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¿Qué es la Insula Capraria de Plinio?

Tejera Gaspar, Antonio

Abstract

Planteo en este trabajo que el nombre de la Insula Capraria que figura en el texto de Plinio, VI, 37, 202-205, no se corresponde con la etimología tradicional de «Isla de las cabras», sino que debe proceder del etnónimo caprarienses, correspondiente a una tribu y a unos montes de igual nombre, ubicados imprecisamente en la Mauritania Cesariense.

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Resumen Planteo en este trabajo que el nombre de la Insula Capraria que figura en el texto de Plinio, VI, 37, 202-205, no se corresponde con la etimología tradicional de «Isla de las cabras», sino que debe proceder del etnónimo caprarienses, correspondiente a una tribu y a unos montes de igual nombre, ubicados imprecisamente en la Mauritania Cesariense. Palabras clave: Plinio, islas Canarias, etimología. A Alberto Díaz Tejera In memoriam El texto de Plinio relativo a las Fortunatae Insulae, recogido en el libro VI, 37, 202-205, de su obra Naturalis Historia, ha sido manejado e interpretado de manera reiterada desde que los primeros cronistas e historiadores de las islas Canarias aluden a él, buscando alguna referencia precisa sobre el conocimiento que los romanos tuvieron de este archipiélago atlántico. El resultado final de esas exégesis ha aportado alguna luz para su mejor lectura, pero no menos confusión también, al tratar de inferir algo seguro sobre el conocimiento que de ellas se tuvo en la antigüedad. Para una mejor comprensión de este problema, remito al lector a algunas publicaciones donde el texto ha sido ampliamente analizado y estudiado con minuciosidad1. 1. Agradezco las indicaciones hechas al texto por el profesor titular de Filología Griega de la Universidad de La Laguna, prof. Luis Miguel del Pino Campos, así como a José A. Delgado Delgado, profesor de Historia Antigua de la misma universidad. Sobre el texto de las Fortunatae Insulae, ver J. ÁLVAREZ DELGADO, «Las islas Afortunadas en Plinio», Revista de Historia, 69, 1945, p. 26-61; J.Mª BLÁZQUEZ, «Las Islas Canarias en la Antigüedad», Anuario de Estudios Atlánticos, Madrid-Las Palmas, 1977, p. 35-50; A. HERRERA PIQUÉ, «Las islas Canarias en la Antigüedad», Revista Aguayro, 167, septiembre-octubre, 1986, p. 19-26; A. CABRERA PERERA, Las islas Canarias en el Mundo Clásico, Viceconsejería de Cultura Faventia 23/2, 2001 43-49 ¿Qué es la Insula Capraria de Plinio? Antonio Tejera Gaspar Universidad de La Laguna Departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua [email protected] Data de recepció: 19/6/2000 Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 43 El objeto de este trabajo es hacer algunas consideraciones sobre el nombre de la isla Capraria que figura citada por dos veces en el Islario pliniano, el más antiguo y completo que conocemos sobre este archipiélago, que a continuación transcribo, según la versión de V. Bejarano: Hay quienes opinan que más allá de éstas (las Purpurarias) están las Afortunadas y algunas otras, entre las cuales el mismo Seboso, que expresó también las distancias, asegura que Junonia dista de Cádiz 750.000 pasos y que a otros tantos en dirección al Ocaso están Pluvialia y Capraria; que en Pluvialia no hay otra agua que la de lluvia; que a 250.000 pasos de éstas se encuentran las Afortunadas enfrente del costado izquierdo de Mauretania en el rumbo de la octava hora del Sol, que se llaman Invalle por su suelo ondulado y Planasia por su aspecto, que el contorno de Invalle es de 300.000 pasos y que en ella crecen árboles de una altura de ciento cuarenta pies. Juba averiguó sobre las Afortunadas lo siguiente: que también están situadas bajo el Mediodía cerca del Ocaso a 625.000 pasos de las Purpurarias, de suerte que hay que navegar por encima del Ocaso 250.000 pasos y a continuación se busca el Orto durante 375.000 pasos; que la primera, sin rastro alguno de edificios, se llama Ombrion; que tiene entre los montes un pantano artificial y unos árboles parecidos a la cañaheja de los que se obtiene agua exprimiéndolos, de los negros amarga y de los más blancos agradable de beber; que la segunda isla se llama Junonia y en ella hay un templecillo construido únicamente con una sola piedra; que muy cerca está la isla menor del mismo nombre y a continuación viene Capraria plagada de lagartos; que a la vista de ellas está Ninguaria que ha recibido este nombre de sus nieves perpetuas, cubierta de nubes, que la más cercana a ésta se llama Canaria por la cantidad de canes de enorme tamaño, de los cuales se le trajeron dos a Juba; que en ella aparecen vestigios de edificaciones; que, si bien todas abundan en cantidad de frutas y de aves de toda clase, ésta asimismo abunda en palmeras productoras de dátiles y en piñas piñoneras; que hay también abundancia de miel y que se cría también el papiro y esturiones en los ríos; que estas islas están infestadas de animales marinos en putrefacción, que arroja a tierra continuamente la marea2. En la primera parte del texto, Plinio alude al derrotero del latino Estacio Seboso, que sitúa esta isla en dirección al Ocaso, a unos 750.000 pasos de Cádiz, en la misma orientación en la que nuestro autor la ubica también, al describir las islas Afortunadas que el rey Juba II de Mauritania había mandado explorar en el tránsito del siglo IaC y IdC. 44 Faventia 23/2, 2001 Antonio Tejera Gaspar y Deportes, Gobierno de Canarias, 1988; A. DÍAZ TEJERA, «Las Canarias en la Antigüedad», en F. MORALES PADRÓN (ed.), Canarias y América, Sevilla, 1988, p. 13-32; E. GOZALBES, «Sobre la ubicación de las Islas de los Afortunados en la Antigüedad Clásica», Anuario de Estudios Atlánticos, 35, 1989, p. 17-43; M. MARTÍNEZ, Nuevos estudios de Historia Canaria. Las Islas Canarias de la Antigüedad al Renacimiento. Nuevos aspectos, Ed. Cabildo de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1996; V. MANFREDI, Las Islas Afortunadas. Topografía de un mito, Ed. Anaya y Mario Muchnik, 1997. 2. V. BEJARANO (ed.), «Hispania Antigua en la Historia Natural», Fontes Hispaniae Antiquae, fasc. VII, 1987, p. 135-136. Ver también M. MARTÍNEZ, s.v. «Capraria» en la Gran Enciclopedia Canaria, Ediciones Canarias, 1996, p. 820. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 44 Con relación al nombre de Capraria, el ilustrado Viera y Clavijo había hecho suya la hipótesis de Saumaise y P. Hardouni, en el sentido de que este nombre podría tratarse de una corrupción atribuida a Plinio, quien seguramente escribiría Savrariam (sic), término alusivo al número de lagartos, considerando que este étimo resultaría más aceptable que el de la «Isla de las cabras», con el que generalmente se le ha asociado3. Esta idea, sin duda sugerente, aunque hizo poca fortuna entre los otros estudiosos del problema, ha sido rebatida por Alejandro Cioranescu, editor de la obra del historiador tinerfeño Viera y Clavijo Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, en la nota 5 de la página 81, correspondiente a la octava edición que yo he manejado, donde dice al respecto: Estas explicaciones parecen algo confusas. Saumaise suponía que en el texto consultado por Plinio, la isla se llamaba Savraria, en griego «Isla de los lagartos». Como la S griega se escribía como Clatina, imagina Saumaise que Plinio debió de equivocarse y leer Capraria donde decía Sauraria. La enmienda es ingeniosa; pero el nombre de Sauraria no deja de ser simple hipótesis. Por otra parte, la correspondencia con los caprarienses de Mauritania, en región desconocida es significativa. No es cierta la relación de este nombre con la presencia de cabras; puede ser como en el caso de Canaria, simple acercamiento debido a una etimología popular4. Las interpretaciones del texto de Plinio se han orientado tradicionalmente a reconocer en él cada una de las siete islas que conforman el archipiélago canario, ubicándolas en ocasiones de Oriente a Occidente; otras veces en sentido contrario y, en la mayoría de los casos, haciéndolo conjuntamente y seleccionando de manera arbitraria los nombres de las islas, según la conveniencia de cada autor a la hora de su interpretación. Cuando la lectura del derrotero pliniano se ha hecho desde el Ocaso al Orto, la Insula Capraria se ha asociado con El Hierro, por la abundancia de lagartos existentes en esta isla, haciendo coincidir su nombre con la expresión lacertis grandibus refertam del texto de Plinio (H.N, 204). A estos reptiles aludieron también los cronistas normandos en la visión liminar que en el medievo se tuvo de esta isla, a raíz del viaje exploratorio realizado en torno a los años 1403-1404, cuando dicen que «se encuentran lagartos grandes como un gato, pero no hacen ningún daño y no tienen ningún veneno»5. Esta referencia a su fauna característica aún hoy coincide también con la de Plinio, lo que ha dado pie a relacionar con bastante seguridad ambos términos. Sin embargo, el descubrimiento reciente de lacértidos de ¿Qué es la Insula Capraria de Plinio? Faventia 23/2, 2001 45 3. C. SAUMAISE, Caii Plinii Secundi Naturalis Historiae tomus primus (-tertius), 1669, Leiden, 3 tomos; J. VIERA Y CLAVIJO, Noticias de la Historia General de las Islas Canarias. Introducción por A. Cioranescu, 1982 (8ª edición), p. 81. 4. A. Cioranescu, nota 5, p. 8, en J. VIERA Y CLAVIJO, Noticias de la Historia General de las Islas Canarias. Ver E. CAT, Essai sur la province romaine de Maurétanie Césarienne, en Ernest LERROUX (ed.), 1891,París, p. 23, 77 y 256. En el capítulo III, en la p. 23, este autor se refiere también al hallazgo en la ciudad argelina de Medea de una lámpara con la inscripción CAPRARI, que atribuye asimismo al nombre de una tribu que habitaba en las cercanías de este lugar. 5. A. CIORANESCU (ed.), Le Canarien. Crónica francesa de la conquista de Canarias, 1980: texto 64, p. 61. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 45 gran tamaño en La Gomera, así como otros también de características similares sobre los que los biólogos suponen de su existencia en La Palma, hace bastante endeble este argumento para asociarla de forma precisa con la del naturalista latino. Y como quiera que estas tres islas, El Hierro, La Palma y La Gomera, forman parte del grupo de las occidentales, cualquiera de ellas podría asociarse con la citada Capraria. Cuando, por el contrario, el texto se ha interpretado siguiendo una derrota de Oriente a Occidente, al margen de cómo figuran descritas las islas en él, esta asociación se ha hecho con Fuerteventura, buscando su etimología en el nombre latino de cabra, capra, de donde se hacía derivar aquél, resultando aún más fácil este otro binomio Capraria-Fuerteventura, al tratarse de una isla donde estos animales fueron siempre muy numerosos, según las primeras descripciones de los cronistas normandos Pierre Bontier y Jehan Leverrier, quienes en 1403 dejaron constancia de que «el país [Fuerteventura] está lleno de cabras, tanto domesticadas como salvajes; y cada año se podrán, de hoy en adelante, tomar 30 000 cabras y aprovechar la carne, el cuero y la grasa. Y las carnes de las cabras de aquí son tan limpias y más tiernas y más sabrosas que las de ovejas en otras partes»6. De este modo, el nesónimo Capraria se ajustaba mejor a su denominación, por la presencia numerosa de estos animales. Esta etimología popular ha sido, sin duda, la que ha hecho más fortuna, hasta el punto de que la mayoría de los autores que han analizado el texto la han considerado como una de las islas más seguras de reconocer en el Islario pliniano, junto a Ninguaria y Canaria. Como he señalado, A. Cioranescu creía que la existencia de una tribu magrebí, conocida como los caprarienses, así como también la de unos montes norteafricanos con igual denominación, era un buen argumento para plantear un origen distinto al aceptado comúnmente para explicar el de este nesónimo. En la obra de Jehan Desanges, Tribus africaines de l’antiquité classique7, se hace en efecto referencia a unos montes y a una tribu de los caprarienses, según recoge el libro XXIX de la Historia del escritor latino Amiano Marcelino, en torno al 374 (s. IV dC). A los montes se alude en el siguiente párrafo: «Qua causa declinans perniciem proximam Firmus, licet praesidiorum magnitudine communitus, relicta plebe quam coegerat magnam mercede, quoniam latendi copiam nocturna quies dedit, Caprarienses montes longe remotos penetrauerat et diruptis rupibus inaccesos» (XXIX, 5, 34). Y más adelante, con el mismo nombre a una tribu, vecina de los Abannae o Abanni: «Theodosius nullique ad eum...euntium parcens, mundiore uictu stipendioque milite recreato, Caprariensibus Abannisque eorum uicinis proelio leui sublatis, ad municipium properauit...ense [...]» (XXIX, 5, 37). No queda clara en ningún caso la ubicación de estos montes ni tampoco la de esta etnia, que S. Gsell ha identificado con unos pueblos que habitaban en los bor46 Faventia 23/2, 2001 Antonio Tejera Gaspar 6. Ibídem, texto 69, p. 65. 7. J. DESANGES, Catalogue des tribus africaines de l’antiquité classique à l’ouest du Nil, Dakar, 1962, p. 43 y 49. Ver también del mismo autor la voz «Caprarienses», en Encyclopédie Berbère, vol XI, Bracelets-Caprarienses, 1992, p. 1756. Amiano Marcelino, Histoire, VI. L. XXIX-XXXI, introducción, texto y traducción de Guy Sabbah, París: Les Belles Lettres, 1999. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 46 des del Atlas sahariano, más allá del lago Hodna, al sur de Msila, en la provincia argelina de Constantina, basándose seguramente en la referencia que hace el texto sobre la cercanía de los etíopes, lo que le induciría seguramente a ubicarlos por esta zona, aunque algunos autores como P. Romanelli los sitúan aún más al sur. En la Tabula Peutingeriana, por su parte, se señala a los habitantes de una Capraria, que distaba unas siete millas de Thibilis (Annoûna, Argelia)8. Ambas denominaciones, ya se trate de un accidente geográfico, y de manera singular del nombre de una tribu, me parecen un hecho relevante, ya que de ser así, el nombre de la Insula Capraria podría derivar también de un etnónimo, como así parece hoy confirmado el de Canaria, que figura en el texto citado ut supra. En este caso, en el Islario de Plinio contaríamos con dos términos asociados con sendas tribus magrebíes, la de los caprarienses, situados en un lugar impreciso del Atlas argelino, y la de los canarii, que daría nombre a Canaria, explicado por el correspondiente a la tribu de este nombre que Plinio sitúa en el Atlas marroquí. Resulta inevitable que cualquier referencia a este texto haya de asociarse con el tan debatido problema del poblamiento de las islas Canarias en la antigüedad, tratando de encontrar en él alguna evidencia, por pequeña que sea, para saber si las islas estaban ya habitadas cuando Juba II de Mauritania ordena la expedición de reconocimiento a estas tierras extremas de ultramar, que durante el Imperio romano serían el Finis Terrae del mundo conocido por Occidente; o incluso mandadas a poblar por él, como propuso J. Álvarez, al defender la hipótesis de que el poblamiento de este archipiélago pudo ser consecuencia de la deportación de etnias africanas traídas a Canarias en una fecha que podría fijarse en el tránsito del cambio de era: «Juba II de Mauritania, por mandato y con consentimiento de Augusto, a cuyo imperio pertenecían, las pobló y colonizó con gétulos del África cercana en el último cuarto del siglo IaC»9. En ese supuesto y siguiendo su propuesta, cabría pensar que algunos de los nombres de las islas los recibieran de las tribus que a ellas se trajeron, junto a otros como el de Junonia, asociado a la diosa Juno; o el de Ninguaria, que con seguridad se puede vincular a Tenerife, donde se reconocen algunas características orográficas singulares, como la clara referencia al Pico del Teide, de 3.710 m de altitud. ¿Qué es la Insula Capraria de Plinio? Faventia 23/2, 2001 47 8. En la nota 169, p. 201, correspondiente al tomo VI de la edición de la obra de Amiano Marcelino de la edición de Les Belles Lettres que hemos utilizado, se dice que el argumento manejado por los autores citados en el texto para ubicar a los caprarienses es que Teodosio se encontraba probablemente en la ciudad de Auzia, perteneciente a la Mauritania Cesariense, en el Atlas argelino, en una posición estratégica central en relación a las diferentes zonas de la rebelión, por lo que es de suponer que ésta pudo haber sido el área ocupada por esta tribu, según lo recoge S. GSELL en «Observations géographiques sur la révolte de Firmus», Recueil des notices et mémoires de la Societé archéologique de Constantine, 1903, 36-37, p. 21-52. 9. J. ÁLVAREZ DELGADO, «Leyenda erudita sobre la población de Canarias con africanos de lenguas cortadas», Anuario de Estudios Atlánticos, 23, 1977, p. 51-81. Ver también A. TEJERA y A. CHAUSA «Les nouvelles inscriptions indigènes et les relations entre l’Afrique et les îles Canaries», Bulletin Archéologique du C.T.H.S., nov., Sér. Afrique du Nord, fasc. 25, p. 69-74, París, 1999, en donde se hace referencia también al problema de la deportación de africanos a islas. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 47 Parece probado que la exploración de Juba y el reconocimiento de estas islas, ubicadas al occidente de la costa africana, se llevaron a cabo entre los años 25 aC al 24 o 23 dC, periodo que se corresponde con el mandato y posterior muerte de este rey, de origen bereber, que había nacido en la provincia africana de la Mauritania Cesariense. La fecha de su muerte, el 23 dC, coincide con la del nacimiento de Plinio el Viejo (23-79), naturalista e historiador latino, de quien la crítica histórica supone que su obra magna, Naturalis Historia, debió de haberse terminado de escribir en torno al 78 dC, un año antes de que muriera en Pompeya, con ocasión de la erupción del Vesubio. En ese tiempo habían pasado ya más de cincuenta años desde la exploración de Juba a las Fortunatae Insulae. A la vista del texto citado pocas cosas se pueden aportar, pero si de cierto podemos relacionar los nombres de Capraria con el de la tribu de los caprarienses, y el de Canaria con la de los canarii, dos etnónimos de tribus norteafricanas de igual denominación, que habitaban en aquellos territorios antes de llevarse a cabo la exploración de Juba, de donde derivarían tales denominaciones, ¿podría servirnos para explicar que en esas dos islas los expedicionarios romanos dejaron a unas etnias que respondían a igual denominación? Suele ser frecuente en efecto que los nombres de los lugares deriven del patronímico de las gentes que en ellos viven, aunque para el caso que nos ocupa no poseo ninguna respuesta. Sólo me atrevo a proponerlo como una hipótesis de trabajo o, si se prefiere, como una conjetura. De cualquier manera me parecía de interés plantear esta cuestión, o mejor aún, de replantearla, ya que había sido sugerida con anterioridad por A. Cioranescu10. 48 Faventia 23/2, 2001 Antonio Tejera Gaspar 10. G. Marcy, en el trabajo editado por J. ÁLVAREZ DELGADO, «Nota sobre algunos topónimos y nombres antiguos de tribus bereberes en las Islas Canarias... », Anuario de Estudios Atlánticos, 8, 1962, p. 11, se refirió a la asociación del nombre Canaria con el correspondiente de la tribu de ese nombre existente en el Atlas. Alejandro Cioranescu, por su parte, en la nota de la p. 119 de su edición de la obra de J. Viera y Clavijo Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, 1982 (8ª edición), se refiere también a la existencia de la tribu de los canarios en el Atlas marroquí. Pongo en corchetes las restituciones de algunos términos que no se corresponden a la cita textual de A. Cioranescu: «Al referir la expedición del pretor Suetonio Paulino contra los gétulos, en el año 41-42 de la era cristiana, Plinio, V, 1 [V, 15], dice que los romanos llegaron al sur hasta el territorio de una población llamada Canarii, “por ser el perro su alimento común, junto con la carne de las fieras” ([Canarios appellari] quippe victus [m] eius animales [lis] [5.16] promiscuum his [iis] esse, et dividua ferarum viscera). […] Según el mismo autor, estos canarios vivían al lado de los perorsos ([i] junctam Aethiopum gentem [,] quos Perorsos vocant, satis constat), que ocupaban el territorio al sur de los gétulos y de río Salsum, hoy Ouad-el Melh (Río Salado), o sea enfrente de las islas Canarias. El cabo Gannaria, mencionado por Ptolomeo en la costa africana, por 29º 11’ lat. N, o sea exactamente a la altura de las islas, debe estar relacionado con esta misma población, en que los investigadores modernos han reconocido a los Kamnurieh de los historiadores árabes. Parece evidente que fue una parte de este pueblo la que pasó a las islas, en una época indeterminada, pero probablemente hace unos 2000 años; y por su presencia se explica también el nombre de las islas. Es raro que este acercamiento, fácil de hacer por quien conocía a Plinio, no se le haya ocurrido al historiador canario; pero tampoco ha interesado a los investigadores modernos, por más que haya sido señalado ya por Vivien de SAINT-MARTIN, Le Nord de l’Afrique dans l’antiquité, París 1863, p. 106-109». Con posterioridad, otros autores se han referido a este problema. Ver J.J. JIMÉNEZ GONZÁLEZ, «Los canarios: una tribu beréber del Gran Atlas», Revista del Oeste de África, 3-7, Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 48 No se me oculta tampoco que, al no poder aportar datos más contrastados, los argumentos manejados resultan a la postre muy débiles, pero no es menos cierto también la conveniencia de proponer estas cuestiones, aunque sólo sea con la esperanza de que sirva en el futuro para avanzar en estos problemas que por ahora no tienen, como tampoco han tenido en el pasado, una solución sencilla. ¿Qué es la Insula Capraria de Plinio? Faventia 23/2, 2001 49 1985, p. 198-203; Los canarios. Etnohistoria y arqueología, Aula de Cultura de Tenerife, Museo Arqueológico, Cabildo de Tenerife, 1990; M. MARTÍNEZ, Nuevos estudios de Historia Canaria, Las Islas Canarias de la Antigüedad al Renacimiento. Nuevos aspectos, ed. Cabildo de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1966. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:42 Página 49