Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la Geografía Humana
Abstract
La movilidad cotidiana es un fenómeno creciente y complejo, integrado por diferentes dimensiones, que en los últimos tiempos esta siendo objeto de una revisión metodológica y conceptual, y la Geografía Humana no ha sido ajena a ello. El artículo ahonda en esta transformación desde tres perspectivas complementarias, los cambios en el modelo económicoterritorial,la introducción del paradigma de la sostenibilidad y la inclusión de la estructura social de la población móvil. Tres perspectivas que inducen a nuevos retos interpretativos y a nuevas necesidades informativas.
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193 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009, págs. 193-216 Fecha de recepción: marzo 2009. Fecha de aceptación: septiembre 2009. MOVILIDAD COTIDIANA Y SOSTENIBILIDAD, UNA INTERPRETACIÓN DESDE LA GEOGRAFÍA HUMANA Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada Departament de Geografía. Universitat Autònoma Barcelona RESUMEN La movilidad cotidiana es un fenómeno creciente y complejo, integrado por diferentes dimensiones, que en los últimos tiempos esta siendo objeto de una revisión metodológica y conceptual, y la Geografía Humana no ha sido ajena a ello. El artículo ahonda en esta transformación desde tres perspectivas complementarias, los cambios en el modelo económicoterritorial, la introducción del paradigma de la sostenibilidad y la inclusión de la estructura social de la población móvil. Tres perspectivas que inducen a nuevos retos interpretativos y a nuevas necesidades informativas. Palabras clave: movilidad cotidiana, sostenibilidad, geografía humana, encuestas de movilidad. ABSTRACT Daily mobility is a growing and complex phenomenon comprising different facets that have recently been subject to reconsideration in terms of methodological approaches and conceptualisation –and Human Geography is no exception. This article takes an in-depth look into this transformation from three complementary perspectives: changes in the economic-territorial model, incorporating a sustainability paradigm and including the social structure of the mobile population. These three perspectives have posed new interpretive challenges and generated new information needs. Key words: daily mobility, sustainability, human geography, mobility surveys.
194 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada I. INTRODUCCIÓN El artículo examina los nuevos retos en el análisis de la movilidad cotidiana que se plantean desde la Geografía Humana. A pesar de la existencia de una tradición considerable en nuestra disciplina en el estudio de la movilidad cotidiana, en los últimos años su presencia ha sido más intensa, sus objetivos más diversos y sus análisis han supuesto una renovación conceptual y metodológica. Este artículo ahonda en estas renovaciones a partir de los cambios acontecidos en la estructura económica y territorial de finales del siglo XX, de la introducción del nuevo paradigma de la sostenibilidad y, con ello, de los impactos ambientales de los medios de transporte y de la inclusión de la estructura social en el tratamiento de la movilidad cotidiana, incorporando en el análisis a las personas que se desplazan y no sólo los medios de transporte utilizados. Además el artículo hace hincapié en las fuentes de información cuantitativa que se producen, subrayando la necesidad de que estas se adapten a los nuevos retos el análisis de la movilidad cotidiana tiene. II. EL ESTUDIO DE LA MOVILIDAD COTIDIANA EN LA GEOGRAFÍA HUMANA El estudio de la movilidad cotidiana está cada vez más presente en la producción científica de los geógrafos, desde avances conceptuales, contribuciones metodológicas y casos de estudio (Albertos, 2007). Además la movilidad es un fenómeno creciente y complejo, integrado por diferentes dimensiones que requiere una aproximación desde distintas disciplinas y enfoques, y la Geografía Humana no ha sido ajena a este hecho (AAG, 2002). Desde esta disciplina, el estudio de la movilidad cotidiana, entendida como la suma de los desplazamientos que realiza la población de forma recurrente para acceder a bienes y servicios en un territorio determinado (Miralles-Guasch, 1998), se materializa desde distintos campos, los más reconocidos son la Geografía de la Población y de los Transportes, pero también desde la Geografía Urbana y Cultural, y las Nuevas Geografías. La Geografía de la Población aborda el estudio de la movilidad cotidiana como parte de los movimientos espaciales de las personas (Zelinsky, 1997), por lo que desde esta disciplina se la denomina movilidad espacial, y desde ella interactúan variables territoriales y sociodemográficas. Como apunta Módenes (2008), en la geodemografía esta movilidad interesa porque es un fenómeno que está en el núcleo de las relaciones entre el contexto territorial y la explicación de procesos demográficos, en cuanto las variables demográficas influyen en los modelos de movilidad . En ella se intenta relacionar movilidades de naturaleza distinta, con la inclusión de la cotidiana, la residencial, el viaje o la migración, según elementos de frecuencia y de distancia. Además, la literatura reciente (Le Breton, 2006; Kaufmann 2006) está rompiendo las fronteras entre estos distintos conceptos y apostando por significados más complejos y entrelazados. Cuando la velocidad se integra en la vida cotidiana de la población y con ellas los distintos medios de transporte (Miralles-Guasch, 2002), emerge la Geografía de los Transportes, que puede definirse como el estudio de los sistemas de transporte y sus impactos espaciales (Hoyle y Knowles, 2000) y centra el interés del análisis en los instrumentos que permiten el movimiento espacial y en su capacidad de incidencia en el territorio. Según Seguí y Martínez (2004), la diversidad de temas que estructura su cuerpo teórico y metodológico es amplia, y ello se corresponde a uno de sus atributos más importantes, la multidisciplinariedad, que apa-
195 Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la geografía humana Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 rece en los manuales de geografía del transporte en uso. Dentro de este campo, el estudio de la movilidad cotidiana se ubica en la consideración del transporte como un bien de consumo final, como la oferta de unos sistemas de transporte, expresados ya sea en términos de infraestructura (red de carretera y de calles, red de ferrocarriles, aeropuertos o puertos) en términos de servicios (plazas de transporte público en ferrocarril, metro, autobús…) (Seguí y Petrus, 1991). La movilidad de la población, pues, se expresa en este caso como flujos de transporte o como la cantidad de bienes o individuos transportados desde el punto de expedición hasta el punto de destino (Potrykowski y Taylor, 1984). Cano (1988, 1992) repasa la trayectoria de los geógrafos españoles en este campo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. La movilidad cotidiana está muy vinculada a los fenómenos urbanos y metropolitanos, el mismo término de commuting , aquellos desplazamientos diarios y repetitivos entre el domicilio y el lugar de trabajo (Monclús, 1992), forma parte de la Geografía Urbana. En este momento, los flujos de los movimientos habituales de la población constituyen una de las variables que definen la ciudad misma. Existe el consenso generalizado sobre el hecho que la gran ciudad contemporánea, la metrópolis, niega la idea de límite. La noción de la ciudad perfectamente circunscrita por una delimitación física y poseedora de un status político, económico y social claramente diferenciado, se ha desvanecido. La vieja dicotomía entre ciudad y campo es hoy extremadamente difícil de mantener en términos científicos. Por lo que ya no son las variables socio-económicas clásicas las que definen la ciudad, sino los flujos individuales cotidianos. Es en estos términos que se habla de territorios funcionales, donde la identificación de los lugares de origen y de destino por motivos de trabajo, a partir de los censos de habitantes, tiene una gran tradición en la geografía (Serra, 1985; Riera, 1989; Castañer et el. , 2001; Capel 2005; Feria y Susino, 1996, 2005, Salom y Casado, 1997, 2007, Roquer, 2007). El postmodernismo, relacionado con el postfordismo, permite la emergencia de nuevos retos y se ha manifestado en la renovación de las temáticas tradicionales de estudio y por la aparición de un conjunto de Nuevas Geografías que se interesan por dimensiones de la actividad humana antes olvidadas (García Ramón, 1989). Por esto, en el estudio de los movimientos habituales de la población que se han incorporado nuevos temas de investigación. Uno de ellos hace referencia a la cuestión medioambiental (Saurí, 1993), planteada como uno de los retos fundamentales para el planeta en el nuevo milenio. Desde este punto de vista la movilidad cotidiana de la población se analiza desde los impactos medioambientales y con el medio social, siendo el consumo energético y la emisión de gases contaminantes uno de los percibidos como más preocupantes. La vertiente medioambiental en el estudio de los desplazamientos diarios supone relacionar el binomio organización del territorio y uso de medios de transporte con los costes ambientales (Whitelegg, 1997, Seguí y Martínez, 2004) y con los impactos territoriales derivados de las infraestructuras de transporte (Gutiérrez Puebla, 1999). La incorporación de las preocupaciones medioambientales en el estudio de la movilidad cotidiana ha significado la introducción de nuevas variables de análisis, tales como los distintos gases contaminantes, las fuentes energéticas, los decibelios producidos en el desplazamiento o el suelo necesario para sustentar las infraestructuras de transporte (Estevan y Sanz, 1996). La incorporación de dichas variables ha supuesto, a su vez, nuevos retos para la geografía humana, en la medida que las características territoriales juegan un papel fundamental. También las Nuevas Geografías Culturales se aproximan a la movilidad cotidiana a partir del interés por los colectivos sociales no hegemónicos. De esta forma se niegan las metana-
196 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada rrativas de la movilidad c otidiana, se estudian las distintas realidade s sociales de la movilidad (Cebollada y Miralles, 2008) y se visibilizan los diferentes hábitos de movilidad cotidiana, y con ello los distintos usos del territorio. Para ello, Farrington (2007) reformula el concepto de accesibilidad como elemento central para el estudio de la movilidad cotidiana y cede protagonismo a los colectivos sociales periféricos. La escasa visibilización de dichos colectivos y su carácter oculto para la mayoría de fuentes cuantitativas, ha conducido al uso de las metodologías cualitativas para el estudio de estas movilidades. Por ello en el último decenio aparecen trabajos académicos que analizan la movilidad desde las metodologías cualitativas y participativas, dando voz a los sin voz hecho que da una nueva dimensión y visibiliza la complejidad de su análisis y gestión (Hogdson y Turner, 2003, Espluga, et al. , 2008). El carácter de la movilidad cotidiana es profundamente geográfico, pues no se trata sólo de desplazamientos sobre el territorio sino que la organización y distribución de las actividades en el espacio son el motor que genera los movimientos habituales. Efectivamente, la separación de los espacios productivos y reproductivos genera una primera necesidad de desplazamiento (Harvey, 1989) y en la medida que estas dos esferas se alejan, la movilidad no sólo se incrementa sino que incluye nuevos medios de transporte. Todo ello implica nuevos conceptos, metodologías, a la vez que se requieren nuevas formulas de información y de análisis. Retos que la Geografía Humana ha ido incorporado en su agenda. III. MARCO CONCEPTUAL: LA MOVILIDAD, EL OBJETO DE ESTUDIO Desde la Geografía Humana se percibe la importancia del territorio, las variables ambientales y de la estructura socioeconómica, como los nuevos vértices desde donde se analizan los transportes y la movilidad. Como si fueran las hélices de una nueva figura conceptual tridimensional, utilizando el modelo conocido como la triple hélice del Etzkovitz y Leydesdorff (1997). Todo ello surge de los cambios metodológicos que ha supuesto sustituir la aproximación causal por la dialéctica o congruente (Offner, 1992; Miralles 1997), a la vez que se introduce el paradigma de la sostenibilidad. Dando lugar, uno y otro cambio, a una prolongada etapa de transformación en la que se ha ido ampliando el sujeto de análisis. A partir de los años 80, y después de la gran crisis económica de los 70, se empieza a ampliar el sujeto de estudio, una expansión que ha supuesto superar la restricción que imponía el concepto de tránsito, centrado sólo en los vehículos privados, e incluir a todos los medios de transporte: los privados y los públicos, y de estos los viarios y los ferroviarios. De ahí surgen los trabajos de Banister and Hall (1981), Pacione, (1981), Potrykowsky y Taylor (1984), HassKlau y Hall (1985), Cervero (1984), Flick (1987), Seguí y Petrus (1991), desde los que se inicia un cambio de reflexión teórica al considerar que no se trataba de adaptarse al automóvil privado a través de una política sectorial viaria y de tráfico sino de replantearse un plan integral de movilidad. Un plan que incluyera a toda la población móvil y no sólo aquella que tenía coche, dentro de un contexto más acorde con la colectividad y que conciliará la política de transporte con la de ordenación del territorio. No se trataba de excluir al transporte privado, sino todo lo contrario, integrarlo de forma más coherente con el resto de medios de transporte, recuperándolos como oferta de transportes válida para los ciudadanos (Ziv y Napoleon, 1981). En este nuevo escenario ya se empiezan a plantear modelos de oferta como aquellos que consideran los distintos modos y sus solicitaciones frente a los modelos de demanda que solo incluían las necesidades del tránsito rodado (Herce y Magrinyà, 2002).
197 Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la geografía humana Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 A finales del siglo XX y comienzos del XXI, los estudios de transporte emprenden un nuevo proceso de renovación teórica con la inclusión de las ciencias sociales, las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones como reto social y además la presencia del territorio como un elemento fundamental para conceptualizar de nuevo los desplazamientos de la población. En palabras de Seguí y Martínez (2004, 59) la movilidad manifiesta una gran dependencia de los niveles tecnológicos, organizativos y culturales de las sociedades y sus territorios. En este contexto, el objetivo son las personas que se mueven y los medios de transporte pasan a ser los instrumentos que permiten ese movimiento y que alcanzan distintas velocidades (Roberts, 1980). Además no sólo se incluyen los medios de transporte mecánicos, como se había hecho en la etapa anterior, por primera vez el ir andando, tiene también una categoría de medio de transporte (Bettini, 1998). En los últimos años se asiste a un periodo de transformación que abandona el paradigma de la modernidad, estructurador del siglo XX, y adopta el de la sostenibilidad, eje conductor del siglo XXI. Este nuevo paradigma se inicia en los años sesenta y setenta cuando de forma tímida se emprendieron las primeras criticas a los modelos ilimitados de crecimiento, ahondando sus raíces en las diatribas iniciales al modelo desarrollista, a las consecuencias del derroche de energías no renovables y en la interacción entre desarrollo económico y el medioambiente. Algunos autores y la propia conferencia de Naciones Unidas de 1972 evidenciaron que el planeta es un sistema cerrado y que cualquier factor local o regional tiene efectos globales sobre el medio ambiente (Lemkow, 2002). Pero no es hasta finales del siglo XX que la sostenibilidad emerge como un nuevo paradigma que transforma la escala de valores en lo referente a la forma de entender el desarrollo o la relación con el medio natural, social y cultural. Desde el informe Brundtland (1987) el concepto ocupa una posición transversal que afecta a distintas esferas y actividades humanas, en términos académicos y políticos Los estudios académicos y las políticas de transporte, y con ellas las herramientas informativas sobre movilidad y transporte que las acompañan, tienen que desarrollarse e interpretarse dentro de este nuevo marco conceptual. De todo ello, el necesario avance de una nueva cultura de la movilidad debe basarse en el conocimiento exhaustivo de las dinámicas del desplazamiento de los ciudadanos y con ellas la utilización de los medios de transporte y de las dinámicas territoriales. Porque los desplazamientos no tienen sólo una dimensión individual sino también colectiva (Ciuffini, 1993), con lo que no todos los grupos de ciudadanos tienen la misma posibilidad de desplazamiento y el mismo nivel de accesibilidad a los lugares de trabajo, a los bienes y a los servicios (Wiel, 1999). En este sentido es imprescindible conocer los desplazamientos cotidianos de la población desde los distintos grupos que conforman la estructura social, especialmente de las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes, colectivos que tienen pautas de movilidad asociadas a sus posición social (Cebollada, 2006). Además los niveles de renta de la población y las estructuras familiares son elementos estructurantes de la movilidad, desde esta perspectiva social. 1. Cambios en la estructura econ ó mica y territorial, cambios en la movilidad Los profundos cambios ocasionados por la crisis de los a ñ os 70, que supuso el paso de una estructura fordista a una postfordista, trasformaron radicalmente los modelos económicos y territoriales en las dos últimas décadas del siglo XX. Y con ello se transformaron también los modelos y los análisis de la movilidad .
198 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada Esta transformación socioeconómica supuso una fragmentación y flexibilización del proceso productivo y una gran dispersión de las actividades sobre el territorio. Como muchos autores han analizado (Jelabert, 2001; Caravaca y Méndez, 2003; Crevoisier y Camagni, 2002; Méndez, 2006) las fases del proceso productivo se segmentan a la vez que se externalizan una parte creciente de sus actividades. El modelo de producción unificado va dando lugar a un modelo de producción en red que, con la flexibilización da lugar a flujos de distinta naturaleza entre las diversas. La dispersión territorial, la flexibilización económica y las nuevas tecnologías de la información inducen al auge de la red como un concepto económico-territorial que ayuda a teorizar muchas de estas transformaciones, dando lugar a los análisis de la sociedad de las redes (Castells, 2006) o al urbanismo en red (Dupuy, 1992). El modelo territorial también sufre grandes transformaciones generadas por dos dinámicas simultáneas y a la vez antagónicas de dispersión y centralización. Por un lado las ciudades se expanden, se suburbanizan, se dilatan, a través de zonas residenciales, de equipamientos de ocio o comerciales, y de polígonos industriales (Capel, 2005). El paisaje construido se transforma y deja de estructurarse a partir de núcleos urbanos compactos y multifuncionales, rodeados de espacios no urbanizados (Indovina, 1990). El paisaje urbano se extiende en forma de mancha suburbana creciente, producto, todo ello, de una multitud de factores de naturaleza distinta, entre otros. Los principios funcionalistas que han tutelado la actuación urbanística (López de Lucio, 1995), las diferencias de precio entre el centro y la periferia de las ciudades (Méndez, 2006) y las disfunciones ambientales que las actividades industriales producen en el interior de las ciudades) son algunas de las razones que inducen los cambios en la localización de las actividades humanas en los territorios urbanizados. En paralelo, en los últimos años y en algunos lugares de ciertas ciudades europeas se van concentrando aquellas actividades con más valor añadido, de más prestigio social, relacionadas con el sector terciario más especializado, actividades todas ellas que valoran la cuota de centralidad y producen fenómenos de neoacumulación (Veltz, 1999). También, y como consecuencia de la creciente valoración del tiempo como un capital finito, en relación a la calidad de vida urbana (Durán, 2007), se producen dinámicas de aproximación de las actividades cotidianas, lo que da lugar a una intensificación del barrio como unidad espacial cotidiana, cuestión muy analizada en la literatura anglosajona (Schwanen et al ., 2002). Existen datos empíricos que muestran, en algunas ciudades, como ciertos grupos sociales tienden a aproximar a los lugares de residencia sus tareas cotidianas: trabajo, lugares de estudios, de compras cotidianas y de ocio (Giner, 2002). Las actuales dinámicas territoriales de los espacios urbanizados son el resultado de estos dos procesos paralelos, de dispersión de las actividades y de la población en entornos urbanos y metropolitanos y a la vez de concentración y aproximación donde las vecindades ganan valor social. La primera se desarrolla en una dinámica de dispersión en círculos cada vez más alejados de la población y de las actividades (García Palomares, 2008), una descentralización que significa un cambio de escala urbana y metropolitana. La segunda significa una intensificación del barrio, en las grandes ciudades, o de los espacios semirurales intermedios en las áreas metropolitanas. Los desplazamientos están directamente relacionados con los sistemas de interrelación social y con la distribución de las actividades económicas sobre el territorio (Camagni et al ., 2002). Por lo que los modelos de movilidad (caracterizados por los tiempos, los motivos y los medios de transporte, entre otros) derivan de variables que dependen de las distribuciones
199 Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la geografía humana Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 espaciales de las actividades y de los tipos de urbanización. Los modelos de movilidad son también modelos territoriales (Wiel, 1999), por lo que el paso de una estructura fordista a una postfordista, y con ello la transformación de las estructuras económicas y territoriales, alteran los desplazamientos cotidianos de las personas. En la etapa fordista la movilidad se asocia casi exclusivamente al trabajo, y a la utilización de los medios de transporte mecánicos. Son desplazamientos pendulares muy pautados en el espacio y en el tiempo, con franjas horarias y recorridos fijos, y los protagonizan los commuters , aquellos que van del lugar de residencia al de trabajo y a la inversa. En esta etapa es cuando los recorridos longitudinales superan a los transversales, cuando los desplazamientos se alargan y la distancia gana a la proximidad (Holzapel et al ., 1988). Además los desplazamientos se identifican con el uso de los medios de transporte mecánico, por lo que los peatones pierden el protagonismo en los análisis (Bettini, 1998) y en las fuentes de información sobre movilidad. El modelo socio-económico y territorial incierto, evolutivo y multiforme de la etapa postfordista, incrementa los desplazamientos y con ellos los motivos que los inducen y los modos de transporte utilizados, Bailly (2005) identifica el postfordismo como el tiempo del individuo y de la movilidad absoluta , resultado de la crisis de comportamientos y de valores propios de la sociedad industrial. La creciente atomización y precarización laboral hacen que el trabajo pierda valor como referente y cohesión social. En su lugar emerge el consumo como modelo de identidad, que no implica ninguna referencia estable ni a una categoría laboral, ni social, ni tan solo a un lugar de trabajo (Bauman, 2005) Al modelo de movilidad fordista, basado en los desplazamientos homogéneos y colectivos de grandes masas, se le sobrepone un modelo donde la referencia es el individuo y donde la movilidad no es solo el desplazamiento físico, sino que pasa a ser una característica indispensable para sobrevivir en la ciudad difusa, o con palabras de Bauman, en una sociedad líquida estructurada en torno a redes sociales de distinta naturaleza y dimensión. Es una movilidad que tiene forma de nube, pues es muy dispersa en el tiempo y en el espacio, y además de integrar desplazamientos físicos de los ciudadanos, constituye intercambios de información (Gutiérrez Puebla y García Palomares 2007). Todo ello implica inmediatez y flexibilidad por un territorio con dinámicas complejas y multiescalares. La movilidad crece y se diversifica, los flujos son cada vez más numerosos y más dispersos en el espacio y en el tiempo (Kesselring, 2006). La flexibilización de las formas de empleo introduce horarios de trabajo cada vez más variados, cuando también el trabajo combina además con toda una serie de actividades, por lo que las horas punta y las horas valle se difuminan (Watts & Urry 2008). Por todo ello los motivos de los desplazamientos se multiplican y todos, los de la esfera productiva y reproductiva, son necesarios e imprescindibles. Por eso, además de los motivos laborales y de estudios, las compras, las visitas, ir a acompañar a los niños a la escuela, son motivos de desplazamiento que se van incluyendo en las encuestas de movilidad. La movilidad cotidiana requiere una inversión de tiempo, los desplazamientos separan esferas cotidianas diferentes: el hogar, el trabajo, el ocio, la compra... Por lo que, el desplazamiento supone una ruptura entre dos esferas a las que, además de una distancia física, las separa una distancia temporal (Haegerstrand, 1975). Y este tiempo, como un recurso social (colectivo e individual) escaso, también se incluye como un coste del desplazamiento. El tiempo de la movilidad permite aunar las distintas actividades cotidianas y los diversos espacios donde se realizan. Pero a diferencia de otros tiempos sociales, como el tiempo del
200 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada trabajo, del ocio, de la cultura, el tiempo de la movilidad no tiene un objetivo por si mismo. Es un tiempo derivado, de unión entre distintas actividades, que tiene que reducirse en la medida de lo posible. Y que depende tanto de la estructura del territorio como de los medios de transporte utilizados (Camagni et al. 2002). La variable temporal cobra un interés especial, no sólo desde el punto de vista de la distribución diaria de los viajes, también desde la perspectiva del tiempo que le dedica la población (Durán, 2007), porque los incrementos de velocidad se traducen en más viajes y más distancia y en consecuencia más tiempo. En las dinámicas territoriales de dispersión y aproximación, los medios de transporte utilizados y los tiempos empleados son muy distintos. Con la dispersión y el cambio de escala se incrementan las distancias y se masifica el uso de los transportes mecánicos (colectivos o privados). Con la aproximación o la recentralización las distancias se acortan, las densidades aumentan y el ir andando vuelve a ser un medio de transporte útil y necesario. En unidades temporales, las dos dinámicas parecen complementarias, si por un lado la dispersión aumenta el tiempo total de desplazamiento, la concentración parece que intenta disminuirlo (Torres, 2004). 2. La Inclusión de variables medioambientales, movilidad e impactos El cambio de siglo no solo ha significado una transformación en la estructura económica sino también la sustitución del paradigma de la modernidad por el paradigma de la sostenibilidad. Aunque, es ya a mediados del siglo XX, con la toma de conciencia de los límites ecológicos y ambientales del planeta cuando se empieza a percibir la importancia de las variables medioambientales. Desde esta óptica, se reformulan los análisis y las estrategias de intervención sobre movilidad y transporte (Bettini, 1998). Así, se subrayan las consecuencias medioambientales, desde un enfoque más local (contaminación del aire, el ruido, la ocupación del suelo, la fragmentación del territorio, etc...) y desde una lógica más global (cambio climático, biodiversidad, limite en los recursos naturales, etc...). A la vez, el estudio la movilidad se abre a los conflictos sociales derivados de los modelos territoriales que hasta entonces se habían mantenido al margen. Si bien se habla de los impactos ambientales de la movilidad, estas externalidades no se deben tanto al desplazamiento mismo sino al uso de los medios de transporte, pues estos tienen impactos ambientales muy desiguales (AAE, 2005). Ahondado en las disparidades se dividen los transportes en mecánicos (colectivos y privados) y no mecánicos (a pie y en bicicleta), el uso de estos últimos tiene impactos casi nulos a diferencia de los primeros que son los responsables de los más importantes, como el consumo energético, la contaminación atmosférica, acústica y la fragmentación y ocupación del territorio (Maddison et al., 1996). El sector de los transportes es el responsable del mayor consumo energético que, en España, con un enfoque global (incluyendo todo el ciclo productivo: construcción, utilización y eliminación) puede llegar al 50% de la energía consumida (CICCyP, 2003). Después del avión el transporte por carretera es el que más energía consume; desde este punto de vista, el menos eficiente es el vehículo privado, especialmente los de mayor cilindrada. Además, la energía requerida proviene en buena parte de los recursos no renovables, como los combustibles fósiles derivados del petróleo y se prevé que esta dependencia aumentará en el futuro con un crecimiento del consumo energético mundial del 2% anual. Asimismo, las emisiones de gases
201 Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la geografía humana Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 contaminantes producidos directamente por la combustión de los motores de los vehículo privados representan el 44,5% de todas las emisiones ocasionadas por los medios de transportes, muy alejadas autobús (6,2%) y del tren (1,5%) (IPCC, 2008). El aumento de la contaminación acústica en las ciudades se relaciona directamente con la evolución del uso de los medios de transporte y especialmente del vehículo privado (García y Garrido, 2002). El ruido del transporte rodado es la fuente principal de la contaminación acústica de las ciudades europeas (80%). La creciente motorización supone destinar cada vez más superficie para construir las infraestructuras viarias necesarias que permiten la circulación de los vehículos. Así entre 1990 y 1998, en la UE se ocuparon cerca de 30.000 ha de suelo, principalmente agrícola, para la construcción de autopistas (AAE, 2001). También interrumpen las dinámicas y flujos naturales, al convertirse en barreras (por sus características físicas o por la intensidad de tráfico) e interrumpen los desplazamientos y dispersión de las especies, especialmente de la fauna. Además de estos impactos medioambientales, el paradigma de la sostenibilidad introduce también variables socioterritoriales, unas y otras interpretadas como costes derivados de la movilidad y transportes, siendo uno de sus máximos exponentes el actual cambio climático (Whitelegg, 1997). Estos costes derivados de los desplazamientos, según su origen tiene distinta naturaleza. Así, en los costes totales de la movilidad, no sólo se contabilizan los económicos de la escuela neoclásica, sino que se incluyen los sociales y los medioambientales En los económicos se incluyen los de operación, sea directa (combustible, reparaciones…) y indirecta (amortización del vehiculo, tasas…). En los sociales se incluyen todos aquellos aspectos que tienen impactos sobre la sociedad, como los accidentes de trafico, la expulsión de los usos y de los usuarios del espacio público, la pérdida de autonomía de desplazamiento de la población infantil, el tiempo utilizado, entre muchos otros (EEA, 2005). 3. La movilidad de las personas, la estructura social de la movilidad El cambio de sujeto analítico, desde los medios de transporte a las personas que se desplazan, ha impulsado numerosos trabajos que tienen como objetivo la relación entre los modelos de movilidad y la estructura social de la población. Los medios de transporte utilizados, los motivos que generan los desplazamientos y sus tiempos, entre otras variables, están sujetos a una serie de condicionantes sociales (Lucas, 2001). Esta perspectiva, además, ha permitido visualizar los conflictos sociales derivados de la movilidad y los ha situado en el centro del debate, en la medida que subraya la importancia de la accesibilidad a las actividades cotidianas en relación a los distintos grupos sociales. Los modelos de movilidad están sujetos a ciertas características sociales, como la adscripción del individuo a un colectivo social, la estructura familiar y el nivel de renta. A su vez, las variables determinantes de la estructura social de la movilidad se relacionan con ciertas características urbanas. Kaufmann (2006) asocia distintos modelos de movilidad y estilos de vida según territorios urbanos diferenciando las ciudades centrales, los espacios metropolitanos y los espacios suburbanos o californianos. Con relación a estos, Cebollada (2006) distingue en los territorios urbanos tres categorías, según las características morfológicas y la oferta de transporte público. Por tanto, los condicionantes sociales mantienen una relación compleja con el territorio que acaban por definir unas pautas de movilidad diversas.
208 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada inmigrante no regularizada o de las personas que, no viviendo en el territorio de referencia, trabajan en él. Es decir, por norma general, se contempla a la población de derecho y no a la de hecho. Asimismo, se encuentran limitaciones del universo de estudio en función de la edad. Estos subrepresentación de algunos colectivos, o usuarios del lugar, usando la terminología de Mendizábal (1996), influyen o incluso pueden impedir algunos de los análisis derivados de estas fuentes de información. En esta situación se pueden encontrar los estudios sobre áreas funcionales de la población, de gran tradición en la geografía española; los que intentan definir el neighborhood , barrio o vecindario, de gran tradición en la geografía anglosajona; y los que analizan la población presente en un lugar, sea residente, turista o trabajador. No sólo existen colectivos subrepresentados sino también espacios, dado que se trabaja con una zonificación territorial que toma una doble dimensión. Por un lado, cada zona constituye una subpoblación por sí misma, por otro, actúa como estrato respecto a la población global. Y además la desagregación en la zonificación depende del tipo de estudio (nacionales, regionales, municipales...) y de las necesidades de la entidad promotora (comarcas, municipios, distritos, barrios,...). También influye el hecho que casi siempre, las zonas de transporte se corresponden con divisiones administrativas ya existentes: regiones, municipios, distritos, barrios, secciones censales, etc. Sin embargo, a pesar de la inclusión de estrategias para subsanar los posibles errores de representatividad territorial, y especialmente en los casos en los que éstos sean muy tenues, básicamente por razones presupuestarias, algunos espacios pueden quedar poco representados y, normalmente, diluidos en un territorio mayor o en una amalgama de territorios que no permiten el conocimiento específico de lo sucedido en dichos espacios. Es frecuente, por ejemplo, que queden subrepresentadas las áreas rurales, especialmente aquellas que cuentan con un importante volumen de población dispersa. Asimismo, es habitual que no gocen de la representación necesaria las zonas poco pobladas. La aplicación de las mismas técnicas de muestreo realizadas en los conglomerados urbanos impide la obtención de muestras poblacionales representativas de estos territorios lo cual dificulta a posteriori la toma de decisiones sobre éstos. El concepto de la movilidad desde la perspectiva de los transporte, en numerosas ocasiones, ha desatendido o ha minimizado los desplazamientos que no se realicen en medios de transporte motorizados. En este sentido, el movimiento más perjudicado ha sido el ir andando, ya sean como único modo o como parte de una cadena modal (Fuente, 2005). Así, es habitual que las herramientas informativas rechacen aquellos desplazamientos con una duración inferior a los 5 minutos, a los 10 minutos e incluso a los 15 minutos. Si se tiene en cuenta que la mayor parte de los desplazamientos realizados con este modo de transporte tienen una duración inferior a estos tiempos y que en muchas ciudades españolas el ir andando es el modo de transporte mayoritario, se comprenderá la magnitud del error estadístico que se puede llegar a generar aplicando estos criterios de selección. La Comisión Europea (2007) advierte de esta laguna informativa en el Libro Verde de la movilidad urbana. Se trata de un error estructural enmarcado en el paradigma de la modernidad, en el que prevalecían los desplazamientos realizados en vehículo privado y donde los problemas a resolver eran fundamentalmente los derivados del tránsito y la congestión vehicular (Miralles-Guasch, 2002). Sin embargo con el paradigma de la sostenibilidad, emergen con fuerza los modos con menos gasto energético y menos contaminantes, como es el a pie y en bicicleta. Y con ellos los espacios y los grupos sociales que los utilizan con mayor frecuencia.
209 Movilidad cotidiana y sostenibilidad, una interpretación desde la geografía humana Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 La planificación de la oferta de transporte y de la gestión de la demanda, tanto en ámbitos privados como públicos, es uno de las esferas en los que las herramientas de información sobre movilidad son fundamentales, en la medida que se formulan políticas publicas conforme a las necesidades emergentes de la población y como elemento evaluador de políticas pretéritas. También es importante en la trasferencia y aplicabilidad en los planes de movilidad a nivel local y supralocal, que se están fomentando desde la UE, el gobierno central y algunos gobiernos autónomos. Otro ámbito donde la aplicabilidad es fundamental es en las políticas de ordenación del territorio y la planificación urbanística, pues estas se tienen que coordinar con las políticas de movilidad y transportes, a nivel local, metropolitano, regional y estatal. Un reto que marcan los distintos documentos de la Comisión Europea, como el Libro Blanco (2003) o el Libro verde (2007) y que esta transformando el enfoque del planeamiento territorial y urbanístico, e incluso la normativa legal, como por ejemplo la Ley de Planeamiento urbanístico y la Ley de movilidad del Parlamento Catalán, donde se explicita, en ambas leyes, la necesidad de plantear de forma conjunta y coordinada la movilidad, las infraestructuras y el planeamiento urbanístico. De igual forma en las políticas que persiguen la cohesión social, el uso de la información sobre movilidad es fundamental en la medida que de esta depende el análisis de los niveles de accesibilidad de los distintos grupos poblacionales. De la misma manera existe un objetivo cada vez más claro, en la información sobre movilidad, en las políticas medioambientales, al ser el transporte uno de los ejes transversales de estas acciones públicas. También, y como no podrían ser de otro modo, hay una aplicabilidad directa en las políticas de igualdad. A inicios del siglo XXI, el acceso a los bienes y servicios así como la redistribución de la riqueza continúa marcando importantes desigualdades por motivos de género. Tal como se ha puesto de manifiesto en el apartado segundo, la movilidad no es una excepción a este hecho por lo que hombres y mujeres presentan patrones de movilidad claramente diferenciados, lo que se hace imprescindible abordarlos desde los conocimientos estadísticos. En un entorno social cada vez más complejo incierto y dinámico, las tradicionales formas tecnocráticas de gestión de la movilidad, de las infraestructuras y el territorio, se muestra ineficiente y por ello en los últimos años se ha avanzado en la articulación de sistemas de gobierno que integren una pluralidad de intereses complementarios y también contrapuestos. En este contexto las fuentes de información sobre movilidad deben de proveer de información para que los distintos agentes públicos puedan desarrollar sus políticas, desde esta nueva perspectiva de gobernanza. V. CONCLUSIONES La movilidad cotidiana es un fenómeno creciente y complejo que tiene una profunda sustancia territorial, el origen y los destinos marcan sus componentes espaciales primarios, pero a la vez la organización del territorio, y con él muchas de las variables geográficas (densidades, morfologías, funcionalidades, población etc..) inciden en la estructura de los desplazamientos. Por todo ello la Geografía Humana, tanto a nivel español como internacional, desde sus distintos campos analíticos (Geografía del transporte, Demografía, Geografía Urbana, etc.) está concediendo una atención creciente a este fenómeno.
210 Boletín de la A.G.E. N.º 50 - 2009 Carme Miralles-Guasch y Àngel Cebollada Sin embargo el análisis de la movilidad cotidiana, en la medida que ha fortalecido su presencia en los distintos campos geográficos y su estudio ha evolucionado con la presencia de nuevos paradigmas, ha ido integrando variables que han enriquecido la disciplina. El gran salto conceptual se ha dado en las últimas décadas del siglo XX, cuando, de los medios de transporte como sujetos de análisis se paso a estimar a las personas que realizaban esos viajes. De ahí el tratamiento se ha focalizado en los modelos de movilidad que estas tienen desde los motivos que inducen al movimiento, los medios de transporte que utiliza y los tiempos de recorrido. Además, la movilidad cotidiana en los últimos tiempos ha protagonizado cambios estructurales muy considerables en su forma y función. Desde la geografía estos cambios se pueden apreciar a partir de tres perspectivas: las transformaciones inducidas por las alteraciones en la estructura económica y territorial con el paso del fordismo al postfordismo, la inclusión de las variables medioambientales, dentro del paradigma de la sostenibilidad, y la inserción de la estructura social de la movilidad, al tratarse de personas que se desplazan y no sólo de medios de transporte. De todo ello han aparecido nuevos retos y nuevas miradas analíticas. Los cambios en la estructura económica y en la disposición de las actividades en el territorio ha inducido a desplazamientos más dispersos y complejos, que no pueden tratarse como antes, ni en sus análisis académicos ni en las políticas públicas. A la vez que la utilización de algunos medios de transporte, especialmente el vehículo privado, es una de las actividades humanas con impactos ambientales más perjudiciales para el medioambiente a nivel de consumo energético y de contaminación, una dimensión que implica subrayar la importancia de los medios no motorizados y especialmente el ir a pie y en bicicleta. También, y sumándolo a lo ya dicho, la estructura social permite comparar modelos de movilidad por colectivos y establecer niveles de accesibilidad de estos, en relación al mercado laboral, a los bienes y los servicios. Por lo que se hace imprescindible tratar el tema de la información cuantitativa de la movilidad cotidiana, desde el punto de vista de las encuestas de movilidad a nivel nacional e internacional, con el propósito de averiguar que informaciones aportan y bajo que metodologías. A la vez que nos debemos interrogar si estas son suficientes para los nuevos retos que la movilidad cotidiana, desde la Geografía, nos demanda. BIBLIOGRAFÍA AGENCIA AMBIENTAL EUROPEA (2001-2005): Sistema de indicadores para el seguimiento del transporte y el medioamiente (TERM). AAE. ALBERTOS PUEBLA, J . (2007): «Presentación. Transporte, Movilidad y Sostenibilidad». Cuadernos de Geograf í Cuadernos de GeografíCuadernos de Geograf a, ía, í nº 81-81, 1-5. ASSOCIATION OF AMERICAN GEOGRAFS (2002): Trends in the geography of mobility III . 98th anual meeting 19-23 march. Los Angeles. AVELLANEDA, P. (2007): Movilidad, pobreza y exclusi ó n social. Un estudio de caso en la ciudad de Lima . Tesis de doctorado. Bellaterra. Universitat Autònoma de Barcelona. BAILLY, J.P . (2005) Noveaux rythmes urbains et organisation des transports. París . Conseil National des transport (CNT). BANISTER, D . y HALL P . (Eds.) (1981): HALL P. (Eds.) (1981): HALL P Transport and public policy planning . London. Mansell.
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