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Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet

Domínguez Bilbao, Roberto; García-Dauder, Silvia

Abstract

La historia de la ciencia ni es lineal ni transparente, aunque la cita reiterada de determinadas obras y autores los convierte en hitos que dan la apariencia de linealidad y transparencia. En el ámbito que nos ocupa, el de la perspectiva psicosocial del conflicto en las organizaciones, cualquier persona interesada en el mismo reconocería como hitos las aportaciones de Morton Deutsch (1969, 1973), Kenneth E. Boulding (1964), Kenneth W. Thomas (1976, 1992) o las más recientes del interesante grupo de profesores holandeses nucleados en torno a Evert van de Vliert (1998) y hasta integraría con facilidad a sociólogos como Louis Coser (1956, 1967) o Ralph Dahrendorf (1959)1. E incluso se puede encontrar una cierta linealidad que muestra cómo el conflicto inicialmente es tratado como un elemento negativo en las organizaciones (las perspectivas de la sociología funcionalista y de la organización científica del trabajo son claros ejemplos), para centrarse posteriormente en la causalidad debida a elementos disfuncionales (individuos, grupos o funciones -comunicación principalmente-), para más adelante considerar las posibles bondades del conflicto, y recientemente aceptar el conflicto como un elemento más de las organizaciones. Este relato da una coherencia a los esfuerzos en la comprensión del conflicto en las organizaciones que nos la muestra como si hubiese sido el resultado de una comunidad relativamente pequeña de investigadores, que se asombran, con una cadencia temporal relativamente constante, de las intuiciones geniales de uno de los compañeros del grupo que hace progresar el conocimiento del ámbito de estudio. Poco hay que explicar a cualquier persona cercana al ámbito académico de la inconsistencia de tal relato, aunque quizá tenga su valor didáctico mostrándose como una suerte de "historia del conflicto en las organizaciones contada a los alumnos". En un siglo de esfuerzos intelectuales, ha estado implicado un número literalmente incontable de personas. Algunas, pocas, de esas personas son conocidas. Tras ellas permanecen todas las demás, algunas de las cuales tienen un merecido anonimato por la falta de aportaciones significativas, pero otras han caído en un injusto e inexplicable olvido. Mary Parker Follett merece un análisis en profundidad de su obra y un lugar entre los referentes de la ciencia social. En este artículo vamos a centrarnos en una pequeña obra suya, que adoptó a veces la forma de artículo y otras la de conferencia, y en la que aborda de forma explícita la gestión del conflicto en las organizaciones, aunque sus intereses desbordan con mucho este ámbito tan restringido2. Además, y precisamente por las dimensiones de su olvido y desconocimiento como científica social, hemos incluido una breve referencia a su vida y obra con el objetivo de contextualizar tanto el texto que hemos traducido como el excepcional reconocimiento que tuvo entre sus contemporáneos.

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Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) ISSN: 1578-8946 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao [email protected] Silvia García Dauder [email protected] Universidad Rey Juan Carlos Facultad de Ciencias de la Comunicación y del Turismo La historia de la ciencia ni es lineal ni transparente, aunque la cita reiterada de determinadas obras y autores los convierte en hitos que dan la apariencia de linealidad y transparencia. En el ámbito que nos ocupa, el de la perspectiva psicosocial del conflicto en las organizaciones, cualquier persona interesada en el mismo reconocería como hitos las aportaciones de Morton Deutsch (1969, 1973), Kenneth E. Boulding (1964), Kenneth W. Thomas (1976, 1992) o las más recientes del interesante grupo de profesores holandeses nucleados en torno a Evert van de Vliert (1998) y hasta integraría con facilidad a sociólogos como Louis Coser (1956, 1967) o Ralph Dahrendorf (1959)1. E incluso se puede encontrar una cierta linealidad que muestra cómo el conflicto inicialmente es tratado como un elemento negativo en las organizaciones (las perspectivas de la sociología funcionalista y de la organización científica del trabajo son claros ejemplos), para centrarse posteriormente en la causalidad debida a elementos disfuncionales (individuos, grupos o funciones –comunicación principalmente-), para más adelante considerar las posibles bondades del conflicto, y recientemente aceptar el conflicto como un elemento más de las organizaciones. Este relato da una coherencia a los esfuerzos en la comprensión del conflicto en las organizaciones que nos la muestra como si hubiese sido el resultado de una comunidad relativamente pequeña de investigadores, que se asombran, con una cadencia temporal relativamente constante, de las intuiciones geniales de uno de los compañeros del grupo que hace progresar el conocimiento del ámbito de estudio. Poco hay que explicar a cualquier persona cercana al ámbito académico de la inconsistencia de tal relato, aunque quizá tenga su valor didáctico mostrándose como una suerte de “historia del conflicto en las organizaciones contada a los alumnos”. En un siglo de esfuerzos intelectuales, ha estado implicado un número literalmente incontable de personas. Algunas, pocas, de esas personas son conocidas. Tras ellas permanecen todas las demás, algunas de las cuales tienen un merecido anonimato por la falta de aportaciones significativas, pero 1 La enumeración no tiene ni la más mínima pretensión de exhaustividad ni de sistematicidad, simplemente son algunos nombres referenciales cogidos al azar de la breve historia de la literatura (psico)social del conflicto. La acumulación de autores significativos en el campo exigiría un tratamiento muy extenso (Weber, Lewin, Touzard, Mayo, Rahim, Bonoma, Bercovitch, Walton, Rubin, Pruitt, Carnevale, Ury, Kruglanski, Lewicki, Coleman, de Dreu, etc., etc., etc.) 1 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder otras han caído en un injusto e inexplicable olvido. Mary Parker Follett merece un análisis en profundidad de su obra y un lugar entre los referentes de la ciencia social. En este artículo vamos a centrarnos en una pequeña obra suya, que adoptó a veces la forma de artículo y otras la de conferencia, y en la que aborda de forma explícita la gestión del conflicto en las organizaciones, aunque sus intereses desbordan con mucho este ámbito tan restringido2. Además, y precisamente por las dimensiones de su olvido y desconocimiento como científica social, hemos incluido una breve referencia a su vida y obra con el objetivo de contextualizar tanto el texto que hemos traducido como el excepcional reconocimiento que tuvo entre sus contemporáneos. 1. Mary Parker Follett (1868-1933): notas biográficas Mary Parker Follett nació en 1868 en Quincy, Massachusetts. Estudió en la Thayer Academy donde conoció a una de las personas que más influyó en su vida, y muy especialmente en su inquietud intelectual y en sus intereses por la filosofía y la historia: su profesora y amiga Anna Boynton Thompson. Más tarde, estudió en el Anexo de la Universidad de Harvard, una institución creada como consecuencia de las políticas discriminatorias de dicha universidad que se negaba a admitir a mujeres como estudiantes oficiales (García Dauder, 2005). En el Anexo, las estudiantes recibían de forma informal una educación universitaria equivalente en contenidos a la de los varones e impartida por los mismos profesores3. Allí estudió fundamentalmente cursos de historia y ciencia política bajo la tutorización del prestigioso historiador Albert Bushnell Hart, quien animó a Follett a investigar con fuentes originales el tema que más tarde se convertiría en su primer libro. Sus seis años en Radcliffe fueron interrumpidos por un año en Inglaterra (invitada por Anna Thompson), en Newnham College (Cambridge) –1890-91-, donde Follett no sólo complementó sus estudios de historia política, sino que además adquirió una experiencia que reforzaría su seguridad y madurez (Henry Metcalf y Lyndall Urwick, 1941). Follett se graduó por Radcliffe en 1898 con summa cum laude. Dos años antes, en 1896, ya había publicado su impresionante investigación The Speaker of the House of Representatives, un meticuloso estudio basado en registros de las sesiones, en documentos y en entrevistas personales donde analizaba los procesos legislativos y las formas efectivas de poder e influencia de los presidentes de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. En un tiempo donde ni siquiera estaba reconocido el sufragio femenino, la todavía estudiante Mary Parker Follett estaba entrevistando a varios presidentes de la Cámara y conociendo de primera mano el funcionamiento del Congreso de Estados Unidos4. Prueba de ello es que el que más tarde se convertiría en presidente, Theodore Roosevelt, revisó este espléndido trabajo en la American Historical Review afirmando que constituía una lectura indispensable para cualquier estudioso del Congreso (Joan Tonn, 2003). 2 Como se señala más adelante, este texto proviene de una conferencia que impartió Mary Parker Follett en 1925. Un año después apareció en el libro de Henry Metcalf Scientific Foundations of Business Administration. El texto fue recuperado en forma de artículo en 1941 por el propio Metcalf y Lyndall Urwick en Dynamic Administration. The Collected Papers of Mary Parker Follett. Pauline Graham incluye esta última versión en su compilación de textos de Follett Mary Parker Follett. Prophet of Management de 1995. 3 En 1894 recibió el reconocimiento oficial como college segregado de mujeres asociado a la Universidad de Harvard bajo el nombre de Radcliffe College. 4 Gracias en gran medida a los contactos con personalidades eminentes de ambos lados del Atlántico que le facilitó Isobel Briggs, su amiga y compañera afectiva con la que vivió 30 años en Boston y a la que dedicó su libro The Speaker of the House of Representatives. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 2 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder Tras graduarse, Follett concluye sus estudios de doctorado en París. En 1900, de regreso a Estados Unidos, en lugar de iniciar una trayectoria profesional académica, comienza su trabajo comunitario con la formación del “Club de Debate Roxbury”, un club situado en uno de los barrios más pobres y con población inmigrante de Boston y orientado a la formación de jóvenes irlandeses en el debate sobre temas políticos de actualidad. También defendió la idea de que los edificios escolares abrieran y se aprovecharan después del horario escolar, para funcionar como clubs de ocio o estudio, o como oficinas. Su propuesta fue incorporada por el sistema escolar público de Boston en 1917 e imitada por otras ciudades. Durante 25 años, Follett se dedicó al trabajo social en centros comunitarios de Boston, y organizaciones locales y nacionales acudieron a su consejo y orientación. Su experiencia práctica y cotidiana como asesora se combinó perfectamente con su capacidad de observación y análisis, por ejemplo, sobre los procesos grupales, fruto de lo cual surgió su segundo libro en 1918: The New State: Group Organization, the Solution of Popular Government. En dicho libro defendía sus ideas sobre un gobierno democrático basado no en instituciones burocráticas, sino en un “proceso grupal integrador”, por lo que demandaba un mayor estudio de los grupos –y no de las masas-, de la interpenetración –y no de la imitación-, partiendo de que la separación entre el individuo y la sociedad es una ficción y de que el progreso social depende de la continua integración de la diferencia (Tonn, 2003). Su concepción extendida de “lo político” tiene resonancias en planteamientos actuales feministas de filosofía política –desde el lema de Kate Millett de la década de los 70 de “lo personal es político” hasta la distinción de Chantal Mouffe entre “lo político” y “la política”-: «¿Se debería dar a la mujer un lugar en la política? La mujer está en la política; ningún poder bajo el sol puede echarla. Estamos ahora comenzando a reconocer más y más claramente que el trabajo que hacemos, las condiciones de ese trabajo, las casas en las cuales vivimos, el agua que bebemos, la comida que comemos, las oportunidades de educar a nuestros hijos, que de hecho el área completa de nuestra vida diaria debería constituir política. No existe línea donde la vida de la casa termine y la vida de la ciudad comience. No existe un muro entre mi vida privada y mi vida pública.» (Follett, 1918, citado en Tonn, 2003: 180). El libro consagró internacionalmente a Mary Parker Follett y fue revisado en muchas revistas prestigiosas. Dos psicólogos sociales mostraron en sus reseñas un especial interés en el libro como referente del área, James H. Tufts y Charles A. Ellwood: «Una notable contribución a la teoría social y política. No sólo es indispensable para aquellos que desean pensar inteligentemente sobre la reconstrucción política que está evidentemente detrás de nosotros, sino también para todos los que desean un resumen claro de los resultados de la sociología psicológica moderna. En ningún otro trabajo está expuesto el punto de vista sociológico moderno más claramente.» (en Tonn, 2003: 308)5. 5 La reseña de Ellwood apareció en la Amercian Journal of Sociology de 1919. También reconocía que le preocupaba la tendencia de Follett “hacia las afirmaciones paradójicas y extravagantes”, señalando que “aquellos que sienten fuertemente la necesidad de un uso muy preciso de las palabras Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 3 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder A consecuencia del éxito de The New State, Follett fue invitada a participar en comités de arbitraje y de salario mínimo como representante de lo público, y trabajó como orientadora vocacional en el Placement Bureau y en el Vocational Guidance Bureau de Boston, experiencias todas ellas con las relaciones industriales que analizó en su nuevo libro de 1924, Creative Experience. Follett propuso la “experiencia creativa” como la participación activa en un esfuerzo para crear algo nuevo, cuando diferentes intereses se encuentran y se confrontan a través de un proceso de integración (Tonn, 2003). Si Follett defendió y practicó la transdisciplinariedad, igualmente “integró” y dialogó con las diferentes corrientes en auge de la Psicología –el funcionalismo, el conductismo, el psicoanálisis o la gestalt-, siguiendo muy especialmente al filósofo y psicólogo Edwin Bissell Holt, de cuya influencia elaboró tres de sus principales apuestas teóricas: la respuesta circular, la conducta integradora y la situación total (Tonn, 2003). Hemos seleccionado algunos párrafos significativos de Creative Experience para entender mejor su apuesta dinámica y procesual de respuesta circular y su crítica a la noción de “ajuste” a un entorno estático, adverso o por dominar –ambas cuestiones son enunciadas también en el texto que aquí presentamos-: «Veremos que la actividad del individuo solo está en cierto sentido causada por los estímulos de la situación porque dicha actividad está por sí misma ayudando a producir la situación que causa la actividad del individuo. En otras palabras, la conducta es una relación no de “sujeto” y “objeto” como tales, sino de dos actividades. Al hablar del proceso conductual tenemos que abandonar la expresión actuar “sobre” (el sujeto actúa sobre el objeto, el objeto actúa sobre el sujeto); en tal proceso el hecho central es el encuentro y la interpenetración de actividades.» (Follett, 1924; reimpreso en Pauline Graham, 1995: 40). «Nunca te respondo a ti sino a ti-más-mí; o para ser más precisos, es yo-más-tú respondiendo a tú-más-yo. “Yo” nunca puedo influirte a “ti” porque tú ya me has influido; esto es, en el propio proceso de encontrarnos, por el propio proceso de encontrarnos, los dos nos convertimos en algo diferente. Comienza incluso antes de que nos encontremos, en la anticipación del encuentro. (...) La respuesta es siempre a una relación. (...) Mi respuesta no es a un producto cristalizado del pasado, estático para el momento del encuentro; mientras estoy actuando, el entorno está cambiando debido a mi conducta, y mi conducta es una respuesta a la nueva situación que yo, en parte, he creado.» (Follett, 1924; reimpreso en Graham, 1995: 42). Para Follett, el proceso racional de solución de problemas de los pragmatistas era demasiado lineal y artificial. Siguiendo su propuesta de respuesta circular, criticó la separación ficticia entre “pensar” y “hacer” en los procesos de “verificación” y señaló que las hipótesis nunca pueden ser completamente descartadas ya que el propio proceso de plantearlas para verificarlas las ha –y nos hatransformado: en un trabajo científico, indudablemente les repelerá por esta falta en el estilo de la autora”. Sin embargo, a Ellwood personalmente no le molestaba esto, sino todo lo contrario. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 4 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder «No pensamos, y hacemos, y pensamos de nuevo, sino que el pensamiento está estrechamente vinculado con el hacer... la actividad no continúa la actividad que produce, genera nueva energía. (...) Si “mantenemos” una creencia lo suficiente como para testarla, se ha convertido en parte del organismo, del mecanismo interno. No estoy diciendo que por consiguiente tendríamos que “mantenerla” siempre, tan solo que algo ha ocurrido, un verdadero proceso complejo ha tenido lugar, de tal forma que nunca podremos descartar dicha creencia como si fuera algo que nunca se hubiera sostenido.» (Follett, 1924, en Tonn, 2003: 375). Creative Experience tuvo una repercusión excepcional entre sus contemporáneos y sus ideas todavía se utilizan hoy en día, aunque no se reconozca la influencia de su autora: por ejemplo, los procesos de integración descritos por Follett constituyen la base de la denominada perspectiva “ganar-ganar” en la resolución de conflictos, su distinción entre el poder-con y el poder-sobre ha sido utilizada posteriormente por mucho pensadores sociales y su apuesta por la riqueza de la diversidad resuena en tendencias actuales en la teoría organizacional. El libro fue revisado de nuevo por prestigiosos psicólogos sociales del momento, entre otros, Tufts y Ellwood6, que de nuevo reseñaban un libro de Follett, pero también por Gordon Allport y Mary Whiton Calkins –la que fuera doblemente presidenta de la Asociación Americana de Psicología y de Filosofía-. Aunque Allport alababa la tesis original de la “actividad grupal creativa” descrita por Follett, resaltaba que aunque los individuos interactúan en los grupos, también se influencian y el “poder sobre” es más fundamental de lo reconocido por la autora. Su reseña en la Journal of Abnormal and Social Psychology recogía de forma resumida la evidencia experimental que apoyaba el escepticismo de Allport sobre las capacidades creativas de los individuos actuando en grupos: «[Los individuos] son más conservadores en un grupo, su precipitación es mayor, la calidad de sus opiniones probablemente sea más pobre, y la rivalidad (prejudicial para la integración) se despierta sin querer. (...) Será difícil de hecho encontrar salvación en el “entretejimiento inteligente” de intereses, ya que tan pronto como se forma un grupo los factores irracionales y emocionales tienden a dominar la conducta.». (Allport, 1924, citado en Tonn, 2003: 387). No obstante, Allport terminaba reconociendo que el libro era de inestimable valor para aquellos que se enfrentaban diariamente con los conflictos y esperaba que Follett contribuyera más adelante con más estudios sobre el conflicto. En retrospectiva, resulta sorprendente que esta mujer fuera una auténtica pionera en su planteamiento y propuesta de una visión positiva, creativa y enriquecedora tanto de los grupos como de los conflictos –especialmente en el ámbito de las relaciones industrialesen un período en las ciencias sociales de tendencias contrarias. 6 Resaltan de nuevo los elogios de Charles Ellwood en la American Journal of Sociology: «De nuevo demuestra que Miss Follett es seguramente la principal pensadora mujer en los frentes sociales y políticos de nuestro tiempo y quizá la mayor de entre los pensadores filosóficos en el campo de la teoría social de todos los tiempos –un hecho que debería congratular a todos los defensores de la emancipación y educación de las mujeres así como a todos los que buscan el progreso de las ciencias sociales.» (Ellwood, 1924, recogido en Tonn, 2003: 385). Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 5 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder Tras su experiencia pasada como experta en el funcionamiento de la política estadounidense y del movimiento de centros comunitarios, Follett es reconocida ahora como una solicitada asesora de la gestión y administración de empresas. Curiosamente percibía el mundo empresarial, debido a su carácter práctico, como un mundo estimulante y excitante del cual se convirtió en una experta -en un tiempo donde dicho espacio estaba prácticamente cerrado a las mujeres. El Bureau of Personnel Administration de Nueva York, que organizaba conferencias anuales para ejecutivos de empresas e invitaba a prestigiosos oradores para estas ocasiones, reconoció a Follett como experta pensadora de la gestión de empresas. Su director, el profesor de ciencia política Henry C. Metcalf, que había trabajado con Follett a principios de 1900 y conocía sus trabajos, le pidió que diera una serie de charlas sobre “Las bases psicológicas de la administración de empresas” en la conferencia de la BPA de 1925 (Graham, 1995; Tonn, 2003). El texto que hemos traducido aquí fue presentado en enero de dicho año como parte de estas conferencias anuales de la BPA y publicado, junto con otras tres conferencias de Follett que recogían muchas de las ideas de Creative Experience -“The Giving of Orders”, “Business as an Integrative Unity” y “Power”-, en un libro editado por Henry C. Metcalf, Scientific Foundations of Business Administration. En 1927 Metcalf publicó de nuevo en dos libros editados por él –Business Management as a Profession y Psychological Foundations of Business Administrationvarias conferencias dadas por Follett bajo los auspicios de la BPA. Entre otros títulos destacamos aquí “The Meaning of Responsability in Business Management” del primero, y “The Psychology of Control”, “The Psychology of Consent and Participation” y “The Psychology of Conciliation and Arbitration” del segundo libro mencionado. En estas charlas planteó entre otras cuestiones cómo debería ser una empresa para que trabajadores, administradores y propietarios sintieran una responsabilidad colectiva; el método de integración en un período conflictivo y de frecuentes huelgas; el papel del poder en la integración de las diferencias; la participación activa – frente al consentimientocomo un método de “evocar, interactuar, integrar y emerger”; las integraciones creadoras que produce la mediación frente al arbitraje, etc.7 Resulta impresionante imaginarnos a esta mujer dando charlas sobre estos temas en la década de los 20 ¡a una audiencia de ejecutivos de empresas! Como señala Pauline Graham (1995), el hecho de que Follett fuera una outsider que nunca trabajó en el ámbito empresarial le otorgaba su mayor fuerza: como científica política con una gran experiencia práctica en temas públicos y sociales, transmitía a su audiencia empresarial un conocimiento y una visión mucho más amplias y enriquecedoras. Joan Tonn (2003) recoge en su biografía de Follett un evento muy destacable: la organización en Harvard, en 1926, por Follett y su gran amigo Richard Clarke Cabot, del “Seminario de Ética Social”, donde se invitó a un numeroso grupo de intelectuales de diversas disciplinas dentro de las ciencias sociales con el objetivo de promocionar la transdisciplinariedad y, en palabras de Follett, sus “procesos de integración progresiva”. Cuando Follett dio su charla en dicho seminario, desarrollando sus ideas centrales, lo hizo frente a una audiencia que incluía entre otros a Whitehead, Mayo, Ford, Cabot y Lasswell. Resulta interesante la intervención de Mayo que, reconociendo que la investigación industrial estaba pobremente centrada en explicar algunas de las disputas industriales en términos de los efectos de la fatiga, planteó las siguientes preguntas ante la propuesta de “unidad integradora” de Follett: 7 Follett también trató en diferentes charlas y artículos el tema del liderazgo bajo una visión dinámica y relacional, incluyéndolo en un artículo sobre las relaciones profesor-estudiante. Y en un artículo titulado “The Psychiatrist in Industry” fue muy crítica con las aplicaciones de los métodos freudianos en la industria y su tendencia a etiquetar y derivar sus análisis solo de los conflictos internos del cliente sin atender a las influencias externas o relacionales (Tonn, 2003). Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 6 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder «MAYO: ¿Realmente no es más importante la investigación empírica que el principio, ya que en el momento presente no se pude asumir que la interacción conducirá a la unificación y a la emergencia? FOLLETT: Pensé que todo lo que he dicho estaba a favor de la investigación empírica.. MAYO: Me pareció entenderla que suponía que de la interacción emergía la unificación. FOLLETT: Dije que sería inteligente para nosotros aprender el tipo de interacción que conduce a esto, que las investigaciones empíricas de las situaciones sociales me han llevado a pensar que podríamos quizá tratar con una clase de interacción que puede producir unificación... MAYO: (...) realmente creo que no he considerado del todo la clase de problema que ha explicado esta noche. Me gustaría tener más tiempo.» (en Tonn, 2003: 435). En la década de los 30 Follett se trasladó a Inglaterra y se dedicó a estudiar las condiciones industriales inglesas. En 1933 dio sus últimas charlas para el recientemente formado Department of Business Administration en la London School of Economics (de la Universidad de Londres). La tremenda actividad de Mary Parker Follett es mucho más admirable cuando se conoce que tuvo una salud muy débil desde su infancia y frecuentes crisis de “ansiedad”. Siempre se repuso a ellas, hasta su muerte, en diciembre de 1933. Leer su obra en el siglo XXI supone reconocer con sorpresa la actualidad de sus ideas: sobre la integración creativa de diferentes puntos de vista, su perspectiva psicosocial siempre dinámica, procesual y fluida o su idealismo expuesto de forma clara y sencilla sin reñirse con un pragmatismo que celebraba el potencial de los experimentos sociales o de la observación participante en diversas actividades. Al margen de la academia, su transdisciplinariedad sin escrúpulos patrimoniales le llevó a un conocimiento profundo de diferentes disciplinas sociales que aplicó de forma práctica tanto en el campo político, en el comunitario, como finalmente en el ámbito de las relaciones industriales. Releer su obra inevitablemente nos lleva a preguntarnos cuándo y por qué se perdió la memoria de esta brillante mujer reconocida de forma excepcional por sus contemporáneos. 2. Una nueva forma de afrontar el conflicto en las organizaciones Sobre Mary Parker Follett no se han dicho muchas cosas, especialmente a partir de su muerte, pero entre las pocas que se pueden encontrar está la insistencia en su capacidad para anticiparse a propuestas que serán referenciales. Por ejemplo, John Child (1995) en una obra colectiva que significativamente la denomina “profeta del management” (Graham, 1995) señala, solo en el artículo que comenta el texto que traducimos, las siguientes anticipaciones de Follett (Child, 1995: 89 y ss.): • Anticipa el trabajo de Likert y McGregor sobre el liderazgo participativo. • Anticipa el trabajo de la eficacia de los grupos de trabajo de Tom Peters y otros. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 7 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder • Anticipa el análisis de la integración y diferenciación de Lawrence y Lorsch. • Anticipa la “ley de la situación” y el análisis de contingencias. • Anticipa la reconstrucción de posiciones estructurales derivada del concepto de estructuración de Giddens. Sin embargo un desarrollo exhaustivo y pormenorizado de esas “anticipaciones”, y de otras que se podrían añadir, debería abordar la obra en conjunto de Mary Parker Follett para poder diferenciar entre anticipaciones científicas, intuiciones geniales e interpretaciones benévolas del analista. Por ello hemos optado por reordenar desde la perspectiva de principios del siglo XXI lo que se escribió a principios de los años veinte del siglo anterior. Las referencias a anticipaciones se reducen a las más llamativas, dejando al lector/a que después de sumergirse en la contemporaneidad de las ideas de este texto –quizá no de su estiloretome la perspectiva histórica del momento en que fue escrito. El estilo de Follett sacrifica el orden riguroso de una exposición sistemática en aras de captar la atención de sus oyentes/lectores. Invirtiendo la prioridad de esos factores podemos identificar dos elementos que articulan su discurso: • Un concepto interaccionista de conflicto. • Una propuesta de gestión del conflicto mediante la integración. Concepto interaccionista de conflicto en las organizaciones Diferencia y deseo Lo primero que sorprende del texto de Follett es que, de entrada, conceptualiza el conflicto como diferencia. Sin embargo, esto es sólo un señuelo para conducirnos a una concepción del conflicto mucho más radical y profunda que es la del conflicto como interacción de deseos. «De entrada me gustaría pediros que estéis de acuerdo por el momento en pensar el conflicto como algo ni bueno ni malo; considerarlo sin prejuicio ético; considerarlo no como una guerra, sino como la aparición de una diferencia, diferencia de opiniones, de intereses. Porque eso es lo que significa el conflicto: diferencia». «Si deseamos hablar de conflicto en el lenguaje de la psicología contemporánea, podemos llamarlo un momento en la interacción de deseos. De esta forma le quitamos cualquier connotación de bueno o malo». La diferencia con todo el planteamiento que se ha hecho respecto al concepto del conflicto es patente. Quizá las dos definiciones de conflicto más utilizadas en el ámbito sean las incluidas en los dos grandes manuales de Psicología de las Organizaciones: «[El conflicto] es el proceso que comienza cuando una parte percibe que la otra afecta negativamente o está próxima a afectar negativamente a algo que le concierne» (Thomas, 1992: 653). Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 8 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder «Se dice que dos individuos, un individuo y un grupo o dos grupos están en conflicto en tanto que al menos una de las partes siente que está siendo obstruido o irritado por la otra» (Van de Vliert, 1998: 351). Un breve análisis de las definiciones ortodoxas nos muestra que el concepto del conflicto se asienta sobre dos elementos: a) el carácter negativo del comportamiento -potencial o efectivode una de las partes, o de su presencia –o de su ausencia-, respecto a la otra; y b) la perspectiva de cada una de las partes como puntos de vista insoslayables e irrebasables. Hay algún matiz entre las definiciones (percibir frente a sentir, afectar frente a ser obstruido o irritado), pero ambas coinciden en ubicar el conflicto como un elemento de desajuste cognitivo en la interacción entre las partes. La definición de Follett es algo más compleja. La muestra en un doble paso: 1) una diferencia, 2) un momento en la interacción de deseos. El uso del término deseo no deja de llamar la atención en el momento actual. Es un término relegado a propuestas heterodoxas, normalmente con alguna raíz de tipo psicoanalítico. En el momento en que Follett escribe también es clara la influencia psicoanalítica «La palabra clave de la psicología hoy en día es deseo». «Todos nosotros creemos en cierta medida en la ‘sublimación’ de Freud». Solo que entonces no se asociaba a posturas heterodoxas. Follett habla con un estilo peculiar, pero dentro de la ortodoxia necesaria para dirigirse a directivos de empresa, un público poco dado a innovaciones heterodoxas. Si tratamos de actualizar el término deseo, para referirnos a lo que en caso de desacoplamiento entre varios produzca un conflicto, no encontramos un término equivalente. Por un lado, los deseos son los intereses y objetivos de las partes, pero, por otro, reducir deseo a sus componentes cognitivos parece una simplificación inadecuada. Una persona o un grupo (una parte en un conflicto) puede formular con mayor o menor precisión sus objetivos e intereses, pero con frecuencia los deseos incluyen elementos netamente emocionales que escapan a la objetivización del lenguaje. Pero la separación entre cognición y emoción en los deseos tampoco parece satisfactoria. Por ejemplo, van de Vliert y sus colaboradores (De Dreu y Van de Vliert, 1997) distinguen entre elementos cognitivos y socioemocionales en el ámbito del conflicto y enfatizan la necesidad de distinguir entre ambos para potenciar los primeros y minimizar los segundos, como si fuesen componentes distintos y no facetas integradas de un mismo elemento. La propuesta de Follett no diferencia entre aspectos cognitivos y emocionales8, por lo que se deduce que en su uso del término deseo se entreveran los aspectos cognitivos y emocionales de forma radical. Si la propuesta de De Dreu y van de Vliert oscila entre diferenciar tipos de conflicto o aceptarlos como dimensiones del conflicto, la lectura que se podría hacer desde la obra de Follett es que siempre están presentes ambas dimensiones y que, por lo tanto, las propuestas de intensificar un tipo de conflicto deben contemplar, siempre, los efectos en la otra dimensión que también está presente. 8 En línea con el significado estricto de la palabra. En la 22ª edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia se incluye como primera acepción de deseo: “Movimiento afectivo hacia algo que se apetece”, uniendo en la misma definición del término el componente afectivo y el logro de un objetivo. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 9 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder Dahrendorf, Ralph (1959). Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial. Madrid: Rialp, 1979. De Dreu, Carsten K.W. y Van de Vliert, Evert (eds.) (1997). Using conflict in organizations. Londres: Sage. Deutsch, Morton (1969). Conflicts. Productive and destructive. Journal of Social Issues, 25, 7-41. Deutsch, Morton (1973). The resolution of conflict: constructive and destructive processes. New Haven: Yale University Press. García Dauder, Silvia (2005). Psicología y Feminismo. Historia olvidada de mujeres pioneras en Psicología. Madrid: Narcea. Graham, Pauline (ed.) (1995). Mary Parker Follett. Prophet of Management. Washington: Beard Books. Kelly, Hal (1966). A classroom study of the dilemmas in interpersonal negotiations. En K. Archibald (ed.). Strategic interaction and conflict. Berkeley: Univ. of California. Metcalf, Henry C. y Urwick, Lyndall (1941). Dynamic Administration. The Collected Papers of Mary Parker Follett. London: Pitman. Pruitt, Dean G. y Carnevale, Peter J. (1993). Negotiation in social conflicts. Buckingham: Open University Press. Putnam, Linda y Poole, Marshall (1987). Conflict and negotiation. En F. Jablin, L. Putnam, K. Roberts y L. Porter (eds.). Handbook of organizational organization: An interdisciplinary perspective (549-599). Newbury Park, CA: Sage. Putnam, Linda y Poole, Marshall (1987). Conflict and negotiation. En F. Jablin, L. Putnam, K. Roberts y L. Porter (eds.). Handbook of organizational organization: An interdisciplinary perspective (549-599). Newbury Park, CA: Sage. Thomas, Kenneth W. (1976). Conflict and conflict management. En M.D. Dunnette (ed.). Handbook of Industrial and Organizational Psychology (pp. 889-935). Chicago: Rand McNally. Thomas, Kenneth W. (1992). Conflict and negotiation processes in organizations. En M.D. Dunnette & L.M. Houg (eds.). 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Scientific Foundations of Business Administration (114-131). Baltimore: Williams & Wilkins. Traducción: Silvia García Dauder El tema que he escogido para estas conferencias es Las bases psicológicas de la administración de empresas, pero como es obvio que no podemos considerar en cuatro tardes todas las contribuciones que la psicología contemporánea está realizando a la administración de empresas –a los métodos de contratación, promoción y despido, a la consideración de incentivos, a la relación de la motivación con el rendimiento, a la organización de grupo, etc.- he elegido ciertos temas que me parece que se dirigen al corazón de las relaciones personales en la industria. Deseo abordar esta noche la forma más fructífera de tratar el conflicto. De entrada me gustaría pediros que estéis de acuerdo por el momento en pensar el conflicto como algo ni bueno ni malo; considerarlo sin prejuicio ético; considerarlo no como una guerra, sino como la aparición de una diferencia, diferencia de opiniones, de intereses. Porque eso es lo que significa el conflicto: diferencia. No consideraremos solamente las diferencias entre empleador y empleado, sino aquellas entre gerentes, entre los directores en las reuniones de la junta directiva, o en cualquier otro sitio donde aparezca una diferencia. En tanto conflicto –la diferenciaestá aquí en el mundo, como no la podemos evitar, deberíamos, en mi opinión, utilizarla. En lugar de condenarla, deberíamos ponerla a trabajar para nosotros. ¿Por qué no? ¿Qué es lo que hace el ingeniero mecánico con la fricción? Por supuesto su principal tarea es eliminar la fricción, pero también es verdad que capitaliza la fricción. La transmisión de fuerza de las cintas depende de la fricción entre la cinta y la polea. La fricción entre la tracción de la rueda de la locomotora y la vía es necesaria para transportar el tren. Toda limpieza es realizada por fricción. La música del violín se consigue mediante fricción. Abandonamos el estado salvaje cuando descubrimos el fuego mediante fricción. Hablamos de la fricción de la mente sobre la mente como algo bueno. También en la empresa, tenemos que saber cuándo intentar eliminar la fricción y cuándo intentar capitalizarla, cuándo ver qué funciones podemos hacer que haga. Esto es lo que desearía considerar esta tarde, si podemos poner a trabajar el conflicto para que funcione y conseguir que haga algo por nosotros. Existen tres modos principales de tratar el conflicto: dominación, compromiso e integración. La dominación, obviamente, es una victoria de una parte sobre la otra. Esta es la forma más fácil de resolver el conflicto, la más fácil en el momento, pero sin éxito generalmente a largo plazo, como podemos apreciar a partir de lo ocurrido desde la Guerra. La segunda forma de tratar el conflicto, el Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 17 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder compromiso, la entendemos bien, ya que es la forma con la que resolvemos la mayoría de nuestras controversias. Cada parte cede un poco de cara a tener paz, o, hablando más rigurosamente, de cara a que la actividad que ha sido interrumpida por el conflicto pueda continuar. El compromiso es la base de las tácticas de los sindicatos. En la negociación colectiva, el sindicalista demanda más de lo que espera conseguir, cuenta con lo que va a ser recortado en la negociación. Así, desconocemos con frecuencia lo que realmente piensa que debería tener, y esta ignorancia es una gran barrera para tratar fructíferamente el conflicto. En un tiempo de cierta controversia salarial en Massachussets, las chicas peor pagadas en la industria estaban ganando sobre $8.00 o $9.00 a la semana. La demanda realizada por dos de los representantes de las chicas era de $22.40 (para un salario mínimo, adviértase), obviamente un incremento demasiado grande para cualquiera que seriamente pensara en conseguirlo a la primera. Así, los empleadores estaban más lejos que nunca de saber lo que las chicas realmente pensaban que debían tener. Pero claramente no debería presuponer que el compromiso sea un método particularmente sindicalista. Es la forma aceptada, aprobada, de acabar una controversia. Sin embargo, realmente nadie quiere el compromiso, ya que supone ceder algo. ¿Existe entonces algún otro método de finalizar un conflicto? Existe una forma que al menos ahora comienza a ser reconocida, e incluso ocasionalmente seguida: cuando dos deseos son integrados, ello significa que se ha encontrado una solución en la cual tienen cabida ambos deseos, que ninguna parte ha tenido que sacrificar nada. Dejadme poner algún ejemplo muy simple. En la biblioteca de Harvard un día, en una de las salas más pequeñas, alguien quería que la ventana se abriera, yo la quería cerrada. Abrimos la ventana en la sala contigua, donde nadie estaba sentado. Esto no era un compromiso porque no se restringía el deseo, ambas conseguimos lo que realmente queríamos. Porque yo no quería una sala cerrada, simplemente no quería que el viento del norte me diera directamente; igualmente la otra ocupante no quería que esa particular ventana se abriera, simplemente quería más aire en la sala. Ya he dado este ejemplo en una publicación. Lo repito aquí porque este ejemplo, dada su falta de complicaciones, muestra creo mi punto de vista a la primera. Dejadme poner otro ejemplo. Una Liga Cooperativa de Productores de Lácteos [Diarymen´s Co-operative League] estuvo a punto de separarse el año pasado por la cuestión de la prioridad en la descarga de latas en una plataforma de lácteos. Los hombres que bajaban la colina (la cremería estaba cuesta abajo) pensaban que debían tener precedencia; los hombres que subían la colina pensaban que debían descargar primero. El pensamiento de ambas partes en la controversia estaba, por tanto, confinado entre los muros de estas dos posibilidades, y esto impedía que incluso intentaran buscar una forma de resolver la disputa más allá de estas alternativas. La solución era obviamente cambiar la posición de la plataforma de tal forma que tanto los que subían como los que bajaban pudieran descargar al mismo tiempo. Pero no se encontró esta solución hasta que pidieron consejo a un integrador más o menos profesional. Sin embargo, cuando se les señaló, estuvieron bastante dispuestos a aceptarlo. Integración implica invención, y lo más inteligente es reconocerlo, y no dejar que nuestro pensamiento permanezca dentro de los límites de dos alternativas que son mutuamente excluyentes. Tomemos otro caso. A veces se plantea la cuestión de si las reuniones de los Comités de Trabajo deberían ser realizadas en la planta o fuera: el argumento para reunirse dentro es la obvia ventaja de estar cerca del propio trabajo; el argumento en contra, el miedo a la influencia de la compañía. Conozco una fábrica que hace lo que yo considero una integración al realizar las reuniones de los Comités de Trabajo en el edificio del club de empleados separado y situado dentro del entorno de la fábrica. Aquí los empleados se sienten más libres que en cualquier otra parte de la planta. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 18 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder Un amigo me dio este ejemplo. Se le llamó como jurado en un proceso de asesinato. El fiscal del distrito le preguntó si tenía alguna objeción con la pena capital. Él respondió, “Sí, claramente”. El “conflicto” surgió, porque el juez pensó que esta opinión le incapacitaba para el servicio en un proceso de asesinato. Mi amigo me resumió el incidente con estas palabras: “Después de que el juez me sometiera a una especie de careo, me llevaron a la tribuna del jurado, pero ni el juez ni yo quedamos como victoriosos; la experiencia nos había cambiado a ambos. Encontramos la solución en lugar de vindicar el pre-juicio de alguno de nosotros; siendo la solución que es posible dar un veredicto de acuerdo con la evidencia, de tal forma que no es necesario evadir tus deberes como ciudadano, cualquiera sea tu opinión sobre la pena capital”. Pero “de lejos” los ejemplos más interesantes de integración que han llegado a mis oídos fueron los cuatro que Gilbert Murray envió al London Times, cuatro integraciones que él había encontrado en el Informe del Dawes Committee. No tenemos tiempo para discutirlos aunque creo que merecería la pena hacerlo, pero tengo algunas copias aquí, por si a alguien le interesa verlas. Con frecuencia es difícil decidir si una decisión es una verdadera integración o un tipo de compromiso y creo que existe un defecto en uno de los cuatro citados por Gilbert Murray. Pero incluso signos de integración parcial, incluso signos de que la gente quiere integración más que dominación o compromiso, son alentadores. Algunas personas me dicen que les gusta lo que escribo sobre integración, pero me dicen que estoy hablando sobre algo que debería ser en lugar de lo que es. Pero de hecho no es así; no estoy hablando ni de lo que es, en gran medida, ni solamente de lo que debiera ser, sino de lo que quizá pudiera ser. Esto sólo lo podemos descubrir mediante la experimentación. Esto es todo lo que estoy recomendando, que intentemos experimentos en métodos de resolución de diferencias; diferencias sobre la Junta Directiva, con compañeros directores o jefes de departamentos, con empleados, o en otras relaciones. Si hacemos esto, podremos adoptar una actitud diferente hacia el conflicto. La palabra clave de la psicología hoy en día es deseo. Si deseamos hablar de conflicto en el lenguaje de la psicología contemporánea, podemos llamarlo un momento en la interacción de deseos. De esta forma le quitamos cualquier connotación de bueno o malo. Así, no deberíamos tener miedo al conflicto, sino reconocer que existe una vía destructiva de afrontar tales momentos y una vía constructiva. El conflicto, como el momento de aparición y atención de la diferencia, puede ser un signo de salud, una profecía de progreso. Si la Liga de Productores de Lácteos no hubiera discutido sobre la cuestión de la precedencia, no se habría pensado el método mejorado de descarga. El conflicto en este caso fue constructivo. Y esto fue porque, en lugar del compromiso, buscaron una forma de integración. El compromiso no crea, trata con lo que ya existe; la integración crea algo nuevo, en este caso una forma diferente de descarga. Y debido a que esto no sólo resolvió la controversia sino de hecho fue una mejor técnica, ahorró tiempo para ambos los granjeros y la cremería, yo llamo a esto: poner la fricción a trabajar, hacer que haga algo. Así, vemos que mientras el conflicto como una continuada diferencia desintegrada es patológico, la diferencia en sí misma no es patológica. La convención Demócrata fue un signo esperanzador para el partido Demócrata. Lo que creo que deberíamos hacer en la organización empresarial es intentar encontrar la maquinaria mejor adaptada para la normal aparición y unión de la diversidad, de tal forma que la diferencia no permanezca demasiado tiempo cristalizada, de forma que el estado patológico no sea alcanzado. Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 19 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder Una ventaja de la integración sobre el compromiso que todavía no he mencionado. Si conseguimos sólo compromiso, el conflicto surgirá una y otra vez en una u otra forma, porque en el compromiso renunciamos a parte de nuestro deseo, y porque no estaremos satisfechos con quedarnos ahí, a veces intentaremos alcanzar todo nuestro deseo. Observad la controversia industrial, observad la controversia internacional, y veréis con qué frecuencia ocurre esto. Sólo la integración estabiliza realmente. Pero por estabilización no me refiero a algo estacionario. Nada sigue siempre igual. Me refiero sólo a que ese particular conflicto es resuelto y el siguiente ocurre en un nivel mayor. La psicología nos ha dado la frase “integraciones progresivas”; necesitamos también la frase “diferencias progresivas”. Podemos frecuentemente medir nuestro progreso observando la naturaleza de nuestros conflictos. El progreso social es a este respecto como el progreso individual; nos convertimos espiritualmente más y más desarrollados en la medida en que nuestros conflictos alcanzan niveles mayores. Si un hombre te dijera que su principal conflicto diario dentro de sí mismo es -¿Debería robar o no robar?- sabrías lo que pensar de su estado de desarrollo. Como alguien ha dicho, “Un hombre es conocido por los dilemas que se plantea”. Igualmente, una evaluación de tu organización empresarial no es cuántos conflictos tienes, porque los conflictos son la esencia de la vida, sino cuáles son tus conflictos. Y cómo los gestionas. Es de esperar que no tengamos siempre huelgas, pero es igualmente esperable que tengamos siempre conflicto, la clase de conflicto que conduce a la invención, a la emergencia de nuevos valores. Habiendo propuesto la integración como quizá la vía a través de la cual podemos afrontar más fructíferamente el conflicto, la diferencia, deberíamos considerar ahora el método por el cual se puede obtener la integración. Pero antes de que hagamos esto, quiero decir claramente que no creo que la integración sea posible en todos los casos. Cuando dos hombres quieren casarse con la misma mujer, no puede haber integración; cuando dos hijos quieren la antigua casa familiar, generalmente no puede haber integración. Y existen muchos casos como estos, algunos de pequeña, otros de gran importancia. No estoy diciendo que no exista tragedia en la vida. Todo lo que digo es que si fuéramos conscientes de sus ventajas, con frecuencia podríamos integrar en lugar de alcanzar compromisos. Tengo una amiga que me enfada en este sentido. Ella hace una afirmación. Yo digo, “No estoy de acuerdo con eso porque...” e intento dar mis razones, pero antes de que tenga la oportunidad ella dice, “Vale, no vamos a pelearnos por ello”. Pero yo no tenía intención de pelear. Si, por tanto, no pensamos que diferir necesariamente signifique pelear, incluso cuando dos deseos reclaman preferencia, si pensamos que la integración es más provechosa que vencer o el compromiso, el primer paso hacia esta consumación es hacer explícitas las diferencias. No podemos esperar que nuestras diferencias se integren a no ser que sepamos cuáles son. Daré algunos ejemplos del método opuesto: evadir o suprimir el tema. Conozco una fábrica donde, después de la Guerra, los empleados demandaron un incremento del cinco por ciento en sus sueldos, pero no estaba claro para ninguna de las partes si eso significaba un cinco por ciento por encima de los salarios actuales o sobre los salarios anteriores a la guerra. Más aún, ¡se vio que ninguna de las partes lo quería saber! Los empleados naturalmente preferían lo primero, los directivos lo último. Llevó un cierto tiempo antes de que ambas partes fueran capaces de afrontar el tema exacto; cada uno, inconscientemente, esperaba ganar manteniendo todo el problema confuso. Una de las discusiones más largas que jamás he oído sobre un Comité de Salario Mínimo fue en relación con el tema del precio del transporte hacia y desde el trabajo: primero si este punto debería ser incluido con comida, casa, etc., en un presupuesto del coste de la vida, esto es, si el transporte Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 20 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder hacia y desde la planta debiera ser un coste sobre la producción. Cuando finalmente se decidió incluir este punto y pagar sesenta centavos a la semana por ello -en lugar del dólar y veinte centavos que requeriría el billete de diez centavos del coche de Boston si este asunto se hubiera considerado completamenteme pareció un claro caso de evasión o supresión. Esto es, los empleadores fueron incapaces de afrontar en ese momento la cuestión de si los salarios debieran incluir el transporte. Yo estuve presente en ese comité, en particular como representante de lo público, y sugerí más de una vez durante la discusión que deberíamos averiguar si la mayoría de las chicas en esa industria vivían cerca de la planta o a una distancia demasiado larga para caminar. También sugerí que deberíamos averiguar si, en caso de vivir cerca de la planta, el coste de comida y casa en ese vecindario era tan alto que compensaría de sobra los precios del transporte. Pero los empleadores en este caso no quisieron afrontar el tema, y por ello se llegó a la decisión claramente evasiva de los sesenta centavos. Otro interesante caso de supresión ocurrió en un comité del cual fui miembro. La cuestión fue un desacuerdo concerniente a un pago de dos estenógrafos que estuvieron trabajando para nosotros. Aquellos que recomendaban la cantidad mayor insistían en hablar de la jornada de los estenógrafos como una jornada de ocho horas porque las horas eran desde las nueve hasta las cinco, aunque con la hora de salida para comer lo convertía, obviamente, en un día de siete horas. Dondequiera que tengas una contienda, estás en peligro de oscuridades, conscientes o inconscientes. En la medida en que el sindicalismo es un movimiento defensivo, en la medida en que las asociaciones de empleadores son movimientos defensivos, tendremos oscuridades. En la medida en que el internacionalismo es lo que es, la evasión continuará. Por supuesto no mostrar evasión es parte de una buena diplomacia, porque tú no quieres que la otra parte piense que estás intentando “rehuir" nada. Pero continuaremos evadiendo o suprimiendo en la medida en que nuestro verdadero objetivo no sea el acuerdo, sino la dominación. Loard Shaw, presidente de la Coal Commissión, señaló como uno de los requisitos del arbitraje que ambas partes deberían desear genuinamente el acuerdo. Aquí tenemos una lección muy directa de la psicología. El psiquiatra informa a su paciente que no le puede ayudar a no ser que sea sincero en querer que su conflicto se acabe. El “descubrimiento”, que cada libro sobre psicología nos insiste desde hace algunos años hasta hoy como un proceso de la mayor importancia para resolver los conflictos internos en el individuo, es igualmente importante para las relaciones entre individuos, o entre grupos, clases, razas, naciones. En la empresa, el empleador, al tratar tanto con sus asociados como con sus empleados, tiene que conseguir sumergirse bajo todo el camuflaje, tiene que encontrar la demanda real frente a la demanda propuesta, distinguir el motivo declarado del motivo real, la causa alegada de la causa real, y recordar que a veces el motivo subyacente es deliberadamente ocultado y que a veces existe inconscientemente. La primera regla, entonces, para obtener la integración es poner tus cartas sobre la mesa, mostrar la cuestión real, descubrir el conflicto, poner todo al descubierto. Una de las razones más importantes para conducir los deseos de cada parte a un lugar donde puedan ser claramente examinados y valorados es que la evaluación con frecuencia lleva a la reevaluación. Progresamos mediante una reevaluación del deseo, pero frecuentemente no nos detenemos a examinar un deseo hasta que otro le disputa su preferencia. Observad la evolución de vuestros deseos desde la infancia, a lo largo de la adolescencia, etc. El bebé tiene muchos deseos infantiles que no son compatibles con sus deseos de aprobación; por consiguiente reevalúa sus deseos. Vemos esto a lo largo de nuestra vida. Queremos hacer esto y aquello, pero no estimamos Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 21 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder realmente cuánto significa para nosotros hasta que no entra en conflicto con otro deseo. La reevaluación es la flor y nata de la comparación. Al afrontar el conflicto, es necesario que mantengamos en el primer plano de nuestro pensamiento esta concepción de la reevaluación del deseo, porque realmente ninguna de las partes “cede” nunca, es inútil esperarlo, pero con frecuencia llega un momento en el que existe una reevaluación simultánea de los intereses de ambas partes y la unidad se precipita. Esto, en mi opinión, ocurrió en Europa el pasado verano en la London Conference, o más bien ocurrió antes y condujo a la Conferencia. La integración es un flujo conjunto espontáneo de deseo en mayor medida de lo que uno pueda inducir de lo que he dicho; la reevaluación de intereses de ambas partes puede hacer que los intereses encajen unos con otros, de tal forma que todo encuentra algún lugar en la solución final. La relación de todo esto con la administración de empresa es, espero, obvia. Una empresa debería estar organizada de tal forma (este es una de las pruebas para nuestra organización) que se diera una oportunidad completa en cualquier conflicto, en cualquier acercamiento de deseos diferentes, para que todo el campo de deseo fuera visto. Nuestros empleados deberían ser capaces de ver, así como nosotros mismos deberíamos ser capaces de ver, el campo completo de deseo. El campo de deseo es una importante concepción psicológica y sociológica; en mi opinión, se podría prevenir que muchos conflictos terminaran desastrosamente colocando los deseos de cada parte dentro de un campo de visión donde pudieran ser vistos conjuntamente y comparados. Todos nosotros creemos en cierta medida en la “sublimación” de Freud, pero yo creo todavía más en que varios deseos logren orientarse hacia otro y adopten un valor diferente en el proceso de orientación. Se entenderá, por supuesto, que todo esto se aplica para nosotros así como para la otra parte; tenemos que descubrir nuestros egoísmos sub-articulados, y después, cuando los veamos en relación con otros hechos y deseos, los podremos apreciar de forma diferente. Con frecuencia pensamos que es una cuestión de eliminar motivos cuando es sólo una cuestión de subordinarlos. Con frecuencia, por ejemplo, tratamos los motivos personales como más viles de lo que necesitamos. No hay nada necesariamente deshonroso en el político que “defiende” a sus amigos. La única cuestión ética es en qué medida dicho motivo se contrapone a otros. La cuestión no ética es que te persuadas de que no estás influyendo en absoluto. Apenas he tenido tiempo de mencionar un punto muy importante: la conexión entre la realineación de grupos y una reevaluación de intereses. He encontrado esto importante al observar la realineación de partidos políticos. Debemos observar en cualquier conflicto entre grupos cada realineación para ver hasta qué punto cambia los deseos confrontados, porque esto significa hasta qué punto cambia el conflicto. Comencé este apartado diciendo que el primer paso en la integración es poner la diferencia al descubierto. Si el primer paso es que antepongamos claramente lo que hay que integrar, hay que señalar algo muy importante para nosotros, a saber, que las luces más brillantes en una situación no son siempre aquellas más indicativas de los temas reales implicados. Muchas situaciones son decididamente complejas, implican numerosas y variadas actividades, solapan actividades. Existe una gran tendencia (quizá animada por el periodismo popular) a tratar con los momentos dramáticos, olvidando que no siempre son los momentos más significativos. No deberíamos seguir aquí analogías literarias. Puedes tener una buena cobertura con, citando a Kipling, con los amantes amándose y los padres firmando cheques. Sin embargo, después de todo, puede no ser el momento mayoritario en la vida de esta gente. Encontrar los rasgos significativos más que los dramáticos de la controversia Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 22 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder industrial, de un desacuerdo en relación con la política de la Junta Directiva o entre empresarios, es esencial para integrar las políticas empresariales. Tal búsqueda es parte de lo que me parece que es el segundo paso en la integración. Si el primer paso es descubrir el conflicto real, el siguiente es tomar las demandas de ambas partes y dividirlas en sus partes constitutivas. La psicología contemporánea muestra en qué medida es fatal tratar con conglomerados. Conocí a un chico que quería una educación universitaria. Su padre murió y se tuvo que poner a trabajar para apoyar económicamente a su madre. ¿Tenía entonces que renunciar a su deseo? No, a través del análisis encontró que lo que quería no era una educación universitaria, sino una educación, y todavía existían formas para que lo consiguiera. Recordad a la chica del sur que dijo, “Porque siempre pensé que ‘detestable yanqui’ era una palabra hasta que vine al norte”. Este método de dividir todos es la forma de tratar con los problemas empresariales; es el método que precede las decisiones empresariales. Tomemos el caso de la inauguración de un sistema de aprobación de envíos. A.W.Shaw, en su Approach to Business Problems, muestra los sub-problemas implicados aquí: 1. ¿Cuál será el efecto sobre los cobros y sobre el coste del envío? 2. ¿Cuál va a ser la política de crédito? 3. ¿El stock en tránsito o en las manos de los clientes reducirá la cantidad del volumen de ventas anual? 4. ¿El riesgo de daño al devolver los bienes será tan grande como para poner en peligro los beneficios regulares? 5. ¿El incremento en ventas compensará lo suficiente cualquier coste añadido en el departamento administrativo? 6. También factores psicológicos, como la curiosidad de los clientes y la cautela. Me he extendido en este ejemplo porque me parece que este es el método que debería aplicarse a las controversias. Deseo de hecho que cada controversia pueda ser considerada como un problema. Advertiréis que dividir el problema en sus diversas partes implica el examen de los símbolos, implica, por tanto, el escrutinio cuidadoso del lenguaje utilizado para ver lo que realmente significa. Una amiga mía quería ir a Europa, pero a su vez no quería gastarse la cantidad de dinero que costaría. ¿Existía alguna integración posible? Sí, encontró una. De cara a comprenderlo, vamos a usar el método que estoy defendiendo; vamos a preguntarnos, ¿qué simbolizaba para ella “ir a Europa”? Para responder, tenemos que dividir este todo, “ir a Europa”. ¿Qué representa para diferente gente “ir a Europa”? Un viaje al mar, ver lugares preciosos, conocer a gente nueva, descansar o romper con la rutina, y una docena de otras cosas. Ahora bien, esta mujer había enseñado durante unos cuantos años tras acabar la universidad y después se había marchado y llevado una vida más bien recluida durante un buen período de tiempo. “Ir a Europa” era para ella un símbolo, no de montañas nevadas, o catedrales, o fotografías, sino de conocer a gente –que era lo que quería. Cuando se le pidió enseñar en una escuela de verano de jóvenes hombres y mujeres, donde conocería a una plantilla bastante interesante de profesores y a un grupo bastante interesante de estudiantes, aceptó inmediatamente. Esta fue su integración. Esto no fue una sustitución de su deseo, fue su deseo real cumplido. He dado otros ejemplos de símbolos en el Capítulo IX de mi libro Creative Experience. Había uno interesante en el caso Loeb-Leopold de hace un año. Creo que se debería haber considerado en tal caso lo que simbolizaba la cadena perpetua. Como no se planteaba liberar a los chicos, la decisión tuvo que tomarse entre la pena de muerte o la cadena perpetua. Por consiguiente, cuando se dio la segunda sentencia, era un símbolo, me pareció, de victoria para los chicos, especialmente en la Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 23 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder medida en que todo el mundo pensaba que su confinamiento duraría sólo unos pocos años. En muchos casos, por otro lado, la cadena perpetua es un símbolo de derrota. No creo que esto fuera suficientemente tomado en cuenta al considerar el efecto de la sentencia en el país. Es, por supuesto, inevitable utilizar símbolos; todo el lenguaje es simbólico; pero deberíamos estar siempre en guardia sobre lo que es simbolizado. Por ejemplo, las cooperativas de mercado dicen que quieren que sus miembros mantengan sus compromisos. Esta afirmación es un símbolo de lo que realmente quieren, que es conseguir la suficiente comodidad como para controlar el mercado. Cada día utilizamos muchos más símbolos incomprendidos, muchas más palabras-todo, palabras no analizadas, que deberíamos analizar. Mucho de lo que se escribe sobre el “consumidor” no es riguroso porque el consumidor es usado como una palabra-todo, mientras es bastante obvio que el consumidor de gran riqueza tiene diferentes deseos y motivos que el consumidor de pocos recursos. Hemos considerado la división de la demanda-completa. Por otro lado, con frecuencia una tiene que hacer justo lo contrario; encontrar la demanda-completa, la demanda real, que está siendo oscurecida por una miscelánea de reclamaciones menores o por una presentación inefectiva. La persona con un genio para el liderazgo es la que es capaz de articular la demanda-completa, a no ser que sea deliberadamente una cuestión de tácticas para ocultarlo. No debería detenerme para dar ejemplos de esto, ya que deseo tener tiempo para abordar un punto que me parece muy importante para la empresa, tanto en el trato con empleados como con firmas competidoras, y es la anticipación de demandas, de diferencia, de conflicto. Mr. Earl Howard, directivo de Hart, Schaffner & Marx, me dijo una vez, “Estudiar únicamente las reacciones de tus empleados no es suficiente; debes anticipar sus reacciones, ganarles por la mano”. Esto –ganarles por la manoes exactamente lo que cada firma intenta hacer con sus firmas competidoras, pero no creo que muchos directivos estudien y anticipen las reacciones de sus empleados tan cuidadosamente como lo hacen con las firmas competidoras. Sería igualmente útil. Probablemente me podríais dar muchos ejemplos de anticipación de la respuesta. Podríamos encontrar innumerables ejemplos en nuestras casas. A un hombre le gusta el automóvil, a su esposa pasear; anticipó lo que ella podía responder a una sugerencia de ir en coche el domingo por la tarde agotándola jugando al tenis por la mañana. Los intermediarios están deliberadamente anticipando la respuesta de los granjeros. En su lucha con las cooperativas de mercado, están basando sus cálculos de futuro sobre la asunción de que la tendencia particularista del granjero es tal que no se le puede mantener a raya permanentemente, que sus pies han sido arrastrados por la victoria y las promesas; más aún que el uso del poder legal para hacer respetar los contratos derrotará al final el movimiento, que el granjero se rebelará seguramente contra esta clase de coerción. La anticipación del conflicto, debe advertirse, no significa necesariamente la evitación del conflicto, sino jugar el juego de forma diferente. Esto es, tú integras los diferentes intereses sin hacer todos los movimientos. Un amigo mío dice que mi teoría de la integración es como un juego de ajedrez. Yo creo que es algo parecido. El principiante tiene que encontrar su solución moviendo ficha, mediante el método rudimentario de cambiar la posición de sus fichas. Un buen jugador de ajedrez no necesita hacer esto, ve las posibilidades sin jugarlas. El hombre de negocios al tratar con firmas competidoras es como el buen jugador de ajedrez. Al igual que el conflicto real entre dos buenos jugadores de ajedrez es un conflicto de posibilidades que sería realizado si las representaran, en la empresa no Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 24 Conflicto constructivo e integración en la obra de Mary Parker Follet Roberto Domínguez Bilbao y Silvia García Dauder tienes que hacer todos los movimientos para realizar tus integraciones; tratas con antecedentes, síntomas premonitores, etc. No eludes al hacer ciertas cosas, las has realizado sin hacerlas. Pero asumiendo que en nuestra empresa observamos la respuesta y anticipamos la respuesta, eso sigue sin ser suficiente. No es suficiente preguntarse a quién está respondiendo nuestro empleado o nuestra empresa socia o nuestra empresa competidora, ni siquiera a quién es probable que responda. Tenemos que preparar el camino para que responda, tenemos que intentar construir en él una cierta actitud. Por supuesto, todo buen vendedor hace esto, pero su necesidad no es suficientemente reconocida en otros departamentos, y por consiguiente abordaremos esta cuestión más adelante, la próxima semana. Sin embargo incluso la preparación para responder es sólo una pequeña parte de la cuestión; tendremos que ir más allá. Existe respuesta circular así como respuesta lineal, y la explicación de ello es, en mi opinión, la contribución más interesante de la psicología contemporánea a las ciencias sociales. Un buen ejemplo de respuesta circular es un juego de tenis. A sirve. La forma en que B devuelve la pelota depende parcialmente de la forma en que se le ha lanzado. El siguiente toque de A dependerá de su propio servicio original más el resto de B, y así sucesivamente. Vemos esto en la discusión. Vemos esto en la mayoría de la actividad entre uno y otro. Los niños traviesos y ociosos dicen, “Vamos a empezar algo”; debemos recordar que en cualquier momento que actuemos siempre hemos “empezado algo”, la conducta precipita la conducta en otros. Cada empleador debería recordar esto. Uno de los directores en una fábrica me lo expresó así: “Estoy al mando de una situación hasta que actúo; cuando actúo he perdido el control de la situación”. ¡Esto no significa que no debamos actuar! Sin embargo, es algo a lo que es importante que le prestemos completa consideración. La respuesta circular parece una cuestión simple, bastante obvia, algo que todos debemos aceptar. Sin embargo, cada día tratamos de evadirlo, cada día actuamos y esperamos evitar la respuesta inevitable. Como alguien ha dicho en otro lugar: “Alimentamos al Cancerbero con carne fresca y esperamos que cuando estemos entre sus garras, resulte ser vegetariano”. La concepción de la conducta circular arroja mucha luz sobre el tema del conflicto, porque ahora me doy cuenta de que nunca puedo luchar contra ti, estoy siempre luchando contra ti más contra mí. Lo he planteado de esta forma: que la respuesta es siempre a una relación. Yo respondo, no sólo a ti, sino a la relación entre tú y yo. Los empleados no responden sólo a sus empleadores, sino a la relación entre ellos y sus empleadores. El sindicalismo está respondiendo, no sólo al capitalismo, sino a la relación entre el sindicalismo y el capitalismo. El Dawes Plan, la London Conference, fueron obviamente momentos en la conducta circular. La conducta circular, como la base de la integración, nos da la clave para el conflicto constructivo. Hemos dejado un poco de tiempo para considerar los principales obstáculos a la integración. La integración requiere un nivel alto de inteligencia, percepción aguda y discriminación, más que todo eso, una brillante inventiva; es más fácil para el sindicato luchar que sugerir una mejor forma de organizar la fábrica. Recordad que el Partido Socialista en Italia tenía mayoría antes de la llegada de Mussolini. Pero no se responsabilizaron; prefirieron permanecer luchando, atacar lo que los otros estaban haciendo más que hacer ellos mismos. No salen bien parados, en mi opinión, en comparación con el Partido Laborista Inglés. Otro obstáculo a la integración es que nuestro modo de vida nos ha habituado a muchos a disfrutar con la dominación. A muchos la integración les parece una cuestión más aburrida; no lleva a las Athenea Digital - num. 7 (primavera 2005) 25