La unidad de traducción en el enfoque funcionalista
Abstract
La autora discute diversos enfoques en torno al concepto de la unidad de la traducción, desde las propuestas de la estilística comparada hasta los planteamientos funcionalistas, pasando por enfoques estrictamente lingüísticos, pragmalingüísticos o lingüístico-textuales, hermenéuticos, psicolingüísticos orientados hacia el proceso de traducción y semióticos. Desde la hipótesis de que a lo largo de todo un texto pueden determinarse «indicadores funcionales», propone partir de «unidades de traducción verticales», es decir, no-secuenciales, cadenas o incluso redes de relaciones entre los diferentes elementos lingüísticos que tienen la misma función comunicativa.
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Resumen La autora discute diversos enfoques en torno al concepto de la unidad de la traducción, desde las propuestas de la estilística comparada hasta los planteamientos funcionalistas, pasando por enfoques estrictamente lingüísticos, pragmalingüísticos o lingüístico-textuales, hermenéuticos, psicolingüísticos orientados hacia el proceso de traducción y semióticos. Desde la hipótesis de que a lo largo de todo un texto pueden determinarse «indicadores funcionales», propone partir de «unidades de traducción verticales», es decir, no-secuenciales, cadenas o incluso redes de relaciones entre los diferentes elementos lingüísticos que tienen la misma función comunicativa. Palabras clave:unidades de traducción verticales, enfoque funcionalista, funciones comunicativas, didáctica de la traducción. Abstract The author discusses various approaches to the concept of the unit of translation, from those proposed by comparative stylistics to those put forward by functionalist theories, including approaches which are strictly linguistic, pragmalinguistic or text linguistic, hermeneutic, translation process-oriented psycholinguistic or semiotic. Working on the hypothesis that «functional indicators» may be determined throughout a text, the author proposes that non-sequential «vertical translation units» or chains or even relational webs linkingthe various linguistic elements with a shared communicative function, should be taken as thestarting point. Key words:vertical translation units, functionalist approach, communicative functions, didactics of translation. Quaderns. Revista de traducció 1, 199865-77 La unidad de traducción en el enfoque funcionalista Christiane Nord Fachhochschule Magdeburg Maxim-Gorki-Str. 10 39108 Magdeburg Sumario EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 65 0. Introducción 1. La UT de la estilística comparada de Vinay y Darbelnet 2. La UT en la traductología 3. Las unidades verticales 4. Ejemplo 5. Conclusión Bibliografía
66 Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 Christiane Nord 0. Introducción La unidad de traducción (UT) suele definirse como «la unidad de la lengua o del texto de partida tratada por el traductor en el proceso de traducción». Hasta el momento, los estudiosos de la traducción no se han puesto de acuerdo sobre las proporciones ideales de tal unidad ni sobre el nivel o rango lingüístico en que está localizada: si debería constituirse por morfemas, palabras, colocaciones o frases, oraciones o incluso textos enteros. En lo que sigue, voy a discutir, en primer lugar, los conceptos de UT diferentes que existen tanto en la lingüística contrastiva como en la traductología, para después presentar un concepto alternativo basado en el enfoque funcionalista, ilustrándolo mediante algunos ejemplos concretos. 1. La UT de la estilística comparada de Vinay y Darbelnet En 1958, en su libro Stylistique Comparée du Français et de l’Anglais, los lingüistas franceses Vinay y Darbelnet consideran la UT como «unidad de pensamiento» (unité de pensée), definida como «le plus petit segment de l’énoncé dont la cohésion de signes est telle qu’ils ne doivent pas être traduits séparément» (es decir, el segmento más pequeño del enunciado, en el que la cohesión de los signos es tal que no deben traducirse uno por uno). Vinay y Darbelnet hacen una distinción entre unidades funcionales, semánticas, dialécticas y prosódicas. Esta concepción ha sido criticada en los años siguientes por enfocar solamente la lengua de origen sin tomar en cuenta que las estructuras de la lengua meta pueden ser completamente distintas de las de la lengua de partida. La verdad es que lo que enfocó la estilística comparada no era la traducción profesional sino la comparación de los sistemas lingüísticos, describiendo las diferencias estructurales de las dos lenguas en cuestión mediante los conocidos «procedimientos» o «técnicas» de traducción (transposición, modulación, sustitución, etcétera). Por eso, el aspecto de mediación interlingüística no forma parte de este enfoque y tampoco se puede criticar que falte. 2. La UT en la traductología Fue un representante famoso de la llamada Escuela Traductológica de Leipzig (en la antigua RDA), Otto Kade, quien en 1965 trató de adaptar el concepto de UT de la estilística comparada a las necesidades de la traductología. Para él, la UT era: El segmento lingüístico más pequeño del texto de partida que puede sustituirse —gracias a las relaciones de equivalencia existentes entre dos lenguas— por un segmento lingüístico de la lengua meta en la traducción, que cumpla las condiciones de invariancia semántica (Kade, 1968: 90; cf. tb. Kade, 1965: 172). Desde aquel entonces, muchos estudiosos de la traducción, fueran lingüistas o traductólogos en sentido más estricto, han presentado sus propias conEUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 66
cepciones de lo que es o debe ser una UT basándose cada uno en su enfoque específico. Podemos distinguir enfoques — estrictamente lingüísticos, — pragmalingüísticos o lingüístico-textuales, — hermenéuticos, — psicolingüísticos orientados hacia el proceso de traducción, — semióticos y — funcionalistas. Los enfoques estrictamente lingüísticos, entre ellos los que se ocupan de la investigación de la traducción automática, se encuadran más o menos en el margen delimitado por la definición de Kade. Barchudarow (1979), por ejemplo, cuya definición de la UT se parece mucho a la de Kade, aunque no indica la base de la comparación (que en la de Kade era la invariación semántica), dice que las unidades de traducción pueden encontrarse en todos los niveles del habla: desde los fonemas o grafemas (en la transcripción) y los morfemas hasta las palabras, las colocaciones, las oraciones e incluso el propio texto. En la traducción de un determinado texto puede haber unidades de traducción en cada uno o cualquiera de estos niveles. También muchas concepciones posteriores se centran en unidades pequeñas o incluso mínimas como morfemas o palabras. La mayoría de ellas ven el tamaño de la UT determinado por las características formales del segmento de partida: en la terminología, como sostiene por ejemplo Koller (1992), la UT es la palabra (por ejemplo, crédito) o, en el caso de denominaciones compuestas, el sintagma (por ejemplo, entrega de llaves); cuando se trata de fraseologismos, giros idiomáticos o frases hechas, también el sintagma; en el caso de refranes, eslogans o fórmulas fijas (como Prohibido el paso), la oración. Cuando se trata de textos poéticos o también de textos publicitarios, en cuya traducción se intenta mantener invariante la función poética o persuasiva del texto en su conjunto, podría decirse que la UT es constituida por el texto entero, pero, según Koller, en estos casos no está claro si todavía se trata de traducción «en sentido estricto» (es decir, re-producción textual) o más bien de adaptación o producción textual. Con el cambio de perspectiva iniciado por el «descubrimiento» de la lingüística textual y los factores situacionales que determinan la producción y recepción de los textos, la definición de la UT adquiere un enfoque más pragmático. Ya en 1968, Albrecht Neubert (también de Leipzig) había caracterizado la UT como «entidad pragmático-lingüística» que se puede definir como «la invariante semántica más pequeña». Más tarde, en 1973, el mismo Neubert afirma que los «valores complejos semántico-pragmáticos del género textual» pueden también considerarse como UT. Hay otros estudiosos que enfocan las isotopías como UT (como el traductólogo danés Sven-Olaf Poulsen, Poulsen 1981), y Reiss y Vermeer (1984) afirman tajantemente que «la UT primaria es el texto», mientras que las palabras le interesan al traductor nada más que como «elementos textuales». La unidad de traducción en el enfoque funcionalista Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 67 EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 67
Esta actitud es compartida por los representantes del enfoque neohermenéutico. Uno de ellos fue el traductólogo recién fallecido Fritz Paepcke, quien en 1986 escribió: «No traducimos ni palabras ni lenguas, sino textos». A pesar de eso, según Paepcke, entre las unidades más grandes y las más pequeñas de un texto no existe una relación de absorción: las unidades más pequeñas no se disuelven en la gestaltdel texto. El efecto comunicativo de un texto se deriva entonces de la composición específica de sus componentes. De modo similar, René Ladmiral aboga por una «des-lexicalización» y «desecuencialización» de las unidades de traducción para llegar a una «semiótica de la UT», que se basaría en unidades de habla o de discurso (1981). Para identificar tales unidades, dice Ladmiral, el traductor necesita capacidades «hermenéuticas». Pour nous, il faut accepter de renvoyer la délimitation des unités sémiotique ou connotateurs à la médiation herméneutique mise en œuvre par la subjectivité du traducteuer, qui doit nécessairement s’engager aux risques d’une «interprétation minimale» concernant le fonctionnement du texte qu’il a à traduire. Los enfoques psicolingüísticos también se centran en el traductor como individuo que traduce, analizando «lo que está pasando en la mente del sujeto traductor» (Krings, 1986; Königs, 1987). Los análisis de los protocolos de «pensamiento en voz alta» (Thinking-aloud protocols, TAP) los llevan a la conclusión de que no se puede partir de unidades de traducción estáticas, supraindividuales. Cada individuo se forma «por intuición» sus propias unidades de traducción, según sus capacidades lingüísticas y el nivel de su capacidad traductora. Por eso, Königs (1981) rechaza el concepto de unidad de traducción afirmando que no es un concepto practicable ni en la traductología ni en la enseñanza de traducción, y que solamente puede tener cierto valor en la enseñanza de lenguas extranjeras. En el marco del enfoque funcionalista, la UT se define como «segmento textual que contribuye de una manera inequívoca a la función global del texto» (Hönig, 1986). Todas estas concepciones de UT tienen en común que consideran la UT como un segmento lineal del texto localizado en un determinado nivel lingüístico (morfema, palabra, sintagma, oración, texto), dejando variable su tamaño, que puede depender del género textual, de la función global del texto, de las capacidades hermenéuticas del traductor y de otros criterios más. Newmark insiste en que la unidad debe ser siempre «lo más pequeña posible»: The unit of translation is always as small as possible and as large as is necessary (grammatically it is usually a group or phrase), but an advertiser is likely to ignore it, whilst a literary translator may try to bring it down to the word (Newmark, 1981). Las concepciones descritas hasta ahora comprenden unidades de traducción que llegan hasta el nivel textual. Susan Bassnett y André Lefevere (1990) van 68 Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 Christiane Nord EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 68
incluso más lejos afirmando que la unidad de traducción puede ser también «la cultura». Citan el ejemplo de la literatura checa del siglo XIX, en la que las traducciones de obras alemanas (cuyos originales podían leerse y comprenderse perfectamente en alemán) tenían la función de importar «la cultura» alemana a la literatura checa. Translation, then, becomes one of the means by which a new nation ‘proves’ itself, shows that its language is capable of rendering what is rendered in more prestigious languages […] (Bassnett /Lefevere, 1990: 8). Sin embargo, estas unidades tan grandes no son manejables en el proceso de traducción. Salvo en el caso de títulos, eslogans o fórmulas fijas como «Prohibido tocar el género», el texto es una unidad demasiado compleja para que pueda traducirse «de un tirón», sobre todo en la enseñanza. Por esta razón, los traductólogos especializados en didáctica han vuelto a las unidades más reducidas, sin por eso perder de vista la totalidad del texto. En lo que sigue voy a presentar mi concepción de unidad de traducción, que trata precisamente de hacer compatibles una visión global del texto y la funcionalidad de unidades más manejables. 3. Las unidades verticales Si leemos el texto «de arriba abajo» podemos observar que las concepciones mencionadas (salvo quizás la semiótica de René Ladmiral) proceden de manera lineal u «horizontal», segmentando el texto según su cronología secuencial. Las unidades de traducción que yo propongo, en cambio, podrían caracterizarse como «unidades verticales» y no-secuenciales. Es como si al mirar el texto a vista de pájaro descubriéramos cadenas o incluso redes de relaciones entre los diferentes elementos lingüísticos que tienen la misma función comunicativa. Partiendo de la hipótesis de que un texto es producido para un determinado fin comunicativo o para una jerarquía de varios fines comunicativos, podremos formular los siguientes principios básicos que rigen la comunicación mediante textos: — Para indicar al receptor la función comunicativa para la que se destina el texto, un autor o redactor utiliza determinados medios lingüísticos, que vamos a llamar «indicadores funcionales» y que son específicos de la lengua y cultura en cuestión. Por ejemplo, para indicar que se trata de un texto instructivo, un autor inglés emplea el imperativo (Wash and peel the potatoes and bring them to the boil), un autor español usa la forma impersonal del verbo (Las patatas se lavan y se mondan y se ponen a hervir), un autor alemán usa el infinitivo (Kartoffeln waschen, schälen und zum Kochen bringen). — Una determinada función o subfunción comunicativa puede indicarse en varios niveles o rangos lingüísticos, por ejemplo, a nivel textual se usan indicadores macroestructurales, a nivel de oración se emplean indicadores La unidad de traducción en el enfoque funcionalista Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 69 EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 69
sintácticos, a nivel de palabra o sintagma, indicadores léxicos; a nivel de morfema, indicadores morfológicos. Los indicadores prosódicos pueden emplearse tanto a nivel de palabra como de frase, de oración o de texto. — Todos los indicadores que marcan una determinada función o subfunción comunicativa, con independencia de su rango y de su localización en el texto, forman una unidad funcional. Para la traducción funcional, eso significa que: —en la fase de comprensión se interpretan los indicadores funcionales del texto original y se seleccionan aquéllos que, siguiendo las instrucciones del encargo de traducción, se consideran relevantes para el funcionamiento del texto meta; —aunque las funciones comunicativas pueden ser universales o al menos supraculturales, parece lógico que el uso de indicadores funcionales obedezca a tradiciones y convenciones específicas en cada cultura; por ello, puede ocurrir que, a pesar de su forma similar o incluso idéntica, ciertos indicadores funcionales marquen distintas funcionalidades en dos culturas, y viceversa: indicadores distintos pueden señalar la misma función; —después de aislar las unidades funcionales del texto original relevantes para la función del texto meta, el traductor decide si se pueden emplear como tales para cumplir las funciones deseadas del texto meta o si hay que adaptarlas a las convenciones y normas comunicativas vigentes en la cultura meta. La identificación de unidades funcionales en vez de segmentos lineales tiene una gran ventaja. Muchas funciones comunicativas se señalan mediante rasgos diferentes (léxicos, semánticos, macroestructurales, paralingüísticos, sintácticos, etc.) en varios lugares del texto. Si, por ejemplo, todos los rasgos indicadores de ironía se consideran como un conjunto funcional, no es ya peciso fijarse en cada una de estas manifestaciones de intención irónica, y tampoco es necesario traducirlas una por una. El traductor puede decidir si, por ejemplo, en vez de siete indicadores de ironía en el texto de partida utiliza seis —u ocho— en el texto meta, reproduciendo un marcador más fuerte en la lengua del original por dos menos fuertes en la lengua meta o viceversa. Valga como ejemplo el título de un libro publicado por el autor africano Emanuel Dongala: Un fusil dans la main, un poème dans la poche. Los títulos constituyen la unidad de traducción ideal: son elementos funcionales compactos, ni muy largos, ni tampoco muy cortos, no muy complejos, pero tampoco muy sencillos (cf. Nord, 1993 y 1994b). Por eso sirven para demostrar la jerarquía de las unidades de traducción: la unidad primaria es el texto, es decir, en nuestro caso, el título. Tanto en la cultura de partida como en la cultura meta, el título funciona solamente como entidad completa, su «significado» es más que el de la suma de sus partes. En el rango secundario encontramos las unidades funcionales que pueden pertenecer a varias categorías: macroestructura, sintáctica, léxico, rasgos suprasegmentales o prosódicos, elementos no verbales. Por lo tanto, la función apelativa de un título puede asegurarse 70 Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 Christiane Nord EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 70
mediante una palabra estímulo (fusil) + una oposición semántica (fusil-poème) + un paralelismo sintáctico + una estructura rítmica. Al mismo tiempo, se reconoce la polifuncionalidad del título: no es sólo apelativo (seduce al receptor a comprar y leer el libro), sino también informativo (indica el tema o algunos aspectos del tema, en nuestro ejemplo: guerra, quizás guerrilla, poesía, una persona-¿masculina?) y quizás incluso evaluativo (al menos en una cultura en que un poema se estima más —o menos— que un fusil). Como se ve, los elementos y las estructuras lingüísticas sólo se tienen en cuenta en cuanto tengan una función para el título en su conjunto. 4. Ejemplo Vamos a ver un ejemplo. Para analizar las funciones del texto parto del modelo cuatrifuncional que suelo utilizar en la clase de traducción y que comprende las siguientes funciones básicas con sus respectivas subfunciones (para más detalles véase, por ejemplo, Nord, 1994a y 1994b): — Función referencial: es decir, la función de referirse a las cosas y fenómenos del mundo. Subfunciones: informativa, metalingüística, instructiva, didáctica, etc. — Función expresiva: la función de expresar una actitud o unas emociones frente a las cosas y a los fenómenos del mundo. Subfunciones: evaluativa, emotiva, irónica, etc. — Función apelativa: la función de apelar a la susceptibilidad, las experiencias, los conocimientos previos, etc. del receptor, moviéndole a reaccionar de alguna manera; subfunciones: ilustrativa, persuasiva, imperativa, pedagógica, publicitaria, etc. — Función fática: la función de establecer, mantener o terminar el contacto social entre emisor y receptor; subfunciones: saludos/despedidas, introducción temática, establecimiento de la relación social entre los comunicantes, etc. Salvo los enunciados puramente fáticos (por ejemplo hablando sobre el tiempo con personas desconocidas con las que nos encontramos en una fiesta, no ocurre con frecuencia que un texto sea monofuncional. Por regla general, los textos se piensan para varias funciones y/o subfunciones a la vez, relacionadas, sin embargo, de modo jerárquico. La jerarquización puede ser otra para el emisor que para el receptor o también puede ser distinta para varios receptores del mismo texto (no sólo en la comunicación intercultural sino también en la intracultural). Es importante tener en cuenta que a veces las funciones se verbalizan de modo indirecto. La función apelativa, por poner un ejemplo, a veces se señala por medio de la referencial, como en un folleto turístico que describe los aspectos positivos de una ciudad (y no sus barrios sucios y la industria pesada que hay en los suburbios). Puede ocurrir también que un redactor emplee la función expresiva con el fin de conseguir un efecto apelativo: cuando en la teleLa unidad de traducción en el enfoque funcionalista Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 71 EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 71
visión una madre elogia las ventajas de un determinado detergente no se supone que nos interese su opinión como tal, sino que se pretende que los (o mejor, las) oyentes se identifiquen con ella y deseen compartir su entusiasmo sobre lo limpia que está la cocina. En estos casos suele ser la situación comunicativa la que ofrece los indicadores de la «verdadera» función primaria. El texto que vamos a ver es un fragmento tomado del artículo escrito por el periodista norteamericano Ted Gup y publicado en el periódico The Guardian en agosto de 1985. Ted Gup describe de una manera humorística sus experiencias en una clase de chino (tuvo que aprender chino porque iba a pasar un año en la República Popular de China como becario de la Fundación Fullbright). Para la traducción del texto podríamos imaginar el siguiente encargo: el texto traducido servirá como capítulo introductorio de un libro informativo sobre la República Popular de China ilustrando las dificultades de una persona occidental (o europea) que quiere aprender el idioma. El encargo requiere una traducción instrumento (cf. Nord, 1997) que les demuestre a los lectores lo que les podría ocurrir también a ellos si fueran a estudiar el chino. Meltdown of the Mind in a Language Class The potential for insult is infinite. This is the first lesson in learning Chinese. The teacher walks to the blackboard and writes in chalk the word ma. Any carpetbound one-year-old can master that word, I say to myself. But in Chinese, things are rarely as simple as they seem. Ma can mean «mother», or it can mean «horse», or «hemp» or «to swear». It all depends on the tone or inflection with which the word is spoken. Here is an early warning that the best of intentions can spark an international accident. The class is dumbfounded. My wife and I are scribbling in our notebooks, eying the clock for the next three hours and feeling like the victims of a cruel linguistic prank. During the break we wander the halls shellshocked. Staggered by the unfamiliarity of it all. Weeks pass and the class shrinks from nine to a more intimate foursome.There is no one to hide behind. «How hard can it be», I ask myself, «if a billion people have it down pat?» That’s one in four on the planet: as many as speak English, Spanish, French, German combined. It doesn’t seem to help. I am reminded that I have a tin ear. Between Ja and Cha is a world of sounds wo which I am not yet privy. When called on in class, my tongue plays possum. The sounds I’m supposed to say remind me of childhood games —whistling with a mouthful of saltines or reciting the Pledge of Allegiance with a jawbreaker roundly pressed against the palate. Mandarin, the dialect I am wrestling with, has four tones. The first is spoken as if one were castrated, with a highpitched sound. The second tone rises. I think of calling to shore while wading into the waters of Maine. The third tone dips and rises. The fourth is like the shuttlecock in badminton, struck midair and driven downward. Chinese is less like studying a language than learning to sing a capella. El autor describe sus experiencias de una manera muy personal. La función referencial-metalingüística reside sobre todo en los elementos que se refieren a 72 Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 Christiane Nord EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 72
la semántica y la fonología de la lengua china ilustradas mediante los diferentes significados de la palabra ma (según el tono en el que se pronuncia) y la sorprendente diferencia fonética entre ja y cha (en transcripción inglesa, porque en castellano sería de verdad muy grande el contraste). Los elementos siguientes se pueden categorizar como referenciales: […] the word ma, can mean «mother», «horse», «hemp», «to swear», it [= the meaning] depends on the tone/inflection with which the word is spoken, Mandarin has four tones, one is spoken with a highpitched sound, the second tone rises, the third tone dips and rises, the fourth… downward. Estas informaciones sirven para ilustrar el mensaje expresivo-evaluativo implícito en el título, que puede parafrasearse como «Aprender el chino es dificilísimo», y que constituye el tema principal del artículo. Se apoya mediante otros enunciados antonímicos como «Any carpet-bound one-year-old can master that word» (“Cualquier niño de dos años domina esta palabra”) y «How hard can it be if a billion people have it down pat» (“No puede ser tan difícil si mil millones de gente lo habla muy bien”). Estas paráfrasis indican una intención irónica, que también se incluye en la función expresiva. Los cuatro tonos del chino no sólo se describen de manera más bien «informativa», sino que además se caracterizan mediante unos símiles introducidos por as if («como si»), I think of («recuerdo») y like («como»). Por regla general se puede decir que los símiles no pueden funcionar si el receptor no conoce el objeto con el que se compara algo (por ejemplo, la voz de un hombre castrado, el tono en que alguien grita cuando está entrando en las aguas —friísimas— del Maine, la trayectoria de un volante de badminton lanzado al suelo a toda fuerza). Por lo tanto, los símiles suelen ser indicadores de una función apelativa. Lo mismo vale para los childhood games y la conclusión del texto: «Chinese is less like… than…» (“Aprender el chino no se parece a una clase de lengua sino más bien a un canto a capella”). Si el lector no tiene ninguna idea de lo que es cantar a capella, no puede «comprender» la frase. La función expresiva-emotiva es marcada mediante la primera persona del singular o plural de los verbos y pronombres, mediante el pronombre impersonal inclusivo (es decir, que incluye al lector) one y el empleo metafórico de sustantivos y adjetivos referentes a una catástrofe nuclear o bélica (meltdown, shellshocked), algunas metáforas lexicalizadas (wrestling, staggered) y otras inventadas por el autor (meltdown of the mind): I say to myself, my wife and I, we wander, I ask myself, I am reminded, I am not yet privy, my tongue plays possum, I’m supposed to say, remind me, I am wrestling, one, I think of… Meltdown of the mind, dumbfounded, victims, cruel, shellshocked, [staggered], no one to hide behind, [wrestling] Ya que no es de suponer que el lector se interese por las emociones personales de un periodista relativamente desconocido, es probable que estos indicadoLa unidad de traducción en el enfoque funcionalista Quaderns. Revista de traducció 1, 1998 73 EUTI 1 065-077 16/4/98 11:00 Página 73