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Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona

Ortoll i Martín, Ernest

Abstract

Una nova lectura de les informacions que posseïem del convent de Santa Caterina de Barcelona, l'aportació de noves dades i un estudi comparatiu amb les fàbriques mendicants contemporànies permeten proposar l'existència d'una fàbrica d'arcs diafragmàtics, precedent a l'església gòtica, que, sense grans canvis, perdurà fins al segle XIX. Fet que significa haver de modificar la datació de l'església gòtica, tot avançant-la fins al segle XIV, fruit d'una campanya de millores que substituiria l'església aixecada al segle XIII.

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Ernest Ortoll i Martín Universitat de Barcelona Resum Una nova lectura de les informacions que posseïem del convent de Santa Caterina de Barcelona, l’aportació de noves dades i un estudi comparatiu amb les fàbriques mendicants contemporànies permeten proposar l’existència d’una fàbrica d’arcs diafragmàtics, precedent a l’església gòtica, que, sense grans canvis, perdurà fins al segle XIX. Fet que significa haver de modificar la datació de l’església gòtica, tot avançant-la fins al segle XIV, fruit d’una campanya de millores que substituiria l’església aixecada al segle XIII. Paraules clau: arquitectura, mendicant, dominicans, gòtic. Abstract Some considerations about the church of Santa Caterina of Barcelona A new interpretation of the data used so far, the addition of other unpublished information and a comparative study with other buildings are elements wich enable us to propose the existence of a structure prior to the church of the Dominican friary of Barcelona, Santa Caterina. This initial church, built in the second half of the 13th century, following the pattern of others erectet by the mendicant orders, was to be replaced in the 14th century by structure in full Gothic style, wich lasted in much the same form, with few major changes, down to the 19th century. Key words: architecture, mendicant, dominican, Gothic. LOCVS AMŒNVS 2, 1996 47-63 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona 48 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Ernest Ortoll i Martín Tradicionalmente se ha venido considerando la iglesia del antiguo convento de los dominicos en Barcelona, Santa Caterina, como un edificio precoz de la arquitectura gótica catalana, por cuanto en pleno siglo XIII define un modelo que seguirán la mayor parte de los edificios religiosos góticos posteriores catalanes. Los elementos que definen este conjunto en planta son la nave única con capillas laterales entre los contrafuertes y la cabecera poligonal, pero es seguramente la cubierta lo que le ha permitido convertirse en una primera secuencia de la arquitectura gótica catalana; el hecho que se cubriese con bóveda de crucería en fechas tan tempranas respecto al ámbito meridional, y no tratándose de un conjunto catedralicio (figura 1)1. Este papel de edificio pionero dentro del panorama arquitectónico de la Corona de Aragón lo compartiría con un reducido número de edificios2. Conjuntos que responden a un mismo lenguaje arquitectónico que les pone en relación con la producción del Mediodía francés y configuran lo que se conoce como gótico meridional, que difiere de la arquitectura gótica del norte de Francia3, y que ceñiéndonos a la geografía peninsular se ha estudiado como un capítulo aparte dentro del resto de producción gótica hispana4. Un nuevo análisis de las fuentes utilizadas hasta el momento para la reconstrucción del edificio, el conocimiento del proceso cronológico-constructivo de otras fábricas mendicantes de la Corona de Aragón, el estudio de la evolución de la normativa dominicana sobre la construcción de edificios y el análisis de la iconografía de las claves de bóveda, son elementos que permiten modificar radicalmente algún punto de lo que hasta ahora se ha sostenido de la iglesia de los dominicos de Barcelona y cuestionar que la cubierta fuese ya en origen de crucería. A su vez, el interés de este trabajo es poner de manifiesto la necesidad de abordar un estudio de la arquitectura de cada una de las órdenes mendicantes en la Corona de Aragón, para poder elaborar unas conclusiones particulares y enriquecer el debate del papel de dichas órdenes en la difusión de ciertos esquemas arquitectónicos y así poder precisar algunas de las tesis que en este sentido se vienen defendiendo desde principios de siglo. Figura 1. Planta de la iglesia y claustro de Santa Caterina según J. Casademunt (1837). (Archivo de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi.) 49 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona El convento de Santa Caterina en el siglo XIII Los dominicos llegaron a Barcelona, quizás gracias al interés del obispo Berenguer de Palou, cuatro años después que fuera fundada la orden en Toulouse. Éstos se instalaron en un primer momento en unas casas propiedad de Pere Gruny cerca del barrio judío y de la parroquia de Sant Jaume, de la cual más adelante posiblemente harán uso para la predicación. En 1219 el papa Honorio III había recomendado que se facilitara la entrada de los dominicos en España y en 1221 el mismo papa recomienda los predicadores al obispo de Palou. Permanecieron en las casas de Pere Gruny hasta 1223 cuando se trasladan a una pequeña capilla que bajo la advocación de santa Catalina, según algunos autores cedida por la ciudad, se hallaba situada fuera de las murallas en el arrabal de Sant Pere. En breve se efectuaron algunas reformas en dicha capilla, y se debieron adecuar también las casas adyacentes a ésta como residencia de los frailes, ya en 1223 Jaime I les concede el derecho de sacar agua del rec comtal para el consumo y para sus huertas. Entorno a 1240 se iniciarían las obras de una nueva iglesia así como otras dependencias conventuales, en abril de 1248 Inocencio IV formula una bula para la construcción de la «ecclesiam et alia edificia» de los predicadores de Barcelona, bula ratificada por otra episcopal con fecha del mes de abril del mismo año, y en julio el obispo Pere de Centelles da al convento 2.000 sueldos para la «sustentatione operis ecclesiae sancta caterinae». Aún en el mismo año se documenta el legado de Berenguer Gerard, quien hace levantar el altar de santa Catalina, con el compromiso de su hijo de pagar la sala capitular; se documentan también otros legados. Por estas fechas también serán importantes las ayudas del dominico Berenguer de Castellbisbal, obispo de Girona y confesor del monarca. En 1252 se cree que las obras de la iglesia debían encontrarse ya bastante avanzadas cuando Jaume I concede el beneficio de los impuestos del puerto de la ciudad, y el obispo Centelles deja en testamento una importante cantidad. En 1261 se celebra en el convento un capítulo general de la orden. Entre 1260 y 1270 debió concluirse buena parte de la iglesia, así en este período, concretamente en 1262, Jaume I se compromete a concluir las obras de la iglesia con el dinero que le llegue de Túnez, Sicilia o cualquier otro lugar, entonces faltaban sólo la cubierta y las vidrieras. En el mismo año el convento recibía una espina de la corona de Cristo regalo de San Luis rey de Francia, en 1265 el canónigo R. de Riera hace construir el altar de san Miguel y la enfermería, en 1268 muere en Sevilla Berenguer de Palou, quien hizo levantar la capilla de santa Magdalena en la iglesia, el dormitorio y las celdas, dejando a 1 . J. PUIG I CADAFALCH, A. FALGUERA, J. GODAY L’arquitectura romànica a Catalunya, vol. III, Els segles XII i XIII, Barcelona, 1907, p. 507-510; J. PUIG I CADAFALCH, «L’església franciscana a Catalunya», en Franciscàlia, Barcelona, 1928, p. 3-5; J. GUDIOL CUNILL, Nocions d’arqueologia sagrada catalana, vol. II, Vic, 1933, p. 379384; P. LAVEDAN, L’architecture gothique religieuse en Catalogne, Valence et Baléares, París, 1935, p. Figura 2. Alzado de la reconstrucción hipotética de la primera iglesia del convento de Sant Francesc de Barcelona, 1236-1240, según A. M. Giné i Torres. Figura 3. Planta de la reconstrucción de la iglesia del convento de Sant Francesc de Barcelona a finales del siglo XIV según A. M. Giné i Torres. 72-81; J. AINAUD, J. GUDIOL, F. P. VERRIÉ, Catálogo monumental de España. La ciudad de Barcelona, Madrid, 1947, p. 95; L. TORRES BALBÁS, Arquitectura gótica (Ars Hispaniae VII), Madrid, 1952, p. 123-129; F. P. VERRIÉ, «L’arquitectura religiosa», en L’Art Català, Barcelona, 1955, p. 295-330; J.A. GAYA NUÑO, La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos, Madrid, 1961, p.193; M. DURLIAT, L’art del regne de Mallorca, Mallorca, 1964, p.6669; F. CHUECA GOITIA, Historia de la Arquitectura Española. Edad Antigua. Edad Media, Madrid, 1965, p. 388; P. HELIOT, «Les débuts de l’architecture gothique dans le Midi de la France, l’Espagne et le Portugal», Anuario de Estudios Medievales, VIII (1972-1973), p. 132-141; A. CIRICI PELLICER, L’art gòtic català. L’arquitectura als segles XIII i XIV, Barcelona, 1974, p. 43-44; R.M. TERÈS, J. BRACONS, «Arquitectura gótica», Arte catalán. Estado de la cuestión, Barcelona, 1984, p. 203; N. DALMASES, A. JOSÉ PITARCH, L’art gòtic. Segles XIVXV (Història de l’art català III), Barcelona, 1984, p. 16; I. BANGO TORVISO, «Arquitectura gótica», Historia de la Arquitectura Española, vol. II, Zaragoza, 1985, p. 497-498; N. DALMASES, A. JOSÉ PITARCH, L’època del Císter. Segle XII (Història de l’art català II), Barcelona, 1985, p. 28, 118 y 122124; J. SUREDA, X. BARRAL, «La arquitectura», en Cataluña/1. La España gótica, Madrid, 1987, p. 33; J. YARZA LUACES, La Edad Media (Historia del Arte Hispánico II), Madrid, 1988 (1980), p. 225; A. ERLANDE-BRANDENBURG, El Arte Gótico, Madrid, 1992 (París, 1983), p. 73. 2. N. DALMASES, A. JOSÉ PITARCH, 1984, p. 17. Apuntan como pertenecientes a este grupo el convento de Sant Francesc de Palma de Mallorca, que define un espacio similar a Santa Caterina pero cubriéndose en un primer momento sólo con crucería la cabecera, las capillas del Palacio de los reyes de Mallorca en Perpinyà y la fachada de la catedral de Tarragona. 3. Ibídem p. 17-18; R. REY, L’art gothique du Midi de la France, París, 1934. En referencia a la definición de la arquitectura gótica meridional debemos destacar: Cahiers de Fanjeaux, IX (1974), «La naissance et l’essor du gothique méridionale au XIIIe siècle», dirigido por Marcel Durliat donde encontramos trabajos como: V. PAUL, «Le probleme de la nef unique», p. 21-53; M. DURLIAT, «Le role des ordres mendiants dans la creation de l’architecture gothique meridionale», p. 71-85, o B. MONTAGNES, «L’attitude des précheurs a l’égard des oeuvres d’art», p. 87-100. 4. L. TORRES BALBÁS, 1952, p. 150 y s.; F. CHUECA GOITIA, 1965, p. 387-428; I. BANGO TORVISO, 1985, p. 507-547; J. YARZA, 1988 (1980), p. 297-308. 50 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Ernest Ortoll i Martín su muerte una cantidad para el claustro, el refectorio, la enfermería, el hospitium y la cocina. En 1275 muere Ponç d’Alest quien deja al convento la cantidad necesaria para cubrir el último tramo de la iglesia y realizar el rosetón de la fachada. Se ha creído pues que en 1275 se iniciaría la finalización de las obras concluyéndose a finales de siglo o inicios del siguiente5. Si, como defienden todos los autores, se da como cierta la existencia de una cubierta en bóveda de crucería para toda la nave de Santa Caterina, ya en el último cuarto del siglo XIII, parece claro que este conjunto aventaja a otros edificios del momento levantados coetáneamente por las órdenes mendicantes6. Así, respecto al ámbito estrictamente catalán, este edificio posiblemente sólo se aproxima a las pautas cronológico-arquitectónicas de otro, la iglesia del convento de los franciscanos de Barcelona, también desaparecida. Este conjunto ha sido objeto de un estudio reciente según el cual en un primer momento se levantaría una iglesia con arcos perpiaños y cabecera plana, fechable hacia 12361240 (figura 2), que al poco tiempo, entre 1247 y el fin de siglo, se sustituiría por el edificio que perduró, con pequeñas modificaciones, hasta 1837, disponiendo de una sola nave con capillas laterales y cabecera poligonal, todo ello cubierto con crucería (figura 3)7. Ambos conventos no han llegado hasta nuestros días, ni queda rastro de ellos in situ, fueron desmantelados y posteriormente derruidos en los años treinta del siglo XIX. Su estudio arquitectónico se ha basado, además de la investigación documental y las descripciones, en los planos y dibujos que se levantaron poco antes de su destrucción8. La no conservación de tales edificios complica sin duda su análisis, la imprecisión del material gráfico conservado y la repetición sistemática de ciertas consideraciones difíciles de comprobar incrementan tal grado de dificultad. El convento de Santa Caterina, bastante estudiado ya desde el siglo pasado, ha sido objeto, recientemente, de un trabajo que abarca el proceso constructivo a lo largo del siglo XIII9. Éste, si bien aporta datos documentales inéditos, no ha modificado en exceso las pautas apuntadas con anterioridad. Ha permitido precisar un poco más la cronología constructiva pero ha seguido considerando que, a parte de las reformas posteriores, el edificio quedó plenamente definido ya en el último tercio del siglo XIII. 5. F. DIAGO, Historia de la Provincia de Aragón de la Orden de Predicadores..., Barcelona, 1599, p. 103-141; F. CAMPRUBÍ, Lumen Domus. Historia del convento de Santa Catalina desde 1219 a 1803, 3 vol. Manuscrito de la Biblioteca Universitaria de Barcelona (BUB); P. PIFERRER, Recuerdos y bellezas de España. Cataluña, t.I, Barcelona, 1839, p. 72; J. VILLANUEVA, Viaje literario, t. XVIII, p. 176-207; A. PI ARIMON, Barcelona antigua y moderna, Barcelona, 1854, vol. I, p. 562; J. CASADEMUNT, Santa Catalina. Recopilación y ampliación de los borradores de la monografía de la iglesia y claustro del derruido convento de Padres Dominicos de Barcelona que por encargo de la Real Junta de Comercio de Cataluña practicó en 1837 don José Casademunt. Barcelona, 1886; A. ELIAS DE MOLINS, Catálogo del Museo Provincial de Bellas Artes de Barcelona, Barcelona, 1888, p. 143-189; C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, Las casas de religiosos en Cataluña durante el primer tercio del siglo XIX, Barcelona, 1906, vol. II, p. 7-51; J. AINAUD / J. GUDIOL, F. P. VERRIÉ, 1947, p. 93-100; J. BASSEGODA NONELL, «El convento de Santa Catalina de Barcelona de la orden de predicadores», De resturatoria, I, (1972), p. 49-91. En cuanto a publicaciones de fuentes documentales: Fr. LESMES ALCALDE, «El Liber Aniversariorum del antiguo convento de Santa Catalina de Barcelona», Analecta Sacra Tarraconensia, XII (1936), p. 519539; J. PERARNAU, «El Liber Negotiorum monasterii praedicatorum barcinonae del notario Gabriel Canyelles (1418-1433)», Escritos del Vedat, X (Valencia, 1980), p. 503-532. En lo referente a los cambios producidos en el interior de la iglesia en época moderna debe referenciarse el trabajo de Aurora Pérez: A. PÉREZ SANTAMARíA, «El convento de Santa Catalina mártir de Barcelona, santuario dominico», Patronos, promotores, mecenas y clientes, Actas del VII Congreso Español de Historia del Arte. Murcia 1988, Murcia, 1992, p. 541-550. 6. El papel de edificio pionero se ha puesto a veces de gran relieve, es el caso de P. Lavedan quien, desvinculando Santa Caterina y Sant Francesc de Barcelona de los modelos mendicantes del sur de Francia, atribuye estos edificios a un «architecte de génie a fixé vers 1250 à Barcelone», encontrando las sugestiones para su formación en «l’art des cisterciens de Bourgogne; celui des dortiors de Poblet et Santes Creus; les églises couvertes de charpente sur arcs diaphargmes» (P. LAVEDAN, 1935, p. 79-78). 7. A. M. GINÉ I TORRES, «El convent de Sant Francesc de Barcelona. Reconstrucció hipotètica», Acta Mediaevalia, IX, (Barcelona, 1988), p. 221-241. Únicamente a partir de descripciones del siglo XVIII se tiene noticia de la existencia de claves de bóveda (Fr. Joseph BATLLE, Chrónica de la Provincia de Cathaluña de la Regular Observancia dedicada, 1710; P. Fr. B. COMES, Libro vero è original de las antiguedades... Publicado el primer volumen en la Revista de la Asociación-Artístico-Arqueológica-Barcelonesa. vol. II, 18991900), siendo también recogidas por Cayetano Barraquer (C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. I, p. 433-480). 8. De Sant Francesc se conserva un plano de Antonio Matamoros, con fecha 10 de junio de 1836, en el Institut Municipal d’Història que ha sido publicado por Giné i Torres (A. M. GINÉ I TORRES, 1988). Gracias a Francesca Español he tenido conocimiento de unos planos del mismo convento, y también de Antonio Matamoros, que se conservan en la Cartoteca del Servicio Histórico Militar (Catálogo General de la Cartoteca, vol. I, p. 63 [2279, A26-45, 1836 (cinco hojas)] y vol. II, p. 14, [8700, F-37-20, 1836 (dos hojas)], Servicio Histórico Militar, Madrid, 1981. Respecto a Santa Caterina, J. Casademunt Torrens levantó unos planos acompañados de una memoria durante el derribo de la iglesia en 1837, por encargo de la Junta Particular de Comercio. Estos trabajos fueron dados a conocer años mas tarde al publicarlos, en 1886, su hijo A. Casademunt Vidal (J. CASADEMUNT, 1886), posteriormente éstos han sido reproducidos en varias obras. Los trabajos que se conocían de J. Casademunt eran los croquis, respecto a los dibujos definitivos no fueron hallados hasta 1970 por Joan Basse-goda Nonell en el archivo de la Escuela de Arquitectura de Barcelona y posteriormente publicados con otros documentos gráficos del convento (J. BASSEGODA NONELL, 1972). Actualmente dicha documentación gráfica se conserva en el Archivo de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi de Barcelona. 9. R.M. ANDRÉS BLANCH, El convent de Santa Caterina. Segle XIII, tesis de licenciatura inédita, Barcelona, 1987. 10. A parte de las noticias ya recogidas por las crónicas antiguas del convento, cabe destacar los ya citados: Fr. LESMES ALCALDE, 1936; R.M. ANDRÉS BLANCH, 1987 y el trabajo de C. BATLLE y M. CASAS, «La caritat privada i les institucions benèfiques de Barcelona (segle XIII)», La pobreza y la asistencia de los pobres en la Cataluña medieval, Barcelona, 1980, p. 117-190. 11. A. ELIAS DE MOLINS, 1888, p. 145, nota 1. 12. Fr. LESMES ALCALDE, 1936, p. 524. 13. Un ejemplo contemporáneo lo encontramos en la lápida de Ramon Milà (+1266), canónigo obrero de la catedral de Tarragona «decem voltas condidit» (S. CAPDEVILA, La Seu de Tarragona. Notes històriques sobre la construcció, el tresor, els artistes, els capitulars, Barcelona, 1935, p.14). En otras ocasiones al hablar de la cubierta se dice que ésta sea de piedra, hecho que en época gótica hace pensar en una bóveda de crucería, así en la misma normativa dominicana, en la que incidiremos posteriormente, podemos leer: «[...] lapidibus testitudinata». 14 . En esta línea, si bien ya dentro del siglo XIV, en 1327, se decide alargar un tramo de la iglesia de Sant Jaume de la Guàrdia dels Prats con el mismo sistema de arcos perpiaños, y la documentación es explícita «[...] vidilice unam archadam eclessiam predicte [...], vos faciatis similem archadam» (E. LIANO MARTÍNEZ, Contribución al estudio del gótico en Tarragona, Tarragona, 1976, p. 228-229, doc. 108). 15. J.F. RÁFOLS, Techumbres y Artesonados Españoles, Barcelona, 1953, p. 10-11 y 51-59; L. TORRES BALBÁS, «Naves de edificios anteriores al siglo XIII cubiertas con armaduras de madera sobre arcos transversales», Archivo Español de Arte, XXXII (1959); L. TORRES BALBÁS, «Naves cubiertas con armadura de madera sobre arcos perpiaños a partir del siglo XIII», Archivo Español de Arte, XXXIII, (1960); M. DURLIAT, 1964; P. HELIOT, «Sur les Églises gothiques des ordes mendiants en Italie centrale», Bulletin Monumental, 130 (1972), p. 231-235; V. PAUL, 1974; A.M. ROMANINI, «L’architettura degli ordini mendicanti: nuove prospettive di interpretazione», Storia della città, 9 (1978) (Architettura e urbanistica degli ordini mendicanti), p. 5-15; M.E. SAVI, «Archidiaffragma: contributi per una tipologia architettonica», Arte Medievale, II, p. 163-181; A. M. GINÉ I TORRES, «Establiments franciscans a Catalunya. Arquitectura franciscana», Acta Mediaevalia, X (1989), p. 125143. 16 . Si nos ceñimos al ámbito catalán, en cuanto a iglesias parroquiales, ermitas y capillas debemos destacar el grupo tarraconense: E. LIAÑO MARTÍNEZ, 1976; F. ESPAÑOL BERTRAN, «L’ermita del Roser de Vilallonga. Exemple d’una tipologia arquitectònica: l’estructura en arcs diafragmàtics», L’ermita del Roser de Vilallonga del Camp, Vilallonga del Camp, 1994, p. 81127. Su uso fue también corriente en la arquitectura civil de la Corona de Aragón: F.E. VILARUBIAS. Noticia histórico-arqueológica de los edificios del antiguo Hospital de la Santa Cruz y casa de la Convalecencia de San Pablo de la ciudad de Barcelona (1401-1928), Barcelona, 1969; A.M. ADROER TASIS, El palau reial major de Barcelona, Barcelona, 1978; J.A. ADELL, S. LLORACH, «Olesa de Bonesvalls. Hospital de Cervelló», Catalunya Romànica XIX: El Penedès. L’Anoia, Barcelona, 1992, p. 160161; P.J. FIGUEROLA, S. MISSER, «L’hospital de Cervelló», Catàleg Monumental de l’Arquebisbat de Barcelona. Penedès-Garraf, vol.V/1, Olesa de Bonesvalls. Parròquia de Sant Joan i Hospital de Cervelló, Barcelona, 1993, 51 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona Consideraciones sobre el proceso constructivo Son muy pocos los datos detallados que se conocen del proceso constructivo de Santa Caterina, la mayoría son legados testamentarios en los que sólo se especifica una cantidad de dinero para la obra de la iglesia o bien el entierro en alguna de sus capillas10. Sólo poseemos dos datos contemporáneos que nos hablan de la cubierta del edificio: por un lado en 1262, el rey Jaume concede una cantidad de dinero para la consumación del edificio. En dicho documento podemos leer «consumari integre cum parietibus, et tecto, et fenestris vitreis, et ceteris operibus»11. La otra noticia corresponde al legado otorgado en 1275 por Ponç d’Alest destinado a levantar «tota ultima arcuata a superlimine portalis usque ad tectum cum fenestra rotunda»12. Obsérvese que en los dos documentos se alude a tecto o tectum, es decir «techo», pero sin que se especifique si éste es de ojivas, como encontramos en la documentación contemporánea relativa a la construcción cuando se refiere a un sistema de bóvedas de crucería13. En consecuencia, debe subrayarse que ambas referencias nos hablan de la cubierta pero no del sistema utilizado. Además, en el segundo documento aparece un nuevo término a considerar: arcuata, es decir «arco» o «arcada». Lo cierto es que éste puede referirse a un arco de un sistema de bóvedas, pero de ser así, resulta poco claro que un legado se destinase a un sólo elemento de un sistema indivisible. Parece, pues, mucho más fácil entender que se refiera a un arco perpiaño sobre el cual descansaría una cubierta de madera14. Las órdenes mendicantes y la tipología de los arcos perpiaños Este tipo de estructura de origen antiguo ya utilizada en algunas áreas europeas en período altomedieval será corriente a finales del siglo XII y parte del XIII en el área del Mediterráneo occidental en construcciones de los cistercienses (refectorios, dormitorios, enfermerías, etc.), en salas reales y comunales, hospitales y siendo también muy corriente entre los templarios y los mendicantes desde su aparición. Preferentemente lo utilizarán los franciscanos y carmelitas, pero también los dominicos, del que harán uso en muchas de sus iglesias, utilizando la bóveda, en la mayoría de casos, sólo en el sector del presbiterio. Algunas de estas órdenes tuvieron un papel difusor de dicho sistema constructivo15 y harán que éste se desarrolle, de manera considerable, en algún ámbito geográfico en construcciones religiosas diversas (iglesias parroquiales, ermitas, capillas, etc.) y en la arquitectura civil (lonjas, atarazanas, hospitales, molinos, escribanías, etc.)16. Las noticias que poseemos de las antiguas fábricas de las dos principales órdenes mendicantes en la Corona de Aragón17 parecen indicar el uso de este sistema en sus primeras construcciones. En ambos casos, y siguiendo los pasos del resto de establecimientos repartidos por la geografía europea, antes del levantamiento de fábricas definitivas, buena parte de las comunidades se instalaron en edificaciones sencillas de carácter provisional18. Según Giné, las iglesias franciscanas levantadas con anterioridad a 1245 presentarían un nave única rectangular, con contrafuertes exteriores o interiores, con cubierta de madera sostenida por arcos perpiaños apuntados y sin ábside poligonal. A partir de 1245 la mayor parte de los edificios, si bien siguen esta tipología de cubierta para la nave, presentan algunas novedades como son las capillas laterales entre los contrafuertes y el ábside poligonal o cuadrado cubierto con crucería, elementos que casan con la legislación franciscana referente a la arquitectura aprobada el 126019. p. 51-78; F. ESPAÑOL BERTRAN, «Els casals de molins medievals a les comarques tarragonines. Contribució a la seva tipologia arquitectònica», Acta Historica et Archaeologica Medievalia, I, p. 231-254; M.A. CATALÀ GORGUES, «Las atarazanas góticas del Grao de Valencia», Goya, núm. 245, 1995, p. 264-272. Otras órdenes, como es el caso de la orden militar de los templarios, también hicieron uso de dicha tipología en algunos de sus construcciones catalanas: J. FUGUET I SANS, L’arquitectura dels templers a Catalunya, Barcelona, 1995 (en especial p. 380-381 y 387-395). La proliferación de iglesias de este tipo durante el siglo XIII en el área levantina supuso la acuñación del término iglesias de reconquista por parte de E. Tormo (E. TORMO, Levante, Madrid, 1923) siendo éstas posteriormente estudiadas en diferentes trabajos. 17. Si bien a lo largo del siglo XIII los reinos hispanos formaban una sola provincia dominicana y no fue hasta 1300 cuando se creó la provincia de Aragón, que acogía las fundaciones de los diferentes reinos de la Corona de Aragón, a excepción de aquéllos que pertenecían a la provincia de la Provenza, hemos tomado este ámbito geográfico por su unidad política y también en la mayoría de casos artístico-culturales. 18. G. MEERSSEMAN, «L’architecture dominicaine au XIIIè siècle legislation et practique», Archivum Fratrum praedicatorum, XVI, (1946), p. 136-190; M. DURLIAT, 1964; A. M. GINÉ I TORRES, 1988; ibídem, 1989; R.M. ANDRÉS BLANCH, 1987. 19. A. M. GINÉ I TORRES, 1989, p. 135-143. A pesar de la existencia de dicho trabajo, éste no deja de ser el punto de partida para uno más amplio y profundizado de la arquitectura franciscana en la Corona de Aragón, aún por realizar. Para el ámbito hispano en general debe referenciarse M.J. CASTILLO UTRILLA, «Tipología de la Arquitectura franciscana desde la Edad Media al Renacimiento», Actas del XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte (1973), vol. I, p. 322-327; M. CUADRADO, «Arquitectura de las órdenes mendicantes», Cuadernos de Arte Español, 86 (1993). 52 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Ernest Ortoll i Martín De los conventos dominicos del ámbito del Principado fundados en el siglo XIII, como el de Santa Caterina, pocos han llegado a nuestros días y aquellos que se conservan han sufrido, en general, importantes modificaciones, sumándose a ello la falta de estudios monográficos. El convento de Lleida en obras ya en 1277 fue abandonado en 1367, en tiempo de la guerra con Pedro el Cruel de Castilla, a causa de su peligrosa ubicación, fuera de las murallas. Posteriormente fue de nuevo ocupado sufriendo diversas reformas hasta fines del siglo XVII cuando fue construido otro edificio ya dentro de la ciudad20. En 1253 fue fundado el convento de Tarragona levantando el edificio fuera de las murallas. No poseemos noticias de las primeras construcciones, en el primer tercio del siglo XV se trabajaba en el segundo claustro y en el campanario. En diversos conflictos bélicos los frailes se recogían en la ciudad, el convento fue abandonado definitivamente a mediados del siglo XVII, durante las guerras de Felipe IV. Hacia 1669 se empezarían las obras del nuevo edificio dentro de la ciudad que perduró hasta el siglo XIX cuando fue demolido21. Sobre las dependencias del antiguo convento medieval hay una fuente hasta el momento no valorada, se trata del dibujo de A. Van Den Wyngaerde de la segunda mitad del siglo XVI, donde se aprecia una cubierta a dos vertientes no usual en los edificios góticos catalanes con cubierta de crucería y sí en cambio en aquellos en los que se utilizan arcos perpiaños22. El convento de l’Anunciació de Gerona, que sí se ha conservado, fue aceptado por la orden el 1253 y rápidamente se iniciarían las obras. El proceso constructivo de la iglesia es poco conocido y posiblemente las bóvedas de crucería de la nave sean ya del siglo XIV, por cuanto el altar mayor no fue consagrado hasta el 1339 (figura 4)23. El convento de la Seu d’Urgell, fundado el 1266, tuvo que ser trasladado el 1364 dentro de las murallas de la ciudad por su peligrosa ubicación. Anteriormente a su traslado tuvo dos fábricas precedentes, la primera de las cuales sería levantada a partir de su fundación y una segunda fechada hacia mediados del siglo XIV24. La iglesia erigida con posterioridad al traslado, hoy todavía conservada, es de una sola nave con capillas laterales cubiertas por bóveda de crucería al igual que el ábside poligonal, la nave presenta una bóveda esquifada en cada tramo, divididos por un arco apuntado, lo que hace pensar en una posible cubierta en origen con arcos perpiaños (figura 5). Si del estricto ámbito catalán pasamos al resto de los reinos de la Corona el panorama no difiere en exceso, los edificios conservados con obra del siglo XIII son escasos y de aquellos desaparecidos contamos con escasas noticias. A pesar de ello, el uso del sistema de arcos diafragma, en algunos ca20. C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 89-91; J. LLADONOSA, «El monestir de Predicadors de Lleida (notes sobre la seva ubicació)», Miscelánea a Martínez Ferrando Archivero, Barcelona, 1968, p. 279-290. 21. E. MORERA LLAURADÓ, Tarragona cristiana. Historia del Arzobispado de Tarragona y el territorio de su provincia, Tarragona, 1899, t. II, p. 833-840; C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 79-80; M. VIDAL, «El retaule major del convent de Sant Domènec i altres obres», Quaderns d’Història Tarraconense, IX (1990), p. 145-161. 22. Dibujo que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford (información facilitada por la Dra. F. Español). 23. J. VILLANUEVA, t. XIV, p. 162171; C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 66-74; J.M. GARGANTA, «Un obituario del convento de Santo Domingo de Gerona», Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, VI (1951), p. 137-178; J.M. COLL, «Miscelánea dominica gerundense», Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, VIII (1953), p. 229240; J. PLA CARGOL, «El antiguo convento y templo de Santo Domingo y reconciliación de éste en 1956», Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, XII (19561957), p. 359-351; J.M. COLL, «Historia sucinta del convento de Santo Domingo», Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, XIII (1958), p. 5-32; A. MASIÁ DE ROS, «El templo de la Anunciación en el convento de Santo Domingo de Gerona», Revista de Gerona, 7 (1959), p. 61-64; A. COLLELL, «Aportación documental a la historia del convento de Santo Domingo de Gerona», Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, XIV (1960), p. 185200; A. PLADEVALL, Els monestirs catalans, Barcelona, 1968, p. 182185. 24. J. VILLANUEVA, vol. XI, p. 121 y 241-245; C. C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 9697; C. BATLLE GALLART, La Seu d’Urgell medieval: la ciutat i els seus habitants, Barcelona, 1985, p. 55, 57 y 144-146. 25. De los conventos dominicos del antiguo reino de Valencia, el de la ciudad de Valencia fue fundado en 1239, en unos terrenos cedidos por el rey Jaume I, la iglesia primitiva fue sustituida por otra mayor en 1250, que también fue demolida posteriormente por amenazar ruina, y en 1382 se inició la iglesia gótica que llegó hasta los inicios del siglo XIX, cuando fue derruida, conservándose el resto de dependencias conventuales. De esta forma se hace muy difícil determinar como eran las dos primeras construcciones llevadas a cabo en el siglo XIII, debiendo quizás recordar la gran implantación del sistema de arcos perpiaños en el area valenciana (M.A. CATALÀ GORGUES, «Iglesia Figura 4. Cabecera de la iglesia del convento de predicadores de Girona. Figura 5. Interior de la iglesia de dominicos de la Seu d'Urgell. 53 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona sos documentado, se ha atribuido a muchas de sus fábricas apelando bàsicamente a la tradición local en dicho período, a la idea de sencillez y al retraso de la llegada de las técnicas góticas en muchas áreas de la Corona de Aragón, ya sea en Valencia25 y Mallorca26 como en Aragón27. A algunos de estos edificios se les sustituyó posteriormente la cubierta de madera por bóvedas de crucería28, pero por otro lado el uso de este sistema sencillo no podemos ceñirlo a la centuria que nos ocupa, ya que en pleno siglo XIV y también en el siglo XV aún es utilizado en alguno de los edificios de las órdenes mendicantes . Por otro lado, a algunos de estos edificios con cubierta de madera en siglos posteriores al periodo medieval se les añadirá una falsa bóveda moderna, como es el caso de tres de los conventos dominicos fundados en Cataluña en el siglo XIV: Sant Pere Màrtir, de Cervera; Sant Domènec, de Manresa, y Sant Domènec, de Balaguer29. A éste último una reciente restauración le ha devuelto su cubierta original (figura 6). Como conclusión de este apartado vemos que los dos edificios anteriormente citados, Sant Francesc y Santa Caterina de Barcelona, sobre los cuales se considera que ya en el siglo XIII fueron cubiertos en bóveda ojival, se apartan de la gran mayoría de la producción dominica en la Corona de Aragón, tanto de los erigidos en Valencia y Mallorca como de los aragoneses30. y convento de Santo Domingo. Valencia», Catálogo de Monumentos y conjuntos de la Comunidad Valenciana, Valencia, 1983, vol. II, p. 480-491; E. LLOBREGAT, Història de l’Art al País Valencià, vol. I, Valencia, 1986, p. 134-135; D. BENITO GOERLICH, «Ex-convento de Santo Domingo», Valencia y Murcia / La España gótica/4, Madrid, 1989, p. 312318). Si bien se poseen noticias de los frailes dominicos en Xàtiva ya en 1248, de la iglesia, que se conserva, sabemos que se estaban realizando obras en 1323. En un primer momento los dominicos se habían establecido en el arrabal de la ciudad, en 1285 compraron el convento de los frailes de la Penitencia de Jesucristo situado en el interior del recinto amurallado donde posteriormente levantaban dicha iglesia ex novo de una sola nave, con capillas entre los contrafuertes y cubierta por arcos perpiaños (M. GONZÁLEZ BALDOVÍ, «Ex-convento de Santo Domingo. Játiva», Catálogo de Monumentos y Conjuntos de la Comunidad Valenciana, Valencia, 1983, vol. II, p. 943-949; F.M. GARÍN Y ORTIZ DEL TARANCO y otros, Catálogo Monumental de la Provincia de Valencia, Valencia, 1986, p. 642-643; E. LLOBREGAT, 1986, p. 150. 26. En lo referente a los conventos del breve reino de Mallorca, sabemos que los dominicos llegaron a Palma en 1229, en 1231 Jaume I les concede una pieza de tierra dentro de la Almudaina para la erección de un convento y de una iglesia, en obras en 1235. Desconocemos el tipo arquitectónico utilizado, si tenemos que hacer caso del proceso seguido por los franciscanos en la misma ciudad, cabría entender que utilizarían un modelo de arquitectura sencillo. Por otro lado, el primer establecimiento de los dominicos en Palma, anterior a la donación de los terrenos de Jaume I, la capilla de Nostra Senyora de la Victòria, a pocos metros del futuro convento y de la que se conservan algunos restos, parece que disponía de nave única con cubierta de madera y capilla absidal cuadrada con bóveda de crucería. En 1296 los dominicos iniciarían una nueva iglesia, ya plenamente gótica, concluida en 1359 y que fue destruida a principios del siglo XIX (Cronicon de los dominicos de Mallorca publicado por Gabriel Llabrés en Butlletí de la Societat Arqueològica Lul·liana (septiembre, 1909, p. 329-331 y 341-344); M. DURLIAT, 1964, p. 65-66; J. ROSELLÓ LLITERAS, «El convento de Santo Domingo de Mallorca (s. XIII-XIV)», Butlletí de la Societat Arqueològica Lul·liana, 839, t. XLI, (1985), p. 115-130; A.I. ALOMAR CANYELLES, «Les restes de Sant Domingo i de Nª. Sra. de la Victòria», Butlletí de la Societat Arqueològica Lul·liana, 847, t. XLIX, (1993); X. BARRAL ALTET, Baleares / España gótica 5, Madrid, 1994, p. 34-35. El establecimiento de Perpinyà ha sido fechado en 1242, posteriormente a dos sencillos edificios precedentes a finales de siglo o inicio del XIV iniciaron una reforma. Construyeron una cabecera monumental cubierta por bóveda de crucería. El uso de este sistema era previsto, según Durliat, para toda la nave, pero por falta de recursos económicos se utilizó una cubierta de madera sobre arcos perpiaños (M. DURLIAT, 1964, p. 80-81). El 1292 Jaume II ofrece al capítulo de la provincia dominica de Provenza un solar para edificar el convento de Puigcerdà y posteriormente el mismo monarca financia el levantamiento de la iglesia. En 1296 un mercader da una cantidad al convento con la cual los frailes se comprometían a construir la segunda arcada del ábside y a hacer pintar el escudo del prestador en la vigas del nuevo tramo. De nuevo, pues, nos encontramos con una cubierta de madera. La iglesia no se concluiría hasta entrado el siglo XIV. Sufrió los efectos de un terremoto acaecido en 1428, de nuevo se realizó la cubierta siguiendo aún el sistema tradicional. Actualmente, si bien conserva los arcos perpiaños originales, la cubierta fue levemente modificada en una restauración posterior a la guerra civil (1936-1939) (M. DURLIAT, 1964, p. 76-79; M. DELCOR, «Puigcerdà. Convent de Sant Domènec», Catalunya Romànica VII –La Cerdanya. El Conflent–, Barcelona, 1995, p. 49-50). En Cotlliure, también bajo la tutela real, fue fundado un convento en 1290. En 1304 se celebraba el enlace del primogénito del monarca. De nuevo el sistema utilizado para la cubierta es la madera sobre arcos perpiaños (M. DURLIAT, 1964, p. 79-80 ; E. CORTADE, «Le monastére des dominicains a Colliure», Conflent (1983) núm. 122). 27. Tres fueron los conventos fundados en el antiguo reino de Aragón a lo largo del siglo XIII. En 1227 ya se conoce un legado testamentario para la fábrica del convento de Zaragoza y hacia 1283 se ha entendido que ya estaría concluida la iglesia, levantada en ladrillo siguiendo la tradición arquitectónica de la zona. Su estructura disponía de una cabecera triabsidal, el central más profundo y cubierto por ojivas y los laterales por cuarto de esfera, les seguía un crucero. La nave central, de cuatro tramos, estaba cubierta en crucería simple. A pesar de la evidente diferencia en la concepción arquitectónica respecto a los reinos mediterráneos de la Corona, en lo que concierne al sistema de cubierta de la nave, y de acuerdo con el problema de la normativa arquitectónica que abordaremos más adelante, es posible que ésta fuese realizada durante el segundo impulso constructivo, en el primer tercio del siglo XXIV. De las dependencias conventuales en la actualidad sólo se conserva el refectorio (F. ABAD RÍOS, Catálogo Monumental de España. Zaragoza, Madrid, 1957, vol. 1, p.110; R.M. BLASCO MARTÍNEZ, «Contribución a la historia del convento de predicadores de Zaragoza a través de los apuntes del maestro fray Tomás Domingo», Cuadernos de Historia de Jerónimo Zurita, núm. 23-24 (1970-1971), p. 7-122; J. CRIADO MAINAR, «Los primeros establecimientos de la Orden de predicadores de Aragón. Datos sobre la erección y articulación de sus principales dependencias monásticas», Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, núm. XXXVI, 1989, p. 137-153). El convento de Huesca fue fundado en 1254. En el transcurso de la guerra de los dos Pedros el edificio quedó muy afectado y en 1362 el Ceremonioso ordenaba su demolición, en 1367 el mismo monarca concedía licencia para el levantamiento de una nueva fábrica en otro emplazamiento, finalmente, los frailes optaron por la reparación de las antiguas dependencias. El edificio fue reemplazado siglos más tarde por la obra barroca que aún hoy se conserva (R. DEL ARCO Y GARAY, Catálogo Monumental de España. Huesca, Madrid, 1942, vol. 1, p.135; A. NAVAL, J. NAVAL, Inventario Artístico de Huesca y su provincia, t. I, Madrid, 1980, p. 80; J.F. UTRILLA UTRILLA, «Notas documentales sobre la construcción de la primitiva iglesia y convento de los frailes predicadores –Santo Domingo– de Huesca», Homenaje a Federico Balaguer, Colección de Estudios Alto-aragoneses, Huesca, 1987, p. 139-149; J. CRIADO MAINAR, 1989, p. 142145). El convento de San Pedro Figura 6. Cubierta interior de la iglesia del convento de Sant Domènec de Balaguer. 54 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Ernest Ortoll i Martín La arquitectura dominica y su normativa en el siglo XIII: el caso barcelonés Hay dos elementos que explicarían el uso de un sistema de cubierta sencillo en las primeras construcciones mendicantes; se trata de un sistema más barato y más rápido, y, por otro lado, desde un primer momento la normativa de alguna de estas órdenes era restrictiva31, así, los mismos dominicos, en el intento de llevar una vida de acuerdo con su filosofía de pobreza y sencillez, se proponían levantar modestos edificios. En este sentido debe recordarse que buena parte de su trabajo pastoral iba dirigido a la conversión de herejes, los cuales repudiaban los edificios religiosos y más aún aquellos que consideraban suntuosos. Los dominicos, pues, a parte de proclamar la palabra de Dios debían llevar una vida de acuerdo con aquello que predicaban y sus edificios a su vez tenían que parecer coherentes también. Así, las constituciones dominicas de 1220, redactadas aún bajo la tutela de Domingo de Guzmán, se expresaban de la siguiente forma «mediocres domos et humiles habeant fratres nostri, ita quod nec ipsi expensis graventur, nec alii seculares vel religiosi in nostris sumptuosis edificiis scandalizentur»32. Al poco tiempo esta breve prescripción será ampliada de manera explícita con la inclusión de unas alturas determinadas para sus construcciones y el uso exclusivo de bóvedas de piedra en la sacristía y en el coro, no pudiéndose utilizar éstas en la nave33. La misma orden creará los conductos necesarios para perseguir el incumplimiento de la normativa constructiva con castigos a priores y responsables de la obra34. La casa barcelonesa, en este sentido no será una excepción, así en el capítulo general celebrado el 1261 en dicho convento se castigó al prior y a quienes aconsejaron la construcción del dormitorio a «XIII dies in pane et aqua et totidem disciplinas» a causa de la transgresión de las medidas determinadas por la normativa35. Tradicionalmente se ha admitido la fecha de 1228, la del capítulo general de los dominicos celebrado en París, para la modificación de las presMártir de Calatayud fue fundado entre 1253 y 1255 por Jaume I, pero a causa también de la guerra de los dos Pedros quedó totalmente destruido, el Ceremonioso concedió licencia para las obras de un nuevo convento que recibió pocos años más tarde la protección y el impulso del papa Luna (J. CRIADO MAINAR, 1989, p. 145147). De estos dos últimos conventos no tenemos conocimiento alguno sobre su estructura original, si bien se ha apuntado la probabilidad del uso de una cubierta de madera para la nave y de la crucería para la cabecera (E. LIAÑO MARTÍNEZ, «Arquitectura gótica», Signos. Arte y Cultura en el Alto Aragón Medieval, Huesca, 1993, p. 160). 28. El caso más claro lo encontraremos documentado en el convento de Sant Francesc de Palma de Mallorca, que, iniciado en el último cuarto del siglo XIII, le fue sustituida la cubierta de madera por bóvedas ojivales, obras que finalizarán en 1385 con una nueva consagración de la iglesia (M. DURLIAT, 1964, p. 65; X. BARRAL ALTET, 1994, –«San Francisco»–, p. 160-164). 29 . En el caso de Sant Pere Màrtir de Cervera, el convento fue fundado en 1317, pero parece que la iglesia no se terminó hasta el siglo XV, un primer techo de madera sería sustituido por una bóveda de ladrillo, que dataría de 1732 (J. VILLANUEVA, t. IX, p. 23-27; C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 94-96; A. DURAN SANPERE, Llibre de Cervera, Barcelona, 1977, p. 203-208), el estado de abandono en que se encuentra el convento, propiedad privada, ha supuesto la caída de la falsa bóveda de ladrillo de la nave y ha dejado al descubierto el sistema original de arcos perpiaños apuntados. Parecido era el caso de la desaparecida iglesia de Sant Domènec de Manresa, convento fundado en 1318, al que le fue sustituida la cubierta de madera por una volta del renaixement (J. VILLANUEVA, t. VII, p. 275281; C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 59-63; J. SARRET I ARBÓS, Història religiosa de Manresa. Iglesias i convents, Monumenta Historica Minorisae, IV (1924). Ed. facsímil, 1987, p. 147-178; P. LAVEDAN, 1935, p. 90). En lo referente a Sant Domènec de Balaguer (BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p. 91-93; P. SANAHUJA, Història de la ciutat de Balaguer (col·laboració de Domènec Carrové), 1965 (1984); A. PLADEVALL, 1968, p. 310-312; VV.AA. Catàleg de Monuments i Conjunts Històrico-Artístics de Catalunya, Barcelona, 1990, p. 33). Una reciente restauración ha eliminado una bóveda moderna y ha recuperado la visión de los arcos perpiaños y la correspondiente cubierta de madera. Por otro lado, debe sospesarse la posibilidad de que un caso similar sucediera en la Seu d’Urgell, hipótesis que debe prorrogarse a la espera de un análisis más detallado. 30. En este sentido I. Bango ya consideró «muy dudosa» la cronología que se viene barajando para ambos edificios (I. BANGO TORVISO, 1985, p. 512). 31 . No es el caso de los franciscanos, quienes no dispusieron de una normativa para la construcción de sus edificios hasta la celebración del capítulo de Narbona en 1260, que desde su aprobación se caracterizó por su explicidad. Para el texto véase: M. BIHL, «Statuta Generalia Ordinis. Edita in Capitulis Generalius celebratis Narbonae an. 1260, Assissii an.1279 atque Parisiis an. 1292», Archivum Franciscanum Historicum, 34-35 (1941), p. 248319, esp. 34-35. 32. El texto se ha reproducido en la mayor parte de los estudios dedicados al tema (véase nota 36), si bien por su claridad de exposición remitimos al trabajo de Sundt (R. A. SUNDT, «Mediocres domos et humiles habeant fratres nostri: Dominican Legislation on Architecture and Architectural Decoration in the 13th Century», Journal of the Society of Architectural Historians, diciembre, 1987, vol. XLVI, núm. 4, p. 394407, para la reproducción: p. 405, apéndice A). 33. Según Meersseman la normativa permite el uso de la bóveda para la nave en el sector de ésta que acoge el coro cuando éste no cabe en el espacio de la cabecera. 34. «Item in quolibet conventu tres fratres de discrecioribus eligantur sine quorum consilio edificia non fiant». Ibídem. 35. Ibídem; R. A. SUNDT, 1987, Apéndice B. Aparte de las obras dedicadas al estudio de la normativa, dicha noticia es recogida en obras que estudian el convento (R.M. ANDRÉS BLANCH, 1987). 36. «Ita quod murus domorum sine solario non excedat in altitudine mensuram duodecim pedum et cum solario viginti, ecclesia triginta. Et non fiat lapidibus testitudinata nisi forte super chorum et sacristam», R. A. SUNDT, 1987, p. 405, apéndice A y p. 398-399, nota 31. 37. Las referencias a la normativa constructiva de los dominicos han sido diversas, ya sea como apartados de trabajos dedicados al fundador (P. MADONET, H. VICAIRE, Saint Dominique. L’idee, l’homme et l’oeuvre, París, 1938, t. II, p. 203-230, 273-283; L. GALMÉS-GÓMEZ, V.T, Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento, Madrid, 1987, p. 727-767), a otros aspectos del mundo dominico (R. CREYTENS, «Les constitutions des Fréres Prêcheurs dans la redaction de S. Raymond de Peñafort (1241)», Archivum Fratrum Praedicatorum, 18, (1948), p. 5-68), en la publicación de documentos referentes a la orden (Monumenta Ordinis Praedicatorum Historica) o, más directamente, en los trabajos dedicados a esta problemática de los que cabe destacar: G. MEERSSEMAN, 1946, el trabajo pionero y aún de consulta obligada. Posteriormente, B. MONTAGNES, 1974; M. DURLIAT, 1974. Y la última revisión sobre el tema: R. A. SUNDT, 1987. A partir de este trabajo ha aparecido una obra del ámbito de Galicia que se acerca a sus conclusiones: C. MANSO PORTO, Arte Gótico en Galicia: Los dominicos, 2 vol., La Coruña, 1993. 38. P. MADONET, H. VICAIRE, 1938. 39. G. MEERSSEMAN, 1946; B. MONTAGNES, 1974; M. DURLIAT, 1974. 40. Sundt llega a esta conclusión a partir del análisis que hace de la iglesia de los dominicos de Toulouse. Ésta se excedía de las dimensiones establecidas por la normativa, entendiendo que es improbable el desconocimiento de dicha norma por parte de los frailes y cree pues que son posteriores a esta obra (R. A. SUNDT, 1987). Manso se muestra de acuerdo con la tesis de Sundt, ya que el retraso de las fechas permitiría también explicar mejor la campaña constructiva de Santo Domingo de Santiago (ca.12211230/40) y a su vez la de Bolonia (1228-1238) y la de Santo Domingo de Santarem (iniciada ca.12281229) (C. MANSO PORTO, 1993, vol. I, p. 90-91). 41. R.M. ANDRÉS BLANCH 1987. 42. G. MEERSSEMAN, 1946; B. MONTAGNES, 1974; M. DURLIAT, 1974; R. A. SUNDT, 1987, apéndice A. 43. Ibídem; R. A. SUNDT 1987, apéndices B, C y D. 44. G. MEERSSEMAN, 1946, p. 166173; B. MONTAGNES, 1974, p. 90; M. DURLIAT, 1974, p. 77; R. A. SUNDT, 1987, p. 401-402. 45. G. MEERSSEMAN, p. 173 y s; B. MONTAGNES, 1974, p. 90; M. DURLIAT, 1974, p. 81; R. A. SUNDT, 1987, p. 403. 46. 1300 es la fecha que da Sundt (R.A.SUNDT, 1987, p. 403), Meersseman (G. MEERSSEMAN, 1946, p. 175), siguiendo las actas capitulares (Monumenta Ordinis Praedicatorum Historica), dice: «Enfin maître Nicolas Boasino (12961299), désirant substituer une situation de droit à celle de fait, propose au chapitre général de rayer dans les constitutions tout le passage relatif aux hauteurs maxima et conserver uniquement la restriction formulé par s. Dominique lui-meme. Chapitre de 1297 admet e project; ceux de 1298 et 1300 l’approuvent». El resto de autores dan como correcta la fecha de 1297 (M. DURLIAT, 1974, p. 69; B. MONTAGNES, 1974, p. 91; C. MANSO PORTO, 1993, vol. 1, p. 92). 47. R. A. SUNDT, 1987, p. 242244. En este grupo no contamos con aquellos edificios presuntamente levantados con anterioridad a la promulgación de la normativa (para ellos véase la nota 40). 48. C. BARRAQUER Y ROVIRALTA, 1906, vol. II, p.10. 49. Meersseman apunta que el coro de Colonia superaba la altura marcada por la normativa (G. MEERSSEMAN, 1946, p. 166168). 50. J. RIUS I SERRA, San Raimundo de Penyafort. Diplomatario (Documentos, Vida antigua, Procesos antiguos), Barcelona, 1954; F. VALLS I TABERNER, San Ramon de Penyafort, Barcelona, 1979 (1936). 55 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona cripciones recogidas en las constituciones de 1220, modificación en la que se establecen las limitaciones de altura y el sistema de cubierta. Se determina que las construcciones conventuales sin azotea no pueden superar los 12 pies, aproximadamente 4,20 y 4,56 metros, con azotea 20 pies, aproximadamente unos 7,00 y 7,60 metros y la iglesia 30 pies, aproximadamente 10,50 y 11,40 metros, en cuanto a la cubierta, como ya hemos indicado, se limita la bóveda con piedra al coro y a la sacristía36. A pesar de todo el estudio de la evolución de las normas dominicas en materia constructiva a lo largo del siglo XIII no ha sido concluyente37, Vicarie ya propuso la adopción de estas nuevas prescripciones en fecha más tardía, entre 1228 y 123538, debido a que no se puede precisar una fecha exacta al no conservarse las actas capitulares del período. A pesar de este hecho, a partir de Meersseman los estudios sobre el tema han dado como buena la fecha de 122839. Recientemente Sundt, al estudiar la adecuación de la normativa a los primeros edificios conservados, ha precisado la existencia de al menos cinco modificaciones a lo largo del siglo XIII y ha considerado que la aplicación de las restricciones de alturas y sistema de cubierta se establecieron entre 1232 y 1235, acercándose así a las fechas propuestas por Vicarie, tesis que permite entender las grandes fábricas de algunos edificios levantados con anterioridad a dichas fechas40. En cualquier caso, parece evidente que estas nuevas leyes entrarían en vigencia con anterioridad a 1240, fecha que se ha dado como la de inicio de las obras de Santa Caterina de Barcelona41, y por lo tanto, ya de entrada, condicionarían la erección del edificio. El incumplimiento de la normativa, que paulatinamente se irá enriqueciendo42, es, como ya hemos apuntado, perseguido por la orden, y así se recoge en las actas de los capítulos generales y provinciales, obligándose en muchos casos a modificar construcciones ya levantadas o cambiar de lugar elementos decorativos43. Uno de los generalatos más restrictivos a la hora de hacer cumplir la ley fue el de Humbert de Romans (1254-1263)44, y parece que con posterioridad a éste se tiende hacia cierta permisividad respecto a las alturas totales y al uso de la bóveda en otros espacios de la iglesia45. La derogación de la restricción de altura y la prohibición de la bóveda fue aprobada definitivamente en 1297 o 130046. Es posible que con fecha anterior a 1300 ya se encuentre algún edificio que se levantase sin seguir ambas prescripciones, en este sentido Sundt habla de diferentes casos; el de Barcelona, que siguiendo las fechas que dan los autores del Catálogo Monumental entiende que ya estaría sustancialmente concluida la iglesia entorno a 1276; la campaña llevada a cabo en los Jacobins de Toulouse entre 1275 y 1292; y de los trabajos realizados en Santa Maria Novella de Florencia a partir de 1279. De los tres casos el barcelonés destacaría por ser el de fechas más antiguas47. Si se ha precisado para Santa Caterina una campaña constructiva entre 1240 y el último cuarto de siglo, parece descartable de entrada que en el proyecto original se pudiese pretender el uso de la bóveda de piedra para la cubierta de la nave, cuando la normativa estaba recientemente decretada. A pesar de tener en cuenta un posible enfriamiento en su aplicación en el momento del cierre de la nave, los datos que poseemos no nos llevan a esta hipótesis. Tal y como se desprende del legado de Jaume I, en 1262 el edificio ya estaba en condiciones de ser cubierto, ya que con el dinero que entregaba el monarca se tenían que costear, entre otras, dicha obra. Un año antes el capítulo general punía la altura del dormitorio y no refería anomalía alguna en la iglesia. Cierto que podemos entender que al no estar aún cubierta no transgredía ninguna norma, pero el sistema orgánico de soportes que llegó al siglo XIX ya definía el sistema de cubierta desde la planta, y por otro lado el edificio hasta aquel momento levantado, aún sin cubierta, ya superaría las alturas máximas48, a lo cual tenemos que sumar las palabras con las que se concluía dicha resolución capitular«[...] quod domus que sunt adhuc faciende ibidem. non fiant alciores quam in constitutionibus est taxatum», donde si bien únicamente se habla de las alturas máximas, en cuanto viene al caso por la negligencia del dormitorio, no deja de ser un recordatorio para el estricto cumplimiento de todas las prescripciones de la ley. Sería extraño pues que al cabo de unos meses de tal reprimenda la ley pudiese ser de nuevo pasada por alto. Lo que parece claro es que por esas fechas se hacía cumplir la normativa referente a las alturas, así en el mismo capítulo de Barcelona se castiga al prior del convento de Colonia a corregir el coro según las prescripciones establecidas en el capitulo celebrado en Toulouse en 1258 «Non faciant edificia nisi humilia et mediocra et secundum formam constitutionis»49. Por otro lado, y en el mismo sentido, creemos interesante señalar que los trabajos de la cubierta se realizarían, al menos en su inicio, bajo el generalato de Humbert de Romans (1261-1263) que como se ha indicado destaca por ser una de las etapas en que la orden se empeña, de manera clara, en el cumplimiento de las normas y en la persecución de su incumplimiento. Por último no se debe olvidar que por estas fechas, y desde 1240, Ramon de Penyafort, residía retirado en el convento, del cual era hijo, liberado ya de las obligaciones del generalato (1238-1240)50. La presencia entre la comunidad barcelonesa del futuro santo parece que no debiera facilitar el incumplimiento de las normas, y si en cambio su estricto acatamiento. El levantamiento de un edificio plenamente gótico en estas fechas no sólo resultaría una 62 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Ernest Ortoll i Martín El uso de claves de bóveda de madera en edificios medievales no es del todo inusual, si bien nos encontramos faltos de una bibliografía al respecto. Aquellos ejemplos que he podido recoger del ámbito de la Corona de Aragón se fechan mayoritariamente en el siglo XV y en algún caso con posteriroridad118 pero desconocemos si su uso es propio de este siglo o ya era usual en siglos anteriores. Los diversos asedios y bombardeos que sufrió la ciudad a finales del siglo XVII e inicios del XVIII causaron importantes desperfectos en el convento119, viéndose afectado algún sector de la nave de la iglesia, así, si bien en el Lumen Domus al hablar de los daños y reformas efectuados en la iglesia únicamente se habla de las vidrieras, las paredes y la bóveda del presbiterio120, según el libro de benefactores del convento el que fue prior Tomás Ripoll hizo reparar el techo de toda la iglesia en 1714121. Todo indica que esta restauración de la cubierta de principios del siglo XVIII, la importancia de la cual desconocemos con precisión, es la que llegó hasta la destrucción de la iglesia en 1837. Así la uniformidad de la cubierta es uno de los aspectos que destaca Casademunt en su descripción122. El Lumen Domus también da otras noticias no directamente relacionadas con la cubierta pero que aportan algunos datos sobre la construcción de la iglesia, como es el campanario, que pueden ayudar a dar alguna pista sobre el proceso constructivo. Este texto considera que la torre es posterior a la obra de la iglesia, que en un primer momento existía uno más pequeño para una sola campana, de acuerdo con alguna prescripción capitular, ubicado en el ángulo derecho de los pies de la iglesia y que el actual se había erigido entre los contrafuertes siendo de obra diferente123. Pero Camprubí no precisa la fecha, si bien el mismo autor da noticia de que las campanas «que ara son» se hicieron en tiempo del prior fray Miquel Puig, en 1403124, y parece desprenderse del texto que eran las primeras que se colocaban, hecho que nos lleva a pensar que éste debió concluirse en fechas no demasiado lejanas. La construcción de un nuevo campanario parece tomaría sentido en una campaña de mejora de la iglesia, si el primero había quedado desfasado es posiblemente porque la nave había sido ampliada o modificada y no se compenetraba con la obra moderna125, y en este sentido la ejecución de un tabernáculo para la imagen de la patrona del convento, llevado a cabo por el pintor Ponç Colomer y fechado entre 1413 y 1414126, y la noticia de retablo mayor dedicado a santa Catalina fechado hacia 1436127 podrían suponerse como la finalización de dicho proceso. La serie de puntos que hemos ido tratando creemos permiten entender que la iglesia de Santa Caterina, y con ella su cubierta, sufrió alguna modificación, y en este sentido el uso de un nuevo sistema tendría que haber supuesto algún cambio en la estructura del edificio o en el sistema de soportes. A partir de los planos y dibujos que nos han llegado del edificio se hace difícil poder precisar estas supuestas modificaciones, si bien se observan diferencias en la longitud de algunos tramos, que ya han sido recogidas128, éstas no suponen problema alguno para la cubierta. En la descripción de la iglesia del Lumen Domus se hace referencia a algunos aspectos de la obra a tener en cuenta: 118. En el Museu Diocesà de Barcelona se conservan cinco claves procedentes de El Toro (Valencia) (J. AINAUD DE LASARTE, «Cinc claus de volta», Millenum. Història i Art de l’Església catalana. Barcelona, 1989, p. 352-353) que forman conjunto con otras dos actualmente en el Museo Catedralicio de Segorbe. Si bien se creía que procedían de El Toro, últimamente se ha apuntado la possibilidad que en origen estuvieran en la catedral de Segorbe (R. RODRÍGUEZ CULEBRAS, «Círculo de Pere Nicolau. Pentecostés. Evangelistas y Marcos», Fondos del Museo Catedralicio de Segorbe, Valencia, 1990, p. 5052). En el Museu Santacana de Granollers se guardan tres ejemplares procedentes de Santa Maria de Jerusalem de Barcelona (F. SANTACANA, La Enrejolada, Barcelona, 1929, p. 8, láms. 33 y 37), otro en el Museu Frederic Marès de Barcelona de origen desconocido (Fons del Museu Frederic Marès / I Catàleg d’Escultura i Pintura Medievals. Barcelona, 1991, p. 366-367, núm. 349 –MFMB 932–). También de origen desconocido son las dos claves de las colecciones Bertrán de Barcelona (Col·leccions Bertrand als Museus de Barcelona. Barcelona, 1985, núms. 131.152 y 131.153). Todas estas claves son de formato plano, para ser colgadas, parecidas pues a las que supuestamente había en Santa Caterina. Solución que parece diferente a la que encontramos en las claves de la nave central de la catedral de Girona, donde el relieve de madera se inserta en la clave de piedra con vaciado interior (J. CALZADA OLIVERAS, 1975, p. 56-58). 119. Es el caso del asedio de 1697 «[...] queda arruinada la llibreria, enfemeria, Dormidor gran, tota la Sagristia, lo Presbiteri y sagristietas de la capella dl SS. moltas celdas al cap del dormidor gran, y per ultim tot lo convent era una montanya de ruina. vidrieras de la Iglesia ab totas las del convent acabades. Caygué un arch sobre del altar major, molts estragos en las parets de la Iglesia, en los claustros, y demes del convent», Lumen Domus vol. II, f. 595. 120. Ibídem, f. 601 «y un raig dels archs que tiran a la clau del presbiteri lo qual caygué tocat de una bala». Las obras de restauración datan de 1715 y el sector de la bóveda del coro se realizarían en el mes de septiembre. 121. «Conventum hunc bellorum clade dirutum precipue anno 1714 ante et post Generalatum, restaurabit, refecit, et in Meliorem formam redegit; ipsius totaliter omnia tecta, navis trabibus et tegulis, nova fecit. Ecclesiam reparto tot tecto, ejusque area vel solo ex dolatis, et perpolitis lapsibus strato», Llibre de Memorias, f. 24. 122. J. CASADEMUNT, 1886, p. 30. 123. «Y crech que en asso los fundadors se descuydaren al principi la reho es que en tota la Iglesia no trobaran siti ni fonament particular per fundar dit campanar sino tant grans son los fonaments y paret y pilars de una part com de altra. Crech que pensaven solament fer un colomar pus no podien (per raho de la nostra constitucio) tenir sino una campana ara sie ab intent, ara sie ab intent de mentres se feia la obra del campanar tenian en lo ultim estrem o anjua de la Iglesia a la part del claustro de defora o pati a la ma dreta entrant a la Iglesi i estave en lo lloch que esta encara assenyalat ab una pedra cavada en dit extrem sobre las capellas de las banda de sant Joan y de Sant Pere Martir est y avia un pilar sobre la paret y la campana estava allí y per tocarla y estar prop della avia una cambreta (que encara se coneix) alli matex hont es ara la finestra del cor de aquella part asso que dic ara es de la cambra. De manera que dit campanar se feu aprés de la obra de la Iglesia. Com se pot probar ab la matexa obra perque primerament e falta diligentia ab un mestre de cases expert lo qual diu lo matex per respecte que lo caracol de dit campanar es cosa afegida ab lo estrep començant des del paviment de la iglesia fins al terrat y teulada de dita Iglesia. Los quals estreps ja estaven fets y encara se coneix evidentment la afegidura y germandat se feu despres y axi carrega dit campanar sobre los dits esterps y arcs de las dos capelles de Sta. Anna y St. Jaume la obra de dit campanar ja dexa veura quala es quant se sia fet y quant no», Lumen Domus, vol. 1, f. 26. Si bien las constituciones no hablan del campanario, en el capítulo general de París, de 1251, se indica «quod non habeamus unam campanam ad omnes horas et hoc ponatur in fine capituli de offio ecclesie». Sobre el campanairo se ha apuntado: «La torre, por su forma singular, comparada con la generalidad de las que existían en Barcelona, y por la manera particular que descansaba, indica claramente era extraña al plano primitivo de la obra» (J. CASADEMUNT, 1886, p. 30). 124. «Item feu lo sobredit prior las campanas que ara son, a lo menos es cosa certa que la major la feu fer. pus en un retol impres ab la matexa campana esta dit prior escrit de molde y lo any que se feu. En lo altro retol esta un lletrero mentem sanitam spontanea ett tambe esta impres lo segell del convent que es una Sa. Catherina. fonch beneida al ultim die de febrer y era lo dia de la cendra per lo dit bisbe major, que segons axo ni auria altre de anell, y ni diu qua. pesa dita campana anomenada cath ª dotze quintars y, trenta lliures. Començaren la a tocar lo primer diumenge de quaresma en las matinas a mija nit. pq exos quatre dies la guarniren. En la campana xia lo segon, que diem estan tambe dos cercols ab lletreros lo un diu Xpq vincit et lo segon ecce crucem domini fugite per y una creu. y la començaren a tocar aldia de pascha de resurrehio del matex any. pesa .7. quintars menos nou lliures», Lumen Domus, vol. II, f. 55. 125. Posiblemente el antiguo campanario subsistió unos años después de la construcción del nuevo, así en los dibujos de la ciudad de A. van der Wingaerde de 1563 parece apreciarse una pequeña torre en el muro norte y tramos más occidentales de la nave (véanse figs. 11 y 12). 126. J.M. MADURELL MARIMON, «El pintor Lluís Borrassà, su vida, su tiempo, sus seguidores y sus obras», Anales y Boletín de los Museos de Arte de Barcelona, vol. VII, (1949), p. 115, vol. X, (1952), p. 209-210, doc. 659 y p. 214-215, doc. 667 (AHPB, Bernat 63 LOCVS AMŒNVS 2, 1996 Algunas consideraciones sobre la iglesia de Santa Caterina de Barcelona En lo que toca ala obra deles capelles de la dita Iglesia no sera fora proposit dir alguna cosa dellas per alguna difficultat que delles se te perque quant se edificava la dita iglesia no feyan pilars que ara servexen de repalles als altars de les capelles per respecte que los devia aparexer tidria força per sustentar la machina de la navada. Esta es la dificultat si se feia leshores juntament com estan ara los dits pilars y se prova molt clarament que no perque, conforme parer de un mestre de cases molt expert y valent oficial, son estats dits pilars tots a la una afegits en diversos temps y dos vegades cada un y se veu distintament las dos afegiduras, ab dos maneras de obra y diferent pedra, picada ab diferent llavor y architectura de aquies que abans solament al principi feyan a manera de uns pilars ab los quals estan encastats los bosells y obra ala cara dells, enves la Iglesia. ara sia per fortalesa de tota la fábrica, ara sia amplificant los pilars per arrimar alli los altars deles capellas de qualsevol manera que sia; és cosa certa que la dita afegidura se es feta après y es més obra moderna: encara que no de molt129. Según el texto, pues, debemos entender que las paredes de las capillas laterales, es decir los contrafuertes, sufrieron un alargamiento en dos ocasiones, detectándose en el cambio de obra. Esto crearía una capillas de mayores dimensiones, pero a la vez cabe pensar que la necesidad de ampliar los contrafuertes vendría dada por la sustitución en el sistema de cubierta, así el cambio de un sistema de vigas sobre arcos perpiaños haría necesario un refuerzo de los soportes. Lo cierto es que a partir del material gráfico conservado, en la parte baja de los contrafuertes se puede observar un alargamiento debido posiblemente a la apertura de los pasadizos en época moderna130, que parece creó unos pequeños contrafuertes en el muro del claustro y no detectables en el muro sur debido a la ejecución de la nuevas capillas en época barroca. Pero el Lumen Domus nos habla de dos alargamientos. Lamentablemente, como ya se ha indicado en las diversas descripciones del convento, no se encuentra la relación de las claves de las capillas, elemento que podría ayudar a esclarecer este punto131. La ampliación de las capillas que suponemos para Santa Caterina, es un proceso bastante usual, que se da también en la iglesia de los franciscanos de Barcelona132. El claustro de Santa Caterina, pegado a la iglesia, ya aparece documentado en el siglo XIII, pero todo parece indicar que éste no es el que llegó hasta el siglo XIX, sino que posteriormente fue derruido y en el mismo lugar se levantaría otro en fecha posterior133, su mayor parte en el siglo XV. Así, una posible ampliación de la capillas hubiese supuesto la destrucción del sector del claustro adosado a la iglesia y pronto su destrucción total y el inicio de uno nuevo. En resumen, son bastantes los datos que nos hacen proponer una cubierta con bóvedas ojivales posterior a las fechas hasta el momento defendidas para Santa Caterina, y si bien es cierto que no podemos para ella precisar una fecha concreta, todo parece indicar que se realizaría a lo largo del siglo XIV. La nueva cubierta formaría parte de un conjunto de mejoras que reformaron de forma importante la iglesia y otras dependencias del convento, y que a grandes rasgos perduraría hasta el siglo XIX. Con anterioridad a dichas reformas todo indica que la iglesia iniciada entorno a 1240 y concluida a finales del siglo XIII poseería una cubierta con arcos perpiaños de acuerdo con el resto de fábricas coetáneas de las órdenes mendicantes de la Corona de Aragón. Nadal, leg. 3, man. años 14131414, f. 20 v. y leg. 1, man. años 1414-1415, f. 55). 127. «Item fonch prior del present monestir successivament lo pare mestre frare Jaume de sant Joan fill del convent enlo any de 1436 y 1439. y enlo primer any se feu lo Retaule que es ara de Sª Catherina enla nostra Iglesia», Lumen Domus, vol. 1, f. 58. 128. J. CASADEMUNT, 1886, p. 30. 129. Lumen Domus, vol. 1, f. 20 y 21. 130. «pero la uniformidad del passadiço de dicha Iglesia en ambos lados solo habrà algunos treynta, y tantos años porque el P.M. Moxet arriba nombrado en el priorato primero que empeço al octubre de 1641, y solo sinco años antes se quitaron las rexas, y assi falso es que dicho passadiço, ni su uniformidad se conserve habrà mas de 400 años», Lumen Domus, vol. II, f. 525. Casademunt apunta: «Poseían éstas –las capillas– el paso que corría longitudinal-mente á la iglesia arrimado al muro del fondo, caso sin ejemplar en obras de su época y para el cual fué preciso prolongar los estribos para contrarrestar el empuje supliendo la depresión que sufrían al perforarlos» (J. CASADEMUNT, 1886, p. 30). 131. Véase nota 57. 132. En este caso sólo se pudieron ampliar las de un lado, ya que el opuesto quedaba condicionado por el claustro antiguo (A.M. GINÉ I TORRES, 1988, en especial p. 229). 133. R.M. ANDRÉS BLANCH, 1987, p. 62-70.