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Restauración monumental y opinión pública : Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos

Carrero Santamaría, Eduardo

Abstract

Entre los siglos XIX y XX, la catedral de Burgos sufrió una serie de intervenciones destinadas a aislarla de su entorno urbano. A fines del pasado siglo, el historiador y arquitecto Vicente Lampérez protagonizó las restauraciones más importantes en los edificios anejos a la catedral: los claustros y el palacio arzobispal. Éstas han configurado en gran medida la imagen del conjunto episcopal que podemos contemplar hoy en día.

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Restauración monumental y opinión pública Eduardo Carrero Santamaría Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras Departamento de Historia del Arte Campus de Cantoblanco. Madrid Resumen Entre los siglos XIX y XX, la catedral de Burgos sufrió una serie de intervenciones destinadas a aislarla de su entorno urbano. A fines del pasado siglo, el historiador y arquitecto Vicente Lampérez protagonizó las restauraciones más importantes en los edificios anejos a la catedral: los claustros y el palacio arzobispal. Éstas han configurado en gran medida la imagen del conjunto episcopal que podemos contemplar hoy en día. Palabras clave: Burgos, catedral, restauración, Lampérez. Abstract Architectonic Restoring and Public Opinion. Vicente Lampérez in the Cloisters of Burgos Cathedral Between the 19th and 20th-centuries, the Burgos Cathedral was the object of some works of restoring destined for isolating it from its urban environment. At the end of the last century, the historian and architect Vicente Lampérez y Romea attained the most important restoring works in the Cathedral outbuildings: the cloisters and the Episcopal Palace. These architectonic operations have formed to a great extent the image of the Episcopal ensemble of Burgos that we can see today. Key words: Burgos, cathedral, restoring, Lampérez. LOCVS AMŒNVS 3, 1997 161-176 Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos 162 LOCVS AMŒNVS 3, 1997 Eduardo Carrero Santamaría La vertiente meridional de la catedral de Burgos quizás sea, junto a la catedral de León1, uno de los espacios más modificados y alterados dentro de la historia de la restauración en los edificios medievales hispanos o, al menos, uno de los más conocidos por las demoliciones llevadas a cabo desde el siglo XIX. El conjunto episcopal burgalés, hasta comienzos del siglo XX, ofreció una imagen muy diferente de la que hoy podemos contemplar. Por una parte, la trama urbana adyacente a la catedral comenzó a sufrir modificaciones e intentos de mejora desde la edad media, centradas en el caserío más próximo al templo y que resultaba incómodo al clero, por las naturales actividades vinculadas a la vida diaria, como la eliminación de basuras, ruidos o una proximidad demasiado inmediata, molesta al libre tránsito de los canónigos2. En segundo lugar, las intervenciones con el propósito de la emancipación del entorno de la catedral tuvieron por objeto otra serie de construcciones no ya producidas por el natural hacinamiento urbano de los núcleos históricos, sino por la vida cotidiana en la catedral y que, con la constante evolución de ésta, habían quedado obsoletas. Como todas las sedes episcopales, el templo burgalés se construyó rodeado de un conjunto de edificaciones destinadas a la vida de los canónigos que se configuraron entorno a sus dos característicos claustros, hoy preservados en parte y pertenecientes a dos momentos cronológicos diferentes, al menos desde un punto de vista estructural3. 1. La bibliografía sobre la restauración de la catedral de León es extensa, desde un punto de vista global, véase LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «La Restauración de la Catedral de León», Arquitectura y Construcción, vol. V, núm. 93, 1901, p. 6-15; vol. V, núm. 94, 1901, p. 27-30: vol. V, núm. 95, 1901, p. 44-48; HERNANDO CARRASCO, J. y SERRANO LASO, M., «Arquitectura contemporánea. Del neoclasicismo a la postmodernidad», en Historia del Arte en León, León, 1978, p. 261-262; NAVASCUÉS PALACIO, P., «La catedral de León: De la verdad histórica al espejismo erudito», en Actas del 1er. Congreso Medievalismo y neomedievalismo en la arquitectura española. Aspectos generales, Ávila, septiembre de 1987, ed. por P. Navascués Palacio y J. L. Gutiérrez Robledo, Ávila, 1990, p. 17-66; GONZÁLEZ-VERAS IBÁÑEZ, I., La catedral de León. Historia y restauración (1859-1901), León, 1993; RIVERA BLANCO, J., Historia de las restauraciones de la catedral de León, Valladolid, 1993; GONZÁLEZ-VARAS IBÁÑEZ, I., «La Edad Contemporánea (18591901). El debate sobre la recuperación ideal del modelo gótico», en VALDÉS FERNÁNDEZ, M. y otros, Una historia arquitectónica de la catedral de León, León, 1994, p. 229-376; REPRESA BERMEJO, I., «El hostial norte de la catedral de León», Anales de Arquitectura, núm. 7, 1996, p. 41-59. 2. Ya a fines del siglo XV comenzaron las tentativas de remodelación urbana del entorno de la catedral. M. Martínez y Sanz (Historia del Templo Catedral de Burgos escrita con arreglo a los documentos de su archivo, Burgos 1866, reed. de A. C. Ibáñez y F. Ballesteros, Burgos, 1983, p. 238) citó los documentos por los que el obispo don Pablo de Santamaría, para tener una mejor visibilidad de la portada del Perdón, instaba a la demolición de varias casas pertenecientes a la parroquia de Santiago de la Fuente, que resultaron ser el campanario de esta iglesia, en 1429 (RÍO DE LA HOZ, I.; MARÍAS, F., «Acotaciones urbanísticas de Burgos en el siglo XVI: El dibujo de Anton van den Wyngaerde de 1565», La Ciudad de Burgos. Actas del Congreso de Historia de Burgos, Madrid, 1985, p. 891-906). Las obras de adecentamiento de la zona occidental de la catedral continuaron en los años 1466, 1587 y fueron culminadas en 1663, dando a la plaza de Santa María una configuración cercana a su distribución actual (MARTÍNEZ Y SANZ, M., Historia del Templo Catedral..., op. cit., p. 238-239; LÓPEZ MATA, T., Geografía urbana burgalesa en los siglos XV y XVI, Burgos, 1952, p. 20). Otro de los documentos significativos al respecto es el conservado en la British Library, titulado Papeles tocantes a la ciudad de Burgos, catalogado por P. Gayangos con signatura Eg. 356 (GAYANGOS, P., Catalogue of the Manuscripts in the Spanish Language in the British Libray, 4 vols., Londres, 1875-1883, reed. Londres, 1976, vol. I, p. 349-355). E. García de Quevedo llamó la atención sobre el interés del mismo, avisado de su existencia por V. Lampérez, el cual fue informado a su vez por F. J. Sánchez Cantón (E. GARCÍA DE QUEVEDO, «El aislamiento de la Catedral (Un documento curioso)», Diario de Burgos, 21 de marzo de 1921). El documento en cuestión comprende una colección de registros en 444 folios sobre diversos temas referentes a Burgos y otras ciudades castellanas durante los siglos XV y XVI. Entre éstos se halla inserto un legajo de fines del siglo XVI sobre las obras en las inmediaciones de la catedral, solicitadas por el canónigo Alonso de Grijalva, con título Memorial del Doctor Grijalua para la ciudad para que se quiten las casas que están delante la puerta real de la Iglesia Mayor (Papeles tocantes á la ciudad de Burgos, British Library, Egerton MS 356, f. 279281). En cuanto a otras zonas del exterior catedralicio, T. López Mata recogió algunas de las diligencias de los siglos XV y XVI, como la que eliminó las casas adosadas a la capilla del Condestable en 1482 y la que, en 1486, llevó al obispo don Luis de Acuña a proyectar un nunca realizado traslado del palacio episcopal a las Escuelas de Gramática de la calle Cerería, con el fin de despejar el lateral catedralicio (LÓPEZ MATA, T., La Catedral de Burgos, Burgos, 1966, p. 444). 3. Según V. Lampérez («La catedral de Burgos», Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, III, 1907-1908, p. 435-438), no existía una gran diferencia cronológica entre la construcción de ambos claustros. Volvió sobre el particular en LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «La Catedral de Burgos (obras últimamente ejecutadas)», Arquitectura y Construcción, 1918, p. 5-20, especialmente p. 16 (también publicado en el Diario de Burgos, 4, 5 y 6 de noviembre de 1920) y en LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «El claustro de la Catedral de Burgos y su restauración», Alfa. Revista mensual publicada por la Comisión de Iniciativas, núm. 1, 1920, p. 2-5, especialmente p. 2. 4. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., Historia de la Arquitectura cristiana española en la Edad Media, 2 vols., Madrid, reed. en 3 vols., Madrid, 1930. 5. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., Arquitectura civil española de los siglos I al XVIII, Madrid, 1922. 6. Además de la amistad personal del monarca don Alfonso XIII, gozó de una extraordinaria popularidad y prestigio social. Véase el resumen de su trayectoria profesional en la voz LAMPÉREZ Y ROMEA (Vicente) de la Enciclopedia Vniversal Ilvstrada Evropeoamericana, t. XXIX, Madrid, 1916, LOCVS AMŒNVS 3, 1997 163 Restauración monumental y opinión pública. Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos Vicente Lampérez y el claustro nuevo Es de rigor comenzar con una breve semblanza de don Vicente Lampérez y Romea. Nacido en Madrid en 1861, además de arquitecto restaurador de prestigio, fue ante todo el más importante historiador de la arquitectura de su tiempo y uno de los primeros en aplicar un método científico en el conocimiento histórico de los monumentos arquitectónicos hispanos. Su ingente producción escrita se halla diseminada en numerosas revistas técnicas y divulgativas de ámbito local y nacional, dos obras magnas —la Historia de la Arquitectura cristiana4 y su Arquitectura civil española5— y varias conferencias impartidas en las instituciones culturales más importantes del momento6. A su aún imprescindible labor historiográfica, hay que unir los trabajos como teórico de la restauración del patrimonio edificado en nuestro país7, dentro de cuyas tendencias Lampérez siempre se consideró heredero y precursor de las ideas propugnadas por Viollet-le-Duc8. Lampérez llegó a la catedral de Burgos en 1887, y se hizo cargo de sus obras unos años después. Hasta entonces su trabajo más importante en el campo de la restauración había sido la colaboración con su futuro suegro, Demetrio de los Ríos, en la catedral de León9. Entre 1889 y 1918, Lampérez diseñó retablos, restauró la bóveda de la Capilla del Condestable y aisló la puerta de la Pellejería mediante una reja, además de emprender sus dos intervenciones más importantes: el reacondicionamiento de los claustros de la catedral y la rehabilitación del entorno urbano del templo burgalés. El aspecto del claustro de la catedral antes de la restauración de Lampérez era dramático. Estaba conformado por los dos pisos construidos entre los siglos XIII y XIV, más un tercero añadido en el siglo XVII como vivienda para el personal de la catedral10. El piso bajo de la panda sur, que corre paralelo a la actual calle de la Paloma, se hallaba dividido por tabiques y ocupado por tiendas, mientras las dependencias de las pandas este y norte albergaban diversos almacenes del cabildo. El suelo, tanto de las pandas como del patio claustral, había crecido en un metro y quince centímetros, debido a los enterramientos que allí se continuaban realizando y, en el ángulo sudoeste del patio, se habían ubicado unos excusados. Tanto las arquerías del piso bajo como las del primero, habían sido tabicadas con el fin de evitar el frío y, según las memorias de restauración, existían numerosas grietas en toda la panda sur que, unidas a la separación de las bóvedas de sus muros, se atribuyeron a la ubicación de una alcantarilla en la calle de la Paloma y a la sobrecarga del piso superior añadido en p. 503-504; también, GONZÁLEZ, A., «El arquitecto Vicente Lampérez y Romea», ABC, 25 de enero de 1905, p. 3; TERREROS, L. S. de los, «Recepción del Ilmo. Sr. D. Vicente Lampérez y Romea en la Real Academia de la Historia», La Construcción Moderna, XIV, núm. 11, 1916, p. 161-167; «Fallecimiento de Don Vicente Lampérez», ABC, 20 de enero de 1923, p. 17; DOMENECH, R., «Vicente Lampérez», ABC, 20 de enero de 1923, p. 7-8; «Entierro de D. Vicente Lampérez», ABC, 21 de enero de 1923, p. 20; Blanco y Negro, 28 de enero de 1923; «Don Vicente Lampérez y Romea», Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Histórico-artísticos de Burgos, núm. 2, 1923, p. 33-34; «Don Vicente Lampérez y Romea», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núm. 45, 1923, p. 1-4; «Excmo. Sr. D. Vicente Lampérez y Romea. Vocal de la Junta», Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades. Memoria de secretaría, Madrid, 1923, p. XIII-XV; Discurso leído por el Sr. D. Luis Bellido en el acto de su recepción pública y contestación del Excmo. Sr. D. José López Sallaberry el día 25 de enero de 1925, Madrid, 1925, p. 8-20 y 4143; «El centenario del nacimiento de D. Vicente Lampérez», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núm. 12, 1961, p. 93-95. 7. Su doctrina restauratoria se dispersa en varios artículos y conferencias: LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «Las restauraciones de los monumentos arquitectónicos. (Fragmento de un artículo inédito)», Arquitectura y construcción, vol. III, núm. 64, 1899, p. 309-311; Id., «La restauración de los monumentos arquitectónicos», Arquitectura y construcción, vol.XI, núm. 177, 1907, p. 98-108 (también publicado en la revista Ateneo durante el mismo año); íd., La restauración de los monumentos arquitectónicos (teorías y aplicaciones), conferencia pronunciada en el Salón de Actos del Colegio de Médicos el día 18 de junio de 1913, Madrid, 1913; íd., «La restauración de monumentos arquitectónicos. Teorías y aplicaciones», La Construcción moderna, vol. XIV, 1916, p. 234-240; íd., «La restauración de los monumentos arquitectónicos», Asociación de Arquitectos de Cataluña. Anuario, 1916, p. 25-40. 8. Sobre su figura como teórico de la restauración, véase NAVASCUÉS PALACIO, P., «La restauración monumental como proceso histórico: el caso español (1880-1950)», en AA. VV., Curso de mecánica y tecnología de los edificios antiguos, Madrid, 1987, p. 285-329, especialmente, p. 316-21; MUÑOZ COSME, A., La conservación del Patrimonio Arquitectónico Español, Madrid, 1989, p. 84-94; MORA ALONSOMUÑOYERRO, S., «La restauración monumental en España», en III Simposi sobre restauració monumental. Barcelona, del 19 al 21 de novembre de 1992, Barcelona, 1993, p. 11-18; ORDIERES DÍEZ, I., Historia de la Restauración Monumental en España (1835-1936), Madrid, 1995, p. 140-145. 9. Lampérez contrajo matrimonio con la hija de Demetrio de los Ríos, la filóloga y literata doña Blanca de los Ríos, en 1892. 10. MADOZ, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en ultramar, Madrid, 1845-1850; reed. facsímil tomo Burgos, Valladolid, 1984, p. 151. 164 LOCVS AMŒNVS 3, 1997 Eduardo Carrero Santamaría cada claustral hoy conservada, que en origen no existió. Mientras tanto, los espolones situados frente a cada contrafuerte serían eliminados, decisión que implicaba el recalce y reconstrucción de la zona inferior de cada soporte. Lampérez reconstruyó por completo toda la zona alta del contrafuerte número 10 de la panda norte, para lo cual fue necesaria una importante obra que sustentase los contrarrestos de los nervios cruceros y perpiaño de los dos tramos adyacentes. Al mismo tiempo, este mal estado en la estructura del edificio requirió la colocación de unos tirantes de cobre bajo el solado del primer piso, con el objetivo de evitar una mayor desarticulación de los muros interior y exterior del claustro. Parte del proyecto fue devuelto por la Junta de Construcciones Civiles en noviembre de 190020, so pretexto de nueva consideración en lo relativo a la destrucción de los espolones o espigones que aparecieron delante de cada contrafuerte claustral, debido a la posible acción tectónica de éstos. El arquitecto contestó en enero de 1901, ofreciendo dos opciones con el fin de solventar el problema: no llevar a cabo el vaciado del suelo sobrecrecido en el claustro o cubrir los espolones con placas de piedra, una vez sacados a la luz, para no afear en exceso su entorno monumental. Ambas posibilidades planteadas resultaban a su mismo autor decididamente impracticables. La primera, por cuestiones de conservación obvias, vinculadas a las humedades que ocasionaba el suelo del claustro sobreelevado más de un metro. En cuanto a la más factible segunda alternativa, Lampérez no dudó en esbozar una situación de caos estético poco menos que desastrosa, si los espigones eran conservados cubiertos por lajas de piedra, para después negarse siquiera a presupuestarlo: El partido de conservar los espolones vistiéndolos de losas de piedra, es impracticable en mi humilde opinión. Ymagínese el efecto de aquel hermoso patio (una vez vaciado y enlosado) con una serie de espigones de 2m., 80 de salida delante de cada contrafuerte: Por otra parte, la galería del lado de la calle de la Paloma no los tendría, pues de los sondeos hechos, resulta que en aquella parte no los ha habido nunca, y no era cosa de colocarlos ahora por amor á la simetría: Y para mayor fealdad, estos espigones habrían de tapar las basas de las columnillas laterales de los contrafuertes, pues así lo pide el desnivel de éstas. El efecto sería desastroso, pues el patio se obstruiría con una serie de cuerpos salientes sin esplicación, algo á manera de patio de cementerio escenográfico con sendas tumbas adosadas á los contrafuertes. Un estudio detenido de este aspecto del problema, me ha hecho desistir de proyectar y presupuestar este partido21. el siglo XVII11. La alcantarilla en cuestión no era más que la cubrición de la esgueva de la Cerrajería, que discurría por la citada calle desde la edad media, atravesando parte de la panda sur del claustro12. En 1845 el canal fue cubierto, acondicionándose la calle, con el proyecto de apertura de las arquerías del claustro por el arquitecto municipal Pedro Guinea13, que no llegó a materializarse hasta la última fase del proyecto de Lampérez, comenzado el siglo XX. La obra de Lampérez en el claustro nuevo de la catedral de Burgos ha quedado documentada gracias a las memorias de restauración conservadas en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares, Madrid). Parte de su intervención estuvo condicionada por el trabajo previo de Ricardo Velázquez Bosco, al que se debe el proyecto de restauración del claustro luego llevado a efecto por Lampérez14. Velázquez Bosco comenzó su labor en Burgos en 1885, realizando algunas intervenciones hasta 1892, fecha en que se le encargó la restauración de varios monumentos colombinos en Huelva15. Entonces, la dirección de los trabajos de la catedral pasaron a la maestría de Lampérez, que ya había trabajado desde 1887 en reparaciones de la aguja sur y en la recuperación de la capilla del Santo Cristo de Burgos16. Pese a que no se han conservado textos de la intervención de Velázquez, sí quedan dibujos y algunos fragmentos de sus proyectos de restauración insertos en las memorias de Lampérez (figuras 1 y 2)17. Por éstos sabemos que la obra realizada después en los dos pisos del claustro nuevo siguió paso a paso lo previamente planeado por Velázquez: el rebajado del nivel de suelo del claustro bajo, el acondicionamiento de sus pandas, la reparación de las bóvedas dañadas, la apertura de huecos en ambos pisos y la eliminación del piso superior de viviendas añadido posteriormente a la fábrica medieval18. Una vez comenzadas las obras por Vicente Lampérez tras la memoria presentada en 1896, la excavación y supresión del metro y quince centímetros de suelo recrecido en el piso bajo del claustro puso de manifiesto el lamentable estado de conservación de los cimientos y zapatas de sus contrafuertes. Lampérez realizó una segunda memoria del proyecto con fecha de 16 de mayo de 1900, explicando detenidamente el plan adicional que suponía una casi total reconstrucción. Además de la constatación de los daños producidos por la humedad en dichos contrafuertes, en los cimientos de las pandas se encontraron «unos espolones y codales de durísima mampostería» delante y entre los contrafuertes que, según Lampérez, se debieron añadir cuando se decidió la construcción del segundo piso del claustro en el siglo XVII, con el fin de aportar mayor estabilidad a la obra19. Decidió rebajar los codales entre los contrafuertes hasta el nivel real del suelo y enlosarlos, creando así la ban11. Archivo General de la Administración, E. y C., caja 4832. La problemática de la instalación de infraestructuras urbanas en el subsuelo de la calle de la Paloma se reprodujo durante los años cincuenta del presente siglo, cuando se procedió a la excavación para disponer un colector de aguas en este lugar. Este hecho conllevó el apuntalamiento de toda la vertiente sur del claustro y la aparición de numerosas grietas en la sala capitular (a modo ilustrativo, ver la jovial entrevista a don Luciano Huidobro «La catedral de Burgos está enferma», La Actualidad Española, 1952, p. 6-8). 12. IBÁÑEZ PÉREZ, A. C., Burgos y los burgaleses en el siglo XVI, Burgos, 1990, p. 30-31. 13. IGLESIAS ROUCO, L. S., Burgos en el siglo XIX. Arquitectura y urbanismo (1813-1900), Valladolid, 1979, p. 99. 14. BALDELLOU SANTOLARIA, M. A., Ricardo Velázquez Bosco. Catálogo de la exposición celebrada entre septiembre de 1990 y enero de 1991, Madrid, 1990, p. 94-103; ORDIERES DÍEZ, I., Historia de la restauración..., op. cit., p. 209-210. 15. Entre 1885 y 1888, Velázquez Bosco tuvo tres diferentes ayudantes en el puesto de delineantes: Narciso Ibáñez Cabezas, Rafael Martínez y Cesáreo Iradier (Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, Ministerio de Fomento, legajo 334, núm. 31). 16. IGLESIAS ROUCO, L. S., Burgos en el siglo XIX..., op. cit., p. 101. 17. Lampérez incluyó en su primer proyecto de intervención en el claustro, firmado en 1896, parte de la hoy perdida memoria de R. Velázquez Bosco realizada con fecha del 15 de agosto de 1889 (A.G.A., E. y C., caja 4832). 18. Al parecer, una inundación en este piso añadido puso de relieve la precaria situación del claustro (AYALA LÓPEZ, M., «Amplia y acertada reforma en la Catedral. Quincuagésimo aniversario», Boletín de la Institución Fernán González, núm. 155, 1961, p. 543554, en particular, p. 545). 19. A.G.A., E. y C., caja 4832. 20. Ídem. 21. Ídem. 22. A.G.A., E. y C., caja 4831. LOCVS AMŒNVS 3, 1997 165 Restauración monumental y opinión pública. Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos Figura 1. Situación del claustro previa a la restauración, según el proyecto de Ricardo Velázquez Bosco (Archivo General de la Administración, Alcalá de Henares). Figura 2. Proyecto de situación ideal del claustro tras la restauración, según Ricardo Velázquez Bosco (Archivo General de la Administración, Alcalá de Henares). Con el fin de ofrecer alguna consideración al dictamen de la Junta de Construcciones, Lampérez propuso que, a la destrucción de los espolones, seguiría el recalzo de los cimientos de todos los contrafuertes, por medio de un espigón de piedra y sillares, y el engatillado del zócalo de cimentación uniéndolo al pilar mediante grapas de bronce, con el fin de solventar en lo posible la supuesta labor de los elementos arquitectónicos eliminados en la estabilidad del edificio. Así pues, el primer proyecto planeado por Lampérez fue la solución llevada a cabo. Las obras de acondicionamiento del claustro continuaron hasta 1908, fecha en que el arquitecto realizó un suplemento a la memoria de restauración fundamentado en dos puntos, las obras realizadas fuera del presupuesto inicial y, en segundo lugar, una propuesta de nuevas actuaciones en el claustro, ambos aprobados en el mismo año22. La obra principal ya realizada por el taller de Lampérez era la restauración de las tracerías de las arquerías del claustro alto, al parecer en muy mal estado de conservación, según se pudo comprobar tras eliminar los tabiques que tapiaban los arcos. La imposibilidad económica de colocar apeos para mantener los arcos abiertos y la urgencia con que el cabildo burgalés solicitaba la finalización de las obras, llevaron a Lampérez a optar por la reconstrucción de tracerías y maineles, aunque ésta no estuviera incluida entre los presupuestos de restauración y no se hubiese aprobado por la Junta de Construcciones: 166 LOCVS AMŒNVS 3, 1997 Eduardo Carrero Santamaría una escalera. De aquí también debieron ser eliminados el antepecho y las tracerías del ángulo inferior, hecho que no coartó a Lampérez para proyectar la reconstrucción completa de ambas, estado en el que han llegado a la actualidad. El segundo aspecto abordado por Lampérez en la memoria de 1908 tiene que ver con una de las pandas del claustro bajo. Como se ha notificado, la panda sur del piso bajo —fragmentada en distintas habitaciones— tuvo la función de locales para tiendas debido a su apertura a la calle de la Paloma. Al acometerse los trabajos de recuperación de este espacio, la situación era la de una serie de cuartos, con pisos levantados sobre el arranque de las bóvedas, cerrados a la calle mediante ventanales y con las ménsulas y otra decoración escultórica destruidas27. En el proyecto de R. Velázquez Bosco la intervención en esta zona fue eludida por los inconvenientes que suponía el desalojo de los arrendatarios del claustro. Por esta misma causa, V. Lampérez tuvo que rehuir sus diligencias en la zona hasta que se produjo la supresión de los establecimientos comerciales, lo cual permitió su plan de restauración de 1908. Una vez eliminados todos los elementos añadidos, el arquitecto propuso en su memoria una teoría sobre la supuesta mayor antigüedad de la panda y su funcionalidad, basada en el arcaísmo de sus elementos: [...] se ha desembarazado de todos los postizos y agregados, pudiendo apreciar con horror el verdadero estado de muros, pilares y bóvedas, así como el arcaísmo, ya presentido, de esta ala, en comparación de las otras del claustro bajo y alto. Más tosca y sencilla, más pobre de perfiles, carente de tracerías y de capiteles esculpidos, sólida y fuerte, denota el ala baja del Sur, una mayor edad que sus compañeras y otro destino. Pensando en la antigua vida conventual de los cabildos, bajo la regla de San Agustín, puede congeturarse que esta ala era una dependencia de los locales erigidos por la vida común de la canóniga burgalesa. Y lógico es suponer que, viéndola tan fuerte y buena, el constructor del claustro en el tránsito del siglo XIII al XIV, la aprovechase para la nueva obra28. No es éste el lugar de discusión sobre la funcionalidad real de la panda, que creo muy distante de la opinión de Lampérez, aunque sí parece evidente que este espacio fue edificado en una distinta fase constructiva que el resto del claustro, y no ya por la supuesta antigüedad de sus elementos constructivos, sino por los cambios de fábrica que se pueden observar en sus muros que, en todo caso, lo harían posterior29. El estado que ofrecía la panda sur tras la eliminación de todos los aditamentos posteriores inclinó a una restauración drástica de la misma. No se [...] por ser las obras en cuestión de las que ningún problema técnico ni artístico suscitaban, por consistir únicamente en sustituir partes deterioradas, perfectamente reproducibles, y análoga toda la obra a la aprobada para el claustro bajo; y por llevar consigo la suspensión mayores gastos y grandísima perturbación en la marcha técnica y económica de los trabajos23. El anexo de cubicaciones del presupuesto incluido en la memoria de restauración de Vicente Lampérez resulta aclaratorio en lo referente a los elementos arquitectónicos sustituidos: cuarenta y dos maineles con sus correspondientes ciento sesenta y ocho capitelillos, ciento cuarenta piezas de tracería y dos ventanales completos. Estos dos últimos son los del ángulo suroccidental del claustro, lugar en el que se encontró emplazado un excusado, reproducido en la planta de G. E. Street24, cuya instalación había destruido por completo la tracería de los arcos. Esta monumental partida de piezas utilizadas en la restauración, inclina a pensar que la reparación de las tracerías fue prácticamente una reconstrucción total del conjunto. Hoy día, buena parte de la tracería repuesta es visible por la diferente tonalidad de la piedra empleada, más amarillenta, en comparación con la original, a pesar de tratarse, según Lampérez, de la misma piedra caliza de Hontoria. Si existiera una cubicación similar de los gastos de la piedra empleada en la restauración del claustro bajo, con toda seguridad ésta nos llevaría a comprobar que si la intervención de Lampérez en la labor escultórica de las arquerías superiores fue intensa, en el caso de las tracerías del espacio inferior fue una práctica restitución. Las fotografías y dibujos previos al proceso de restauración permiten ver la total ausencia de tracería entre los tabicados, a excepción de pequeños arranques laterales (figura 1). La misma situación muestra una ilustración de la época25 y los dibujos de la colección «Monumentos Arquitectónicos de España», ambos anteriores a las labores de recuperación. Hoy es visible la diferente calidad de la piedra y talla, así como la sustitución de algunas de las ménsulas de apoyo en los muros exteriores. Tras un desgraciado e indiscriminado uso del claustro bajo como almacén y tiendas26, la labor escultórica había sufrido una paulatina destrucción que llevó, dentro de los criterios restauradores de la época, a la sustitución de buena parte de ésta. El caso más evidente resulta en el piso bajo de la capilla de San Jerónimo o de Mena en el ángulo noroccidental del claustro. Este ámbito fue creado en el siglo XVI como capilla funeraria, modificando el aspecto del ángulo claustral superior al tener que suprimir las tracerías y su antepecho para utilizar los arcos como acceso. La zona inferior era utilizada como sacristía de la capilla, conectada con el claustro alto mediante 23. Ídem. La cursiva es original. 24. STREET G. E., Some account of gothic architecture in Spain, 2 vols., Londres, 1914, vol. I, p. 4041. 25. Reproducido en la reedición de MARTÍNEZ Y SANZ, M., Historia del Templo Catedral..., op. cit., p. 29. 26. Según el mismo arquitecto restaurador había supuesto la creación de pisos falsos, encalados de muros y fragmentación de las pandas en distintos recintos. 27. A.G.A., E. y C., caja 4831. 28. Ídem. Esta teoría sobre la utilidad primigenia de la panda sur ya se hallaba en un artículo monográfico de Lampérez sobre la catedral (LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «La catedral de Burgos», Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, III, 1907-1908, p. 435438, especialmente p. 438) y en el dedicado a la restauración del claustro (LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «El claustro de la Catedral de Burgos y su restauración», op. cit., p. 3). En la actualidad preparo un trabajo sobre este particular. 29. La panda sur no es más antigua que las otras pandas, sino más tardía, como testimonia la ventana de la panda del capítulo que aparece en el tramo oriental del paso de la calle de la Paloma, semioculta por la bóveda de la panda sur y, consecuentemente, previa en su construcción. 30. A.G.A., E. y C., caja 4831 y caja 4832; IGLESIAS ROUCO, L. S., Burgos en el siglo XIX..., op. cit., p. 99. A pesar de todo, cuando la acequia se inutilizó en 1920, Lampérez aún consideraba necesario rebajar el nivel de esta panda ante el peligro de que el patio del claustro se convirtiera en un charquetal (LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «El claustro de la Catedral de Burgos y su restauración», op. cit., p. 3, n. 3). 31. A.G.A., E. y C., caja 4831. 32. IGLESIAS ROUCO, L. S., Burgos en el siglo XIX..., op. cit., p. 99-100. 33. A.G.A., E. y C., caja 4832. LOCVS AMŒNVS 3, 1997 167 Restauración monumental y opinión pública. Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos pudo descender el metro y quince centímetros de suelo que se rebajó en el resto del claustro, debido a que bajo su pavimento se encontraba la citada acequia urbana creada en 1845 para cubrir la esgueva medieval30. La memoria constata las intenciones de recalzar todos los contrafuertes, reparar los machones o hacer todas las dovelas con perfil de aristas de cada arco... Las cubicaciones del presupuesto aportan más datos sobre las intenciones de Lampérez. Aquí se detallan desglosadas varias cantidades pertenecientes a la limpieza de las bóvedas, la reconstrucción de contrafuertes, machones y arcos, el chapado de los muros interior y exterior de la panda, la reposición de un nervio de bóveda, la talla de catorce «capiteles y cabezas» en los contrafuertes que dan al patio claustral y la restitución de dieciocho ménsulas del total que sostiene las bóvedas de la panda. Para la realización de las mencionadas reposiciones se optó por un estilo austero, con ménsulas geométricas compuestas por paños verticales formando aristas, al estilo de las existentes en algunas zonas del vecino monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. Lo mismo ocurrió con los huecos del claustro que dan a la calle de la Paloma y en los accesos laterales, para los que se tallaron jambas en perfil geométrico sin ninguna ornamentación. Precisamente en estos huecos Lampérez decidió aplicar una serie de medidas de seguridad, en previsión de la nunca realizada instalación de un incierto museo diocesano burgalés en las pandas del claustro bajo. La apertura del claustro a la ciudad por medio de la panda travesía de la calle de la Paloma hacía imposible el aislamiento de ésta respecto a la vía urbana paralela. Con el fin de evitar los problemas de incivilidad que un paso no restringido produciría, se ideó la colocación de una serie de rejas neogóticas en todos y cada uno de los vanos y que, diseñadas por el mismo Lampérez, se inspiraron en detalles ornamentales de la reja de la capilla de Santa Cruz del claustro de la catedral de Pamplona31. La idea no fue original, en el proyecto municipal de Pedro Guinea de 1855 ya se idearon unas rejas neogóticas, publicadas por L. S. Iglesias32. El 1 de abril de 1912, Lampérez volvió a presentar una quinta memoria de restauración con ciertos asuntos que aún quedaban por solucionar en los claustros bajo y alto33. En el claustro bajo se trató, por una parte, de reparaciones que en las memorias anteriores ya habían sido especificadas, pero para las cuales los presupuestos no habían alcanzado, como la limpieza de las bóvedas, el chapeado de zonas de la bancada claustral muy deterioradas por la humedad, el solado de algunas zonas de las pandas y la conclusión de la labra de detalles escultóricos en ciertos contrafuertes. Por otro lado, incluía algunas nuevas obras como la restitución de tres ménsulas en el interior de las pandas norte y este, tomando modelos análogos de las mismas (figura 3), la realización de unas escaleras para salvar el desnivel con la más elevada panda sur y, algo realmente interesante, la eliminación y sustiFigura 3. Ménsula de la panda norte del claustro bajo, repuesta por Vicente Lampérez. Figura 4. Soportales del edificio adosado a la capilla del Santo Cristo de Burgos (Foto: Archivo de la Diputación Provincial de Burgos). 168 LOCVS AMŒNVS 3, 1997 Eduardo Carrero Santamaría palabras, no llevase a error ni engañara al espectador: En ese mismo claustro las salidas de aguas, que no existían ni ha sido posible deducir, por lo cual el restaurador ha puesto vulgares cañerías de cinc que á nadie pueden engañar37. Las vidrieras que cierran las arquerías del claustro alto fueron instaladas a partir del testamento otorgado por un beneficiado de la catedral, precursor de la intervención privada en la restauración de la catedral38. A partir de esta primera donación, el resto fueron subvencionadas por iniciativa de particulares e instituciones burgalesas. Fueron diseñadas y realizadas por el mismo Lampérez, el arquitecto Juan Bautista Lázaro y el prebendado leonés Clemente Juan Bolinaga Fernández en talleres de Madrid y León39. Hasta el momento, y dejando para más adelante la problemática del palacio episcopal, las obras acometidas por Lampérez en la catedral fueron objeto de crítica. Esta polémica se centra en la discusión sostenida entre Lampérez y el conde de las Almenas. Los adjetivos utilizados en las últimas memorias y las referencias que el arquitecto madrileño hizo a su intervención en el claustro de la catedral en todos sus artículos y conferencias sobre teoría de la restauración, no dejan lugar a dudas de la satisfacción y la firme convicción de haber realizado una obra modélica, con la que ejemplificaba su doctrina restauratoria40. Mientras tanto, el conde de las Almenas fue realizando pequeñas reseñas críticas sobre las obras en la catedral. José María Palacio y Arbazuza, conde de las Almenas y primer marqués del Llano de San Javier, era hijo del también conde don Francisco Javier de Palacio y García de Velasco y doña María Arbazuza. Ingeniero agrónomo de carrera, fue un aristócrata diletante de las artes, coleccionista de tución de elementos escultóricos decorativos aplicados al claustro durante el siglo XVII: El exterior de los contrafuertes del Claustro bajo, sufrieron en el siglo XVII una restauración (?) [sic] que alcanzó (aparte de las modificaciones estructurales que han sido reparadas por la actual restauración) á los detalles decorativos: capiteles, cabezas de apoyo de gabletes, cardinas de remate de los mismos. Dado el criterio artístico del siglo de los Mora, y Churriguera, puede colegirse cuál sería el estilo con que fueron labradas las partes sustituidas [...] En una cuidada restauración como es la que ahora se termina, no deben subsistir esos detalles, verdaderamente monstruosos. Por eso se propone su sustitución por otros inspirados ó copiados de los del siglo XIII y XIV de los que se conservan en bastante buen estado, en los contrafuertes del lado Sur34. El vergel del claustro albergaba antes de la intervención de Lampérez una bomba de agua como desagüe, en cuyo lugar se ubicó un brocal de pozo con rejería35. Por otro lado, en el claustro alto se comenzaron las obras de retejado y colocación de un antepecho calado que ocultara la imposta de inicio de la techumbre, imitando otros de la catedral. También se proyectó solar las pandas del claustro con un juego bícromo que, realizado a fajeado y à cartabón, reprodujera en el suelo la crucería de las bóvedas. Del conjunto, sólo este último proyecto fue desestimado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, lo cual llevó a Lampérez a solicitar una reconsideración de la cuestión en una última memoria en 191336. Por último y como remate de la obra, la inexistencia de canalizaciones y no haber hallado evidencias de gárgolas que facilitaran el desagüe de los tejados, hizo que el arquitecto optase por instalar un sistema de conducción moderno que, en sus propias 34. Ídem. Las cursivas son del original. 35. HUIDOBRO Y SERNA, L., «Claustro de la Catedral de Burgos. Su restauración», Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, núm. 113, 1912, p. 375377. 36. A.G.A., E. y C., caja 4832. La solicitud no debió prosperar, dado que el actual pavimento de las pandas no muestra el juego a imitación del dibujo de las bóvedas ideado por el arquitecto. La última intervención que modificó substancialmente el aspecto del claustro fue el triste chapado del exterior de la panda oeste del claustro tras la Guerra Civil, como conmemoración de los funerales por José Antonio Primo de Rivera en la catedral («Solemnes funerales en la catedral de Burgos por el alma de José Antonio Primo de Rivera», Vértice, 1938). 37. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., La restauración de los monumentos arquitectónicos..., op. cit., p. 13. 38. HUIDOBRO Y SERNA, L., «Claustro de la Catedral...», op. cit., p. 377. Del mismo modo, en estos mismos años se colocaron las nuevas vidrieras en el transepto de la catedral a expensas de Agustín Soto y Martínez («Concurso para la construcción de vidrieras artísticas en los seis ventanales de ambos lados del Crucero, en la parte de la Epístola», Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Burgos, t. LV, 1912, p. 141; «Las vidrieras de la catedral», Diario de Burgos, lunes, 17 de noviembre de 1913; «Vidrieras de la Catedral», Diario de Burgos, sábado, 29 de agosto de 1914). 39. Véase al respecto el estudio monográfico de AYALA LÓPEZ, M., «Amplia y acertada reforma...», op. cit. 40. Véase nota 7. 41. Los artículos, por lo general publicados en el periódico madrileño La Tribuna, eran luego reproducidos en el Diario de Burgos, donde las materias discutidas adquirían nuevos matices debido a la opinión de terceros o por segundas intervenciones y rectificaciones de los mismos polemistas. 42. EL CONDE DE LAS ALMENAS, «Las obras de la Catedral de Burgos», La Tribuna, 12 de marzo de 1914. 43. «Asegura el conde de las Almenas que profesa personal amistad al señor Lampérez, y así será cuando él lo dice, pero no tendría seguramente el artículo conceptos más duros, ni tono más agresivo, si hubiera sido escrito por un enemigo encarnizado del restaurador de nuestra Catedral» («Las obras de la Catedral», Diario de Burgos, 19 de marzo de 1914). 44. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «Las obras de la catedral», Diario de Burgos, 23 de marzo de 1914. La Sociedad Central de Arquitectos dio su apoyo a Lampérez frente al conde: «Las obras de la catedral», Diario de Burgos, lunes 4 de mayo de 1914. 45. Lampérez también intervino en el palacio de los Condestables de Castilla o Casa del Cordón, proyectando una de las escaleras más sugerentes de la arquitectura neogótica hispana (véase al respecto IBÁÑEZ PÉREZ, A. C., Historia de la Casa del Cordón de Burgos, Burgos, 1987). 46. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «Las obras de la catedral», Diario de Burgos, 23 de marzo de 1914. 47. ROULIN, E. (O.S.B.), «L’art gothique à Burgos au XXe siècle», Revue de l’Art Chrétien, 50me Anné, 5me série, t. III, 5me lior., septiembre de 1907, p. 329-335. Debemos tener en cuenta que Vicente Lampérez era miembro de la Société Française d’Archéologie. 48. Según se desprende de los textos del mismo Lampérez, fue porque el presupuesto destinado a la obra no alcanzaba para vidrios de buena calidad (véase LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «En justa defensa», La Tribuna, 4 de abril de 1914; íd. «En justa defensa. La Catedral de Burgos II», Diario de Burgos, 6 de abril de 1914). 49. EL CONDE DE LAS ALMENAS, «La Catedral de Burgos», Diario de Burgos, 25 de marzo de 1914. 50. «Las obras de la Catedral», Diario de Burgos, jueves 26 de marzo de 1914. 51. EL CONDE DE LAS ALMENAS, «Las obras de la Catedral», Diario de Burgos, 30 de marzo de 1914. 52. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «Las obras de la Catedral», Diario de Burgos, 1 de abril de 1914. 53. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., «En justa defensa», La Tribuna, 1 de abril de 1914; íd., «En justa defensa. La Catedral de Burgos», Diario de Burgos, 3 de abril de 1914; íd., «En justa defensa», La Tribuna, 4 de abril de 1914; íd., «En justa defensa. La Catedral de Burgos II», Diario de Burgos, 6 de abril de 1914. 54. EL CONDE DE LAS ALMENAS, «La Catedral de Burgos», La Tribuna, 7 de abril de 1914; íd., «La Catedral de Burgos», Diario de Burgos, 15 de abril de 1914. 55. EL CONDE DE LAS ALMENAS, Demostración gráfica de los errores artísticos de Don Vicente Lampérez en Burgos, Madrid, 1916. 56. Ídem, p. 65. 57. Ídem, p. 67-68; HUIDOBRO Y SERNA, L., «Claustro de la Catedral...», op. cit., p. 376. Estas figuras sustituirían a los pináculos proyectados por R. Velázquez Bosco. LOCVS AMŒNVS 3, 1997 169 Restauración monumental y opinión pública. Vicente Lampérez en los claustros de la catedral de Burgos antigüedades y organizador de muestras y exposiciones. Con el proyecto de Lampérez para la capilla del Condestable, la disputa se abrió directamente con un cruce de críticas y apologías entre el arquitecto y el aristócrata, cada vez más mordaces, en la prensa madrileña y burgalesa41. La obra a realizar en la capilla de la cabecera de la catedral se centraba en una reposición de la techumbre en mal estado, cuestión que sería aprovechada para la apertura de los calados de la bóveda, en el momento tabicados. El conde, aún declarándose amigo personal del arquitecto42, no dudó en utilizar toda una suerte de adjetivos despectivos hacia Lampérez y su obra —horrible profanación— que fueron recogidos en los editoriales del director del Diario de Burgos, Juan Albarellos, primer defensor de la restauración43. En un primer momento, Lampérez pareció reacio a contestar a las acusaciones hasta su primera intervención en el mismo diario el día 23 de marzo de 191444. José María de Palacio acusaba a Lampérez de no tener gusto, de haber destrozado la Casa del Cordón45 y de haber cometido una atrocidad en la capilla del condestable. La actitud del arquitecto frente a tales reproches fue clara, no pensaba tener en cuenta las opiniones de un señor «que afirma (no razona) que le revienta el Greco y que Sorolla y Zuloaga son dos pintores menos que mediocres»46. Punto por punto, Lampérez desmintió los desastres que el conde le imputaba, citando un artículo en la Revue de l’Art Chrétien, para él máxima autoridad en intervenciones sobre el patrimonio, en el cual se elogiaba su gestión en Burgos. Efectivamente, en la prestigiosa revista francesa el benedictino E. Roulin calificó las intervenciones de Lampérez en los monumentos burgaleses como muy hábiles y admirables47. Por fin, desconocemos por qué razones, se volvió a cubrir la claraboya abierta en el calado de la bóveda48. Este hecho fue aprovechado por el conde para afirmar que «nada eleva y enaltece tanto como reconocer un error» y volver a descalificar no ya a Lampérez, sino también a Juan Albarellos por mostrar su adhesión a la causa del arquitecto, calificando a ambos de profanadores de la memoria de los Colonia49, cuestión hábil y rápidamente contestada por el director del Diario de Burgos50. La polémica continuó. El 30 de marzo, el conde disputaba sobre las objeciones a su crítica tanto de Vicente Lampérez, como de Juan Albarellos. Aquí, amenazante, advertía su visita a Burgos con el fin de estudiar las reformas realizadas en detalle y retaba al arquitecto a esclarecer este litigio artístico frente a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando51. Ante este nuevo ataque, Lampérez publicó una breve nota aceptando el reto y anunciando la publicación de una serie de artículos sobre la capilla del Condestable en La Tribuna de Madrid52. Los artículos fueron editados tanto en la prensa madrileña como en el Diario de Burgos y no versaron únicamente sobre el condestable, sino acerca de la mayor parte de las obras llevadas a cabo en la ciudad de Burgos53. Tras esto, el conde de las Almenas se limitó a publicar un artículo extremadamente ofensivo, criticando varias opiniones contenidas en la Historia de la Arquitectura Cristiana y presagiando su denuncia a la Academia de San Fernando si Lampérez pretendía también perforar la bóveda del cimborrio54. El enfrentamiento a realizar en la Real Academia no se produjo y, a partir de este momento, el conde se limitó a publicar esta vez un libro con el elocuente título Demostración gráfica de los errores artísticos de Don Vicente Lampérez en Burgos, en tono insultante55. La crítica del conde de las Almenas, a la par que destructiva, nunca se asentó sobre principios estéticos demasiado sólidos. De la restauración del claustro solamente mostró su censura a las vidrieras56, al antepecho que lo corona y a las esculturas de ángeles con las que se pretendían jalonar todo el perímetro del patio57, proyecto que, por otra parte, nunca se llegó a realizar. Restan los dos ángeles que hoy decoran el frente exterior de la capilla de Santa Catalina y que fueron calificados de pseudogóticos o modernistas y denostados por estar colocados por encima del antepecho y no insertos en éste, como ocurre con los ángeles que circundan el perímetro de las naves de la catedral58. La intervención en la claustra vieja y la demolición del palacio episcopal Lo que la documentación denomina como claustra vieja de la catedral de Burgos es un complejo conjunto de edificaciones, entre las que se hallan los restos de dos pandas claustrales y del palacio episcopal, unido a una de éstas. La capilla del Santo Cristo de Burgos es una larga dependencia de cinco tramos cubiertos con crucería en dirección norte-sur que, desde antaño, ha venido siendo identificada con los restos del claustro de la primera catedral burgalesa59. Del mismo modo, el antes conocido como vestuario de canónigos es otra sucesión de cinco tramos de bóveda que, en eje oeste-este desde el último tramo sur de la capilla del Cristo, llega hasta la puerta del Sarmental o del Arzobispo60. Su último tramo occidental quedó seccionado durante las reformas y derribos realizados en las dos últimas centurias. Esta panda daba acceso al palacio episcopal y, a su vez, actuaba como paso del obispo a su catedral61, según testimonia la planta publicada en 1914 por G. E. Street, en la que se conserva completo el tramo interrumpido62, y un dibujo de la época representando el exterior de la Puerta del Sarmental63. 58. EL CONDE DE LAS ALMENAS, Demostración gráfica de los errores..., op. cit., p. 67-68. 59. En el Diccionario de P. Madoz (Diccionario geográfico-estadístico-histórico..., op. cit., p. 140) se describe la capilla como «[...] la del Santísimo Cristo: su antigüedad coincide con la del cuerpo de la iglesia; en los primeros años de ésta, contenía habitaciones para los individuos del cabildo, cuando vivían aunados en comunidad a manera de religiosos». M. MARTÍNEZ Y SANZ (Historia del Templo Catedral..., op. cit., p. 11 y 83) lo denomina, junto a otras dependencias, el «claustro viejo», en función de las referencias documentales que, desde 1285, comenzaron a nombrarlo de este modo. 60. Este sobrenombre de la portada, hoy en desuso, fue el utilizado en la descripción de la catedral, incluida en el diccionario de Pascual Madoz (MADOZ, P., Diccionario geográfico-estadísticohistórico..., op. cit., p. 136). 61. La funcionalidad como espacio de circulación entre catedral y palacio fue notificada por Martínez y Sanz (Historia del Templo Catedral..., op. cit., p. 11). 62. STREET, G. E., Some account of gothic architecture..., op. cit., vol. I, p. 40-41. 63. MARTÍNEZ Y SANZ, M., Historia del templo catedral…, op. cit., p. 41. 176 LOCVS AMŒNVS 3, 1997 Eduardo Carrero Santamaría servadores. Se ha citado su adhesión incondicional a los preceptos violletianos, fidelidad que contrastaba con su total repulsa hacia las teorías de John Ruskin, a las que consideró despreciables113. El derribo del palacio episcopal fue coherente con sus ideas, según las cuales debía reintegrarse «el monumento á su estado primitivo, reproduciendo la disposición, estructura, labra, etcétera, etc., originales»114, juzgando así la residencia episcopal como un simple aditamento. En el resto de sus actividades artísticas, Vicente Lampérez y Romea aquejó el mismo deseo romántico de imitación medievalista a ultranza y, frente a su cientifismo histórico en lo que a la arquitectura se refiere, otras parcelas de su producción denotan los rasgos de 113. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., La restauración de los monumentos arquitectónicos..., op. cit., p. 8. 114. Ídem, p. 4. 115. Fue retratado por el pintor catalán Ramón Casas. 116. RÍOS, B. DE LOS, Romancero de Don Jaime el Conquistador, ilustraciones de V. Lampérez y Romea, Madrid, 1891. 117. AGUIRRE Y ESCALANTE, J. M., De Castella Vetula (Hojas de un libro de viajes), edición y prólogo de V. Lampérez y Romea, Santander, 1915, p. 5-16. 118. LAMPÉREZ Y ROMEA, V., La restauración de los monumentos arquitectónicos..., op. cit., p. 1. un esteta. Inventó una nueva fachada gótica a la catedral de Cuenca. Gozó de la amistad de los artistas de la época115. Dentro de la corriente historicista se hallan las letras capitales realizadas para ilustrar el Romancero de Don Jaime el Conquistador, publicado por su esposa, la filóloga Blanca de los Ríos116. En la reflexión personal sobre su trabajo con que prologó la obra de su fallecido amigo el poeta José María Aguirre y Escalante, Lampérez no dudó en alabar la poesía y la delectación estética hacia el medievo y su cultura material, en menosprecio del tecnicismo inherente al historiador arquitecto117. Algo lógico en una persona según la cual, «al fin, el ARTE es algo absolutamente indispensable para nuestra vida»118.