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A propósito del discurso interactivo

Rausell Köster, Claudia

Abstract

La noción de discurso interactivo o multidiscurso interactivo se aplica a los diferentes itinerarios de lectura propuestos por un emisor a través de enlaces que conectan una secuencia de lexias en los medios y soportes interactivos. Se argumenta la idoneidad del término, al ser el discurso un tipo de mensaje lineal que estructura la información en la cadena temporal, es coherente y puede referir a mensajes sonoros -orales o musicales-, visuales -escritos o con imágenes- o audiovisuales. Se considera discurso cada uno de los itinerarios de lectura que construya un todo coherente donde el sentido global y el de sus partes sea interdependiente, mientras que será un multidiscurso aquella estructura arbórea de la información en la que cada uno de los itinerarios posibles constituya un discurso diferenciado y coherente. La noción de discurso interactivo define un tipo concreto de relaciones entre lexias de los muchos que se pueden dar gracias a la interactividad.

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Anàlisi 32, 2005 147-161 A propósito del discurso interactivo Claudia Rausell Köster Universidad de Alicante [email protected] Resumen La noción de discurso interactivo o multidiscurso interactivo se aplica a los diferentes itinerarios de lectura propuestos por un emisor a través de enlaces que conectan una secuencia de lexias en los medios y soportes interactivos. Se argumenta la idoneidad del término, al ser el discurso un tipo de mensaje lineal que estructura la información en la cadena temporal, es coherente y puede referir a mensajes sonoros —orales o musicales—, visuales —escritos o con imágenes— o audiovisuales. Se considera discurso cada uno de los itinerarios de lectura que construya un todo coherente donde el sentido global y el de sus partes sea interdependiente, mientras que será un multidiscurso aquella estructura arbórea de la información en la que cada uno de los itinerarios posibles constituya un discurso diferenciado y coherente. La noción de discurso interactivo define un tipo concreto de relaciones entre lexias de los muchos que se pueden dar gracias a la interactividad. Palabras clave: discurso, multidiscurso, interactividad, hipertexto, lexia, enlace, hipermedia, linealidad, optatividad, lectura. Abstract. About the interactive discourse The notion of interactive discourse or interactive multi-discourse is applied to the different itineraries of a reading process proposed by a speaker through links that connect a sequence of lexies in an interactive media or medium. The suitableness of this term is shown by the fact that discourse is a type of linear message that structures the information in the temporal chain, is coherent, and can refer either to audible messages: oral or musical, visual: written or through images, or audiovisual messages. We will consider discourse each of the itineraries of a reading process that constructs a coherent whole where the global sense and those of its parts are interdependent, while a multi-discourse will be that arboreal structure of the information in which each of the possible itineraries constructs a differentiated and coherent discourse. The notion of interactive discourse defines a concrete type of relationship between lexies among many others that could be established thanks to interactivity. Key words: discourse, multi-discourse, interactivity, hipertext, lexia, link, hipermedia, linearity, eligibility, reading. Sumario 1. Introducción Últimamente, se ha publicado una ingente cantidad de obras que abordan el fenómeno de Internet, los videojuegos y otros mensajes interactivos, desde disciplinas y puntos de vista muy diversos: publicaciones que abordan la nueva arquitectura discursiva desde una perspectiva lingüística o textual1o que estudian las características de un tipo de discursos concretos —el periodismo digital, la publicidad en Internet, la radio en Internet, el guión multimedia, el relato hipermedia y un largo etcétera2—, lo que ha provocado una gran proliferación y confusión terminológica. Curiosamente, para aludir a este conjunto de mensajes, se han impuesto los conceptos de hipertexto, hipermedia, multimedia, relegando a un segundo plano el de discurso o discurso interactivo. En estas líneas quisiéramos argumentar la idoneidad de rescatar el concepto de discurso interactivo para aludir a aquellos itinerarios de lectura propuestos por un emisor mediante enlaces capaces de crear un todo coherente, en mensajes vehiculados a través de medios y soportes interactivos. 2 . A propósito de la noción de discurso En primer lugar, deberíamos plantearnos si es posible utilizar el término discurso para dar cuenta de este nuevo tipo de mensajes en el que confluyen lo verbal (escrito u oral) con lo visual o audiovisual y que además incorporan la interactividad. Éste, aunque procedente de la lingüística3, ya ha demostrado su efectividad para adaptarse y reciclarse a otros entornos como son la comunicación audiovisual. El concepto de discurso se emparenta con el de texto, con el que comparte ciertas características comunes y que curiosamente ha sido plenamente aceptado en estos nuevos entornos, lo que ha generado interesantes debates en torno a la noción de hipertexto. Sin embargo, son precisamente las caracterís1. Introducción 2. A propósito de la noción de discurso 3. A propósito de la interactividad 4. El discurso interactivo 5. Estructuras de los discursos interactivos 6. Referencias bibliográficas 148 Anàlisi 32, 2005 Claudia Rausell 1. Obras como Teoría del hipertexto (1997), e Hipertexto: La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología (1995), de George P. Landow. 2. Como, por ejemplo, El guión multimedia (2002), de Bou Bouzá, o Periodismo en internet (1999) o Periodismo electrónico multimedia, de Javier Díaz Noci, u obras que abordan más concretamente la narración, como Hamlet en la Holocubierta, de Janet H. Murray (1999), o las dos obras de Isidro Moreno: Musas y nuevas tecnologías (2002) y La narrativa audiovisual publicitaria (2003). 3. BENVENISTE, E. (1971). Problemas de lingüística general. ticas distintivas del discurso, que lo diferencian con respecto al texto, las que consideramos que lo hacen especialmente apto para dar cuenta de los mensajes que implican interactividad. Simplificando mucho, años y años de debate teórico, podríamos decir que ambos aluden a un conjunto de mensajes creados o emitidos con fines comunicativos (ya veremos más tarde que esto último no es del todo cierto en los textos) que forman una unidad superior con coherencia y sentido autónomo. Pero si el término discurso subraya la relación entre el emisor y el mensaje, y hace, hasta cierto punto, depender el sentido del contexto y de la intención comunicativa del emisor; el concepto de texto subraya la relación del mensaje con el receptor, y hace depender el sentido del mismo de su coherencia interna y de la capacidad interpretativa del receptor (pudiendo incluso considerar como texto un conjunto de signos que no fueron creados con fines comunicativos). En un sentido amplio, se entiende como discurso todo enunciado (del tipo que sea: verbal, visual etc.) efectivamente producido y emitido. Advertimos que el término discurso se utiliza para aludir a enunciados o mensajes que tienen una duración temporal, es decir, que se producen, se transmiten y se reciben en la cadena temporal, como en el caso de los mensajes orales o audiovisuales. Así, llevándolo al extremo, la parrafada pronunciada por Chaplin en el Gran Dictador, que a pesar de tener una fonética que suena a perfecto alemán es totalmente ininteligible a excepción de la palabra sauerkraut, sería un discurso, así como hablamos en el lenguaje corriente del discurso televisivo, político, etc. Pero, en un sentido más restringido y siendo un poco más precisos, cabría añadir que para que el discurso sea coherente, tenga significado y sentido, tiene que combinar una serie de elementos inteligibles (signos) y disponerlos en un orden determinado. A pesar de que este concepto de coherencia no es fácil de definir y ha hecho correr mucha tinta, podríamos simplificar diciendo que tiene coherencia un texto o discurso en el que, desde un punto de vista semántico, el sentido global y de cada una de sus partes es interdependiente4. En el discurso, el sentido necesariamente se articula ordenando los distintos elementos en la cadena temporal, mientras que en el texto el sentido puede articularse tanto sobre el eje temporal como sobre el espacial (como en el caso de los textos visuales). El término discurso parece especialmente apto para reciclarse a estos nuevos entornos interactivos, puesto que la propia interactividad, el mero hecho de saltar de un nexo a otro, ya implica una duración, estructuración y ordenación temporal de la información. Pero para ello tenemos que abordar previamente el concepto de linealidad. Empezaremos diciendo que, básicamente, la línea es la expresión visual con la que representamos la continuidad o sucesividad temporal de los distintos elementos, por lo que la linealidad se aplica a diversos aspectos del mensaje. Esa continuidad temporal puede referirse tanto al discurso como a la historia A propósito del discurso interactivo Anàlisi 32, 2005 149 4. Tal y como la entiende Lozano en Análisis del discurso (1999). o argumento que ese discurso5transmite: 1) puede referirse al proceso de emisión o recepción de dicho discurso, y así decimos que el lenguaje oral y escrito es lineal, puesto que requiere de un orden y duración en el flujo temporal para su lectura; 2) pero también alude a la continuidad temporal o lógica que atribuimos al contenido de ese discurso, sea una historia, como en el caso del discurso narrativo (decimos que un relato tiene linealidad temporal a pesar de que empiece contando el final de la historia y contenga muchas elipsis), o sea una serie lógica de ideas articuladas a través de un argumento. En este segundo caso, la linealidad no atañe únicamente a la sucesividad temporal del orden del discurso, sino también al principio de causalidad que ordena los distintos fragmentos del contenido: las acciones de una historia o las premisas y conclusiones de un silogismo o demostración matemática. La linealidad efectivamente implica una estructuración jerárquica en la cadena temporal de los elementos del discurso, la historia o argumento, pero su ausencia no implica necesariamente falta de estructura, jerarquía o significación. Podemos estructurar la información (y ahora ya no lo llamo «discurso») espacialmente: en un cuadro o fotografía otorgamos distinta significación e importancia a la figura o al fondo; a las figuras centrales o laterales; a las detalladas o simplemente esbozadas; al campo o a lo que está fuera de campo; etc. En este caso, el autor también dispone los elementos previendo un orden de lectura determinado (de izquierda a derecha y de arriba a abajo), pero este orden puede ser alterado por el espectador sin que por ello pierda sentido el mensaje (a no ser que se trate de una pintura narrativa, tal y como apunta Gubern6). Esta estructura permite un orden de lectura más libre, pero no menos dirigista y jerarquizada. Cabría, no obstante, matizar que en realidad toda lectura es lineal, puesto que descodificamos los distintos elementos progresivamente a lo largo del tiempo incluso cuando miramos un cuadro, pero la diferencia estriba en si el mensaje, para tener sentido, requiere un recorrido de lectura determinado o no. En función del tipo de lenguaje utilizado, se distinguen los mensajes lineales (cuya coherencia requieren de un orden de lectura), como por el ejemplo el lenguaje verbal; de los no lineales, como pueda ser una imagen fija. Los primeros, además, se subdividirán en mensajes lineales de flujo continuo, que requieren un ritmo y un tiempo determinados y preestablecidos de recepción para su correcta lectura (visionado o escucha), como por ejemplo el discurso oral, musical o audiovisual (con imagen en movimiento); o de flujo discontinuo, como el discurso verbal escrito. Atendiendo a su contenido y en función del modo7del discurso, serán lineales la narración, la argumentación, la explicación y el diálogo, mientras que no lo será la descripción. 150 Anàlisi 32, 2005 Claudia Rausell 5. Aplicando la distinción entre historia y discurso expuesta por Chatman en Historia y discurso (1990). 6. En el capítulo «La narración icónica con imágenes fijas», en La mirada opulenta, Román Gubern (1987). 7. Según terminología de Calsamiglia (1999, p. 269-323). 3. A propósito de la interactividad En segundo lugar, cabría distinguir entre interacción e interactividad, términos que a menudo se confunden o se usan indistintamente. Para ello, empezaremos hablando de los medios y de los soportes interactivos. Los discursos y textos pueden vehicularse a través de medios de comunicación —televisión, radio, Internet, teléfono— o soportes —papel impreso (libros, periódicos), CDRom, DVD— algunos de los cuales requieren, además, de ciertos aparatos —ordenador con lector de CDRom, lector de CD, vídeo DVD, videoconsola— para ser consumidos. Los medios de comunicación pueden ser unidireccionales —televisión, radio— o bidireccionales —teléfono, Internet— es decir, que permiten que el receptor se convierta en emisor de información (que le llega a alguien). Sólo los medios de comunicación bidireccionales permiten la interacción (relación entre personas). Tanto los medios de comunicación bidireccional como algunos aparatos que permiten la manipulación de los contenidos de ciertos soportes son o pueden ser interactivos. El disco CDRom, la cinta de DVD o el videojuego, en tanto que objetos o soportes, no son en sí mismos interactivos, es interactiva la videoconsola y el ordenador. La interactividad se define como la actividad (física) requerida por parte del receptor para la recepción del mensaje en la interrelación entre el hombre y la máquina que implica necesariamente una ampliación del campo de elección del receptor. Existen muchos grados de interactividad potencial en función del medio o soporte. Un libro, un periódico o la televisión tienen que ser expresamente abiertos o encendidos por el receptor para ser consumidos. El receptor opta por consumir o no consumir dicho producto. Pero si el televisor emite muchos canales o el periódico tiene muchas noticias, el receptor amplía su optatividad. En los discursos transmitidos a través de medios de flujo continuo, es el emisor quien decide el momento de su emisión y recepción, el orden del discurso e incluso su duración. Un espot televisivo se emite en un momento concreto del día, tiene una duración determinada y en su interior la información se dispone siguiendo un orden preestablecido por el realizador. Sin embargo, los discursos vehiculados a través de Internet y otros soportes interactivos ofrecen la posibilidad de elegir el mensaje, el momento, y, en algunos casos, el orden y la duración o el ritmo de la lectura del mismo. La información en televisión se transmite vía cable o antena de forma unidireccional y colectiva a todos los hogares, mientras que en Internet la información viaja a través del cable o el hilo telefónico en los dos sentidos, de forma individualizada y bajo demanda. La interactividad que permite un medio o un soporte estará, pues, necesariamente en función de la pluralidad de mensajes disponibles entre los que optar y, por tanto, de una máquina o aparato capaz de gestionar la información a través de estructuras arbóreas. La interactividad de un discurso dependerá del grado de actividad que ese determinado discurso ofrece y requiere entre el usuario y la máquina, A propósito del discurso interactivo Anàlisi 32, 2005 151 propia o ajena (como en el caso de Internet), en contacto, entendiendo actividad como acción o actividad física por parte del usuario y del sistema. Y especificamos «actividad física». Ya en 1979, Umberto Eco, en Lector in fabula, alertaba sobre la necesaria cooperación del lector en la comprensión de un discurso o relato, rechazando la supuesta pasividad del lector y advirtiendo de la actividad mental que todo lector o espectador realizaba para completar la información sugerida e inferir la continuación del discurso o relato. Aproximación que, en el ámbito cinematográfico, han defendido con especial ahínco autores como Bordwell y Branigan. Esta actividad mental del lector que realiza presuposiciones e imagina consecuencias etc., sin embargo, no se traduce en ninguna actividad física o reacción motora, ni tampoco se transmite o se comunica al sistema emisor, por lo que no tiene ninguna consecuencia, ni provoca ninguna variación en la emisión del mensaje posterior. Segundo aspecto: actividad física por parte del usuario y del sistema. En la interactividad, se trata de una interrelación entre el hombre y la máquina. Esto se distingue de la interacción que define la relación de intercambio bidireccional entre dos sujetos humanos efectivamente existentes. En un correo electrónico, conversación telefónica o chat hay interacción entre individuos mediada por la tecnología. En el mando a distancia de la tele, en las videoconsolas o en cualquier ordenador, trabaje con información almacenada localmente en su disco duro o en su lector de CDRom, o trabaje con información ajena almacenada en otro ordenador a través de intranet o Internet, hay o puede haber interactividad. Ahora bien, que el medio o el aparato que permite manipular el soporte permita la interactividad no implica que todos los discursos que se vehiculan a través de ellos se sirvan de esta cualidad y sean interactivos. La interactividad en los discursos dependerá de las elecciones que se le ofrezcan al espectador lector: a) que pueda elegir el momento de lectura; b) que pueda variar el orden de lectura del discurso; c) que pueda elegir entre distintos discursos o distintas porciones de discurso, i d) que pueda elegir el ritmo de lectura. Todos los medios y aparatos interactivos permiten la primera opción: elegir el momento de lectura. La segunda opción depende del tipo de discurso: podrá variar el orden de lectura si se trata de un discurso descriptivo, pero no sí es narrativo, argumentativo, dialogado o explicativo. La última opción dependerá del tipo de lenguaje utilizado. La opción c) dependerá de la interactividad que plantee el propio discurso o multidiscurso concreto. 4. El discurso interactivo A simple vista, podría parecer que un mensaje incluido en un medio o soporte interactivo se convertirá en mensaje interactivo desde el momento en que estructure la información en árbol e incluya menús con enlaces, nexos o links que secuencien temporalmente la información, y hasta cierto punto así ha sido 152 Anàlisi 32, 2005 Claudia Rausell interpretado por algunos teóricos como Landow8, aunque aluden a ello con el término de hipertexto. Pero volvamos a retomar una de las características del discurso, que comparte con el texto y que apuntábamos más arriba: su coherencia. Aspecto sobre el que se ha hecho poco hincapié o ha sido totalmente obviado por la mayoría de los teóricos. Landow denomina hipertexto a toda la estructura de la información a través de enlaces que se da en Internet, sin distinguir si estos enlaces crean un todo coherente o no. Si bien el término fue acuñado por Theodor H. Nelson en 1965 y reformulado en 1987, dentro del campo de la teoría literaria Genette denomina hipertextualidad a la relación que une un texto B (el hipertexto) a un texto anterior A (su hipotexto) sobre el que el primero se injerta o se ancla en un nivel macroestructural. La hipertextualidad afecta a todo el texto y lo condiciona enteramente, al remitir a un modelo hipotextual que está en su base. La hipertextualidad genettiana pone en relación dos textos alejados temporalmente, pero su concepto de hipertexto sigue remitiendo a un texto dominado por la coherencia, mientras que el concepto de hipertexto de Nelson y Landow subraya la relación o conexión entre los dos textos alejados espacialmente pero que no necesariamente forman un todo coherente. Sin querer entrar en el debate en torno a la propiedad de la utilización de los términos texto o hipertexto, lo cierto es que no todos los mensajes que secuencian temporalmente la información a través de enlaces construyen discursos, entendidos como mensajes coherentes donde el sentido global y el de sus partes es interdependiente. Sólo constituirá discurso aquella secuencia de lexias9(que no tienen por qué constituir textos o discursos coherentes ni tener sentido autónomo), estructuradas a través de páginas web o pantallas, que guarden entre sí una relación de interdependencia, sea de inclusión o de causalidad o sucesividad. Es aquí donde la noción de discurso demuestra su operatividad, siendo evidentemente algo construido por el proceso de lectura del usuario pero supeditado a la labor estructuradora del emisor. Así, un emisor (el responsable de un site, por ejemplo) puede estructurar la información planteando itinerarios de lectura que construyan un discurso coherente, e incluso proponerle al usuario en un momento dado la visita a otra sede, por ejemplo: un enlace optativo al diccionario enciclopédico para clarificar un concepto. El itinerario propuesto por el emisor primero, que prevé que se consulte el vocablo en cuestión y se vuelva a su sede para continuar con su emisión, constituye un discurso, no así el itinerario errático que podría llevar a cabo el usuario, que, una vez en el diccionario enciclopédico y curioseando en los conceptos adyacentes, cambia de objetivo y desde aquí enlaza con otra página diferente. La visita del primer vocablo está contemplada por la intención comunicativa del emisor (porque, si no, no A propósito del discurso interactivo Anàlisi 32, 2005 153 8. Véanse las obras Hipertexto y Teoría del hipertexto, de Landow. 9. Entendiendo lexia como unidad de lectura tal y como la concibe Barthes (1970) en su obra S/Z. hubiera colocado el enlace), la visita de los vocablos adyacentes y de los enlaces que estos proponen no lo está. La secuencia de páginas webs o pantallas relacionadas por un mismo emisor pueden constituir un único discurso lineal y coherente o lo que denomina - remos un multidiscurso, en el caso de que, partiendo de una pantalla o página web con una estructura arbórea, todas y cada una de las secuencias posibles de páginas web o pantallas constituyan un discurso diferenciado, lineal y coherente. El grado de interactividad de un discurso es proporcional a su capacidad para fragmentarse en unidades de lectura menores dotadas de significado y sentido, es lo que Barthes denomina lexias. El término de lexia hace referencia a una unidad de lectura, un fragmento de discurso que, además de significado y sentido, tiene unidad no sólo temática, sino también formal, constituida tanto por la proximidad física (un fragmento de una página web), como por la proximidad virtual (gracias a un enlace). La frase en el discurso verbal (oral o escrita) y el plano en el discurso audiovisual (con imagen en movimiento), no son segmentables en lexias menores inteligibles dotadas de significado, por lo que, lógicamente, se limita el abanico de optatividad y por tanto de interactividad. Diríamos que el orden de los factores sí altera el producto. El orden de las palabras de la frase no se puede alterar, así como tampoco el orden de los fotogramas de un plano con imagen en movimiento. Los planos y las frases se pueden combinar configurando unidades sintácticas mayores dotadas de coherencia y sentido, creando escenas y párrafos cuya combinación con otras escenas o párrafos configuran una unidad mayor o simplemente se pueden amontonar sin ningún orden ni concierto. Sólo en el primer caso conformarán discursos. Que las lexias mínimas dotadas de significado y sentido en el discurso verbal sea la frase, y en el discurso audiovisual, el plano, no impide, sin embargo, que no podamos articular un discurso a partir de una estructura arbórea con links o enlaces sobre segmentos todavía más pequeños como pueda ser una sola palabra o icono a los que obviamente les atribuimos un significado y sentido. Significado y sentido que, lógicamente, también proviene del contexto discursivo en el que se inserta, aunque este contexto discursivo no se encuentre tan próximo espacial o temporalmente como en el caso de la frase o el plano y pueda estar constituido por la secuencia de los términos de los que pende, se encuentren éstos en la misma página web o pantalla o en otras anteriores. Diríamos que el enlace adquiere significado y sentido al insertarse dentro de una lexia o unidad de lectura, que puede articularse espacial o temporalmente. Esta dependencia del sentido del enlace del contexto discursivo es todavía mayor cuando se trata de imágenes, todavía más polisémicas. El término link («nexo» o «enlace») hace referencia simplemente a una cualidad tecnológica: se trata de un botón, vocablo, imagen, frase etc., que, al ser activado por el teclado o el ratón, sea por la mera presencia del ratón o pulsando, te reenvía a otra parte del mensaje o a otro discurso. Advertimos, no obstante, que la estructura en árbol, incluso la mera presencia de una sola página web o pantalla con un menú de opciones, sean estas opcio154 Anàlisi 32, 2005 Claudia Rausell nes verbales o visuales, implica una estructura espacial y por tanto no necesariamente temporal de la información, característica que le atribuíamos a los textos visuales. Sólo lo consideraré como discurso si me impone un orden de lectura determinado, por ejemplo: a) si alberga un discurso verbal lineal (el BOE en PDF), o b) si se trata de un esquema donde de una serie de palabras del menú situado a mi izquierda o en la parte superior pende una serie de vocablos relativos a esa opción, puesto que me obligará a leer necesariamente de izquierda a derecha, o de arriba abajo según sea el caso, aunque este orden sólo imponga la lectura previa del término englobante sobre el englobado y no afecte a toda la serie de elementos englobados en un mismo epígrafe que podría leer y colocar en cualquier orden o incluso ignorar; o c) si se trata de un diagrama que puede marcar recorridos de lectura de los distintos términos de lo más variopintos. Una sola página web o pantalla de videojuego que no albergue movimiento puede considerarse como discurso o como texto en función de como estructure la información. Esto significa que la serie de elementos que constituyen una imagen o un enunciado icónico, o la serie de elementos que constituyen un paradigma en un menú de opciones alternativas, no componen un discurso en su conjunto, puesto que no imponen un orden de lectura determinado, pero cada uno de ellos puede perfectamente formar parte de un discurso o multidiscurso que se ha iniciado en la opción superior y se continua en los submenús siguientes, bifurcándose en tantos discursos diferentes como opciones disponibles existan. Así pues, una sucesión de páginas web o de pantallas de un vídeojuego asociadas con un enlace, cambie un sólo elemento o todo el decorado, es decir que incluyan interactividad, tiene vocación de convertirse en discurso o multidiscurso, puesto que implican una secuencialización temporal de la información, aunque para ello deberán cumplir además con el requisito de la coherencia. Adelantemos que no sólo la interactividad, sino también la incorporación de la imagen en movimiento, tiene vocación discursiva. 5. Estructuras de los discursos interactivos Decíamos que los distintos discursos pueden ser más o menos interactivos en función del abanico de variables y alternativas que ofrecen al usuario. En ciertas ocasiones, el abanico de posibilidades es tan amplio que el usuario tiene la impresión de poder transformar o incluso construir el mensaje según sus gustos y preferencias. En este sentido, Isidro Moreno10 distingue entre tres grados de participación del usuario: participación selectiva, participación transformativa y participación constructiva. Pero lo cierto es que en todos los casos el usuario no hace más que elegir (o sea, seleccionar) entre una gama más A propósito del discurso interactivo Anàlisi 32, 2005 155 10. En Musas y nuevas tecnologías (2002).