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LOCVS AMŒNVS 7, 2004 35 - 51 Resumen Este artículo aborda la evolución de la imagen del purgatorio en la plástica catalana bajomedieval. Sus primeras formulaciones, basadas exclusivamente en el fuego como elemento de purificación, abren paso a tipologías que se nutren en mayor o menor medida de recursos visuales dependientes de la imagen del infierno, para orientarse progresivamente hacia la búsqueda de una iconografía específica, ligada, por lo general, al culto a determinados santos (san Amador, san Nicolás de Tolentino, san Gregorio Magno y, especialmente, san Miguel). En ella, el llamamiento a la solidaridad entre los vivos y los difuntos, a través de los sufragios en general y la misa en particular, ocupa un lugar de primer orden que responde a inquietudes de cuyo arraigo en la religiosidad de la edad media final dan buena cuenta la práctica testamentaria y la predicación. Palabras clave: iconografía del purgatorio, sufragios, misa, pintura gótica, pintura catalana. Abstract Purgatory and Cult of Saints in Catalan art during the later Middle Ages This article analizes the image of purgatory in Catalan art during the later Middle Ages. The first representations of Purgatory, based solely on fire as a purifying element, give way to typologies that use resourses derived from the image of hell. Image of Purgatory will progressively look for a specific iconography, linked in general to the cult of determined saints (Saint Amadour, Saint Nicholas of Tolentino, Saint Gregory the Great and particularly Saint Michael). Call for solidarity between the living and the dead through suffrages in general and the mass in particular is a very relevant theme in the iconography of Purgatory. This relevance responds to concerns deep-rooted in the religiosity at the end of the Middle Ages, as it is made clear in wills and testaments. Key words: iconography of Purgatory, suffrages, mass, gothic painting, Catalan painting. Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval Paulino Rodríguez Barral pr[email protected]
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 36 Paulino Rodríguez Barral De la mano del culto a algunos santos, en especial san Miguel, se introduce y se desarrolla en Cataluña una nueva visión tripartita del más allá. Una construcción teológica ligada al nacimiento del purgatorio de la que se van a derivar unas nuevas relaciones de solidaridad, en forma de sufragios, entre los vivos y los muertos, así como una particular atención al juicio individual. Estos tres elementos —purgatorio, sufragios por los difuntos y juicio particular— se van a constituir en los tres soportes del trípode sobre el que se va a levantar en el Principado, particularmente en los retablos dedicados al arcángel, el nuevo imaginario del más allá. El sistema dualista articulado en torno al binomio cielo/infierno como respectivo destino escatológico de justos y réprobos se va a ver sacudido por la irrupción de un tercer lugar destinado a aquéllos que no siendo merecedores de la condenación eterna, tampoco se hallan en disposición de acceder directamente al paraíso. La caracterización del purgatorio como un tiempo y un lugar a ellos destinado toma cuerpo entre 1170 y 1180 de la mano de los teólogos de la escuela de París y de los cistercienses de las abadías del este de Francia. En consonancia con la nueva estructura del sistema penal del más allá, los teólogos procederán a elaborar una clasificación matizada de los pecados y, en consecuencia, de los pecadores que discurre en paralelo al proceso de gestación del purgatorio. La idea no es nueva. La encontramos en san Agustín y también en san Gregorio1, para cristalizar en el siglo xii en el concepto de pecado venial (minora en la terminología de san Bernardo) y en la reducción de las cuatro categorías de pecadores de san Agustín a tres, a partir de la fusión en una sola de los medianamente buenos y los medianamente malos2. La construcción ideológica que supone la afirmación de la nueva estructura ternaria del más allá no es desde luego asunto baladí para una sociedad que cree firmemente en la resurrección de los muertos y en la retribución post mortem de las acciones que han marcado la vida terrenal. Le Goff la califica de «modificación sustancial de los esquemas espacio-temporales de lo imaginario cristiano»3y la sitúa en un contexto histórico inmerso en una profunda mutación, tanto en el terreno social como en el plano de las estructuras mentales. La segunda fase de la revolución feudal abre paso, en el plano de lo mental, a una representación de la nueva sociedad surgida al amparo del desarrollo comercial y urbano que, abandonando el ideal de los tres órdenes de Adalberón de Laon4(en realidad un esquema binario que enfrenta a feudales y campesinos) superado por las nuevas realidades, cristaliza en una formulación que distingue entre maiores,mediocres y minores, dando así cabida a la categoría intermedia representada por la burguesía urbana. Naturalmente, no se trata de caer en un mecanicismo reduccionista que pretenda establecer una relación directa entre el nacimiento del purgatorio y el desarrollo de la burguesía (el propio Le Goff pone en guardia contra esa idea)5, pero parece evidente que existe una relación entre las transformaciones de los esquemas mentales que se están operando desde principios del siglo xii y el triunfo de la redefinición de los lugares del otro mundo, que encuentra en ese nuevo marco un terreno abonado. Por otra parte, el impulso comercial del siglo xiii dio pie a un notable desarrollo del cálculo y de la cartografía. Nuevas concepciones del espacio y del tiempo terrenales tendrán su correlato en el ámbito de lo ultraterreno, a cuya nueva geografía hay que añadir una nueva manera de computar ese 1. Sus orígenes lejanos deben en efecto rastrearse en el pensamiento de algunos padres de la Iglesia. Desde entonces, un cúmulo de aportaciones diversas jalona un camino no siempre recto ni exento de vacilaciones, que ha sido recorrido magistralmente por Jacques Le Goff (El nacimiento del purgatorio, Madrid, 1981). 2. Le Goff, ibídem, p. 253-258. 3. Ibídem, p. 10. 4. Acerca de la construcción ideológica de los tres órdenes, es imprescindible la obra de G. Duby, Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, Barcelona, 1983. 5. Op. cit., p. 260-261. 6. El término contabilidad del más allá, aplicado al sistema de remisión de penas por efecto de los sufragios, lo tomamos de J. Chiffoleau (La comptabilité de l’au-délà, les hommes, la mort et la religion en Comtat Venaissin à la fin du Moyen Age, Roma, 1980). 7. Le Goff, op. cit., p. 201-202. 8. Ibídem, p. 325-326. 9. Tomamos la información acerca de estas primeras imágenes del notable trabajo de A. Bratu, Images d’un nouveau lieu de l’au-delà: le purgatoire. Emergence et developement (vers 1350-vers 1500), Ehess, París, 1992, p. 54-65. Tesis doctoral microfichada. 10. Ibídem, p. 73 y s. Véase también F. Virgitti, «L’iconographie du Purgatoire dans les manuscrits liturgiques du xiiiè au xvè siècle», Histoire de l’Art, nº 20, 1992, p. 53-55.
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 37 Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval tiempo intermedio, limitado y mensurable que corresponde a las penas del purgatorio. La idea de su proporcionalidad en función de la gravedad de las faltas se convierte, por influjo de la aritmética, en cuantitativa. Se impone una auténtica contabilidad del más allá por la que se establece un elaborado sistema de remisión de las penas del purgatorio en función de los sufragios, en particular misas y limosnas, aportadas por la solidaridad de los vivos, a su vez futuros muertos, susceptibles por tanto de verse también abocados a la purgación de sus faltas después de la muerte6. No hace falta insistir en los poderosos medios de control sobre los fieles que esta nueva sistemática del más allá implica para la Iglesia. Ese mismo siglo xiii, que asistirá al definitivo triunfo del purgatorio en el plano teológico de la mano de las grandes figuras de la escolástica, verá como éste alcanza su oficialización en el plano dogmático. Primero de la mano del astuto Inocencio III, que, en un sermón para la fiesta de Todos los Santos, introduce la distinción entre Iglesia militante, triunfante y purgante y acoge la concepción del nuevo más allá multifuncional aludiendo al purgatorio como el lugar en el que se castiga a los que no hicieron penitencia acá abajo o que murieron con pecados veniales7. Éstos pueden beneficiarse de las plegarias y méritos de los vivos que sin duda intercederán por ellos de buena gana, habida cuenta de que en un futuro pueden verse en esa misma situación. A mediados de siglo, en 1254, Inocencio IV escribe una carta oficial (sub catholicae) al legado Eudes de Châteauroux a la que Le Goff considera como «el acta de nacimiento doctrinal del purgatorio»8. Poco más tarde, el II Concilio de Lyon (1274) se hace eco del purgatorio en términos menos categóricos que los expresados por ambos papas (lo que se explica por la pretensión de un consenso al respecto con la Iglesia oriental, remisa a la idea del tercer lugar), pero que suponen su instalación oficial en la Iglesia latina. La segunda mitad del siglo xiv y, sobre todo, el xv, son testigos del paso de la formulación doctrinal del purgatorio a la divulgación de su culto. Es el momento de su enraizamiento en la religiosidad popular y en el imaginario de los hombres del final de la edad media. Su difusión entre la masa del pueblo cristiano se vehiculará básicamente a través de las dos vías con que tradicionalmente la Iglesia lleva su mensaje a una cristiandad esencialmente iletrada: el sermón y la imagen. Primeras imágenes del purgatorio El purgatorio se abre paso lentamente en la concepción medieval de la geografía del más allá, para instalarse definitivamente entre 1150 y 1250 aproximadamente, si bien en el plano iconográfico las primeras representaciones del mismo son bastante más tardías. Aparece por vez primera en la iluminación de manuscritos, especialmente en salterios, breviarios y libros de horas. Los ejemplos más antiguos corresponden a dos manuscritos ingleses pertenecientes al llamado «grupo de la Biblia de Devon», fechados entre 1250 y 1270. Se trata de dos salterios cuyas miniaturas siguen estilística e iconográficamente los parámetros de la miniatura parisina, lo que explicaría la contradicción de que las imágenes pioneras del purgatorio se encuentren en Inglaterra y no en la región de París, cuna de la formulación teológica del mismo. Sin duda debieron existir manuscritos franceses anteriores que les sirvieran de inspiración. El salterio Preston (1250-55) incluye un «Liber igne purgatorio» (Londres, Brit. Libr., ms. Add. 15749), en el que aparece la que, hoy por hoy, es la primera figuración plástica conocida del purgatorio. Una inicial historiada muestra en su zona superior, sobre fondo dorado, dos almas transportadas por ángeles, y en la inferior, sobre fondo oscuro, varias más mostrando gestos de dolor o de plegaria. De ellas, dos emergen hacia la zona superior, tras pasar por el fuego y por lo que parece agua. El salterio Cuerden (Nueva York, Pierpont Morgan Library, ms. M. 756), fechado hacia 1270, presenta dos iniciales historiadas referidas al purgatorio. Una, en el folio 25v, introduciendo el salmo 16, muestra un hombre rezando y, bajo él, a un segundo personaje envuelto en llamas. La otra, en el folio 132, introduce el salmo 88. En una miniatura asociada a una pareja rezando, vemos como Cristo salva dos almas, una del fuego y otra del agua9. En Francia las más antiguas imágenes conservadas parecen ser las que se encuentran en el Breviario de Felipe el Hermoso (París, BN, ms. lat. 1023), de hacia 129610. El salmo 114, en el que el alma agradece la ayuda y salvación de Dios, abre la oración de vísperas en el oficio de difuntos. La D de Dilexi... (folio 49) se ilustra con una imagen de Cristo en majestad, flanqueado por dos querubines, presidiendo una escena en la que dos ángeles ayudan a salir de un purgatorio ígneo a dos almas11. En Italia, un gradual de la segunda mitad del siglo xiii conservado en el Archivo Comunal de Gubbio y procedente del convento de Santo Domingo de esa misma localidad (ms. C, vol. X) presenta, en su folio 104v, una Rde Requiem con un ángel liberando un alma de un purgatorio que comparte con los de los salterios ingleses su cualidad ígnea y acuática a un tiempo. Se le yuxtapone, como en el folio 474 del Breviario de Felipe el Hermoso, la escena de la celebración de la misa12. En lo hispánico el purgatorio aparece por vez primera en la fachada occidental de la colegiata de 11. En relación con esta imagen Joaquín Yarza ha llamado la atención sobre el hecho de que san Agustín, en sus Enarraciones sobre los salmos, no haga comentario alguno que pudiera relacionar el salmo 144 con el futuro purgatorio, apuntando dos hipótesis al respecto: o bien la miniatura ha sido incorrectamente interpretada, o bien la exégesis del salmo acabó derivando hacia una referencia a la liberación de las almas, inclinándose más bien por esto último (J. Yarza, «La portada occidental de la colegiata de Toro y el sepulcro del doctor Grado, dos obras significativas del gótico zamorano», en Studia Zamorensia [anejos 1]. Arte medieval en Zamora, Zamora, 1989, nota 23, p. 125). Sin duda, esta segunda hipótesis es la más correcta por cuanto otra miniatura del mismo manuscrito (folio 474) presenta a su vez una escena de liberación, ilustrando la conmemoración de los difuntos del dos de noviembre, de gran similitud con la anterior pero que no deja lugar a dudas sobre su significado al yuxtaponerse a una representación del sacrificio de la misa. Por otra parte, existen otros casos en que la D de Dilexi se ilustra con una figuración del purgatorio. Así ocurre, por ejemplo, en un libro de horas holandés de hacia 13351340 de la Walters Art Gallery de Baltimore (ms. W. 168, folio 167), en el que vemos contrapuesta a la escena del purgatorio una misa de réquiem a toda página en el folio opuesto. 12. Bratu, op. cit., p. 67-70, y 686.
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 38 Paulino Rodríguez Barral Toro y en una pintura mural de la capilla de San Martín de la Catedral Vieja de Salamanca en el ámbito castellano, mientras que en el catalano-aragonés, la primera obra que se hace eco del mismo es el frontal de altar de Ars del Museo Episcopal de Vic13. En la portada de Toro, el marco es un juicio final. El paraíso que figura en él presenta unas peculiaridades iconográficas que lo convierten en un unicum en la escultura hispana del xiii. Lejos de recurrir a la simbología del seno de Abraham o de la Jerusalén Celeste, es presentado como un jardín de frondosa vegetación entre cuyos roleos asoman las cabezas nimbadas de los bienaventurados, mientras tres músicos coronados tañen instrumentos musicales14. Pero además su entrada es doble. Por una puerta accede el cortejo de los justos. En la otra, situada en el extremo opuesto, san Pedro tiende su mano a las almas que dejan atrás las llamas del purgatorio para acceder a la salvación. Éste se presenta, más que como un espacio definido, como una mera alusión al fuego, elemento de purificación del que salen las almas para entrar en la gloria. Su inmediatez a la puerta del paraíso hace de él una especie de antecámara del mismo con el que tiene comunicación inmediata. La capilla de San Martín de la Catedral Vieja de Salamanca presenta en su muro norte un amplio fresco dedicado al Juicio Final. Su cronología ha sido objeto de confusión al ponerlo en relación con las pinturas del lado este, firmadas y datadas en 1262. Su restauración ha zanjado definitivamente la cuestión al desvelar la fecha de su realización, que corresponde al año 134215. Presenta, como principales peculiaridades iconográficas, la ethimasia o trono vacío, de origen bizantino, que sorprende por lo infrecuente en occidente16 y, naturalmente, la del purgatorio. En la zona inferior de la composición se representan los lugares del más allá. Entre el cielo y el infierno ocupa un lugar central el purgatorio. Se configura como un entorno rocoso compartimentado en seis receptáculos que aparecen separados en dos grupos por una cartela conteniendo un texto alusivo al promotor de la obra. En los situados a la derecha de ésta, esto es, los más próximos al infierno, los condenados se nos muestran desnudos y sometidos al tormento del fuego. Por el contrario, los que ocupan los cuatro receptáculos de la izquierda aparecen vestidos con túnicas y en actitud orante, como si, habiendo superado un primer estadio del proceso de purgación de sus faltas, esperasen un pronto acceso a la salvación. Circunstancia ésta que acontece con los que ocupan el receptáculo superior. Lo abandonan con el concurso de un ángel cuya actitud liberadora contrasta con la de los que más a la izquierda empujan a los condenados hacia las tinieblas del infierno. Todo apunta a un sistema penal basado en la existencia de diferentes niveles dentro del proceso de purgación de las faltas17. San Miguel y el purgatorio en los retablos catalanes La divulgación visual del purgatorio ser va a dar, en tierras catalanas, de la mano, lo hemos señalado ya, del culto a san Miguel, de tal modo que la imagen del mismo aparece, las más de las veces, inserta en el marco de retablos dedicados al arcángel. Se da esta circunstancia por primera vez en lo que posiblemente haya sido un lateral de altar que, procedente de la iglesia de Sant Martí d’Ars (Alt Urgell), conserva el Museo Episcopal de Vic (nº 5140). Su estado actual presenta acusadas deficiencias. Aunque conserva únicamente pequeños fragmentos de la policromía original, mantiene los trazos del dibujo esgrafiados sobre la capa de yeso que cubría la tabla. Ésta aparece dividida horizontalmente en dos registros, teniendo como protagonista en ambos a san Miguel. En el superior se desarrolla la escena de la psicostasis con la habitual presencia del diablo que, ayudado por un acólito, intenta, en línea con la iconografía tradicional, inclinar la balanza del lado de las malas acciones. El inferior nos muestra un nutrido grupo de almas que, en cinco hileras superpuestas, se hallan rodeadas por las llamas (figura 1). Dos de ellas son liberadas del fuego por el arcángel. Llama la atención, al tratarse de una obra que comparte con la portada de Toro un mismo carácter pionero en la representación del purgatorio en los reinos hispánicos18, el hecho de que ambas recurran a una similar caracterización del mismo a partir del fuego19. Coinciden en ello con otras imágenes igualmente precoces del tercer lugar. El fuego y el agua son los dos motivos que, como apuntábamos en páginas anteriores, caracterizan las que, en los salterios Preston y Cuerden y en el gradual de Gubbio, se sitúan entre las primeras imágenes del purgatorio. Ígneos son también los del Breviario de Felipe el Hermoso (folios 49r y 474r). Imágenes todas ellas que tienen como denominador común el aludir al purgatorio a partir de los elementos que en él actúan como instrumentos de penitencia y purificación, más que como a un lugar con una espacialidad definida. A pesar de que esa espacialidad no tardará en tomar cuerpo, bien a partir de recursos específicos, o bien a partir de motivos tomados de la iconografía infernal, el fuego, sin más aditamentos, como plasmación visual del purgatorio, llega hasta el final de la edad media, coexistiendo con un imaginario mucho más elaborado del mismo. Baste, a modo de ejemplo, la reiteración con que los libros de horas holandeses de la segunda mitad del siglo xv optan por el recurso a las almas inmersas en las llamas para ilustrar el inicio del oficio de difuntos20. A finales del siglo xiv el retablo de la catedral de Elna21, además de abordar el problema de la 13. De los tres purgatorios, los más antiguos serían el de Toro y el de Ars. La cronología del primero se sitúa en la segunda mitad del siglo xiii (Yarza, «La portada occidental...»; J. Navarro Talegón, Restauración de la portada de la Majestad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro, Toro, 1996, p. 41 y s.; M. Ruiz Maldonado, «Reflexiones en torno a la portada de la Majestad de la Colegiata de Toro [Zamora]», Goya, nº 263, 1998, p. 75-87). No existe un consenso acerca de las fechas que deben atribuirse al frontal del museo de Vic. Gudiol Cunill lo data en el siglo xiii (Els Primitius, vol. II, Barcelona, 1929, p. 215-219), mientras que Ch. R. Post se inclina por el primer cuarto del siglo xiv (A History of Spanish Painting, vol. II, Cambridge, Massachusets, 1930, p. 24-25), una fecha sin duda excesivamente avanzada. En cualquier caso, estamos manejando una cronología que sitúa indudablemente a la península Ibérica en un estadio de recepción temprana de la iconografía del purgatorio. 14. M. T. Pérez Higueras, en la línea de Asín Palacios, ha señalado la posible relación entre esta iconografía y los textos escatológicos musulmanes (cf. «El Jardín del paraíso: paralelismos iconológicos en el arte hispano-musulmán y cristiano medieval», en Archivo Español de Arte, nº 241, 1988, p. 37-52). Yarza relaciona las cabezas que parecen surgir de la vegetación con los patriarcas, profetas, vírgenes, etc. como frutos de la Iglesia, alimento del cristiano en el camino de la salvación, idea que, si bien se encuentra desde época temprana en los escritores cristianos, procede de Persia, de donde los musulmanes la integraron en su visión del paraíso («La portada occidental...», p. 125). 15. J. Gudiol Ricart, Ars Hispaniae, vol. IX, Madrid, 1953, p. 47. 16. El trono vacío evocando la espera del Juicio Final no es el único elemento de bizantinismo en la composición. Los ángeles armados de horcas que empujan a los condenados hacia el infierno y la presencia de san Juan Bautista en la Deesis, en vez del evangelista (sólo al final de la edad media se generalizará en occidente esta sustitución), es también propio de los juicios bizantinos (cf. L. Réau, Iconografía del arte cristiano. t. 1, vol. 2, Barcelona, 1996, p. 754-759; Y. Christe, Jugements derniers, La-Pierre-quiVire, 1999, p. 27 y s.). 17. En Italia los frescos de la iglesia de San Lorenzo in Arari de Orvieto ofrecen una cierta similitud con lo representado en Salamanca. El purgatorio es una montaña con dos niveles diferenciados. Las penas, poco elaboradas, son diferentes entre
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 39 Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval representación del purgatorio como lugar, introduce una fórmula iconográfica que plantea, desde una perspectiva más globalizadora, la problemática que la reestructuración funcional del más allá implica. La creencia en el purgatorio se apoya en la idea de un doble juicio, el primero en el momento de la muerte y el segundo al final de los tiempos. En palabras de Le Goff instituye en esta situación intermedia un complejo procedimiento judicial de mitigación de penas, así como de abreviación de éstas en función de diversos factores22. Interesan especialmente aquéllos que competen a los vivos, quienes, a través de oraciones, limosnas y misas, pueden ayudar a los que en él penan sus faltas. El retablo de Elna recoge la esencia de todo ello en una propuesta que cristaliza visualmente en la imbricación de la misa con la liberación de las almas y el juicio post mortem concretado en la escena del pesaje de las acciones morales. En torno a esos tres polos se va a construir, a lo largo de la centuria siguiente, la iconografía del purgatorio en aquellos ciclos dedicados al arcángel que opten por la inclusión en ellos del tercer lugar. La doctrina de la intercesión de los vivos la encontramos ya muy perfilada en Gregorio Magno, al que Le Goff califica como «último padre del Purgatorio», por sus notables aportaciones a la génesis y desarrollo de la idea. En el libro IV de sus Diálogos, el diácono Pedro, su interlocutor e intérprete, le pregunta acerca del medio para ayudar a las almas de los difuntos, a lo que Gregorio responde Si se tratara de faltas que no son indelebles después de la muerte, la ofrenda sagrada de la hostia saludable es por lo general de una gran ayuda para las almas, incluso después de la muerte, y se ve a veces a las almas de los difuntos al reclamarla23. El párrafo es interesante por un doble motivo. En primer lugar, porque introduce la idea de las diversas categorías de pecados, jerarquización que abre paso a la necesidad de un «fuego purgatorio» para los «pecados pequeños y mínimos». En segundo lugar porque establece el valor «de la ofrenda sagrada de la hostia» como instrumento de intercesión por las almas de los difuntos. La iconografía de la misa de ánimas suele, efectivamente, en consonancia con las palabras de san Gregorio, representar el sacrificio eucarístico en su punto culminante, esto es, aquél en que el sacerdote levanta la hostia para su consagración y, las más de las veces, la escena se acompaña de la de las almas en el momento de ser liberadas del purgatorio con la ayuda de los ángeles. Así ocurre en el retablo de Elna. Se representa la Figura 1. Lateral de altar de Ars (Vic, Museo Episcopal). Liberación de las almas del purgatorio. ambos niveles. A. Bratu lo interpreta como una transposición al purgatorio del sistema del infierno inferior y del infierno superior, a pesar de la falta de lógica que implica el hecho de que éste último parezca menos punitivo que el primero (op. cit., p. 650-652). 18. Para su cronología, cf. supra n. 13. E. Bargalló Chaves recoge las escasas referencias bibliográficas a la tabla. En su comentario iconográfico alude a la presencia del purgatorio, que no entra a analizar («Fragment del frontal d’altar de Sant Miquel», Catalunya Romànica, vol. XXII [Museu Episcopal de Vic. Museu Diocesà i Comarcal de Solsona], Barcelona, 1986, p. 176-178). 19. Otra imagen precoz del purgatorio en Cataluña, basada también en el fuego, nos la ofrece un ejemplar de la Leyenda Dorada conservado en la Biblioteca Nacional de París (esp. 44, folio 79). P. Bohigas lo fecha en los primeros años del siglo xiv y, basándose en criterios filológicos, lo cree originario del Rosellón (La ilustración y la decoración del libro manuscrito en Cataluña, Barcelona, 1965, vol. II, p. 67). Opinión en parte compartida por Joan Corominas, que fecha el manuscrito genéricamente en el siglo xiv y lo cree originario del actual departamento de los Pirineos Orientales (véase su prefacio a la edición de la versión catalana de la Leyenda Dorada, que, basada fundamentalmente en el texto del manuscrito de París, fue publicada por CH. Maneikis y E. J. Neugaard bajo el título de Vides de Sants Roselloneses, Barcelona, 1977, 3 vols.). En la capital que principia el capítulo dedicado a san Patricio se inscriben dos figuras sobre un fondo dorado. La de la izquierda, desnuda y con las manos alzadas y juntas, en actitud orante, se encuentra inmersa en un haz de llamas. Frente a ella, un segundo personaje, en este caso vestido, hostiga al anterior con un objeto alargado que, si bien presenta una coloración azul en el extremo que hace las veces de mango, se torna rojizo en el contrario. Aunque sus rasgos nada tienen que ver con los que habitualmente caracterizan al diablo, es evidente que estamos ante un personaje diabólico. Y ello no sólo por su actividad. Su rostro, de gesto hosco y representado de perfil (contrariamente a lo que ocurre con el de su oponente), pone de manifiesto su carácter negativo. Seguramente las ropas rojas con que se viste tienen ese mismo sentido. La imagen ilustra el contenido del texto, pudiendo hacer referencia tanto a los «barons totz cremans e vesec que·ls diables los turmentaven ab launes de fere cremans» que ve Nicolau, el protagonista de la visión referida al purgatorio de san Patricio, como al momento en que aquél es echado por los diablos al fuego y atormentado por ellos «ab launes cremans de ferre» (citamos según el texto de la edición de Maneikis y Neugaard, vol. II, p. 331). 20. De los quince que posee la Koninklijke Bibliotheek de La Haya con imágenes del purgatorio, no menos de once ilustran el oficio de difuntos con una capital en cuyo interior unas pocas almas inmersas en el fuego juntan sus manos en actitud orante. Remito a la excelente base de datos de la biblioteca (www.kb.nl/kb/ manuscripts/search/index.html). En ella se puede encontrar además algunos ejemplos adicionales de otras diversas procedencias en los que se da esa misma circunstancia. 21. Obra de un pintor anónimo no demasiado dotado, próximo estilísticamente al círculo de los hermanos Serra, ha sido fechado en torno al último tercio del siglo xiv (J. Gudiol y S. Alcolea, Pintura gótica catalana, Barcelona, 1986…, nº 182). 22. J. Le Goff, El nacimiento..., p. 14. 23. Tomamos la cita de Le Goff, op. cit., p. 109.
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 40 Paulino Rodríguez Barral misa en el momento de la consagración y, en la tabla contigua, la liberación de las almas (figura 2), estableciendo así una relación de causa-efecto entre ambas escenas que a partir de ahora se yuxtapondrán en una misma tabla en una tipología habitual en lo sucesivo. A ella se recurre en el retablo pintado por Lluís Borrassà para la iglesia de Sant Miquel de Cruïlles (Museu d’Art de Girona, inv. 291)24 (figura 3), en el de Jaume Cirera y Bernat des Puig de la iglesia de San Miguel de la Seu d’Urgell (MNAC, inv. 15837)25 y en el de Sant Pere de Terrassa también obra de Jaume Cirera, aunque esta vez en colaboración con Guillem Talarn26 (figura 4). Únicamente hemos encontrado dos variantes con relación a este esquema. Un retablo del círculo de Borrassà de la colección Mas de Madrid recurre a la representación de la misa prescindiendo del purgatorio27. Joan Mates, en el retablo de Penafel (Barcelona, colección Olavarría)28, muestra en la misma tabla en que se representa la misa la escena de la sicostasia. A la derecha de ella, unas formaciones rocosas se abren a un abismo que escupe lenguas de fuego. Si bien falta la escena de la liberación de las almas que suele acompañar la figuración del purgatorio, no puede tratarse sino de éste. Sólo bajo ese presupuesto tiene sentido la yuxtaposición a la celebración de la misa del abismo ígneo. Esta combinación de misa de difuntos y purgatorio29 es un recurso iconográfico que se remonta a alguna de las primeras imágenes del mismo. Los ejemplos más antiguos se dan en el gradual de Gubbio y en el breviario de Felipe el Hermoso (folio 474). Acuñan una fórmula que va a perdurar hasta el final de la edad media, como demuestran los retablos de almas levantinos que la prolongan prácticamente hasta finales del siglo xvi30. Una combinación que no hace sino proyectar en lo visual unas creencias profundamente arraigadas en la piedad popular. Prueba de ello son la cantidad y variedad de misas que los testadores dejan ordenadas a mayor provecho de sus almas31. También la insistencia con que, en los exempla que los predicadores insertan en sus sermones, los múltiples aparecidos del purgatorio reclaman de sus parientes y amigos la celebración de misas como el más excelente auxilio de cara a su salvación32. Su tono apremiante responde tanto a la dureza de los castigos que se les infligen como a la conciencia del papel que la colaboración de los vivos puede tener para escapar a sus tormentos, tanto más terribles cuanto que el tiempo de permanencia en el purgatorio es vivido por los penados con extrema dilatación. Muy ilustrativos respecto a estas creencias resultan dos textos recogidos en sendos manuscritos catalanes del siglo xv, procedentes de los monasterios de Portacoeli y de Poblet33. En ambos, Figura 2. Catedral de Elna. Retablo de San Miguel. Liberación de las almas del purgatorio. Figura 3. Lluís Borrassà. Retablo de Sant Miquel de Cruïlles (Museu d'Art de Girona). Misa y liberación de las almas del purgatorio. 24. Gudiol y Alcolea, Pintuta gótica, nº 211. 25. Ibídem, nº 403. 26. Ibídem, nº 417. 27. Gudiol y Alcolea se refieren a lo representado en la tabla como «misa en el santuario del monte Gárgano» (ibídem, nº 219). Sin descartar absolutamente esa posibilidad (se representa en dos tablas separadas el milagro de la flecha y la procesión al monte), lo más probable es que nos encontremos ante una misa de difuntos. A pesar de la ausencia del purgatorio, los precedentes de los retablos de Elna y, sobre todo, Cruïlles, así como la presencia en el retablo de la sicostasia y de san Pedro recibiendo las almas en el paraíso creo que hacen más plausible esta interpretación. Por lo demás la misa en el santuario del monte no suele representarse en los ciclos dedicados a los hechos del Gárgano. 28. Gudiol y Alcolea, op. cit., nº 230. Véase también R. Alcoy y M. Montserrat, Joan Mates. Pintor del gòtic internacional, Sabadell, 1998, p. 150152. 29. Se ha señalado, para algunas figuraciones del purgatorio, el recurso a un sistema de representación que remite a una concepción espacial plana, contradictoria con la que, basada en la tridimensionalidad, se ofrece, en esas mismas imágenes, del mundo tangible. Se trata obviamente de poner de manifiesto la diferente cualidad espacio-temporal de ambas realidades. Es un sistema al que, por lo general, se recurre en los retablos catalanes cuando se trata de yuxtaponer el purgatorio y la celebración de la misa. Por lo general, ésta acontece en un espacio que se quiere tridimensional y en el que esa tridimensionalidad actúa como referente a este mundo, en oposición a un espacio plano, carente de profundidad, referido al más allá, al purgatorio en este caso (cf. A. Bratu, «L’ici-bas et l’au-delà en image: formes de représentation de l’espace et du temps», Médiévales, 20, 1991, p. 75-90; también de la misma autora Images d’un nouveau lieu…, p. 578 y s. De M. Fournié véase al respecto Le ciel peut-il attendre. Le culte du Purgatoire dans le Midi de la France [1320 environ-1520 environ], París, 1997, p. 55). 30. Para éstos, véase A. M. Vaurillon Cervoni, L’iconographie du purgatoire au Moyen Age dans le Sud-Ouest, le centre de la France et en Espagne, tesina mecanografiada, Universidad de Toulouse Le Mirail, 1978; P. Pedraza, «Quart de Poblet y los retablos de almas valencianos», en Orfeó Veus Juntes, 1975-1985, Quart de Poblet, 1985, p. 31-45; P. Rodríguez Barral, La imagen de la justicia divina. La retribución del comportamiento humano en el más
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 41 Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval que no difieren en lo esencial, se pasa revista, apoyándose en diversas autoridades desde san Agustín hasta los escolásticos, a las gracias que se obtienen asistiendo a misa como es debido. Entre ellas se alude al alivio de las penas del purgatorio sufridas por los parientes difuntos: Diu Sent Thomas que les ànimes per les quals aquell qui hou la missa és tengut de pregar, axí com per pare e mare e altres parents e benefactors, en aquell espay que hoirà la missa devotament seran relevades de les penes de purgatori (ms. 53). Mentre ou missa deu pregar per pares e mares, e tant com està en la missa són relevats de las penes de porgatori (ms. 1682). Coincide, casi literalmente, con estos argumentos un opúsculo de san Vicente Ferrer acerca de las propiedades de la misa: Dice San Jerónimo que a las almas por las que esté obligado a orar el que oye la misa, su padre, su madre, sus parientes y bienhechores, durante el espacio de tiempo en que oye la misa, les serán atenuadas las penas del purgatorio 34. Respecto a la configuración de éste, se abandona rápidamente la alusión al mismo a partir de las llamas para dotarlo de una espacialidad específica. En el retablo de Elna se opta por representarlo a partir de la boca de Leviatán, dispuesta verticalmente en el extremo inferior izquierdo de la tabla (figura 2). De sus fauces totalmente abiertas salen las almas de aquéllos que, habiendo purgado ya sus faltas, se han hecho merecedores de la Gloria35. Un ángel, seguramente san Miguel, les tiende la mano para ayudarlos a escapar de las fauces diabólicas36. Las referencias a los suplicios de los condenados son escasas. El principal instrumento de tortura es el fuego: aquéllos que se hallan en el interior de la boca se nos muestran rodeados por las llamas. Entre ellos distinguimos una mujer mesándose los cabellos, un clérigo reconocible por la tonsura y un personaje masculino acosado adicionalmente por una serpiente roja que envuelve su cuerpo. Más arriba, un entorno rocoso viene a complementar este espacio penal. Se distingue en él a una mujer a la que un diablo insufla fuego en el sexo. Otras dos son transportadas en una especie de cesta ígnea que un segundo diablo soporta sobre sus espaldas. Nos encontramos evidentemente ante un imaginario construido a partir de elementos propios de la iconografía del infierno. No debe extrañarnos. El esfuerzo del pintor por representar el purgatorio como lugar tropieza con la carencia de una tradición iconográfica al respecto. Figura 4. Jaume Cirera y Guillem Talarn. Retablo de San Miguel (Terrassa, iglesia de Santa María). Misa y liberación de las almas del purgatorio. corresponente a la sua culpa, e a altres la terça part, segons que seran stades piadosas e misericordiosas en aquest mos. E axi matex, segons que mes o menys, per lurs parents e amichs, en aquest mon son fetas pregarias, o aixi mateix per los sants del cel». (Miquel y Planas, op. cit., p. 203). El propio Gui se manifiesta deudor de los sufragios de un pariente suyo por los que sería «delliurat de la pena de porgatori quatre anys pus tost que no deuia esser, del terme constituit per los meus pecats» (ibídem, p. 193). Otros muchos ejemplos de aparecidos en demanda de sufragios en general y misas en particular los recogen J. C. Schmitt (Les Revenants. Les vivants et les morts dans la société médiévale, París, 1994) y C. Lecouteux (Fantasmas y aparecidos en la Edad Media, Palma de Mallorca, 1999). 33. Se trata de los manuscritos 53 y 1682 de la Biblioteca de Cataluña. Para la transcripción de los fragmentos en que se alude a los beneficios de la misa, véase J. Casas Homs, «Las gracias de la misa. Creencias populares del siglo xv», en Analecta Sacra Tarraconensia, 28, 1955, p. 71-79. 34. J. M. de Garganta y V. Forcada, Biografía y escritos de San Vicente Ferrer, Madrid, 1956, p. 587-589. 35. Gudiol y Alcolea (Pintura gótica..., nº 182), al describir sumariamente el contenido del retablo, identifican erróneamente esta imagen como el descenso de Jesucristo a los limbos. Confusión que tiene bastante que ver con el hecho de que nos hallemos ante una iconografía que parece haberse inspirado en el tratamiento con que la pintura catalana suele abordar el tema de la anástasis. Por su parte, J. Planas («La imatge de la dona als inferns gòtics catalans», D’Art, nº 15, 1989, p. 103) la describe como el descenso al infierno de san Miguel, episodio que efectivamente recogen algunos apócrifos. Sin embargo, la presencia del arcángel ayudando a salir de las fauces a un alma indica claramente que estamos ante la presencia del purgatorio. 36. El ángel en cuestión no es identificable a partir de atributos particulares. Sin embargo, la dedicación del retablo, así como su individualización a partir de los ricos ropajes que viste, inducen a pensar en esa posibilidad, ya expresada en la nota anterior. Por otra parte, el contrato del desaparecido retablo de Sant Joan de Valls, encargado a Borrassà, especifica que debe representarse como San Miguel «trau les animes de Porgatori» (cf. J. Madurell Marimón, «El pintor Lluís Borrassà, su vida, su tiempo, sus seguidores y su obra», en Anales y boletín de los museos de arte de Barcelona, 1950, p. 114). allá en el arte medieval de la Corona de Aragón, Bellaterra, 2003 (publicación electrónica consultable en http://www.tdx. cesca.es/ TDX-1222103-161339) [p. 425 y s.]. 31. De uso obsesivo de la misa de difuntos ha calificado Jacques Chiffoleau esta práctica cada vez más extendida («Sur l’usage obsessionnel de la messe pour les morts à la fin du Moyen Age», en Faire croire. Modalités de la diffusion et de la réception des messages religieux du xiie au xve siècle, Roma 1981, p. 235256). Incluso para aquéllos que morían intestados, la Iglesia estableció la obligación de celebrar misas por sus almas, costeadas con la quinta parte de sus bienes o cuota pro anima (cf. Bejarano Rubio, El hombre y la muerte. Los testamentos murcianos medievales, Cartagena, 1990, p. 58). 32. Varios exempla en ese sentido nos ofrece el manuscrito 89 de la Biblioteca Universitaria de Barcelona, editado por Marian Aguiló i Fuster (Recull de eximplis e miracles, gestes e faules, 2 vols., Barcelona, 1881) y, más recientemente, por J. A. Ysern Lagarda (Arnoldus Leodiensis. Recull d’exemples i miracles ordenats per alfabet: edició I estudi, Valencia, 1994, tesis doctoral microfichada). Se trata de la versión catalana del Alphabetum narrationum, compuesto entre 1297 y 1308 por el dominico Arnoldo de Lieja (Ysern, ibídem, p. XL y s.). Gran difusión alcanzó también el De Spiritu Guidonis. Circuló en una versión larga y otra corta. De ambas se conservan ejemplares catalanes. La versión corta, en latín, se incluye en el manuscrito del siglo xiv Ripoll 167 (folios 78v-81) del Archivo de la Corona de Aragón, uno de los más antiguos que se conservan de la misma (ed. a cargo de M.- A. Polo de Beaulieu [Jean Gobi, Dialogue avec un fantome, París, 1994]). La larga se incluye en el manuscrito 17 (folios 105-122v) de la Biblioteca Universitaria de Barcelona (ed. de Miquel y Planas [«Aparició de l’esperit de G. de Corvo», en Llegendes de l’alta vida, Barcelona, 1914]). Se trata en esencia de la recensión del diálogo que Jean de Gobi, prior del convento dominico de la ciudad provenzal de Alès, mantiene con el alma de Gui de Corvo, un aparecido del purgatorio fallecido pocos días antes en esa misma ciudad. Éste insiste en lo benéficos que resultan para las almas del purgatorio los sufragios de los vivos incidiendo particularmente en la misa y en los Siete Salmos Penitenciales. Refiere incluso una especie de aritmética de la remisión por la que la misericordia divina afectaría de modo distinto a las almas purgantes «car a algunes ne lexa e perdona la quarta part de la pena deguda
modo más simplificado para ilustrar la inicial del oficio de difuntos41. Jaume Cirera y Guillem Talarn, en el retablo de la iglesia de Sant Pere de Tarrasa, si bien prescinden del motivo de la boca de Leviatán que es sustituida por un purgatorio subterráneo de morfología cavernosa42, siguen sin embargo recurriendo a la iconografía del infierno cuando se trata de representar los tormentos infligidos a las almas (figura 4). Unas, entre las que se distingue a un obispo y un monje, son cocidas en una enorme caldera. Fuera de ella se individualiza el tormento de un rey que, rodeado de llamas y golpeado con mazos por un diablo43, es al tiempo acosado por varias serpientes que se enroscan en su cuello. Todo ello sin que falte el motivo de los ángeles ayudando a abandonar el purgatorio a aquellas almas que se hallan en condiciones de acceder al cielo. El retablo de la iglesia de Sant Miquel de la Seu d’Urgell (MNAC), de Cirera y Bernat des Puig, supone un cierto punto de inflexión en la figuración del purgatorio en la retablística catalana. Adquiere, como en el retablo de Terrassa, una morfología subterránea. Únicamente es visible la boca de lo que se adivina como una profunda y, a juzgar por el negro intenso de su interior, oscura sima44. La carencia de cualquier alusión a tormentos concretos, excepción hecha de la propia oscuridad, contribuye a dotarlo de un carácter específico, diferenciado de lo infernal. También el retablo escultórico, tan frecuente en la Cataluña gótica, se hace eco del culto al arcángel. El MNAC cuenta con diversos fragmentos de uno del siglo xiv, de autor y procedencia desconocida (inv. 45843-45851). En una de sus escenas, vemos una vez más representada la liberación de las almas conjuntamente con la misa en el momento de la consagración. El estado de conservación no permite distinguir si salen de las llamas o del interior de una sima. Sí queda claro que no se trata de la boca de Leviatán que aparece en la escena de la sicostasia representando el infierno y forzando, en consecuencia, una figuración diferenciada del purgatorio. La articulación de los dos elementos vistos hasta aquí, misa y purgatorio, con el juicio post mortem y la acogida de las almas ya purificadas en el paraíso, adopta soluciones diversas en cada uno de los retablos. En el de Elna la escena de la sicostasia ocupa una tabla específica pero separada por la calle central de las que representan la misa y el purgatorio. En ella, la balanza, que cuelga de una viga, ocupa el lugar central. La flanquean san Miguel y el diablo controlando el desarrollo del pesaje. Se inclina del lado de las buenas acciones, cuyo platillo es ocupado por una figurilla desnuda en actitud orante. Lo que no obsta para que se aluda al diverso resultado que la prueba puede comportar según las accioTodos ellos son, en efecto, suplicios recurrentes en la iconografía infernal. La presencia del fuego es lugar común en todo lo que tiene que ver con el sistema penal del más allá. Aquí no parece estar vinculado a castigos específicos, salvo evidentemente para el caso de la mujer que sufre el tormento del fuego en el sexo, en clara alusión a la lujuria. También lo es el recurso a las serpientes. Se aplican a pecados diversos pero preferentemente a los de carácter sexual37. La presencia de estos dos castigos, junto al predominio de personajes femeninos (tan sólo se puede identificar con absoluta certeza como masculina la del clérigo), nos lleva a pensar, habida cuenta que la mentalidad medieval tiende a identificar a la mujer con la tentación que conduce al pecado, particularmente al carnal38, en un purgatorio orientado a la punición de los lujuriosos. Lluís Borrasà, en el retablo de Sant Miquel de Cruïlles, mantiene la boca de Leviatán como motivo caracterizador del purgatorio (figura 3), si bien la dota de una calidad pétrea que hace de ella un elemento híbrido entre el purgatorio Leviatán y el purgatorio caverna, lo que la priva del carácter terrorífico que le es habitual. Las almas son igualmente liberadas por los ángeles y, en su interior, la única referencia a los castigos de los penados es la imagen de uno de ellos al que una figura diabólica muerde la cabeza. Adicionalmente, se halla sumergido en una especie de bañera situada sobre una parrilla al rojo vivo rodeada de llamas39. La boca infernal como motivo caracterizador del purgatorio es un recurso iconográfico característico del gótico catalán. No son demasiados los paralelos que se pueden aducir. Bratu señala la presencia, en varios manuscritos ingleses del llamado «grupo de Bohum», la presencia de bocas del infierno con condenados cuya gestualidad introduce un elemento de duda acerca de la caracterización de las mismas, hasta el punto de que la propia autora prefiere no definirse de modo categórico respecto al sentido último de tales imágenes. Aún en el caso de que se trate del purgatorio, la ausencia en ellas de otros motivos infernales (diablos, tormentos más allá de la mera presencia del fuego) marcaría una clara diferencia con respecto a los infernalizados purgatorios de Elna y Cruïlles. La boca infernal como purgatorio será un recurso frecuente en la miniatura holandesa de la segunda mitad del siglo xv. El caso más conocido, por la calidad del manuscrito, se encuentra en el libro de horas de Catalina de Cleves (Nueva York, Pierpont Morgan Library, M. 917)40. Las ilustraciones al oficio de difuntos comprenden tres miniaturas a media página en las que se representa el purgatorio bajo la forma de boca de Leviatán (Guennol, folios 97, 105v y 107). Otros libros de horas retoman el mismo motivo de Paulino Rodríguez Barral 42 LOCVS AMŒNVS 7, 2004 37. La plástica románica adoptó como imagen arquetípica para el castigo de la lujuria, alegoría al tiempo de ese mismo pecado, la de la mujer mordida en sus pechos por serpientes. Los orígenes de esta fórmula iconográfica se localizan en las representaciones clásicas de Gea, la Madre Tierra de los romanos. En una de sus tipologías se muestra como una joven recostada con el pecho parcialmente desnudo, portando el cuerno de la abundancia y rodeada de animales y putti a los que amamanta. Se rodea, por lo general, de animales domésticos o de serpientes. La presencia de la serpiente, animal, como inductor de la caída, maldito para el cristianismo, facilitó su transformación, a partir de una lectura incorrecta, en imagen paradigmática del castigo de la lujuria (cf. J. Leclercq-Kadaner, «De la Terre-Mère à la Luxure. A propos de la migration des symboles», Cahiers de Civilisation Médiéval, XVIII, 1975, p. 37-47). Seguramente no fue ajeno a esta mutación el papel otorgado a las serpientes en las visiones literarias del infierno, particularmente en la Visio Pauli,en la que corresponde a ellas acosar a las mujeres que han pecado contra la castidad (P. Meyer, «La descente de Saint Paul en Enfer», Romania, XXIV, 1895, p. 365-375). 38. Es muy abundante la literatura medieval de carácter misógino, presentando a la mujer como inductora al pecado, particularmente al de la carne. Véase a este respecto J. Planas, op. cit., p. 95-101. 39. En su viaje al purgatorio de san Patricio, el caballero Otwein describe las «fossas plenas de dins de metalls tot fusus e ardens» en que los demonios introducían a sus víctimas. En idénticos términos se alude a ese mismo castigo en la versión de Ramón Perellós (Miquel y Planas, «Viatge del cavaller Otwein al purgatori de sant Patrici» y «Viatge d’en Ramón de Perellós al purgatori de Sant Patrici»,ambos textos recogidos en en Llegendes…, p. 19 y 159 respectivamente). Vale decir, a propósito de la literatura de visiones, que varias de las que incluyen el purgatorio en el periplo de sus protagonistas por el más allá, contaron con versiones catalanas. Además de la muy difundida visión de Otwein, también la Visio Tungdali se tradujo al catalán. Ambas, editadas, como acabamos de señalar, por Miquel y Planas en Llegendas…, figuran en el manuscrito misceláneo Cod. Escurialensis M. II. 3 de la Biblioteca de El Escorial. De la de Tungdal, aparte de la contenida en el códice escurialense, el estudioso catalán transcribe el texto de otras dos. La que en el Archivo de la Corona de Aragón contiene el manuscrito 83 de Sant Cugat del Vallès (folios 102v-127v) y otra incluida en un manuscrito de la Bayerische
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 43 Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval nes de cada cual: junto a san Miguel, un pequeño ángel se hace con un alma mientras que en el lado contrario ocurre otro tanto con un diablo que transporta las almas de dos condenados en una cesta que carga a modo de mochila. La tabla se culmina en su parte superior con la imagen de san Pedro ante la puerta entreabierta de la Ciudad Celeste. Hacia él se dirige un ángel portando un alma en sus manos. Una similar concepción se observa en el retablo de la Seu d’Urgell. La sicostasia figura también en una de sus tablas. Se prescinde en este caso del posible resultado adverso del pesaje, pero se conjuga igualmente con la imagen de san Pedro a las puertas de la Ciudad Celeste recibiendo las almas de los que han superado positivamente la prueba (son visibles sobre sus murallas pequeñas figurillas de medio cuerpo alusivas a los bienaventurados). El retablo de San Miquel de Cruïlles expresa con una claridad meridiana el ligamen entre juicio particular, purgatorio y sufragios. En la calle de la derecha se representan, en dos tablas superpuestas, la sicostasia en la superior y, debajo de ella, la misa y liberación de las almas (figura 3). Tres finas líneas ponen en comunicación los elementos de mayor contenido semántico de esta construcción. Partiendo de la hostia que eleva el sacerdote, una de ellas se dirige hacia el alma que un ángel está sacando del purgatorio. Otra alma, conducida a su vez por un ángel hacia el cielo, es el objetivo final de una segunda línea, mientras que la tercera incide en la escena de la sicostasia situada en la tabla inmediatamente superior. Ésta presenta una particularidad novedosa en la representación del asunto en el gótico catalán, al ostentar uno de los platillos de la balanza un pergamino (el contrario lo ocupa la tradicional figura orante). Un motivo, sin duda, derivado del libro de vida del Apocalipsis45. Mención aparte merece el retablo de la iglesia de Sant Pere de Terrassa. Es el único de todos ellos en que se representa el Juicio Final ocupando la espiga en sustitución del habitual calvario con que la retablística gótica suele rematar la calle central. Se trata de un juicio reducido a sus elementos esenciales, expresados además con gran economía de medios. Cristo Juez, la Deesis, ángeles trompeteros y una resurrección de los muertos a partir de la cual se introduce el motivo de la separación de justos y pecadores. Un ángel, en el extremo inferior izquierdo de la tabla, tiende una de sus manos a una mujer que sale de su tumba, al tiempo que invita con la otra a los justos a avanzar hacia un paraíso que tan sólo se intuye. Se le opone en el lado contrario un diablo que hace lo propio con los condenados: mientras que, literalmente, arranca de su sepultura a uno de ellos agarrándolo por los cabellos, empuja a los restantes hacia lo que parece una caverna dominada por el fuego. La presencia del Juicio Final viene a complementar la del juicio particular, representado en la tabla central a partir de la imagen de san Miguel procediendo al pesaje de las acciones morales46. rraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles» [Ap. 3, 5]. «En ella no entrará cosa impura ni quien cometa abominación y mentira, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero» [Ap. 21, 27]). Por el contrario, los adoradores de la bestia no figuran en él («Lo adoraron todos los moradores de la tierra, cuyo nombre no está escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado» [Ap. 13, 8]; «[…] y se maravillarán los moradores de la tierra, cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida desde la creación del mundo, viendo la bestia, porque era y no es, y reaparecerá» [Ap. 17, 8]. Un precedente de la iconografía de la tabla de Borrassà puede verse en un ejemplar, originario del Languedoc, del Breviari d’Amor de la Biblioteca de El Escorial (S. I. n. 3, folio 128), en el que en uno de los platillos aparece una boca de Leviatán con tres rollos de pergamino. A fórmulas semejantes recurrirán más adelante el maestro de los Muntadas en una tabla de la colección que da nombre a su autor (también con un rollo de pergamino en uno de los platos) o, ya dentro de una estética plenamente renacentista, Pere Mates en la tabla del Juicio Final del retablo de Segueró del Museu d’Art de Girona (en este caso, con la sustitución del pergamino por libros). En la tabla dedicada a la sicostasia en el retablo de San Miguel de la iglesia parroquial de Argelers (Vallespir) [Gudiol y Alcolea, Pintura gótica…, nº 664], sin que figuren directamente en la balanza, los libros tienen un importante papel en la que constituye una de las puestas en escena judiciales más notables del gótico catalán. A lado y lado de la escena central, en la que el arcángel, alzado sobre un pedestal, maneja la balanza al tiempo que alancea al diablo, se disponen los miembros del tribunal que debe, en última instancia, decidir el destino del alma cuyas acciones están sobre los platillos. La defensa recae sobre los ángeles sentados a la derecha del arcángel. En primera fila, uno de ellos se afana en levantar acta de lo que acontece, mientras que el que se sienta a su lado es depositario de los libros en que se recogen sus argumentos. La parte acusadora, constituida por el grupo de diablos que se arracima en el lado contrario, se encuentra también en disposición de aportar documentos a la vista: uno de ellos sostiene, bien visible en una de sus manos, el pergamino en que constan las pruebas incriminatorias. 46. En la balanza a las buenas acciones representadas por una figura femenina que, vestida con túnica blanca, dirige hacia el arcángel su gesto implorante, se oponen las malas en la figura de un diablo que ocupa el platillo contrario. La imagen se combina con el alanceamiento del diablo. Staatsbibliothek de Munich. De todas ellas, fue la adaptación de Ramón Perelló, vizconde de Perelló y de Rodas, del viaje de Otwein al purgatorio de san Patricio la que gozó de mayor popularidad. Su autor la escribe a raíz del repentino fallecimiento de Joan I, para quien había llevado a cabo algunas misiones diplomáticas. A la muerte del monarca en extrañas circunstancias buena parte de sus más íntimos colaboradores fueron sometidos a proceso acusados de toda suerte de delitos, llegando incluso a insinuarse responsabilidades en su muerte. Perelló fue uno de los encausados. También Bernat Metge, que había sido a su vez un estrecho colaborador del rey. Lo repentino de su muerte, sin confesión, desató adicionalmente toda suerte de especulaciones acerca del destino final de su alma. Tanta preocupación generó el asunto que movió a Bernat Metge a escribir Lo Somni, a fin de demostrar, al situarla en el purgatorio, que el alma del rey se hallaba en trance de salvación. Perelló irá aún más lejos, en el sentido literal del término, al emprender viaje a Irlanda para visitar el mismísimo purgatorio de san Patricio (la tradición situaba su entrada en una caverna del lago Derg), al objeto de comprobar por sí mismo la presencia en él del rey difunto. El relato de su visita no es sino una copia casi literal de la visión del caballero Otwein, incluyendo, naturalmente, la presencia del rey entre las almas purgantes. 40. J. Plummer, The Hours of Catherine of Cleves, Nueva York, 1966. 41. Horas de Gysbrecht de Brederode (Lieja, Biblioteca de la Universidad, manuscrito 13, folio 69r); La Haya, Koninklijke Bibliotheek (KB, 131 G5, folio 144r y KB 135 F2, folio 221r) [Bratu, Images d’un nouveau lieu…, p. 194 y s.]. En lo hispánico, un libro de horas del siglo xv conservado en la biblioteca de El Escorial (Vit. 11) recurre también al purgatorio-Leviatán (J. Domínguez Bordona, Manuscritos con Pinturas, Madrid, 1933, vol. II, nº 1564, il. 482). De su persistencia en Cataluña hasta fechas tardías dan cuenta las pinturas del siglo xvi sacadas a la luz recientemente en el tímpano de la iglesia de Santa María del Mar de Barcelona, a las que nos referiremos más adelante. 42. Hemos aludido ya a las pinturas de la capilla de San Martín de la Catedral Vieja de Salamanca, en las que el purgatorio adquiere también una calidad cavernosa. También el retablo de los Puixmarín de la catedral de Murcia nos ofrece otro interesante ejemplo de purgatorio caverna. Algún ejemplo adicional nos lo facilita la pintura mural del sudoeste de Francia. En la iglesia abacial de Issoire, unas cuantas almas se muestran agrupadas en el interior de una caverna. En el valle de Arán, la iglesia de Santa María de Arties nos muestra un purgatorio en el que las almas son sometidas al tormento de la caldera (un letrero sobre ella lo identifica como porgatori) en el interior de una amplia caverna. Se trata, en éste último caso, de unas pinturas muy tardías (1589) pero que responden a un espíritu plenamente medievalizante (cf. A. M. Vaurillon Cervoni, L’iconographie du purgatoire…, p. 66; M. Fournié, Le ciel peut-il attendre?…, p. 81-82). Para las pinturas de Arties, véase también la ficha correspondiente, a cargo de Gener Alcántara en la Memòria d’activitats (1989-1996) del Servei de Conservació i Restauració de Béns Mobles de la Generalitat de Catalunya, Barcelona, 1997, p. 144-145. También algunos retablos de almas valencianos de principios del xvi, particularmente los del maestro de Cabanyes, integran el motivo de la cueva dentro del sistema penal de sus purgatorios, combinado con la doble purificación por el agua y el fuego (cf. P. Rodríguez Barral, op. cit, p. 445 y s.). 43. En la Visión de Tungdal, su protagonista visita, entre otros apartados del purgatorio, la fragua de Vulcano, destinada a los lujuriosos. En ella, las almas son golpeadas con grandes martillos y fundidas conjuntamente. Cf. Miquel y Planas, «Visió de Tundal» (versión del monasterio de Clares Valls), en Llegendes…, p. 52-53. 44. Una solución semejante adopta Antoni Lonhy en el retablo del monasterio de Domus Dei de Miralles. De él nos ocupamos en páginas posteriores. 45. En él se le cita en más de una ocasión, dando a entender que recoge los nombres de los justos («El que venciere, ése se vestirá de vestiduras blancas, jamás bo-
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 50 Paulino Rodríguez Barral fecharlo con posterioridad a 1461, año en que la santa fue canonizada86. La de santa Eulalia de Barcelona87, así como las numerosas rúbricas en catalán, apuntan hacia una procedencia del Principado, tal vez de la propia Ciudad Condal. La ilustración, a toda página, encabeza el oficio de difuntos88. Su motivo central es la misa de san Gregorio. El papa oficia de espaldas al espectador con el concurso de un diácono y un cardenal arrodillados a ambos lados. Éste último sostiene en sus manos la tiara papal. El oficiante gira la cabeza hacia su izquierda al tiempo que dirige la mirada al misal, cuyas páginas pasa en ese momento. El Cristo Varón de Dolores se manifiesta, con la llaga sangrante del costado, sobre la parte central del altar. Dos ángeles lo flanquean. A ambos lados, dos vanos abiertos en la pared del fondo nos ofrecen la oportunidad de asistir a otras tantas escenas mostrando las penas y la liberación de las almas del purgatorio y su posterior gozo en el paraíso. El mismo recurso que utiliza, si bien en ese caso a través de un único vano abierto al purgatorio, Pedro Berruguete en el retablo procedente de la iglesia parroquial de Cogollos (Burgos), hoy en el museo de la capital castellana. En el manuscrito de la British, el vano de la derecha se abre sobre un purgatorio dominado por el fuego (figura 6). Lo que vemos parece apuntar hacia una gradación en el castigo al que son sometidas las almas. En un nivel superior, un grupo de ellas, representadas como pequeñas figuras de color negro, saltan y gesticulan sobre las llamas instrumento de su tortura. Las que un poco más abajo se hallan a su vez inmersas en el fuego no sólo han abandonado la gesticulación desaforada de las anteriores, sino que además presentan en su coloración una tonalidad intermedia entre el negro de las primeras y el blanco de las que debajo, en un tercer nivel, ocupan una caldera que se erige, por sus dimensiones y por el primer plano que ocupa, en el elemento dominante de este purgatorio. A cada lado de la misma se observa la presencia de dos ángeles (uno de ellos provisto de vistosas alas azules) aplicados en la tarea de ayudar a dos almas a salir de ella, de tal modo que en la parte inferior son visibles las cabezas de las que, purgadas de sus pecados tras haber superado el triple tormento ígneo, aguardan su acceso al paraíso. Hay que remarcar que este proceso de progresiva purificación tiene lugar en una verde pradera sobre la cual asoma, al fondo, el azul del cielo. Una iconografía ciertamente excepcional para la representación del purgatorio en lo catalán, pero que presenta elementos de similitud con otros ejemplos también de la segunda mitad del siglo xv. Es el caso de los purgatorios pintados por Jean Colombe en las Horas de Ana de Francia (Nueva York, Pierpont Morgan Library, ms. M 677, folios 250 y 329) y en las Très Riches Heures del duque de Berry (Museo Condé, Chantilly, ms. 65, folio 114)89. En las Horas de Luís de Saboya (París, Biblioteca Nacional, ms. lat. 9473, Figura 6. Libro de horas. British Library, Add. ms. 18193, folio 86v. Misa de san Gregorio y purgatorio. Figura 7. Santa María del Mar (Barcelona). Pinturas del tímpano de la fachada. Misa de san Gregorio y liberación de las almas del purgatorio. 86. J. Backhouse, The illuminated page. Ten centuries of manuscript painting, Toronto y Buffalo, 1998, nº 167, p. 190. 87. Cf. P. Bohigas, Sobre manuscrits i bliblioteques, Barcelona, 1985, p. 48. 88. Se inicia en la página opuesta (Comença lo offici de defunts) con el salmo 114 (Dilexi quoniam...), que ostenta, inserta en la Dcapital, una calavera. 89. Bratu,Images d’un nouveau lieu…, p. 576-578. 90. F. Virgitti, «L’iconographie du Purgatoire dans les manuscrites…», p. 58. 91. El gótico catalán nos ofrece otro ejemplo más en las pinturas del siglo xv de la iglesia de Aós de Civis (Alt Urgell), conservadas actualmente en la iglesia de Sant Miquel de la Seu d’Urgell, hoy integrada en las dependencias del Museo Diocesano de la Seu, en el que ingresaron en 1969 (A. Vives, «Les pintures murals del Museu Diocesà de la Seu d’Urgell», en Urgellia, nº 1, 1979, p. 436-437). En la parte dedicada al purgatorio, los condenados ocupan sendos calderos bajo los cuales se distinguen, no sin dificultad, restos de fuego. Un ángel ayuda a una de las almas a abandonar su castigo para dirigirse hacia un pórtico en el que san Pedro se apresta a recibirla.
LOCVS AMŒNVS 7, 2004 51 Purgatorio y culto a los santos en la plástica catalana bajomedieval folios 131 y 232) el purgatorio adopta también la forma de una verde pradera sobre la que destacan las llamas purificadoras90. Respecto a la marmita, instrumento de tortura recurrente en la iconografía del infierno, hay que señalar que es infrecuente cuando del purgatorio se trata. Los paralelismos son escasos y mayoritariamente catalanes. Dos de ellos los hemos visto en los retablos catalanes de Sant Miquel de Cruïlles, de Lluís Borrassà (Museu d’Art de Girona) y de la iglesia de Sant Pere de Terrasa, de Talarn y Cirera, en éste último subordinado al motivo dominante de la boca de Leviatán, en cuyo interior se ubica91. La miniatura nos ofrece otra muestra en un misal del siglo xv conservado en la Biblioteca del Arsenal (ms. lat. 611, folio 13)92, en el que parece darse además, como en nuestro libro de horas, una gradación penal en el tormento del fuego, tal como se deduce del hecho de que, debajo de la caldera, un par de almas se hallen inmersas directamente en las llamas. Un segundo ejemplo catalán poniendo en relación la misa de san Gregorio y el purgatorio nos lo ofrece el tímpano de la fachada de la iglesia barcelonesa de Santa María del Mar. Se decoró originalmente con las imágenes escultóricas de Cristo como juez, alzando las manos para mostrar las llagas de las palmas, y de la Virgen y san Juan evangelista como intercesores93. Dos ángeles portadores de las Arma Christi, ubicados fuera del tímpano, se relacionan directamente con la iconografía del mismo. Se aludía pues al Juicio Final con un máximo espíritu de síntesis. Una reciente restauración ha puesto al descubierto unas pinturas que fueron añadidas al conjunto en el siglo xvi (figura 7). La temática, que continúa siendo de carácter escatológico, viene a constituirse en exponente del camino recorrido por las concepciones de teología en ese terreno desde el siglo xiv, en que se colocaron las esculturas, y el momento en que se pintó el tímpano. La imagen escultórica de Cristo actúa como elemento de separación entre las dos partes en torno a las que se articula temáticamente lo representado. En la de la izquierda asistimos al desarrollo de la misa de san Gregorio. La de la derecha da cuenta de sus efectos sobre las almas del purgatorio: varias de ellas se hallan en trance de ser liberadas por los ángeles del interior del mismo94. Éste adopta la forma de boca de Leviatán, que, como hemos visto, cuenta con antecedentes en la tradición iconográfica de los purgatorios catalanes. Sea quien fuere el que diseñó el programa, consideró oportuno completar la imagen judiciaria original, remitiendo al Juicio Final, con ésta última, estableciendo con ello una ligazón entre dos planos escatológicos que será habitual en los retablos de almas valencianos. Todo ello resultaba, por lo demás, totalmente acorde con el hecho de que la portada se abriese a una zona dedicada a enterramiento95. 92. Cf. A. Bratu, Images d’un nouveau lieu..., p. 640-641, figura 53. 93. M. R. Manote, «Consideracions iconogràfiques de la decoració escultòrica de la portalada», Butlletí del Museu Nacional d’Art de Catalunya, 4, 2000, p. 51-59. 94. Manote (ibídem) sostiene que lo representado alude a la separación de justos y pecadores. Comparte su opinión F. Ruiz Quesada («La rosassa de la Coronació de la Mare de Déu i les pintures del portal», Butlletí del Museu Nacional d’Art de Catalunya, 4, 2000, p. 62). Éste último atribuye incluso (n. 11) este mismo tema a lo representado en las tablas de la liberación de las almas de los retablos de Elna, Seu d’Urgell (Ciera / Des Puig) y Sant Pere de Terrassa (Cierera / Talarn), con cuya iconografía relaciona, en esto adecuadamente, la temática de las pinturas de Santa María del Mar. 95. Desde este punto de vista, debe tenerse en cuenta la presencia en uno de los capiteles de la misma del tema del encuentro de los tres vivos y los tres muertos, que se pensó, como en las pinturas del atrio del castillo de Alcañiz, como complementario del Juicio Final (cf. F. Español, Lo macabro en el gótico hispano [Cuadernos de Arte Español, nº 70], Madrid, 1992).