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El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica : nueva interpretación iconográfica

Rueda i Roigé, Francesc-Josep de

Abstract

Tras referir el contexto y las circunstancias por las que pasó la denominada Casa de Hilas en Itálica, se analiza el mosaico que pavimenta el triclinio de menores dimensiones. Se comenta cada una de las hipótesis formuladas hasta el momento en relación con la efigie que centra el tapiz (Flora, Baco, Tellus) y se propone una nueva interpretación iconográfica, consistente en su identificación con Annus o Annus-Aiôn, planteándose también la posibilidad de una mala comprensión por parte de los mosaístas de los modelos empleados para dos de las imágenes representadas.

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LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 7-20 Francesc-Josep de Rueda Roigé Universitat Autònoma de Barcelona Departament d’Art 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Resumen Tras referir el contexto y las circunstancias por las que pasó la denominada Casa de Hilas en Itálica, se analiza el mosaico que pavimenta el triclinio de menores dimensiones. Se comenta cada una de las hipótesis formuladas hasta el momento en relación con la efigie que centra el tapiz (Flora, Baco, Tellus) y se propone una nueva interpretación iconográfica, consistente en su identificación con Annus o Annus-Aiôn, planteándose también la posibilidad de una mala comprensión por parte de los mosaístas de los modelos empleados para dos de las imágenes representadas. Palabras clave: mosaico, Itálica, antigüedad, iconografía. Abstract The Seasons mosaic in the House of Hylas at Itálica. A new iconographic interpretation After exposing the context and the circumstances undergone by the so-called House of Hylas at Itálica, the mosaic that paves the smaller triclinium is analysed. The hypotheses formulated so far regarding the central effigy of the mosaic (Flora, Bacchus, Tellus) are commented. A new iconographic interpretation is proposed, identifying the effigy with Annus or Annus-Aiôn. The possibility is also suggested that there has been a misinterpretation of the models used for two of the represented images. Key words: mosaic, Itálica, Antiquity, iconography. El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica Nueva interpretación iconográfica LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 8Francesc-Josep de Rueda Roigé Itálica, a unos nueve kilómetros de Hispalis (Sevilla) y situada en un altozano próximo al antiguo río Baetis (Guadalquivir), constituye hoy día uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes entre los hispanos conservados, no sólo desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico, sino también escultórico y musivo. La que fuera patria de los Ulpii y los Aelii, de donde salieron los emperadores Trajano y Adriano, respectivamente, fue fundada por el general Publio Cornelio Escipión tras la victoria que los romanos obtuvieron sobre los cartagineses en el transcurso de la Segunda Guerra Púnica, la denominada batalla de Ilipa (Alcalá del Río, Sevilla), acaecida en el 206 aC. Nacida para acoger a los soldados suyos que intervinieron en la contienda, cuya ascendencia itálica dio nombre a la propia ciudad —tal como nos relata el historiador alejandrino Appianos1—, y asentada sobre un núcleo de población turdetano, supone la más antigua fundación que los romanos efectuaron dentro de la península Ibérica. Aunque inicialmente fue un simple vicus civium Romanorum, se transformó —casi dos siglos después— en municipium y, más adelante, en época adrianea, en colonia. Fue precisamente bajo Adriano cuando Itálica experimentó una gran ampliación hacia el noroeste. Sabemos que el emperador intervino directamente en la empresa, como lo atestiguan, por ejemplo, las tuberías de plomo selladas con su nombre —Imp(eratoris) C(aesaris) H(adriani) A(ugusti)— y los miliarios monumentales emplazados en la vía que contienen la inscripción Hadrianus Aug(ustus) fecit. Si hasta entonces la extensión de la ciudad apenas alcanzaba las catorce hectáreas, con la expansión producida en tiempos de Adriano llegó a tener unas cincuenta y dos hectáreas de superficie, convirtiéndose, pues, 1. Appianos, Iberica, 38. 2. Para una visión global sobre Itálica, véanse Antonio García y Bellido, Colonia Aelia Augusta Italica, Bibliotheca Archaeologica II, Madrid, 1960 (la última edición de esta monografía, la tercera, fue publicada bajo el título Andalucía Monumental. Itálica, Biblioteca de la Cultura Andaluza, núm. 27, Sevilla, 1985); José M.ª Luzón Nogué, La Itálica de Adriano, Colección Arte Hispalense, núm. 9, Sevilla, 1989 (4ª ed.; ed. original: 1975); Juan José Ventura Martínez, «Introducción a la arqueología de Italica», Imp. Caes. Nerva Traianus Aug. (ed. por Julián González), Sevilla, 1993, p. 205-228, y sobre todo Antonio Caballos Rufino, Jesús Marín Fatuarte, José Manuel Rodríguez Hidalgo, Itálica arqueológica, Sevilla, 1999, una estupenda síntesis que recoge las últimas novedades. Aspectos más concretos han sido tratados por diversos investigadores en las obras colectivas Itálica (Santiponce, Sevilla). Actas de las Primeras Jornadas sobre Excavaciones Arqueológicas en Itálica. Excma. Diputación Provincial de Sevilla, Septiembre 1980, Excavaciones Arqueológicas en España, núm. 121, Madrid, 1982, e Itálica MMCC. Actas de las Jornadas del 2200 Aniversario de la Fundación de Itálica (Sevilla, 8-11 de noviembre de 1994) (ed. por A. Caballos y P. León), Sevilla, 1997. Para conocer las vicisitudes históricas por las que pasó esta ciudad bética, interesa Antonio Caballos Rufino, Itálica y los italicenses. Aproximación a su historia, Sevilla, 1994. Para la abundante epigrafía italicense, véase Alicia M.ª Canto y de Gregorio, La epigrafía romana de Itálica, Madrid, 1985 [tesis doctoral]; Julián González Fernández, Corpus de Inscripciones Latinas de Andalucía, vol. II, Sevilla, tomo II, La Vega (Itálica), Sevilla, 1991, y Antonio Caballos Rufino, «Nuevas inscripciones italicenses», Habis, 24 (1993), p. 287-295. Las fábricas y materiales empleados en la arquitectura italicense han sido analizados en profundidad por Lourdes Roldán Gómez, Técnicas constructivas romanas en Itálica (Santiponce, Sevilla), Monografías de Arquitectura Romana, 2, Madrid, 1993. El Traianeum, templo de época adrianea dedicado a la memoria del divino Trajano, ha sido objeto de un estudio monográfico por parte de Pilar León Alonso, Traianeum de Itálica, Sevilla, 1988. La misma autora ha abordado el interesantísimo conjunto escultórico descubierto en la ciudad en la obra Esculturas de Itálica, Sevilla, 1995. Los vestigios pictóricos han sido estudiados por Lorenzo Abad Casal en diversos trabajos: «Pintura romana de Itálica», XIII Congreso Nacional de Arqueología, celebrado en Huelva entre los días 8 y 12 de octubre de 1973, Zaragoza, 1975, p. 883-888 + figs. 1-5; Pinturas romanas en la provincia de Sevilla, Arte hispalense, 21, Sevilla, 1979, p. 61-72, 121123 (fig. 10), 125-127 (fig. 12, fragmentos A, D y E) y 133-143 (figs. 15-20), y Pintura romana en España, Alicante, Sevilla, 1982, tomo I, p. 198-243, tomo II, p. 151-180 (figs. 322-407). Varios de los numerosos mosaicos aparecidos en Itálica fueron tratados por Antonio Blanco Freijeiro, Mosaicos romanos de Itálica (I). Mosaicos conservados en colecciones públicas y particulares de la ciudad de Sevilla, Corpus de Mosaicos Romanos de España, fasc. II, Madrid, 1978. Respecto a los teselados, también puede mencionarse Mercedes Durán Penedo, Iconografía de los Mosaicos Romanos en la Hispania alto-imperial, Barcelona, 1993, p. 25-93 y 478-485 (figs. 2-14), y láms. I-X, donde la autora ofrece una panorámica general sobre los mismos. Otros trabajos más concretos concernientes a los mosaicos italicenses son los realizados por Antonio Blanco Freijeiro y José M.ª Luzón Nogué (El mosaico de Neptuno en Itálica, Sevilla, 1974; del segundo de los autores citados debe mencionarse «Mosaico de Tellus en Itálica», Habis, 3 —1972—, p. 291-295 y láms. XIX-XX —figs. 1-3—), Alicia M.ª Canto y de Gregorio («El mosaico del nacimiento de Venus de Itálica», Habis, 7 —1976—, p. 293-338 y láms. XI-XVIII), Sonsoles Celestino («Mosaicos perdidos de Itálica», Habis, 8 —1977—, p. 359-383 y láms. XXVXXVIII), M.ª Pilar San Nicolás Pedraz («Sobre el mosaico perdido de Galatea, Itálica (Sevilla)», Antigüedad y Cristianismo. Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía, VIII, Arte, sociedad, economía y religión durante el Bajo Imperio y la Antigüedad tardía, Murcia, p. 531-540) y M.ª Luz Neira Jiménez («Mosaico de los tritones de Itálica en el contexto iconográfico del thiasos marino en Hispania», VI Coloquio Internacional sobre Mosaico Antiguo. Palencia-Mérida, octubre de 1990 —ed. por C. M. Batalla—, Guadalajara, 1994, p. 359-367), así como los llevados a cabo —dentro de estudios de enjundia mucho más amplios— por Joan Gómez Pallarès (Edición y comentario de las inscripciones sobre mosaico de Hispania. Inscripciones no cristianas, Studia Archaeologica, 87, Roma, 1997, p. 126-137 —SE 1SE 5 y SE 7— y 262-267 —láms. 51-56—) y Janine Lancha (Mosaïque et culture dans l’Occi- LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 9 El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica en uno de los centros urbanos más espaciosos de Hispania. Si conocemos todavía muy poco todo lo relativo a la Itálica preadrianea, que de tanto en tanto y por diversas causas asoma por debajo del actual pueblo de Santiponce (su ubicación sobre las ruinas italicenses se produjo, tras su traslado desde otro lugar, a principios del siglo xvii), los datos que poseemos en relación con la ampliación de la ciudad en época adrianea son cada vez más esclarecedores y reveladores de la magnificencia que ostentó. Partiendo de unas premisas características de las grandes ciudades helenísticas, que poseían un refinamiento y un lujo por los que Adriano siempre sintió una profunda admiración, se proyectó un barrio de trazado ortogonal, con calles muy anchas y aceras porticadas, a fin de que los peatones pudieran protegerse del sol y la lluvia, provisto de un sistema de abastecimiento y evacuación de aguas perfectamente concebido. Cada insula fue, por regla general, ocupada por dos casas, una al este y otra al oeste. Sin embargo, para los edificios públicos se confirieron manzanas completas, que tenían, además, una extensión mayor que el resto. En suma, bajo Adriano se planeó un barrio residencial, diseñado con racionalidad, donde destaca la suntuosidad de algunas de las viviendas allí proyectadas, entre ellas la denominada Casa de Hilas (figura 1)2. Fue en el transcurso de las excavaciones que Demetrio de los Ríos efectuó durante 1872-1874 en Itálica cuando se pusieron al descubierto, entre diversas construcciones, en el entonces llamado cerro de Las Coladas u olivar de Vázquez, dos cubicula solados con sendos mosaicos pertenecientes a una misma domus romana, la tercera, atendiendo a la relación dada por su excavador, y que con posterioridad vino a denominarse Casa de Hilas, a causa de la representación del rapto de este joven en uno de los pavimentos de la vivienda3. Con el tiempo, ambos tapices debieron quedar cubiertos por tierra, reexcavándose en los años veinte del siglo siguiente. En efecto, en la campaña llevada a cabo por Andrés Parladé, conde de Aguiar, durante 1927-1928 en la misma ciudad, se desenterraron, entre otros vestigios, diversas estructuras y mosaicos pertenecientes a esta domus; las excavaciones prosiguieron en este enclave en la siguiente campaña, efectuada en 1929-1930, dirigida igualmente por Andrés Parladé, y se halló, entre otros, el mosaico que es objeto de este trabajo, que denominamos «de las Estaciones» y que pavimenta una estancia triclinar4. La casa no se ha exhumado en su Figura 1. Plano de la Casa de Hilas (Itálica), con situación de los mosaicos (según A. García y Bellido). dent romain (Ier-IVe s.), Bibliotheca Archaeologica, 20, Roma, 1997, p. 190-197 —núms. 9194— y láms. LXXXVII-XCI). Los opera sectilia han sido debidamente catalogados por Esther Pérez Olmedo, Revestimientos de Opus Sectile en la Península Ibérica, Studia Archaeologica, 84, Valladolid, 1996, p. 155-170 (núms. 109-122), 281284 (figs. 53-56) y 324-334 (láms. XXXIV. b-XLIV). Para los signina, véase Fernando de Amores Carredano, José Manuel Rodríguez Hidalgo, «Pavimentos de Opus signinum en Itálica», Habis, 17 (1986), p. 549-564 y lám. V. 3. Sobre Demetrio de los Ríos, designado como director de las excavaciones de Itálica el 24 de enero de 1860, yacimiento en el que desempeñó una importante labor, véase ahora Fernando Fernández Gómez, Las excavaciones de Itálica y Don Demetrio de los Ríos a través de sus escritos, Córdoba, 1998. El hallazgo de los dos ejemplares aparece reseñado en Demetrio de los Ríos, «Itálica. Últimos descubrimientos de 1874. Artículo II», La Ilustración Española y Americana, año XIX, núm. V (Madrid, 8 de febrero de 1875), p. 83-86, concretamente la página 86 (también se halla recogido en Aurelio Gali Lassaletta, Historia de Itálica, municipio y colonia romana. S. Isidro del Campo, sepulcro de Guzmán el Bueno, Santiponce, Sevilla, Sevilla, 1892, p. 225): Junto á la precedente, y con puerta á la misma calle, hubiérase podido desenterrar otra casa, de la cual sólo se han descubierto, á última hora, dos habitaciones gemelas, con el pavimento de mosáico casi entero la una, y la otra con la misma especie de suelo, lastimosamente destrozado, razon por la cual sólo ha sido posible conservar el primero, defendido convenientemente por un vallado [transcripción literal]. El hallado en buen estado, decorado con ornamentación geométrico-floral y una bordura con una muralla almenada, aparece reproducido en Fernández Gómez, Las excavaciones de Itálica... (en esta misma nota), p. 201. Del otro se conservan, aún hoy día, parte de las cenefas exteriores, ornadas con motivos geométricos. 4. En relación con las zonas descubiertas en cada una de las campañas, véase Andrés Parladé, Excavaciones en Itálica. Campañas de 1925 a 1932, Memorias de la Junta Superior del Tesoro Artístico, Sección de Excavaciones, núm. 127, Madrid, 1934, p. 7-8, 10 y 18-19, láms. IV. A-B, V. A-B y XXIII-XXXI, y planos entre las páginas 16 y 17. LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 10 Francesc-Josep de Rueda Roigé totalidad, pues falta completar la excavación tanto por su lado occidental, donde debe lindar con otra vivienda, emplazada —en buena parte— por debajo de la zona destinada al cementerio de Santiponce, como por el meridional. Ordenada, en cierta manera, respecto a un eje norte-sur, y adaptada su construcción a la pendiente natural hacia este último punto cardinal, cabe la posibilidad de que su entrada principal se encontrara en el extremo meridional, aspecto que, por ahora, a falta de exploraciones en esta zona, no ha podido comprobarse. A raíz de lo excavado hasta el presente, debe plantearse también la posibilidad de que el acceso se realizase por el costado oriental, a través de una dependencia muy ancha a modo de vestíbulo, hipótesis que cobra una mayor fuerza si se toma en consideración la forma de ingreso que acostumbran a tener las otras casas italicenses de las que se tiene conocimiento, por el este o por el oeste, según la vivienda se halle orientada hacia levante o poniente, respectivamente. Se trata de una de las casas más lujosas de la ciudad, donde la abundancia de los espacios abiertos debió originar en su momento una gran sensación de confort para los moradores de la misma. El triclinio solado con el mosaico de las Estaciones, que hace 74,5 m2, comunica con el que debió ser el peristilo más importante de la domus, situado en un nivel algo más elevado y consistente en un patio de tipo rodio centrado por una fuente, de la que se conserva su receptáculo de agua, en forma cuadrada, cuyo suelo y paredes se hallan revestidos por un mosaico donde aún se distinguen algunos peces y crustáceos. Este peristilo, cuya galería septentrional está asentada a una altura mayor que las restantes, da paso, hacia el norte, a una dependencia de unos 108 m2, que constituía el triclinio principal de la casa. Su mosaico, en la actualidad muy lastimado, incluía originariamente representaciones de tigres5. A esta sala de aparato también puede accederse, a través de sendas puertas laterales, desde los dos patios que flanquean la estancia. Al mismo tiempo, ambos están comunicados entre sí por medio de un pasillo dispuesto por detrás de la estancia noble. Al sur del patio occidental se encuentran las dos habitaciones que fueron descubiertas por Demetrio de los Ríos6. El patio oriental, en forma de U, conserva parcialmente, en sus tres galerías, un mosaico ornado con un sencillo cuadriculado con las casillas rectangulares. Por el lado meridional, este 5. A. Parladé (Excavaciones en Itálica... —n. 4—, p. 7) indica que «en su centro se ve una cartela con dos tigres, desgraciadamente mutilados». Más adelante (ibídem, p. 19) el autor habla de «cartelas con tigres muy bien dibujados», por lo que es muy probable que fueran varios los paneles ornados con estas imágenes zoomorfas. Así consta, de hecho, en otra publicación anterior de este investigador (se hace referencia a la existencia de «unas cartelas con una pareja de tigres cada una»): Sevilla (Guía arqueológica de la ciudad y de Itálica), IV Congreso Internacional de Arqueología, Barcelona, 1929, p. 14. 6. Véase supra. 7. Blanco Freijeiro, Mosaicos romanos de Itálica... (n. 2), p. 30-31 (núm. 6) y 61 (fig. 4), y láms. 17-18; Durán Penedo, Iconografía... (n. 2), p. 60-62 (núm. 8) y lám. V. 8. Parladé, Sevilla... (n. 5), p. 14; Ídem, Excavaciones en Itálica... (n. 4), p. 10 y 19, láms. XXX y XXXI, y planos entre las páginas 16 y 17; Juan de Mata Carriazo Arroquia, «Les fouilles d’Italica», Bulletin de l’Office International des Instituts d’Archéologie et d’Histoire de l’Art, vol. I, núm. 3 (1935), p. 25-33 y láms. VII-VIII, concretamente la página 32; George M. A. Hanfmann, The Season Sarcophagus in Dumbarton Oaks, Dumbarton Oaks Studies, II, Cambridge, Massachusetts, 1951 (reimpr. Nueva York, Londres, 1971), vol. I, p. 256, vol. II, p. 110 (nota 286) y 155 (núm. 208); Adrien Bruhl, Liber Pater. Origine et expansion du culte dionysiaque à Rome et dans le monde romain, Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, fasc. 175, París, 1953, p. 240; García yBellido, Colonia... (n. 2), p. 89 (fig. 28), 90 y 132, lám. X (foto inf.) y plano (p. 99 —fig. 28—, 100 y 142, y lám. X —foto inf.— en la edición de 1985); Alberto Balil Illana, «Mosaicos circenses de Barcelona y Gerona», Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo CLI, cuaderno II (1962), p. 257-351 + láms. 24-57, concretamente la página 346 (nota 269); José M.ª Luzón Nogué, Breve guía para una visita a las ruinas de Itálica, Sevilla, 1970, p. 16 (fig. 10) y 21, y plano entre las páginas 8 y 9; Ídem, «Mosaico de Tellus...» (n. 2), p. 295 y lám. XX (fig. 3); Alberto Balil Illana, «Casa y urbanismo en la España antigua», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, tomo XXXIX (1973), p. 115-188, concretamente las páginas 153 (lám. VI) y 167 (Ídem, Casa y urbanismo en la España antigua IV, Studia Archaeologica, 28, Santiago de Compostela, Valladolid, 1974, p. 46 y 73 —lám. VI—); José M.ª Luzón Nogué, «Itálica», Archéologia, núm. 60 (1973), p. 65Figura 2. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Foto: F.-J. de Rueda. LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 11 El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica patio comunica con otras dos habitaciones, pavimentadas con sendos mosaicos decorados con motivos geométrico-florales (el margen septentrional de la habitación oriental, que es el costado donde se localiza la entrada, contiene también las representaciones de una crátera y varias aves). Al norte, se accede, subidos unos peldaños, a una estancia que hace la función de antecámara de otra, situada más a poniente, con el piso cubierto por el mosaico donde se representa, en el centro, a Hilas raptado por las ninfas, en presencia de Hércules7. Si bien este panel fue arrancado y trasladado al Museo Arquelógico Provincial de Sevilla, los otros mosaicos, incluida la superficie geométrica del ahora mencionado, permanecen in situ, todos ellos —salvo el sector geométrico del mosaico de Hilas, los dos ejemplares descubiertos en el siglo xix y el que reviste el receptáculo de la fuente— bajo tierra. En el momento de su hallazgo, el pavimento de las Estaciones (figuras 2 y 3), con unas dimensiones de 7,13 m máx. x 10,25 m máx., presentaba diversas lagunas8. Una de ellas afectaba precisamente a una de las representaciones estacionales, perdida por completo. A causa de la fragilidad de la cama, el mosaico se levantó en numerosos paños y se Figura 3. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Foto: F.-J. de Rueda. 72, concretamente las páginas 71 (plano superior) y 72; Raymond Thouvenot, Essai sur la province romaine de Bétique, Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, fasc. 149, París, 1973 (reimpresión de la edición original, que es del 1940, seguida de un suplemento), p. 641, 642 (fig. 164) y 739 (núm. 164); Concepción FernándezChicarro y de Dios, «Mosaicos de Itálica», El Arte Español en las Publicaciones Roca, tomo 2, Barcelona, 1974, 10 páginas de texto s. p. + láms. I-IV y 1-6, concretamente la página [9]; Gisela Salies, «Untersuchungen zu den geometrischen Gliederungsschemata römischer Mosaiken», Bonner Jahrbücher des rheinischen Landesmuseums in Bonn (im Landschaftsverband Rheinland) und des Vereins von Altertumsfreunden im Rheinlande, tomo 174 (1974), p. 1-178, concretamente la página 153 (núm. 531); José Luis Mesa Alanis, «Los mosaicos de Itálica: un problema de restauración», Actas del Ier Congreso de Conservación de Bienes Culturales. Sevilla, 19, 20 y 21 de marzo de 1976 (recopilado por Eduardo Porta, José M.ª Xarrié y Betina Lozoya), Sevilla, 1976, 3 páginas de texto s. p., concretagéométrique de la mosaïque romaine. Répertoire graphique et descriptif des compositions linéaires et isotropes (en adelante, citado como Décor), París, 1985, p. 328 (lám. 210. a); M.ª Rita Mondelo Pardo, Mercedes Torres Carro, «El mosaico romano de Casariche (Sevilla)», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, t. LI (1985), p. 143157, concretamente la página 147 (nota 30); Lourdes Roldán Gómez, «El opus testaceum en Itálica. Edificios privados», Archivo Español de Arqueología, vol. 61, núms. 157-158 (1988), p. 119-140, concretamente las páginas 128, 129 (fig. 11) y 130; José M.ª Blázquez Martínez y otros, Mosaicos romanos del Museo Arqueológico Nacional, Corpus de Mosaicos de España, fasc. IX, Madrid, 1989, p. 19 y 23; Ramón Corzo Sánchez, Historia del Arte en Andalucía (dirigida por Enrique Pareja López), vol. I, La Antigüedad, Sevilla, 1989, p. 399 (con figura 337); Milagros Guardia Pons, Los mosaicos de la Antigüedad tardía en Hispania. Estudios de iconografía, Barcelona, 1992, p. 344; Manuel Antonio Castiñeiras González, La iconografía de los meses en el arte medieval hispano (siglos XI-XIV), tesis en microficha núm. 344 de la Universidad de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 1993, p. 278 (nota 101); Durán Penedo, Iconografía... (n. 2), p. 59, 60, 6264 (núm. 9), 65, 270, 284, 290, 341, 362 (nota 361), 374 (nota 656), 412, 467 (núm. 9) y 482 (fig. 9), y lám. VI; Manuel Antonio Castiñeiras González, «Flora y Robigus en las alegorías de la Primavera de la Edad Media», Actas del X Congreso del CEHA. Los Clasicismos en el Arte Español (Comunicaciones). Madrid, 27-30 de septiembre de 1994, Madrid, 1994, p. 23-24 (nota 4); Ramón Corzo Sánchez, Las ruinas de Itálica, Sevilla, 1994, p. 24 y fig. sup. p. 10; Fernando Regueras Grande, Pablo Yagüe Hoyal, Rosa Marcos Fierro,El Mosaico de «Hilas y las Ninfas». Museo de León, Estudios y catálogos, núm. 1, Valladolid, 1994, p. 43; M.ª Luz Neira Jiménez, Tomás Mañanes Pérez, Mosaicos romanos de Valladolid, Corpus de Mosaicos de España, fasc. XI, Madrid, 1998, p. 52; Janine Lancha, «Les Saisons dans leur contexte architectural en Hispanie», Anas, 11-12 (1998-99), p. 67-91, concretamente la página 72; Caballos Rufino, Marín Fatuarte, Rodríguez Hidalgo, Itálica... (n. 2), p. 83; Mercedes Durán Penedo, «Mosaicos figurados en las viviendas privadas alto-imperiales del N. de África, Hispania e Italia (Frecuencias de empleo)», La Mosaïque Gréco-Romaine VII. Tunis 3-7 Octobre 1994 (ed. por Mongi Ennnaïfer y Alain Rebourg), Túnez, 1999, tomo 2, p. 597-613, concretamente la página 604. mente las páginas [1] y [2 —nota 8—]; Blanco Freijeiro, Mosaicos romanos de Itálica... (n. 2), p. 20, 28, 31, 44 y 61 (fig. 4); Dimas Fernández-Galiano Ruiz, «Notas sobre los talleres musivarios en Hispania», Anales de Historia Antigua y Medieval, vol. 20 (1980), p. 100-150, concretamente las páginas 114 y 146 (notas 28, 35 y 37); José M.ª Blázquez Martínez, Mosaicos romanos de Sevilla, Granada, Cádiz y Murcia, Corpus de Mosaicos de España, fasc. IV, Madrid, 1982, p. 22; Ana M.ª Vázquez Hoys, La religión romana en Hispania. Fuentes epigráficas, arqueológicas y numismáticas, Madrid, 1982 [tesis doctoral], tomo II, p. 499 (V. 47); Dimas Fernández-Galiano Ruiz, Complutum. II. Mosaicos, Excavaciones Arqueológicas en España, 138, Madrid, 1984, p. 78 y 157; Janine Lancha, «L’iconographie d’Hylas dans les mosaïques romaines», III Colloquio Internazionale sul Mosaico Antico. Ravenna, 6-10 Settembre 1980 (a cargo de Raffaella Farioli Campanati), Rávena, 1984, vol. II, p. 381-392, con dos láminas —tres figuras— a color entre las páginas 460 y 461, concretamente las páginas 382 y 389; Catherine Balmelle y otros, Le décor LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 12 Francesc-Josep de Rueda Roigé recolocó, consolidándose sobre cemento, material también empleado como relleno de las lagunas. La poca conveniencia del procedimiento utilizado, junto a las consabidas características del terreno italicense como consecuencia del bujeo (fenómeno geológico consistente en la contracción del suelo durante los períodos secos y en la expansión del mismo en épocas de lluvia) y el hecho de que el mosaico permaneciera a la intemperie, ocasionaron la paulatina degradación del tapiz, por lo que tuvo que ser levantado otra vez con la finalidad de disponer las diversas losas sobre un nuevo firme. El problema no fue, sin embargo, solventado, puesto que, con el tiempo, las teselas continuaron desprendiéndose con facilidad. Ello determinó que a mediados de los años noventa, en aras de evitar en lo posible su progresivo deterioro, se cubriera mediante una capa de tierra. En la elaboración de este pavimento se emplearon mayoritariamente teselas de piedra caliza. En las figuras se recurrió también a teselas de pasta vítrea en tonalidades predominantemente verdosas y azuladas. Las dimensiones de los cubos empleados oscilan entre 0,3 y 1,5 cm de lado; los motivos figurados son los que, como es habitual, han sido confeccionados con teselaje más pequeño9. El mosaico presenta varios esquemas geométricos y florales, circundando los motivos figurativos plasmados en el cuadro principal. De este modo, vemos cómo en el costado septentrional y en parte de los laterales del tapiz encontramos, tras una banda de enlace grisácea, una composición triaxial de hexágonos y rombos tangentes grises, enmarcada mediante un filete simple de esta tonalidad, que deja entrever estrellas de seis puntas blancas (figura 4)10. El canevás cubre una superficie en forma de U, con los extremos truncados. Cada uno de los espacios hexagonales se halla, además, centrado por un cuadrado dentellado sobre la punta de color blanco. Hexágonos, rombos y triángulos, que son los elementos que integran este bosquejo, constituyen formas geométricas cuyo uso dentro de la musivaria fue frecuentísimo. Sin embargo, su combinación en la forma que ofrece el pavimento italicense, no fue habitual. A continuación del patrón descrito, tras un ribete triple blanquecino y un enmarcamiento trazado a través de un filete doble negro, se ha representado, surgiendo de matas emplazadas en los puntos extremos, follaje con volutas terminadas en hojas de hiedra y con zarcillos que nacen de las zonas más exteriores de los roleos. El follaje, motivo que —con diversas variantes— gozó de un gran predicamento, sobre todo como bordura, está aquí ejecutado en negro sobre un fondo blanco; rodea por tres costados —oriental, occidental y meridional— el campo musivo y se halla asimismo emplazado alrededor de la composición desarrollada en los dos sectores rectangulares dispuestos en los remates de la superficie en forma de U. En éstos, tras una banda blanquecina, se ha representado un cuadriculado de filetes dobles dentellados bícromos (negro y rosado o negro y amarillento) (figura 5)11. Cada una de las casillas resultantes está recargada con un motivo vegetal, consistente en un elemento aspado de color negro, con las cuatro extremidades rematadas mediante una hoja de hiedra de tonos rosados y con la colocación de un cáliz amarillento en los puntos intermedios12, dispuesto sobre un fondo claro. Con independencia de las pequeñas variantes producidas debido al elemento distribuidor empleado, el cuadriculado constituye un esquema banal, tanto en Oriente como en Occidente. El campo se halla enmarcado por un ribete doble o triple —según los sectores— blanco, una trenza de tres cabos —rellenos con un filete me9. Las medidas son las siguientes: 0,3-0,9 cm/lado en las figuras; 0,7-1,5 cm/lado en el resto del campo; 1-1,5 cm/lado en los márgenes. 10. Décor, p. 328 (lám. 210. a). 11. Décor, p. 189 (lám. 124. b). 12. El cáliz es el motivo reproducido en Michèle Blanchard y otros, «Répertoire graphique du décor géométrique dans la mosaïque antique» (en adelante, citado como Répertoire), Bulletin de l’Association Internationale pour l’Étude de la Mosaïque Antique, fasc. 4 (1973), monográfico, p. 30 (fig. 103). 13. Variante de Décor, p. 122 (lám. 72. d). 14. Décor, p. 275 (lám. 177. e). Figura 4. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle. Foto: F.-J. de Rueda. LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 13 El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica diano rosado o amarillento— sobre un fondo oscuro13 y un ribete doble blanco. Contiene una composición de cuatro estrellas de dos cuadrados en lacería de trenzas de dos cabos polícromos —negro, blanco, rosado, amarillento, azulado— sobre un fondo oscuro, tangentes por un vértice, donde se puede entrever un bosquejo de octógonos adyacentes, con los intervalos en cruz formados por un cuadrado acantonado por pares de rombos —el central desarrollado en su integridad y los cuatro laterales y los cuatro angulares de una manera parcial, a causa de la interrupción del canevás—, trazado a través de filetes dobles negros (figura 6)14. Este tipo de composición, muy efectista desde el punto de vista decorativo, deriva del esquema integrado por octógonos adyacentes, originando cuadrados, al que se ha agregado, dentro de cada uno de los espacios octogonales, una estrella de ocho puntas configurada mediante el entrecruzamiento de dos cuadrados, hecho que determina que el canevás Figura 5. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle. Foto: F.-J. de Rueda. Figura 6. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle. Foto: F.-J. de Rueda. LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 14 Francesc-Josep de Rueda Roigé resultante posea una mayor complejidad15. El mismo se da, a partir del siglo idC., en diversos mosaicos occidentales16. Aunque la mayoría de ellos presentan pequeñas variantes, el esquema básico persiste. En Hispania lo encontramos, por ejemplo, en otro mosaico italicense, realizado hacia la segunda mitad del siglo ii dC., que incluye asimismo las personificaciones de las Estaciones17, así como en un ejemplar, datado a finales del siglo iv dC., hallado en Artieda de Aragón (Zaragoza)18. Tanto el cuadrado central como los octógonos se hallan decorados a través de sendos bustos. En efecto, aquél, que presenta un enmarcamiento integrado por un ribete triple blanco y otro doble negro, incluye el busto de un personaje con aspecto femenil, bastante dañado, nítidamente recortado sobre un fondo blanquecino (figura 7). Aunque se ha representado prácticamente de frente, gira ligeramente la cabeza hacia su izquierda. En su cuello y rostro predominan las tonalidades rosadas. Los rasgos faciales han sido indicados a través de teselas rosas de un color más subido, junto a otras grisáceas y negras. Los cabellos, de coloración oscura (gris, negro), son largos y se deslizan por encima de los hombros. Alrededor de su cabeza se distinguen varios tallos y hojas verdosas, así como alguna florecilla. La imagen es legible desde el lado septentrional. Los octógonos, cuyos marcos ofrecen un ribete triple blanco que sigue la forma del polígono, una forma geométrica negra octogonal exteriormente y circular interiormente, y un medallón diseñado mediante un filete con dentículos en cuatro teselas, de color rosado19, ostentan —en su interior— las personificaciones de las Estaciones, figuradas a través de bustos dispuestos sobre un fondo claro. El representado en el panel noroeste, que correspondía, según mi opinión, al Invierno, no se ha conservado. Siguiendo el sentido contrario al de las agujas del reloj, se suceden, según parece, los correspondientes a la Primavera (figura 8), el 15. La composición de octógonos adyacentes que generan cuadrados se halla reproducida en Répertoire, p. 66 (fig. 344). 16. Algunos ejemplares que ofrecen este bosquejo u otros que se le pueden aproximar son citados por G. Salies («Untersuchungen...» —n. 8—, p. 152154 —núms. 523-540—). 17. Blanco Freijeiro, Mosaicos romanos de Itálica... (n. 2), p. 27-28 (núm. 3) y láms. 11-13; Durán Penedo, Iconografía... (n. 2), p. 283-284 (núm. 86) y lám. XLVI; Tatiana Kuznetsova-Resende, «Representações Figura 7. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle del busto central. Foto: F.-J. de Rueda. Figura 8. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle de la Primavera (?). Foto: F.-J. de Rueda. LOCVS AMŒNVS 6, 2002-2003 15 El mosaico de las Estaciones de la Casa de Hilas, en Itálica Verano (figura 9) y el Otoño (figura 10). En las carnaciones de todos ellos predominan las teselas de tonos rosados y blanquecinos; los rasgos fisionómicos se han marcado principalmente a través de matices rosados intensos, cenicientos y negros. Los atributos que las caracterizan, poco claros, se reducen a los adornos vegetales dispuestos entre sus cabellos. El busto que constituye, quizás, la personificación de la Primavera presenta algunas pérdidas y no se halla separado del enmarcamiento en el que se halla insertado. Aunque visto prácticamente de frente, inclina la cabeza hacia su izquierda. A pesar de que puede representar a una mujer, posee un marcado carácter masculinizante, debido a su potente cuello y anchas mandíbulas. Sus cabellos, oscuros, se deslizan por ambos costados. Diversas hojas de tonalidades pardas y amarillentas coronan la cabeza. Una tira o banda cruza su pecho de derecha a izquierda —desde el punto de vista del espectador—. A continuación, hallamos el busto femenino —por cierto, muy deteriorado— correspondiente, según mi modo de ver, al Verano. Pese a que se halla representado en disposición casi frontal, gira suavemente la cabeza hacia su derecha. Su cabellera se halla tocada con unos elementos de tonos amarillentos y grisáceos, que pueden identificarse como espigas. La que creo corresponde a la personificación del Otoño, plasmada igualmente a través del busto de una mujer, es el mejor conservado. La efigie, que posee un cierto aire masculino, se halla separada del marco en el que se halla inserida. Aunque se impone la perspectiva frontal, gira ligeramente la cabeza hacia su derecha. Viste una túnica de tonos rosados y pardos, con escote de pico. Sus cabellos, que se deslizan por ambos costados, se hallan adornados mediante numerosas hojas verdosas y algunos tallos, que interpreto como pertenecientes a la vid. Mientras que las imágenes que corresponden a la Primavera (?) y el Verano son legibles desde el lado meridional, la referente al Figura 9. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle del Verano. Foto: F.-J. de Rueda. Figura 10. Casa de Hilas (Itálica). Mosaico de las Estaciones. Detalle del Otoño. Foto: F.-J. de Rueda. do tempo cíclico em alguns mosaicos romanos da Península Ibérica», CLIO. Revista do Centro de História da Universidade de Lisboa, vol. 4 (1999), p. 27-52, concretamente las páginas 42-43, 46 y 51 (fig. 4). 18. Dimas Fernández-Galiano Ruiz, Mosaicos Romanos del Convento Cesaraugustano, Zaragoza, 1987, p. 30-32 (núm. 20), 187 (lám. XI) y 188 (lám. XII). El autor traza, aquí, la evolución de este patrón, dando varios ejemplos. 19. Décor, p. 28 (lám. 2. j).