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Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Joan Bellavista Universitat de Barcelona. Spain Tim Turpin University of Wollongong. Australia Stephen Hill3 Oficina de la UNESCO para la Ciencia y la Tecnología en el Sudeste asiàtico. Jakarta, Indonesia Jesús M. de Miguel Universitat de Barcelona. Spain Resumen La organización de la investigación se transforma de forma rápida y profunda en la mayoría de países. Las fronteras tradicionales de la ciencia se cuestionan por la influencia de la industria y el gobierno. Estas afectan a multitud de países y la investigación científica se lleva a cabo mediante diferentes imperativos cualitativos como respuesta a mercados diferentes de los que predominaron durante las décadas anteriores. Aparece un espacio social donde se rediscuten las fronteras entre las culturas de investigación. Para muchos gobiernos, el impacto de los cambios del sistema científico en el desarrollo social y cultural se convierten en una prioridad. Las instituciones son más competitivas, más orientadas en lo comercial, más estratégicas, introduciendo prácticas y valores de gestión. En concreto se analizan los cambios que se operan mediante un análisis longitudinal de los casos de España y Australia. Palabras clave:ciencia, tecnología, política, sociedad, cultura, organización. Abstract.Researchers organizational culture and their political and social environment The organization of research is changing fastly in most countries. Research traditional boundaries are beeing questioned by industry and government. The latter occurs in many countries, and scientific research is carried out as an answer to new markets. There is a social space where research cultures’ boundaries are reviewed. For many governments, the impact of changes in the scientific system upon social and cultural development becomes a priority. Institutions are more competitive, commercially oriented, more strategy-involved, and acquiring management practices and values. In particular, the evolution of these changes are analysed for Spain and Australia. Key words:science, technology, policy, society, culture, organization. Papers 54, 199879-109 Ciencia, tecnología, organización Análisis comparativo longitudinal Aprendiendo de los antípodas Sumario
La base teórica del presente artículo se basa en la idea de que la cultura tiene poder en la vida de los seres humanos, en el día a día de las instituciones y en las estructuras organizativas formales o complejas1. La cultura es también el producto del pensamiento y de las ideas humanas2. Siguiendo a sociólogos clásicos como Simmel, y contemporáneos como Habermas y Bourdieu, la cultura es el producto objetivo del pensamiento y de la acción subjetiva. Desde esa perspectiva aparece la tarea de explicar la dialéctica entre la cultura y las estructuras formales organizativas dentro de las cuales se encuentran3. La descripción del cambio en la investigación institucionalizada, descrita y contrastada con otras experiencias internacionales en el presente artículo, permite un contexto analítico para entender sociológicamente las relaciones entre las tendencias internacionales y las estructuras organizativas y culturales particulares4. El presente análisis sociológico comparativo se basa en tres grupos de entrevistas en profundidad realizadas a investigadores e investigadoras, durante los años 1983, 1985 y 19915. Las entrevistas de 1983 se refieren a una muestra de veinte investigadores del área de Barcelona en un estudio financiado por la CIRIT6. Las de 1985 corresponden a una muestra de entrevistas en profundidad correspondientes a ochenta investigadores en Cataluña7. Las entrevistas de 1991 corresponden a treinta investigadores de la Universitat de Barcelona, realizadas para un estudio sobre la evaluación de la investigación de la CICYT8. 80 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 1. La hipótesis se discute en Jesús M. de MIGUEL (1979). El mito de la sociedad organizada. Barcelona: Península, 171 p. 2. Véase el reciente libro de Emilio LAMO DE ESPINOSA, José M. GONZÁLEZ GARCÍA, y Cristóbal TORRES (1994). La sociología del conocimiento y de la ciencia. Madrid: Alianza, 632 p. También se puede consultar Esteban MEDINA (1985). Conocimiento y sociología de la ciencia. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 345 p. 3. Cristóbal TORRES ALBERO (1994). Sociología política de la ciencia. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 239 p. 4. Un estudio de interés para comparar con el caso español es el de Jacqueline FORTES y Larissa ADIER LOMNITZ (1994). Becoming a Scientist in Mexico: The Challange of Creating a Scientific Community in an Underdeveloped Country (University Park, Pensilvania: The Pennsylvania State University Press, 225 p. 5. Una idea similar aparece en el ya clásico estudio de Joseph BEN-DAVID (1984). The Scientist’s Role in Society: A Comparative Study. Chicago: The University of Chicago Press, 209 p. Es una nueva edición (con una introducción adicional) de la de 1971. 6. El estudio de 1983 realizado por J. Bellavista, fue posible gracias a las ayudas a la investigación de la CIRIT, a quien se agradece la financiación. 7. Esas entrevistas son una muestra de las realizadas por J. Bellavista en el proyecto publicado en INSTITUT d’ESTUDIS CATALANS (1990). La recerca científica i tecnològica a Catalunya. Barcelona: Generalitat de Catalunya, 3 vols. El trabajo se realizó gracias a la financiación de la ClRIT y a la gestión del Institut d’Estudis Catalans. 8. Se agradece a la CICYT la financiación del proyecto de investigación del Plan Nacional PBS90-0160. Los resultados del conjunto del proyecto están publicados en J. BELLAVISTA, L. ESCRIBANO, M. GRABULÓS, C. VILADIU, E. GUARDIOLA y C. IGLESIAS (1993). Política científica y tecnológica: Evaluación de la investigación en la Universitat de Barcelona (Barcelona: Publicacions de la Universitat de Barcelona. Ver también, J. BELLAVISTA, L. ESCRIBANO, M. GRABULÓS, E. GUARDIOLA, C. VILADIU y C. IGLESIAS (1992). «Focussing the manage-
Los resultados de 1983 y 1985 se mezclan y se comparan con los de 1991. Se realiza así un estudio comparativo y evolutivo del estado de la investigación en aspectos de organización, financiación, formación, intercambio, evaluación, productividad y políticas de investigación del Gobierno central, del Gobierno de la Generalitat de Catalunya y de la Unión Europea. Los resultados se comparan posteriormente con los antípodas, la experiencia evolutiva del caso australiano, aprovechando el análisis realizado durante dos años en el Centre for Research Policy de la Universidad de Wollongong, en Australia9. Desde la sociología se observa que la investigación y las universidades cambian10. Todo ello se produce dentro de un contexto general de cambio social que trata de equilibrar los procesos de desarrollo económico con las desigualdades sociales11. Tanto en España como en Australia, la investigación se va sistematizando. Las instituciones se convierten en más competitivas, más orientadas en lo comercial y más estratégicas. Introducen prácticas y valores de gestión. Al mismo tiempo, esos cambios estructurales llevan a tensiones entre las estructuras del pasado —los departamentos universitarios y las unidades de investigación basados en disciplinas científicas— y las nuevas estructuras de investigación que son centros o institutos de investigación, así como redes de cooperación investigadora. Aunque los recursos públicos son cada vez menos esenciales, los gobiernos piden una mayor responsabilidad en el gasto. La política de investigación elige como objetivo las fronteras entre sectores y entre disciplinas12. Ciencia, tecnología, organización Los investigadores y las investigadoras del siglo XX se han tomado en serio el dictum de A.N. Whitehead de que «una ciencia que titubea en olvidar a sus funCultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 81 ment and evaluation of the R&D resources at the University of Barcelona». R&D Evaluation Newsletter 92.4, p. 7-10. También en J. BELLAVISTA, L. ESCRIBANO, M. GRABULÓS, E. GUARDIOLA, C. IGLESIAS, y C. VILADIU (1992). «La organización de la investigación en la universidad». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 59, p. 301-309. 9. Se agradece al Ministerio de Educación y Ciencia la financiación de la estancia de J. Bellavista en el Centre for Research Policy, centro especial de investigación del Australian Research Council, dedicado al estudio de las políticas científicas y tecnológicas y sus implicaciones sociales, lo cual ha hecho posible esta colaboración. 10. Un análisis organizacional puede verse en Jesús M. DE MIGUEL, Anatomía de una universidad: Para una Sociología de las Organizaciones. Barcelona: Dopesa, 1978, 139 p. 11. Se puede consultar el reciente estudio de la Fundación Foessa: Quinto informe sociológico sobre la situación social en España: Sociedad para todos en el año 2000. Madrid: Fundación Foessa, 1994, 2.313 p. 2 volúmenes; sobre todo el capitulo primero, Jesús M. DE MIGUEL: «La España del cambio» (p. 1-144). 12. Joan Bellavista (Departament de Sociologia, Universitat de Barcelona); Stephen Hill (director de la Oficina de la UNESCO para la Ciencia y la Tecnología en el Sudeste asiático. Jakarta. Indonesia); Tim Turpin (director Centre for Research Policy, University of Wollongong); Jesús M. de Miguel (Departament de Sociologia, Universitat de Barcelona).
dadores está perdida»13.La organización de la investigación en universidades e instituciones públicas de investigación sufre transformaciones rápidas e importantes en los últimos años en la mayoría de los países. Aunque no se puede hablar de un proceso cerrado, sí se puede observar que recientemente la ciencia se reorganiza en fórmulas nuevas. Las fronteras tradicionales entre disciplinas se cuestionan a través de un nuevo enfoque multidisciplinario en problemas de investigación aplicada. Éstos vienen definidos por instituciones fuera de las disciplinas científicas, como la industria y el gobierno14. En ese contexto multidisciplinario, los centros de investigación emergen como entidades estructurales de investigación que trascienden las fronteras científicas que previamente se mantenían con fuerza en los departamentos y facultades (Hill y Turpin, 1993)15. En estas nuevas fórmulas que afectan a multitud de países, la investigación científica se lleva a cabo mediante imperativos cualitativos diversos. Es la respuesta a mercados que son bastante diferentes de los que predominaron durante los años setenta y ochenta (Ziman, 1991, LaPidus y otros, 1993; Hill y Turpin, 1994)16. Estas nuevas estructuras científicas, y los imperativos que las conducen, alimentan el espacio social donde se vuelven a discutir las fronteras entre las culturas de investigación. Todo apunta a que ese debate continuará en el futuro. Las características son internacionales, pero se observan variantes locales. Gran Bretaña, por ejemplo, lleva a cabo lo que se ha dado en llamar una revolución de la «cultura empresarial» que está dejando huella en sus universidades e instituciones científicas (Aberchromby, 1991; Newby, 1992)17. En Europa, los nuevos acuerdos entre universidades, así como entre universidades e industria, transforman la investigación universitaria. Puntualizan así en áreas y disciplinas de investigación que poseen el potencial de dominar a las instituciones en vez de ser dominadas por éstas. Incluso en Asia el sistema científico —en China por ejemplo—toma una nueva apariencia empresarial. La experiencia asiática se caracteriza además por el conocimiento político de demandas globales de consistencia en materia de 82 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 13. Curiosamente este lema —aparentemente revolucionario— es adoptado por la sociología funcionalista, y propuesto como inicio de la famosa obra de Robert K. Merton sobre Teoría y estructura sociales. La contribución de Merton es básica para entender el desarrollo de la sociología de la ciencia en el mundo durante estas últimas décadas. 14. Un ejemplo aparece en Jesús M. DE MIGUEL (1991). «I+D en sociología». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 56, p. 167-196. 15. S. HILL y T. TURPIN (1993). «The formation of research centres in the Australian research system». Science and Technology Policy, 6 (5). 16. J. ZIMAN. (1991). «Academic science as a system of markets». Higher Education Quarterly, 45 (1); J. B. LAPIDUS, P. D. SYVERSON, y S. R. WELCH (1993). Postgraduate research training in the United States. Comunicación presentada en el US Council for Graduate Schools for the OECD Workshop on Research Training, Amsterdam; S. HILL y T. TURPIN (1995). «The clashing of academic symbols». Science as Culture. 17. H. NEWBY (1992). «New arrangements for the organisation and funding of research in the United Kingdom: An ESRC perspective». Centre for Research Policy, Working Paper, 5.
propiedad intelectual, tanto en sus prácticas como en los acuerdos y en la política a seguir18. Para muchos gobiernos la valoración e interpretación del impacto de los cambios del sistema científico en el desarrollo social y cultural se convierte en una prioridad. En España los cambios estructurales tienen un impacto en otras instituciones como las educativas, el empleo, sectores industriales, y en la forma en que los departamentos gubernamentales perciben la investigación yel desarrollo. Pero, al mismo tiempo, esas instituciones permiten el entorno social en el que las nuevas estructuras de investigación muestran su impacto cultural y social. La base teórica de la presente investigación parte de la idea de que la cultura tiene poder en la vida de los seres humanos, en la vida de las instituciones y en la de las estructuras organizativas formales. La cultura es también el producto del pensamiento y de las ideas humanas. Siguiendo a Simmel, y a otros autores más contemporáneos como Habermas y Bourdieu, la cultura es el producto objetivo del pensamiento y de la acción subjetiva. En consecuencia, no es especialmente importante que la cultura y la estructura sean construidas socialmente, sino que el tema fundamental está en el conflicto existente entre las dos. Habermas argumenta que la sociedad está cada vez más sistematizada. Las actividades de investigación y la producción y transferencia de conocimiento científico que se realiza en las universidades e instituciones de investigación, se sistematiza durante los años ochenta y sigue en los noventa (Hill y Turpin, 1994)19. Desde esa perspectiva es importante explicar la dialéctica entre la cultura y las estructuras formales organizativas dentro de las cuales se encuentran20. En la teoría social, la tecnología se concibe a menudo como un producto social (artefacto cultural) o como una delimitación para los productos del esfuerzo humano (tiranía de la tecnología)21. La tecnología se usa con menos frecuenCultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 83 18. D. RUICHAN (1993). «Policy and legislation on the comercialisation of science and technology in China». Comunicación presentada en la Science and Technology for Economic and Social Progress PhD Symposium, Wollongong, Australia. 19. S. HILL y T. TURPIN (1995). «The clashing of academic symbols». Science as Culture. 20. Una obra básica es la de Charles PERROW (1990). Sociología de las organizaciones. Madrid: McGraw-Hill, 369 p. Es importante también consultar Mauro F. GULILÉN (1994). Models of Management: Work, Authority, and Organization in a Comparative Perspective. Chicago: The University of Chicago Press, 361 p. Para el caso español es imprescindible leer Alejandro NIETO (1984). La organización del desgobierno. Barcelona: Ariel, 192 p. El análisis de un caso concreto se puede ver en Jesús M. DE MIGUEL y Manuel MARTÍN (1995). «Matar al padre: un modelo de reconstrucción del conflicto social desde la sociología de las organizaciones». Papers. Revista de Sociologia. Otros ejemplos internacionales aparecen en el libro de Arthur L. STINCHCOMBE (1996). Stratification and Organization: Selected Papers (Cambridge: Cambridge University Press. Ver también, a nivel teórico: Josep A. RODRÍGUEZ y Mauro F. GUILLÉN (1992). «Organizaciones y profesiones en la sociedad contemporánea». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 59, p. 9-18; y todo ese número extraordinario sobre Organizaciones y profesiones. 21. Una discusión reciente sobre el tema se puede encontrar en B. PFAFFENBERGER (1992). «Social Anthropology of technology». Annual Review of Anthropology, 21.
cia para explorar la dialéctica entre cultura y sociedad como un problema. Simmel describe la tecnología como uno de los muchos órdenes culturales que emergen de la objetivización del pensamiento subjetivo22. Hill (1989), por su parte, sigue el camino de los desarrollos tecnológicos para observar el texto cultural que sólo se puede entender exponiendo la dialéctica entre cultura y sociedad. Las estructuras de investigación que se crean y se transforman en la década actual se pueden entender también como texto cultural. Pero ese texto sólo se puede comprender si tanto las formas organizativas —artefactos objetivos— como el imperativo cultural —significado subjetivo— se exploran en su punto de intersección. En particular, ese proceso se lleva a cabo durante la producción sistemática de conocimiento en las instituciones de investigación. La descripción del cambio en la investigación institucionalizada, descrita y contrastada con otras experiencias internacionales en el presente artículo, permite un contexto analítico para explorar las relaciones entre las tendencias internacionales y las estructuras organizativas y culturales particulares23. Ese contexto también es importante porque la política de investigación tiene que ver con factores de desarrollo social, económico y cultural. Sin embargo, hay que aceptar que un proyecto analítico de esta naturaleza lleva también a plantear preguntas acerca de la cultura, las formas organizativas y la sociedad. Análisis comparativo longitudinal El análisis comparativo se basa en tres grupos de entrevistas en profundidad a investigadores e investigadoras realizadas en 1983, 1985 y 1991. Las entrevistas de 1983 se realizan a una serie de veinte investigadores del área de Barcelona en un estudio financiado por la CIRIT. Las de 1985 corresponden a una muestra de entrevistas en profundidad correspondientes a ochenta investigadores trabajando en Cataluña. Las entrevistas de 1991 corresponden a treinta investigadores de la Universitat de Barcelona, realizadas durante un proyecto sobre evaluación de la investigación de la CICYT. Los resultados de 1983 y 1985 se mezclan y se comparan con los de 1991 realizando un estudio comparativo y evolutivo del estado de la investigación en aspectos de organización, financiación, formación, intercambio, evaluación, productividad y políticas de investigación del gobierno central, del gobierno de la Generalitat de Catalunya y de la Unión Europea. Los resultados se comparan posteriormente con la experiencia evolutiva del caso australiano, aprovechando el análisis realizado durante dos años en el Centre for Research Policy de la Universidad de Wollongong en Australia. 84 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 22. G. SIMMEL (1918). «The conflict in modern culture». En George SIMMEL, On Individuality and Social Forms, D.N. Levine (ed.). Chicago: The University of Chicago Press, 1971. 23. Un artículo lleno de ideas es el de Arthur L. STINCHCOMBE (1990). «University administration of research space and teaching loads: Managers who do not know what their workers are doing», p. 312-340, en su libro Information and Organizations. Berkeley: University of California Press, 391 p.
En el primer período analizado correspondiente a la primera mitad de los ochenta, las entrevistas realizadas muestran que la organización del trabajo viene marcada por la falta de personal administrativo, de gestión, de mantenimiento y técnico. Representa un comentario común a todas las entrevistas la crítica a la política de personal en el mundo investigador. Estas limitaciones conllevan un modelo de organización en el que el investigador y la investigadora individual o su grupo llevan a cabo tareas que no consideran formen parte de su trabajo, pues la resolución de los problemas administrativos y técnicos los resuelven los mismos investigadores con la consiguiente pérdida de tiempo para investigar. Esta falta de personal implica también que no se completan las necesidades de trabajo organizado del equipo de investigación. No se habla propiamente de planificación del trabajo pero sí de organización del trabajo cuando existe un grupo de investigación en funcionamiento que tiene que tomar decisiones. Por otra parte, consideran que el trabajo administrativo que tienen que realizar demuestra la falta de flexibilidad del sistema ciencia-tecnología que afecta al modelo de organización dentro del equipo de investigación y negativamente a su propia flexibilidad en el trabajo. Se insiste en el problema expresado no tan sólo en un sentido de racionalidad, sino también en términos de agotamiento y desesperación; en muchos casos se consideran víctimas del trabajo burocrático que tienen que realizar pero también del entorno y la cultura burocrática existente en el sistema universitario y en términos más generales del sistema ciencia-tecnología. La cultura investigadora muestra una frontera con la cultura burocrático-administrativa e insiste en definir esta frontera para poder definir su modelo de organización. Sin embargo, son también conscientes de que este problema no se resolverá fácilmente y aceptan la resignación de realizar esos trabajos administrativos, con el fin de conseguir financiación para investigar. La preocupación por la resolución de tareas administrativas y burocráticas no parece haber desaparecido en los años noventa, y la falta de un mayor apoyo para la gestión de los problemas cotidianos continúa siendo comentada con profusión. Sin embargo, el balance de preocupaciones dentro del contexto del uso del tiempo laboral parece trasladarse hacia consideraciones sobre el exceso de docencia y el trabajo que conlleva de preparación y evaluación de los alumnos y las alumnas. El personal que dedica muchos esfuerzos a la investigación es especialmente sensible a este tema, puesto que considera que la actividad investigadora resta una parte importante de las horas de trabajo y capacidad de organizar su actividad docente. Su actividad investigadora implica también más trabajo administrativo y de gestión adicional además de trabajo técnico en el laboratorio, todo lo cual lo separa aún más del número de horas dedicadas por el académico no investigador. Dentro de este modelo el personal que dedica parte de su tiempo a investigar explica como entra en un círculo de aumento progresivo del trabajo que se produce como consecuencia de esa actividad y ello le separa conceptual y prácticamente de la cultura del personal que se dedica exclusivamente a docencia. El incremento de la actividad investigadora en los últimos años lleva a que Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 85
este tema tome cuerpo precisamente en el segundo análisis correspondiente a las entrevistas de 199124. Es interesante observar cómo a pesar de la mejora técnica de los sistemas de gestión universitaria, el incremento del volumen y la complejidad de las actividades es paralelo, con lo que continúan apareciendo problemas de gestión argumentando la necesidad de simplificar este modelo de gestión. Es también importante observar el cambio que representa la entrada de los investigadores y las investigadoras en la cultura organizativa y de gestión como parte integrante del trabajo cotidiano y como parte de los elementos de discusión y cultura investigadora, todo ello dentro de este modelo incremental de actividad y complejidad de la organización del trabajo. Paralelamente, el aumento de la cultura investigadora lleva también a conflictos con la disposición de la jerarquía docente. A menudo se provocan disfunciones entre las jerarquías docente e investigadora, la primera con un proceso legal institucional y la segunda a través de los resultados y prestigio investigador y consenso del grupo. Esta característica se confirma en el segundo análisis debido al incremento de la actividad investigadora respecto a la etapa anterior. Dentro de la jerarquía investigadora aparece la función de coordinador —poco perceptible en el análisis anterior— que suele coincidir con el líder del grupo que habitualmente lleva a cabo la gestión y búsqueda de recursos para investigación. Es importante destacar el consenso sobre el liderazgo en el grupo cuando éste se ha formado por intereses comunes en un tema de investigación, en especial en su etapa ascendente. En los años ochenta, el funcionamiento de los grupos de investigación requiere buenas relaciones profesionales y también personales. Es importante la buena comunicación entre los miembros integrantes del grupo. Los conflictos internos se atribuyen a la lucha por conseguir los pocos recursos existentes y liderar proyectos dentro de factores relacionados con la competencia por el prestigio y reconocimiento, la competencia por conseguir plazas fijas, y una situación general de sueldos bajos que no incentiva y provoca conflictos internos por la falta de expectativas. Según los investigadores y las investigadoras, ello contrasta con el mundo industrial y aparece el «fantasma» de los sueldos de la industria, aunque en realidad se conoce poco la situación real de éstos. Sin embargo, la competencia se considera positiva en otros casos, y un factor de mejoramiento de la calidad y productividad. Los factores de convivencia se colocan en los años noventa al mismo nivel de los factores profesionales, y se especifica que no se limitan a las horas de trabajo sino también a las relaciones personales que se establecen fuera de ese contexto. El efecto principal se produce cuando existe competencia y problemas de liderazgo dentro de un grupo en funcionamiento; los problemas profesionales y personales se mezclan dentro de una mecánica de posicionamiento individual y no de grupo. Sin embargo, es interesante observar que aparecen pocos comentarios sobre las relaciones personales en esta segunda época. Aunque no se puede afirmar que 86 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 24. Ver Joan BELLAVISTA y otros (1993). Política científica y tecnológica: I+D en la Universitat de Barcelona. Barcelona: Publicacions de la Universitat de Barcelona, 331 p.
el problema haya disminuido o desaparecido, lo que sí se puede notar es la gran concentración en los problemas de tipo profesional. En la primera época se denota un factor de esperanza en la mejora de la situación futura basada en que esperan cambios positivos para la situación de la investigación, recordando siempre la pobre situación actual. Esta esperanza se mueve hacia el terreno de la organización del trabajo que creen se verá afectada directamente por estas mejoras futuras posibles. En algunos casos manifiestan que ya han empezado algunos cambios concretos, rompiendo así con los malos hábitos organizativos recogidos durante la historia pasada del grupo y del entorno investigador en general. Se considera que la disponibilidad de más recursos y material obligará a los grupos a cambiar sus fórmulas organizativas, que a veces se citan como simplemente inexistentes, para poder gestionar un volumen de recursos que no puede funcionar aislado. A ello se le añade la visión de que los investigadores y las investigadores individuales irán desapareciendo en favor de los grupos de investigación en un contexto de estructuras y organización nuevas. Aparece una cierta insistencia en la necesidad del trabajo en equipo y parece observarse un proceso de concienciación sobre ese modelo grupal. Se insiste en la necesidad de una definición más precisa de las tareas y responsabilidades del personal para completar un modelo de organización del trabajo en equipos dinámicos y coordinados, y con una división precisa del trabajo entre sus miembros. La responsabilidad en el trabajo definida dentro de la estructura de los grupos es un tema sobre el que no se incluye una visión evolutiva. Se define como un factor más independiente del contexto histórico, que no tiene porqué evolucionar en el futuro. Empiezan a surgir comentarios sobre la necesidad de profesionales en gestión de la investigación que se dedicarían a resolver parte de los problemas que corresponden al entorno del trabajo de investigación, y que creen no forman parte de su contrato. En ese caso se centran en la resolución de problemas administrativos simples. Parece existir la creencia de que el modelo organizativo al que habría que tender pasa por un sistema flexible, de comunicación ágil, interacción múltiple, más profesionalizado en la gestión, y con objetivos mejor definidos. En la segunda etapa se propone un modelo de organización basado en el fomento de la interdisciplinariedad de los grupos o la agrupación multidisciplinaria de unidades diferentes, con líderes de los grupos actuando como investigadores principales de proyectos o líneas de investigación con una idea crecientemente internacional, y una tendencia decreciente del trabajo individual. La identificación que los investigadores y las investigadoras tienen con su grupo se formula de una manera espontánea y no sigue pautas institucionalizadas de la estructura universitaria. Sin embargo, es un proceso dinámico de creación, identificación, separación y desaparición de grupos que interaccionan con diferentes grados de jerarquización de la organización del trabajo. Se comenta la necesidad de una gestión más dinámica y flexible acorde con las necesidades específicas de la gestión de la investigación y se pide un control a posteriori del gasto realizado en las tareas de investigación de los grupos, Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 87
de citas que un autor recibe según la base de datos del ISI. En un tercer lugar está la aprobación de proyectos de investigación y las ponencias en congresos. Para terminar, los contratos de investigación, las patentes y las tesis dirigidas se citan en casos particulares. Como técnicas de evaluación se sugiere también la continuidad del peer review o evaluación por colegas profesionales, como fórmula que funciona bien para la evaluación de proyectos. Algún comentario aislado sugiere el visiting group, que agrupa no sólo a científicos sino también a otros agentes sociales conocedores de la materia de la persona o grupo que hay que evaluar. En cualquier caso, es interesante destacar la gran riqueza comparativa de ese tema respecto a la etapa anterior y la aceptación de que hay que trabajar para la objetividad de los indicadores a través de un análisis conjunto de todos los indicadores útiles en un análisis evolutivo, siempre que existan mecanismos de defensa para el investigador y la investigadora respecto a los resultados de las evaluaciones. También aumenta la riqueza de discusión sobre los sesgos que pueden aparecer en los indicadores. La cantidad en contra de la calidad en las publicaciones es de habitual discusión; la propia calidad y la subjetividad que conlleva. Se discute la formación de redes de investigadores y la tendencia a la autoprotección de sus miembros. Otras críticas van dirigidas a los sesgos de las técnicas de evaluación que se basan en las bases de datos del ISI, como la comparación de áreas, sistema de citas, factor de impacto, etc. Para terminar, aparece una autoevaluación sobre la mejora generalizada de la productividad científica en los últimos años. Cuando se habla de productividad y evaluación suele aparecer el tema del reconocimiento por el trabajo realizado y resultados. En los años ochenta existe una opinión generalizada de falta de reconocimiento del trabajo que basan en su mala situación salarial respecto a otros profesionales aunque raramente plantean un posible cambio de trabajo. La libertad de trabajo y líneas de investigación parece ser un punto fundamental para no querer ir a trabajar a la industria u otra profesión con un mejor salario. La situación de insatisfacción parece que aumenta en muchos casos conforme pasan los años y la situación no suele cambiar para mejor. Las satisfacciones son más de tipo personal y suelen venir del trabajo de investigación cuando consiguen financiación para llevarlo a cabo, aunque ello no repercutirá sobre su salario. Para muchos investigadores éstos son verdaderos indicadores de la falta de reconocimiento. Dentro de esta visión aparece pues un sistema disperso y poco competitivo, con una satisfacción que viene del trabajo personal y no del reconocimiento institucional. Las comparaciones remunerativas con otras profesiones y otros colegas en el extranjero siguen apareciendo en los noventa, pero se centran más en las satisfacciones concretas que aporta el trabajo de investigación. Los factores de carácter personal y vocacional son fundamentales y la presentación de los resultados y el proceso para conseguirlos son fundamentales para su satisfacción. El acceso al nuevo conocimiento a través de un proceso creativo les estimula, aunque recuerdan la gran cantidad de trabajo rutinario que suele hacerse tam94 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel
bién. Ello no es óbice para que consideren que no están reconocidos socialmente en comparación con el trabajo que realizan, y en concreto por la imposibilidad de retener a los mejores estudiantes que normalmente no pueden seguir una carrera investigadora en la universidad. Los argumentos de creatividad, vocación, acceso al nuevo conocimiento y libertad para decidir sobre las líneas de investigación son los que usan para explicar el porqué tampoco quieren cambiar de trabajo. Aunque nos encontramos con una situación más competitiva en el sistema ciencia-tecnología, los argumentos sobre el reconocimiento no parecen diferir demasiado de los anteriores. La discusión sobre las prioridades de investigación es uno de los temas principales dentro de los estudios y análisis sobre políticas de investigación. En los años ochenta existe una opinión generalizada de que no existe un sistema de prioridades, y que ello viene de la falta de desarrollo de una planificación y objetivos en el sistema de ciencia-tecnología en España. Se habla de que con tan pocos recursos es imposible priorizar, y que sólo se puede priorizar un tema que disponga de una buena base y personas ya preparadas. Algunos insisten incluso en que la misma investigación no es prioritaria dentro de las prioridades de las políticas sectoriales de las administraciones. Algunos puntualizan, sin embargo, que parece notarse un nuevo interés en ambas administraciones sobre la política de investigación, aunque habrá que esperar para comprobar si es efectivamente cierto. Un problema general se observa en la falta de información sobre el estado actual de la investigación. Un estudio exhaustivo sobre el potencial de las líneas de investigación y recursos existentes, junto a un sistema de planificación para lograr unos objetivos concretos, se cita como previo al establecimiento de las prioridades. La discusión entre la libre iniciativa de investigación versus la introducción de prioridades concretas es central en este tema. Existe bastante aceptación de la relación entre el trabajo científico y el aprovechamiento de los resultados por parte de la estructura productiva y la sociedad, lo cual puede llevar a establecer unas prioridades. Sin embargo, temen el proceso de decisión para el establecimiento de tales prioridades. Existe el temor de la falta de criterios claros en la distribución de los recursos y cambios debidos a factores también poco específicos —ni científicos ni económico-sociales—. Creen que los científicos y las científicas deberían ser consultados en estos temas. El posible dirigismo político sobre las prioridades aparece con frecuencia, lo cual relega al científico y a la científica a un segundo plano. El problema, pues, no parece tanto el hecho de las prioridades sino la manera como se lleve a cabo el proceso. En la vertiente de la libertad de investigación, se insiste en la imposibilidad de planificar la investigación teniendo en cuenta la dificultad de calcular las aplicaciones futuras del trabajo de investigación fundamental. La posición explica que sin esta investigación fundamental no habría una base para las aplicaciones futuras, y un sistema de priorización tenderá a ir en contra de la financiación de la investigación fundamental. A pesar del incremento de presupuestos para investigación que se observa en la segunda etapa analizada, existe una conciencia sobre el concepto de recurCultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 95
sos limitados para la investigación. Es a partir de ahí que aparece una defensa bastante generaliza sobre la necesidad de priorizar los recursos existentes en temas específicos. Los argumentos económico-sociales son centrales en defensa de la priorización. Se habla de la contribución de una investigación priorizada para las necesidades económicas, la industria, el desarrollo tecnológico y la sanidad. Sin embargo, las personas críticas temen una eliminación progresiva de los temas «no prioritarios» por falta de financiación futura y una tendencia de los investigadores y las investigadoras a cambiar artificialmente sus líneas de trabajo a causa de las posibilidades de financiarla, lo cual irá en contra de la motivación intelectual por un tema, y sólo a favor de su financiación potencial. La consecuencia de esta situación sería la desaparición de áreas importantes de la investigación básica. Aunque se acepta que ha habido un avance significativo sobre el concepto y el sistema de decisión sobre las prioridades, la discusión y crítica se enfoca hacia las prioridades específicas que determinan las administraciones, que se basan en un conocimiento poco exhaustivo de las necesidades de investigación respecto a los objetivos que se pretende conseguir. Otra crítica se refiere a la definición poco específica de las prioridades, y el peligro de financiar temas colaterales por la falta de esa definición más concisa y clara. Las ideas sobre la política científica, se suelen enmarcar dentro del contexto de la política general española, especialmente en las entrevistas de 1983. Son abundantes los comentarios sobre el contexto político e ideológico del entorno de trabajo universitario. Sin embargo, se considera que la investigación sólo empieza a ser discutida limitadamente por parte de los políticos y las políticas. Cuando se habla de ello es porque empieza a haber una cierta moda aunque no se discute en profundidad, observándose el comentario general de la falta de una política científica por parte de las administraciones. Sin embargo, hay algunas esperanzas de cambio para el futuro y esperan la aparición de las leyes de la ciencia, tanto la del Gobierno central como la de la Generalitat, no tanto como una solución sino como un marco de referencia que dé mayor importancia a la investigación. La existencia de una política científica se define como una condición necesaria para el desarrollo de la investigación, y ello se conecta con la necesidad de ésta para el desarrollo de la creatividad, innovación, tecnología y el desarrollo socioeconómico. En concreto, existen múltiples observaciones sobre las diferencias de calidad de investigación con otros países, y la necesidad de reducir la dependencia científica, tecnológica y económica con el exterior. Es común la referencia a temas de investigación donde las diferencias con otros países son tan grandes que quizás ya se haya perdido el tren. La misión de una política de investigación sería promover la organización, el personal y los medios para la investigación, y a la vez requiere continuidad y objetivos definidos. En general no se establecen grandes diferencias entre la política científica de la Generalitat y la del Gobierno central. En realidad se conocen poco, y existe confusión sobre la propiedad de las acciones. Es habitual el comentario sobre la necesidad de la transferencia de competencias en materia de investigación, 96 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel
aunque se puntualiza que ello no tiene por qué mejorar la situación de la investigación. Parece así más un posicionamiento ideológico que práctico. Algunas personas creen que tendría que haber cambios radicales en la política de investigación, de lo contrario los problemas seguirían siendo los mismos pero con la Administración más cerca de casa. Se habla de una condición necesaria pero no suficiente. Otros están más convencidos de que no se puede evaluar la política de investigación de la Generalitat hasta que existan competencias, y consecuentemente recursos administrados por ella. Para un tercer grupo de entrevistados, la coordinación entre administraciones: Generalitat, diputaciones, Gobierno central, parece la única fórmula de promover la investigación, de lo contrario siempre habría interpretaciones vagas sobre las competencias. Lo que no aparecen son comentarios sobre las comunidades europeas. En general no se entra en profundidad en las medidas concretas de política de investigación a excepción de la política de becas, con lo que parece haber un gran interés por el tema de la política de investigación pero sin entrar en profundidad. No se ha formado aún una cultura sobre el tema. Las críticas a las diversas administraciones son también poco profundas, y confusas en cuanto a la atribución sobre las acciones concretas. La política científica de la década de los noventa se especifica dentro de las diferentes administraciones, y desaparecen buena parte de los conceptos genéricos sobre la política de investigación. Sobre la Generalitat de Catalunya hay poca riqueza de comentarios sobre actuaciones específicas, y es más bien una toma de postura general sobre la existencia y la calidad de esta política. Se discute la falta de recursos conectada a la falta de transferencias en materia de investigación. Sin embargo, se critica la falta de prioridad de la investigación dentro de las políticas sectoriales de la Generalitat, aunque existe paralelamente una estimación sobre el inicio de una mejora de esta situación referido a la definición y rentabilización de las actividades. Otros comentarios van en el sentido de la importancia de los grupos de presión y las dificultades de realizar una política objetiva en una comunidad investigadora relativamente pequeña donde los especialistas y las especialistas se conocen personalmente. La política de investigación del Gobierno central se evalúa con más precisión. Se observa un incremento de recursos y métodos en la elaboración de la política de investigación. Existe una actitud positiva respecto a las mejoras de los últimos años, con la posibilidad de consolidación de grupos y aparición de otros nuevos. Los esfuerzos de definición de las políticas y el sistema de evaluación para la financiación de la investigación se valoran positivamente. Sin embargo, existe un cierto temor a que esta situación de mejora se rompa en cualquier momento. No parece haber confianza en que estas mejoras duren mucho tiempo, lo cual parece relacionarse con que la opción por la investigación por parte del Gobierno central puede ser pasajera. En especial se habla de la necesidad de mejorar las infraestructuras y el volumen de becarios y becarias donde aún hay mucho por hacer. Otras críticas van dirigidas al mimetismo de esas políticas con las de otros países de la CEE, afirmando la inexistencia Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 97
de especificidades por las necesidades económicas y sociales específicas. La política de investigación de la Comunidad Europea es la menos conocida, aunque existe una actitud positiva a su existencia y una crítica a la definición casi exclusivamente aplicada de sus líneas de trabajo. En una visión más general, es importante discutir la posición del científico y de la científica en la sociedad desde la perspectiva del propio científico o científica. En la primera etapa analizada se sugiere un desconocimiento generalizado del trabajo de los investigadores y las investigadoras. Se parte de una idea de desconocimiento y falta de opinión. Cuando aparece, el científico o la científica no tiene un papel significativo en la escala social. Creen que la sociedad no está interesada en su trabajo ni en la importancia que la investigación pueda tener, lo cual está relacionado con la misma desconexión existente entre universidad y sociedad. Por otra parte, la idea del científico y de la científica como un trabajador más dentro del sistema productivo tampoco aparece, ya que la idea existente es poco concreta o simplemente desconocida. Creen que éste es un problema grave que afecta directamente a su posición dentro de la sociedad y a su falta de reconocimiento. La difusión y divulgación del trabajo científico podría ser un canal de mejora de su posición social, pero los pocos ejemplos existentes suelen ser de baja calidad y se caracterizan por su superficialidad a causa de la falta de preparación de los que divulgan el trabajo investigador en los medios de comunicación. Se considera que hace falta desarrollar un periodismo científico de calidad que no existe en el momento de las entrevistas. Otro canal podría ser un incremento de la formación científica de la sociedad, lo cual aproximaría a la sociedad hacia el conocimiento y comprensión de la ciencia. Todos están de acuerdo en que hay que poner remedio al problema, y más teniendo en cuenta la importancia creciente de los resultados del trabajo investigador en la sociedad. Sin embargo, no existe optimismo en cuanto a las posibilidades de cambiar esta situación. En la segunda etapa no parece haber muchos cambios en la posición del científico y de la científica en la sociedad según el punto de vista de los propios investigadores e investigadoras. Su trabajo no es reconocido socialmente, como no lo ha sido nunca. La opinión generalizada es que prevalece la imagen de un trabajo básicamente docente con unas largas vacaciones. La idea es irreal y existe un sentimiento de frustración al no tener esperanza de que aparezcan grandes cambios en el futuro. Se habla de la necesidad de divulgar su trabajo con mayor asiduidad, en forums de gran audiencia, y en los medios de comunicación social. Sin embargo, se consideran incapaces de entender porqué es tan difícil romper esa imagen tan alejada de la realidad. Exponen ejemplos prácticos como la reticencia de la empresa privada a contratar doctores universitarios, lo cual no facilita la divulgación de sus características en el mundo de la empresa. Los pocos cambios que observan han venido de una divulgación popular relativamente reciente del trabajo científico, y ello se toma como una situación posible, aunque difícil, de cambio futuro. Sin embargo, ello debería ir conectado con una mayor dedicación por parte del propio investigador en divulgar el valor de su trabajo en la sociedad. 98 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel
Las entrevistas de 1985 no contemplaban específicamente la opinión sobre temas éticos en la investigación. En consecuencia, sólo existen pequeños comentarios colaterales a través de otros temas. En las entrevistas de 1983 aparece la opinión de la inexistencia de responsabilidad del investigador por las consecuencias potencialmente negativas que pudiera tener el trabajo investigador, aunque aceptan la posibilidad de que existan efectos negativos. Creen que la ciencia no es peligrosa en sí misma, sino que la posible aplicación futura es la que puede convertirla en peligrosa. En otro orden se habla de la posibilidad de errores humanos del investigador y de la investigadora generadores de riesgo, los cuales se pueden encontrar en cualquier otro nivel profesional. En todo caso, la ausencia de intencionalidad demostraría la ausencia de responsabilidad. A principios de los años noventa, son casi inexistentes los casos de científicos y científicas entrevistados que acepten tener alguna responsabilidad sobre efectos negativos o de riesgo potenciales como consecuencia del trabajo o de los resultados de la investigación. En algunos casos la opinión se conecta con la inexistencia de riesgo a corto o largo plazo de su línea de investigación, pero suelen hablar de la inexistencia de responsabilidad del científico y de la científica en general. Argumentan la dificultad de conocer estos posibles efectos en la mayoría de los casos. Creen que estos problemas pueden aparecer en la fase de desarrollo y uso posterior, en la cual no suelen participar y está fuera de su control, y en consecuencia fuera de su responsabilidad. La responsabilidad se traslada, pues, a quien utiliza los resultados de la investigación, que puede ser una empresa, un uso político, o en todo caso se habla de una responsabilidad social compartida. Paralelamente, insinúan la necesidad de un control internacional sobre los países que permiten desarrollos peligrosos, y controles locales sobre actividades más localizadas. Creen en la existencia de una cultura de responsabilidad del trabajo concreto que realizan las científicas y los científicos, y por ello quitan importancia al riesgo que en todo caso conectan con el mismo proceso de progresar en investigación. Ejemplos más específicos como la experimentación en animales, se definen habitualmente como una necesidad para este progreso. Adicionalmente critican el papel de la prensa no especializada que expone erróneamente estas situaciones con un intento de vender sensacionalismo. Las personas entrevistadas exponen que ése es un tema poco importante. Sin embargo, este tema ha sido comentado por la mayoría, demostrando así un interés y un estado de opinión al respecto. Aprendiendo de los antípodas En sociología es útil no sólo realizar análisis longitudinales, de panel, como el anterior para el caso de los científicos e investigadores en España, sino también comparativos. Los países pueden aprender unos de otros; la sociología avanza en base a esas comparaciones. En el presente estudio se incorpora una comparación de dos realidades disimilares, pero que contienen elementos comunes interesantes: España y Australia en la actualidad. Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 99
España puede compararse con lo que sucede en Australia25. Durante las dos últimas décadas, los investigadores y las investigadoras australianos se han enfrentado a cambios importantes en el sistema de investigación. Desde el Gobierno existe un énfasis creciente en conectar la investigación con las necesidades nacionales, en la dirección de los fondos hacia objetivos específicos, y en el incremento de financiación privada para investigar en el sector público. La financiación se convierte en más competitiva, y existe un énfasis creciente en la responsabilidad, tanto en el proceso de decisión de distribución de recursos, como en la evaluación de la efectividad en el uso de esos recursos. De una manera creciente también, se espera que los resultados de la investigación demuestren sus ventajas económicas y sociales, y en particular para las organizaciones en las que se realiza la investigación. Los datos de gasto en investigación revelan el marco de colaboración y competencia de las organizaciones implicadas. En Australia, el gasto bruto en investigación y desarrollo se duplica entre los años 1984 y 1990, desde 2.400 millones de $A26 hasta 5.000 millones de $A en 199027. Esta cantidad representa el 1,36% del PIB, comparado con el 1,25% del PIB en 198828. En España, el gasto en I+D no llega a los 100.000 millones de ptas. en 1982, pero se incrementa hasta los 410.000 millones en 199029. La proporción del gasto en I+D respecto al PIB aumenta desde el 0,48% en 1982 al 0,90% al final de esa década, con una tendencia de aproximación al nivel de Australia. En ambos casos, sin embargo, esas proporciones quedan lejos de los países líderes en I+D como Japón (2,98%), Alemania (2,88%), Estados Unidos (2,82%), Francia (2,34%) y Gran Bretaña (2,25%)30. En Australia este crecimiento se ha duplicado en las universidades, y triplicado en el sector empresarial, aunque con un crecimiento más modesto en los institutos de investigación públicos. A esa situación de crecimiento se le puede sumar un incremento de las relaciones entre instituciones de investigación, universidades e industria. El gobierno australiano financia un programa para el establecimiento de cincuenta centros de investigación cooperativa (cooperative research centres) en el que se implica a los tres sectores mencionados. Además, el Australian Research Council, principal organismo de financiación de la investigación básica, establece un programa de financiación para profesores e investigadores que trabajen en colaboración con la industria. Sin embargo, se constata que las relaciones univer100 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 25. Véase Jesús M. DE MIGUEL (1991). «I+D en sociología». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 56 , p. 167-196. También Jesús M. DE MIGUEL (1992). «Investigación de la investigación sociológica en España». Cuarto Congreso Español de Sociología. Madrid, 36 p. 26. Dólares australianos. 27. AUSTRALIAN BUREAU OF STATISTICS. Research and Experimental Development, All-Sector Summary, Australia, Catalogue 8112.0. 28. PIB o producto interior bruto (DGP en inglés). 29. Un análisis sectorial puede verse en Jesús M. DE MIGUEL (1989). «Funding health care: Implications for harmonization». Cross-National Research Seminars. Londres: London School of Economics and Political Science, 27 p. 30. OECD, Science and Technology Policy, 1991 y OECD in Figures, 1992.
sidad-empresa avanzan principalmente gracias a personas individuales. Éstas relaciones son más «apoyadas» que «conducidas» por las estrategias organizativas31. La importancia de personas concretas en el desarrollo de esas relaciones sugiere la existencia de una cultura industrial que penetra más allá de las fronteras culturales de las universidades, y dentro de las actividades y los valores de un número creciente de investigadores universitarios. En España parece reflejarse un proceso parecido especialmente en los últimos años. A pesar de los esfuerzos del Gobierno central y de los gobiernos autónomos para financiar y expandir el sistema de investigación, las universitarias y los universitarios necesitan buscar fuentes alternativas de financiación de la investigación en la industria. En este caso, el argumento que aparece se refleja más en el miedo a futuros recortes de la financiación pública. La financiación creciente en base a fondos privados convierte el sistema de investigación en más competitivo. Aunque la financiación de la investigación ha aumentado durante los años ochenta y noventa, también crece la dimensión del sistema32. En ese contexto, el Gobierno australiano impulsa nuevas fórmulas de financiación y establece condiciones a las instituciones, como la elaboración de planes de gestión de la investigación basados en el potencial de investigación y la capacidad de conseguir proyectos competitivos del Gobierno. Los institutos de investigación y las universidades deben competir para conseguir financiar su investigación. Además, los institutos deben conseguir un 30% de sus fondos de investigación de fuentes no gubernamentales, introducir procesos sistemáticos de identificación y apoyar áreas prioritarias de investigación. De esa manera, se establece un proceso de competencia, tanto dentro de las instituciones como entre las instituciones. El sistema australiano parece evolucionar hacia una fórmula más competitiva. El entorno político y económico promueve más investigación en colaboración. Una característica de esa evolución se centra en la formación de los cooperative research centres (CRC), y en la investigación multidisciplinaria enfocada a la promoción de la innovación industrial. Los mecanismos de financiación de las infraestructuras en el sistema universitario promueve el uso compartido del equipamiento, y se complementa con la colaboración en proyectos promocionados a través de los proyectos en colaboración con la universidad e investigación industrial. El incremento considerable de la financiación de la investigación en el sector empresarial (un 74% entre 1981 y 1991) da idea del crecimiento y la colaboración intersectorial. Dentro de ese entorno de investigación más competitivo y de mayor colaboración, aparece una presión considerable sobre las fronteras de organización de Cultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 101 31. Ver, por ejemplo, Tim TURPIN y otros (1993). Crossing Innovation Boundaries: The Formation and Maintenance of Research Links Between Industry and Universities in Australia, Commissioned Report No 26, National Board of Employment, Education and Training. Canberra, Australia: AGPS. 32. Desde 1987, el sistema universitario australiano se ha unificado incorporando 24 universidades y 47 colleges de educación avanzada e institutos de tecnología, para formar 36 universidades del sistema nacional unificado.
la investigación tradicionales. En ese contexto, se replantean las expectativas institucionales, las aspiraciones y las oportunidades de crecimiento, expansión o simple existencia33. De las entrevistas en España se desprende una evolución en el mismo sentido. Sin embargo, los mecanismos parecen menos desarrollados y la experiencia positiva de los CRC en Australia sería de posible aplicación en un futuro en España. En ambos casos las relaciones institucionales son más efectivas cuando implican la promoción de equipos multidisciplinarios con un nivel elevado de interacción interna y externa34. Este proceso lleva a la necesidad de formación y desarrollo más planificado, una reordenación de la estrategia empresarial, y al desarrollo de un nuevo sistema de uso del conocimiento y formas de trabajo que son todavía poco habituales en la mayoría de científicos y científicas35. La creciente competencia y complejidad de las formas de colaboración en Australia, introduce paralelamente nuevas formas de administrar, con lo que se desarrolla la necesidad de gestionar profesionalmente la investigación. En las entrevistas de los años ochenta en España, las investigadoras y los investigadores se quejan de la introducción de las labores de gestión junto a las actividades de investigación tradicionales, y también por la falta de personal administrativo de soporte en esas tareas. En las entrevistas de principios de los noventa, los investigadores y las investigadoras se encuentran con el dilema de escoger entre la dedicación a la investigación y a las tareas de gestión. Esas alternativas muestran conflictos entre la cultura de investigación y la cultura de docencia; pero principalmente entre estas culturas y los sistemas jerarquizados de organización de la gestión. Esta situación también se puede observar en Australia36. Sin embargo, en las antípodas el conflicto parece ser menos importante entre la autonomía de los investigadores y las investigadoras y los 102 Papers 54, 1998 Joan Bellavista; Tim Turpin; Stephen Hill; Jesús M. de Miguel 33. Ello se puede observar en los planes de gestión de la investigación, los informes producidos por las universidades y los planes estratégicos de las instituciones de investigación del Gobierno durante los últimos cinco años. 34. Ver A. BLEWITT (1992). «Corporatisation and change: The reality of commercialisation for HR management in CSIRO». Comunicación presentada en la IRR Conference, Human Resource Management, Reposition and Realign your HR Function for Greater Organisational Effectiveness (abril de 1992). 35. Un estudio del Centre for Research Policy analiza que las estrategias adoptadas por las empresas industriales para acceder a nueva tecnología y asistencia técnica son variadas. Ver CROSSING INNOVATION BOUNDARIES (1993). The Formation and Maintenance of Research Links Between Industry and Universities in Australia, Commissioned Report No 26, National Board of Employment, Education and Training. Canberra, Australia: AGPS. La mayor multinacional australiana, BHP, ha reestructurado recientemente su sistema de investigación, devolviendo la planificación a las divisiones. Al mismo tiempo, ha iniciado una evaluación sistemática del potencial de investigación universitario a través de visitas a la dirección de las universidades. 36. S. HILL y T. TURPIN (1994). «The emergence of a new localism in academic research». En Marilyn STRATHEM (ed.). The Uses of Knowledpe: Global and Local Relations. The Reshaping of Anthropolopy, Volume 1 - Shifting Contexts (Londres: Routledge).
sistemas jerárquicos, y ser más un conflicto entre los criterios económicos, que juzgan el valor comercial a corto plazo, y el criterio científico e industrial, que juzga la excelencia científica y la relevancia industrial a más largo plazo37. Desde un punto de vista comparativo, parece que las instituciones de investigación australianas son más estratégicas en la gestión de los recursos, más comerciales y creativas en la búsqueda de fórmulas que facilitan la movilidad del personal. Estos cambios se pueden observar en el CSIRO, la mayor institución investigadora en Australia. En esa institución, las nuevas iniciativas organizativas de los años ochenta incluyen los siguientes objetivos: la reducción del número de divisiones en un 25%; la obtención de un 30% de financiación externa; el establecimiento de un sistema de prioridades que tengan en cuenta factores de desarrollo económico nacional y factores de tipo comercial y la reclasificación y reducción de las categorías de empleo. El sistema de salarios y las pautas que caracterizan la nueva competencia, entran a formar parte de la estrategia de recursos humanos de la organización, con la introducción de un sistema de planificación y evaluación de todo el personal. Para los gestores de la investigación, la búsqueda de fondos para investigación representa una nueva responsabilidad que se convierte en un tema crucial en el nuevo contexto. Esos cambios forman parte de una nueva cultura organizativa. De un modelo conducido por imperativos científicos, juicios y recompensas, se pasa a un sistema más cercano al mercado. En España, la cultura organizativa está entrando con fuerza dentro de las instituciones. Los sistemas presupuestarios y las fórmulas de financiación aparecen en todos los niveles donde se efectúa el gasto. La búsqueda y gestión de fondos externos entra a formar parte de la política universitaria. Los mismos investigadores e investigadoras se introducen en la creciente complejidad de los sistemas de gestión de la investigación y las fórmulas de financiación públicas y privadas. En Australia la tendencia hacia medios más organizados para dirigir y evaluar la investigación se enfrenta con cierta ambivalencia por parte de las científicas y los científicos. Por una parte existe el reconocimiento de que la investigación de los años noventa debe ser responsable de sus resultados, pero por otra parte las estructuras organizativas se viven con cierta desconfianza38. En España parece haber un reconocimiento de la necesidad de priorizar dentro de las organizaciones, así como una aceptación del papel de los gobiernos en la formulación de ese proceso. Sin embargo, también parece haber un miedo a que las áreas poco prioritarias tiendan a desaparecer. En el CSIRO, por ejemplo, los investigadores y las investigadoras opinan que el sistema está más equiliCultura organizativa de investigadores y entorno político y social Papers 54, 1998 103 37. T. TURPIN y A. DEVILLE (1994). «Research cultures and organisational change: Case studies within the CSIRO». Informe interno para el CSIRO. 38. En 1990 el CSIRO introdujo un sistema de priorización valorando todos los programas de la institución en términos de viabilidad y capacidad de atraer a la industria. El efecto de la priorización llevó a transferir fondos desde las áreas poco prioritarias hasta las áreas altamente prioritarias.