Marcel Schowb y el problema de la temporalidad en traducción
Abstract
La temporalidad es un factor importante en traducción. Este artículo analiza los problemas que se derivan de la distancia temporal que en ocasiones se establece entre el texto original y el momento de su traducción, y cómo se ha enfocado esta cuestión dentro de la teoría de la traducción, prestando especial atención a las ideas que al respecto manifestó un traductor del siglo XIX, Marcel Schwob, quien llevó a la práctica su propio método de traducción para resolver el problema de la distancia temporal.
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Resumen La temporalidad es un factor importante en traducción. Este artículo analiza los problemas que se derivan de la distancia temporal que en ocasiones se establece entre el texto original y el momento de su traducción, y cómo se ha enfocado esta cuestión dentro de la teoría de la traducción, prestando especial atención a las ideas que al respecto manifestó un traductor del siglo XIX, Marcel Schwob, quien llevó a la práctica su propio método de traducción para resolver el problema de la distancia temporal. Palabras clave:temporalidad, distancia temporal, Marcel Schwob. Abstract Time is an important factor in translation. This article analyses the problems that come about due to the temporal distance that occasionally arises between the original text and the time of its translation, and how this matter has been approached within translation theory. Special attention has been given to the ideas a 19th century translator, Marcel Schwob, brought forward in this respect: he used his own method of translation to solve the temporal distance problem. Key words:temporality, temporal distance, Marcel Schwob. La distancia temporal que separa, en ocasiones, a una obra original de su traducción es un aspecto importante cuando nos adentramos en el estudio de los factores que intervienen en el proceso traslativo. Este aspecto es el que hemos dado en llamar la temporalidad en traduccióny afecta a todo el mecanismo de la traducción de manera proporcional al alejamiento en el tiempo del origiQuaderns. Revista de traducció 3, 199939-48 Marcel Schowb y el problema de la temporalidad en traducción María José Hernández Guerrero Universidad de Málaga. Facultad de Filosofía y Letras Campus de Teatinos, s/n. 29071 Málaga Sumari EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 39 1. La temporalidad en traducción 2. El método schwobiano: l’analogie des langues et des littératures au mêmes degrés de formation 3. Posiciones ante la temporalidad Bibliografía
nal, es decir, cuanto más distante está una obra cronológicamente con respecto al momento de su traducción, tanto más compleja y más ardua se revela su traslación. Cualquier texto, lejos de ser un producto aislado e inconexo, pertenece a un momento histórico y cultural muy concreto. Su carácter sincrónico no hace más que aumentar las dificultades al emprender su traducción a la lengua de una sociedad y de un tiempo diferentes al suyo original. La temporalidad hace que muchos textos, sobre todo obras literarias, necesiten volver a traducirse con el paso de los años, e, igualmente, hace necesarias las traducciones intralingüísticas. A lo largo de la historia han sido muchas, y muy variadas, las soluciones que los traductores han aportado para salvar este obstáculo. Nosotros nos referiremos a una en concreto: la solución propuesta por un escritor literario que al mismo tiempo fue traductor, Marcel Schwob. Si la figura literaria de Marcel Schwob es, desgraciadamente, poco conocida, aún lo es menos su faceta de traductor. Este escritor francés que vivió en las tres últimas décadas del siglo XIX fue, sin embargo, un auténtico vanguardista en literatura, y en el ámbito de la traducción destacó por la defensa de un método traslativo denominado por él l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation. Su objetivo con la aplicación de este procedimiento era vencer el salto temporal que se producía cuando la obra que se iba a traducir era anterior en el tiempo al momento de la traducción. Schwob empleó con éxito su método en tres de sus grandes traducciones: el Hamlet, de Shakespeare, Macbeth, del mismo autor, y Moll Flanders, de Daniel Defoe. En las dos primeras el tiempo transcurrido entre original y traducción era de tres siglos, y de apenas uno en la tercera. Sin duda, hubiera continuado aplicando este procedimiento, de cuya eficacia y futuro se hallaba convencido, de no haber sido porque la muerte le sorprendió en 1905, a los 37 años de edad. Se truncaba así una corta trayectoria literaria bastante fructífera y una igualmente breve experiencia en el campo de la traducción. Dejaba Schwob, no obstante, prólogos y escritos donde detallaba los mecanismos de funcionamiento de su método, además de esas tres traducciones antes citadas como testimonio de su aplicación. En el trasfondo de l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation se encuentra uno de los problemas a los que se enfrenta el traductor que emprende una versión de una obra del pasado: entre la época del original y el momento de la traducción se ha producido un alejamiento temporal que repercute en el proceso traslativo. 1. La temporalidad en traducción En nuestros días la temporalidad es reconocida como uno de los componentes inherentes al mecanismo de la traducción. La distancia cronológica entre el original y su versión aumenta las dificultades a las que debe enfrentarse el traductor. Sin pretender realizar un balance exhaustivo de las investigaciones que se han adentrado en la cuestión de la temporalidad en traducción (Cfr. Her40 Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 María José Hernández Guerrero EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 40
nández Guerrero, 1994), citaremos, eso sí, algunos estudios que han tratado este aspecto y lo han incluido dentro de los elementos que hay que considerar al efectuar una traducción de una obra del pasado. Entre los primeros en incluir el factor tiempo en los argumentos de la teoría de la traducción se encuentra Georges Mounin. En Les Belles infidèles Mounin hablaba de una distancia tripartita entre el texto fuente y el texto traducido. Esta distancia era debida, en primer lugar, a las diferencias entre las lenguas en juego; en segundo término, a las diferencias existentes entre civilizaciones, y, por último, debida a la coloración histórica del siglo del que procedía el texto fuente. Es decir, la temporalidad pasaba a ser considerada como uno de los factores que distanciaban a original y traducción. George Steiner (1981: 382), por su parte, reconoce que «toda traducción efectúa un traslado del pasado al presente». Lo que Steiner denomina «desplazamiento hermenéutico» comporta una fase, «la herméutica de la importación», que «no sólo se ubica en la frontera lingüística y espacial; también exige un desplazamiento en el tiempo». Steiner plantea este alejamiento temporal entre el texto fuente y su traducción desde una doble vertiente: no sólo el paso de los años provoca esa distancia, sino que también el propio traductor, por su tendencia a utilizar una lengua clásica, y recurrir a una gramática y a un léxico anteriores a los de su tiempo, participa en la creación de ese salto temporal. También para Maurice Pergnier (1978: 55) el desplazamiento en el tiempo es uno de los factores que repercuten en el complejo mecanismo de la traslación. Al establecer los parámetros que participan en la transmisión del mensaje, Pergnier enumera estos cuatro: émetteur, objet, destinataire y vecteur, siendo éste último «les conditions de temps et d’espace»; se le confiere así a la temporalidad un lugar de importancia dentro de los elementos componentes del proceso traslativo. Más recientemente, Amparo Hurtado (1990) ha abordado los problemas planteados por el distanciamiento temporal entre original y traducción, bajo la denominación de historicité, analizando las diferentes versiones que de una misma obra se han hecho en el transcurso de los siglos. Cada nueva traducción supone una actualización de la obra original que la acerca a sus lectores potenciales, y que, al mismo tiempo, es fruto de su propio momento histórico. Hatim y Mason (1995: 56) consideran igualmente el alcance de la temporalidad cuando aplican a la traductología los avances producidos en el seno del análisis del discurso. Desarrollando el concepto de variación lingüística, establecen una distinción entre variación debida al usuario y debida al uso. En el primer grupo se encuentra la variación temporal. «Los dialectos temporales —afirman— registran los cambios lingüísticos producidos con el tiempo. […] Los traductores de textos procedentes del pasado se hallan ante la difícil disyuntiva de usar en la versión la lengua arcaica o la variedad contemporánea. En el terreno de la traducción literaria está la consideración añadida del efecto estético.» De una manera general, esta cuestión del desplazamiento cronológico entre original y versión ha preocupado, y continúa haciéndolo, a todos aquéllos que Marcel Schowb y el problema de la temporalidad Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 41 EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 41
de forma teórica, o simplemente práctica, concentran sus esfuerzos en el ámbito de la traducción. Hemos tenido ocasión de apreciar cómo algunos estudios teóricos han recogido este aspecto de la temporalidad en traducción y lo han incluido entre los factores determinantes del proceso traslativo. Pero aparte de los teóricos de la traducción, otro grupo importante, los propios traductores, ha podido constatar, a través de la práctica de su trabajo, que el alejamiento cronológico entre el texto original y el texto traducido constituye ciertamente un factor que debe ser considerado al realizar una versión. Desde tiempo inmemorial los traductores han dejado constancia de sus opiniones y sus criterios en los prólogos y comentarios que hacían de sus propios trabajos. A través de estos escritos podemos observar qué posiciones adoptaron ante los escollos que encontraron en su tarea, y más concretamente, en lo que a nosotros atañe, qué respuestas hallaron para el problema de la temporalidad en traducción. 2. El método schwobiano: l’analogie des langues et des littératures au mêmes degrés de formation Marcel Schwob, como traductor, no permaneció ajeno a este debate. Su solución personal al distanciamiento temporal entre el texto fuente y su traducción fue bastante peculiar. Schwob se propuso amortiguar la separación cronológica con el método de l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation. Los principios de este método, Schwob los describe en un prólogo escrito para una traducción que realizó de unos versos de Catulo. Por desgracia esta traducción se perdió. Sin embargo, el prólogo se ha conservado y constituye un documento de gran valor para aclarar la naturaleza de este método. Dejemos que el propio Schwob (1985, I-II: 85-86) nos lo explique; escribe en este prólogo: Les traductions en vers ont mauvaise reputation: ou bien elles conservent la forme et altèrent complètement le sens; ou bien elles conservent le sens et envoient au diable la forme. Les deux méthodes sont également défectueuses. Il est évident que notre versification, entravée par la rime, est rebelle à la traduction. Pour faire une traduction tant soi peu exacte, en vers, tout en conservant la forme, il fallait donc choisir une prosodie licencieuse. J’ai cru bien faire en imitant la langue libre du seizième siècle, la versification licencieuse de Marot. Plantea Schwob en este primer párrafo el eterno problema de la traducción de la poesía: la imposibilidad de conservar forma y contenido a la vez. Aunque la traducción no nos ha llegado, por este prólogo podemos deducir que el traductor se decantó por conservar la forma poética de la obra traducida. Una vez establecida esta elección, el siguiente escollo lo constituyó la rigidez formal del verso francés, rigidez que decidió salvar utilizando la versificación más libre del siglo XVI, la versificación empleada por Marot. A este respecto sabemos que, frente a las coordenadas fijas de los géneros medievales, Clément Marot había destacado por la flexibilidad de sus versos. Schwob aclara también en 42 Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 María José Hernández Guerrero EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 42
este prólogo otras razones que confirman que su decisión de traducir a Catulo en la lengua francesa del siglo XVI es acertada: Je n’ai pas eu cette raison seulement pour traduire Catulle dans la langue du XVIe siècle, mais il m’a semblé qu’à l’époque de Catulle la langue latine était formée au même degré à peu près que chez nous la langue française sous Henri IV. J’ai suivi le raisonnement de Littré qui traduisait Homère en langue romane. On ne saurait croire combien les expressions et les tournures ont d’analogie dans les deux langues arrivées au même degré de formation. Du reste cette analogie, dans le cas, est fort explicable: au seizième siècle, comme sous César, la langue de la littérature grecque a fait invasion: on retrouve du grec dans les mots et les idées. Las ideas contenidas en este párrafo resultan de gran interés. En primer lugar, nos dan muestra de la completa formación lingüística que poseía Marcel Schwob. Si no es fácil una traducción al francés de su tiempo, mucho menos lo sería una traducción al francés del siglo XVI, una lengua que había dejado de hablarse y escribirse. Pero hay más, traducir al francés del siglo XVI representa una auténtica proeza, pues supone estar al corriente de un vocabulario o una sintaxis —por citar sólo un ejemplo— ya caducos. Sin embargo, Schwob se sentía capaz de esta tarea; sus estudios lingüísticos en el campo del francés medieval le habían familiarizado con aquella lengua en evolución; había realizado numerosos trabajos sobre la lengua de Villon y de Rabelais (éste último contemporáneo de Marot), que sin duda le acercaron al francés de aquel periodo. Otra idea que se desprende de este párrafo es la que fundamenta su método. Schwob decide traducir el latín de Catulo al francés del siglo XVI, estableciendo que ambas lenguas se encontraban en un mismo estadio de su formación, un momento de su evolución que las asemejaba. Además, justifica sus razonamientos en una comparación de la influencia helénica tanto en la lengua de Catulo como en la de Marot. Esta influencia es clara en la época de César, al igual que en el Renacimiento, donde todas las artes florecieron ante la fuerza de la renovación clásica. Así, el latín de Catulo y el francés de Marot, tenían otro punto más de unión. Para finalizar su prólogo, Schwob escribió unas frases en las que auguraba una buena aceptación futura de su método: «[…] j’espère avoir ouvert une nouvelle voie désormais déblayée pour mes successeurs: l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation». Los fundamentos de este método eran bastante simples. Se trataba, a fin de cuentas, de hacer retroceder la lengua de la traducción al periodo histórico en que el original fue escrito, o en su defecto a un periodo «similar» de su evolución. De ahí que cuando decidió traducir a Shakespeare al francés, pensara instantáneamente en la lengua francesa del siglo XVI. Escribe en su prólogo a Hamlet (Schwob, 1985, VIIVIII: XXV): Les critiques d’ici n’ont point songé que le style du XVIe siècle n’est plus celui d’à présent. Mettre une période de Shakespeare à la mode d’aujourd’hui, ce serait Marcel Schowb y el problema de la temporalidad Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 43 EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 43
àpeu près vouloir traduire une page de Rabelais dans la langue que parlait Voltaire. Nous avons taché de ne pas oublier que Shakespeare pensait et écrivait sous Henri IV et Louis XIII. Estas mismas ideas las lleva a la práctica en sus otras traducciones. En su versión de Macbeth, Schwob intenta reproducir de nuevo el francés del siglo XVI. De la misma manera, cuando traduce a Defoe su intención es similar: emplear el francés que hubiera utilizado un novelista galo de la época del escritor inglés. El efecto, sin duda, está conseguido. Paul Dottin (1927: 376-377) escribía a propósito de esta última traducción: «En lisant sa Moll Flanders, on croirait lire un roman de l’abbé Prévost. La langue simple, sans couleur ni relief, de De Foe, il l’a rendue par le français sobre et nu des romanciers français du XVIIIe siècle». El resultado en todas estas versiones fue bien acogido, aunque el método en sí sea bastante cuestionable. En el origen de estas ideas se hallaban otras experiencias anteriores que se habían adentrado en este mismo camino. La más conocida de todas ellas, y a la que el propio Schwob hace alusión, fue la del gran lexicógrafo e historiador del francés Emile Littré. La experiencia de Littré fue muy interesante, si bien pasó desapercibida en su momento. Tradujo La Iliada al francés del siglo XIII, y no contento con este trabajo se volvió hacia Dante con la idea de versionar La Divina Comedia en «langue d’oïl», una lengua contemporánea del escritor italiano, y que éste último llegó a conocer. Fruto de este intento fue la publicación en 1879 de L’Enfer mis en vieux langage François. Steiner (1981: 386) explica de esta manera la finalidad de Littré al realizar esas traducciones: «Reproduciendo La Divina Commedia en aquella langue d’oïl que Dante mismo conocía, Littré no solamente iba a incitar al lector a estudiar y apreciar “notre vieil idiome”, sino a tratar de salvar el abismo de incomprensión fundamental que se abre entre el mundo de Dante y el mundo moderno. Littré abrigaba la esperanza de que una versión en langue d’oïl de los siglos XIII y XIV pondría a su interpretación a la distancia exacta de Virgilio, en armonía con la cristiandad latina, según el espíritu mismo de la epopeya de Dante». Deducimos, pues, que las ideas de Littré tuvieron un enorme peso en el planteamiento schwobiano que desembocaría en l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation. La finalidad no es sólo restituir el alma del original, su sentido, sino también encontrar un lenguaje lo más próximo posible al que se hablaba o escribía en Francia por esa misma época. Son muchas las objeciones que se pueden hacer a este método para salvar la temporalidad en traducción. En primer lugar, supone admitir que el traductor posee un léxico y una sintaxis muy anteriores a los de su época, y que será capaz de evitar giros incorrectos, anacronismos, etc. Supone, igualmente, la creación de una lengua artificial que no está en uso en el momento de la traducción. Asimismo, habría que admitir que las lenguas y las literaturas evolucionan de manera paralela, estableciéndose correspondencias entre unos periodos y otros. Supondría, de igual modo, excluir al lector de ese proceso 44 Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 María José Hernández Guerrero EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 44
comunicativo que es una nueva traducción, obviando los problemas de su recepción, e ignorar que el traductor pertenece a una época determinada y que en su percepción del texto predomina la visión de su tiempo1. Ante la imposibilidad de admitir estas objeciones, no queda más que reconocer que l’analogie des langues et des littératures aux mêmes degrés de formation se nos revela actualmente como un curioso método para afrontar el problema de la temporalidad en traducción. Ahora bien, ello no quiere decir que las traducciones literarias de Marcel Schwob carezcan de valor. De hecho sus versiones fueron muy alabadas en su tiempo y algunas de ellas continúan reeditándose como prueba de su calidad y aceptación. Schwob, pese a lo erróneo de su método, logró que sus traducciones despertaran la ilusión del pasado, que el lector jugara con el traductor a recrear otro tiempo y acabara convirtiéndose en su cómplice. El hecho de que las traducciones de Marcel Schwob sean trabajos conseguidos, no da, sin embargo, legitimidad al método que utilizó. En nuestros días los problemas planteados por la temporalidad pasan por soluciones bien distintas. Los traductores se preguntan qué finalidad puede tener el traducir a Shakespeare, por citar un ejemplo, a estadios anteriores de lengua que en la práctica resultan difíciles de comprender para los nuevos lectores2. De esta manera, las versiones arcaizantes, como las de Schwob, han perdido terreno para convertirse en un hecho anecdótico. 3. Posiciones ante la temporalidad Es una realidad que las traducciones envejecen, y que cada nuevo momento histórico demanda nuevas traducciones. El alejamiento cronológico que se produce entre dos momentos históricos concretos hace que las demandas estéticas sean diferentes, puesto que la evolución en este sentido trae consiMarcel Schowb y el problema de la temporalidad Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 45 1. Steiner (1981: 383) se refiere concretamente a este aspecto cuando afirma: «Todo contexto es diacrónico; el campo de la significación, las diversas regiones de la tonalidad y de la asociación, se desplazan de continuo. Que elija las voces y los giros gramaticales apropiados, el traductor conoce su historia subsiguiente, y es inevitable que la gama de connotaciones sea la de su siglo y lugar de origen. Y aun cuando logre el equivalente justo en la escala del tiempo, y los objetos y manifestaciones afectivas a que se hace referencia en el texto, se encuentran incrustados en la percepción moderna que tiene de ellos. Por eso, funcionan como antiguallas que, obvio es, no lo eran en la época en que la referencia original fue hecha, o bien se han transformado». 2. Los ejemplos de este tipo de razonamiento abundan. Así, Federico Corriente (1974: 13) escribe en el prólogo de su traducción al español de los Mu’allaqat, poemas en árabe preclásico, las siguientes palabras explicando su solución personal al problema del distanciamiento temporal entre el original y su versión: «Por lo demás, el idioma en que damos esta traducción es tan claro y moderno como nos ha sido dado lograr, rehuyendo términos desusados, que podrían haber sido fiel trasunto del vocablo árabe en un español medieval, cuando su referencia era común, pero hoy sin vigencia idiomática en un criterio sincrónico, lo que obligaría al lector a recurrir frecuentemente al diccionario, resultado que nos parece demasiado paradójico al tratarse de una traducción.» EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 45
go un replanteamiento de los valores anteriores al que no escapan, por supuesto, los criterios y principios de traducción. Iliana Vladova (1993: 16-17) se refiere a este hecho como «distancia histórica» y establece cuatro tipos apoyándose en las relaciones concretas que se establecen entre el autor como «sujeto que refracta la realidad en el original», el traductor como «sujeto de segunda refracción de esa realidad», la cual, habiendo atravesado la imaginación creativa del autor, se ha convertido ya en «objeto de refracción», en una realidad artística, y, finalmente, el lector como destinatario de la información estética del original. Las relaciones entre autor, traductor, obra y lector determinan el tipo de «distancia histórica» que se puede establecer. Al igual que los autores y los traductores, el lector está conectado a un medio histórico preciso y a unos valores concretos que han dado forma a su conciencia, sus gustos estéticos, sus reacciones, y también su capacidad para aprehender un determinado original producido dentro de unos parámetros temporales determinados. El lenguaje y su evolución desempeñan igualmente un papel preponderante en todo este proceso. Es una realidad constatable que la historia de la traducción siempre ha mostrado una clara tendencia por los estilos del pasado, por hacer retroceder al texto traducido en el aspecto lingüístico. Se suele evitar la lengua corriente y se recurre a otra más clásica, menos usual. Dice Steiner (1981: 391) a este respecto: «Maquinalmente o de manera explícita, proclamando sus intenciones, o casi subconscientemente, el traductor escribirá recurriendo a un léxico y a una gramática anteriores a la de su tiempo». Ante el reto que supone saltar la barrera cronológica entre original y versión, las posiciones han sido y son variadas. Simplificando, tal vez en exceso, esta cuestión y adoptando una actitud meramente descriptiva, reduciremos las opiniones en dos tendencias. Están, por un lado, aquéllos que creen que la temporalidad debe resolverse introduciendo en la lengua de la versión ciertos elementos que dan cuenta de que el texto pertenece a una época anterior. El colorear el texto con un matiz arcaico es un hecho aceptado en la traducción actual e incluso se aconseja cuando los originales se remontan en el tiempo3. El traductor tiene ante sí una amplia gama de opciones para lograr ese toque de antigüedad, como, por ejemplo, utilizar formas de expresión que precedieron en siglos a las del habla de todos los días, recurrir a la lengua de una generación anterior, combinar con la propia lengua giros tomados del pasado, etc. Estos procedimientos permiten crear la ilusión del paso del tiempo por la traducción, del mismo modo acercan estilísticamente a original y versión. Por otro lado, están quienes son contrarios a la fórmula anterior, alegando que el texto principal es portador de una una serie de marcas (referencias históricas, fechas, personajes, costumbres…) que bastan para emplazarlo en un 46 Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 María José Hernández Guerrero 3. Amparo Hurtado (1990: 173), por ejemplo lo recomienda en esos casos: «[…] il est souhaitable de trouver un ton “archaïsant” (ce qui ne veut pas dire inintelligible ou difficile à comprendre) pour des traductions de textes anciens, afin de leur donner un certain caractère d’ancienneté du point de vue stylistique, que les approche de l’original». EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 46
marco espacio-temporal concreto, sin necesidad de la intervención del traductor4. En el contexto que acabamos de describir, el método de l’analogie des langues… que Marcel Schwob llevó a la práctica parece fuera de lugar. Una cosa es un toque de antigüedad en traducciones de obras de siglos atrás y otra muy distinta pretender que la lengua de la traducción coincida con la que estaba en uso en un país en el momento en que se escribió el original. La tendencia actual es justamente la contraria, es decir, acercar al lector la obra de un autor del pasado. Una ojeada sobre las traducciones que se realizan de grandes escritores de otros tiempos nos permite constatar una actualización de la lengua empleada, no solamente desde el punto de vista sintáctico, sino también semánticamente, modernizando el significado de términos desvirtuados por el paso del tiempo. De esta manera, el problema de la temporalidad en traducción tiende a solventarse en nuestros días dando prioridad al destinatario de la obra. Al ser el lector el receptor de los trabajos de los traductores, éstos últimos se esfuerzan en ofrecerle una versión asequible y que no plantee graves problemas de comprensión. No sería lógico que los nuevos lectores de los clásicos del pasado se enfrentasen a traducciones que reprodujesen la lengua de siglos atrás, una lengua que, en algunas ocasiones, resulta incomprensible y que puede ser, ella misma, objeto de una traducción intralingüística. Bibliografía CORRIENTE, Federico (1974). Las Mu’allaqat: antología y panorama de Arabia preislámica. Madrid: Instituto hispano-árabe de cultura. DOTTIN, Paul (1927). «Marcel Schwob et la littérature anglaise». La Revue de France (marzo-abril), p. 376-377. HATIM, Basil; MASON, Ian (1995). Teoría de la traducción. Una aproximación al discurso. Trad. esp. de Salvador Peña. Barcelona: Ariel. HERNÁNDEZ GUERRERO, María José (1993). Estudio de las obras de creación y de las traducciones literarias de Marcel Schwob. Málaga: Universidad de Málaga. —(1994). «El alejamiento cronológico entre el original y su traducción: perspectiva histórica». Livius 3, p. 137-143. HURTADO ALBIR, Amparo (1990). La notion de fidélité en traduction. París: Didier Érudition. MOUNIN, Georges (1955). Les belles infidèles. París: Cahiers du Sud. PEÑA, Salvador; HERNÁNDEZ GUERRERO, Mª José (1994). Traductología. Málaga: Universidad de Málaga. PERGNIER, Maurice (1978). Les fondements sociolinguistiques de la traduction. París: Librairie Honoré Champion. Marcel Schowb y el problema de la temporalidad Quaderns. Revista de traducció 3, 1999 47 4. Rosa Rabadán (1991: 99), por ejemplo, señala: «La argumentación de que hay que mantener el sabor arcaico del original en el plano formal no es válida, puesto que, al margen de la estructura digamos superficial, existen otros indicadores en el texto que lo caracterizan como perteneciente al estadio diacrónico X». EUTI 3 039-048 8/2/99 12:25 Página 47