recuerda la de los antiguos poetas cómicos como Plauto y Nevio, una comparación que retoma Plinio (Ep. 1. 16. 6), cuando habla de su amigo Pompeyo Saturnino: legit mihi nuper epistulas; uxoris esse dicebat: Plautum uel Terentium metro solutum legi credidi. quae siue uxoris sunt, ut adfirmat, siue ipsius, ut negat, pari gloria dignus, qui aut illa componat aut uxorem, quam uirginem accepit, tam doctam politamque reddiderit. En este sentido cabe destacar el comentario de Juvenal (6. 447-456) sobre el comportamiento lingüístico de las mujeres de clase alta, que leen libros de gramática y se obsesionan por hablar correctamente: non habeat matrona, tibi quae iuncta recumbit, / dicendi genus, aut curuum sermone rotato / torqueat enthymema, nec historias sciat omnes, / sed quaedam ex libris et non intellegat. Odi / hanc ego quae repetit uoluitque Palaemonis artem / 48 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 48 seruata semper lege et ratione loquendi / ignotosque mihi tenet antiquaria uersus / nec curanda uiris. opicae castiget amicae / uerba: soloecismum liceat fecisse marito. En cuanto a la idea de que existían peculiaridades femeninas de pronunciación, se dice con insistencia que las mujeres suelen tener una pronunciación afectada (cerrando la boca y recortando las palabras): Ov. Ars 3. 293-296: quid, cum legitima fraudatur littera uoce / blaesaque fit iusso lingua coacta sono? / in uitio decor est, quaedam male reddere uerba: / discunt posse minus, quam potuere, loqui. San Jerónimo (Epist. 22. 29) advierte contra la pronunciación artificial afectada de algunas damas. Se habla de dimidiata uerba, en el sentido de tartamudeo, efecto que conseguían con los dientes apretados o con los labios relajados (dissolutus). El hecho era que las palabras no llegaban a su término a causa de una especie de pronunciación constreñida5: Non delumbem matornarum saliuam delicata secteris, quae nunc strictis dentibus, nunc labiis dissolutis, balbuitentem linguam in dimidiata uerba moderantur, rusticum putantes omne quod nascitur. Ier. Epist. 107. 4. 6: unde et tibi est prouidendum, ne ineptis blanditiis feminarum dimidiata dicere filiam uerba consuescas. Otro de los estereotipos discursivos femeninos es la idea de que las mujeres hablan demasiado deprisa. En este sentido se expresa Juvenal (6. 440 y s.), cuando describe la manera de hablar de una mujer sabihonda (uerborum tanta cadit uis, / tot pariter pelues ac tintinabula dicas / pulsari). Son diversos los testimonios que aseguran que las mujeres tienen un discurso más recatado (consideración quizá más prescriptiva que real6), pues el lenguaje obsceno se considera impropio de ellas. En este sentido, A.H. Sommerstein (1995: 78) ha confirmado, tras el análisis de la comedia de Aristófanes y Menandro, que las mujeres, aunque hacían un uso más libre del lenguaje obsceno hablando entre ellas, lo evitaban totalmente en presencia de hombres. En Lisístrata, Tesmoforias y Las asambleistas —tres comedias protagonizadas por mujeres— aparecen un total de dieciséis términos obscenos en setenta y cinco pasajes, de los cuales veinLos sexolectos o la caracterización del discurso femenino Faventia 27/1, 2005 49 5. Esta pronunciación, atribuida también al lenguaje infantil, nos remite a las reiteradas comparaciones entre el lenguaje de los niños y el de las mujeres (cf. Pl. Aul. 153; As. 505; CIL VI 15471; etc.). 6. Hay numerosos ejemplos del uso de obscenidades en el discurso femenino, aunque siempre en ocasiones «especiales» o en boca de personajes precisos. Así, Marcial (3. 68) nos presenta una mujer ebria que dice obscenidades, o en 3. 86 nos describe a una mujer aficionada a leer epigramas indecentes. Las mujeres no se quedan atrás en el uso de términos poco decorosos en el lenguaje amatorio (Ov. Ars. 3. 796: nec taceant mediis inproba uerba iocis!) y en algunas ocasiones rituales (Ov. Fast. 3. 675 y s.); también los encontramos en boca de prostitutas (Iuv. 11. 172). Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 49 te corresponden a personajes femeninos y cincuenta y cinco a personajes masculinos. Y, si analizamos en detalle, se confirma que el uso de obscenidades por parte de personajes femeninos en presencia de hombres es siempre por razones argumentales —como, por ejemplo, para provocar una reacción masculina de cólera ante una norma que ha sido violada por las mujeres. Además, el lenguaje indecente es considerado propio de una mujer de baja reputación y, como consecuencia, es una ofensa pronunciar palabras malsonantes ante una mujer «honrada». En Terencio (Heaut. 1041), Cremes no se atreve a pronunciar la palabra «prostituta» delante de su esposa Sóstrata argumentando: pudet / dicere hac praesente uerbum turpe. Incluso el uso de palabras y expresiones extranjeras por parte de las mujeres romanas es considerado también un signo de mal gusto, hasta el punto de que provoca la ira de Juvenal y de Marcial: Iuv. 6. 184-199: quaedam parua quidem, sed non toleranda maritis. / nam quid rancidius quam quod se non putat ulla / formosam nisi quae de Tusca Graecula facta est, / de Sulmonensi mera Cecropis? omnia Graece: / [cum turpe sit magis nostris nescire Latine.]/ hoc sermone pauent, hoc iram, gaudia, curas, / hoc cuncta effundunt animi secreta. (…) non est hic sermo pudicus / in uetula. quotiens lasciuium interuenit illud / ζω κα ψυχ, modo sub lodice relictis / uteris in turba. Mart. 10. 68: Cum tibi non Ephesos nec sit Rhodos aut Mitylene, / sed domus in uico, Laelia, patricio, / deque coloratis numquam lita mater Etruscis, / durus Aricina de regione pater, / κρι µου, µλι µου, ψυχ µου congeris usque, / pro pudor! Hersiliae ciuis et Egeriae. / lectulus has uoces, nec lectulus audiat omnis, / sed quem lasciuo strauit amica uiro. De los numerosos aforismos o dichos latinos que tienen como protagonista a la mujer, y que aluden al comportamiento lingüístico de ésta, temas recurrentes son, por una parte, la convicción de que el lenguaje de la mujer es indiscreto (pues ésta es incapaz de guardar un secreto) y, por otra, la idea de que el comportamiento lingüístico de la mujer corresponde a un «hablar por hablar», sin decir nada de interés, sobre temas que desconoce. De este prejuicio surgen juicios morales normativos sobre el comportamiento lingüístico ideal en la mujer, que consiste, precisamente en ser callada y discreta7. Así, en Pl. Aul. 125, Eunomia, antes de dar su opinión a su hermano Megadoro, pide disculpas por su intromisión, consciente de la fama que ella y todas las de su sexo tienen de charlatanas y chismosas: Velim te arbitrari med haec uerba, frater, / meai fidei tuaique rei / causa facere […] / quamquam hau falsa sum nos odiosas haberi; / nam multum loquaces merito omnes habemur, / nec mutam profecto repertam nullam ese / hodie dicunt mulierem ullo in saeculo. 50 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy 7. Más tarde, también San Pablo prohibirá a las mujeres hablar en la Iglesia (1 Cor. 14. 35 y 1 Tim. 2.11-12). Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 50 Y el esclavo Tracalión (Rud. 1114) explica al pescador Gripo por qué Palestra y Ampelisca están calladas (quia tacita est melior mulier semper quam loquens). Esta misma premisa es la que domina en el elogio fúnebre de una tal Perusina (CIL VI 37965, 11), que cuenta entre sus virtudes proverbiales (belleza, fidelidad, pulcritud, etc.) la de ser «mujer de pocas palabras»: Hic Perusina sita est, qua non pretiosior ulla / femina de multis, uix una aut altera uisa […] Fortis, sancta, tenax, insons, fidisima custos, munda domi, sat munda foras, notisima uolgo, / sola erat, ut posset factis occurrere cunctis; / exiguo sermone inreprensa manebat […]. Otra característica discursiva atribuida al feminolecto es el abuso del circunloquio y la tendencia a retardar el discurso (tardiloquium), observación que ya fue apreciada por Donato (Ter. Hec. 741: imitatur hic et senile et femineum tardiloquium). Un rasgo más del discurso femenino destacado por los testimonios antiguos es su carácter eminentemente emotivo y su tendencia a la desmesura8. En este sentido, Bain (1984: 29) afirma que debía ser real la tendencia femenina a exagerar hasta la hipérbole cuando se trataba de expresar admiración (cf. Platón, Men. 99d). En la comedia se encuentra el uso de !εον («divino») por parte de una mujer con el significado de «extraordinario», ya sea bueno o malo (cf. Men. Epit. 433; y ps. Pl. Alc. 1.120 a-b). En cuanto al carácter emotivo del discurso femenino —lisonjero y cariñoso, en ocasiones, quejumbroso y autocompasivo, en otras—, es clara la opinión de Donato (Ter. Ad. 291, 4): proprium est mulierum, cum loquuntur, aut aliis blandiri […] aut se commiserari […] nam haec omnia muliebria sunt, quibus pro malis ingentibus quasi in aceruum rediguntur et enumerantur nullius momenti querelae. Idea sobre la que insiste en numerosos pasajes, algunos para destacar el carácter lisonjero9: Don. Ter. An. 685, 1: TV MODO ANIME MI N. T. M. mollis oratio et feminea multis implicata blandimentis. ait enim ‘ut modo anime mi’. En otros, en cambio, se subraya la tendencia a la autocompasión y la queja (rasgo relacionado con el uso reiterado de juramentos y exclamaciones). En Hecyra Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino Faventia 27/1, 2005 51 8. En este mismo sentido apunta un pasaje de Anecd. Graeca II de Bekker (Berlín, 1816), 855, según el cual a las mujeres les gusta el uso de diminutivos: " #ποκορισµ$ς %νοµ &στι' µικρ(τητος &µφαντικ$ν κα κ(ραις &οικ(ς. λαµβνεται δ- /νεκεν το0 πρποντος, 1ς παρ’ ’Αλκµ3νι <…> κ(ραι γ(ρ α λγουσαι (la cita de Alcmán se ha perdido). Y en Anecd. Graeca Oxon. IV de Cramer (Oxford, 1837), 273, se dice algo muy parecido: γγνεται δτ( #ποκοριστικ( … 5 δι( τ$ πρπον, 1ς παρ( ’Αλκµ3νι 6χοντι τ(ς παρ!νους #ποκοριστικας χρωµνας λξεσι' πρπει γ(ρ το0το παρ!νοις. 9. Don. Ter. Ph. 1005; Eu. 95, 2; Hec. 585, 3; 824; 353, 2. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 51 la hetera Filotis se queja de un insoportable soldado, al cual tuvo que aguantar, la pobre, por espacio de dos años (Ter. Hec. 87: biennium ibi perpetuom misera illum tuli); a lo que Donato (Ter. Hec. 87, 2) comenta: MISERA muliebris interpositio τ ‘misera’. En efecto, Donato considera característico del habla de las mujeres quejarse y compadecerse de ellas mismas. En Adelphoe (291-2), la vieja Sóstrata grita desesperadamente: miseram me! neminem habeo (solae sumus, Geta autem hic non adest). Donato comenta estos versos como exponente típico de la manera de compadecerse de las mujeres, exagerando desproporcionadamente las desgracias: Don. 291 (2): muliebritur queritur et ex perturbatione sua aestimans metu multa facit ea, quae pauca sunt. (4) Proprium est mulierum, cum loquuntur, aut aliis blandiri … aut se commiserari … nam haec omnia muliebria sunt, quibus pro malis ingentibus quasi in acerbuum rediguntur et enumerantur nullius momenti querelae. Constatada la primera premisa, a saber, la existencia o conciencia de la existencia de una manera de hablar peculiar o diferente de las mujeres (en relación con la de los hombres, considerada la norma), el estudio para precisar y determinar las características del feminolecto puede abordarse desde dos ámbitos; por una parte, el análisis de los escasos textos supervivientes (y de dudosa autoría, en algunos casos) de escritoras griegas y latinas; y, por otra, el análisis del discurso atribuido a los personajes femeninos de la literatura dramática especialmente, así como de las opiniones y comentarios de gramáticos antiguos sobre dichos textos. III. Textos de autoría femenina La lógica hace suponer que sería ésta la vía más fructífera de acercamiento a la cuestión de la caracterización del discurso femenino en griego y en latín, es decir, el estudio del latín de las mujeres escritoras, y la que aportaría, en definitiva, mayores y más significativos datos sobre el asunto. Sin embargo, la práctica invisibilidad de la producción literaria femenina nos obliga a desestimar esta vía de acercamiento. En efecto, las obras compuestas realmente por mujeres y que han sobrevivido son pocas. En griego, poemas y fragmentos de siete poetisas10. En cuanto a las escritoras latinas, tenemos noticias seguras de unas treinta y tres mujeres escritoras11. Sin embargo, sólo conservamos textos originales de ocho de ellas, 52 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy 10. Contamos con los poemas de Safo en el siglo VI aC, los nueve fragmentos de Telesilla del siglo VaC, los poemas de la beocia Corinna, contemporánea de Píndaro, y algunos poemas conservados de poetisas del período helenístico que aparecen en la Antología griega, como Erinna (tres epigramas del siglo IV aC), Moero (dos epigramas del 300 aC), Anyte de Tegea (veinte epigramas del siglo III aC) y Nossis (entre once y doce epigramas del III aC). Sobre estas poetisas, cf. WEST, M.L. (1978). «Die griechischen Dichterinnen der Kaiserzeit». Kyklos. Berlin-New York, p. 101 y s.; RAYOR, D. (1991). Sappho’s Lyre: Archaic Lyric and Women Poets of Ancient Greece. L.A. California; (1993). «Korinna: Gender and the Narrative Tradition». Arethusa 26, p. 219-231. 11. Cultivaron géneros como la oratoria (Hortensia, Mesia y Carfania), la epistolografía (Cornelia, Servilia, Clodia, Pilia, Cecilia Ática, Terencia, Tulia, Publilia, Fulvia, Hacia, Octavia la Menor, Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 52 aunque en la mayoría de casos se trata de pequeños fragmentos12. En el resto de los casos, o bien se trata de resúmenes, paráfrasis puntuales, o simplemente noticias indirectas (sus interlocutores respondían a sus cartas, o se menciona que escribieron tal o cual poema, discurso, carta o autobiografía). Tal escasez de datos no permite, pues, hacer un estudio con resultados que resulten significativos para la caracterización del discurso femenino. IV. El discurso femenino en el género dramático Si bien los testimonios antiguos nos dan a conocer prescripciones y estereotipos populares relacionados con el feminolecto, la literatura dramática nos aportará datos quizá más objetivos, aunque no hay que perder de vista que la misión principal del autor dramático no era imitar la vida sino crear situaciones más o menos verosímiles que entretuvieran y divirtieran al espectador; no debemos olvidar que su misión era artística y lúdica, no sociológica. Tanto Bain (1984), MacClure y Sommerstein (1995), para los autores griegos, como Adams (1984) para los latinos, concluyen que en la literatura dramática hay una voluntad clara de distinguir el discurso femenino del masculino. La trascendencia de esta voluntad de discriminar entre la manera de hablar de las mujeres y la de los hombres creo que debe medirse con el mismo rasero con el que medimos la voluntad de los autores dramáticos de distinguir entre amos y esclavos, entre esclavos de ciudad y de campo, entre jóvenes y viejos, entre dioses y mortales, etc. El drama se articula sobre personajes estereotipados y en estructuras bipolares: enfrentamientos dialécticos que son los que proporcionan la famosa tensión dramática que induce al espectador a reír o a llorar. Así pues, el dramaturgo antiguo, como el de cualquier época, conjugaba con mayor o menor fortuna la búsqueda de la verosimilitud (sin la cual quedaba sin efecto el referente) y las convenciones que exigía la uis comica o tragica. Aunque el estudio de la comedia pueda resultar más jugoso en el tema que nos ocupa, no debemos olvidar que la tragedia también puede aportar datos que vengan Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino Faventia 27/1, 2005 53 Julia, Livia Drusila, Claudia Severa, la emperatriz Julia Domna, Marcela, Paula y Eustoquia, Celantia, Fabiola, Furia y la emperatriz Flacila), el género autobiográfico (Agripina la Menor) y, por supuesto, la poesía (Memia Timothoe, Cornificia, Sulpicia I, Hostia Cintia, Perila, Sulpicia II, y Aconia Fabia Paulina). Cf. LÓPEZ, A. (1980). «Escritoras latinas: las prosistas». Estudios de filología latina en honor de la profesora Carmen Villanueva Rico. Granada, p. 47-69; (1994). No sólo hilaron lana. Escritoras romanas en prosa y verso. Madrid. 12. De Cornelia, la famosa madre de los Gracos, se conservan dos cartas a su hijo Tiberio. De Claudia Severa, han sobrevivido unas líneas incluidas en una carta de invitación a su amiga Sulpicia Lepidina. De la emperatriz Julia Domna se conserva en una inscripción de Éfeso el texto literal de una carta oficial, aunque en griego. Disponemos también de una carta de Paula y Eustoquia dirigida a su amiga Marcela. En cuanto a las poetisas, de Sulpicia I se conservan seis elegías; en cuanto a Sulpicia II, se conserva su producción reducida a sólo dos versos en opinión de muchos investigadores, y a setenta y dos de acuerdo con otros (que incluirían la llamada sátira de Sulpicia, composición en setenta hexámetros, publicada en dos libros distintos en el ocaso del siglo XV); finalmente, de Aconia Fabia Paulina conservamos cuarenta y un versos escritos en una de las cuatro caras de un monumento funerario familiar. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 53 Terencio, circunstancia ya observada por Donato (cf. supra). En la comedia plautina, la incidencia de las interpelaciones afectivas es de una cada 23,9 versos en el discurso femenino y de una cada 102,8 en el masculino, diferencias todavía más acusadas en el caso de Terencio (los personajes masculinos echan mano de este tipo de expresiones cada 174 versos, mientras que los femeninos lo hacen cada 13,4 versos). Otra diferencia entre hombres y mujeres es la tendencia a acompañar los vocativos con el posesivo mi/mea, mayor en el discurso femenino que en el masculino. Aunque Adams (1984: 70) es reticente a interpretar esta tendencia como un reflejo del uso cotidiano, no veo por qué no pueda considerarse un rasgo asociado al carácter emotivo que, aunque de forma estereotipada, se atribuía al discurso femenino. En el latín posterior, estas formas de interpelación afectiva no eran exclusivamente femeninas. Aparecen usadas por hombres a menudo en la correspondencia de Cicerón y en la de Séneca a su amigo Lucilio23, aunque el uso de la expresión Egilia mea en el episodio de Egilio ya comentado supra parece indicar que este tipo de expresiones se consideraban propias del sexo femenino y que los hombres las restringían a conversaciones de una considerable intimidad o confianza. En Catulo predomina por razones obvias el uso masculino, y en la mayoría de casos se trata de interpelaciones de carácter erótico dirigidas a mujeres (5.1; 32.1; 32.2; 45.2; 75.1; 109.1; 13.1; 28.3; etc.). Y en Apuleyo, aparece indistintamente en boca de ambos sexos (2.7; 2.10; 2.18; 3.22; 5.6; 8.8; etc.). A pesar de las ambivalencias cronológicas y de género literario, se puede concluir que las fórmulas de interpelación afectiva representaban un aspecto más del discurso femenino, que transmitían un tipo de sentimentalismo no deseable en general en la caracterización del discurso masculino. 5. Términos enfáticos Por términos enfáticos se entiende aquel término vacío o casi vacío de su significado léxico y usado esencialmente para expresar sentimiento, especialmente angustia y conmiseración. En griego, acostumbran a ser expresiones formadas por adjetivos en combinación con una interjección. En griego, destaca principalmente el término τλας / τλαινα («desgraciado/a»), expresión patética asignada habitualmente al discurso femenino, aunque no de forma exclusiva (Bain, 1984:33; MacClure, 1995:45). Su caracterización como término típicamente femenino es más acusada en Menandro que en Aristófanes (Ar. Ra. 559; Lys. 910, 914; Ec. 124; Pl. 706). En vocativo, tiene una función exclamativa, reflejando autocompasión o compasión por otro. Ya los gramáticos y lexicógrafos antiguos la clasificaron como una expresión femenina24 y especialmente Menandro (hasta veinte ejemplos) lo viene a corroborar (Dysk. 438; 591; Epit. 434, 439, 466, 547, 853, 970; Mis. 56, 60 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy 23. Cf. ADAMS, J.N. (1978). «Vocatives with and without mi». CQ 28, p. 162-163. 24. Schol. Pl. Tht. 178e (cf. Souda v 84 Adler), Ap. 25c. Sobre esta expresión y su significado, cf. WILSON, J.R. (1971). «ΤΟΛΜΑ and the Meaning of ΤΑΛΑΣ», AJP 92, p. 294-295. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 60 132; etc.). En Homero, τλας es también exclusivo de las mujeres (Hom. Od. 18. 327; 19. 68). Otra expresión destacable es δσµορος / α («desdichado/a»), que aparece en cinco ocasiones en Menandro, tres de ellas en vocativo y todas en boca de una mujer (Epit. 468; Sam. 69, 255; 370), tendencia que, en cambio, no encontramos en Aristófanes, donde no aparece nunca usado por personajes femeninos (Sommerstein, 1995: 70). En la comedia latina destaca el adjetivo miser(a) usado como forma de interlocución utilizada preferentemente por las mujeres. En efecto, el adjetivo miser(a) es usado en Terencio prioritariamente en el discurso femenino, aunque no de forma exclusiva. Adams (1984: 73) cree que esta tendencia es fruto más del estereotipo popular sobre el comportamiento femenino que una característica discursiva real. Sin embargo, el hecho es que predomina claramente su uso femenino (una vez cada 16,7 versos atribuidos a personajes femeninos) sobre el masculino (una vez cada 120 versos). Miser(a) aparece en diversas posiciones: en aposición al sujeto en primera persona —donde el predominio femenino es más acusado aún (una vez cada 37,3 versos, en el caso de las mujeres, y una cada 300,3 en el de los hombres)—, en acusativo exclamativo (me miseram), en combinación con interjecciones y en otros casos como en dativo, en comparativo, etc. En Plauto, en cambio, no se puede hablar de miser(a) como una expresión típicamente femenina, aunque sí hay un cierto predominio de su uso en el discurso de las mujeres (una vez cada 119 versos, frente a una cada 315,1 en el discurso masculino). También se registra esta tendencia en la comedia de Nevio (com. 134), Turpilio (com. 113, 179, 196), Afranio (com. 127, 312, 394), y en la tragedia de Enio (trag. 202, 257), Pacuvio (trag. 10, 134) y Accio (trag. 36, 111). En cuanto a la tragedia de Séneca y la Octauia, no parecen dibujarse preferencias significativas de un sexo u otro por esta expresión (Adams, 1984:74), aunque sí se aprecia en el caso del adjetivo miserandus(a), usado exclusivamente por personajes femeninos (Oct. 907, 910, 960; Her. O. 1552). V. Conclusiones De todo lo anterior se pueden extraer dos conclusiones generales, varias de particulares y un reflexión final. En primer lugar, no hay duda de la existencia de una serie de expresiones que parecen servir como caracterizadoras del discurso femenino en la literatura dramática, algunas de las cuales —como se ha visto— también son atribuidas y atribuibles al discurso femenino en otros géneros literarios. En segundo lugar, se observa una tendencia de los dramaturgos (tanto griegos como latinos) a acumular estos marcadores del discurso femenino en ciertas ocasiones y en pocos versos, como un mecanismo de llamada de atención o de hipercaracterización, a través de la hipérbole, de una característica que el público debía reconocer de inmediato aplicable al discurso femenino. Aunque Adams subraya que ninguno de los modismos griegos analizados por Bain parezca tener equivalente en la comedia latina, con la posible excepción de τλας, esto no parece del todo exacto si valoramos en su justa medida los datos analizados en los epígrafes anteriores, pues queda manifiesto que se reproducen Los sexolectos o la caracterización del discurso femenino Faventia 27/1, 2005 61 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 61 mecanismos caracterizadores del discurso femenino semejantes y paralelos en una y otra lengua. Y no creo que, como argumenta Adams, las semejanzas se deban únicamente a que los dramaturgos latinos se inspiraron en las técnicas escénicas de la comedia griega nueva. Es más sencillo atribuir dichas semejanzas entre autores de lenguas y géneros diferentes a un cierto grado de mimetismo —exagerado, sujeto a las convenciones artificiales literarias, y todo lo que se quiera— respecto a la manera real de hablar de hombres y mujeres. Está claro que un dramaturgo no podía pretender caracterizar un personaje de forma verosímil e identificable por el público sin describir, copiar o inspirarse muy directamente en formas idiomáticas genuinas. 62 Faventia 27/1, 2005 M.ª Teresa Quintillà Zanuy Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:21 Página 62