Felipe Poey, traductor de Pedro Mártyr de Anglería
Abstract
Carbón Sierra, Amaury B.
Full text
El sabio naturalista cubano Felipe Poey y Aloy, nacido en La Habana el 26 de mayo de 1799, hace exactamente dos siglos, y fallecido en esta capital el 28 de enero de 1891, fue no sólo un hombre de ciencias, a las que debe su gloria, sino también de letras. En su variada producción intelectual, un lugar relevante lo ocupa todo su quehacer relacionado con el latín, lengua que estudió sistemáticamente desde la primera edad en el Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde se graduó de Bachiller en Leyes en 1821 con una tesis en latín. Para que se tenga una idea del rigor con que se formó Poey en el conocimiento y manejo de esta lengua, baste decir que en el acápite 5 de la sección séptima de los Estatutos del Real Colegio dedicado a los estudios de Gramática y Retórica, se establecía que: Desde que sean quartianistas, no les será lícito hablar entre sí ni dentro de la clase, ni fuera de ella, sino en la lengua latina; y de lo primero cuidará con la mayor vijilancia el preceptor, y de lo segundo, el prefecto de estudios, y el pedagogo, corrijiendo y castigando con penitencias vergonzosas a los que hicieran lo contrario […]1 Lo cierto es que en el Seminario se formaron muy buenos latinistas como José Agustín Caballero y Félix Varela, iniciadores de la reforma filosófica en nuestro país, y el propio Poey, quien utilizó la lengua del Lacio no sólo en las actividades académicas de rigor, sino en su fructífera vida profesional, tanto docente como investigativa, ligada durante varias décadas a la Universidad de La Habana. No se debe pasar por alto que poco después de concluir el bachillerato, Poey se doctoró en Derecho, en Madrid (1822), y se hizo abogado; y que en París perfeccionó sus conocimientos de la lengua latina, imprescindibles para su labor científica —iniciada unos años antes—, sobre todo para la nomenclatura y la descripción de los nuevos géneros, especies y variedades de nuestra fauna identificados o estudiados por él y recogidos fundamentalmente en Historia Natural de la Isla de Cuba (1851-1861), publicada en dos volúmenes, y en Enumeratio piscium 1. Estatutos del Real Seminario de San Carlos, formados en 1769 (Nueva York, Imprenta de D. Guillermo Nowel, 1835, sección 7a, p. 80 y s.). Faventia 23/2, 2001 147-150 Felipe Poey, traductor de Pedro Mártyr de Anglería Amaury B. Carbón Sierra Universidad de La Habana Data de recepció: 12/7/2000 Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:52 Página 147
Cubensium (1868), en los cuales se consagra como padre de nuestras ciencias naturales y como autor neolatino. Pero, sin dudas, fue la traducción del latín al español, una de las actividades que más interés despertaron en el sabio cubano, quien incursionó tanto en la llamada científica, como en la que se denomina literaria de acuerdo con la intención primera con que se realiza; es decir, si se persiguen fines básicamente informativos, aunque sin renunciar a la mayor corrección y exactitud posible respecto de la lengua de partida, que es el caso de la científica o técnica; o si se trata de impartir a la traducción la cualidades de inspiración, poesía y belleza iguales a las del original —o al menos lo intenta—, lo cual es propio de la literaria o artística; si bien no faltan en una y otra caracteres comunes. El estudio de esta faceta en el humanista cubano puede ayudar a conocer la influencia formativa que la práctica del arte del transvase tuvo en él, pues —como se sabe— mientras la versión científica ensancha el campo de las ideas, la literaria enriquece la lengua del intérprete desde el punto de vista artístico y lingüístico. Felipe Poey vertió en prosa al español cuatro obras literarias de autores latinos analizadas en otro trabajo.2Son ellas la Égloga I y el episodio de Aristeo del libro IV de las Geórgicas, de Publio Virgilio Marón (70-19 a.n.e.), y de Quinto Horacio Flaco (65-8 a.n.e.), las Odas II y III del libro primero. En esta ocasión nos interesa poner de relieve las de carácter científico que hiciera de la obra histórica de Pedro Mártyr de Anglería (1455-1526). La primera traducción del latín al español de las «Décadas sobre el Nuevo Mundo» de Pedro Mártyr la publicó Poey en 1862, en el periódico mensual Cuba Literaria (La Habana, Imprenta La Antilla, t. 2). En ella presenta al autor y la obra con estas palabras: Pedro Mártyr, milanés al servicio de los Reyes Católicos, escribió en latín ocho décadas, que gozan de grande estimación, por ser de los primeros historiadores originales que han tratado de las cosas de América, pertenecientes al descubrimiento de tan vastas regiones, y testigo ocular en muchos casos.3 Sobre el carácter de su traducción agrega: Traduzco a continuación el libro 1ero. de la Década 1era. de este varón imparcial; no en su totalidad, sino brevemente compendiado en lo más importante, conservando lo que nos pueda dar a conocer el espíritu del siglo y la ingenua admiración de los habitantes de ambos mundos. Este espíritu, que constituye uno de los principales méritos de los historiadores modernos de primer orden, solo puede beberse en las historias primitivas.4 He aquí un fragmento: 148 Faventia 23/2, 2001 Amaury B. Carbón Sierra 2. Cf. «Felipe Poey, traductor de Virgilio y Horacio», Universidad de La Habana, 240, enero-julio, 1991, p. 104-140. 3. Cuba Literaria, periódico mensual, t. 2, La Habana, Imprenta La Antilla, 1862, p. 27. 4. Ibidem, p. 28. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:52 Página 148
Década I Libro I 1-Salió Colón de Canarias (Islas Afortunadas) con rumbo constante al sol de occidente, bien que inclinado a la izquierda navegado por espacio de 33 días y sin más espectáculo que el mar y el cielo. Sus compañeros españoles murmuraban en secreto, y al fin, abiertamente, tratando de matarlo y echarlo al mar, quejosos de que aquel hombre de Liguria los había engañado, y los llevaba a donde se les haría la vuelta imposible. Su furor fue manifiesto el día trigésimo tercero, y clamaban por la retirada. Mas Colón, lleno de esperanza, iba alargando el plazo, ya con palabras suaves aplacando los ánimos, ya haciendo presente que era caso de traición contra sus Majestades el atentar a su persona, y negarle la obediencia. Al fin descubrieron regocijados la deseada tierra.5 Aunque aún no se ha podido localizar acá el texto en latín para su cotejo, deben suponerse cumplidos los objetivos que se propuso Poey, dada su pericia como traductor de obras literarias y científicas, no sólo del latín sino también del francés y del inglés. Por lo pronto debemos conformarnos con apreciar la naturalidad de la expresión que la hace parecer como si fuera un texto escrito originariamente en castellano. Felipe Poey publicó también el propio año en la Revista Habanera (La Habana, año 1862, t. III) otros apuntes sacados de las tres primeras Décadas de Pedro Mártyr de Anglería y del opúsculo que tituló De insulis nuper inventis. Sobre el método seguido, veamos un ejemplo: 2dº. Estas islas gozan de un clima admirable. Lo que Pedro Martyr dice de la Española puede aplicarse igualmente a la isla de Cuba. Para no perder el sabor de la narración, cuando el autor se entusiasma, lo dejamos hablar en latín (salva la traducción entre paréntesis); lo que es tanto más oportuno cuanto que la lengua latina está demasiado abandonada en nuestros estudios; y es tiempo que empiece la reacción.6 He aquí un fragmento, que sigue al anterior, para que se pueda comparar la traducción con el texto original: Perpetuo gaudet vere, perpetuoque autumno felix haec insula. Frondescunt ibi toto anno arbores, y prata vivescunt (Goza esta isla afortunada de una perpetua primavera, de un otoño perpetuo. Los árboles conservan sus hojas todo el año, y los prados su verdura). Nulla est provincia, regio nulla, quae non sit celebris majestate montium, ubertate vallum, amoenitate collium et fluminum interluentium copia (No hay aquí provincia, no hay región alguna que no se haga notable por la majestad de sus montes, por la feracidad de sus valles, por la amenidad de sus colinas, y por los numerosos ríos que por sus valles discurren). Felipe Poey, traductor de Pedro Mártyr de Anglería Faventia 23/2, 2001 149 5. Loc. cit. 6. Revista Habanera, t. III, La Habana, p. 26. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:52 Página 149
Constat insula universa quatuor montium cacuminibus, quae mediam secant ab oriente in occidentem. Succosa cuncta, auro feracia cuncta, e quorum cavernis et faucibus universae aquae fluminum evomuntur. Sunt in eis antra horrenda sunt et tractim obscurae valles, sunt saxeae rupes. (Descuellan cuatro montes elevados que cortan toda la Isla de oriente á occidente. Todo es templado de humedad, todo es rico en productos auríferos. Sus cuevas, como otras tantas bocas abiertas, desembuchan todo el agua de los ríos. Allí hay cavernas horrorosas, hay valles oscuros, hay rocas calcáreas).7 Es evidente que Poey se ajusta en lo posible al texto de partida y sólo se aparta de éste cuando el no hacerlo afecta la eufonía de la frase, resta fuerza a ésta, o lo haría inferior al original, como ocurre en la versión de Constat por Descuellan, en que queda subrayada la idea. Si bien la muestra anterior resulta pequeña, los ejemplos citados son más que suficientes para poder formarse una idea de la labor de Poey y apreciar el mérito de su traducción, la cual responde a criterios verificados en la práctica por Poey no sólo en los fragmentos anteriores sino en otros textos vertidos por él al español. Confirman, además, el dominio de la lengua de partida y de la de llegada del traductor y su interés por las obras de Pedro Mártyr de Anglería, cuya descripción del viaje de Colón y de los árboles, frutos, yerbas medicinales, mamíferos y nombres geográficos de las islas del Nuevo Mundo fueron indudablemente de su agrado. Con su traducción parcial de las obras del cronista milanés, el sabio naturalista Felipe Poey, profesor de latinidad un tiempo en el colegio José de Luz y Caballero, autor neolatino y traductor literario del latín, inscribió también su nombre en la nómina de los traductores científicos de la lengua madre del español. 150 Faventia 23/2, 2001 Amaury B. Carbón Sierra 7. Ibidem, p. 26-27. Faventia 23/2 001-179 23/11/2001 15:52 Página 150